Choking : asfixia sexual

Neville/Theodore

Continuación de Kink Week I: Una pareja de la que nos suelas escribir


Neville estaba a punto de perder el conocimiento, y sin embargo el placer era exquisito. Sus manos se aferraban a la gruesa rama que le tenía atrapado por el cuello. Su cuerpo desnudo estaba rodeado por numerosas ramas que ceñían fuertemente. La postura donde estaba levemente inclinado hacia delante no era incómoda porque era sostenido por el Lazo del Diablo.

Neville no podía verle, pero sí sentirle. Theodore Nott estaba follándole duro, mientras Neville luchaba por hacer llegar a sus pulmones algo de aire.

Estaba a punto de correrse y era incapaz de entender lo que el dueño de su herbolario favorito le estaba diciendo.

Antes de que sus ojos se cerraran, la rama en su cuello se aflojó, dejándole respirar. Tomó aire en respiraciones cortas.

Las ramas se removieron, pero sin soltarle, dándole la vuelta. Nott tenía el rostro enrojecido, y le acarició el cuello.

—¿Estás bien?—Neville asintió, reconocía que era un poco demasiado, pero también extrañamente placentero.

La planta le abrió de piernas, y Nott se metió dentro de él nuevamente.

Neville no solía hacerlo así, casi siempre lo tenía a su espalda, y a pesar de todos lo límites que habían sobrepasado juntos, sintió un rastro de timidez mientras le miraba a los ojos.

Las ramas le abrieron aún más, se restregaban contra su pene, volvían a rodearle el pecho y el cuello. Y Neville se sintió de nuevo en el paraíso, uno bizarro y pervertido.

Pero no estaba solo, en él, delante de él, sobre él, Nott le seguía.

Esta vez, Neville sí se desmayó en el momento que se corrió.

Cuando volvió a abrir los ojos no estaba entre las ramas del Lazo del Diablo que Nott tenía modificado en su casa. Sino en una cama de suaves sábanas.

A su lado, sentado estaba el dueño de la misma completamente desnudo, y Neville se dio cuenta de que él también lo estaba.

—¿Qué ha pasado?—preguntó incorporándose.

—Perdiste el conocimiento por la asfixia.—Nott le acarició el pelo—Controlé tus constantes todo el tiempo, todo está bien.

Neville comenzó a incomodarse, como siempre le pasaba cuando el momento álgido pasaba.

—¿Tienes hambre?—le preguntó rápidamente Nott—. He mantenido la cena caliente por si nos apetecía después.

Neville recordó que había ido a casa de Nott con la excusa de cenar y ver el Lazo del Diablo que había conseguido modificar.

La cena pasó a un segundo plano.

Neville hubiera declinado la oferta, se hubiera vestido e ido de allí rápidamente, como el que abandona la escena de un crimen. Pero veía la esperanza en los ojos del herbolario.

Nott llevaba pidiendo algo más mucho tiempo, Neville se había resistido y en realidad no sabía muy bien qué era lo que le retenía.

Nott aceptaba todo lo que siempre le había avergonzado a Neville, no le cuestionaba, y le ofrecía un poco más. Le miró intentándole ver por primera vez.

Alto y moreno, tenía unos ojos verdes tan oscuros que en realidad no había descubierto que lo eran hasta mucho después.

Era alguien serio y bastante formal, alguien de quien sería imposible pensar que tuviera un fetiche tan raro como el de Neville.

—No pasa nada.—Nott le sonrió triste mientras se levantaba de la cama—Te dejaré unos de mis pantalones, creo que el Lazo los rompió.

—Tengo un poco de hambre, olía muy bien lo que habías preparado.

Nott le miraba sorprendido.

Con un giro de varita una gran bandeja apareció volando por la puerta.

—¿Te parece bien comerlo aquí?—le preguntó.

Neville se incorporó, e hizo algo completamente impropio de él. Le dio un beso en los labios a Nott.

Quizás pudieran conocerse un poco más.

—Me parece bien comerlo aquí.


Entre el calamar gigante y ahora el lazo del diablo me estoy convirtiendo en la ficker de las cositas raritas. Pero bueeeno, tiene su punto.

Hasta mañana.

Besitos

Shimi