11 Picnic
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Una semana después, sentada en el salón, Hinata intentaba supervisar los modales de las criaturas. La verdad era que no estaba tan atenta como debería. No había notado que Obito se recostaba en un rincón y estaba de mal humor, ni que Izumi parecía muy preocupada.
Frunciendo el ceño, rin dijo.
—No me estás me oyendo. Te dije que el padre Menma me dio esta bolita y Mizuki dijo que yo la robé. Obito empujó a Mizuki y el jefe de las caballerizas le dio un tirón en la oreja a Obito.
—Muy bien — Hinata murmuró estrechando los ojos sobre a multitud reunida en el salón.
Desde que había conocido a la bella Ryūzetsu, Hinata no había conseguido concentrarse en nada más. Estaba obsesionada con saber donde se encontraba esa mujer y, claro, donde estaba Naruto.
La risa contenida de Izumi le llamó la atención.
—Mi lady, ¿a quién está buscando?
—A nadie. No estoy buscando a nadie. ¿Qué dijiste, Rin? ¿Obito te dio una bolita?
—¡No! El padre Menma me dio la bolita y Obito recibió un tirón de oreja.
—¿ El Padre Menma castigó a Obito?
—¡No! - Rin protestó, exasperada.
Con un suspiro, Hinata irguió las manos, en un pedido de calma a todos, y dijo:
—Muy bien. Cuéntenme qué pasó.
El niño le lanzó una mirada amargado.
—Ese Mizuki hizo llorar a Rin.
—¿Y fue él quien te dio un tirón en la oreja?
—No. El jefe de las caballerizas me dio tirón en la oreja, después que empujé a Mizuki.
Hinata se llevó una de las manos a la cabeza.
—Ah, Obito, ¿será que nunca vas a entender? No puedes llamar la atención de ese modo. ¿Qué crees que lord Naruto va a hacer? Él puede querer mandarte de vuelta con Koharu. No voy a permitir que crees problemas.
—Mi lady – Izumi la interrumpió con su voz suave. — Mizuki es malvado. Él realmente hizo llorar a Rin.
—Bien, traten de evitarlo de aquí en adelante. Deben mantenerse lejos de problemas.
Obito se levantó, con las manos en la cintura.
—¡Él es un idiota! ¡Y nos odia! Dijo que vos sos una asesina y que somos de una mala familia.
Hinata sintió un nudo formarse en su garganta. No se le había ocurrido que las criaturas también sufrirían el resentimiento dirigido a ella. Todos en el castillo sabían de su "traición", y nadie escondía los sentimientos negativos que tenían por su nueva señora. Al parecer, también despreciaban a sus "primos"
—Eso no importa — declaró, recuperando el autocontrol deprisa. — Pasaremos el día juntos. ¿Qué tal un picnic?
—Ah, sí! — las niñas aplaudieron. Obito se mostró esperanzado, pero todavía estaba enojado.
—Muy bien. Voy hasta la cocina a preparar una canasta de comida. Entonces, saldremos.
—¿Lord Naruto va con nosotros? — Rin preguntó, satisfecha con la idea.
—Lord Naruto está ocupado, querida. Ahora, adelantasen y espérenme en el portón. No voy a demorar. Obito – lo llamó — No estoy enojada con vos. Actuaste muy bien al defender a tu hermana.
Fue lo suficiente para devolver al niño toda su alegría infantil. Obito obsequió a Hinata una sonrisa radiante, que le provocó un estremecimiento en el pecho. En verdad, a ella le gustaría estrangular al tal de Mizuki con sus propias manos, por haber atormentado a una criatura tan pequeña como Rin.
Si no fuese por su temor de que Naruto perdiese la paciencia con las criaturas, ella habría aplaudido la actitud de Obito desde el principio.
No precisó mucho tiempo para tomar un poco de queso y algunas hogazas de pan. También separó fetas de carne y consiguió "robar" una tarta de carne, cuando el cocinero se distrajo. Acomodando la comida en una cesta, salió al encuentro de las criaturas.
—No debemos apartarnos demasiado, pues no sería bueno que nos perdamos. Tal vez debamos llegar hasta la entrada del bosque.
—¡Ah, qué aventura! — Rin, exclamó, deleitada, antes de salir corriendo por la campiña.
Tomando una rama seca, Obito asumió el puesto de guía.
Así que se adentraron en el bosque, y encontraron un claro agradable, al costado del cual había rocas donde podían sentarse para comer.
Ansiosos por explorar los alrededores, Obito y Rin recibieron permiso de Hinata para pasear en las cercanías.
—¡Hay un arroyo, allí! - Rin anunció, animada.
—¡Cuidado con caerse al agua! – Hinata le advirtió.
—Es tranquilo - Obito declaró, dispensando la preocupación que consideraba exagerada.
Sentada junto a Hinata, Izumi murmuró:
—Lamento que él cause tantos problemas.
—No lo lamentes. Para Obito, la situación es más difícil de lo que es para vos y Rin. Él determinó que tiene que ser el jefe de la familia y, por eso, su orgullo queda herido cuando lo trato como una criatura.
Izumi asintió.
—Obito ha estado observando a los caballeros y cree que un día, también será un guerrero. Pero, después de esta visita, volveremos a Myōboku. Cuando él crezca, será un simple campesino, como papá.
Hinata le acarició los cabellos.
—No es fácil — murmuró. —Tal vez yo haya cometido un error, trayéndolos acá. — Hizo una pausa, antes de preguntar: —¿En cuanto a vos, Izumi?...
La niña desvió la mirada.
—Sé que las cosas nunca serán diferentes para ninguno de nosotros. Sé lo que somos.
Hinata la atrajo para sí y, al examinar su rostro bonito, bien diseñado, concluyó que Izumi era una niña común; como ella misma lo había sido a aquella edad. Y Izumi no era mucho más joven que Hanabi. El recuerdo de su hermana le provocó una puntada de dolor.
—Sean lo que fueren, los amo exactamente como son. —declaró. —No tienes idea de la alegría que me dan. Ustedes son mi familia.
—También te amamos— Izumi replicó, abrazándola con fuerza.
Un grito llamó la atención de las dos, que se dieron vuelta al mismo tiempo para ver a Rin oscilando al borde de una roca. Hinata se levantó para gritar una advertencia, pero la niña perdió el equilibrio y cayó al arroyo.
Cuando Hinata levantaba su falda para sumergirse, Obito se tiró al agua y rescató a su hermana, Rin tosió y jadeó, pero no dejó de sonreír.
—¡Qué aventura! - exclamó.
—¡Francamente! —Hinata suspiró, volviéndose a sentar.
—¡Allá está lord Naruto! — Izumi anunció, apuntando a una colina distante.
Hinata se dio vuelta. Si, era él. A pesar de la distancia, los cabellos dorados y la postura inconfundible no dejaba lugar a duda en cuanto a la identidad de su marido. Y él no estaba solo. Una mujer de cabellos más claros caminaba a su lado. Y, aún a la distancia, Hinata pudo ver que Ryūzetsu tenía una de las manos posada en el brazo de Naruto.
De repente, Hinata sintió la boca seca..
—Sí, bien, lord Naruto tiene muchas obligaciones que cumplir, como señor del castillo, que lo llevan a diversas lugares. Debe estar cumpliendo una de esas misiones, ahora.
El tono casual, muy forzado, sonó falso a sus propios oídos y percibió que Izumi no se dejaba engañar.
—No me gusta esa mujer — Izumi murmuró. — Está siempre conversando con lord Naruto... Y ríe de un modo extraño. — Hinata sabía a lo que la niña se refería. Cuando la risa de Ryūzetsu era dirigida a Naruto, el sonido era seductor y calculado.
Izumi continuó: — Un día ella me dio bollitos de miel para Rin y comenzó a hacerme todo tipo de preguntas sobre mi lady.
—¿Si?
Hinata se dio vuelta a mirar a donde su marido continuaba conversando con Ryūzetsu. En aquel momento, Obito le gritó a Rin y el viento transportó el sonido de su voz hasta la colina.
Naruto se dio vuelta. Hinata lo vio interrumpir la caminata, decir algo a su compañera y, entonces, se encaminaron en dirección al grupo. Ryūzetsu permaneció parada por un largo momento, visiblemente frustrada. Finalmente, giró sobre sus talones y desapareció del otro lado de la colina.
Volviendo a observar a su marido, que se aproximaba rápidamente Hinata se preparó para enfrentarlo. Probablemente, estaba furioso. Acomodando sus cabellos, comenzó a establecer su defensa.
Rin lo vio y gritó:
—¡Hola!
Hinata sintió un escalofrío cuando Naruto no retribuyó el saludo.
—Antes de que me reprendas como si yo fuese una criatura traviesa — Hinata comenzó y él se aproximó —, déjame recordarte que no me diste órdenes para permanecer confinada entre los muros del castillo. No pensé que te importaría, que salgamos por un paseo.
Naruto se paró con las piernas ligeramente apartadas, las manos en la cintura, observándola. Su expresión era una incógnita.
—Lord Naruto — rin lo llamó. —Estoy toda mojada. Me Caí al arroyo. ¡Fue tan gracioso!
Naruto sacudió la cabeza, como si la situación fuese increíble.
—Es mejor que te sientes al sol, entonces, Rin, para no te agarres un resfriado - Naruto replicó. —Los de verano son los peores. — Esperó que la niña fuese con cuidado por entre las rocas, hasta llegar a él. Entonces, la tomó en brazos, con exclamaciones de reprobación al sentir sus ropas heladas en contacto con su piel.
—Siéntate aquí - dijo, después de acomodarla sobre una roca al sol.
—Vi un venado — Obito contó al juntarse con ellos.
Naruto sonrió.
—Espero que los cazadores tengan la misma suerte, pues precisamos llenar la despensa para los festejos.
Hinata no conseguía retirar sus ojos de su marido. ¡Él no estaba furioso! En verdad, parecía alegre y satisfecho, cuando se sentó en una roca.
—¡Hicimos un picnic! - Rin declaró, siempre sonriendo.
—¿Enserio? ¿Sobró algo para mí?
El niño examinó el contenido de la cesta y dijo:
—Tenemos un pedazo de queso y un pedazo tarta. — Extendió el último pedazo con evidente reticencia.
Sin darse cuenta del sacrificio de Obito, Naruto la aceptó y comenzó a comer.
—¿Qué estaban haciendo? — el niño inquirió, sentándose.
Hinata notó la atención con que Obito observaba a Naruto, con un brillo de admiración en la mirada.
—Estaba caminando — Naruto respondió —, algo que me gusta hacer de vez en cuando. Ayuda a clarificar las ideas.
—¿Era Ryūzetsu quien estaba en tu compañía? — Hinata preguntó, intentando sonar casual.
—Si. Ella salió por una cabalgata y, después, se juntó conmigo.
—Pensé que a ella no le gustaba salir sin vos. Naruto se encogió de hombros.
—Estábamos cerca de los muros del castillo. Es seguro, pues mantengo patrullas de soldados todo el tiempo.
—¿Existen animales salvajes por aquí? - Rin indagó.
—¿O ladrones? — Obito agregó, lleno de expectativa. Naruto se apoyó en los codos y extendió las piernas. Hinata no pudo dejar de apreciar sus formas. El estremecimiento de placer que la recorrió le hizo recordar que hacía mucho tiempo que no hacían el amor.
—Ahora no, pero ya existieron — Naruto dijo. —Nosotros lo llamábamos el caballero del demonio.
—¡Un demonio! — Rin abrió los ojos.
—Él acostumbraba a cabalgar hasta las villas, o casas de los campesinos con su grupo. Dicen que era un perfecto caballero robaba apenas lo necesario para mantenerse a sí mismo y a sus hombres, Pedía disculpas y, entonces, partía. Algunos afirmaban que él dejaba oro, mas tarde, como pago por lo que había robado.
—¿Qué pasó con él? - Izumi preguntó, fascinada.
—Un día, él simplemente desapareció. Muchos aseguran que lo capturaron y lo ahorcaron, pero nada de eso fue probado. Creo que era sólo un buen hombre, pasando por una mala etapa de su vida. Eso pasó luego de la Gran Guerra, y el Conquistador había tomado para sí muchas tierras, expulsando a muchas personas de sus casas,
—¡Imagina! - Izumi suspiró, evidentemente considerando la historia muy romántica. — ¿Él tenía un amor?
—Nadie jamás supo mucha cosa sobre él. Su identidad nunca fue revelada, aunque hubiese rumores de que él tenía una amante. Una noble, que era devota a él.
—Me Gustaría haberlo atrapado— Obito declaró. — ¡No importa si era educado, pues era un ladrón lo mismo! Yo lo atravesaría con mi espada y lo ahorcaría en un árbol.
Todos lanzaron una carcajada.
—Luchar no es una gloria, Obito — Naruto dijo en voz baja. — La guerra es muy triste. Debería ser evitada a cualquier costo.
—Cuéntanos más historias — el niño pidió.
—Si, por favor - Izumi reforzó el pedido.
Naruto cumplió, contando leyendas del bosque. Hinata lo observaba deleitada. En aquel momento, era un hombre tan gentil, tolerante y, hasta indulgente. ¡Y tan atractivo! Era tan bueno tenerlo allí, completando el círculo, formando parte de él. Como una parte de ella, Hinata pensó, que jamás sería completa sin Naruto.
Se quedaron allí por mucho más tiempo de lo que habían planeado. El sol ya se ponía cuando volvieron al castillo. Las criaturas corrían adelante, felices por el día que habían pasado. Hinata compartía tal felicidad, sintiendo ganas de saltar como ellos.
Llegó a pensar en darle la mano a Naruto, mientras caminaban de vuelta a casa. Ciertas distancias, sin embargo, por más remotas que pudieran parecer en un momento como aquel, no dejarían de existir con tanta facilidad.
Aunque la noche estuviese un poco fría, Hinata no pidió que encienda la chimenea. Las velas lanzaban su luz suave sobre el cuarto. Sentado ante la chimenea apagada, Naruto examinaba sus ropas, en busca de rasgones.
Se había mostrado preocupado por la noche, muy diferente del hombre tranquilo y agradable que había sido por la tarde. Era como si una sombra se hubiese posado sobre él en el momento en que habían atravesado los portones del castillo.
—¿Quieres que yo cosa eso? — Hinata se ofreció, viendo el dedo de él atravesar el tejido de la túnica.
—¿Coser es uno de sus talentos?
—En verdad, soy horrible con la aguja, pero perfectamente capaz de remendar.
Sin decir nada, Naruto le extendió la túnica.
—No tengo hilo aquí. — ella dijo.
—Me ocuparé de eso.
Él se encogió de hombros, pensativo.
—Gracias por lo de hoy — Hinata arriesgó.
—¿De qué estás hablando?
—De las criaturas. Fuiste tan bueno con ellas... Quedaron tan felices. Y yo quedé contenta porque vos no te enojaste por haberlos llevado al bosque.
—No había motivo para enojarse.
—Tus historias fueran maravillosas. Naruto sonrió.
—Creo que desperté el espíritu justiciero de Obito. Él quedó entusiasmado con la idea de atravesar al caballero del demonio con una espada.
—¡Y ahorcarlo en un árbol! — Hinata completó con una sonrisa. – Me temo que tiene mucha sed de sangre.
Naruto también se rió.
—Es un buen niño - Hinata declaró. - Te admira, su padre era un borracho inútil, pero en vos, él ve un buen ejemplo a seguir.
—Obito es extraordinariamente fantasioso. Me deja tranquilo que estés bajo mi influencia. De lo contrario, creo que, de aquí en diez años, yo lo encontraría asaltando mis tierras. ¡Entonces, sería él el bandido atravesado por una espada!
Los ojos de él se fijaron en los de Hinata por un momento, y ella tuvo la impresión de reconocer en ellos el brillo de la aprobación. Entonces, él desvió la mirada y se levantó.
—Creo que voy a volver al salón.
—Ah…
Naruto vaciló, como si estuviese indeciso. Hinata intentó pensar en algo para decir, para hacerlo permanecer, alguna frase inteligente que lo hiciese tomarla en sus brazos y besarla..
—Bien... Buenas noches, esposa — él dijo, finalmente.
—Buenas noches, Naruto.
Naruto salió, dejando un cuarto vacío y silencioso detrás de sí.
Hinata examinó la túnica que cosería al día siguiente. Con ojos llenos de lágrimas, ella se preguntó si era con sus hombres que él se iba a reunir, o si buscaría la compañía de una cierta platinada de sonrisa seductora y mirada insinuante.
Menma entró al cuarto de Hinata con su sonrisa habitual.
—¡Hermano! — Hinata lo recibió con alegría. Asumiendo una expresión seria, él preguntó:
— ¿Como están las cosas entre vos y mi hermano? Ella forzó una sonrisa.
—Está todo bien. Nada cambió, pero tampoco empeoro.
Como Menma continuaba mirándola, Hinata decidió que nada ganaría con mentir y, por eso, confesó: — No es verdad. Siento que él se está apartando de mí. Antes, Naruto me odiaba. Ahora, creo que ya ni piensa en mí.
El joven sacerdote se mostró confuso.
—No sé qué te hace pensar así, pero sé, con absoluta certeza, que Naruto no es indiferente a vos.
¿Cómo podría ella contarle sus recelos en relación a él? Si estuviese equivocada, haría un papel ridículo. Si fuese verdad...Bien, no estaba segura de desear informar a Menma sobre tal situación.
—No estoy tan segura de eso - retrucó, simplemente.
—Hinata, escucha. Tendré que ausentarme durante algún tiempo. Detesto dejarte, especialmente viéndote tan infeliz, pero hay algo muy importante que preciso hacer. Tengo un favor que pedirte antes de partir. Fui injusto con vos durante meses. ¿Crees que me puedes perdonar?
—No hay nada que perdonar - Hinata respondió, sorprendida.
—Vos sos muy generosa. Creo que no conseguiré ser tan indulgente conmigo mismo Voy a intentar corregir mis errores, a pesar de haber jurado que permanecería neutral. Si al hacer eso, estuviera cometiendo un pecado, pagaré por él.
Después de abrazarla, Menma se despidió y partió.
Una vez sola, Hinata reflexionó que sus palabras habían sido sinceras. Estaba perdiendo a Naruto. Precisaba luchar, intentar... cualquier cosa.
Una idea súbita se le ocurrió. Aunque sintiese miedo, ella decidió llevarla adelante. Después de, no tenía elección.
—¿Que noticia trajiste esta vez? - Shion inquirió Taruho no vaciló, antes de responder:
—Hinata está viviendo en Konoha. Lord Naruto parece estar ablandándose en relación a su bella esposa.
Si no fuese por el brazo de Deidara que la sostuvo, las rodillas de Shion habrían cedido. ¡No! ¡No! ¡Era exactamente lo que temía!
—Tengo otra noticia, muy interesante. Descubrí una persona que está tan contrariada con la situación como usted. Ella se ofreció a ayudar, pero desea mantenerse incógnita. Pidió que yo le sugiriese que su padre fuese alertado del paradero de lady Hinata, para que vaya a buscarla y se la lleve a Byakugan.
Shion miró a Taruho por un momento, antes de estallar en carcajadas.
—¿Crees que deseamos salvarla? ¡Esto es muy gracioso! ¿No lo es, Deidara?
Taruho la miró confuso.
—No comprendo.
—Ella es la esposa de él, idiota – Shion le explicó impaciente — Ella le pertenece a él. Mi padre no tiene derecho de llevársela.
Deidara se adelantó.
—Existen otras medidas que beneficiarían a lady Shion y a su nueva amiga. Estamos interesados en castigar a lord Naruto por los crímenes que cometió.
Taruho frunció el ceño incrédulo.
—No están planeando hacerle mal a lord Naruto, ¿cierto?
—Claro que no — Shion aseguró, lanzando una mirada de advertencia a Deidara. —Vuelve a Konoha y permanece allá hasta ser llamado aquí nuevamente — Dile a nuestra nueva aliada que sólo deseamos alimentar la discordia en la pareja .
—Exactamente — el francés acordó con una sonrisa. Visiblemente aliviado, Taruho se despidió y partió.
—Él jamás la perdonará, cherie — Deidara afirmó — la reconciliación de Naruto con Hinata es imposible.
—Tienes razón, Dediara. Cuidaremos de garantizar eso.
