No sabéis el tiempo que llevo delante de la pantalla para terminar de escribir este capítulo. Lamento haber tardado pero ya está aquí. Va quedando menos para que se acabe esta historia, espero que os siga gustando y que lleguéis hasta el final. Muchas gracias por las reviews, siempre me suben el ánimo :)

Ahora, a leer!


15

Emma estaba en una nube. No podía creerse todo lo que había pasado en apenas 24 horas. A Regina le gustaba ella. ¡A Regina! Después de tanto, tiempo, parecía un sueño.

Claro estaba, que no podía olvidarse de por lo que había pasado la morena. Nunca pasaría por alto que la agredieran, pero la felicidad de estar con ella era mayor al rencor que podía sentir por aquel grupo.

Agradecía que August hubiese vuelto al campus antes de tiempo, porque si no ya se habría enterado de todo y no lo quería husmeando en su vida. No todavía. Pero tenía que contárselo a alguien urgentemente, y ese alguien sólo podía ser Ruby.

"Rubs, tengo que contarte algo importante", escribió a su amiga por whatsapp, dejando escapar una risita al pensar en cómo la haría sufrir hasta el día siguiente.

"QUÉ COSA EMMA SWAN?", respondió su amiga al poco tiempo.

"Podemos vernos mañana por la mañana?", preguntó, segura de la cara que estaría poniendo en ese momento su amiga.

"No te soporto. Mañana te quiero en Granny's a las 10, y te haré sufrir con un desayuno enorme", escribió Ruby. Emma rió.

"Eso no es hacerme sufrir", contradijo, las dos sabían muy bien que la rubia comía por dos o por tres, lo que hiciese falta.

"Créeme que sí, Swan."

Aquellas últimas palabras sonaron a amenaza de verdad. Sabía que Ruby era impaciente y que iba a imaginarse millones de escenarios que podrían ser aquello que le tenía que contar. Ya podía imaginársela interrumpiéndola para intentar adivinar qué era.

Al día siguiente, se levantó temprano y se dirigió a la cafetería. A las 10 en punto estaba cruzando la puerta cuando una chica alta morena se abalanzó sobre ella.

—Espero que no me decepciones porque he perdido un descanso extra para atender al cien por cien a tus palabras, sucia Swan —la saludó Ruby, antes de acompañarla a su mesa. Como había prometido, el desayuno era un banquete.

—¿Esperas que me coma todo esto? —preguntó la rubia, pues esta vez sí era demasiado.

—Te lo dije anoche. Te iba a hacer sufrir.

—Está bien, está bien. —dijo Emma, riendo. —Lo intentaré.

—Bueno, ¿vas a empezar ya?

—Sí, claro.

—¡No, no! —la interrumpió Ruby — Déjame adivinar. Tiene que ver con Regina, evidentemente.

Emma asintió. Entonces Ruby bajó la voz y afirmó:

—Os habéis liado. Dime que sí, Em, por favor, es lo único que le he pedido a este curso.

—Sí. —confirmó Emma — Euh, me besó. Y me dijo que yo también le gusto. — continuó, poniéndose colorada.

—Emma — dijo Ruby, esta vez seria — Tienes que contármelo absolutamente todo, lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé, y te lo voy a contar.

Emma le contó la historia desde el principio, pero omitiendo los detalles detrás de por qué Regina había acudido a ella, poniéndole la misma excusa que al padre de la morena. Por lo demás, explicó cada cosa que había ocurrido como si la estuviera reviviendo.

—Entonces, ¿ya sois novias? — preguntó Ruby, emocionada.

—No…no lo hemos hablado todavía, la verdad. Tampoco sé si quiere que lo mantengamos en secreto o no, no lo sé…

En ese momento, el móvil de la rubia vibró. Al mirar la pantalla una sonrisa se asomó automáticamente en su cara.

—¿Qué? Es Regina, ¿verdad?

—Sí. Dice que quiere que vaya esta tarde a su casa. — explicó.

—Bien, eso significa que tendrás más cosas que contarme. Quiero enterarme de todas las novedades, como si fuera una serie diaria.

Emma rió.

—Te prometo que lo haré.

—Y… ahora tienes la excusa perfecta para preguntarle si quiere salir contigo, luego casarse y todo eso. Espero ser dama de honor.

Las dos chicas rieron, pues Ruby tenía una gran imaginación.


Llevarse bien —bueno, hablarse— con su madre de nuevo era algo que todavía parecía extraño. No llegaba a ser forzado, pero al haber pasado tanto tiempo sin siquiera dirigirle una mirada era…raro.

En su intento por retomar lazos, Emma decidió que la mayoría de las comidas las pasaría con ella. Así, la noche anterior habían cenado en silencio, pero la una en compañía de la otra. Entablar una conversación más allá de un "cómo has dormido" "cómo estás" o "voy a salir" era difícil.

Pero Mary Margaret lo intentó.

—¿Dónde has ido esta mañana? Ibas con prisa.

—Ah, había quedado con Ruby. Me invitó a desayunar en Granny's. —respondió Emma.

La conversación quedó ahí. Ninguna supo qué añadir o responder. Pero la curiosidad de la madre necesitaba ser saciada, así que continuó peguntando.

—¿Está Regina metida en problemas?

—Um, no. O eso creo. Fue un accidente puntual.

—¿Estás tú metida en problemas por ella?

—No. —negó enseguida la rubia — Este curso no me he metido en problemas, lo sabes. Y en parte es gracias a Regina. Estoy haciendo las cosas bien, mamá.

—Lo sé, Emma, pero aun así me preocupa…

—Mientras no recibas ningún aviso del director, todo está bien. Además, aprobé todo.

Mary Margaret sonrió, visiblemente más relajada. No del todo, algo le preocupaba y tenía que ver con aquel secreto que debía guardar tan bien. Aunque al menos, por el momento, parecía que no era nada grave.

—Por cierto, esta tarde voy a casa de Regina. —anunció Emma.

—De acuerdo. No te preocupes por mí si te invitan a cenar, ¿vale? Puedes quedarte.

—Vale, mamá. Gracias.

La palabra "mamá" sonaba mejor cada vez que la decía, y hacía sacar una sonrisa a las dos mujeres. Paso a paso reconstruirían la familia.


Regina, por su parte, no había podido parar de pensar en Emma. Aprovechó que su padre creyese que se sentía mal para pasar la mañana entera en su cama —algo inusual en ella—, pues todavía le dolía el cuerpo.

Pero no pretendía pasar el día sola, y con eso no se refería a que quisiese que su compañía fuesen Zelena o Henry. Ella tenía una idea mejor. Echaba de menos a Emma, y nunca le había pasado algo parecido. No así.

Por eso, cuando la rubia llegó y traspasó el umbral de su habitación, lo único que pudo hacer fue lanzarse a sus brazos para saludarla.

—Te eché de menos. —reconoció Regina, dándole un corto beso.

Para Emma todo eso era nuevo. Después de su turbulento año y de lo que había vivido antes de encontrar a Mary y a David, era difícil creer que alguien —más allá de su familia y de Ruby— la pudiese querer de verdad. Que la quisiese tanto como para echarla de menos cuando apenas habían pasado 24 horas. Y daba miedo, pero no tenía planeado echarse para atrás.

—¿Tan adictiva soy? —bromeó— Yo también te eché de menos.

—Sí. —respondió la morena— Mucho, y como ayer me cuidaste muy bien, quería que estuvieses conmigo hoy también.

Emma se rió. Regina la condujo a la cama y encendió la tele, eligiendo algo al azar. La verdad era que solo quería tener la compañía de la rubia, sin importar nada más.

—¿Cómo estás? ¿Te duele mucho? —preguntó Emma, acariciando suavemente a la otra.

—Estoy bien, me estoy tomando la medicina y no me duele mucho.

—Bien. Sabes que puedes llamarme si te pasa cualquier cosa, ¿verdad?

—Lo sé, Emma. —agradeció Regina— Sé que estarás ahí siempre.

—Sí…oye…

La película había quedado oficialmente en segundo plano, pues ninguna de ellas prestó atención en ningún momento. Toda palabra que se tuvieran que decir tenía prioridad absoluta. Y lo que la rubia tenía que decir en ese momento era muy importante.

—Hmm. —respondió Regina a modo de asentimiento, antes de acomodarse mejor contra ella y decirle que la estaba escuchando.

—No hemos hablado de esto y me gustaría…no sé, tenerlo claro.

—¿Qué es?

—¿Quieres…? No, ¿cómo te sientes…? No, a ver…

—Emma, puedes decirlo. No es como si te fuera a echar de casa o algo así. —bromeó la morena— Dime.

—Se lo he contado a Ruby. Ya sabes, tú y yo. Nosotras. Lo nuestro.

—¿Qué intentas decirme, Emma?

Regina ya sabía lo que quería decir la rubia. Lo sabía perfectamente, pero le encantaba hacerse la tonta. La otra chica estaba sufriendo, pero aun así quería que aquellas palabras saliesen de su boca.

—Que…si somos novias o qué somos. —respondió Emma, un poco avergonzadas— Dios, Regina, esto me parece surrealista.

—¿Por qué?

—Porque ni en mis mejores sueños te pedía que fueras mi novia.

—¿Eso significa que me lo estás pidiendo?

—Hey, deja de hacerme sufrir.

La morena se incorporó, miró a Emma, sonrió ampliamente y después se inclinó para besarla de nuevo. Esta vez no fue un beso casto, sino que lo profundizó y la rubia no opuso ninguna resistencia.

—Claro que sí, Emma Swan. Somos novias. ¿O creías que te iba dejar irte por ahí?

—Esperaba que no. —contestó Emma— Pero no está de más asegurarse.

Algo más calmadas, decidieron seguir disfrutando de hacerse compañía y atender algo a lo que estaban viendo en la televisión. Pero el silencio duró poco, ya que Regina no podía guardarse lo que le quemaba en el pecho.

—He sido incapaz de contárselo a Kat. —confesó.

—¿Por qué? —preguntó Emma, algo confundida— ¿Te da vergüenza?

—No —la morena negó con la cabeza—, no pienses eso ni por un momento Emma, pero…no sé. Creo que porque no quiero darle la razón. No tiene ningún sentido, no sé, pensaba darle la sorpresa cuando volviese.

—Entiendo… —la rubia quedó pensativa unos segundos— Eso significa que también querrías llevar lo nuestro en secreto, ¿no?

—¿Qué? No, para nada, no querría obligarte a que estuviéramos en secreto.

—¿Estás segura? Pero Mal, Úrsula y…—Regina la interrumpió.

—No me importa lo que vayan a decir, ellas no me importan. Yo…creo que ya se habrán quedado satisfechos después de lo de antes de ayer…y si no, no importa. No quiero que nos escondamos por miedo.

—Vale. Pero si vuelven a hacerte algo, no me voy a quedar sin hacer nada.

—Ya hemos hablado de esto. Nadie va a hacer nada, ¿ok?

Emma suspiró, en desacuerdo. Pero lo había prometido, y no quería perder la confianza de la morena.

—Entonces, si no quieres ocultarlo, Kathryn se enterará por otras vías. No va a volver hasta final de curso. Y si no se entera por ti va a ser peor, porque le habrás mentido…

—Tienes razón… —aceptó Regina— No me había dado cuenta de eso, y no quiero mentirle a Kat…le va a encantar escuchar que acertó en todo.

—Anda, no pasa nada. Estoy segura de que va a disfrutar de escuchar cómo caíste en mis brazos. —rió la rubia— A mí me gustaría escucharlo, pero ya lo sé.

—Eres demasiado pretenciosa, Emma Swan. Sabes bien que fue al revés.

—Ah, no puedo negarlo.

Las dos chicas rieron y terminaron de pasar una agradable tarde entre caricias, risas y besos.


Un par de días después, justo antes del fin de las vacaciones, Regina estaba aprovechando sus últimas 24 horas sin clase para desayunar más tarde de lo normal y tomarse el tiempo que necesitase.

—¿Regina? —dijo su hermana al entrar a la cocina.

—¿Hmm?¿Zelena? —fue su respuesta. No sabía lo que querría la pelirroja, pero no podía ser nada bueno.

—¿No tienes nada que contarme?

—No, nada de nada. —contestó, extrañada— ¿Tú no deberías haberte ido ya al campus?

—Sí, pero preferí alargar mis vacaciones unos días más. Pero no puedo irme sin que me cuentes sobre tu nueva relación. La verdad es que hacéis buena pareja. ¿Se lo confesaste tú o Emma se lanzó por segunda vez?

Regina suspiró, pero sonriendo. No podía ocultarle nada a Zelena.

—¿Cómo lo has sabido?

—Muy fácil. Estabas pegada al móvil, Emma está viniendo más que de costumbre, tienes una sonrisa tonta…

—Ah, Zel, no me digas esas cosas. ¿Tanto se nota?

—Demasiado.

—Siento no habértelo contado antes. No sabía cómo hacerlo.

—Era muy fácil. —la pelirroja se colocó en posición y empezó a imitar a su hermana— "Hola Zel, ¿sabes qué? Ahora Emma es mi novia."

La morena se sonrojó con violencia. A pesar de que todo aquello fuese verdad y ella fuese feliz con la situación, todavía le daba un poco de vértigo decir que Emma Swan era su novia. Suponía que era el miedo, pero el miedo bueno que te impulsa a lanzarte por las cosas que quieres.


Había llegado la hora de la verdad. No podía —no debía— aplazarlo más. Había quedado en que hablaría con Kathryn y ahí estaba, frente al ordenador, esperando a que su amiga se conectase.

—Kat. —saludó con una sonrisa — Me alegro de verte.

—¡Hacía tanto tiempo que no hablábamos! —respondió su amiga, emocionada— He estado más ocupada durante las vacaciones que durante el curso. La familia me ha llevado a todo tipo de sitios, y Frederik también. Es increíble.

—Me alegro mucho, Kat. Yo también echaba de menos hablar contigo.

—¿Y tú?¿Alguna novedad?

—Quería darte la sorpresa, pero alguien me ha convencido de contártelo ya. Tenías razón.

—Yo siempre tengo razón, querida. ¿Pero en qué? —la rubia se quedó en silencio un momento, como si estuviera analizando todas las posibilidades — EMMA SWAN. TIENE QUE SER ESO.

—SÍ. —admitió Regina, sonriendo— Empezamos hace unos días.

—Tienes que contármelo todo ya.

Tras una larga charla con su mejor amiga y después de contárselo todo, se sentía mucho mejor y sobre todo, más segura en cuanto a cómo llevar su relación con Emma en público. Kat la había animado mucho y sus palabras siempre hacían que se le subiese el ánimo.

Al día siguiente llegaría la verdadera prueba. El primer día de clase después de las navidades. El primer día que se volverían a reunir todos…después de unas vacaciones llenas de cambios.


Espero que os haya gustado! Nos leemos en el próximo capítulo :)