¡Hola!
Sé que esto es una sorpresa, empezar una historia sin terminar otra... pero, he de decir en mi defensa que esta ya la tengo escrita hace tiempo y estaba guardada en una carpeta en el olvido por lo que solo es revisar y reescribir alguna escena que no me convence. El otro día la encontré y me dije ¿por qué no subirla? y aquí estoy.
Esta historia está inspirada en una famosa historia de amor entre una sexy cantante y un famoso presidente con la banda sonora de mi querida "Lana del Rey" a la que amo y admiro. En este capítulo aparece la canción "Big eyes"
Mil perdones si se me escapa alguna falta de ortografía y agradecer todo el cariño que recibe esta historia. Mil gracias por vuestros comentarios que me animan día a día a mejorar. Confirmo que pronto actualizaré Protectora pero ultimamente esta pagina está dando muchos problemas (casi me vuelvo loca) pero espero poder actualizar rápido todas mis historias y poder empezar a subir las que estoy escribiendo (tanto de este fandom como de otros) pido un poquito de paciencia porque prometo que las historias no serán abandonadas.
Como sabéis los personajes no me pertenecen y hago esto con el único fin de divertirme y haceros pasar un buen rato.
Espero que me dejéis un review y me comentéis que os parece, ya sabéis toda crítica es buena.
Sin más, a leer.
Capítulo 15
Ranma se encontraba en su despacho preparando la reunión que tendría con el emperador. Era una reunión bastante importante pues necesitaba que el monarca aprobara su propuesta para los presupuestos anuales por lo que debía ser totalmente convincente.
Para su desgracia su mente no estaba en los presupuestos, desde hacía semanas su cerebro solo podía pensar en una cosa y esa cosa tenía por nombre Akane Tendo.
Le costó entenderlo pero la noche de la cena de Sanjiro le abrió los ojos completamente. Él estaba buscando que Akane cediera en todo sin el ofrecer nada a cambio, una parte de él, la machista que su familia había alimentado durante años le decía que Akane le amaba tanto que lo normal sería que renunciara a todo por estar con él, así ambos serían felices. Pero luego la parte racional le escupía la verdad en la cara, él no era nadie especial, no era un Dios sino una persona más en la vida de la cantante que podía llegar a ser prescindible.
No era justo para ella, no podía pedirle que renunciara a su vida solo por él, no era una relación sana si no había un 50/50 por eso decidió dejarla ir, no insistiría más no tendría más esperanza en recuperar algo a lo que él renunció.
Por más que le doliera.
Estaba sumido en sus pensamientos cuando la puerta se abrió de par en par. Ranma miro descolocado a su hermana, la pelirroja se acercó a él con seriedad y se sentó en la silla frente a él.
— ¿Se te ofrece algo? — preguntó Ranma con curiosidad.
— No es justo.
Ranma parpadeo sorprendido sin entender a que venía aquel reclamo de su hermana. Desde que era presidente apenas la veía, no entendía que había hecho esa vez para enfadarla.
— ¿y que no es justo según tú?
— Que todos en esta cada conozcan a Akane Tendo menos yo que soy la verdadera fan.
Ranma resoplo frustrado ante las palabras de su hermana menor. Como no, Akane estaba en el ajo... ¿es que algún dios ahí arriba estaba empeñado en fastidiarle la vida?
Ahora que se había empecinado en dejarla atrás venía su hermana a sacarle el tema de la chica, como si él no pensara en ella lo suficiente...
— No es mi culpa Ranko, la señorita Tendo y yo nos encontramos en cenas o galas benéficas a las que aún no puedes ir porque eres demasiado joven.
— Pues no es justo, yo quiero conocerla me dijiste que me la presentarías.
Ranma se sobo el puente de la nariz con cansancio — Ranko, la señorita Tendo y yo no somos amigos.
Ranko puso una cara de cordero degollado que siempre ponía cuando quería sacarle algo a su hermano mayor. Ranma torció el gesto sabiendo que vendría un largo chantaje emocional.
— Hermano, nunca te he pedido nada...
— Eso no es del todo cierto... — apuntó Ranma haciendo memoria de los innumerables favores y préstamos que le hizo a la joven.
— Por eso — continuó haciendo caso omiso a su hermano — solo te pido que me presentes a la señorita Tendo. No es necesario que estés presente pero concertar una cita aunque sea en un café, por favor Ranma por favor.
Ranma suspiró y de verdad deseo poder cumplir los caprichos de su hermana pero no podía ser — Lo siento Ranko, pero no puedo hacer nada.
— ¿Pero por qué?
— Porque no se puede — dijo perdiendo poco a poco la paciencia.
Ranko frunció el ceño y dio un golpe en la mesa sacando todo su carácter — es por la boba de tu prometida ¿verdad?
— No es por eso Ranko.
— ¡No me mientas! Esa cabeza hueca siempre se tiene que meter en todo — gritó enfadada — ¿es que no sabes pensar por ti mismo? Ranma por favor Akane Tendo es la única persona a quien admiro y tú puedes...
— ¡He dicho que no! — Gritó Ranma asustando a su hermana — ¡No se puede conseguir todo en esta vida Ranko! ¡Hay veces que por mucho que desees algo simplemente no puede ser, y no es culpa de nadie!
Ranko se quedó en silencio mirando acongojada a su hermano, se habían peleado muchas veces en la vida, tantas que no podía ni contarlas pero aquella vez en la voz del mayor de los Saotome no había solo enfado, también había un tono de dolor que le quebró la voz.
La joven se levantó lentamente con gesto triste y se dirigió a la puerta, antes de abrirla con voz triste dijo — siento haberte molestado hermano, sé que ahora tienes cosas más importantes en las que centrarte.
— Ranko no es...
— No, si te entiendo — le corto con tristeza — es lo que has decidido ¿no? Pero siento decirte que no soy la única que vendrá a molestar hoy.
Ranma alzó una ceja con curiosidad — ¿a qué te refieres?
— Pronto lo sabrás, adiós hermano.
Cuando la joven salió por la puerta con gesto cabizbajo Ranma se dejó caer hacia atrás en la silla con pesadez, siempre que se peleaba con su hermana le quedaba un sabor agridulce en el pecho pero esa vez había sido diferente, no había podido evitar pagar su frustración con ella.
Suspiró largamente y apuntó en su agenda comprarle algo para alegrarla. Luego volvió a centrarse en sus papeles pero de nuevo alguien entró para perturbar su paz y concentración.
— Querido, hoy no te he visto.
El presidente cerró los ojos con cansancio — Ukyo.
La castaña se sentó donde minutos antes estuvo su hermana y sonrió ampliamente — Cariño, necesitamos hablar.
— ¿tiene que ser ahora? — preguntó sin mirarla.
— Ahora — Ranma puso los ojos en blanco y alzó la mirada para toparse con el sonriente rostro de su prometida. Algo tramaba — tú me dirás.
Ukyo se colocó un mechón tras su oreja de forma coqueta y sacó de su bolso un papel — Mira que he encontrado.
— ¿qué es esto? — Preguntó tomando el folleto de una gran casa de campo donde se celebraban fiestas — ¿para qué quiero ver yo esto? Ukyo tengo trabajo.
— Ranma, debemos empezar con los preparativos de nuestra boda ya.
— por favor no empieces — gruño con gesto hosco mientras azotaba el papel — ¿para esto me molestas? No tengo tiempo para tonterías Ukyo, en dos horas tengo una reunión muy impórtate con el emperador.
— ¡Nuestra boda no es una tontería Ranma! — Gritó enfadada Ukyo — ¡ya lo hemos pospuesto demasiado!
— Y más que lo vanos a posponer.
Los ojos de la chica se abrieron de par en par — ¿qué quieres decir Ranma?
El presidente miró a la chica con gesto duro haciendo que Ukyo se encogiera en su sitio — Ukyo, sabes bien que tengo muchísimo trabajo que hacer, no tengo tiempo para organizar una maldita boda, además no pienso organizar nada porque yo no he decidido aún la fecha.
— ¿Cómo que no? Tú madre y yo quedamos en que nos casaríamos en un mes después de las elecciones.
— ¡Pues cásate con mi madre! — Gritó con ironía — no pienso aceptar que me organicéis la vida ni un minuto más, ya soy un hombre adulto y yo decido cuando casarme u cuando no.
— ¿Estas rompiendo conmigo? — preguntó acongojada la joven tragándose las lágrimas en un estúpido intento de ablandar a Ranma.
— Créeme Ukyo que si pudiera...
Ukyo frunció el ceño y se levantó con rabia apuntándole con el dedo — ¡No puedes romper nuestro compromiso Ranma! ¡Es un trato que tenemos desde que nacimos!
— Trato que yo no hice.
— ¡Yo te quiero Ranma!
— ¡Basta! — gritó fuera de sus casillas poniéndose también en pie haciendo que Ukyo diera dos pasos hacia atrás y le mirara asustada.
Ranma se vio reflejado en los asustados ojos de la chica, respirando con rudeza y temblando de rabia. Una vez más la culpa le carcomió por dentro, Ukyo no tenía culpa de nada y no tenía derecho a tratarla así. Ella al igual que él era una marioneta en manos de unos padres egoístas y controladores, no era culpa suya y no debía tratarla así.
Suspiró un momento y se sobo las sienes — Perdóname Ukyo, no debí hablarte así.
La chica se mantuvo en silencio unos minutos mirándole con congoja — Ranma, si aun no quieres casarte lo entiendo, pero es algo que haremos tarde o temprano.
— ¿estás dispuesta a casarte con alguien que elegiste?
— Si ese alguien eres tú sí, no me importa porque sé que con el tiempo seremos felices, muy felices.
Ranma negó con la cabeza varías veces agotando. Cada vez tenía más claro que Ukyo era una pobre víctima. Si era así de egoísta y controladora no era culpa suya, así la habían criado. Si no tenía amor propio no era culpa suya, pues siempre le habían dicho que debía obedecer a su futuro marido y que no era un igual a él... le dio mucha pena verla arrastrarse así ante él, humillándose ante él por una pizca de su atención.
— No puedes dejarme Ranma, lo prometiste y si me dejas perderás todo tu honor y palabra, además eres mi amigo desde niños, me quieres y no quieres hacerme daño ¿o si?
Un golpe bajo, eso es lo que acababa de hacerle Ukyo. Esa compasión que sintió por ella desapareció al ver esos ojos azules mirarle con rabia — No lo haré, sabes que ante todo tengo honor, los Saotome tenemos honor — tenía la mandíbula tan tensa que le costaba hasta hablar, la chica sabía qué punto tocar para que Ranma bajara las orejas — pero no será cuando tú lo decidas, será cosa de los dos y ahora mismo no tengo tiempo para una estúpida boda.
— ya hemos dado la fecha a la prensa.
— De nuevo té digo que eso fue cosa tuya y de mi madre, yo nunca dije nada — Ukyo frunció el ceño y Ranma sonrió altivo — vosotras lo decís vosotras lo desmentir.
— ¡Ranma! ¡No puedo esperarte eternamente! Seré la eterna prometida.
El presidente se sentó tranquilamente de nuevo y volvió a apartar su vista fe ella, tomando sus papeles de forma despreocupada.
— Pues si estas desconforme... ya sabes que hacer.
Ukyo abrió varias veces la boca para replicar pero en vez de eso dio un ligero zapatazo en el suelo como una niña cuando pilla un berrinche y tomó su bolso con rabia.
— ¡está bien Ranma, hablaré con tu madre! Pero de que nos casamos ¡nos casamos!
— Haz lo que te dé la gana — dijo despreocupado atendiendo sus papeles. Ukyo gruñó y salió del despacho dando un portazo. Ranma tomó aire con fuerza en sus pulmones y lo soltó con calma intentando aguantarse las ganas de gritar.
Aquella mujer le sacaba de sus casillas. Habían sido amigos desde la infancia pero ya no quedaba nada de aquella niña dulce que había conocido, atrás quedó la inocencia ahora Ukyo era otra mujer snob más, otra muchacha desesperada por casarse antes de que la gente pudiera tener una excusa para criticarla.
Sus padres y la maldita sociedad en la que había crecido habían transformado a su amiga de tal forma que ya no la conocía. La forma en la que le había suplicado prácticamente que se casara con ella, suplicándole amor, aferrándose a la idea de que aunque fuera por aburrimiento se acabara encariñando de ella... le había dado tanta tristeza.
Akane al contrario que ella no había dudado ni un segundo en mandarle a freír espárragos antes de suplicarle. Esa diferencia hacía que a sus ojos Akane fuera admirable, era lo que más le gustaba de ella con diferencia.
Los hombres solo la veían como un cuerpo bonito, como un objeto de deseo sexual pero ninguno era capaz de ver más allá de ello, nadie veía que Akane tenía tanto que ofrecer que nadie era digno de ella.
A diferencia de las jovencitas a las que estaba acostumbrado a frecuentar antes de conocerla Akane era una mujer que disfrutaba la vida y que no se conformaba con nada ni nadie. Cuantas chicas jóvenes conoció que por no ajustarse al papel de "chica hermosa" se habían conformado a casarse con algún mediocre sin talento ni futuro al que no amaban o cuantas eran tan bellas que eran asediadas por viejos millonarios y se casaron con hombres hasta treinta años mayores solo por la comodidad de tener un marido rico.
Era muy triste ver aquello y no quería eso para su hermana. No iba a mentir no quería que su hermana tuviera la vida de desenfreno que tenía antes Akane, pero no porque lo viera mal sino porque como era lógico no le gustaba pensar que su hermanita menor hacía esas cosas.
Gracias a Akane entendió que las mujeres no son un complemento al que llevar a las cenas el cual presumir, que ellas eran tan capaces de alcanzar el éxito como ellos, que no todas quieren casarse y depender de su marido, que no todas son vírgenes hasta el matrimonio y eso no las hace menos validas... con Akane aprendió y entendió tantas cosas...
Por eso ella era fascinante, porque era capaz de cambiar mentes. Con su talento y su encanto natural conseguía que un moderado chapado a la antigua como él cambiara su perspectiva de la vida. Eso era lo que le encantaba de ella...
— estoy pensando en ella de nuevo ¡maldita sea! — Gimió frustrado golpeándose la frente con la Palma de la mano varias veces — ¡tienes que dejarla ir, tienes que dejarla ir!
Soltando un bufido tomó sus papeles y los guardó en el maletín, debía pasarse a ver a Ryoga antes de su reunión con el emperador. Sería una buena forma de ocupar su mente y así podría alcanzar su meta de olvidarla con mayor rapidez.
O eso esperaba.
— ¿Dónde está Akane Tendo? — Leyó ranma en el periódico mientras viajaba en el coche hacia la casa de Ryoga.
Tenía el día libre, su reunión hace unos días con el emperador había ido redonda y no solo había aprobado los presupuestos anuales sino que le había dado carta blanca en cuanto a un jugoso trato con los chinos que podría traer una mejora considerable en la economía y el comercio del país.
Llevaba un par de días de descanso, su agenda estaba ligeramente vacía por lo que aprovechó ese día para visitar a su amigo. Ryoga siempre era un gran apoyo para él, desde que se había casado ya casi no le veía si no estaba en el trabajo por lo que ambos quedaron en verse esa semana que tenían tiempo libre.
La alegría que sentía por volver a ver a su amigo quedó en el olvido en el momento que leyó aquel titular con la foto de Akane en la portada. Llevaba días sin ser vista y Ranma se sentía intranquilo ¿Dónde se había metido?
No sabía si ponerse en contacto con ella, era consciente de que Akane no le cogería el teléfono ni aceptaría llamadas de su parte, no quería verle ni en pintura y en cierta parte era comprensible pero no podía culparle de preocuparse por ella.
Abrió el periódico y busco la página dedicada a la cantante — La última vez que fue vista la hermosa señorita Tendo lucía terriblemente triste, los ojos siempre burlones y pícaros se veían apagados haciéndola ver terriblemente hermosa pero ¿a qué se debe esta tristeza? Hemos intentando ponernos en contacto con ella y distintos amigos pero nadie ha abierto la boca sobre el paradero de la joven cantante, es como si se la hubiera tragado la tierra.
Cerró el periódico con rabia, Akane estaba desaparecida por su culpa, quería alejarse de los focos y de él, no quería que la encontraran y seguramente estaría encerrada en alguna de sus casas de campo creando algo… era lo que siempre hacía.
La conocía bien y sabía que los sentimientos y sensibilidad de la chica era lo que la hacían una mujer con tanto talento, una artista del calibre que era. Cuando Akane estaba alegre sus canciones eran movidas, con ritmo y alegres, picaras incluso pero cuando estaba triste o furiosa… simplemente eran obras maestras.
— Al menos con tu estupidez contribuirás a que su imaginación se desborde — se auto consoló.
Cuando llegó a casa de su amigo Akari le recibió con una gran sonrisa, le indico donde estaba su mejor amigo y se dio la vuelta entrando de nuevo en el jardín. Akari era una gran mujer, una muy dulce.
Cuando llegó al despacho de su amigo este le saludo alegre desde su mesa — Ranma, ya estás aquí que alegría verte amigo.
— Yo también me alegro — dijo con tristeza, sus ojos azules estaban apagados y gachos. El pensar en Akane le había desanimado.
— Pues no lo parece — comentó Ryoga siendo consciente del aura depresiva que cubría a su amigo. Le dio una palmada en el hombre y le sirvió una copa — ¿ha ocurrido algo?
Ranma negó levemente jugando con su copa — Nada especial.
— No te creo — Ranma se removió inquieto en su sitio y Ryoga decidió dejar el tema por el momento. Tenía una breve sospecha del humor alicaído que tenía su mejor amigo y pensaba averiguar si estaba en lo cierto o no, solo necesitaba un poco de paciencia — Akari me ha dicho que has vuelto a posponer la boda.
— No puedo casarme con ella, no la quiero — dijo Ranma mirando al techo con desesperación — he intentado acostumbrarme a ella, incluso una vez intente amarla pero nunca la he visto como una mujer.
Ryoga se apoyó en su escritorio mirando a su amigo con tristeza. Ranma se recolocó bien en su sitio y dio un largo trago a su vaso — Pues rompe con ella, eres un adulto Ranma, eres el maldito presidente de este país ¿no es hora de que tomes tus propias decisiones? No eres peor hijo por querer vivir tu vida.
Ranma miró sorprendido a Ryoga quien estaba más serio de lo que nunca había estado. Aquella simple frase dicha por su mano derecha y mejor amigo fue como un derechazo en la mandíbula, un golpe seco en el estómago que le doblo y le sacó el aire. Se sintió abrumado por la situación una sensación de falta de aire le inundo, necesitaba una copa… y nicotina.
Sacó con rapidez un cigarro de la pitillera que guardaba en el bolsillo interior de su chaqueta para llevarlo a los labios. Cuando se puso a buscar el mechero resoplo frustrado al no encontrarlo — toma — le dijo Ryoga pasándole el suyo.
— Gracias — una vez encendido se levantó y lleno de nuevo su copa en silencio, siendo seguido con la mirada por Ryoga — no es un buen momento.
— Ya lo veo.
Ranma suspiró sacando por la nariz el humo del cigarrillo. Debía sincerarse con alguien, quería contarle a su mejor amigo que su corazón estaba roto en mil pedazos y que y nunca más seria feliz, que había perdido al amor de su vida por miedo, Ryoga era el único que lo entendería.
— Te tengo que confesar algo — dijo levemente mirando a su amigo quien alzo una ceja para hacerle ver que le escuchaba — estoy enamorado de otra mujer, estoy enamorado de…
— Akane Tendo — completó Ryoga ganándose una sorprendida mirada de su amigo — vamos, ¿no creerás que no me había dado cuenta? Te conozco desde que somos unos críos, nunca habías mirado a ninguna mujer como miras a Akane Tendo, por dios si el día de mi boda pensaba que te ibas a lanzarte encima de ella como un lobo hambriento… para ser político no sabes disimular.
— ¿Y por qué no dijiste nunca nada? — preguntó sorprendido.
Ryoga soltó una débil risa y negó con la cabeza — Porque habría destruido tu felicidad amigo, nunca desde que te conozco te había visto tan feliz que cuando estabas con ella. Eras otro amigo, mas despreocupado, más amable incluso eras más gracioso — Ranma soltó un bufido — no te enfades, es la verdad.
— No puedo negarlo, ella me ha cambiado, ha hecho que mi forma de ver la vida diera un giro de 180 grados.
— Pero ya no estáis juntos ¿Verdad?
— ¿Es que eres adivino? — preguntó con sarcasmo el presidente.
Ryoga se encogió de hombros y le miró con burla — Repito, para tu desgracia te conozco bien — Ranma rodó los ojos — ¿Qué ha pasado? Parecías feliz.
— Y lo era, con un demonio que lo era — gimió frustrado revolviéndose el pelo — pero estar con ella significaría perderlo todo, mi padre nos encontró y me hizo entender que a pesar de amarla si seguía a su lado todo mi esfuerzo estos años se iría a la basura.
— ¿Rompiste con ella por la presidencia y el que dirán? — preguntó sorprendido Ryoga consiguiendo que Ranma asintiera levemente con gesto avergonzado.
Ryoga no daba crédito a lo que escuchaba, su boca y sus ojos estaban abiertos de par en par mirándole como si fuera un ser de otro planeta. Ranma se movió intranquilo en su sitio, la mirada de su amigo era terriblemente inquietante.
Segundos después Ryoga soltó un chasquido con la lengua y negó varias veces — eres idiota.
— ¿Qué has dicho? — preguntó Ranma sin creerse del todo lo que le había aparecido escuchar.
— Que eres idiota — dijo de nuevo esta vez más fuerte. Ranma frunció el ceño y Ryoga alzo su mano apuntándole con el dedo — no me mires así porque idiota es lo más fino que se me ocurre llamarte.
— Gracias, de verdad no sé qué haría sin ti y tu forma de darme ánimos — dijo con sarcasmo Ranma.
— Es que no te voy a animar, no te lo mereces — explico con simpleza Ryoga — eres un idiota, no entiendo cómo has podido preferir un sillón de cuero a una mujer como es Akane Tendo.
Ranma se quedó perplejo mirando a su amigo. Ryoga vio la oportunidad perfecta para decirle todo lo que pensaba por lo que tomo aire y comenzó a soltar todo aquello que llevaba años callando — Ranma esto te lo digo porque eres mi mejor amigo y solo busco la felicidad, pero debes empezar a pensar por ti mismo, tus padres no son tus dueños, no les debes nada.
— Ellos han sacrificado mucho por mí.
— Y tú se lo has devuelto con creces — replicó Ryoga enfadado — llevas años devolviéndoles todos sus sacrificios, tienen dinero, poder y están en una posición privilegiada en la sociedad japonesa y todo eso gracias a ti y tu trabajo, llevan casi diez años cobrando esos sacrificios, ¿no es hora de que te toque ser feliz?
Ranma se mantuvo en silencio, bajando la cabeza como un perro regañado. Ryoga sintió lastima al ver a su amigo así de triste pero tenía que abrirle los ojos de una vez a aquel cabezota — Ranma, por fin después de años de verte trabajar como una mula de carga sin ser feliz de verdad he visto como volvía a ti la ilusión, como tus ojos brillaban cada vez que coincidías con Akane Tendo en una sala. Esa mujer era la oportunidad que necesitabas para cortar el cordón umbilical y empezar a vivir tu vida como tú quisieras vivirla. No sé qué ha pasado con vosotros dos pero algo muy gordo ha debido ser porque Akane Tendo no aparece desde hace días y tú vas como un alma en pena ¿ha merecido la pena ser presidente de Japón si para ello la has perdido? — Ranma negó con la cabeza — ¿es tan satisfactorio ser presidente? ¿Que tenía esa silla que te hizo dejar a un lado la mujer de la que estabas enamorado?
—Nada, no me da nada — respondió Ranma — pero mi miedo y cobardía me motivó a hacerlo, fui un idiota.
— Lo sé — Dijo Ryoga cruzándose de brazos — pero aun estás a tiempo de arreglarlo. Ella también te ama, se nota, ve por ella y pídele perdón, demuéstrale que la quieres en tu vida y si para ello tienes que enfrentarte a tu familia hazlo, no les durara el enfado para siempre.
— Ella ya no quiere estar conmigo — murmuró con pesadumbre Ranma — le mentí, le dije que me casaría con ella y esperé hasta el último momento para decirle que no y no contento con eso además le propuse ser mi amante.
Ryoga enarcó una ceja sin poder creerse lo que su amigo le acababa de decir — ¿Cómo has dicho?
— Le propuse que fuera mi amante, la humille de una forma terriblemente cruel Ryoga — dijo Ranma con pesar — tuve la poca vergüenza de decirle a la cara que me casaría con otra pero que la quería tener a mi lado como si fuera una sucia amante…
El silencio inundo la habitación durante unos largos minutos. Uno no podía dejar de lamentarse el haber perdido al amor de su vida por idiota, el otro no entendía como su amigo había sido tan estúpido y cruel con la única persona que le amaba de forma desinteresada.
— No me extraña que no quiera verte nunca más amigo — Ranma se encogió en su sitio pero Ryoga no se amilanó, debía darle una lección a su amigo — aunque quiero verte feliz, lo que has hecho no tiene lógica ni justificación alguna, la has tratado como a una cualquiera por egoísmo.
— Soy consciente de ello Ryoga.
— Pues te lo repetiré para que te quede claro, no te mereces una mujer como ella — dijo Ryoga con firmeza — no la conozco mucho pero puedo decir que Akane Tendo tienes los huevos que tú no tienes, ojalá no te perdone nunca amigo.
Ranma alzó los ojos para clavarlos en los de su amigo con rabia, pero Ryoga no trastabillo siguió sermoneándole como si fuera un niño pequeño — Ranma, eres mi mejor amigo y quiero lo mejor para ti pero no te mereces su perdón, has sido muy egoísta y tu penitencia el resto de tu vida será verla ser feliz lejos de ti porque créeme amigo, por muy triste que esté ahora Akane Tendo tarde o temprano volverá a ser feliz, cosa que tu no harás.
Las duras palabras sumadas a la gélida mirada que le dio Ryoga bastaron para que el corazón de Ranma se hiciera añicos. No solo sentía tristeza, también vergüenza.
— Me lo merezco — murmuró débil el presidente.
Ryoga aunque quería darle la lección de su vida a su mejor amigo sintió pena al verle tan triste y deprimido. Ranma era consciente de su error y pagaría por el toda su vida, el ya no podía hacer más, le había dicho todo lo que pensaba por su bien, ahora solo podía apoyarle y ayudarle.
— Amigo, si te digo esto es porque quiero que te des cuenta de la realidad.
— Lo sé, y te lo agradezco, creo que debo irme a casa, quiero descansar.
Ryoga sonrió con amabilidad y le dio un leve golpe en el brazo en señal de camaradería — siento haber sido tan duro contigo amigo pero quiero que abras los ojos.
— Te agradezco que seas duro conmigo, eres el único con pelotas para hacerlo —agradeció Ranma devolviéndole el golpecito.
— Para eso están los amigos.
Ranma salió de casa de su amigo meditando las palabras que le había regalado. Ryoga tenía razón, no se merecía una mujer como Akane, debería dejar pasar el tiempo y que ambos sanaran las heridas que aquella relación había producido en sus corazones y en su alma.
Habían pasado un par de días desde la visita a casa de su amigo y Ranma cada vez estaba más preocupado por la cantante, apenas se sabía de ella estaba completamente desaparecida — Ni siquiera se deja ver por las fiestas que tanto le gusta frecuentar — había dicho una mujer en la radio.
¿Dónde estaba Akane? ¿Por qué esa forma de desaparecer de la nada? Estaba metido en sus pensamientos de tal forma que la voz de su madre y su prometida sonaban como ecos lejanos. No le interesaba nada más que saber dónde estaba Akane, aunque ella no quisiera verle, aunque se escondiera de él y del mundo… necesitaba saber que estaba bien.
— ¡Ranma! — gritó Ukyo haciéndole saltar en el sitio. Al levantar la vista su madre y su prometida le miraban con gesto confuso y su padre a un lado le observaba sobre el periódico que estaba leyendo.
Aclaro su garganta intentando disimular — ¿Qué ocurre?
— ¿Qué ocurre? Llevamos hablándote un buen rato y nos ignoras — dijo Ukyo con reproche — ¿en qué tanto pensabas?
— En nada — contesto escuetamente levantándose para servirse una copa. Le daba igual de que.
Ukyo frunció el ceño y buscó con la mirada a su suegra, buscando en ella el apoyo necesario para que Ranma le dijera que pasaba con él. Nodoka, captando la muda petición de la que pronto sería su nuera dijo:
— Ranma, te vemos muy distraído últimamente y nos preocupas.
Ranma rodó los ojos con aburrimiento — siento no estar tranquilo y sosegado cuando un país entero depende de mí y de las decisiones que tomo.
— Nuestra boda también es importante — dijo Ukyo con reproche — y no estás ayudando en nada, es más la has pospuesto mil veces haciéndome incluso quedar de tonta en la prensa.
— Eso lo haces tú sola — murmuró Ranma recordando cómo la prensa comenzaba a ser terriblemente mordaz y acida con Ukyo comentando en diferentes titulares la falsa sonrisa que siempre portaba.
— ¿Qué?
— Nada — respondió hosco bebiendo de un golpe su copa.
Nodoka observó preocupada a su hijo. Ranma siempre había sido un hombre serio y tranquilo, amable y educado pero este Ranma que tenía delante no era su hijo. Estaba arisco, pensativo y bebía cada vez más… eso la preocupaba enormemente.
— Hijo algo te pasa, soy tu madre y te conozco — la voz de Nodoka se escuchaba triste — habla con nosotras, cuéntanos que te pasa y podremos ayudarte.
Ranma soltó una risa amarga volviendo a servirse otra copa. ¿Qué hablara con ellas? ¿De qué? Nunca le entendería, es más, se lanzarían como fieras salvajes a su yugular en el momento que soltara la lengua.
— Dejad al chico en paz — dijo Genma — vosotras no entendéis la carga que debe soportar ahora mismo Ranma. Es el líder más joven de un país devastado por la guerra, tiene que crear alianzas y volver a levantar la economía… mientras que no seáis economistas o expertas en… no se… sociología no creo que seáis de mucha ayuda.
Las mujeres bajaron la mirada avergonzadas de sí mismas después del rapapolvo que les había echado el patriarca Saotome. Ranma negó con la cabeza con gesto aburrido. Aunque su padre intentó ayudarle no le gustó la forma en la que habló a su madre, como si esta fuera un ser inservible que no podía aconsejar en otra cosa que no fuera economía doméstica…
— Lo siento hijo — habló Nodoka — tu padre tiene razón, es entendible que estés con la cabeza en otro mundo, tienes muchas responsabilidades sobre tu espalda.
— No es tan así — dijo Ranma intentando quitar hierro al asunto.
— Lo siento mucho querido, no volveremos a molestarte más.
Rana suspiró y se sentó de nuevo en el sofá incomodo por el aura que había en el salón. Era un aura incomoda, la tensión se podía cortar con un cuchillo, Ranma pensó que nada podía empeorar más la situación aquella tarde.
Pero como siempre se equivocó.
— ¿Qué hacéis todos aquí? — preguntó sorprendida Ranko que había entrado en el salón de forma estrepitosa.
Nodoka enarcó una ceja ante la pregunta de su hija — por si no lo recuerdas hija, vivimos aquí.
— No todos — habló entre dientes lanzándole una mirada de desprecio a Ukyo quien la miraba de igual forma — pero bueno, ya que más da… lo veré igualmente.
— ¿El qué? — preguntó Ukyo.
Ranko encendió la televisión sin contestar a su cuñada. Apretó el botón y la pantalla en blanco y negro mostró el juvenil rostro del presentador ese que tanto le gustaba a su hermana. La joven se sentó en el suelo con pose de indio para desagrado de su madre.
— Ranko, por dios, siéntate como es debido.
La menor de los Saotome se giró para mirar a su madre con aburrimiento — no se me ve nada, el vestido es lo suficientemente larga para que no se me vea nada.
— Esta niña necesita una larga temporada en un colegio interno para señoritas Nodoka — gruñó Ukyo.
— y tú necesitas cerrar esa estúpida boca que tienes — dijo Ranko lanzándole una fea mirada a Ukyo — cuando alguien te pida tu opinión la das, mientras tanto cierra el pico y lámele el culo a mi hermano y a esas viejas con las que te codeas, es lo único que sabes hacer bien.
— ¡Ranko! — gritaron sus padres a la vez.
La joven bufó ignorando el regaño de sus padres y puso su atención en la tele. Ranma que se había mantenido al margen observó la espalda de su hermana fijamente. No le gustaba que le faltara así al respeto a Ukyo, aunque no se cayeran bien lo menos que podían hacer era tener educación la una con la otra.
— ¿Qué diablos quieres ver? — preguntó su padre.
Ranko pegó un gritito cuando el presentador dio paso a su flamante invitada.
— No puede ser — murmuró Ranma al ver la imponente figura de Akane entrando al plato de televisión. Debía haberlo imaginado, Ranko solo estaba pendiente de ese aparato si salía Akane.
— ¡Ah no! ¡No pienso ver a esa mujerzuela! — gritó Ukyo apuntando la televisión donde Akane saludaba al público y al presentador.
— Pues lárgate a tu casa — le dijo Ranko sin mirarla siquiera.
Ukyo frunció el ceño y miró a Ranma con enfado — ¡querido, haz algo!
— ¿Y qué quieres que haga? — pregunto Ranma fingiendo desinterés — digamos lo que digamos lo va a ver igual.
— Pues apagadle la tele, mandarla a su cuarto.
— No tiene diez años Ukyo — dijo Ranma — dejadla, que mal puede hacerle.
—Que acabe siendo como ella — dijo señalando de nuevo la imagen de Akane quien se había sentado y hablaba con el presentador.
Ranko pegó un golpe en el suelo y se levantó de forma brusca encarándose con Ukyo — prefiero ser como ella y tener talento para algo que ser como tú que no vales para más que para dar sombra — Ukyo abrió los ojos de par en par pues nunca antes Ranko se le había encarado así — ¡si tanto te molesta lárgate, pero no voy a tolerar que quieras mandar en mi casa! ¡Y ahora cállate la boca para que pueda escuchar! ¡Pesada!
No solo Ukyo se había sorprendido. El resto de los Saotome observaron atónitos como la menor de la familia había explotado como un volcán en erupción. Ranma observó sin meterse como su pequeña hermana era levemente reprendida por sus padre pero era tal la sorpresa en el rostro del matrimonio Saotome que más que una riña fue un leve reproche sobre su conducta y malos modales.
Ranko bufó y giró la rueda de la tele para subir el volumen en el momento en el que aquel entrevistador charlaba con la joven cantante sobre su ausencia.
— Bueno, no he tenido un buen momento — aclaró Akane — he estado encerrada creando sin parar, por suerte el pequeño bloqueó que tenía ha desaparecido y puedo anunciar que en unas semanas saldrá mi nuevo vinilo con nuevas canciones.
— Esa es una gran noticia para los fans — celebró el presentador recibiendo una leve sonrisa de Akane — ¿Qué puedes contarnos sobre ese nuevo disco?
Akane se quedó unos segundos callada, su rostro reflejó una mueca de desesperanza. Ranma sintió que el corazón se le hundía en el pecho al ver el estado anímico de la cantante. Si de algo podía presumir era de conocer a esa hermosa mujer por eso sabía de primera mano que Akane estaba destrozada, esas falsas sonrisas no llegaban a sus ojos y su postura tensa le delataba.
— Es un disco… diferente a lo que suelo crear, no puedo dar muchos detalles pero no tengo duda de que muchas chicas jóvenes se van a sentir identificadas con ellas.
— ¿Hablan sobre amores? — preguntó con picardía el presentador.
Akane se removió incomoda en su asiento — y de desamores también.
El presidente la observaba con pena, a sus ojos Akane estaba preciosa, más guapa que nunca. Ese aire melancólico y triste le daba un toque especial, aquellos preciosos ojos marrones que le gritaban desde la televisión que fuera a por ella y la abrazara… deseaba con todas sus fuerzas levantarse de aquel sofá e ir a buscarla para apresarla entre sus brazos y no soltarla nunca más. La echaba terriblemente de menos.
— ¿Le han roto el corazón últimamente? — preguntó con malicia el presentador ganándose un leve reproche de Ranko y seguramente de las miles de adolescentes que estaban viendo aquella entrevista.
Akane miró fijamente al presentador y con el rostro y el tono de voz más tenso y frio que pudo poner dijo — a todos nos han roto el corazón alguna vez en la vida.
El presentador carraspeó levemente, totalmente incomodo al darse cuenta de lo inapropiado que había sido el comentario anterior. Levemente avergonzado se disculpó con la joven quien le quitó hierro al asunto.
— Se le ve triste — dijo Ranko con preocupación.
Ukyo quien estaba de brazos cruzados bufó — Seguramente se haya dado cuenta de que por su forma de ser ningún hombre la querrá nunca, será una vieja solterona por promiscua.
Ranko se giró para reprocharle pero una leve mirada de su hermano mayor la frenó. Ranma al igual que su hermana deseó soltarle las diez mil barbaridades pero una vez más se tuvo que contener.
— Muchos han estado especulando por qué desaparecí y creo que es el momento para poner fin a las habladurías, al menos por ahora — dijo Akane con seriedad captando la atención de todos los presentes — si desaparecí es porque alguien a quien amaba con todo mi corazón me hizo muchísimo daño, nunca nadie me había hecho un daño igual — Ranma se removió inquieto hundiéndose en el sillón — por eso desaparecí, para intentar sanar.
— ¿Es este nuevo disco el reflejo de ese dolor?
— Así es — contestó la chica — además es parte de la cura del alma, en cada canción dejo salir un poco ese dolor transformándolo en arte. Es gratificante.
El presentador siguió haciendo preguntas pero Ranma apenas escuchaba. Su corazón sangraba de dolor al ver el abatido rostro de Akane cuando hablaba. Él había sido el culpable, él había sido quien la había roto por dentro… no se merecía respirar ni llamarse hombre. Había pintado aquel hermoso rostro de dolor y tristeza ¿todo para qué? ¿Había merecido la pena?
— Entonces hoy nos cantará algo ¿verdad?
Akane de nuevo sonrió falsamente — siempre lo hago, cada vez que vengo conseguís sacarme una actuación — soltó una risita para afianzar aquella pequeña broma — pero que conste que para mí es un placer.
— No creo que más que para nosotros querida — coqueteó descaradamente el presentador — además así los fans podrán saborear un poquito de lo que sin duda será otro nuevo éxito en su carrera musical.
Tras varios comentarios Akane se levantó del sillón y camino hasta un micro que habían colocado en el centro del plató. Ranma la observaba hipnotizado.
— Esta canción es mi canción principal de mi nuevo disco, una canción que escribí en ese encierro y que espero que les guste. Se titula Big eyes.
La cantante lanzó una leve mirada a los músicos y asintió para que empezaran a tocar — Con tus grandes ojos… y tus grandes mentiras — cantó Akane con potencia y rabia a la vez que el sonido de una trompeta la acompañaba — con tus grandes ojos… y tus grandes mentiras…
Ranma se acomodó en el sofá para prestar atención a la joven cantante. Sabía que aquel disco estaría plagado de mensajes subliminales para él, porque así es como ellos se comunicaban, como ella se expresaba mejor, a través de la música.
— Te vi arrastrándote por el jardín ¿Qué estas escondiendo? Te ruego que me perdones pero no me digas nada — Su padre le lanzó una mirada rápida a su hijo quien apenas parpadeaba — solía pensar que podía confiar en ti, yo era tu mujer… tú eras mi caballero con brillante armadura — la voz de Akane era aguda como la de una sirena, con sus ojos cerrados cantaba con dolor y melancolía consiguiendo transmitir a los que la veían lo que ella sentía en su pecho.
Akane abrió los ojos y tomó el micro con sus dos manos bajando la mirada con tristeza — para mi sorpresa la muerte de mi amor fue por su avaricia y su propia canción de cuna — Ranma cerró los ojos y se apoyó en sus rodillas en un gesto de desolación bajando la cabeza completamente derrotado.
— ¿Qué te pasa hijo? — preguntó su madre sorprendida pero no recibió más que una negación por parte de su hijo quien apretó los puños con rabia cuando Akane cantó de nuevo el estribillo.
— Con tus grandes ojos… y tus grandes mentiras — los ojos de la cantante se fijaron directamente en la cámara — con tus grandes ojos y tus grandes mentiras…
— Esta canción es deprimente — murmuró Nodoka viendo como la cantante apretaba con fuerza el micrófono entre sus manos mientras la música seguía sonando, una melodía triste que le calo los huesos.
Ella no era fan de la chica, es más, reprobaba su comportamiento pero aquella canción le estaba afectando, su letra, la música la forma de cantar que tenía la mujer además de ese aura de tristeza que emanaba… eso ojos vacíos… incluso Nodoka Saotome sintió ganas de llorar.
— Me di cuenta de que en verano tenías calor, no estabas cómodo. Tu camisa era de algodón y tu rostro estaba quemado por el sol… caminabas como si estuvieras esperando, esperando por algo… tu mundo estaba en llamas y me quede mirando — de repente los tristes ojos de Akane se tornaron oscuros y violentos, en su mirada se asomó la sombra de la rabia que sentía — mientras miraba las llamas crecían, me viste fruncir el ceño, dije adiós.
Ranma se llevó las manos a la cabeza, enredando sus dedos entre su pelo, de repente le dolía terriblemente la cabeza — Con tus grandes ojos… y tus grandes mentiras… con tus grandes ojos y tus grandes mentiras — verla allí cantándole que era un mentiroso le estaba afectando y era precisamente porque Akane tenía razón, era un mentiroso y un cobarde que no tuvo lo que había que tener para luchar por ella, solo supo hacerle daño y ella se lo demostraba con su arte y su talento, con ese idioma que solo ella sabía usar tan bien… la música.
— ¿Soy yo? ¿Me equivoque al confiar en ti? ¿Vi lo que quería ver? ¿Lo que no era verdad? ¿Me equivoque al seguir adelante como una pequeña tonta? Es asombroso lo que las mujeres enamoradas llegan a hacer…
Ranko soltó un sollozo y se limpió la lagrima que bajaba por su mejilla — ¿Quién fue el cerdo que daño a alguien tan bueno? No es justo.
Ranma se encogió aún más en su asiento, si tan solo Ranko supiera que el culpable de aquella tristeza estaba a unos pasos de ella seguramente le estrangularía. A lo mejor era lo que se merecía. Apretó sus parpados con rabia mientras Akane terminaba la canción y se despedía rápidamente dando por finalizada la canción.
En la sala solo se escuchaba el parloteo de aquel hombre que presentaba ese estúpido programa para adolescentes pero en la mente del presidente solo se escuchaba la voz de Akane una y otra vez llamándole mentiroso. No sabía porque le había afectado tanto verla ahí cantando, desde que la conoció esa escena se repitió miles de veces, ella cantándole en la televisión o en la radio todo lo que pensaba del ¿Por qué esta vez fue diferente?
— Ranma, ¿Qué te pasa? — preguntó preocupado su padre, pero el no pudo contestar, solo pudo negar con la cabeza una y otra vez — ¡Ranma!
No quería escuchar a nadie, no quería ver a nadie, no quería la presidencia… la quería a ella, a ella y solo a ella y la había perdido para siempre ¡él se había encargado de alejarla! Akane le había amado, fue la única mujer que le quiso de verdad y el destrozó todo por miedo.
— Ranma querido por favor di algo — dijo su madre preocupada.
Ukyo miró con reproche a Ranko — mira lo que has provocado.
— ¿Yo?
— si tu — dijo con desprecio poniendo su mano en la espalda de su prometido — tu hermano se ha puesto enfermo al ver a semejante aberración de mujer.
Ranko abrió los ojos de par en par — ¿Qué dices? ¿Estás loca?
Genma miro a Ukyo con seriedad — No es momento querida.
— Por favor miradle — dijo con tono dramático — mi pobre Ranma esta así por tener que escuchar a semejante mujerzuela y todo es por culpa de ella — señaló a Ranko con rabia — sabe bien que su hermano está estresado, que su trabajo está llevándole al límite y ella en vez de ayudar encima le hace ver a esa mujer que bien sabe que Ranma no soporta.
— Cállate — murmuró Ranma harto de escuchar a Ukyo insultar a la que él consideraba el amor de su vida.
— No querido, debo defenderte — dijo orgullosa — cuando nos casemos y yo viva aquí no pienso permitir que escuches a esa vulgar zorra, no quiero verla ni oír hablar de ella es más, creo que debería hablar con la señora Musumi que es muy amiga de la emperatriz para terminar de una vez con su carrera musical si es que se le puede llamar así — Ranma apretó más los ojos notando como la rabia crecía — No tiene ética ni moral y no pienso permitir que una generación de jovencitas se eche a perder por su culpa. Ahora que Ranma es presidente tengo los contactos necesarios para destruirla y llevarla a la ruina.
— ¡Cállate! — gritó Ranma poniéndose en pie asustando a Ukyo — ¡No hables así de ella! ¡Ninguno de vosotros! — bramó apuntando con el dedo a su prometida y a sus padres.
— Pero hijo…
— ¡No! — Gritó cortando a su madre — ¡Antes de hablar de ella deberías lavaros la boca con agua ras!
Todos en la sala le miraban como si hubiera perdido el sentido, y en cierta forma lo había hecho. Ya no podía aguantarlo más, no podía guardar más aquel secreto que le consumía el alma… necesitaba gritar a los cuatro vientos que amaba a Akane.
— Nunca más vuelvas a insultar a Akane Tendo en mi presencia — dijo con voz gruesa señalando a Ukyo con el dedo índice — nunca.
Ukyo abrió la boca un par de veces sin conseguir soltar una frase coherente. Para su suerte su suegra salió en su defensa — pero hijo ¿a qué diablos viene esto? ¿Por qué la defiendes tanto? Tú mismo la has criticado por su forma de actuar…
— ¡Mentí! ¿Vale? ¡Mentí! ¡Porque soy un puto cobarde de mierda incapaz de tener los pantalones bien puestos y de admitir que en realidad esa mujer me tiene completamente loco!
Las mujeres ahogaron un grito de sorpresa — ¿Qué estás diciendo Ranma? — gritó Ukyo sin querer creerse lo que su prometido acababa de confesar.
— ¡Que la quiero! ¡Quiero a Akane Tendo y estoy harto de ocultarlo!
— ¡Pero si solo la has visto dos veces! ¿Cómo puedes quererla?
— Eso es lo que tú crees — espetó Ranma viendo como Ukyo sollozaba al enterarse de todo — Akane y yo hemos coincidido muchas veces y cada vez que la veía más claro me quedaba que es la mujer más maravillosa que hay en el mundo — dijo con amargura dejando salir todo lo que su pecho guardaba — es inteligente, educada y tiene una visión del mundo que te dejaría atónita si la escucharas. Es buena persona, se preocupa más por los demás que por sí misma y a diferencia de ti y todas esas mujeres de la que te rodeas no le importa mezclarse con la gente y ayudarles sin esperar nada a cambio…
Ranko miraba a su hermano con orgullo, dentro de si no cabía en gozo al enterarse de que su hermano mayor y la que ella consideraba su ídolo tuvieran una relación íntima. Siempre supo que su hermano no era como la gente creía, ella le conocía bien y se moría de pena al ver como otros dominaban su vida, pero gracias al cielo Akane Tendo se cruzó en su camino y le salvó, así como hizo con ella.
— Estoy enamorado de ella — dijo muy serio mirando a su prometida y su madre — y ella está enamorada de mí… o al menos lo estaba.
Nodoka se llevó las manos a la boca y Ukyo empezó a llorar con amargura pero Ranma no se dejó conmover, ya estaba harto de esa mentira que era su vida — Es a ti a quien te cantaba esa canción…
— Sí, Akane y yo estuvimos juntos, tuvimos una relación — otro sollozo más fuerte retumbó en la sala — y por cobarde la perdí, porque este estúpido honor que me habéis inculcado desde la cuna me hizo perderla posiblemente para siempre pero no me daré por vencido, no sin pelear.
Nodoka quien consolaba a su nuera le miró con los ojos llenos de ira — eres un desagradecido.
— ¡No me llames desagradecido cuando fue precisamente por vosotros por lo que la deje escapar! — eran escasas las veces que Ranma gritaba a su madre pero cuando lo hacía se arrepentía y bajaba las orejas como un cachorro asustado, pero esta vez no — la quiero y no podéis hacer nada para que cambie de parecer.
— ¿Cómo pudiste engañarme? ¡Y más con ella! ¡Con esa golfa barata!
— ¡No vuelvas a insultarla! No te atrevas a culparla de algo porque aquí la única víctima es ella — dijo con la mandíbula tensa — es la única víctima de esta mentira a la que llamamos vida.
Ukyo se levantó furiosa y le miró con rabia — ¡Mi vida no es una mentira! ¡Yo te quiero!
— ¡Pero yo a ti no! — Exclamó Ranma harto — y nunca lo hare porque mi corazón le pertenece a ella. Siempre será suyo, aunque nos casemos nunca podre enamorarme de ti.
Ukyo le miró con los ojos plagados de lágrimas intentando ablandar a aquel hombre que ahora parecía una piedra. Frente a sus ojos ya no estaba aquel niño asustado y fácilmente manipulable, el Ranma frente a ella era un hombre completamente diferente. Uno que sabía lo que quería.
— Voy a luchar por ella, aunque me cueste siglos conseguir su perdón no descansare hasta tenerla de nuevo a mi lado.
— ¿Y de que te va a servir? — Preguntó Genma que se había mantenido al margen captando la atención de su hijo — ya lo has visto chico, ella no quiere verte ni en pintura.
— Si me tengo que arrastrar como el gusano que soy lo haré.
Genma soltó una risa burlona que solo crispo aún más los nervios de su hijo — eso no servirá de nada hijo, lo siento pero ya has perdido completamente el juego — con toda la calma que su hijo no tenía se sirvió una copa de Brandy — tú mismo lo comprobaste la otra noche, no quiere verte, no quiere escucharte ni estar cerca de ti, incluso le ofrecí dinero y lo rechazo porque ella misma por su voluntad quiere estar lejos de ti.
Las palabras de su padre y la calma con la que hablaba se sintieron como una patada en la boca del estómago, la realidad le golpeaba sin tregua — Pudiste elegir Ranma y elegiste el camino fácil.
— Tú me obligaste.
— No — le cortó su padre — yo te aconseje lo que a mi parecer era mejor para ti pero siempre te di la opción de elegir y decidiste la presidencia — Ranma bajó la vista avergonzado — pudiste renunciar a ello y quedarte con la chica pero preferiste tu profesión lo cual a mi parecer es lo más sensato. Con tu elección sabías que esa chica se alejaría, tú mismo me lo dijiste mil veces "ella no es como las demás" — se burló imitando malamente la voz de su hijo — ¿de qué te sirve ir a buscarla ahora? Antes perderías la presidencia pero tendrías a tu chica, si vas ahora y montas un escándalo sí que lo perderás todo porque la presidencia se te escaparía de las manos y seguirías sin tener a la chica porque ambos sabemos que Akane Tendo no te va a perdonar.
Ranma sintió de repente unas terribles ganas de vomitar. Dicen que la verdad duele y su padre acababa de demostrar que aquel dicho era terriblemente real. La valentía que sintió minutos antes se evaporo por completo, quizás sí que seguía siendo un estúpido cobarde.
— Si esto queda aquí — dijo mirando con severidad a su hija y nuera — y nadie más se entera de tu pequeño desliz todo habrá quedado en una pequeña disputa, tu seguirás con tu vida y ella también — Ranma se veía abatido por lo que su padre se acercó y palmeo la espalda de su primogénito para darle animo — Ranma hijo, ahora está dolida pero tarde o temprano lo superara y volverá a ser feliz y eso es lo que debería importante si la quieres como presumes.
Luego se acercó con igual calma a su nuera que seguía sollozando en silencio — y tu querida si hablas lo perderás todo además de que la gente hablara de ti — dijo con acidez sabiendo que para su nuera no había nada peor que perder su estatus social — esas mujeres a las que llamas amigas te miraran con lastima y dirán que no fuiste lo suficientemente buena como para mantener a tu hombre a tu lado — Ukyo se encogió en su sitio —perdona a Ranma y sigue con tu vida, casaos, tened hijos y dejemos esto atrás. No tienes nada que perder si lo dejas ir pero si te vas de la lengua, os querida Ukyo… ahí sí que estas perdida.
Ukyo alzo los ojos y miró a Genma con rabia. Ranma sabía que Ukyo estaba herida en su orgullo de mujer pero que su padre había logrado convencerla, porque a diferencia de Akane para Ukyo el poder y el estatus lo eran todo y no estaba dispuesta a ser el centro de las críticas de aquellas viejas cotorras que decían ser sus amigas.
— Te perdono Ranma — murmuró Ukyo sin mirarle — pero debes prometerme que no la veras nunca más.
— Eso es más que un hecho Ukyo, la propia Akane nos dejó muy claro que para ella Ranma es parte del pasado.
— Puede que para ella sí, pero el… el la ama — dijo con amargura la castaña mirándole llorosa — y va a ir a buscarla.
— No lo hará — hablo Genma mirando a su hijo — ¿verdad Ranma?
El presidente no sabía que decir, su mente era un torbellino, un volcán a punto de explotar. No sabía lo que quería, no sabía lo que sentía, por una parte tenía miedo a perderlo todo, por otra estaba desesperado por tener Akane a su lado… quería ser presidente pero también quería a la cantante.
¿Qué hacer? ¿Qué no hacer? ¿Podía prometer no volver a verla? Posiblemente no porque él sabía que tarde o temprano sus sentimientos le haría mandarlo todo a volar e ir a buscarla, aunque ella no quisiera verle. La amaba tanto que dolía el pecho, pero su padre tenía razón en que ella no le perdonaría jamás… ¿Qué debía hacer?
— Dime que no vas a verla más — insistió Ukyo mirándole enfadada.
— Eso no va a poder ser — habló de repente Ranko captando la atención de los presentes. La pequeña Saotome que se había mantenido al margen estaba clavada frente a ellos con las manos echas puños, dispuesta a defender con uñas y dientes a su hermano mayor, aunque en aquella situación la mayor parecía ella.
— No te metas en esto Ranko, es un tema muy serio — dijo Nodoka.
— Pero es que hay una cosa que aún no sabéis.
— Pues empieza a hablar jovencita.
Ranko puso una ladeada sonrisa en su rostro y se cruzó de brazos. Sus padres quería separar a su hermano de Akane Tendo, Ukyo quería separar a su hermano de Akane Tendo, pero ella no, ella quería que se casaran y así poder ser la cuñada de una estrella como era la joven cantante. Ella solo quería la felicidad de su hermano además de que le encantaba fastidiar a la boba de Ukyo por lo que mataría dos pájaros de un tiro.
— Por si no lo sabéis cumplo dieciséis años pronto — su madre asintió levemente — papa lleva organizando mi fiesta varios días pero el grupo que tenía contratado es un auténtico coñazo así que me tome la libertad de buscar la dirección de Akane e invitarla a mi fiesta
— ¿¡Que has hecho que!? — gritó Nodoka fuera de sí.
Ranko a diferencia de su hermano no temía la ira de su madre, ella había saco mucho más carácter que el por lo que en vez de amilanarse se plantó frente a la imponente figura de su madre y alzando la cabeza dijo — es mi fiesta y yo elijo quien va a ir. Llevo mucho tiempo queriendo conocer a esa mujer y no voy a parar hasta conseguirlo.
Ukyo miró a sus suegros — No podéis permitirlo, no podéis dejar que esa mujer vaya al cumpleaños de Ranko y lo arruine.
— Tranquila Ukyo, no creo que acepte, no quiere ver a Ranma — dijo con calma Genma.
Lo que el patriarca Saotome no esperaba es que la ladeada sonrisa Ranko aumentara — pues ya ha aceptado. No quiere ver a Ranma pero yo soy su fan devota, me ha regalado varios objetos y siempre tiene palabras amables hacia mí — Dijo retando con la mirada a su padre — es un hecho, Akane Tendo estará en mi cumpleaños — lanzó una rápida mirada a su hermano quien la miraba con los ojos de par en par — y tú, por una vez en la vida ten lo que hay que tener para hacer las cosas bien ¡por dios!
Antes de que nadie pudiera reaccionar la menor de los Saotome salió de la sala dejándola en silencio. Fue Ukyo la primera que reacciono — Genma, no quiero a esa golfa cerca de mi prometido o de mí, no la quiero en el cumpleaños de Ranko, tienes que hacer algo.
— Tranquila querida, me pondré en contacto con ella y…
— No — le cortó Nodoka sorprendiendo a todos — esa chica ira a la fiesta.
Ukyo la miró sin entender — pero… pero suegra.
— Quiero saber que tiene para que mis hijos estén tan abducidos por ella. La he visto varias veces pero nunca he intercambiado más de cuatro palabras con ella, quiero saber qué es lo que ven en ella y que la hace tan especial — sus ojos se posaron en los de su hijo — quiero saber quién es la mujer que casi consigue que mi hijo lo perdiera todo.
Sin poder aguantar un minuto más allí, Nodoka salió de la sala azotando la puerta tras de sí. Ya había tenido suficiente por hoy.
