Que comience la guerra.
Cumpliendo Amenazas.
Descargo de responsabilidad: "The Loud House", "Los Padrinos Mágicos", "Los Simpson" y "Gravity Falls" no me pertenecen.
Las caballerías mercenaria y Lapina estaban estacionadas afuera de la "Fortaleza de las Brujas", unos kilómetros antes de la ciudad de Salem, era la fortaleza de los Pingrey, pero había sido capturada por el Barón Noroeste y otros nobles menores, con él también estaba su familia (Su esposa y su hija), casi todos los Pingrey habían sido muertos, torturados u otros hasta violados. John estaba afuera, esperando a que las hormigas salieran de su hormiguero, aunque los nobles de Oreg no fueran gran amenaza, no se podían dar el lujo de perder tiempo ni tropas en esta rebelión. Aquella misma mañana habían amenazado una vez más a los nobles de Oreg para que entregaran la fortaleza, cada nuevo intento era secretamente visto por Pacífica Noroeste, la hija del Barón se acercaba por las almenas de los arqueros, solo para ver como las caballerías y su líder amenazaban una vez más a su padre, aunque ella le había advertido a Lord Pingrey sobre su padre y sus cómplices, de nada había servido, Noroeste asedió la fortaleza hasta que sus ocupantes originales cayeron, quedando Ioanes ignorante de quién estaría con vida entre los Pingrey, sin saber si alguno de ellos respiraba siquiera. Habrían tratado de seguir pensando una forma de amenazarlos para que salgan y a la vez tratar de mantener vivos a los sobrevivientes Pingrey (Si es que los había), fue entonces que una parte de la puerta se abrió, seguido por una declaración del Barón. —¡Piel de Hierro, Solo por piedad te dejaré llevarte hasta el último sobreviviente de los "Piggy", ¡mañana te destrozaré en el campo de batalla! — Las puertas de la fortaleza se abrieron ligeramente, dejando salir a una mujer rubia de 19 años, cubierta solo con moretones y marcas de azotes a modo de prenda.
— ¡Es Carol! — Reaccionó John, ordenó que lo ayudaran a desatarla y rápidamente la llevó en sus brazos a su tienda, partiendo Arimeter junto a él para revisar el deplorable estado de la chica. El Mercenario la depositó en las pieles sobre las que dormía él mismo, mientras el cirujano e ingeniero la revisaba, estaba débil y deshidratada, en apenas una semana ya la habían lastimado y traumatizado, apenas podía llorar por la falta de hidratación, era un milagro que siguiera con vida, dos días sin líquido bastaban para matar a un ser humano.
Carol despertó mientras le daban agua hervida (Ya enfriada). John aún se preguntaba por qué Noroeste había entregado su mejor carta a negociar. —¿Johnny? Si estás aquí ¿Estoy muerta? — Dijo la dama, con una voz tenue y sus ojos apenas podían abrirse. Miró con sus pupilas hacia los lados, donde solo encontró alguna que otra pertenencia del mercenario y al anciano que intentaba revisarla.
El albino no se tardaría tanto en preguntar. — No Lady Carol, estás viva. Me confundiste con alguien más — Respondió el mercenario, cosa que llamó la atención de Arimeter.
La Lady se dio cuenta de su error. Por un lado, le alegraba estar con vida, pero esa alegría, era rápidamente opacada por los recuerdos de su experiencia reciente. Empezó a respirar cada vez más rápido, como si se estuviera hiperventilando, y si, estaba perdiéndose en los recuerdos del tormento, mientras unas nauseas brotaban de ella, queriendo salir por todos los agujeros y poros de su cuerpo. Estaba asqueada, dolida y, por sobre todo aterrada. John logró tranquilizarla por un momento, para poder preguntar si sabía por qué la habían soltado. Ella explicó lo vagos que fueron sus captores al explicar su liberación, pero también tenía instrucciones mucho más explícitas de la joven baronesa, quien al parecer había logrado persuadir a su padre de "enviar un insulto" sin que este supiera que en realidad les enviaba información importante de su plan. Carol contó que esa noche los atacarían en secreto mientras duermen y que ellos debían estar preparados, luego ella abriría las puertas para que entraran y recuperaran la fortaleza, lo único que pedía a cambio era misericordia para ella y su madre. El mercenario entendió el mensaje, salió de la tienda y preparó a su gente.
Esa noche, los guerreros de Noroeste salieron de la fortaleza y evitaron la vigilancia en medio del campamento, en algunos casos cortando cuellos, pero cuando entraron a las tiendas, no volvieron a salir. Algunos de los mercenarios y guerreros de Mich los neutralizaron, tomaron los equipos de los atacantes y se pusieron a las puertas de la fortificación, las cuales se abrieron por orden de Pacífica. Una vez adentro, dos de ellos se quedaron atrás y asesinaron a los de las puertas, dejándolas definitivamente abiertas el resto de la noche. John y sus tropas entraron a la fortaleza y asesinaron a cada guerrero de los Noroeste que encontraron. Bajaron a los calabozos para ver si es que había otros Pingrey con vida. Para decepción de los mercenarios, no había sobrevivientes de la Casa noble, apenas algunas mujeres de la servidumbre respiraban con dificultad, después de haber recibido un (En su mayoría) inmerecido castigo físico. De los hombres ni hablar, todos estaban muertos con sus cráneos abiertos por mazas y hachas, o su torso atravesado por espadas y lanzas. Ya nada había que hacer por esos pobres diablos. Los cuerpos magullados no eran ni la sombra de los nobles guerreros de la casa, o de los jo-putas que pudieron haber sido.
El Barón fue torturado en los días siguientes, el mismo albino se encargó de la mayor parte del proceso, puñetazos, machaque de dedos, arranque de muelas con pinzas, hierros calientes, todo hasta arrancarle los nombres de cada conspirador por su lado, y todo por el de los Cajallena (O al menos lo que sabía). La joven Pacífica y su madre fueron enviadas a Royal Woods, donde se decidiría su destino.
Bart Simpson llegó con sus tropas y la caballería nórdica (Dirigida por Lynn Loud) tres días después. Tarde habrían pensado, pero la presencia del mercenario le cayó como anillo al dedo, pues esa tarde llegaron las noticias. El rey Homero Simpson declaró la guerra a Mich. Aquel anuncio llegó durante la estancia de los Kentianos y los huscarles en la fortaleza con los mercenarios. John y Lynn se reunieron con el príncipe de Kent en su tienda. Por su parte, los guerreros estaban precavidos unos con otros, una batalla podía estar cerca. Por un lado, Kent tenía más guerreros, pero, por el otro, las caballerías lapina y nórdica eran una élite guerrera. Una batalla ahí sería una masacre. Al salir el príncipe Bart de su tienda los sorprendió a todos. —¡Guerreros de Kent, el día de hoy nos llegó la noticia de que nuestro rey traicionó nuestra alianza con Mich, y con ella su juramento de proteger el pacto de la pentarquía! ¡Por ello! ¡Declaro mi repudio al monarca de nuestro reino, e iniciada mi campaña contra Homero Jay Simpson! ¡El Traidor! ¡El mariscal espada de Mich está dispuesto a acompañarnos y apoyar mi reclamo al trono! ¡Así que! ¿Lucharán conmigo, o contra mí? — Las opciones eran dos. Una posible muerte ante sus compatriotas en un regreso por una campaña por el trono, o una muerte segura en manos de una élite militar como los mercenarios y caballeros. Muchos guerreros de Kent temieron estar traicionando sus juramentos de lealtad, pero ¿Qué juramento vale cuando es la vida misma la que está en juego? Un verdadero hombre de honor habría luchado en suicidio, o, cuando menos, se habrían atravesado sus propios vientres antes de entregar su espada a la causa de un proscrito, pero esta no es una historia de hombres de honor, ni los kentianos unos suicidas. Nadie dijo una palabra. El príncipe pelirrojo era consciente de lo que estaba haciendo, traiciona a su familia directa, una familia que traicionó sus raíces y de pasó, salvó a más de mil novecientos guerreros de una muerte casi segura, una decisión tomada en la boca de un lobo, o las garras de un águila.
En Royal Woods, una semana después. Pacífica iba hacia el salón del trono de Mich junto con su madre. La Baronesa no dirigía la mirada a su hija, ni tampoco una sola palabra desde que supo de su traición a su propio padre. La niña se lo cuestionaría a sí misma (Tanto como la vieja a su lado) varias veces, pero en ocasiones, tenía plena conciencia de que el camino elegido por su padre era el de un lunático, o cuando menos un suicida. Por ello prefirió traicionar a aquel hombre antes que hundirse con ese pedazo de loco. No era una acción tan noble, pero tampoco reprochable, si tan solo su madre pensara lo mismo. Las puertas del hall real se abrieron, mostrando a una parte del señorío, que estaba presente para la audiencia. El resto estaban en rebelión, otros muertos en el proceso de esta, y otros más (Como Lord Ängel) Sofocándola. —Baronesa Priscilla, joven Pacífica. Déjenme ser el primero en presentar mis condolencias por lo del barón Preston Noroeste. Pero la ley es clara sobre los traidores— Anunció el joven príncipe, consciente de que, para este punto, el noble menor ya debió haber sido ejecutado.
La mujer rubia, casi anciana, con la piel más arrugada (Irónicamente) debido a los tóxicos métodos para tensar la piel, pensó que aquella audiencia no era más que una formalidad para humillarlas de manera pública, lo cual (Hasta cierto punto) era cierto. Aún con la lealtad de la joven baronesa a su corona por sobre su padre, el príncipe no podía darse el lujo de no castigar a la casa Noroeste por su afrenta. No podía darle mérito por su apoyo, pero tampoco deseaba mostrarse ingrato, así que, tras largas reflexiones en lo que tomó traerlas, llegó a una decisión.
El albino pensó de nuevo lo que iba a decir y se dignó a preguntar. — Joven Pacífica, has dado a la corona de Mich tu lealtad, aún por sobre tu padre, pero antes de tomar cualquier decisión sobre tu madre, debo saber algo— Se dio la vuelta y miró a la mujer mayor. —Baronesa Priscilla ¿Por qué tuvo que ser su hija y no usted quien demostrara su lealtad al reino de Mich? ¿No era su deber como madre y como señora preocuparse de que su marido no hiciera algo que pusiera en peligro a su casa? —
La mujer rubia deseaba responder con improperios a aquel muchacho imprudente ¿Ese niñato, descendiente de cualquiera menos el rey druida se creía con el derecho de hablarle así? Si que quería joderlo, y en grande, pero no era tan impaciente y bruta como su marido. Así que decidió hablar con recato, aunque también fingiendo convincentemente una desesperación por la aprobación del joven príncipe. Se arrodilló rogante al albino para pedir misericordia —Mi esposo tomó una mala decisión "mi lord", mi hija solo me protegió a mí para que la familia pudiera seguir, comprenderé si desea sentenciarnos, pero por favor, deje que al menos ella sea libre— La joven baronesa no podía creer que su madre se arrodillara así ante el peliblanco, algo no andaba bien.
Lincoln estaría igual, pero no le sorprendía, no se fiaba ni un poco de esa mujer. Tal vez no la conocía muy de cerca, pero ya sabía cómo era un noble con planes de venganza. No la iba a dejar salirse con la suya, pero tenía que aparentar, así que puso su jugada en acción. —Aún con sus ruegos, y con el apoyo de su hija contra el propio hombre que la concibió, su casa será la que reciba el castigo, así que pediré al joven Dipper que se acerque—
El joven goliardo se acercó al príncipe, con miedo de ser él quien cargue la condena por sus amos, lo que, en cierto modo, era cierto.
—Dipper Pines, arrodíllate— Anunció el príncipe, acción que se cumplió, este acto del albino extrañó al estudioso.
Nunca pedirían a un condenado que se arrodillara. Temía aun por su hermana y sus tíos, que habían sido citados entre los espectadores. A Mabel y Stan lee Pines les aterró el posible destino de su pariente, pero el alquimista ingeniero Stanford tenía una corazonada.
Lincoln Mary Loud, dio inicio a la ceremonia mirando al arzobispo Cowslip. — Santo Padre ¿Podría hacer los honores? —
El hombre de Frith entendió la orden y empezó — Dipper Pines, has dado toda la lealtad que un hombre puede dar a la corona, por ello, el próximo "El-ahrairah" ha decidido hacerte entrega de un título, al que muy pocos llegan, condecoración que bendeciré ahora y siempre, como póntífice lapin— Concluyó el hombre de fe.
—Desde hoy, eres Lord Dipper Pines, señor de la mansión Noroeste y sus tierras colindantes, tú darás inicio a la nueva casa, la "Casa Pines", ordenada a voluntad del próximo "El-ahrairah". Te arrodillaste como ciervo y te pararás como lord, y tu esposa será la heredera del hombre a quien juraste tu lealtad— Miró a Pacífica antes de terminar — Pacífica Noroeste, tú serás la primera esposa del nuevo lord de la mansión Noroeste y sus tierras circundantes. El próximo "El-ahrairah" ha hablado— Terminó el príncipe. Dejando así en claro su intención, especialmente para quienes estuvieran familiarizados con el mundo de la nobleza. No se trataba solo de dar honores al joven Pines, si no que también era un castigo para la orgullosa sangre Noroeste, mezclarla con plebeyos ascendidos, no podía ser menos que un insulto, pero nadie diría nada semejante (No abiertamente).
Lady Noroeste estaba enojadísima, ya pensaba paso por paso como se vengaría del albino, pero sus planes de venganza no saldrían de su mente, nadie siquiera se enteraría de ellos, por que, durante la cena, bebería (sin saberlo) una dosis de vidrio molido. Pasó por cualquier cosa. Nadie quería apuntar a la familia real, por tanto se convertiría en no más que una anécdota, explicada con cualquier enfermedad aún no conocida, pero nadie sospecharía de su propia hija, quien realmente si llegó a temer que la impulsividad de su padre se haya propagado hasta su madre, y que aquello la pusiera en peligro como el occiso a ambas, tuvo que elegir entre su familia y su vida, eso la diferenciaba de los Loud. Pacífica quería paz para ella misma, aunque implicara tragarse su orgullo, ese orgullo familiar de los Noroeste había acabado, y la era de los Pines había iniciado.
Bueno, eso es todo por esta noche. Pasé mucho tiempo sin subir un capítulo, pero no escribo nada si no me siento inspirado. Así que espero sus comentarios.
Atentamente.
Juanito Sama.
Amo y Señor de la Ficción.
