Este Fic es una adaptación de la novela "El beso del Arcángel" de Nalini Singh (y continuación de la novela "El Ángel caído")

el cual les comparto sin fines de lucro, sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo.

Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Cursivas, comunicación / vinculo mental

Capítulo 12

La sangre y el dolor impregnaban el aire con un perfume denso que parecía

filtrarse por sus poros. De pronto, Rukia echó de menos su apartamento, el cuarto

de baño que había convertido en un refugio personal. Lo echó tanto de menos que

empezó a temblar por dentro y su estómago se convirtió en una masa sólida y

dolorosa.

—¿Durante cuánto tiempo permanecerán aquí? —se obligó a preguntar.

—Hasta que puedan moverse —respondió Ashido, y cada palabra era como

una daga—. O hasta que Orihime envíe a alguien a recogerlos.

Rukia sabía muy bien que eso no ocurriría jamás. Tras darle la espalda a la

masa de cuerpos, las alas cercenadas y las flores aplastadas, empezó a caminar

despacio por el sendero.

—Espera. Mi libro.

—Lo recogeré cuando regrese Ichigo.

Rukia vaciló, pero sabía que no tenía fuerzas para darse la vuelta y meterse

entre los cuerpos de nuevo.

—Gracias. —Solo había dado unos cuantos pasos más cuando las esencias de

la lluvia y el viento inundaron sus sentidos.

Ashido se retiró en silencio cuando Ichigo comenzó a caminar a su lado. Rukia

esperaba una reprimenda por no haber cumplido sus órdenes, pero el arcángel no

dijo nada hasta que estuvieron tras las paredes de su ala privada. Incluso

entonces, se limitó a contemplar cómo se quitaba la ropa para meterse en la

ducha.

La estaba esperando con una toalla enorme cuando salió, y la envolvió con

una ternura que estuvo a punto de partirla en dos. Rukia alzó la vista para mirarlo

a los ojos mientras él le apartaba el cabello húmedo de la cara.

—La violencia de nuestras vidas te abruma —dijo con voz tranquila.

Rukia sentía los latidos fuertes y firmes del corazón masculino bajo la palma

de su mano. Era un sonido de lo más humano, honesto y real.

—No es la violencia. —Ella había matado a su propio mentor cuando este se

volvió loco y empezó a asesinar a chicos jóvenes como si fueran terneros—. Sino

la falta de humanidad.

Ichigo deslizó las manos por el cabello de Rukia y extendió las alas para rodearla.

—Orihime fue a por ti por un motivo muy humano: los celos. Ahora eres el

centro de atención, y ella no puede soportarlo.

—Pero la crueldad de sus ojos... —Rukia se estremeció al recordarlo—.

Disfrutaba haciéndome daño, lo disfrutaba tanto que me recordó a Aizen. —El

ángel nacido a la sangre le había dado una patada en el tobillo roto para hacerla

gritar. Y luego había sonreído.

—Eran compañeros por una razón.

Otra caricia. Sentía el corazón masculino tan cálido y vibrante bajo su pecho

que Rukia se apretó más contra él. Sin embargo, ese también era la criatura que

había castigado a un vampiro con tal frialdad que, desde entonces, los

neoyorquinos evitaban ese lugar manchado de sangre de Times Square.

—¿Qué le has hecho a Orihime? —le preguntó. Se le heló la piel de repente

al darse cuenta de que la humillación no sería suficiente para Ichigo. No actuaba

por capricho, pero cuando actuaba, el mundo se echaba a temblar.

Una brisa de medianoche en su mente.

Te lo dije una vez, Rukia. Jamás sientas lástima por Orihime. Ella utilizará ese

sentimiento para arrancarte el corazón mientras aún late.

El corazón al que se refería dio un vuelco aterrado al recordar el dolor, la

agonía.

—¿Cómo pudo hacerme eso? ¿Cómo pudo colarse en el interior de mi cuerpo

de esa forma?

—Parece que Orihime ha estado ocultando un nuevo poder. —Su voz se

volvió más grave—. No es casualidad que lo haya adquirido poco tiempo después

de haber estado a punto de morir a manos de Aizen.

—Estuvo con ella a solas durante bastante tiempo —dijo Rukia, que

recordaba el miedo que llenaba los ojos de Orihime cuando la rescataron.

Aquella fue la primera vez que vio a un arcángel asustado, y la dejó

impresionada—. ¿Crees que él la cambió de alguna forma?

—Su sangre cambió a esa otra mujer, Holly Chang. Ahora Holly no es ni

vampiro ni mortal. Aún no sabemos cómo afectará a Orihime.

Rukia se sintió avergonzada al darse cuenta de que había olvidado a la única

víctima superviviente de los ataques de Aizen.

—¿Holly ? ¿Cómo está? —La última vez que la había visto, la joven estaba

desnuda, con la piel cubierta de sangre y la mente casi destrozada.

—Viva.

—¿Y su mente?

—Grimmjow insiste en que jamás volverá a ser la que era, pero aún no se ha

vuelto loca.

Eso era más de lo que Rukia habría podido esperar, aunque percibió que

había algo que él no le había contado.—Grimmjow aún tiene a gente que la vigila,

¿no es así?

—El veneno de Aizen la cambió a un nivel fundamental... Debemos saber en

qué se convertirá.

Rukia comprendió sin necesidad de preguntarlo que si Holly demostraba ser

una de las criaturas de Aizen, Grimmjow le rebanaría la garganta sin vacilar. Su

instinto protestó contra esa dura realidad, pero lo cierto era que no podían dejar

que la maldad de Aizen se extendiera.

—No has respondido a mi pregunta —dijo ella. Tenía la esperanza de que

Holly Chang le escupiera a su atacante en la cara y se salvara—. ¿Qué le has

hecho a Orihime?

—La dejé en un lugar público con tu daga clavada. El ojo ya se ha

regenerado alrededor de la hoja.

—¿Qué significa eso?

—Que Orihime sufrirá dolor cuando se la saque, cuando se cure. —No había

ningún tipo de piedad en él—. Los que atacaron a Noel dejaron esquirlas de

cristal en sus heridas por esa misma razón.

Ruki sabía que Ichigo había relacionado esa perversa paliza con sus propios

actos a propósito. Era un recordatorio más de quién era él, de lo que era capaz de

hacer. ¿Esperaba que ella saliera huyendo? Si así era, estaba claro que aún debía

aprender muchas cosas sobre su cazadora.

—Hiciste algo más.

Crees que me conoces muy bien, cazadora del Gremio.

Había hablado como el arcángel al que había conocido el primer día, el que

la había obligado a cerrar la mano sobre la hoja de un cuchillo. Sus ojos carecían

de piedad.

—Te conozco lo bastante bien como para saber que jamás dejarías que un

insulto quedara sin respuesta. —Había confirmado esa característica suya

cuando buscaban a los atacantes de Noel: su absoluta determinación decía a las

claras que el ángel responsable podía darse por muerto.

—Durante los paseos por el Refugio, ¿has visto alguna vez una roca que casi

alcanza el cielo al otro lado del cañón?

—Creo que sí. Es muy fina y puntiaguda... —La mente de Rukia realizó la

conexión con mucha facilidad—. La dejaste caer sobre esa roca, ¿verdad?

Te habría desgarrado el corazón. Me limité a devolverle el favor.

A Rukia se le puso la piel de gallina al notar la frialdad de su voz. Aferró el

tejido de su camisa y respiró hondo.

—¿Qué me harías si alguna vez hago algo que te enfade tanto?

—Lo único que puedes hacer para enfadarme tanto es acostarte con otro. —

Una afirmación tranquila susurrada junto a su oreja—. Y tú no me harías eso,

cazadora.

Rukia sintió que se le encogía el corazón. Pero no por la cualidad siniestra de sus

palabras, sino por su vulnerabilidad. Una vez más, se sintió desconcertada al

saber el poder que ostentaba sobre ese ser magnífico, sobre ese arcángel.

—No —convino—. Yo jamás te traicionaría.

Sintió un beso en la mejilla.

—Tienes el cabello húmedo. Deja que te lo seque.

Rukia permaneció inmóvil mientras él retrocedía para coger otra toalla. Le

secó el pelo con la cuidadosa delicadeza de quien conoce muy bien su propia

fuerza.

—Me has cerrado tu mente.

—Puede que ya no sea humana, pero aún soy la misma que se enfrentó a ti

aquel primer día en la Torre. —Ahora que ese ser aterrador se había convertido

en su amante, sabía que si cedía a sus demandas, la relación entre ellos se vería

dañada de forma irrevocable—. No puedo permitir que invadas mi mente

cuando te dé la gana.

—Se dice que Yoruichi y Urahara comparten un vínculo mental —le dijo al

tiempo que bajaba la toalla y tiraba de su mano para llevarla al dormitorio—. De

esa forma, siempre están juntos.

—Pero apuesto a que ese vínculo funciona en ambos sentidos. —Acarició el

arco de su ala derecha, que se alzaba con elegancia desde la espalda. La camisa

se ajustaba a la perfección a sus músculos, y la parte trasera estaba diseñada

para adaptarse a las enormes alas masculinas—. ¿No es así?

—Con el tiempo... —dijo Ichigo con una voz más profunda—, nosotros

también tendremos eso.

Rukia volvió a acariciarlo y besó la parte central de su espalda.

—¿Por qué pareces tan seguro cuando hay tantas cosas en los poderes

angelicales que dependen del individuo?

Me hablas con la mente con la facilidad propia de alguien de doscientos años.

Adquirirás ese poder.

—Es bueno saberlo. —Rukia lo rodeó para poder mirarlo a la cara—. Pero

hasta que lo haga, no permitiré el tráfico en un solo sentido.

Los ojos masculinos eran fuego, de un ámbar que Rukia sabía que ese color

la perseguiría hasta en sueños.

—Si tu mente hubiera estado abierta —dijo él—, me habría enterado de la

llegada de Orihime en el mismo momento que tú.

Vale, en eso tenía razón. Pero...

—Si me permitieras disfrutar de cierta intimidad, no tendría que llamarte a

gritos cuando te necesitara.

Ichigo colocó la mano sobre su mejilla en una caricia protectora, posesiva.

—Hoy no me has llamado.

—Me han pillado por sorpresa. —Sacudió la cabeza y respiró hondo—. No,

voy a serte sincera. Aún no he aprendido a confiar en ti. Estoy acostumbrada a

enfrentarme a estas cosas sola.

—Eso es mentira, Rukia. —Deslizó el pulgar sobre su mejilla—. Llamarías a

Miyako para pedirle ayuda sin pensártelo dos veces.

—Miyako es mi amiga desde que tenía dieciocho años. Es más una hermana que

una amiga. —Alzó la mano para colocarla sobre la de él—. A ti no te conozco

tanto como a Miyako.

—En ese caso, pregunta, cazadora del Gremio. —Una orden del arcángel de

Nueva York—. Pregunta lo que quieras saber.