Sueños
Las pesadillas volvían, siempre lo hacían, eran ecos de dolor y miseria, como siempre, a veces como fogonazos aparecían los rostros de sus padres. El sudor y los escalofríos comenzaron a inundar el cuerpo de Ben Solo y sin que él se diera cuenta comenzó a chillar.
Hacía mucho tiempo que Rey no tenía un sueño tranquilo, desde que salió de Jakuu concretamente, bien por las constantes idas y venidas con la resistencia y en los últimos meses y semanas gracias a Ben que había logrado colarse en su mente y en su alma. No quería reconocer que se había escapado unas cuantas noches a su habitación, su dolor la llamaba y había descubierto que solo con su presencia podía calmarlo. Repentinamente oyó un grito de dolor de la habitación de al lado, saltó de la cama corriendo para ir en su búsqueda.
La tenue luz de la luna se colaba entre las vibrantes cortinas para iluminar de forma delicada la habitación. Allí estaba él, con el pecho descubierto y sudando, luchando por respirar, sus puños se aferraban a las sábanas y su cara era de horror. Rey saltó a la cama y acunó su cara mientras que con la otra mano sentía el pulso de su corazón.
-Ben, estoy aquí, no es real. ¡Ben por favor despierta! - Rey le intentó mover mientras pronunciaba estas palabras, pero él parecía estar sumido en la más profunda de sus pesadillas.
Entonces Rey colocó sus manos en torno a la cabeza del pelinegro, debía ir más allá para transmitirle que no estaba solo, que estaba con él.
-Ben, escúchame, estás a salvo, vuelve conmigo por favor. - Las palabras de Rey sonaron como un ligero eco que hizo que el corazón de Ben Solo sonriera. Como siempre ella era la luz que llegaba para salvarle. Abrió los ojos y la vio encima de él, con cara de preocupación e inconscientemente su boca también sonrió mientras agarraba sus muñecas y la acomodaba en su pecho y entonces volvió a caer en un sueño profundo.
Rey se asustó cuando Ben la miró a los ojos para luego derretirse con su sonrisa. No luchó cuando él la acomodó en su abrazo para volverse a dormir, ¿por qué no podía ser todo tan fácil? En ese instante, justo en ese instante sin pensar en nada más se sentía plena, completa y también cayó presa del sueño.
Amaneció en sus brazos como no podía ser de otro modo, pero no estaba de nuevo preparada para enfrentarlo así que se desprendió de sus brazos para marcharse en silencio como una cobarde.
Hacía tiempo que no dormía así, era como si le hubieran drogado, en realidad se sentía renovado. Al despertarse inconscientemente buscó algo con sus manos, le faltaba algo en la cama y de pronto los recuerdos volvieron a su mente: ella había estado con él. Recordó la pesadilla y vio su cara, ¡sí! Ella había venido a consolarlo y se durmieron abrazados, pero ¿dónde demonios estaban? Ahora lo entendía todo: ella era la que le había producido esas sensaciones, ella era la que había calmado sus pesadillas y hasta ese momento no se dio cuenta de qué manera la necesitaba en su vida.
El comunicador de Rey sonó alto y claro:
-Hola Rey, ¿estás ahí? Soy Leia, por favor, infórmame, ¿cómo está Ben? ¿Cómo estás tú? -
Rápidamente Rey corrió para contestar: - Hola general. Ben está prácticamente recuperado. Ahora no sé, no sé muy bien qué va a pasar. Yo...no he podido hablar con él sobre..., no sé qué intenciones tiene sobre...- y en ese momento se le atragantaron las palabras.
Ella no podía pensar en que él volviera a la Primera Orden, a ser de nuevo enemigos cuyo fin último fuera acabar el uno con el otro, a estar condenados a odiarse y más cuando ella ya había entendido que estaba ligada a él sin condiciones.
-Rey, por favor, entiende que solo depende de él tomar esa decisión. Creo que puedo entenderte, pero el trato era que cuidaras de él mientras se recuperara. Yo también espero que este tiempo le sirva para reflexionar, pero la resistencia te sigue necesitando. Les conté a todos que te envié a una misión especial en el borde exterior, pero todo el mundo pregunta y el tiempo se agota. Infórmame en unos días, prepararé todo para tu vuelta. - Concluyó Leia.
-Gracias, le mantendré informada. - Y Rey cerró la conexión.
El tiempo se agotaba, podría estirar esta burbuja como mucho un par de días más y se acabaría, todo volvería a estar como antes si eso era posible. Ella no creía estar preparada, era demasiado dolor, demasiado agotador el luchar contra algo inútil. Ella no podría vivir sin él a su lado, pero ¿estaría él dispuesto a dejarlo todo por ella? Toda su vida había luchado y matado por ser mejor que su abuelo y ahora gobernaba toda la galaxia conocida, ¿quién era ella? Una simple chatarrera.
Tenía que romper el vínculo, sino no sería capaz de seguir adelante y el único que sabía algo de lo que les estaba pasando era él.
El entrenamiento la ayudaba a concentrarse y alejarse del resto de sus problemas, la ayudaba a cansarse y el sentir de sus músculos y su respiración agitada eran, en parte, un gran alivio. Afortunadamente encontró una gran sala en el palacio muy bien iluminada y con suficiente espacio como para entrenar libremente, probablemente en el pasado había sido una imponente sala de baile.
El báculo cortaba el aire y las sacudidas eran veloces, los movimientos de Rey se habían perfeccionado con el tiempo y ahora era capaz de seguir su instinto, la fuerza fluía perfectamente a través de ella. Es por ello que no se sorprendió cuando vio parado a Ben en una de las grandes puertas que concedían acceso a la gran sala.
Tenía un halo de depredador en su mirada, la camisa blanca arremangada y abierta mostraba el comienzo de su pecho, mientras que los pantalones negros ajustados y las botas le conferían ese aire de "traficante espacial", era inevitable pensar en Han.
Él comenzó a acercarse con aire sibilino mientras que con la fuerza atrajo una de las espadas de madera de entrenamiento.
-Jedi, ¿Crees que ya estás lista? ¿Qué ya no necesitas un maestro? - La sonrisa pícara de Ben Solo acompañó sus palabras.
Rey estaba intentando mostrarse impasible, aunque su corazón comenzaba a bombear con fuerza.
-¿Me estás retando? - Contestó agudamente Rey.
Ben asumió la posición de combate, - Veamos qué más sabes hacer -
Rey no quería anticiparse y movía ligeramente su báculo en círculos mientras comenzó a caminar acercándose a Ben, esperando que él diera el primer paso, y así fue. Sin contemplaciones el hombre de cabello negro embistió con la espada contra su oponente que lo rechazó de forma enérgica con su báculo. Ambos se retiraron con un paso hacia atrás y ahora fue la jedi la que con un salto en el aire y girando sobre sí misma cayó sobre Ben, quien a su vez rechazó de nuevo el golpe. De nuevo cruzaron armas.
Ella podía sentir sus emociones, estaba mirándola, ¡no!, la estaba degustando con la mirada. De pronto sintió cómo la vergüenza la embargaba y los recuerdos de esos sueños tan vívidos la inundaban, estaba con él, con el hombre que la tocaba en zonas donde nunca nadie lo había hecho, con el hombre que la provocaba la piel de gallina.
No podía estar disfrutando más, ver su energía, cómo la ropa se ceñía a sus formas, verla tan entregada, era casi un sueño, bueno para que mentir, en los sueños era todo mucho mejor, en los sueños ella se rendía completamente a él. Pero ¿qué era lo que estaba sintiendo? ¿Era deseo? Ella estaba poniéndose muy alterada y no era consciente de lo que acababa de despertar en él. Ella no era consciente de cuánto le había costado contenerse estos últimos días sabiendo que su objeto de deseo se encontraba justo en la habitación de al lado.
Aprovechó el despiste de la jedi para arrebatarle su báculo y lanzarlo lejos mientras con la espada en su cuello y gracias a su mano en su vientre consiguió arrinconarla. Sus cuerpos estaban pegados y se podría decir que la erección de él era más que evidente, bueno, era su propósito.
-Jedi, te has distraído, aunque te entiendo, ¿quieres que hagamos tus sueños realidad? - Dijo susurrando estas palabras en el oído de Rey.
¡Oh! Él lo sabía, ¡estaba leyendo su mente! ¿o es que era tan transparente? Ella podía notar su enorme erección en la espalda, lo que la estaba provocando olas de deseo, la estaba costando respirar, pero ¡por los dioses! ¿Cómo lograba ese hombre tener ese control sobre ella?
-¡Deja de leerme la mente! - El agarre de Ben aflojó para que Rey pudiera enfrentarle. Su cara estaba roja de la vergüenza, pero no se iba a dejar amedrentar.
Ben no pudo más que sonreír. Se moría por esa mujer de todas las formas posibles, su inocencia, como caían sus cabellos desordenados por el esfuerzo de la pelea y su respiración agitada le volvían loco. Así que no pudo contenerse más, tiró la espada al suelo y se lanzó a por ella, con una mano acunó su rostro y con el otro abrazó fuerte su espalda para atraerla en un beso sin fin.
Definitivamente Rey no estaba preparada para ese beso, primero porque no se lo esperaba y segundo porque no creía que ella fuera capaz de reaccionar así. Este segundo beso fue apasionado desde el principio, era como si Ben Solo necesitara beber de ella, fundirse con ella. Sus lenguas se cruzaban en una batalla por igual y las manos de Rey viajaron de pronto hasta los cabellos de él.
Se necesitaban con pasión el uno al otro, se anhelaban y ese beso era una muestra de ello. Rey no fue consciente, pero Ben la había llevado hasta una de las paredes del antiguo salón de baile ahora la agarraba fuerte por su trasero para atraerla aún más hacia él. Ella notaba su pecho fuerte y su gran erección se clavaba entre sus piernas, de pronto él la alzó de su trasero, un acto reflejo de ella hizo que sus piernas se abrazaran a su espalda. Rey lanzó un pequeño mordisco algo que terminó de encender aún más a Ben, la iba a hacer el amor allí mismo.
Rey creía que iba a estallar, se notaba mojada, estaba ardiendo, tanto que le dolía, se moría por sentirlo dentro, como en sus sueños. A lo lejos comenzaron a oír una voz, era Finn.
-Rey, hola Rey, ¿estás ahí? Soy Finn.- El comunicador de Rey por el que esa misma mañana había estado hablando con Leia sonó alto y claro.
Ambos pararon para mirarse a los ojos y luego dirigir su mirada al comunicador. Ben soltó a Rey de su agarre y como a modo de disculpa ella dijo:
-Tengo que contestar.-
Lo iba a matar, ahora estaba completamente seguro que lo primero que haría al salir de ese planeta sería matar a ese sucio desertor. Ya se había olvidado de él, pero aquí estaba de nuevo. Una ola de celos lo inundó, todo este tiempo pensó, ¡que idiota por su parte! Que solo estaban ella y él, solos, que el resto del mundo y los problemas estaban lejos, pero ella seguía en contacto con él. Inconscientemente cerro los puños tratando de contener su ira y simplemente se dirigió hacia la salida.
-Hola Finn, ¿qué haces? Este es el comunicador privado de Leia, ¿lo has cogido? - Rey veía cómo Ben se alejaba, solo quería ir tras él en ese momento.
-¡Oh Rey! Menos mal que estás bien, Leia nos contó lo de tu misión secreta, pero al no volver a vernos desde la batalla y no haber podido hablar contigo. ¡Solo quería hablar contigo Rey y saber que estabas bien! - La voz de Finn sonaba desesperada, él en verdad tenía unos sentimientos profundos hacia la jedi, por un tiempo pensó que con Rose podría avanzar, todo era tan fácil con ella, pero entonces Rey volvía a su mente.
-Finn estoy bien, en unos días estaré con vosotros.- Esas palabras produjeron un escalofrío en Rey, Ben se detuvo justo en el umbral, lo había oído. ¡Ella no quería que él se enterara así! Que tan solo les quedaban unos días juntos. Tras una breve pausa él continuó caminando.
Rey entró en pánico, debía explicarle, debía hablar con él, pero antes tenía que despedir a Finn:
-Lo siento Finn, ahora mismo no puedo seguir hablando, te contaré todo cuando vuelva a la base. ¡Y no le vuelvas a robar el comunicador a la general! - Rey cortó la comunicación sin darle la oportunidad de réplica a Finn y corrió tras Ben que estaba en su lugar, donde siempre estaba ella mirando al lago.
Cuando estaba llegando oyó las palabras de Ben:
-Como supongo que lo tienes todo organizado, dime, ¿cuándo te vas? ¿o nos vamos? ¿Ahora es cuando vas a entregarme a tus amigos de la resistencia? Las palabras de Ben eran duras y estaba cargadas de rabia.
-Esta mañana se comunicó Leia conmigo, para saber de ti y para decirme que me necesitan.- Respondió Rey.
-¿Tu amigo el desertor te necesita? ¿Mi madre te necesita? - Él no quería aceptar lo que desde un inicio supo, que su momento allí tendría algún final, que no sería eterno. Pero ellos aún no habían tenido tiempo de aclarar las cosas, ellos aún necesitaban que les concedieran algo más.
-La resistencia me necesita. El conflicto continua y aún no hemos acabado con la Primera Orden. - Según las palabras salieron de su boca se arrepintió de mencionar a la Primera Orden.
Él se giró para enfrentarla:
-Te haré de nuevo la pregunta que te hice el primer día: ¿por qué me salvaste? ¿por qué me trajiste aquí?
Las lágrimas comenzaban a acumularse en los ojos de Rey y sentía que ya no tenía sentido seguir ocultándolo, al fin y al cabo ¿ocultar qué? Si él parecía conocerla mejor que ella misma.
-Porque ya no podía más, porque vi la oportunidad de entender qué me estaba pasando, porque te has colado en mis pensamientos, en mis sueños y en mi alma. Porque no podía verte morir, porque moría yo también y necesitaba entender por qué de repente me estaba ocurriendo esto y tú parecías saberlo.- Rey sintió un alivio.
Él no lo podía creer, las palabras de ella, sentía lo mismo, ¡quería ponerse a gritar en ese momento! Pero no estaba seguro porque para él la conexión, la díada los había unido, pero estaba rendido a sus pies, enamorado, como jamás pensó que podría amar a nadie, pero ella parecía hablar de su unión como algo inevitable y tóxico.
-Quiero que me digas cómo romperlo. Nuestra conexión.- Rey fue tajante. Ella no podía soportar más esa lucha, debía acabar con ello, simplemente no podría arrastrarlo toda una vida y ver cómo él se desvanecía en la oscuridad, eso simplemente la mataría a ella de pena.
¿Romperlo? Pensó Ben, ¿por qué querría romper algo tan puro? ¿Algo que a él solo le había traído cosas buenas? Le había traído a ella.
-No se puede, la díada está destinada a encontrarse, forman dos mitades de uno solo y su unión solo puede romperse con la muerte. Incluso tras la muerte puede que esa unión no desaparezca, no se sabe mucho acerca de la misma.- A Ben le dolió pronunciar estas palabras, solo de pensar en la muerte de Rey, simplemente no podría soportarlo.
-Entiendo.- Respondió Rey mientras una lágrima corría por su mejilla.
Ben quería abrazarla, quería consolarla y decirle que todo saldría bien, pero ni siquiera había pensado en qué pasaría cuando todo esto acabara. Sí, había pensado en qué estaría pasando en la Primera Orden, probablemente Hux habría asumido el mando y los caballeros podrían haber nombrado un nuevo líder, ¿y qué? A él solo le importaba ella, pero lamentablemente no había pensado en sus opciones. ¿Irse con ella? ¿A dónde? ¿A la resistencia? Le condenarían a muerte prácticamente sin juicio, ¿volver a la Primera Orden? ¿cómo explicaría su ausencia? Probablemente podría salir airoso pero a un coste muy alto y entonces ¿qué pasaría con Rey? ¿Las cosas volverían a ser como antes? Él no quería eso. Ahora todo el mundo pensaba que estaba muerto y era mejor así.
Pero volvió a la realidad, entonces ¿qué pensaba hacer Rey? Cuando se dio cuenta ella se alejaba y las palabras salieron de su boca como un rayo dejando en Ben Solo una sensación de nudo en el estómago.
-¿Es que piensas matarme Rey?-
La jedi interrumpió su paso y le respondió girando su cabeza de medio lado mientras miraba al suelo:
-Tú has dicho que la única forma de romper la conexión es la muerte, pero yo soy incapaz de hacerte daño, así que parece que llegado el momento solo queda una opción.-
Él corrió hacia ella y la agarró de un brazo para obligarla a mirarle:
-Rey, ¿qué estás diciendo? ¿qué estás pensando?-
-Vivimos en medio de la guerra, enfrentándonos con nuestros enemigos y la suerte se acaba hasta para un jedi.- Las palabras de Rey reflejaban melancolía. Para ella una vida sin él no tenía sentido por todo el sufrimiento que arrastraría y él la había dejado claro que mientras viviera estaba atada por la conexión. Ella no renunciaría a la luz y a la causa que creía justa, por lo que llegado el momento ella debería tomar una decisión.
-Ben, quiero que sepas algo, jamás renunciaré al camino de la luz, jamás renunciaré a lo que creo, ni la fuerza, que nos ha traído hasta aquí hoy puede hacer que me doblegue. Lo que siento por ti es inevitable, pero yo no te puedo obligar a tomar mi camino ni a ir a mi lado, como tú tampoco puedes pretender que renuncie a todo. Nuestro tiempo aquí se acaba.
Ben la soltó, la dejó ir sin pronunciar una palabra. Rey se quedó por unos instantes fija en su posición casi gritando en silencio que él la respondiera que todo iba a estar bien, que él también quería estar con ella y que todo lo demás le importaba bien poco, pero no, él no dijo nada y entonces ella se marchó.
