Capítulo XII


Era el segundo día de la helada. Los nubarrones continuaban sobre la isla y solo a momentos los rayos de un sol casi inexistente lograban penetrar esa muralla gris. El viento era gélido y las copas de los árboles se habían cubierto de blanco.

Blanco.

El mismo blanco de las sábanas estrujadas, de pronto una mano delgada y color olivo estira sus dedos como proclamando la libertad, pero en eso se le une en el acto unos filosos dedos azules, una inmensa garra que se entrelaza con la pequeña extremidad. Se escuchan un par de risas quedas y los cabellos violetas encuentran su tierno lugar entre los dedos de Hordak.

Habían despertado desde hace un par de horas pero la calidez del abrazo matutino los había mantenido en el lecho más tiempo del que acostumbraban. Pasan los minutos y ellos siguen sin decir nada. No hay comentarios sobre lo que sucedió anoche, las sensaciones físicas y emocionales de ese momento no tienen cabida en la comunicación entre sus miradas, a pesar de ello, sin palabras saben decirse lo estupendo que fue.

Lo hermoso que fue. Lo nuevo y sensacional de la experimentación. ¿Y por qué no? Un brillo en los ojos de ambos también comunicaba la intención de ambos de volver a llevar a cabo el contacto de cuerpos 'a fondo'. Todo quedó en gestos hasta que un ruido en especial los sacó de la atmósfera.

Era hora del desayuno y sus estómagos lo exigían. Ridículamente acaramelados se dirigieron a la cocina envueltos los dos en una cobija. La computadora preparó platillos ricos en proteínas, jugos dulces y postres de tersa consistencia.

Entrapta comió desde las cómodas piernas de Hordak y éste parecía salido de un spa de confort con una sonrisa en el rostro mientras era acariciado por los cabellos violáceos de ella. En calma y silencio limpiaron sus cubiertos y platos. ¿Qué podía seguir ahora?

No habían dicho palabra alguna, se sentían tan en ambiente sin tener que proferir sonido. Hordak jamás había sentido esa paz, era tan común para ellos trabajar en silencio y compartir miradas cómplices ahora no había trabajo, ya no existía un portal qué construir.

Solo había… vida.

Solo quedaba vivir la vida.

¿Era merecedor de esa satisfacción? Casi había pasado el primer año desde que la guerra había terminado, se había colocado en escenarios tan distintos, exiliado en el frío espacio, ejecutado bajo los ojos de Luna brillante, aniquilado por Hordiano Primero antes de poder conocer el fin del conflicto bélico.

Cerraba sus ojos contemplando todas y cada una de estas opciones, sin embargo, abría sus ojos y podía verla a ella. Caminar con gracia mientras acomodaba algunos artefactos en su lugar, sabía que a su alrededor no había cuchillos ni dedos señalándolo. Había oportunidades, escenarios y también…

—Hoy probaremos la meditación con cuencos. —La voz de Perfuma y sus miles de aromas.

—¿Te piensas comer eso? —Micah siempre queriéndole robar la comida porque según él la comida de Hordak se veía más apetitosa.

—Oh vamos ex jefe, deje los miedos atrás y aproveche su oportunidad. —La sonrisa burlona de la felina muchacha.

Ahora había más amigos, más lazos.

—¿Me prestas tu libro? —Preguntó Hagar.

—Hermano, hoy te ves de maravilla. —Kadroh siempre contagiaba felicidad.

—No me siento cómodo solo. —Susurró Vega mientras tomaba una galleta y se la llevaba a la boca. Sirius lo tomaba entre sus brazos como un hermano mayor.

—Nunca estarás solo. —Le respondía.

Memorias, rostros, recuerdos, sensaciones. Un universo nuevo se abría ante sus ojos. ¿Qué haría con él? ¿Destruirlo? ¿Abrazarlo? ¿Protegerlo?

Si es que había una respuesta, todavía no daba con ella, pero… si daba con la sensación. Era como el agua tibia, recorriendo su ser.

—Tengo que hacer algo… —Susurró.

—¿Cómo dices? —Preguntó Entrapta cuando el silencio cómodo se rompió.

—Hay que encontrar la manera de salir de aquí sin morir en el intento. —Sentenció.

Los ojos carmín de ella se abrieron como platos.

—¿Cooperarás? ¡Eso es maravilloso! Ya había ideado mi plan de escape. En uno de ellos consideraba la opción de drogarte para llevarte conmigo a como dé lugar.

Hordak guardó silencio con esa confesión. Entrapta sonrió nerviosa cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo. De pronto sonó un chillido constante, una alarma. Hordak se acercó al monitor más cercano, tecleó un poco y se abrió en la imagen una vista de la cámara que grababa lo que pasaba por fuera del cuartel.

El ambiente de color blanco continuaba y no se veía movimiento alguno.

—¿Para qué fue la alarma?

Hordak volvió a buscar en la máquina pistas.

—Se trata del collar rastreador que le puse al lagarto espejo de ayer. Se supone que debe accionarse cuando se acerque al cuartel. Era una moneda al aire. Si no regresaba no obtendría más información que la que me proporcionase la batería del collar, pero si regresaba era porque el lagarto tal vez había generado un lazo de confianza.

Guardó silencio.

—Pero tal vez la máquina se equivocó, no veo nada. Es un animal de sangre fría, moriría con acercarse aquí.

—Entonces, ¿cómo sobreviven?

—Tengo la suposición de que se esconden en la costa a unos 10 kilómetros. Hay muchas cuevas marinas donde podrían conseguir comida.

Entrapta se acercó. Efectivamente no había señal de vida en ese congelado paisaje. La nieve había logrado traspasar el campo magnético e incluso había creado una gruesa capa, si tenían suerte apenas habría alcanzado el medio metro de altura.

—Espera, ¿qué es eso?

De pronto un manchón blanco de entre todos se removió y se sacudió. Los ojos azules estaban ahora del otro lado de la cámara. Sacó su rosada lengua y se escabulló por los alrededores del campo magnético, pidiendo entrar como un cachorro entre la tormenta. Tenía la piel escamosa pero de un precioso color blanco, por ello parecía perderse en la nieve.

—Es otra espécimen de lagarto.—Sentenció Hordak.

El animal giró su cabeza intentando remover el campo magnético, en el movimiento brusco pudieron ver el collar negro en su cuello. ¡Sí era el lagarto que esperaban!

—¿Cómo es posible? Computadora, dime la temperatura de la isla.

—Buenas tardes, hemos llegado al punto medio de la helada tradicional con sus -43° centígrados.

Los dos científicos se miraron sin poder creerlo ¿cómo era posible que un animal sobreviviese a tales temperaturas? ¡Un reptil! No había lógica en ello.

—¿Se habrá averiado el termoestato? —Se preguntó Hordak.

—¿Podemos dejarlo pasar?

Hordak no la escuchó mientras buscaba más información, Entrapta se escabulló lejos de su vista. Tomó los abrigos que había visto en la entrada.

Se puso uno, después otro, encima otro, finalmente otro más y unas botas. Cubrió sus ojos con la máscara de gas que había cerca. La respiración casi se le corta al alíen, su cuerpo sucumbió y se abrazó a sí mismo en un intento desesperado de contener el calor que se le iba como un suspiro.

Acabó tan pronto como empezó. Escuchó un golpe seco. Tomó un arma escondida en los canales de conducción del cuartel, cuando se giró en el pasillo vio al lagarto encima de Entrapta. Ésta no parecía asustada.

—¡Hola de nuevo! —Le exclamó. El lagarto de ojos azules y escamas blancas la olfateó.

Movió los ojos inspeccionándola y bajó de ella. Entrapta se pudo sentar con dificultad tras el montón de abrigos encima. Hordak no bajó el arma.

—Entrapta, hazte a un lado. —Masculló por debajo moviéndose sigilosamente. El animal poseía unas garras tremendas y un hocico repleto de dientes filosos.

La chica apenas se giró y cuando lo vio armado puso un rostro de desconcierto.

—¿Qué haces? —Preguntó ella.

La imagen de Hordak entró en el campo visual del lagarto quien reptó sobre sus patas y se arrojó a los brazos del alíen. Pareció sisear amenazador pero encontró un favorable lugar en el cuello de Hordak, se abrazó la cola y quedó como un precioso collar gigante alrededor de su cuello.

—Parece que te sigue prefiriendo. —Comentó Entrapta.

Hordak se quejó y con dificultad logró quitarse el reptil de encima.

—¿En verdad es el mismo animal?

Lo inspeccionó de arriba abajo, tenía las escamas de un blanco impoluto y los ojos azules. Tan solo ayer tenía un color verdoso y ojos amarillos como luna llena.

—¿Qué diablos te pasó? —Le preguntaba como si esperara una respuesta. El animal pasó su lengua larga por el rostro de Hordak.

—¡Gaaah…! ¡Te apesta el hocico! —Exclamó intentado quitarse la saliva.

El reptil parecía feliz y continuó dando vueltas por el espacio para después ponerse a inspeccionar el lugar. En eso algo llamó su atención, en la parte del techo se abría un tragaluz que pronto se vio inundado de luz, seguramente alguna pequeña separación en las nubes grises que permitió que el sol encontrase un camino hasta la tierra.

—¡Hey! —Le gritó Hordak cuando sin pensarlo dos veces se subió a la mesa de la cocina y se puso en dos patas para poder recibir el poco sol que entraba. Parecía incluso sonreír.

De pronto, sus escamas giraron y como si de un caleidoscopio se tratase pasó de ser blanco a gris, luego verde, luego gris y cuando el sol acabó regresó a ser blanco. Los ojos amarillos le brillaron como llamas hasta que se volvieron azules.

Entrapta abrió la boca en una perfecta o.

—¿Qué fue eso?

El reptil se retorció por un momento más y luego bajo muy contento contoneándose. Hordak lo inspeccionó y dijo después de unos momentos.

—Claro, ellos no son 100% orgánicos. Tienen materia de tecnología de los primeros.

Entrapta se adelantó a revisarlo desde más cerca.

—Tal vez sus escamas son en realidad un recubrimiento de sus partes orgánicas que funcionaban como receptor del calor en la atmósfera.

Hordak añadió:

—Y debido a los cambios en su exterior por eso cambió su color, para poder adaptarse a las condiciones de búsqueda de comida. Es un efecto espejo.

Se miraron fascinados de sus descubrimientos mientras acariciaban la cabeza del animal que desconocía sus pensamientos. Girándose sobre su lomo quedó panza arriba y exigió cariño en su barriga.

—Parece contento.

Hordak aprovechó para retirarle el collar.

—Sería bueno descargar la información capturada.

Se alejó unos pasos a investigar en la computadora central mientras Entrapta continuaba mimando al ser.

—Eres fascinante ¿lo sabías?

Gruñó contento dando respuesta. En eso, movió su cola con inquietud renovada. La princesa notó entonces que en la punta de la cola se podía ver una escama color rojo que irradiaba luz. Ella se acercó y miró la voluta de brillo.

¿Se molestaría si lo tocaba? ¿La mordería?

Que mejor respuesta para ambas preguntas que: ¡POR LA CIENCIA!

Estiró su dedo índice. Lo tocó.

Ante sus ojos vio a Hordak, rodeado de sus hermanos. Fue solo un flash. Cayó de espaldas sobre el suelo. Ahora solo miraba el techo metálico. Escuchó unas pisadas a sus costados. Luego se fueron transformando.

Una garra azul subió hasta su rostro y la terminó por acorralar con todo su cuerpo.

Sobre ella, a escasos centímetros de su rostro había una perfecta imitación de Hordak y sí, estaba desnudo.

Entrapta guardó silencio de manera abrupta, no sabía si gritar o simplemente dejarlo estar. El espejismo ante ella se transformó ahora los ojos rojos pasaron a ser verdes y el cabello azul a blanco. Era la imagen de Kadroh.

La garra que reposaba en su mejilla respingó cuando sintió una lágrima.

—¡Pero qué demonios…! —Masculló Hordak regresando a zancadas.

Un golpecito en el flermis superior y la ilusión acabó. El reptil regresó a enroscarse a un lado de ella.

—¿Estás bien? ¿Te mordió?

La princesa negó con la cabeza mientras secaba sus lágrimas con el antebrazo de los abrigos. El clon notó esto y buscó mirarla más de cerca.

—¿Qué sucede?

Sollozó un poco.

—Soy una egoísta.

—¿Por qué dices eso?

—Necesito que salgamos de aquí, no puedo permitirme esto.

Hordak no comprendía del todo, solo la tomó de los hombros esperando que el gesto fuese suficiente.

—¿Permitirte qué exactamente?

Gimió entre lágrimas y dijo:

—No debo permitirme estar así contigo, no es el momento para ser la mujer más feliz del mundo. ¡Quiero que ellos también disfruten!

Se arrojó al pecho del clon quien sonrojado por sus palabras apenas pudo abrazarla.

—Hordak…

—Si lo sé… Hay que irnos.

Los ojos que durante la mañana se había estado tornando rojos miraron con sorpresa que el reptil llevaba un buen rato con su cola escamosa enlazada en la mano de la muchacha a modo de pulsera.

El animal los miraba a ambos. Con sus ojos azules parpadeó varias veces y siseó con un dejo de molestia. Se removió en su sitio y retiró la cola enroscada en la muñeca de Entrapta. Corrió con furia hasta la puerta cerrada.

El golpe metálico los distrajo a ambos. La princesa regresó al pasillo principal, estaba rasgando las puertas y aunque de manera sutil subía sus patas sus filosas garras iban dejando un marcado camino en ellas.

—Parece que tiene mucha necesidad de irse.

Giró la cabeza hasta ellos y parecía exigir la apertura, gruño y siseó.

—Yo lo hago, colócate detrás de mí. —Dijo Entrapta quien estaba todavía revestida en los abrigos. Un par de botones y la puerta se abrió, el frío gélido entró como una rápida ráfaga y acabó. El hielo que se había logrado formar en las paredes pronto se derritió por el control de la computadora principal. El silencio volvió a quedarse entre ambos. Hordak miró de soslayo a la mujer delante de él, seguía sin saber qué decir. Sabía que necesitaban ponerse en camino, pero… ¿cómo?

Iban a llegar a la costa y ¿después qué?

Vio el collar del reptil que había retirado. Lo miró más de cerca y guardó su contenido. Ante él la computadora ponía en un plano toda la isla en perspectiva. Vio casi sin intención de prestar atención al contenido mostrado.

En el mapa holográfico había dos círculos que sobresalían. Se trataban de los reactores, uno de ellos emitía ondas que abarcaban toda la isla, el otro simplemente permanecía estático en la imagen. Era el reactor que habían logrado apagar.

Suspiró, iba a guardar todo aquello para ponerse a buscar un plan cuando vio un tercer núcleo de poder. Comenzó titilando y después a sonar un chillido. Hordak acercó la mirada.

—¿Qué sucede? —Preguntó Entrapta.

—Algo emite fuertes ondas, se está acercando a la costa.

—¿Se mueve?

Tecleó unos cuantos botones y el mapa hizo un acercamiento, rumbo a la costa un punto que se movía a gran velocidad emitía vibraciones.

—¡Allá hay otro! —Exclamó Entrapta señalando la pantalla. Era un segundo punto que se movía por todo el plano. Enseguida se le unió un tercero, un cuarto y quinto.

—¿Qué son?

Hordak se levantó.

—Computadora, ¿hay acceso al captador térmico de la costa?

Tras unos segundos hubo una afirmación.

—Muéstrame las imágenes.

Los rostros de ambos casi se estampan en la pantalla que descendió desde una compuerta del techo. En sus muestras podían ver un grupo de manchones amarillos o naranjas que se congregaban en la playa congelada.

—¿Esos son… lagartos?—Preguntó Entrapta. Por la silueta podían ver que reptaban y tenían colas.

Miraron en silencio. De pronto, vieron en la muda transmisión cómo los animales comenzaban a golpear el suelo donde estaban.

—¿Qué es lo que están haciendo? —Cuestionó el alíen. La muchacha en un instante a travesó la habitación y llegó hasta donde reposaban sus cosas ordenadas. Sacó el pad de comunicación.

—¡Darla! ¿Estás ahí?

—Saludos Entrapta. Me encuentro actualmente en modo de reposo pero mis sistemas continúan funcionando, ¿gustas que te dé el pronóstico del clima?

—¡No, no! Necesito que actives tus radares, ¿hay movimiento cerca de ti?

Hubo largos momentos de incertidumbre. La voz femenina de Darla resonó de nuevo.

—Detecto una aglomeración de seres por encima de mi fuselaje, aproximadamente a 7 metros sobre mí.

Un grito agudo fue lo que se escuchó enseguida. Hordak respingó girando su cabeza hacia donde ella se encontraba. La vio mover sus cosas, volaron los abrigos y luego entró en su overol, se ajustó sus dos coletas y salió en menos de lo que canta un gallo con su mochila y maletín.

—¡¿Estás listo?!

El hombre no entendía nada.

—¿De qué hablas? ¿Para qué?

Fue tomado por las hebras de cabello que lo obligaron a regresar a la habitación.

—No debemos perder tiempo, ¡vístete!

La orden sonó imponente, los cabellos de Entrapta tomaron lo que fuese conveniente.

—Podremos volver más adelante por lo demás, pero por ahora debemos ir solo con lo necesario ¿estos son todos los recubrimientos de algodón que tienes?

Se sentía aturdido mientras buscaba bajo la cama sus botas de cuero con metal. Se aseguró de meterse en más de dos capas de abrigos.

—No entiendo qué está pasando.

Ella se giró a él.

—¡Me leyó los pensamientos!

Hordak guardó silencio procesando la respuesta.

—Hubo un momento en el que después de verlo transformarse en Kadroh comencé a desear tener la capacidad de adaptación del lagarto. Deseaba poder tener sus poderosas garras y habilidad de aguantar el frío.

Hordak recordó haber visto cómo el animal había enredado parte de su cola en la mano de ella. ¿Estará pensando acaso que…?

—Espera, no es seguro. Te dije con anterioridad que desconocía el raciocinio desarrollado de los lagartos. Si no tenemos cuidado podemos caer en alguna trampa. ¿Cuántos vistes en la costa?

—¡Muchos! Debemos apresurarnos, cuando logren destruir la capa de hielo, Darla podrá despegar y nos iremos de aquí.

Una luz, en el largo y sinuoso camino emergía una luz de esperanza.

No dijo nada más, quería confiar en ella y dejar de embriagarse de miedo. Quería ir con ella y dejar atrás su inseguridad. Se echó al hombro una mochila y los dos salieron de la habitación, giraron en la esquina que daba hacia la entrada principal. Entrapta con la voz casi cortada preguntó:

—¿Listo para la aventura compañero de laboratorio?

No hubo respuesta verbal, solo lo vio descender hasta su rostro y depositar un fugaz beso en sus labios.

—¡Sujétate!

La tomó de la cintura y la elevó. Accionó la compuerta y esta se abrió, el golpe de temperatura fue violento. Llevaban gorro, lentes de protección y bufanda pero se sentían como si estuviesen desnudos en ese sitio.

Hordak corrió sobre la nieve con Entrapta en brazos.

—Estaba deseando mostrarte esto. —Masculló con la poca movilidad que le permitía el frío. Las botas de él vibraron y sintió en la planta de sus pies un calor que agradeció.

—¡Por mis estrellas! —Gritó Entrapta cuando sintió como se elevaban por encima del suelo. Miró las piernas de su protector y pudo ver de cerca el sistema de propulsión.

Soltó un gritito agudo y enseguida salieron a toda velocidad. Con agilidad y maestría esquivaron cuanto árbol se cruzó en su camino.

—Estaremos en la playa en 5 minutos, cuando lo hagamos necesito que no te separes de mí ¿de acuerdo?

En su voz había advertencia y un poco de ferocidad. No cabía de felicidad la muchacha que cargaba, pero una sombra sobre ellos la distrajo. Fue veloz y sublime. Podía escuchar un aleteo pero no vio a quien lo producía.

Pero por la sombra que los cubrió… era grande. No hizo ningún comentario más, sin embargo, nerviosa no dejó de mirar el cielo. Tenía un rayo de esperanza, no lo iba a perder después de tanto. Pasaron varios minutos hasta que finalmente la salinidad de la costa llegó en ráfagas violentas golpeando sus gafas de protección.

Hordak descendió. Entrapta miró entonces aquella esperanza que tomaba forma. Veloces garras, una tras otra golpeaban el hielo y lo destrozaban en grandes trozos.

—¡Ahí está nuestro lagarto! —Gritó.

En medio de lo que parecía una familia de reptiles se alzaba la blancura especial de uno de ellos, graznaba con furia.

—¡Impresionante, tiene un llamado especial para su clan!

Animada deseaba poder sacar su grabadora. Aunque sabía que se destruiría por la baja temperatura. El reptil blanco poco a poco iba descendiendo en las capas de hielo.

—¿Estás lista? —Preguntó Hordak. Entrapta tenía listo el comando en su pad de comunicación, pronto Darla saldría de su estado de reposo.

En medio de la costa, con una nevada llegando algo llamó de sobremanera la atención de la princesa. Había una línea verde que comenzaba a rebasar el nivel de la costa. En aquél manto blanco, pudo ver el mecer pausado de… flores.

Las miró más de cerca, Hordak no se dio cuenta cuando ella se separó de él.

Entrapta al mirarlas se percató de que eran las mismas flores que había en el cuartel, las que estudiaban. ¿Cómo era posible que sobrevivieran a ese frío? Perduraba el verde del pasto y los tallos no se rompían por muy fuertes que el viento llegase. Eran de vivos colores… rosas, azules, olivo.

Que hermosa imagen en un panorama agresivo, impresionante y cautivador. ¿Cómo? En su mente científica corrían mil y un preguntas. ¿De qué sobrevivían con el sol cubierto en esos días? ¿Cómo lograban concretar su ciclo de polinización? ¿Qué depredadores tenían, debía haber herbívoros en la isla? ¿Cómo continuaban viviendo?

¿Qué las hizo aparecer?

Las vio más de cerca, algo en ellas le resultaba familiar. Su mente veloz dio con una incógnita guardada en las últimas semanas, delante de ella estaba la pista faltante. Sonrió para sí mientras se giraba.

—¡Hord—

Un chillido se comió el sonido de su voz y un fuerte viento la hizo tambalearse. ¿Una tormenta? ¿Tan de repente?

Los reptiles se miraron entre ellos. Entrapta se abrazó a sí misma intentando ver qué sucedía pero su cuerpo se estaba tensando de sobremanera. Quiso dar un paso pero solo sintió como su piel se cortaba.

Miró su tobillo, estaba sangrando.

—¿Qué está pasando?

Una cortada más ligera apareció en su mejilla. La ventisca venía con todo su poder y la estaba lastimando. ¿Era eso?

Nuevamente sintió una sombra cubrirla y desaparecer. Alzó la vista… ¡Un inmenso pájaro sobrevolaba el sitio! Cuando recién había llegado a la isla los había visto desaparecer entre las montañas, estaban tan lejanos que no podía imaginarse cuán grandes eran hasta que estaba ahí, sitiándolos.

—¡Entrapta!

Hordak la tomó de los hombros.

—¡Debemos irnos!

La sombra se abalanzó sobre ellos. No era fácil verlo, el gran animal volador era del mismo color de la nieve y solo por el ruido de su aleteo era detectable.

—¡Cuidado! —Gritó y la obligó a agacharse, suficientemente rápido para que las garra solo pasaran rozando su hombro que quedó herido. Las gotas de la sangre de la princesa llenaron el impoluto suelo. Hordak gruñó y cargó su cañón en el antebrazo, no supo cómo pero se guío por su oído y disparó.

Falló, el animal se elevó graznando como si se estuviera burlando de él. Intentó disparar nuevamente pero el arma protestó, la temperatura era un factor negativo. El artefacto debía calentar previamente a los disparos pero tomaría tiempo. Tiempo era lo que menos tenían.

—¡¿Puedes caminar?!

—Eso creo.

Se puso de pie pero no podía correr. El siseo de los reptiles se incrementó de pronto. El ave descendió para atacarlos. Se escondían entre la nieve, en la arena y solo en casos extremos soltaban zarpazos ágiles que alcanzaban a despistar al depredador.

—¡Haz que Darla suba!

Entrapta presionó unos botones y en su comunicador de oído escuchó.

—Mis sistemas se encuentran en modo de reposo. En este momento no es posible hacer un despegue.

La chica palideció.

—No logra salir, falta muy poco pero la nave aún sigue atascada.

El alíen se maldijo por dentro. La había tenido entre sus brazos y se juró estar a su lado para cuidarla y lo único que hizo fue llevarla a una muerte segura. Si volvían podían tal vez refugiarse en la selva. Giró su cabeza. ¿Dónde estaba la selva?

La buscó con sus ojos rojos. Ya no estaba a la vista. La gran ave que los atacaba aleteaba con tal fuerza que creaba remolinos de nieve y aire, era imposible mirar un solo punto en concreto. Estaban tan lejos de la selva que ahora ya no podían verla.

¿Qué debía hacer?

Los lagartos reptaron por el suelo y no volvieron a ser blanco fácil está vez, lograban camuflajear su presencia, pero Hordak y Entrapta no. Estaban vestido de negro y púrpura, colores sumamente detectables.

—¡Tengo una idea!

Entrapta enroscó su cabello en el pecho de él y se subió a su espalda donde Hordak la recibió por inercia. El pad de comunicación chillaba.

—Ahora ¡corre en esa dirección, ahora!

Señaló con su dedo y Hordak con la fuerza que le permitían sus piernas hizo lo que le ordenaba. Escuchó por encima de ellos el graznido del ave pero no quiso girarse a mirar.

—¡Sigue, sigue!

Entrapta fue quien giró la vista cuando sintió de nuevo la sombra sobre ellos.

—¡A la izquierda, SALTA!

Fue veloz pero no pudo evitar que ambos dieran un fuerte golpe en el hielo. Sin embargo, no fue tan fuerte como el tremendo golpe que dieron las garras del animal en la capa de hielo sólido. Chilló con dolor y regresó al vuelo.

Como pudo, con una herida sangrando en su brazo Entrapta miró como el fuselaje de Darla se asomaba de lado derecho.

—¡Casi! —Exclamó levantándose.

Hordak la tomó del brazo y la volvió a subir a su espalda.

—Espera, ya no puedes cargarme estás mal herido.

El alíen deshizo los intentos de ella por intentar zafarse del agarre. Los brazos estaban al descubierto con serios raspones.

—Solo necesitamos un ataque más. —Masculló y corrió. La rapiña depredadora estaba furiosa por la forma en la que graznaba. Entrapta pudo prever que su ataque sería corto y rápido.

Entonces vio los ojos azules de los lagartos que se escondían en la nieve. Estaban esperando que todo acabase, igual ellos. El pajarraco descendió pero en vez de atacarlos con el pico aleteó detrás de los dos. Un trozo de hielo se había desprendido del suelo y aterrizó en el hombro de Hordak muy cerca de Entrapta. Aun así, fue muy profundo puesto que el hombre aulló de dolor y perdió el equilibrio. La princesa cayó y con ella, Hordak.

Volvieron a escuchar el preludio del ataque. Pero, no estaban cerca de la nave. Si los atacaba, no habría escapatoria.

Se abrió el cielo con sus poderosas alas y abrió las garras. Miraron su final tan cerca. Hordak la tomó entre sus brazos y la protegió con su cuerpo.

Un golpe seco después y varias plumas cayeron enseguida. Estaban ilesos. Alzaron la vista. Uno de los lagartos se había logrado subir al cuerpo del monstruo y le mordisqueaba la panza intentando alcanzar su cuello.

—¡No, no lo hagas! ¡Te matará! —Gritó Entrapta reconociendo al reptil blanco que se había hecho 'amigo' de los dos.

Hordak la tomó del brazo de manera brusca.

—Me queda solo un tiro de cañón antes de que deje de funcionar por el hielo. Me desharé de la capa faltante. ¿Hacia dónde debo apuntar?

La princesa giró su vista. El fuselaje apenas se estaba cubriendo de una ligera capa de nieve. Miró al amigo lagarto que los ayudaba y con un rostro doliente señaló al suelo gélido.

—¡Ahí!

No lo pensó dos veces y el poderoso artefacto en el antebrazo de Hordak deshizo el hielo restante.

—¡Darla! ¡ARRIBA!

El suelo vibró y se comenzó fragmentar. Un calor increíble provino de sus pies y se tuvieron que apartar. Con estruendo las últimas capas de hielo frágil se rompieron y la nave comenzó a ascender. Los ojos de Entrapta se llenaron de felicidad.

Giró su vista, el ave seguía en intentos de quitarse de encima al lagarto y con un fuerte golpe del pico lo mandó a volar. Asustada siguió el trayecto del pobre animal, rebotó en la nieve y luego pareció perderse en la imagen.

La compuerta de Darla se abrió. Hordak la tomó otra vez pero Entrapta se deshizo del agarre y con la poca fuerza que le quedaba corrió en dirección opuesta. Estiró su cabello lo más que pudo, aun cuando vio otra vez las alas del ave moverse, rogando por no errar en su agarre.

Algo se enroscó y con los ojos cerrados volvió sobre su camino. Hordak la recibió y ordenó el cierre de la compuerta.

—¡DARLA… ARRANCA!

—Iniciando maniobra de despegue.

Los motores se calentaron y los vidrios se abrieron permitiendo la entrada de luz. La silla en medio de la cabina se elevó. Hordak no tardó en sentarse y fijar el curso.

Plumeria.

Cuando sintieron el primer híper golpe de velocidad fue hasta ese momento que se sintieron tranquilos. Entrapta intentó mirar por los vidrios, se elevaron por encima de las nubes y la tenebrosa isla de las bestias quedó atrás.

Se tiró en el suelo, cansada. Sangrante de algunas partes de su cuerpo.

De pronto, algo se removió en su cabello. Se giró asustada. El reptil quedó panza arriba.

—Oh no…—Susurró y tomándolo entre sus manos buscó escuchar tal vez su corazón. Nada.

Intentó calmarse ella, si no lograba bajar el volumen de su respiración entrecortada no podía asegurarse de nada.

Hordak volvió la mirada y notó lo que estaba pasando. Se puso de pie una vez activado el piloto automático.

—Ponlo en el suelo.

Lo inspeccionaron entre los dos. En un instante se separaron cuando escucharon el siseo de forma repentina. Se removió en su sitio, se logró colocar sobre sus patas y se removió como tantas veces hizo, después se enroscó y los miraba a ambos con los ojos azules.

—¡Está vivo! —Gritó Entrapta y se acercó a él acariciando su lomo escamoso. El animal no le gruñó y permaneció en esa posición.

Parece que solo había perdido el conocimiento. Cansado y con algunos rasguños el animal permaneció en aquella posición. Entrapta agradeció a las estrellas que así fuera. Regresó la mirada a Hordak, éste casi impresionado la miró de arriba abajo.

Lo lograron.

Habían salido con vida.

Entrapta regresaba con la cura entre sus manos y era un hombre que también pertenecía a su corazón, además, había conocido a un nuevo amigo reptil.

Hordak llevaba en sus venas la cura para sus hermanos, se supo útil y nunca se había sentido tan feliz de ello. Se quitó los guantes, miró sus maltrechas manos, el músculo flexor faltante, las largas cicatrices que lo acompañarían hasta su último día.

Todo ello, era útil. Alzó su vista y para ella, él era hermoso.

—¡ES LA MAGIA!

Hordak casi se va de espaldas cuando la muchacha gritó.

—¿Qué dices?

La princesa estaba ahora llena de energía como si nunca hubiera salido de una situación de muerte contra un pajarraco gigante.

—¡Ya sé que es lo que hizo mutar a tus hermanos!

El hombre esperó la respuesta.

—¡Es la magia! La magia que se liberó del corazón de Etheria fue lo que provocó que tus hermanos mutaran.

Hordak lo pensó por un momento.

—¿La magia será un mecanismo radioactivo?

—Más bien tengo la teoría de que solo fue el detonador. Algo así como un fertilizante.

Entrapta intentó levantarse pero su tobillo protestó y tuvo que aguardar en el suelo, Hordak estuvo por levantarse pero ella alzó la palma de la mano a modo de atención.

—Espera, tengo que terminar de explicarte.

Tomó aire y continuó.

—¿Recuerdas cuando me dijiste que tu provenías de un molde de una galaxia definida?

Hordak asintió.

—Tú cuerpo fue manipulado mecánicamente para ser quien eres ahora. Con lo que había en ese momento exacto del universo, con todos los elementos que ahí existían. Pero… Hordiano primero tuvo que hacer uso de algún potenciador que generó la evolución de sus clones. En su caso fue la correcta proporción de proteínas y demás ingredientes. En el caso de Etheria fue la magia.

Parecía lógico. Aun así tenía preguntas.

—Pero… ¿entonces son inestables a la magia? ¿Deberán irse?

Entrapta negó con la cabeza.

—No, la magia solo fue el potenciador. Cuando fuimos sacados de la dimensión de los despondos regresamos al caldero del universo que está lleno de ingredientes. Por ejemplo ¡MIS DIENTES!

Señaló su blanca dentadura.

—Cuando estuve en el espacio encontré una galaxia muy muy lejana (y no de Star Wars) que era rica en calcio. Eso quiere decir que esos nidos de electrones, protones, elementos han estado en constante choque, millones de años de evolución convirtieron ese calcio en lo que ahora son mis dientes y huesos. El planeta ha sido bombardeado con todo ello para crecer pero su proceso es lento naturalmente.

—La magia lo aceleró.—Concluyó Hordak.

—¡Exacto! Tal cual sucedió con el Big Bang.

El ex dictador se sorprendió del gran avance de la científica y conforme más lo pensaba más sentido tenia.

—¿Cómo llegaste a esa conclusión?

—Las flores que estaban en la costa que eran las mismas que estaban en el cuartel fueron el primer espécimen nuevo que brotó cuando She Ra utilizó la espada para liberar el corazón. Lo sé porque las estudié en Luna Brillante. Por eso las reconocí. Los organismos (como las plantas) son seres unicelulares, es decir, de pocas células. ¡Por eso fueron las primeras en aparecer y evolucionar! Tus hermanos son seres más complejos y unicelulares, por eso no lo hicieron enseguida.

Entrapta suspiró.

—Temía que fuese un agente como una enfermedad, temía que los clones estuviesen condenados a nunca adaptarse.

Se llevó una mano al pecho sintiendo ese alivio.

—Lo que me queda por resolver es ¿por qué si llegó tan lejos no ha podido entrar de lleno en la isla de las bestias?

Guardó silencio. Fue esta vez Hordak quien tomó la palabra.

—¡Claro, es tan obvio!

Ella arqueó una ceja.

—¡Los reactores de la isla! Con ellos funcionando sigue generándose la señal de los primeros, la misma que mantenía la magia del planeta encerrada en el corazón. Por eso no ha 'cambiado'. Lo que sucedió fue que el mecanismo de defensa principal de la isla era la hostilidad de las animales ya que provenían de las señales. Cuando Micah y yo apagamos uno de ellos la isla se vio amenazada y fue por eso que creó las heladas.

—¡Por supuesto! Por eso la fauna y la flora no se vio afectada, como son parte de la tecnología allí abandonada lo más lógico era que pudieran adaptarse. El reactor restante solo está buscando defenderse y es por eso mismo que esas flores solo están en la costa, no les permite adentrarse más.

Racionalizaron todo el comportamiento que habían estudiado en los últimos meses. Hordak llegó a la conclusión de que era mejor dejar el segundo reactor funcionando para que la isla sobreviviese por el tiempo necesario en el que las bestias buscaban un equilibrio. Si el lagarto espejo pudo mutar al igual que todo los demás entonces había posibilidad de que desarrollaran el no necesitar el reactor. Cuando eso suceda el reactor se apagará cuando la parte orgánica de la vida cobre independencia. Las bestias de la isla ya no funcionarán como centinelas podrán seguir desarrollándose.

Con el cuerpo machacado los dos científicos discutieron el resto del camino sobre los cambios y demás teorías.

Nunca habían sentido tanta necesidad del uno del otro. De escucharse, de entenderse. De saber que estaban ahí para el otro.