Capítulo 12
Cuatro semanas después
Me despertó la opresión que provocaba el miedo. Volvería al servicio activo por la mañana, lo que significaba que era nuestro último día juntos y luego nos esperaban más de diez largos meses de separación. El SAS fletaría un avión con destino a Afganistán veinticuatro horas después. Yo iría en él, pero mi corazón se quedaría en Londres con Temari.
Las últimas horas habían sido una maratón de altibajos emocionales y... de sexo. La necesidad de reclamarla una y otra vez era imparable; me resultaba imposible soportar la idea de renunciar a ella.
—¿Cómo voy a ser capaz de despedirme de ti en la estación por la mañana? —me preguntó en voz baja mientras me acariciaba el pecho.
—No sé cómo voy a poder alejarme de ti. Solo sé que si no me ayudas a ser fuerte, en el SAS se van a encontrar con una deserción.
—Eso suena muy mal. —Subió la mano hasta mi boca y dibujó el trazo de los labios con un dedo.
—Es que ausentarse sin permiso es algo muy malo.
—Me ha llegado por fin la carta de la Oficina Internacional de Colocaciones. Llevaba tiempo esperándola. Hay una plaza para mí en Italia. Había decidido convertirmeau pair antes de que vinieras de permiso, ya sabes que estaba estudiando francés e italiano en la escuela, ¿verdad? Bueno, pues me apunté a algunos cursos para poder desenvolverme con la familia que me tocara cuando llegara el momento y...
—No. No quiero que te vayas. —Me acerqué y la abracé—. Por favor, prométeme que no irás a Italia.
—¿Por qué, Naruto? Solo es trabajo. —Sus ojos encontraron los míos—. Así estaré ocupada mientras estás fuera, se me hará más corto el tiempo. Será terrible quedarme aquí sin ti.
Solo me faltaba que algún rico conde italiano o un playboy cualquiera fueran a por ella cuando la vieran.
—Solo serán diez meses, mi preciosa chica. Solo te pido eso. Entonces volveré a casa y podremos irnos a donde quieras... Por favor, espérame aquí. No puedo soportar la idea de que no estés esperándome. Sé que es mucho pedir, pero quiero que te quedes aquí, donde sé que estarás a salvo y donde tu familia te ayudará si... si pasa algo.
—¡No va a suceder nada! —aseguró con firmeza. Todo irá bien, Naruto. —Suavizó su mirada verde azulada y sonrió—. Vale, no iré a Italia si tan importante es para ti. Buscaré trabajo en la ciudad.
Seguramente habrá alguna empresa que necesite a alguien que hable francés e italiano.
—Gracias. —Respiré aliviado antes de recorrer de nuevo su cuerpo a besos, tirando de la sábana con los dientes. La tela desapareció, dejando al descubierto la hermosa forma de su figura en toda su gloriosa desnudez.
—Tengo que sacarte una foto así, tal y como estás ahora —suspiré.
Ella abrió los ojos, pero luego se relajó, como si se lo hubiera pensado y decidiera que yo no era un pobre tipo patético, sino un hombre enamorado que trataba de aferrarse a ella de cualquier manera posible.
—De acuerdo —me lo permitió con timidez—. Puedes sacarme una foto.
Así que enfoqué algunas imágenes de mi preciosa chica desnuda para llevármelas a la guerra conmigo. Aquellas fotografías me ayudarían a recordar lo sexy, hermosa y generosa que era; cómo sonreía y cómo hablaba; su olor a flores, y que parecía una diosa griega. Sí, así estaría conmigo cuando estuviera a solas con mis recuerdos... y mi mano.
.
.
.
Temari había salido a comprar los alimentos para la cena mientras yo terminaba de hacer mi equipaje. Ella mantendría el piso en orden y también usaría mi coche mientras estaba fuera. Me encantó la idea de que ella permaneciera en mi casa, aunque yo no estuviera con ella. Sería de gran ayuda saber que estábamos juntos incluso a pesar de la distancia.
Sonó el timbre y me pregunté quién podría ser. No tenía que despedirme de nadie importante. Mi padre sabía que me iba y se había despedido por correo electrónico, típico de él. Nos comunicábamos a través de la palabra escrita, no del teléfono, y rara vez en persona. Por lo general me decía que fuera a su casa si quería verme, aunque yo no me sentía bien recibido allí, así que así estábamos.
Gaara y su madre habían organizado una cena de despedida para mí y había conversado con mi amigo sobre Temari. Le había pedido que cuidara de ella en mi ausencia, lo más importante era que mantuviera al capullo de Ōtsutsuki alejado de ella. El resto de conocidos me había transmitido sus mejores deseos, quedando en invitarme a unas pintas a mi regreso.
Abrí la puerta y me encontré a Samui al otro lado. Agradecí que Temari no estuviera, ver a Samui en mi casa no le hubiera gustado nada. Nada de nada. Temari despreciaba a mi antigua novia y no había ocultado, desde el principio, que le resultaba una persona non grata. Sí, la comprendía, yo sentía lo mismo por Ōtsutsuki.
—¿Qué puedo hacer por ti, Samui?
Ella sonrió.
—¿Dónde has metido a la cría, Naruto?
—Eso no es asunto tuyo y se llama Temari, como bien sabes. —Ni siquiera respondí a su pregunta. No tenía sentido—. Mira, estoy muy ocupado con el equipaje, así que, dime, ¿qué quieres?
—Solo quiero lo que me debes legalmente.
Estoy seguro de que la mandíbula llegó a rozar el suelo.
—¿De qué coño hablas, mujer? Yo no te debo nada legalmente.
Justo en ese momento, Temari subió las escaleras con las bolsas de la compra y se topó con nosotros, enfrascados en la conversación. Samui se volvió hacia ella.
—Oh, bien, estás aquí. Sin duda tú también tienes que saber esto, muñequita. —Sacó un papel cuadrado del bolso y me lo tendió.
Lo miré. Sentí que se me paraba el corazón y que luego se aceleraba frenéticamente.
—¿Qué cojones es esto, Samui?
—Eso —dijo con dramatismo— es nuestro bebé, Naruto. Estoy de ocho semanas. ¿No es una ricura?
Miré a Temari, que se había quedado paralizada en el corredor con una bolsa en cada mano, escuchando cada venenosa palabra. Tenía la cara blanca como el papel.
—¡No! ¡Ni hablar, Samui! No es mío, ¿Temari? —Busqué sus ojos y supliqué —. Sunshine girl, por favor, no creas que...
Samui no me escuchó y siguió destilando bilis.
—Oh, claro que es tuyo, querido. ¿No recuerdas lo que ocurrió hace ocho semanas? Llegaste a casa después de tu largo y solitario viaje, y no pudiste quitarme las manos de encima. ¿No te acuerdas? Llevabas muchos meses sin estar con una mujer... y necesitabas desfogarte con urgencia. —Soltó una risita—. Bastantes veces. Que se rompan los condones es más frecuente de lo que parece.
—No... —Mi valor desapareció y el miedo tomó el control ante aquellas devastadoras palabras que aplastaban todo mi mundo. Había follado con Samui, y más de una vez. El día que regresé a casa fui directamente al pub y comencé a beber. Al poco rato, Samui se presentó allí y yo estaba lo suficientemente borracho y caliente como para tirarme a un troll. Y terminamos en su piso, víctimas de una maratón de sexo que no tenía nada que ver con los sentimientos. Le había dicho entre roncos gemidos que después no íbamos a estar juntos. Uno de los condones se había roto... Samui dijo que no me preocupara... ¡Oh, joder! ¡No!
Clavé la vista en la imagen en blanco y negro que me había entregado.
No podía ser mío. ¿Sería posible? ¿Qué significaría aquello para Temari? ¡Joder!
Samui se volvió y encogió los hombros mirando a mi chica mientras yo seguía mirando lo que tenía en la mano.
—Bueno, eso es todo lo que tenía que decirte, querido. Sé que te vas mañana y he pensado que deberías saber que vas a ser papá, así que cuídate mucho ahí fuera. Mantente vivo y todo eso. Ah, y mándame un cheque de vez en cuando, tengo que pagar las facturas, ya sabes, para poder cuidar de tu hijo, Naruto.
Después, Samui se marchó. Yo seguía mirando la ecografía mientras sentía que me ponía enfermo. No había dicho nada. No podía. No sé cuánto tiempo pasó, igual podían haber sido unos segundos como una hora, pero cuando levanté la vista, Temari se había ido. La única evidencia que demostraba que había estado presente para escuchar la confesión de Samui eran las dos bolsas que contenían nuestra cena y que había dejado en el suelo, justo al lado del último escalón.
Las horas que siguieron me parecieron algo salido de una película de terror. No pude encontrarla y no sabía dónde había ido. No respondía a mis llamadas ni a mis mensajes. Su madre me dijo que la había llamado para decirle que me había marchado un día antes y que se quedaría con una amiga del instituto. No mencionó su nombre. Gaara tampoco sabía nada de ella. Tanto su madre como su hermano estaban desconcertados por lo que estaba pasando y no podían ayudarme.
A mí se me acababan las opciones.
Me sentía desesperado y asustado. Recurrí a todos los trucos, tratando de conseguir un retraso en mi incorporación, pero no lo conseguí. Las órdenes eran tajantes; tenía que presentarme ante mi oficial a la hora prevista o sería arrestado y juzgado por un tribunal militar.
Esa noche fue una de las más largas y horribles que puedo recordar. No pude dormir esperando que apareciera o me llamara. Sin embargo, no lo hizo.
A la mañana siguiente me arrastré a la estación del tren sintiéndome una mierda, ya no me quedaba tiempo. Recorrí los andenes buscando un rastro de ella, con el corazón hecho pedazos y sin saber qué podía decirle, pero deseando tener una oportunidad de aclararlo todo, de decirle cuánto lo sentía y tratar de descubrir qué podíamos hacer. La amaba y no podía perderla. Quería encontrar la manera de que aquello funcionara.
Pero mi sunshine girl no estaba allí.
