XXX
Eterno


—¿Porqué aún no estás dormida? —cuestionó la mujer de rubia cabellera entrando a la habitación de la menor de sus hijas. La pequeña, quien ya vestía su pijama de hipopótamos para dormir, no dejaba de saltar una y otra vez sobre su cama; a pesar de tener la severa mirada de su madre encima de ella, no se detenía en absoluto.

—No tengo sueño —respondió la pequeña, su madre se cruzó de brazos; no faltaba mencionar que al momento de que ella hacía eso, significaban problemas. La pequeña dejó de saltar por fin e imitó la pose de su madre; las dos, al verse mutuamente de esa forma, rieron a carcajadas.

—Ya es tarde, Leonora; mañana tienes escuela —la madre suavizó su expresión y se acercó a donde su hija, y luego no te quieres levantar.

—Pero... —trató de replicar la niña pero la detuvo su madre, la tomó de su diminuta mano y la hizo que se acercara a ella; la madre tomó asiento y obligó a su hija a sentarse sobre su regazo. A ambas les gustaba estar de esa forma, y nunca fallaba en hacer dormir a la pequeña Leonora—¡Eso es trampa, mamá!

—¿Trampa? ¿Estoy haciendo trampa?

—¡Sí! —la pequeña entonces dedujo que no había escapatoria de aquello, ya comenzaba a sentir sus párpados pesados; entonces una idea llegó a su mente: Si se iba a dormir, sería bajo sus términos—. Entonces cuéntame un cuento.

—¿Un cuento? —cuestionó su madre. Leonora asintió—. ¿Cuál quieres oír?

"El corazón de la luna" —contestó. La madre asintió y acomodó a su pequeña en la cama para que durmiera a gusto; cuando finalmente estaban bien, la madre prosiguió a contar la historia.

Hace muchos años, el espíritu de la Luna estaba muy solitaria en el frío espacio exterior; sí, las estrella estaban ahí para hacerle compañía, pero ellas estaba a cientos y cientos de kilómetros, muy lejos de ella. No era lo mismo, y eso la entristecía. Comenzó a cuestionar las acciones del Hacedor al ponerla en ese lugar tan vacío y helado, el resentimiento crecía en su mente, y maldecía su suerte.

Entonces, en un momento de los miles que Luna vivía, ocurrió algo totalmente diferente: Escuchó un ruido. Eso era algo completamente imposible sabiendo que se encontraba en el espacio, ahí no podían hacerse ninguna clase de ruidos, por eso llamó su atención; se levantó de la fría superficie de su cuerpo físico y buscó el origen de ese ruido, caminó y caminó con la única intención de averiguar de dónde provenía, luego, asombrosamente, lo encontró: El ruido venía de la tierra.

Miró con su increíble visión la superficie de la Tierra, buscando el origen; se impactó al ver que una diminuta silueta la estaba mirando fijamente, se trataba de un hombre. Ese hombre, vestido con ropas que él mismo hizo, acompañadas de una capa marrón, sostenía un objeto peculiar e las manos: Una ocarina. Y la usaba para crear ese ruido tan...hermoso e hipnotizante; era tan bello y melodioso que, de repente, Luna comenzó a bailar al ritmo que marcaba; de arriba hacia abajo, dando pequeños saltos y piruetas, movimientos de cadera, piernas y brazos. A Luna le encantaba la melodía, y no quería que se acabara.
Desde entonces, aquél hombre aparecía a la misma hora y en el mismo lugar para tocarle su canción a Luna y hacerla sentir especial, hacerla sentir que no estaba sola; y así fue hasta los confines de la tierra, hasta que el sol se extinguiera y las estrellas se apagaran.

Luna ya yo estaba sola ni se sentía triste; ahora era amada, y eso era lo que más necesitaba.

El cuento había terminado, y la pequeña Leonora ya estaba profundamente dormida; su madre la arropó bien para que no pasara frío y salió de la habitación, cerrando la puerta delicadamente tras de sí. Bajó las escaleras hasta la sala de su hogar, donde curiosamente recién llegaba su marido: Un hombre de cabellera rosada, alto, fornido; y que cargaba la cacería del día sobre su hombro. Este al ver a la mujer dibujó una amplia sonrisa.

—Ya llegué —dijo.

—Bienvenido —musitó la mujer; se acercó al pelirrosado y le dio un tierno beso en los labios—. Leonora ya está dormida.

—Qué bueno, porque ya es tarde.

—Lo sé; tuve que contarle una historia.

—¿"Corazón de Luna"? —inquirió el pelirrosado, su mujer asintió—. Parece que esa es su favorita.

—Y también la mía —agregó la mujer; le quitó de encima el ciervo a su marido, y se acercó a él para rodearlo con los brazos por el cuello para abrazarlo con mucho afecto y amor. Él correspondió el gesto de la misma manera—. Mi amor eterno.

—Amada Luna —musitó el pelirrosado. La mujer rió por lo bajo.

—Hace años que no me dices Luna —señaló.

—Porque ahora prefieres que te llame Lucy —la mujer volvió a reír, al igual que su esposo.

—Gracias a ti, ya no me siento sola.

FINALE.


Esta historia la creé hace cinco años, justo cuando comencé a meterme en este mundo del Fandom; quise compartirla con ustedes porque le tengo mucho aprecio, es de mis favoritas. Me hace recordar tiempos hermosos y me despierta cierta nostalgia.

En fin, nos leemos luego. Sayonara :3