CAPÍTULO XII

Sasuke tenía a Sakura estrechada contra su pecho mientras intentaba conciliar lo que había descubierto con la historia que le había contado. Dejando aparte sus pensamientos, se levantó bajo la mirada interrogante de Sakura. Sasuke juraría que también vio en ellos sensación de pérdida cuando deshizo el abrazo y la dejó en la cama. Se acercó a la pequeña mesa que había bajo la ventana y cogió un paño limpio, mojando parte de él en agua. Volvió a la cama y apartó suavemente las sábanas que ocultaban las piernas de Sakura. Cuando ella comprendió las intenciones de Uchiha ya no podía detenerle. Sasuke estaba limpiando los restos de su encuentro de la piel de Sakura con suma delicadeza. Al instante, la cara de Sakura cambió de color. Ella no esperaba ver restos de sangre entre sus muslos y en las sábanas.

Buscó los ojos de Sasuke en busca de respuestas. Estaba completamente perdida.

—Sasuke, yo pensaba... pensaba que solo había sangre la primera vez. ¿Por qué hay tanta sangre?

Sasuke comprendió que Sakura estaba desorientada en ese instante. Le miraba de forma desesperada por comprender algo de lo que estaba ocurriendo.

—Hasta esta noche eras virgen. Esta ha sido tu primera vez.

Sakura negó con la cabeza y miró a Sasuke con recelo y una chispa de furia en los ojos.

—No, no lo es. Ya te conté lo que pasó. Cuando desperté tenía sangre y Kinuta me dijo, él me dijo...

El Uchiha apretó los dientes, maldiciendo por lo bajo.

—Ese bastardo te mintió —dijo cogiendo la mano de Sakura entre las suyas. Ella le soltó con determinación mientras seguía negando con la cabeza.

—No, no... ¿Por qué haría eso? Eso significaría que todo por lo que he estado pasando..., que... Dios mío. —Contrajo el gesto y rompió a llorar—. ¿Entonces no lo hizo? —preguntó con la voz tan cargada de esperanza que a Sasuke no pudo mantenerse alejado de ella sin tocarla. Puso una de sus manos en la mejilla de Sakura, borrando con su pulgar algunas de las lágrimas que libremente danzaban por su piel creando un sendero húmedo.

—No, Sakura, no lo hizo —dijo Sasuke intentando que ella tomara conciencia de la verdad.

La joven se lanzó hacia él, ocultando el rostro en su pecho y abrazándolo por la cintura. Sasuke la abrazó a su vez, reconfortándola, calmándola con suaves besos esparcidos por su cabello y tocando su espalda con un relajante movimiento circular. Jamás pensó que el llanto de alguien pudiera afectarle tanto pero la única realidad era que escucharla llorar era peor que tener un hierro ardiente alojado en las entrañas. Dolía demasiado, sobre todo cuando quería borrar su sufrimiento y sabía que no podía hacerlo.

Sakura empezaba a creer que lo que Sasuke le había dicho era verdad. En realidad Kinuta no abusó de ella. Por primera vez en meses podía respirar, no de una manera superficial, lo suficiente para seguir viviendo, sino como un ser humano debe hacerlo, sintiendo entrar el aire de tal manera que su pecho se hinchara con cada inhalación, sin experimentar un dolor sordo en el mismo cada vez que lo intentaba. No sintió que tenía que evadirse de sus pensamientos, intentar bloquearlos para no volverse loca. La humillación, la vergüenza, pareció menguar aun cuando sabía que Sasuke tenía razón al decirle que ella no tenía culpa de nada y que no debía dejar que esos sentimientos se adueñaran de su mente.

Al fin, cuando se hubo recuperado un poco, Sakura se separó de Sasuke lo suficiente para mirarle.

—No lo entiendo, Sasuke. No puedo expresar lo que significa para mí saber que él no acabó con... con, ya sabes, pero quiero entender entonces por qué toda esa farsa. ¿Por qué mentirme?

Sasuke había estado pensando en ello los últimos minutos.

—No creo que fuera su intención no acabarlo. Sinceramente, pienso que algo se lo impidió.

La expresión de Sakura, sus ojos interrogantes, hicieron que Sasuke se explicara mejor.

—Puede que al quedar tú inconsciente no quisiera concluirlo. Que lo que le excitara fuese ver el miedo en tus ojos. Desgraciadamente, hay hombres así. —La cara de repulsión de Sakura dejó claro que no podía entender que algo así existiese—. También hay hombres que al estar ebrios no pueden llevar al cabo el acto, o puede que algo le interrumpiese. Fuese como fuere, él quería obligarte y por ello puso esa sangre en tus muslos y jugó con tu inocencia en estas lides, para tenerte controlada y que hicieses lo que él quería. Te desea y quiere tenerte a cualquier precio.

Sakura se permitió una pequeña esperanza después de que empezara asumir todo lo que Sasuke le había dicho, sin embargo ese breve esbozo de alegría se apagó de repente.

Sasuke vio la angustia en el rostro de Sakura antes de que esta le mirara a los ojos con arrepentimiento.

—Sasuke, lo... lo siento. No lo sabía, no sabía que... sino yo no... jamás te hubiese permitido... he arruinado tu vida —dijo volviendo a temblar.

Sasuke la miró, tensando cada músculo de su cuerpo.

—Sakura, el hecho de que él no abusara de ti no cambiaba tu situación. Era su palabra contra la tuya y sabía que en tu inocencia no dudarías de lo que había pasado, por eso dejó las pruebas en tu cuerpo, para que no te lo plantearas. Él iba a obligarte hasta el final. Incluso se aseguró de tener un testigo.

Sakura sabía que Sasuke tenía razón pero seguía sintiéndose mal.

—Creo que dejé claro que nada ni nadie me podía obligar a hacer algo que no quisiera y que este matrimonio no solo te beneficiaba a ti, sino también a mí. Yo no me arrepiento de nada. ¿Tú sí? —le preguntó Sasuke, que temía que ahora que ella sabía que Kinuta no había llevado a cabo su maldad, se estuviera planteando su unión.

Sakura le puso una mano en el pecho a la vez que hablaba con total convencimiento.

—No, jamás me arrepentiría de casarme contigo.

—¿Y te arrepientes de lo que ha pasado entre estas sábanas? —preguntó Sasuke cogiendo su mano y apretándola aún más contra su pecho.

Sakura sintió la dureza de sus músculos debajo de la palma de su mano, y vio la intensidad de la mirada de Uchiha. Había tenido mucho miedo al principio, pero era cierto cuando le dijo que confiaba en él. Esa había sido la única razón por la que lo había intentado, por la que se había puesto en sus manos con fe ciega en que él sabría cómo hacer que aquello fuera soportable. Sin embargo nada la había preparado para lo que sintió entre sus brazos. Jamás pudo imaginar que lo que ocurriría entre ellos en el lecho pudiese ser tan extraordinario. Sasuke había sido tan delicado, tan maravilloso en cada momento... La había hecho sentir protegida, segura, amada, deseada, respetada, adorada y todo ello sin apenas conocerla, sin amarla de verdad. ¿Cómo iba a arrepentirse de algo que la había hecho olvidar, soñar, perderse en un placer que jamás pensó que podría experimentar?

Un rubor intenso coloreó las mejillas de Sakura y Sasuke soltó el aire que había estado conteniendo sin saberlo.

—No, no me arrepiento —dijo ella al fin sin mirarle a los ojos. No podía. Se moría de vergüenza por la conversación que estaban manteniendo.

—Sakura, mírame. —Sasuke esperó a que ella levantara la vista hasta sus ojos, tímidamente, antes de seguir—: No debes sentir vergüenza por nada, no quiero que seas tímida conmigo en este terreno, quiero que me digas lo que quieras. Es importante para mí saber que gozas de este aspecto de nuestro matrimonio.

—¿Vas a querer hacer esto conmigo a menudo? —preguntó Sakura con asombro.

Sasuke soltó una carcajada.

—Sí, Sakura, voy a querer hacerlo, y mucho.

Ella volvió a ruborizarse nuevamente.

—¿Te importaría? —preguntó Sasuke ahora más serio.

—No, es solo que... Yo pensé...

—¿Qué pensaste? ¿Que este matrimonio iba a ser solo de nombre? No es eso lo que hablamos y lo siento si me expresé mal.

—No, no, Sasuke, creo que la que se ha expresado mal he sido yo. Creía que no querrías estar conmigo de forma habitual.

—¿Por qué? —preguntó Sasuke, que no alcanzaba a comprender por qué Sakura pensaba así.

—Por que creía que Kinuta había abusado de mí y eso me ha dejado rota. No soy la misma desde que eso pasó. Tengo pesadillas, apenas puedo mirarme al espejo porque no quiero recordar nada de lo que ocurrió aquella noche, y eso me ha segado todo sentimiento alegre, reemplazándolo por algo oscuro y aterrador. Siento miedo, odio, quiero que Kinuta sufra y yo no soy así, y sin embargo no puedo evitarlo. ¿Qué puedo ofrecerte? Te mereces a alguien... mejor.

Sakura vio una furia ciega cruzar los ojos de Sasuke. Le vio apretar la mandíbula antes de hablar.

—Creo que voy a tener que repetir esto muchas veces, pero lo haré hasta la saciedad si es necesario, hasta que entiendas que me he casado contigo porque quería y que no me arrepiento de eso ni de nada de lo que ha ocurrido entre nosotros. Que estoy orgulloso de la esposa que tengo y que lo único que me molesta es no poder decirle a todos que eres mi mujer porque me gustaría que supieran la suerte que tengo. Admiro tu fortaleza, tu entrega y la capacidad que tienes de sacrificarte por los que amas. Y esa alegría volverá a ti, te lo prometo. Yo la he visto estos días aunque tú no te des cuenta. Velaré tus sueños y esas pesadillas acabarán por desaparecer. ¿Y tú me preguntas qué tienes que ofrecerme? ¿Te parece poco? No hice mis votos en balde, Sakura. No podría haberme casado con nadie mejor. Jamás vuelvas a decir algo parecido.

Una sonrisa se extendió por los labios de Sakura a la vez que algo cálido se instalaba en su mirada antes de volver a ruborizarse.

—Entonces me parece bien lo de... «de forma habitual».

Sasuke arqueó una ceja mientras su mirada llena de promesas se centraba en el rostro de Sakura.

El rubor de Sakura se intensificó más.

—No me mires así... —dijo Sakura mientras le daba un pequeño empujón en el pecho.

Sasuke soltó una carcajada a la vez que un pequeño gruñido de dolor salía de su garganta.

—Lo siento, lo siento —dijo Sakura mirando el vendaje—. ¿Te duele mucho?

Sasuke negó con la cabeza aunque la verdad era que dolía como mil demonios. La fiebre le estaba subiendo, lo sentía, y el brazo estaba algo entumecido.

—Creo que deberíamos vestirnos y bajar a desayunar con Kakashi y el resto antes de partir, de lo contrario Hatake es capaz de venir en persona.

Sasuke se levantó para coger su ropa cuando un mareo le hizo detenerse en seco en mitad de la habitación. Cerró los ojos y aguantó unos segundos hasta que este remitió. Debían irse pronto si quería llegar a casa antes de que la fiebre lo dejara incapaz de dar un paso.