Estaban acostadas en una cama algo pequeña dentro de la nave, Adora boca arriba miraba el techo pensando en lo que había pasado con Summa, mientras Catra estaba de costado, hecha casi un ovillo, dándole la espalda. Le preocupaba que la rubia fuera incapaz de descansar después de aquel largo día. Finalmente decidió voltearse, posicionándose de la misma forma, sólo que mirando el perfil de Adora.
—¿No piensas dormirte? —le cuestionó Catra.
—Lo intento, pero la verdad no tengo sueño.
Adora se volteó, recostándose de costado también, quedando frente a frente con Catra.
—Sigues pensando en Summa, ¿verdad? ¿Hay algo que te molesta?
—Hay algo que no te dije Catra… Cuando me dijo que te tenía… Yo… perdí el control por un momento, me dejé llevar por mi ira, y en ese instante, sólo quería destruirlo todo. Incluso se rompió el suelo a mis pies.
—¿Es la primera vez que sientes ganas de destruirlo todo? No esperaba menos de ti, la soldado ejemplar —ironizó Catra.
—Hablo en serio, Catra. Nunca me había pasado antes, es sólo que, tuve miedo de perderte, y lo más fácil en ese momento, fue enojarme con Summa. Me dejé llevar por mis emociones.
—Adora, no eres perfecta, y está bien. Puede que seas la guardiana de Etheria, que tu destino sea protegerla y todo ese cuento. Pero puedes sentir como cualquier otro, y no está mal.
—Guau. Eso fue profundo viniendo de ti. Catra hablando de sentimientos, ¡el universo va explotar! —bromeó Adora.
—Eres una idiota. Yo, tratando de ayudarte.
Adora se rio a carcajadas, contagiando a Catra también. Luego ambas se quedaron en silencio, y se miraron fijamente por un rato sonriendo.
—Sabes, nunca te lo dije, pero te extrañé muchísimo esos 4 años que estuve sin ti.
Catra la miró sorprendida, y comprendió que era su turno de decir alguna verdad oculta.
—Te diré algo, pero me tienes que prometer que no te vas reír ni le vas a contar a nadie.
—Ok, ok, lo prometo.
—¿Recuerdas cuando hacíamos carreras en los bosques susurrantes, y siempre intentábamos derribar a la otra?
—Sí, me acuerdo perfectamente que hacías trampa.
—No me interrumpas, tonta. Resulta que un día, no recuerdo bien cómo, terminamos en el suelo, y yo quedé sobre ti, muy cerca de ti, como ahora. Y en ese momento, supe que quería besarte.
—¿En serio? ¡¿Por qué no lo hiciste?!
—Primero, no me grites. Segundo, no pude hacerlo, porque me incomodaba la idea de no ser correspondida, y tampoco entendía qué estaba sintiendo.
Adora comenzó a reírse como histérica, y Catra como único gesto levantó una ceja, sin entender qué le pasaba.
—El destino es cruel conmigo. Yo… me di cuenta que me gustabas hace varios años atrás, pero no hice nada, porque pensaba que en realidad sólo me veías como una amiga de toda la vida. Me lo guardé y tragué muy profundo, aunque confieso que se me estaba haciendo difícil viviendo contigo.
Esta vez fue Catra la que se rio, divertida por la confesión de Adora.
—¿Te das cuenta que somos unas estúpidas? ¡Perdimos tantos años por cobardes! Y obviamente se te iba a ser difícil viviendo conmigo, con lo irresistible que soy para ti —terminó sonriendo con picardía.
—¿Quieres que te recuerde cómo me rogabas aquí mismo hace un par de días? —contestó Adora desafiante.
—Eso fue sólo una vez Adora, y con esa vez te vas a conformar.
La rubia se echó a reír, por alguna razón, se sentía sumamente feliz después de aquella pequeña charla. Cuando volvió el silencio, acarició gentilmente la mejilla de Catra.
—Te amo —susurró Adora, incapaz de contenerse.
—Yo también, aunque seas una idiota —respondió Catra sonriendo, acercándose más a Adora, hasta besarla.
Fue un beso lento, cargado de sentimientos de añoranza. Adora no quería dejar de acariciarla, lo que motivó un suave ronroneo de parte de Catra.
—Me veo en la obligación de recuperar el tiempo perdido —dijo en tono de broma Adora rodeando con un brazo la cintura de Catra.
La besó más profundamente, y poco a poco sus cuerpos comenzaron a calentarse. También besaba su cuello, dejándole pequeños mordiscos también. Catra aspiró el aroma de Adora, olía tan bien, se aferró a ella de forma casi inconsciente, ella también había tenido miedo de separarse de Adora. Y ahora estaban allí, en aquella pequeña cama compartiendo caricias, se sentía casi irreal.
Se quedaron mirando unos segundos a los ojos, Adora la contemplaba con cierta devoción, su corazón latía acelerado, y la tenue luz blanca de la habitación le daba la sensación de estar en un sueño. Acarició el cabello de Catra, quien seguía ronroneando, y levantó una mano para acariciar el rostro de Adora.
—Quiero pasar el resto de mi vida así, contigo. No me importa nada más, mientras sigamos juntas, Adora.
—Es una promesa, entonces.
La promesa fue sellada con un intenso beso. Las respiraciones de ambas sonaban entrecortadas, y poco a poco la ropa fue desapareciendo. Adora besaba el cuello de Catra, mientras la felina le mordía el hombro. Sus cuerpos se acoplaban como un engranaje perfecto, lleno de deseo desenfrenado, Adora quería más, Catra igual, y en aquel momento sólo eran caricias, lenguas, besos y humedad.
Adora se posicionó sobre la felina, e introdujo un par de dedos en su interior. Catra la imitó, y a medida que ambas se daban placer, entre gemidos y jadeos, abundaban las caricias y los besos húmedos. La excitación iba en aumento, tanto Catra como Adora podían palparlo literalmente.
La felina estaba por llegar al clímax, y con su mano libre, tomó la nuca de Adora y la acercó a sí, y le dio una fuerte mordida en el cuello, haciéndole sangrar levemente, que hizo gemir más fuerte a la rubia, quien también acabó junto con Catra.
Pasaron el resto de la noche explorando sus cuerpos, en una especie de frenesí, el cual no pudieron evitar, era como si aquel día, algo se hubiese liberado en ambas, permitiéndoles ser sinceras con sus sentimientos, con sus deseos ocultos.
Sólo cuando estaba por amanecer se detuvieron a descansar, Adora rodeaba con sus brazos por la espalda a Catra, arrullándola, hundiendo su rostro en su cabello, aspirando su olor, que extrañamente le llenaba de paz. La felina ronroneaba suavemente, se sentía plena en aquel momento, capaz de enfrentar a lo que fuera, porque ahora tenía a Adora a su lado.
—Hey, Adora... —dijo en un susurro Catra.
—Dime —contestó en voz baja también Adora, con una inevitable sonrisa boba en el rostro.
—Creo que deberíamos ser parte de la Federación Estelar, somos las mejores.
—¿En serio estabas pensando en eso? —se rio Adora. Catra también rio con ella.
—En serio, eligen a los mejores guerreros del universo. Nosotras merecemos estar ahí —dijo haciendo un puchero, que Adora adivinó, porque la conocía bien.
—Vamos a estar ahí, amor, no te preocupes.
Catra no fue capaz de responder, por alguna razón que Adora le llamara así la hizo avergonzarse.
—No deberías avergonzarte Catra, después de todo, somos amantes —dijo sonriendo Adora, antes de dormirse. Catra lo notó por el ritmo de sus latidos y su respiración. Sonrió levemente.
—No somos amantes, tonta. Somos novias.
