"El Guardián Dimitri Belikov, y el Capitán Croft, Su Majestad", anunció el ayudante de cámara.
"Que pasen", y la Reina y su sobrino, Adrián, se acomodaron; para recibir a los recién llegados.
"El Guardián Belikov pudo... ¿cómo decirlo?, percibir cosas a través de su marca. Su Parabatai la activó, por algunos minutos".
"¿Y... qué pudiste ver?", se interesó Adrián, echándose hacia adelante.
"Rastreaban strigois. Al menos, mi Parabatai, lo hacía. Pude percibir el océano... y una iglesia, en donde se protegían, para activar la magia de su Usuario".
"Entonces, deben estar juntas", murmuró la Reina. "Ese poder no puede... tenerlo sola, ¿cierto, Adrián?":
"No, según el libro del Parabatai. Son incluyentes, no excluyentes. Interesante... ¿puedo?" , y miró a Dimitri, quien asintió.
Adrián puso la mano sobre la marca, y cerró los ojos, infundiéndola con su propia magia de Usuario.
Dimitri gritó, y lo empujó, lejos de sí.
"Duele y quema", dijo, sobándola.
"Cierra los ojos, mientras lo intento, ¿sí?. Intentaré... otra cosa. Pero hay que acotar esa búsqueda.
Pero, al hacerlo, la marca brilló y ambos fueron empujados. Físicamente.
"¡Bruto!, si no sabes como usarla, ¡no juegues con ella, niño bonito!", gruñó Dimitri.
"¡Guardián Belikov!", le recriminó El Capitán Croft.
Pero la Reina hizo un gesto y señaló a Dimitri, que observaba todo, con mucha curiosidad.
"Rose Hathaway, supongo", dijo la Reina, sonriendo.
"Ella NO está aquí. Le daré su mensaje, si se comunica. ¡Beeep!"
"Y, ¿dónde estás ahora?", intentó...¿compelerla a través de Dimitri?
¿Era en serio?
"Ni idea, Tatiana. ¿Sabes?, siento algo de picazón. Como si tuviera pelotas y me picaran, ¡mira, justo aquí!" ¡Y se rascó las pelotas!.
Bueno, Dimitri se rascó sus pelotas.
Sacó la mano -horrorizado- y el contacto se rompió.
"¿Guardián Belikov?", y él asintió, avergonzado de su lapsus.
"¿Pudiste ver algo?, ¿oir algo?,¿por favor?".
"Pacífico. Al sur de su última ubicación. Ella... es más fuerte ahora. Ambas lo son".
"¿Y me encuentras bonito?", inquirió Adrián, sonriendo.
Dimitri lo miró, horrorizado.
"¿Ella? ¿me encuentra bonito?, cómo es ella, a todo esto. Nunca he visto ni una foto suya".
"Adrián...", le recriminó su tía. Ya estaba perdiendo la paciencia. "Trabajarás con el Guardián Belikov, y con el Master Archivista. Juntos los tres, con el libro del Parabatai".
"Cómo ordene, Su Majestad", se inclinó Dimitri, sin reflejar su molestia.
No era moroisitter. Y menos del disipado Lord Adrian Ivashkov.
¡Y tampoco bibliotecario!.
Le gustaba leer, sí. Pero de cowboys.
"Hay que tener mucho más cuidado, Lissa", susurró Rose, al día siguiente de lo ocurrido en la corte, "no me lo esperaba. Había otro Usuario, junto a él, y forzó su magia hacia mí. Logró sacar algunos datos, y debí echarlo a patadas de mi mente y de mi cuerpo. Espero que no me haya manoseado las pechugas, ¡puaj!" y se pasó las manos por encima, como barriendo la sensación.
"¿Cómo?, ¡Cuándo!, ¡qué pasó!, ¿cómo lo sacaste?"
"Tiraron de mí, ayer, ¡Y estaba Tatiana!, así que no tuve más que... ¡hacerle rascarse las bolas, y frente a ellas!"
"¡Rose!", se escandalizó Lissa, y luego se echó a reír, imaginando la situación.
"Debía sacarlo, Lissa. Romper su concentración -que es de acero- ¡pero es muy... pudoroso!, ¡Y vaya que sí resultó!, ¿y lo mejor?, ¡que se las pude tocar! ¡y vaya que las tiene grandes! ¡sí le creció el par, y la salchicha también!", y se echaron a reír, pérfidas.
Lissa llegó a Sweet Home (es en serio), casi al final del verano. Estaría por allí hasta noviembre mismo, cuando iría en búsqueda de Rose -en Roseburg- que se movería por el borde costero.
Pasaría con ella su propio cumpleaños, navidad y año nuevo; para tomar un nuevo rumbo, más tarde.
Eso le dejaba algo de tiempo para dedicarse a sus estudios.
Esas idas y venidas habían sido desastrosas para sus calificaciones, y las necesitaba; si quería ir a la universidad.
Algún día.
Sabía que las rastreaban, así que la que llegó era trigueña.
El pelo -de un negro profundo- y mucho bronceado (falso, sobre el poco que pudo coger en verano), y lentes de contacto cosméticos, color miel.
Se llamaba Mary Hathaway... y era la prima de Rose, aparentemente.
La magia hacía inestable su enlace con Rose, así que no podían estar juntas, ni por demasiado tiempo.
Pero los afectos podían nublar el vínculo entre Rose y Dimitri, así que Lissa, al dejarla sola; esperaba que Rose mariposeara un poco.
Viviera, en realidad.
Rose aprovechaba ese tiempo para entrenar.
Había prometido a Lissa que, a cambio de todo su tiempo para entrenar; prepararía los exámenes de fin de período.
Así que, tras entrenar, se sumergía en los libros que debía estudiar.
Sip. Rose Hathaway, estudiando para los exámenes.
Era eso... o casarse a los 15 años, ¿recuerdan?.
El entrenamiento de los guardianes incluía muchísimas técnicas de diferentes disciplinas de artes marciales.
Así que Rose se abocó a buscar las fuentes. Una a una.
Usando su instinto, básicamente; porque nunca dijeron que esta técnica pertenece a tal o cual disciplina.
Porque debería vencerlo a él, a un Dios entre los Guardianes.
El más joven de los BM7. El más joven en llegar a ese rango.
Con fuertes músculos, una altura que lo hacía una torre vigía, y unos profundos ojos chocolates, que...
"Espera, ¿qué?", se sorprendió a sí misma, murmurando. "¿Estaba pensando en él, o lo encontré lindo? ¡Concéntrate, Rose! Él es el enemigo, ¿sí?. ¡Van a atarte a él, sin derecho a pataleo!"
"No va a resultar, Su Majestad", insistió el Master Cronista, por enésima vez en el minuto. "La Parabatai está sobre aviso. Será más y más cuidadosa, y se nos hará más y más difícil el poder rastrearla".
"¡Y entonces!, que sugieres", se frustró la reina.
El Master Cronista, Adrián y Dimitri intercambiaron una mirada, y Dimitri asintió, aceptando su derrota.
"Ir al siguiente nivel, tía", dijo Adrián, "presionar más allá, a un nivel que ni ella misma podrá evitar. Y para eso...", tocó el libro abierto, "entraremos al inicio mismo del vínculo entre ellos. Uno que ninguno de ellos dos podrá negar jamás".
"¿Y te refieres...?"
"Al su inicio. No ahora, no en esta vida. Sino a su conexión Akáshica"
"¿Karmática, quieres decir?"
"Akáshica, tía. Puede que nunca hayan generado una relación karmática entre ellos -excepto ahora- pero sí se han encontrado en el tiempo -en distintos tiempos y formas, obvio- y todo está en el registro Akáshico que ambos comparten... Es hora de abrirlos y leerlos. Ir dónde ningún humano, moroi o dhampir -¡y menos strigoi!- ha ido jamás. No a su ADN o subconsciente o inconsciente. Sino al inconsciente colectivo en que ambos se entrelazaron. Ir..."
"Entonces, háganlo. Y háganlo pronto", ordenó la reina "es hora de traer a tu Parabatai a casa, Dimitri. Y, con ella; a nuestra Princesita fugitiva"
Es el fin de su primera parte. Lo que vienen... ¡Ya pueden ir imaginándolo!.
¡Bravo por las vacunas!, aprobada la segunda en Chile. Hip hip, ¡hurra!
