Tal y como expliqué ayer, esta historia completa a la de ayer. Pertenecen a un miniuniverso, que se cierra hoy.
Un abrazo y gracias por estar aquí estos doce días. ¡Empecemos el 2021! Y atento todo el mundo, este fic contiene escenas solo adecuadas para personas mayores de edad.
Era la última noche de Yule. Tumbado en el sofá de su salón, Harry contemplaba las llamas. Las celebraciones siempre le dejaban agotado y habían cogido por costumbre dedicarse a ellos mismos la última noche.
Escuchó a Charlie bajar las escaleras y entrar al salón. Se incorporó brevemente para darle un beso y dejarle sentarse, para volver a tumbarse con la cabeza en sus rodillas.
— ¿Quieres cenar? —La voz de Charlie, unida al tacto de su mano entre su pelo le estremeció.
Harry negó con la cabeza, pero atrapó por la muñeca la mano que le acariciaba el cuero cabelludo. Se la llevó hasta los labios y besó la palma. Siguió subiendo por el interior de la muñeca y la suave piel del antebrazo.
Con una sonrisa muy reservada para Harry, lo ayudó a incorporarse y sentarse sobre sus piernas, una rodilla a cada lado de sus muslos. En esa postura sus entrepiernas, cubiertas por suaves pantalones deportivos, se rozaban con cada movimiento.
Harry atacó su cuello. Desde que había acariciado su piel por primera vez, aquella lejana noche, se había vuelto un adicto a la suavidad de la piel cremosa. Deslizó los labios a lo largo del cuello, buscando ese trocito tras la oreja que sabía que haría temblar a Charlie, para luego bajar hasta la clavícula, donde dejó una pequeña marca.
Charlie deslizó sus manos bajo la camiseta holgada para acariciarle la espalda, mientras echaba hacia atrás la cabeza y cerraba los ojos. Deslizó suavemente las uñas todo el camino de su columna hacia las caderas, sintiendo el temblor que eso le produjo a Harry. Metió sus manos por la goma del pantalón, percibiendo que su atrevido marido no llevaba ropa interior, y posó una mano en cada nalga.
Poco a poco, Harry comenzó a balancearse, con las manos de Charlie acompasando sus movimientos. Con un gesto, Harry cerró la puerta e hizo un hechizo de silencio, antes de comenzar a gemir roncamente por las sensaciones combinadas de las manos de Charlie clavadas en sus nalgas y el roce de sus pollas a través de la tela de los pantalones.
— Charlie ... —gimió largamente en su oído, al sentir el frescor de un hechizo lubricante y la punta de un dedo insinuándose entre sus nalgas.
— ¿Qué pasa, amor? —La voz de Charlie se entrecortaba entre golpe y golpe de cadera.
— Dámelo.
Charlie sonrió malvadamente y le mordisqueó el cuello mientras introducía un segundo dedo. A pesar de tener el hechizo a su disposición, disfrutaba estirando a su marido manualmente, las expresiones de la cara de Harry no tenían precio. Y oirle suplicar era enormemente caliente.
— ¿Qué quieres, Harry?
Harry soltó un largo gemido al notar el tercer dedo rozando su próstata. Sabía que Charlie disfrutaba de verlo retorcerse, así que aumentó el ritmo de fricción de sus pollas aún cubiertas, hasta sentir que ambos estaban acercándose al límite.
— Metémela, joder —le suplicó al oído, aprovechando para darle un mordisco en la garganta y dejar otra marca—. Voy a explotar y quiero hacerlo contigo dentro. Quiero que te corras dentro de mi.
Si a Charlie había algo que le pusiera cachondo, además de saber que Harry nunca llevaba ropa interior por casa, era oírle hablar sucio en su oído. Hizo desaparecer los pantalones de ambos y, sin más preámbulos, colocó la cabeza de su hinchado pene en la entrada de Harry, que se dejó caer, follándose a sí mismo a un ritmo endiablado.
Abrazados, gimiendo ambos en el oído del otro, se corrieron a la par en apenas unos minutos. Se quedaron en esa postura, Harry totalmente derrumbado sobre Charlie, hasta que sintió que lo que había entrado en él comenzaba a gotear en el sofá. Demasiado cansado para magia sin varita, alargó la mano para cogerla de su sitio habitual sobre la mesita, e hizo los correspondientes hechizos limpiadores mientras Charlie invocaba sus pantalones.
Harry se puso en pie, con piernas aún temblorosas, para subirse los pantalones, sin dejar de mirar el rostro ruborizado de Charlie, que hacía lo mismo aún recostado en el sofá.
— Si esto ha sido mi regalo de último día de Yule, gracias. —Harry se acurrucó sobre él y le dio un suave beso— Tendré que pensar en algo muy bueno para el año que viene.
Charlie no respondió y su silencio hizo a Harry mirarle con sospecha. Siguió la mirada de su esposo y vió un paquete sobre el sillón junto a la chimenea. Se preguntó cuándo había llegado aquello allí.
Charlie invocó el paquete y se lo tendió a Harry.
— Quizá el año que viene no podamos hacer esto aquí.
Harry frunció el ceño sin entender y abrió el paquete, rompiendo el papel con impaciencia. Dentro, una mantita tejida a mano en suave color amarillo. En una esquina llevaba bordadas las iniciales P-W. Levantó los ojos para mirar a Charlie, con una muda pregunta en la cara.
— Gin está embarazada, Harry.
La confirmación de todas sus ilusiones. Abrazó en un mismo gesto la mantita y a su marido, sintiéndose pletórico, Sin duda, el mejor Yule de su vida.
