Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 30
Agosto
—Tienes que ir a cenar conmigo, Isabella.
—Eres persistente, Freddy. —Sonreí y seguí limpiando la mesa—. Lo siento, es que no creo que sea buena idea.
—Ya aceptarás —dijo, sin dejarse perturbar.
Me reí para mí cuando él siguió limpiando su lado de la cafetería, cantando para sí. Freddy, o Federico como le decían cuando se metía en problemas, trabajaba con Emily y conmigo en un pequeño restaurante de Venecia.
En cuanto llegábamos a una ciudad o pueblo nuevo, encontrábamos trabajo – o trabajos – y trabajábamos con todas nuestras ganas y lo más que pudiéramos para poder juntar un poco de dinero. Luego, después de unas semanas, usábamos ese dinero para ver todo lo que queríamos ver y hacer todo lo que queríamos hacer antes de movernos a otro maravilloso lugar.
Después del tiempo más increíble en Paris viendo todos los maravillosos paisajes que siempre había querido ver, viajamos hacia el sur, deteniéndonos en algunos lugares menos conocidos y enamorándonos un poco más de Francia gracias a eso.
Nuestro francés era básico, pero sabíamos lo suficiente para encontrar trabajo y conocer gente nueva. Después de Francia, visitamos Alemania, Austria y antes de venir a Italia, pasamos por Suiza. Los monumentos y el paisaje en esos países eran impresionantes y en cada lugar nuevo me encontraba queriendo no irme jamás.
Emily era maravillosa y tenerla conmigo para compartir esta experiencia hacía que todo fuera más especial. Le agradecía todo el tiempo por haberme invitado y ni una sola vez me había arrepentido de la decisión de alejarme de mi vida en Seattle.
—Puedo terminarlo por ti, Isabella —me gritó Freddy.
—¿Si acepto salir a cenar contigo? —adiviné y se rio—. Igual ya casi termino.
—Me rompes el corazón, Isabella —bromeó.
—Te romperé la pierna si no dejas de invitarme a salir —le dije, pero sólo se encogió de hombros.
Limpié la última mesa y me dirigí hacia la trastienda para agarrar mi bolso. Freddy me estaba esperando; estaba a punto de ofrecerse a acompañarme a casa como hacía cada noche desde que trabajábamos juntos. Yo lo rechazaba amablemente todas las noches, pero nunca se rendía.
Si no fuera por los eventos de Seattle, pude haber mirado de forma diferente a este caballero italiano guapo y dulce. No podía negar que me sentía mejor que antes, pero me faltaba mucho para poder decir que había superado a Edward sin mentir.
Pensaba en él todo el tiempo y aunque sabía que irme había sido lo mejor que pude haber hecho, todavía lo extrañaba todos los días.
—¿Sabes que te voy a preguntar, Isabella? —Freddy sonrió y sacudí la cabeza.
—Emily vendrá por mí, pero gracias por ofrecerte. —Le palmeé el brazo y abrí la puerta trasera.
Me siguió hacia afuera y encendió un cigarrillo.
—¿Te veré mañana?
Asentí.
—Estaré aquí todo el día.
—Entonces tengo todo el día para intentar hacerte cambiar de parecer, ¿no? —se rio entre dientes y saludó a Emily, que caminaba por el callejón hacia nosotros—. Emily está de mi lado, sabes.
—Oh, lo sé —le dije—. Eres muy dulce, Freddy. Es que…
—Lo sé, extrañas a tu Edward. —Sonrió con complicidad y asentí una vez—. Pero tu Edward no está aquí, Isabella.
Me quedé ahí parada viéndolo irse y suspiré.
—Han pasado casi dos meses, Bella —dijo Emily con voz suave—. Su silencio lo dice todo, ¿no crees?
—Sí.
—Entonces, ¿tal vez deberías salir con Freddy? Lo que sea que hayas estado haciendo hasta ahora no ha funcionado, un enfoque nuevo podría ser justo lo que necesitas. —Entrelazó su brazo con el mío y caminamos lentamente a casa—. Él es un chico agradable, Bella.
Entre esforzarnos en trabajar y esforzarnos todavía más en pasear, ninguna de nosotras había estado muy interesada en el sexo opuesto. Siendo dos chicas estadounidenses, teníamos mucha atención de chicos locales, pero aparte de un trago aquí y allá, no había pasado nada.
—Freddy es un gran chico, Em. Es exactamente por eso que no iré a cenar con él sólo para intentar superar a Edward. No quiero usarlo así.
—¿Pero tal vez no puedes superarlo porque no has dejado entrar a nadie más? Una cita con un chico lindo como Freddy podría hacer que comprendieras que hay hombres buenos allá afuera. —Era tan persistente como Freddy—. ¿Qué daño puede hacer una cita?
—Déjalo, Emily —dije y asintió—. Sólo quiero disfrutar de este viaje sin las complicaciones que los chicos traen a la ecuación. Todos son parte de un enorme problema de álgebra que no se puede resolver y yo apestaba en álgebra en la escuela.
—Considera el tema terminado.
Nos estábamos quedando en un hotel extremadamente deteriorado de Venecia – por mucho era el peor hospedaje, pero a ninguna de nosotras le importaba lo suficiente para gastar el dinero que teníamos en mejores alojamientos, teníamos demasiadas cosas que ver y hacer en las que sería mejor gastar nuestro precioso dinero.
—Entonces, para la cena de esta noche tenemos… fideos con pollo o como comida especial… ¿fideos con pollo? —le puse los dos paquetes a Emily frente a la cara y se rio—. Dios, mataría por una Big Mac justo ahora. Podríamos…
—No, Bella. —Emily meneó la cabeza—. No vine aquí a dormir en un agujero como este para comer Big Mac. Te compraré diez de esas jodidas cosas cuando regresemos a casa, pero hay que guardar nuestro dinero para poder comer en un verdadero restaurante italiano durante nuestra última noche aquí, ¿de acuerdo?
—Veinte —le dije—. Quiero veinte Big Mac cuando regresemos a casa.
—Trato.
xxx
la mañana siguiente mientras me esforzaba en limpiar las mesas luego del pico de gente en el desayuno, escuché a dos de las meseras hablando sobre algo que las tenía emocionadas a ambas. Había captado un poco de italiano durante las últimas semanas, pero ambas estaban hablando demasiado rápido para que entendiera lo que estaban diciendo. Escuché la palabra amore y asumí que era algo relacionado con la cafetería.
—¿Qué les pasa a esas dos? —me preguntó Emily y me encogí de hombros.
—No tengo idea, estaban hablando demasiado rápido para poder escucharlas. —Las vi mirando algo en un iPad y luego se volvieron a emocionar por eso—. ¿Quieres limpiar la mesa o la máquina de cappuccino?
—Tú limpia las mesas; siempre te dejo la máquina para que la limpies. —Sonrió y me apresuré en irme antes de que pudiera cambiar de parecer.
En lugar de limpiar la máquina, Emily se acercó a las dos chicas.
—¿Qué están viendo?
Heidi, una de las meseras, suspiró soñadoramente y dijo:
—La cosa más dulce del mundo.
—¿Por qué? —preguntó Emily y la otra chica, Giovanna, también soltó un suspiro soñador.
—Es un vídeo de un hombre que quiere decirle a la chica que perdió que la ama… hermoso y romántico. —Sacó el iPad de su bolso—. ¿Quieres verlo?
—¿Y deprimirme porque nunca encontraremos un hombre así en la vida real? Claro, ¿por qué demonios no? —Emily se rio—. Oye, Bella, ¿vienes a verlo?
—No, gracias —murmuré—. Lo último que quiero ver ahora es a un hombre haciendo una declaración de amor.
—Pero es muy romántico, Bella. Si pudieras verlo… ver lo mucho que la extraña. Desearía que mi novio me amara así. —Heidi me miró expectante, pero negué otra vez con la cabeza.
—No, estoy bien. —Me ocupé limpiando con fuerza las marcas imaginarias en la mesa.
Si había un hombre que quería publicar un vídeo en internet sólo para decirle a una chica que la amaba, ¿por qué demonios fue tan difícil para mi hombre admitirle a la gente con la que trabajaba que me amaba?
—Vamos, Bella, no seas un Scrooge* del romance y ven aquí —me dijo Emily, pero otra vez me negué—. Mira, incluso Freddy, un chico, quiere verlo.
Volteé sobre mi hombro y efectivamente Freddy estaba amontonado alrededor del iPad con Emily y las otras dos.
—Me decepcionas, Freddy —bromeé; alzó la vista y me guiñó.
—Estoy buscando consejos… ¿tal vez pueda probarlos más tarde contigo?
Me reí para mí y me puse los audífonos, no quería escuchar más de su embelesamiento mientras veían. Había comenzado a cantar junto con la canción menos romántica que tenía en mi teléfono cuando Emily gritó tan fuerte que tiré la bandeja de platos que llevaba hacia mi carrito.
—Emily, ¿qué demonios? —grité y luego gemí por el desastre en el piso—. Genial.
—Oh mi jodido Dios, Bella, tienes que ver esto ahora. —Me miró con ojos llenos de asombró.
—No, lo que tengo que hacer es limpiar este desastre antes de que me despidan o me cobren los daños. —Me agaché para empezar a recoger los pedazos de porcelana.
—Yo pagaré por los daños y limpiaré el desastre… confía en mí, Bella, mira esto. —Se acercó a mí con el iPad en su mano—. Justo ahora.
—No, Emily —argumenté—. No quiero verlo… ¿Por qué demonios querrías que viera a un hombre hacer exactamente lo que Edward no pudo hacer por mí?
—Hazlo por mí, Bella. ¿Por favor?
Me ofreció el iPad y vi algo en su cara que me hizo estirar la mano y tomarla. Al mover mi dedo para darle clic en el botón de reproducir, ella me detuvo.
—De hecho, esta es el iPad de Heidi y no puedo permitirme comprarle una cuando la tires, así que mejor deberías sentarte. —Me llevó hacia otra mesa y me empujó a una silla—. Bien, ahora dale en reproducir.
Los otros se habían acercado a nosotras, completamente confundidos por la reacción de Emily.
—¿Qué pasa? —preguntó Heidi, pero Emily sólo sacudió la cabeza.
Le fruncí el ceño una vez más antes de regresar mi atención a la pantalla y darle reproducir. Durante unos segundos no se veía nada más que una pantalla negra y justo cuando estaba a punto de preguntar qué se suponía que estaba pasando, apareció una cara y entendí inmediatamente por qué Emily creyó que era mejor que me sentara para ver esto.
La cara de Edward me regresaba la mirada y se veía tan atractivo como recordaba… incluso más al verlo en tiempo real y no en un recuerdo manchado que mantenía oculto. Estaba en su escritorio, pero llevaba la corbata suelta y el primer botón desabrochado – un aspecto desaliñado para él en la oficina.
—¿Qué es esto? —dije con voz ahogada y Emily sonrió.
—Hasta ahí llegué antes de empezar a gritar.
Si era bueno ver su cara, escuchar su voz lo llevó a un nuevo nivel. No tenía idea de qué estaba pasando, pero de ninguna forma podía dejar de escucharlo ahora – de ninguna maldita manera.
—No tengo idea de cómo hacer esto o si al hacerlo tengo oportunidad alguna de redimirme, pero de cualquier forma aquí voy. Hace un año creí que estaba en el camino correcto para conseguir todo lo que alguna vez había querido. Tenía un trabajo que creía querer más que nada en el mundo, tenía el carro que siempre soñé tener y más importante para mí, nunca fallaba en nada. Me había demostrado a mí mismo que no era mi padre, no iba a derrumbarme y decepcionar a la gente; iba a tener éxito sin importar lo que se atravesara en mi camino.
—¿Su padre? —preguntó Emily, pero no podía decir nada.
—El fracaso. Era la única cosa que me daba miedo; de hecho, me aterraba. Verlo perder el control de esa forma fue su mayor fracaso y el pensar que eso me podría ocurrir me paralizaba; en ciertas formas, todavía me afecta. Me esforcé en la escuela y universidad, me aseguré de ser quién consiguiera los ascensos, y tenía éxito en todo lo que hacía.
Estaba paralizada, en este momento nada podría hacerme ver otra cosa aparte de su cara… a pesar de que era una grabación, podía notar que era el Edward que yo conocía el que estaba hablando y no había rastros del Cara de Pito por ninguna parte.
—Luego tú entraste en mi vida… en realidad, caíste en ella y desde la ventana de un baño, ni más ni menos. Eso fue todo lo que se necesitó para causar un enorme desastre en mi vida. Desde ese segundo, fuiste lo único en lo que pude pensar y sigue siendo así hasta el día de hoy… justo en este momento. Tú sola cambiaste lo que creía que era importante y ahora que no estás, ahora que estás a miles de millas de distancia, me he dado cuenta que lo único que me aterra es pensar que pude haberte perdido para siempre.
Escuché a Emily sollozar a mi lado y supe que una palabra de su boca o de la mía abriría las compuertas a mis propias lágrimas. Las contuve y seguí escuchando.
—No tengo idea de si esto va a funcionar, pero tenía que hacer mi mejor esfuerzo. La última vez que te vi me dijiste que querías a alguien que te amara lo suficiente para decírselo a todo el mundo y esta es la única forma en que puedo pensar para hacerlo. Señorita Isabella Swan, originaria de Forks, Washington y ahora sin domicilio fijo en Italia, te amo. Amo tu calidez, tu tenacidad y tu sonrisa. Amo cómo tus ojos dicen mil palabras sin que una sola palabra escape de tu boca. Amo cómo has puesto mi vida de cabeza y ni siquiera tenías idea de que lo estabas haciendo. Te amo, Bella. Te amo más que a nada en mi vida. El trabajo perfecto, la casa perfecta, el auto perfecto… todo está vacío y no vale nada sin ti para compartirlo y no quiero nada de eso sin ti. Tú eres todo para mí.
Ya no había forma de detener las lágrimas, estaban cayendo por mis mejillas y sin importar cuánto me limpiara la cara, estaba peleando una batalla perdida.
—Esta es mi carta de renuncia —dijo Edward, agitando un sobre en su mano, y jadeé—. Para cuando veas… si ves… este vídeo, estaré en Italia esperando algo de ti. Un mensaje, una llamada… lo que sea. Sólo dime dónde estás y estaré ahí esperándote.
—Oh Dios mío, Bella —chilló Emily.
—Tengo que pedirle un favor a quien quiera que esté viendo este vídeo: compártelo, envíalo por correo, envíaselo a la persona que conozcas que viva más lejos de donde estás. Pídeles que hagan lo mismo y entonces tal vez, solo tal vez, pueda conseguir que suficiente gente lo vea para demostrarle a ella que no me importa quién sepa sobre nosotros. Quiero que todo el mundo sepa que la amo y que quiero pasar el resto de mi vida con ella.
La pantalla se puso negra y me quedé ahí sentada en completo shock.
—¿Eres su Bella? —preguntó Heidi y Emily asintió—. Oh Dios.
—Yo no… él… —cerré la boca otra vez y Giovanna se inclinó sobre mí.
—Mira los comentarios —dijo y señaló los cientos de comentarios que habían dejado la gente que había visto el vídeo—. Todos dejaron un mensaje diciendo de dónde son y luego lo compartieron.
—Seattle, Houston, Montreal… Londres. Francia, Finlandia, Australia, ¡y muchos más! Oh Dios mío, Bella, se lo dijo al mundo entero. —Emily me abrazó, yo seguía congelada en mi lugar—. Miles de personas han visto esto… ¡mira lo que hizo!
Asentí una vez, seguía incapaz de hacer nada más que quedarme ahí sentada y mirar fijamente mientras asimilaba todo. Había hecho lo que le dije que quería. Intentó decirle al mundo que me amaba y era más de lo que alguna vez pensé que estaría dispuesto a hacer.
El problema era que estaba teniendo dificultades para decidir si esto cambiaba algo en realidad. ¿Este gran gesto, tan romántico y valiente como había sido, compensaba lo que había hecho en Seattle? La traición todavía dolía y no estaba segura de si el vídeo era suficiente para borrar eso.
Después de quedarme ahí sentada en silencio por un largo tiempo, respiré profundamente y me paré.
—Necesito volver a trabajar —dije tranquilamente.
—¿Qu… qué? —tartamudeó Emily y me agarró los hombros—. ¿Acaso no viste el vídeo?
—Lo vi y necesito tiempo para procesarlo, Emily. —Fui a la trastienda a sacar la escoba para limpiar el desastre del piso y ella me siguió con incredulidad.
—¿Procesarlo? Bella, le dijo a todo el mundo que estaba enamorado de ti. Le dijo a todo el mundo que te amaba más que al trabajo, la casa, más que a nada. ¿En serio no harás nada al respecto?
—No sé. —Suspiré—. Necesito pensarlo sin todos los gritos y el romanticismo. Me lastimó, Em, de verdad me lastimó y no sé cómo dejar eso atrás.
Se apartó con un asentimiento y durante el resto del día me dejaron sola con mis pensamientos. El vídeo se repetía constantemente en mi cabeza y literalmente no pensé en nada más durante los siguientes dos días.
Cada noche antes de dormirme, lo veía una y otra vez, en cada ocasión tecleaba un mensaje que sólo él entendería, pero nunca lo envié. La oportunidad de hacer funcionar nuestra relación estaba en mis manos y no tenía idea de cuál era la decisión correcta.
—Renuncié a la cafetería esta noche —le dije a Emily cuando caminábamos a casa y se dio la vuelta para verme.
—¿Por qué? Todavía nos faltan cincuenta euros de nuestro objetivo para pasear por dos semanas.
—Sé que no hemos visto mucho de Venecia, pero no puedo quedarme aquí, Emily —dije con tristeza—. Después de ese vídeo, él es todo en lo que puedo pensar, y sólo quiero disfrutar el viaje. No tendré esta oportunidad de nuevo.
—Dejar la ciudad no significa dejar atrás tus pensamientos, Bella. Te seguirán a dónde vayas y cuando sea. —Apretó mi mano—. Si quieres irte, entonces te apoyo, sin hacer preguntas, pero no intentes huir.
—No lo hago, sólo necesito estar en un lugar diferente.
Sonrió.
—Bien, entonces mañana empacamos nuestras cosas y nos dirigiremos a la terminal de autobuses. ¿A dónde ahora?
—A donde quieras —le dije y se golpeteó el mentón con un dedo.
—Te diré algo —dijo y comenzamos a caminar otra vez tomadas del brazo—. Iremos a la estación a medio día y nos dirigiremos directo al aeropuerto. Ahí veremos cuál es el siguiente vuelo y tomaremos ese, ¿qué te parece?
—Suena perfecto —dije y sonrió.
—Oye, necesito la laptop esta noche, así que no la acapares reproduciendo el vídeo de Edward, ¿de acuerdo?
Acepté con reticencia. No quería hacer nada más que ver el vídeo una y otra vez, pero no podía enfrentar la idea de hacerle saber que lo había visto. Él me había roto una vez y todavía no me había recuperado. No tenía idea si, después de eso, quedaba algo de mí que él pudiera amar.
xxx
La mañana siguiente vi el vídeo por última vez antes de empacar nuestras cosas. Todavía seguía sin estar cerca de contactar a Edward, no sabía qué era lo mejor que podía hacer. En lugar de eso, me concentré meramente en la siguiente parte de mi aventura y me pregunté dónde terminaríamos Emily y yo.
Florencia, Roma, Toscana… había muchos lugares que nos faltaban por ver.
Llegamos a Piazzale Roma con veinte minutos de sobra y Emily me dijo que esperara mientras ella compraba los boletos. La noté mirando a su alrededor cuando volvió conmigo y siguió haciéndolo mientras caminábamos hacia el autobús.
—Ven, tomemos nuestros asientos —dije, pero me detuvo.
—No, está muy agradable el día. Todavía faltan diez minutos para que salga, tenemos suficiente tiempo. —Estaba tramando algo, sólo que no tenía idea de qué.
—¿Qué te pasa? —pregunté e intentó actuar inocente.
—Nada, sólo quiero disfrutar del sol por unos minutos. —Alzó la cara al cielo como para demostrar su argumento, pero en pocos segundos ya estaba mirando otra vez a su alrededor.
—Emily, ¿qué está pasando? —presioné y vaciló—. ¿Qué hiciste?
—Yo… um… bueno, es qué pensé… así que…
—¿Tú qué?
Estaba a punto de hablar de nuevo cuando miró detrás de mí y agitó nerviosamente la mano.
—No estaba segura de que vendrías.
—¿Dónde más podría estar?
Apreté los ojos e intenté fingir que no lo había escuchado. En vídeo podía pretender que él estaba a miles de millas de distancia e intentar esconderme, pero escucharlo tan cerca, saber que él estaba tan cerca, era algo de lo que no podía escapar.
—Supongo que te esperaré en el autobús. —Emily se quedó ahí torpemente, luego añadió—. Aquí está tu boleto… puedes pagarme después.
—Gracias, Emily —dijo amablemente; yo seguía sin girarme—. ¿Cuánto tiempo tengo?
—Ocho minutos.
Cuando abrí los ojos ella ya no estaba y Edward estaba parado frente a mí. Se veía tan diferente y tan… poco Edward. Estaba usando bermudas, una camiseta blanca y tenía una mochila de lona colgada al hombro. Llevaba el cabello más largo que cuando me fui y completamente caótico con mechones despeinados por todas partes, pero sus ojos eran los mismos. Profundos y cautivadores, más ahora de lo que recordaba, y lo veía más claro en este momento de lo que había visto en el vídeo. Este era Edward, todo el Edward del que me había enamorado y al que había extrañado tanto estos últimos meses.
—Bella —susurró y sacudí la cabeza.
—No… no puedo hacer esto… yo sólo… —cerré los ojos de nuevo y me tensé cuando se acercó un paso a mí—. Lo siento, no puedo hacer esto otra vez.
—No merezco pedirte ni una sola cosa, Bella. Sé que no merezco tu confianza ni tu amor, pero te las pido de todas formas porque necesito tenerte en mi vida… necesito ser parte de tu vida. Decía de verdad cada palabra en ese vídeo, y me niego a dejar que te vayas otra vez. —Se acercó otro paso y retrocedí—. Por favor, Bella.
—¿Por qué? —le pregunté con desesperación—. ¿Por qué esta vez sí funcionaría? Chocamos y nos incendiamos, Edward. No podemos arreglar eso.
—Entonces no lo arreglaremos —dijo, agarrando mi mano y sosteniéndola con fuerza contra su pecho—. Sé que no puedo reparar lo que rompí, Bella, pero ¿y si lo reconstruimos?
—¿A qué te refieres?
—Empezamos desde cero y nos aseguramos de hacer bien las cosas esta vez. Nada de escondernos, nada de juegos, ni comportamiento de cabrón de mi parte. Sólo dos personas conociéndose otra vez; dos personas enamorándose otra vez. —No había nada en su cara que me hiciera dudar de él, pero seguía vacilando—. Sé que lo que hice fue la peor traición, pero por muy horrible e infame que fue ese error de mi parte, creo que resultó ser el mejor error que he cometido jamás, Bella. Perderte me dio una claridad que nunca esperé. Sabía que te amaba antes de todo esto, pero estos últimos meses me di cuenta que las cosas en las que había puesto un gran valor, las cosas que siempre creí querer no importaban sin ti. Crecí convencido de que necesitar a alguien y depender de alguien era una señal de debilidad; un defecto en alguien que destruiría todo lo que había construido a su alrededor. No quería resultar igual que mi padre, no quería fallarle a nadie como él nos falló a mi madre y a mí, pero luego me di cuenta que al ser cómo era de todas formas fallé. Te fallé a ti, Bella, de la peor forma posible, y estoy muy arrepentido por eso.
Me quedé ahí parada, llorando de nuevo, pero esta vez no sabía si eran lágrimas buenas o malas. Este era el momento para decidir, de una forma u otra. Irnos juntos o irme sola… y era yo quién debía elegir.
—Signora, por favor… ¿se va o se queda? —el chófer se veía ansioso conforme avanzaban los segundos, la partida acechaba más cerca. El autobús se iría de una forma u otra, pero la presencia de Edward dependía de mí.
—Ya voy —murmuré y me subí al autobús, mirando a Edward que seguía parado en la banqueta. Me miró, esperándome, y me congelé.
El chófer se inclinó y le hizo un gesto a Edward.
—Signore, por favor, ¿se queda?
—No lo sé —dijo Edward con voz ronca y me miró suplicante una última vez.
—¿Signora, por favor? —se quejó el chófer—. Vamos tarde, por favor… ¿él viene o se queda?
Miré al chófer y luego a Edward, intentando imaginar mi vida sin él. ¿Podría hacerlo? ¿De verdad quería eso incluso después de todo? La respuesta era obvia; lo amaba a pesar de todo y simplemente tenía que intentarlo.
—Viene —dije en voz baja y vi una enorme sonrisa llena de alivio y euforia formarse en su cara—. Él viene.
Edward…
Esta vez no nos romperé. Te lo prometo, Bella, llegó el momento.
*Ebenezer Scrooge es el nombre del protagonista de la novela de 1843 Cuento de Navidad de Charles Dickens. Al principio de la novela es un hombre de corazón duro, egoísta y al que le disgusta la Navidad, los niños o cualquier cosa que produzca felicidad.
