Capítulo 30

Entonces, un paso más cerca del final del trimestre…

Sé que muchos de vosotros estáis anticipando con ansiedad el baile, al igual que yo, pero hay sólo algunas cosas con las que lidiar primero. No creo que esté estropeando nada diciéndoos que el baile estará en el próximo capítulo, pero espero que encontréis éste satisfactorio. De verdad me encantó escribirlo, y creo que contiene algunos momentos tiernos e importantes. Severus y Hermione han recorrido un largo camino, pero hay cierta nostalgia unida a este capítulo, como veréis.

. . . . . . . . .

A pesar del espartano entorno en el que ahora se encontraba, Hermione estaba complacida de estar tan feliz de despertar en la pequeña cama individual de Severus como lo había estado de despertar con él en el lujoso escenario del hotel de Edimburgo. Mientras estuviera con él, se dio cuenta de que no importaba dónde estuvieran, y sus habitaciones privadas les habían proporcionado algunos de sus momentos más felices.

Estaban acostados en la oscuridad de la mañana de noviembre, acariciándose lánguidamente el uno al otro.

"Entonces," arrastró él, "dos semanas – baile – una semana – exámenes – una semana – el fin."

"Suena bien. Aparte del hecho de que enmendaría tu declaración final como 'el principio', no 'el fin'."

"Cierto." Él le sonrió y se inclinó para un beso. "No olvides aceptar el puesto en el Ministerio hoy. Y yo entregaré mi renuncia."

"Enviaré una lechuza al Ministerio después de desayunar. Pero, Severus, en realidad no hay mucha prisa por que renuncies, ya sabes. Puede ser más sensato poner tu casa en el mercado primero. Podrías venderla en el mundo muggle y en el mágico; estoy segura de que atraerá a ambos."

"No has visto mi casa," arrastró sardónicamente. "No deseo regresar aquí para enseñar después de Navidad, pero como no he dado aviso con medio trimestre de antelación, probablemente tendré que hacerlo al menos durante parte del próximo trimestre de todos modos. Supongo que no hay necesidad inmediata de informar a Minerva de mi decisión."

Hermione rio un poco.

"¿Qué?" preguntó él bruscamente.

"¿Minerva? Nunca he pensado en ella como Minerva. Y no he oído que alguna vez te refirieras a ella así. ¡Ha cambiado su perspectiva, Profesor!"

"No me provoque, Señorita Granger."

"La última vez que lo provoqué, Profesor Snape, tuve la impresión de que lo disfrutó bastante."

"Hmm…" arrastró él. Ella ya había descendido para que su cabeza descansara justo por encima de la punta de su creciente erección. Sacó la lengua, sólo a punto de tocar la cabeza, cuando se detuvo y retrocedió.

"En realidad, no debemos llegar tarde al desayuno."

Su mano de inmediato la agarró del cabello y la hundió de nuevo, arrastrando, "Por otra parte, siempre se puede aguantar hasta el almuerzo si es necesario."

Ella le sonrió burlonamente y se dedicó a su tarea con gusto, alentada por los gemidos cada vez más satisfechos del hombre sobre ella. Con las expertas habilidades de su lengua, labios y manos, él pronto se corrió con fuerza en el fondo de su boca, sus caderas alzándose para embestir tan completamente en su interior como ella pudo permitir. Liberándolo suavemente, se incorporó y tragó visiblemente ante él. Él se había apoyado sobre los codos para mirarla mientras se dedicaba a su tarea, pero al verla hacer eso, cayó hacia atrás con un gemido de total satisfacción.

La salinidad de su semen era aún más fuerte de lo habitual en su primera prueba del día, y Hermione obtenía un extraño placer sabiendo que permanecería en su lengua a lo largo de la mañana, un recordatorio constante de él. Con ese conocimiento en mente, fue capaz de levantarse, ducharse y salir corriendo para tomar un bocado rápido del desayuno. Tenía Pociones esa tarde.

Después de desayunar, escribió una carta formal en el mejor pergamino que pudo encontrar, aceptando el puesto en el Ministerio. Convocó una lechuza y la envió de inmediato. También examinó El Profeta buscando apartamentos que pudiera alquilar, la mayoría ocultos mágicamente, aunque se preguntó si preferiría una vivienda Muggle sencilla. Pero encontró algunos de los que le gustó su aspecto y los rodeó, con la intención de pedir detalles cuanto antes.

Hermione estuvo notablemente concentrada en sus clases. Los inminentes exámenes de repente hicieron sentir su presencia y se aplicó a su trabajo al buen modo Granger. Supuso que su completa felicidad hacía que fuera más fácil concentrarse en otros asuntos para variar.

La mañana transcurrió fácilmente y después del almuerzo se encontró en la familiar situación de caminar hacia las mazmorras. Sus compañeros estaban quejándose de Snape como de costumbre, y fue Ginny, para variar, quien habló en su defensa. "Bueno, sea lo que sea que pensemos de él, es muy buen maestro. Sé que no haré mis ÉXTASIS hasta el verano, pero creo que tendría una muy buena oportunidad de hacerlo bien en Pociones incluso si lo hiciera al final del trimestre como Hermione."

"Sí, tienes razón," continuó un chico Gryffindor. "Nadie dijo que tengas que ser popular para ser buen maestro. De todos modos, creo que se ha ablandado un poco recientemente. Debe haberse preparado una poción de felicidad. Dios, incluso se rio a carcajadas en la cena anoche. ¡Prácticamente todo el comedor se atragantó con su pastel de pastor!"

"Quizá se haya buscado una mujer. ¡Incluso Snape debe necesitar un buen polvo de vez en cuando!" rio otro.

Hermione sonrió con pesar para sí misma y llamó la atención de Ginny. Su amiga alzó las cejas.

"¡¿Quién se lo está follando?!" rio a carcajadas otro chico.

"Oh, no sé," dijo una chica. "Tiene algo, ya sabes."

"¿¡Estás burlándote de mí!?" replicó el chico con total incredulidad.

"No, estoy de acuerdo," agregó otra chica. "Tiene una voz tan sexy, y hay algo en esa fría, calculadora arrogancia desdeñosa que es caliente de algún modo."

"Sí… sé a qué te refieres… Dios, creía que era la única que pensaba eso. También tiene muy buen cuerpo. Me imagino desabrochando todos esos botones…" Más y más chicas estaban ensalzando ahora las virtudes de su Maestro de Pociones. Los muchachos parecían horrorizados. No había nada tan intimidante para un macho como un hombre aparentemente poco atractivo que las chicas encontraban sexy. Se quedaron callados. Las chicas continuaron riendo, incluso Ginny se unió. Finalmente, se volvieron hacia Hermione.

"¿Qué piensas, 'Mione? ¿El Profesor Snape – te pone?" Esperaron su respuesta.

Ella siguió caminando, pero cuando pasó junto a ellas, se encogió de hombros con indiferencia y replicó, "No es mi tipo."

Con eso habían llegado al salón de clases. Abrió la puerta sonriéndoles y entró.

Después de la conversación que acababa de tener lugar, Hermione pensó que era prudente sentarse cerca del fondo y se puso en una mesa en el lugar más aislado que pudo encontrar. Estaba un poco perturbada por la repentina declaración de las chicas de su interés por su amante, pero recordó, como con Ginny, que a veces sólo se necesitaba que una persona diera crédito a una atracción y el sentimiento se extendía velozmente por un grupo. No suponía que las chicas hubieran estado deseándolo todo el año.

Aun así, las observó atentamente cuando él salió de sus habitaciones. Hubo un alboroto predecible cuando las chicas se volvieron las unas hacia las otras y rieron un poco. Snape había estado mirando a Hermione, pero al escuchar el ruido se volvió bruscamente hacia el resto de la clase.

"Vaya, vaya… hoy estamos de buen humor. Esperemos que se traduzca en mejores resultados que la basura que acostumbro a recibir de ustedes."

Hermione sonrió para sí misma. Él presentó la introducción con su habitual suave aplomo y después la clase se puso a preparar sus pociones. Hermione se volvió a encontrarse capaz de concentrarse mucho más hábilmente de lo habitual. De hecho, estaba tan absorta en su trabajo que, en un momento dao, incluso levantó la mano para hacer una pregunta, con la cabeza todavía baja examinando sus ingredientes, olvidando por completo que había estado involucrada en una relación con la persona a la que estaba haciendo la pregunta durante las últimas semanas.

"¿Profesor Snape? Seguramente sería más aconsejable bajo ciertas circunstancias sustituir por alas de escarabajo las espinas de oruga. Quiero decir, ciertas especies de oruga pueden producir efectos secundarios desventajosos, que pueden dificultar severamente la eficiencia del resultado…" por fin levantó la mirada. Él estaba parado a su lado, mirándola con una extraña mezcla de molestia y diversión.

"¡Oh!" se detuvo, su rostro rompiéndose en una sonrisa cuando de repente recordó lo que le había hecho cuando se habían separado antes. "Hola."

"¿Estaba diciendo, señorita Granger?"

Ella no podía dejar de sonreírle, pero notó que él no se la estaba devolviendo.

"Nada, señor. Me dejé llevar un poco, eso es todo. Las orugas que nos ha proporcionado son de hecho las mejores que podemos emplear."

"Por supuesto."

"Es sólo que, con mis exámenes próximos y todo eso… mi cerebro está trabajando horas extras."

Él se movió alrededor de su escritorio y apoyó una mano sobre él. Su respiración se aceleró al instante y su vientre se retorció. Fue un delicioso recordatorio de sus primeros momentos ilícitos juntos. Y aun así continuaban. Su piel estaba en llamas de expectación.

Él no se movió de inmediato, sólo se inclinó hacia ella, sus ojos mirando fijamente su rostro, que ella se negó resueltamente a volver hacia él. Entonces lo sintió; sus dedos largos, ágiles, abriéndose paso por debajo de su falda por detrás. Él sabía que ella no llevaba ropa interior; la había observado atentamente mientras se vestía ante él esa mañana.

Ella tomó un pequeño jadeo de anticipación. Sus dedos estaban en sus pliegues, sumergiéndose en ella y luego corriendo pausadamente alrededor de su clítoris, haciéndola retorcerse alrededor de ellos.

Se inclinó más hacia ella, su boca a un simple aliento de su oído. "Como estaba diciendo, señorita Granger… realmente es una insufrible sabelotodo."

Con eso movió los dedos y empujó dos en su trasero con fuerza y rapidez. Él anticipó su jadeo, ya que al mismo tiempo su otra mano se levantó para apretar firmemente su boca. "Shhh," siseó, continuando moviendo los dedos en su interior. "¿Guardarás silencio?" preguntó en voz baja. Ella asintió, con los ojos muy abiertos con placentera sorpresa.

Retiró la mano de su boca y la acercó a la de ella, tomando sus dedos y guiándolos hacia su túnica. Era tan voluminosa como para ocultar una multitud de pecados, había descubierto ella, nunca tanto como ahora. Sus ojos se abrieron aún más cuando, guiada por su propia mano, se encontró con su enorme polla desnuda, liberada de sus pantalones.

Su boca seguía en su oído. "Mi turno," llegó el siguiente siseo, los dedos en su culo retorciéndose. Se mordió el labio inferior para evitar que se escapara ningún sonido.

Su cabeza instintivamente se giró para mirarlo. Los ojos de él destellaron hacia ella y habló en voz baja y urgente, "Señorita Granger, el contenido de su caldero es muy interesante, ¿no? Sea tan amable de prestarle toda su atención."

Ella forzó la cabeza hacia su olla de ingredientes burbujeantes, mientras comenzaba a mover la mano arriba y abajo a lo largo de su eje rígido. La piel estaba seca y esperó que no le importara cuando lo soltó enseguida para escupir copiosamente en su palma. La llevó velozmente de regreso para frotar de inmediato sobre la cabeza y extrajo un suave gemido de él. Movió y giró la mano sobre la carne, alucinada por la dureza bajo sus dedos. Él pronto le dio su propia lubricación, cuando el pre-seminal comenzó a rezumar incesante de la punta. Ella lo recogió, luego deslizó la mano con fuerza hacia abajo, después de vuelta arriba, sobre la punta, luego hacia abajo de nuevo con un giro más firme.

Él volvió a gemir en su oído y oyó sus palabras exhaladas hacia ella, "¿No hay nada que no puedas hacer con absoluta brillantez?"

Ella simplemente sonrió, pero no se atrevió a apartar los ojos del caldero.

Llevó sólo unos pocos hábiles arrastres más a lo largo de su polla para que se corriera. Apartó su túnica y ella oyó sus bajos gruñidos mientras brotaba. Se preguntó por un momento adónde había ido todo, pero su siguiente comentario respondió su pregunta. Los dedos fueron retirados de su culo, y se separó de ella, guardándose con rapidez. Miró su falda con desprecio. "Parece que tiene algo en la falda, señorita Granger. Por favor, asegúrese de venir a mis clases con el uniforme limpio en el futuro. Límpiese de una vez. Cinco puntos menos para Gryffindor." Con eso se giró y se dirigió hacia los demás.

Ella se sintió ofendida por un momento, no menos porque le había negado un orgasmo. Pero luego recordó todo lo que se había dicho durante el fin de semana, sobre el control, sobre la necesidad, sobre el amor. Y había habido muchos momentos en los que él se había negado a sí mismo por ella. Miró su espalda con absoluta adoración mientras se desplazaba entre las filas de estudiantes. A su debido tiempo, probaron sus pociones. La suya fue, naturalmente, la más exitosa una vez más.

"Bravo, señorita Granger. Una vez más, le ha negado a alguien más la oportunidad de exhibir sus propias habilidades. Y todo esto a pesar de no tener alas de escarabajo. ¡Quizá no soy tan tonto como cree!"

Ella simplemente sonrió. Él sostuvo su mirada un momento más de lo necesario, con una sonrisa jugando alrededor de su boca.

La campana sonó. Con un momento libre, Hermione recordó limpiar su falda de las manchas blancas con un encantamiento.

Ginny se acercó a ella. "Dios, la ha tomado contigo hoy, ¿no? ¿De qué iba todo eso? ¿Pique de amantes?"

Hermione le sonrió ampliamente. "Lejos de él. Te veo más tarde."

Cogió sus libros y cruzó hacia su profesor, que estaba sentado al escritorio escribiendo en un pergamino, su mano moviéndose con fluidez sobre él, produciendo una sensual escritura.

Él echó un vistazo la sala, pero evitó el contacto visual con ella, asegurándose de que todos se hubieran marchado. "¿Y tú estabas preocupada de que te cediera el control?"

Ella no hizo ningún comentario al respecto.

"Eso fue interesante."

"Nos quedan pocas oportunidades como ésa. Pensé que deberíamos aprovechar mientras podamos."

Ella no podía estar en desacuerdo. Lo observó llenar el pergamino con exquisitos movimientos cursivos.

"¿Sabes que podría correrme sólo observándote escribir?"

Él sonrió burlonamente y continuó moviendo la mano sobre el pergamino, sin levantar la mirada. "¿Te gustaría ponerlo a prueba?"

"Prefiero que me subas a tu escritorio y me folles."

Dicho esto, él por fin levantó la mirada, luego casi de inmediato volvió a bajar la cabeza. Ella esperó. Él no volvió a hablar y siguió escribiendo.

Ella esperó.

Finalmente él terminó y lenta y deliberadamente enrolló el pergamino y colocó la pluma en su soporte. Luego, apartando cuidadosamente algunos objetos de su escritorio, como si simplemente estuviera ordenando después de un día ajetreado, al fin se puso en pie.

Con pasos mesurados caminó hacia ella y llevó una mano a apartarle el cabello de los hombros, observándolo mientras caía detrás de ella. Ella estaba respirando tan pesadamente que temió que hiperventilaría. Él no la miró a los ojos, pero su cabeza descendió a la parte de su cuello que acababa de despejar de cabello y comenzó a asaltar la tierna carne que encontró allí con la boca y los dientes. Sus entrañas se sacudieron con anhelo, anhelo que había comenzado tan pronto como había entrado a su aula, y había sido tan cruelmente burlado desde entonces. Las manos de él se levantaron para agarrar su cintura y la movió a la fuerza hacia su escritorio, apoyándola contra él. Ella cayó sobre él, tirando objetos al suelo en el proceso. Fue casi idéntico a su primera cópula. El recuerdo de aquello encendió tanto su lujuria, que comenzó a agarrar frenéticamente su ropa. Él le apartó las manos con un gruñido de disgusto y respondió rasgando la de ella. Destrozó por completo su camisa rasgando ambos lados de los hombros, luego le arrancó el sostén, rompiendo el cierre de la espalda.

Hermione simplemente rio triunfalmente mientras su lujuria era por fin dirigida.

"Joder sí, sí… esto es… lo que quiero… bastardo… haciéndome esperar así… fóllame ahora… fóllame tan duro que derrumbe este lugar a gritos."

Él le había bajado la falda y separado brutalmente sus piernas.

Las manos de él manejaron sus botones y estalló afuera, balanceándose hacia ella. Ella volvió a reír con deleite al verlo. "Me encanta tu jodida polla. Entra en mí ahora. ¡Ahora! No puedo esperar más. No me hagas esperar."

Él la atrajo hacia sí un poco, extrayendo un jadeo sorprendido de leve dolor de ella, luego aferrando sus caderas con fuerza, embistió, tan profundo y duro que la obligó a retroceder sobre el escritorio lo que acababa de ser atraída hacia delante.

"¡Sí!" Sólo había sido de madrugada cuando habían hecho el amor por última vez, pero la necesidad de Hermione era tan grande que parecían días. Se incorporó, espoleándolo con su desesperación. "¡Muévete! Muévete, maldito. Quiero sentirte llenándome, machacándome. ¡Joder! No pares, no pares, maldita sea."

Él apenas podía creer que ésta fuera la misma mujer que antes había estado cuestionando su elección de ingredientes con tanta precisión y perspicacia (aunque nunca lo habría admitido). El contraste en su discurso y personalidad simplemente alimentó su propio deseo inexorablemente. Se clavó en ella con más fuerza que nunca, una y otra vez. Finalmente, no pudo mantener su silencio (se había vuelto cada vez más difícil hacerlo con ella recientemente) y gimió cuando se sintió a punto de estallar dentro de ella, "¡Hermione! Mi amor. Te amo. Te amo." Su voz se transformó en el más profundo gemido mientras se corría con fuerza dentro de ella.

"¡Joder! Yo también te amo. Yo también te amo, sabes que lo hago." Ella hizo una mueca de placer mientras su polla continuaba arando en su interior una y otra vez. "Oh dios, puedo sentirte… puedo sentirte corriéndote dentro de mí… ohh… dios…" Con eso se unió a él con su propia explosión de placer. Sus miembros se desintegraron a su alrededor y se sacudió sin control sobre el escritorio, haciendo que más objetos cayeran al suelo. Cuando sus cuerpos finalmente descansaron, su escritorio había sido despejado.

"Dios," dijo ella entre jadeos, "Si va a ser tan bueno como eso, quizá no deberíamos marcharnos de aquí."

Él rio entre dientes un poco ante su declaración antes de retirarse de ella y arreglarse la ropa. Le dio la espalda. "No puedo verte esta noche. Tengo una reunión que terminará muy tarde. Es fuera del castillo y no sé cuándo estaré de regreso."

"Oh." Una punzada de desilusión la atravesó. "De acuerdo." Trató de distraer la mente remendando su ropa.

"No te preocupes," él la miró con leve diversión. "Es sólo un asunto de Hogwarts. En Londres. Simplemente no quiero que te quedes colgada esperándome."

"Sabes que te esperaría en cualquier lugar todo el tiempo que sea necesario."

Él retrocedió y la besó. "Lo sé. Pero por favor, no te molestes esta noche. Además, Filch ronda más tarde. No quiero que te cause problemas."

Ella volvió a besarlo. "Como desees. Eres, después de todo, quien tiene el control." Le sonrió ampliamente.

"Cuídate," arrastró él, luego su rostro se puso más serio. "Te extrañaré."

"Yo también. Increíblemente."

"Sin embargo, creo que hemos creado suficientes recuerdos para mantenernos en marcha una noche."

Ella sonrió. "Quizá sólo una noche. Tampoco tengo clase mañana."

"Ven conmigo mañana por la noche."

"Siempre vendré contigo," sonrió ampliamente.

Él le devolvió la sonrisa y se inclinó para volver a besarla profundamente. Ella gimió en su boca cuando su lengua revoloteó alrededor de su calidez húmeda. Él se separó. "Márchate ahora. No seré capaz de dejarte ir de lo contrario. Eres demasiado exquisita para separarme de ti. ¡Fuera!"

Ella lo hizo, de mala gana, pero con rapidez.

Hermione pasó una noche solitaria. Su mente ocasionalmente parpadeaba con una duda inquietante - ¿realmente había ido a Londres por asuntos de Hogwarts? ¿O había algo más? Peor no tenía motivos para dudar de la veracidad de sus palabras y sacudió los pensamientos de su cabeza.

Él estaba en el desayuno al día siguiente y le dirigió una amplia sonrisa cuando entró al comedor. Conmovió tanto su corazón tanto que tuvo que obligarse a sentarse y no impulsarse sobre la mesa alta para abrazarlo. Las lecciones estaban volviéndose cada vez más intensas a medida que los exámenes se aproximaban, y Hermione se encontraba en pequeños grupos compuestos sólo por aquellos estudiantes que los harían en dos semanas. Los maestros los hacían trabajar duro, y le recordó cuánto amaba el trabajo académico. Se entregó a sus estudios, confiada en que por las noches podría retirarse a su cama y su cuerpo, revitalizándose para el día siguiente.

Ese martes por la noche, había ido con él. Él había estado esperándola en su salón de clases, y corrió hacia ella tan pronto como giró la manilla de la puerta. Estaban unidos antes de pasar la primera fila de escritorios.

Los días comenzaron a pasar. Hermione estaba ahora centrándose más y más en sus estudios, algo que Severus respetaba y admiraba. A menudo llevaría sus libros a las mazmorras por la noche y se sentaría en el escritorio en su pequeña sala de estar, mientras él lo hacía en el sillón leyendo. Ella se absorbería por completo en su trabajo, pero cuando levantaba la vista, a menudo lo encontraría estudiándola con una mirada de absoluto deleite. Ella sonreiría y regresaría a su libro. Ocasionalmente, él se acercaría y le plantaría un beso en la cabeza, comentaría algo que estaba estudiando, normalmente sólo para ofrecer una sugerencia constructiva o una mejora, luego volvería a sentarse en silenciosa alegría. A pesar de tanta energía gastada en sus estudios, todavía se aseguraban de que no pasara una noche sin que hicieran el amor, siempre obteniendo un placer exquisito el uno del otro.

La clase de Pociones estaba tan centrada en la preparación del examen como las otras lecciones, aunque Hermione se aseguraba siempre de tomar asiento al fondo de la clase y su maestro siempre pasaba un tiempo extra largo estudiando su caldero, parado particularmente cerca de su alumna. Cualquiera que pasara bien pudo haber escuchado extraños y pequeños gruñidos y gemidos emergiendo, pero afortunadamente, nadie lo hizo nunca.

Después de una semana, Hermione recibió una lechuza del Ministerio confirmando su aceptación del puesto y diciendo cuán encantados estaban con su decisión. La verían para trabajar el día dos de enero. Hermione también había escrito para obtener detalles de algunos apartamentos y concertó citas para verlos después del final del trimestre, feliz de que Severus hubiera aceptado ir con ella a las visitas.

Y así llegó una tarde de viernes, y Hermione lentamente se encaminó a las mazmorras para la última lección de Pociones que jamás tendría. A pesar de saber que ella y Severus estaban a punto de embarcarse en su propia vida juntos, sintió una profunda tristeza cuando entró al aula por última vez.

Llegó temprano, pero él no estaba allí. Se tomó su tiempo para deambular, mirando atentamente todos los frascos, tubos e instrumentos a la vista. Recordó la primera vez que había entrado, la manera en la que había levantado la mano tan alto en el aire, que pensó que podría dislocarse el hombro, y había sido descaradamente ignorada por su maestro en todo momento. Sonrió con pesar. Pensó en todo lo que había aprendido, todas las pociones que había preparado, casi todas con gran éxito. Pensó en todas las humillaciones, críticas e insultos que había sufrido por parte de él.

Hermione cerró los ojos brevemente y los vio en su escritorio, su cuerpo golpeando en su interior por primera vez. ¿Cómo habían llegado a eso en sólo unos meses? ¿Importaba?

Abrió los ojos. Él estaba en pie junto a su escritorio mirándola fijamente. Su rostro estaba entero, pero se dio cuenta de que estaba luchando por controlar su propia emoción.

No pudo evitar correr hacia él. De inmediato la envolvió en sus brazos y la atrajo a un abrazo brutal, aferrando su cabeza e inclinándola para hundir su lengua con fuerza en ella, en un desesperado intento de grabarla sobre él. Ella respondió por igual, sin querer que el momento terminara. Hermione no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas. Él las secó con besos. "Está bien. Está bien, mi amor, mi corazón…"

Un sollozo la atravesó. "Tanto, Severus, tanto aquí… en esta sala… estoy bien, lo siento, es sólo que… han pasado muchas cosas aquí. Estaría triste de todos modos, pero…"

"Lo sé… lo sé…" volvió a besarla. "Yo también lo siento. No sé cómo puedo dar esta lección."

Pero con eso, oyeron voces afuera y se separaron rápidamente. Los otros estudiantes entraron, aparentemente sin preocuparse por encontrar a Hermione Granger y su Maestro de Pociones parados tan cerca.

Todos se sentaron y lo miraron. Esperaron.

El Profesor Snape solía lanzarse a una conferencia elocuente y perfecta en el momento que el último alumno se sentaba, pero en esta ocasión se quedó en pie ante su clase en completo silencio.

Estaba mirando fijamente un punto en el suelo un poco por delante de él, con un ligero ceño en el rostro. Nadie habló, inseguros de cuál era el problema. Aun así, esperaron. Su cabeza se alzó un poco y se encontró con los ojos de Hermione. Ella no pudo hacer nada por un momento, y simplemente compartieron la desolación del otro, pero entonces, extrayendo su resolución más profunda, ella elevó las comisuras de la boca y le sonrió con ternura.

Con eso, él inhaló bruscamente y habló. "Están aquí para su última lección de Pociones. No tengo nada más que enseñarles. Les he dado todo lo que necesitan saber para tener éxito en el examen. El resto depende de ustedes. Si tienen éxito o no, dependerá por completo de su propia capacidad y perspicacia. Me contento con pasar esta clase respondiendo cualquier pregunta o consulta que puedan tener."

Nadie habló durante un rato. Era muy raro para él entablar algún tipo de diálogo con sus alumnos. Sus lecciones siempre habían consistido en él dando conferencias y ellos escuchando. Se sorprendieron de que estuviera dispuesto a ayudarlos de manera tan desinteresada y, al menos para él, generosa.

Lentamente, una mano se levantó y un chico Ravenclaw preguntó, casi tímidamente, "Profesor Snape, por favor, ¿podría explicar las diferencias entre la sangre de diferentes especies de dragones y para qué pociones deben utilizarse?"

"Por supuesto, Zachary." Comenzó a hablar. Nadie escuchó las primeras frases, ya que todos estaban tan asombrados de que se hubiera dirigido a uno de sus números por su nombre de pila. Hermione sonrió para sí misma. ¿Habría sido tan difícil para él haber sido así un poco más?

Al final de la clase, Snape estaba sentado en el frente de su escritorio discutiendo libremente sobre varios puntos que podían aparecer en el examen. Alguien se atrevió a hacer una broma sobre el nombre tonto de un ingrediente y él rio junto al resto de la clase. Era un sonido tan extraño en el aula, que los estudiantes se sintieron como si estuvieran en algún otro lugar.

Llegó el final de la clase. Snape se puso en pie y volvió a enderezar el rostro. "Eso concluye su enseñanza de Pociones en su tiempo en la Escuela Hogwarts. Espero que tomarán el conocimiento impartido a ustedes aquí y lo emplearán sabiamente para el bien de todos. En cuanto al examen, han recibido la mejor instrucción humanamente posible para él. Deseo que todos tengan éxito. Están despedidos."

Los estudiantes se levantaron para marcharse. Comenzaron a dirigirse afuera, pero el chico Ravenclaw que había hecho la primera pregunta se volvió hacia su maestro y se aproximó a él. Snape lo miró confundido. El muchacho levantó lentamente la mano hacia su profesor. Snape la miró como si se preguntara qué era, luego levantó lentamente su propia mano y la estrechó con firmeza.

"Gracias, señor. Adiós por ahora."

"Adiós, Zachary," respondió su maestro.

Uno por uno, todos los demás estudiantes se acercaron a su Maestro de Pociones y le estrecharon la mano, agradeciéndole su enseñanza a lo largo de los años. Uno por uno, abandonaron el aula por última vez. Todos menos una.

Hermione se acercó a él la última. Él apenas podía mirarla, pero luego movió los ojos a los de ella rápidamente. Ella se dio cuenta de que estaban húmedos. Los actos de los demás claramente lo habían conmovido.

Hermione buscó en su bolso y sacó algo. Él lo miró. Ella se lo tendió. Era una manzana.

"¿Qué es esto?" preguntó él desconcertado.

"Una manzana para el maestro. Para darte las gracias."

Él sonrió y tomó la fruta. Era verde con un ligero tinte rojo en un lado. La sostuvo suavemente en la palma de la mano, frotando la piel lisa con los dedos.

"Muérdela," dijo ella.

Él levantó la mirada hacia ella, pero hizo lo que le ordenó. Ella lo observó atentamente mientras sus dientes mordían la carne crujiente. Él la masticó y una sonrisa apareció en su boca.

Sus ojos se lanzaron a los de ella. Estaba parada a varios pies de distancia, pero de repente fue como si se hubiera acercado a él y lo abrazara. Podía sentir sus brazos a su alrededor, oler su delicioso aroma, su cabello le hacía cosquillas en el rostro, sus labios le besaban el cuello. Se sentía absolutamente en paz y amado, como lo hacía en sus momentos más tiernos e íntimos. Inhaló maravillado y la miró. Ella no se había movido. Había al menos tres pies de distancia entre ellos.

Ella estaba sonriéndole enigmáticamente. "Sólo un pequeño recordatorio de mí, para las que espero sean raras ocasiones en que no pueda estar contigo."

"¿Cómo…?"

"La he encantado para que contenga un poco de mí. Cuando la muerdas, te transmitirá mi espíritu, y un poco de mi presencia física. Nunca se descompondrá ni se terminará. Mira."

Él bajó la mirada hacia la fruta en su mano. El mordisco que había tomado de ella había desaparecido y se había convertido en una manzana completa una vez más. Sonrió maravillado.

"Gracias. Es perfecta. Realmente eres una bruja muy, muy inteligente."

"Me han enseñado bien."

Él sonrió y luego le dio la espalda. Metió la mano bajo unos papeles en su escritorio y sacó un pequeño paquete rectangular envuelto en papel marrón. "Yo también tengo algo para ti."

"Severus…" comenzó ella, pero él estaba tendiéndole el objeto con insistencia. Ella lo tomó y abrió el papel.

Dentro había un libro pequeño, maltratado; un manuscrito de algún tipo, claramente antiguo. Lo abrió con cuidado. En el interior había abundante escritura, diagramas, listas, instrucciones, todo por una mano pequeña, meticulosa; la mano de alguien con una mente aguda.

Jadeó maravillada. "¿Qué es?"

"Es el cuaderno de notas de Nicolas Flamel. Ésos son algunos de sus escritos originales sobre sus primeros descubrimientos y pociones."

Ella sólo pudo mirar boquiabierta y sostener el objeto ante ella con cuidadosa reverencia. "Pero… ¿cómo lo hiciste…?"

"Un viejo conocido mío conocía su existencia y se las arregló para conseguírmelo. A eso fui el otro día cuando te dije que tenía una reunión para un asunto de Hogwarts. En realidad fui a buscar esto. Lamento haber tenido que mentirte acerca de a dónde iba. Espero que, dadas las circunstancias, me perdonarás."

"¿¡Perdonarte!?" Severus, es… más de lo que nunca podría haber esperado. Gracias, muchas gracias."

Corrió hacia él y lo besó profundamente.

"Habrá muchos más regalos, pero ése es para darte las gracias por todo lo que me has dado en tu tiempo aquí."

Ella rio un poco. "Hace tres meses, nunca hubiera creído posible que estarías diciéndome eso a estas alturas."

"Pueden pasar muchas cosas en tres meses."

"Al parecer, sí."

Volvieron a besarse, sin querer que el momento terminara. "No quiero marcharme," murmuró ella en su túnica negra.

"No."

"¿Crees que podría simplemente quedarme así esta noche?"

"¿Qué? ¿Quedarte en mi aula para siempre?"

"Sí."

Él rio entre dientes y le levantó la barbilla para que lo mirara. "Eventualmente, Filch llegaría y te echaría. Y además, tienes que prepararte para este baile de mañana. Quiero que estés exquisita, como sé que lo harás."

"Sólo para ti."

Él sonrió levemente. "Sólo para mí."

El pensamiento del baile y sus palabras de aliento finalmente le dieron la motivación para salir de la sala. Con un último beso, guardó su regalo a salvo en su bolso y, suspirando hondamente, se separó de él. Entonces, como todos los demás estudiantes, extendió la mano hacia él. "Adiós, Profesor Snape. Gracias por todo el extraordinario conocimiento que me ha impartido tan hábilmente a lo largo de los años. Nunca habrá otro maestro como usted."

Él extendió la mano y estrechó la de ella. Ella le sonrió profundamente, retiró su mano de la de él y se dirigió a la puerta. Sin mirar atrás, Hermione Granger la abrió y salió de la última clase de Pociones de su vida.

No vio a su maestro desplomarse en su silla, su rostro arrugándose y sus manos alzándose para enterrar la cabeza en ellas.

. . . . . . . . .

Sólo un pequeño momento de vulnerabilidad en privado por parte de Severus, nada más, no os preocupéis.

Amor, LL x