Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la maravillosa Victoria Vílchez, yo solo hago la adaptación. Pueden encontrar disponible la saga "Antes de que… " de venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.


Llegados a este punto, me vais a permitir que me tome la licencia de contaros yo mismo cómo se desarrolló la boda de Bella y Edward. No quiero que os perdáis nada y tengo la firme intención de que lo sepáis todo de todos. Porque, como en tantas historias, esta tiene más de dos protagonistas.

En enero, poco después de las vacaciones de Navidad, en la playa de El Médano estaba todo preparado para la boda. El clima acompañaba con una temperatura agradable para el época en la que nos encontrábamos y una ausencia casi total de viento. Mientras el sol caía lentamente en busca del horizonte, los invitados se reunían junto al mar para asistir a la ceremonia.

Edward enterró los pies en la arena, y el calor que esta había acumulado durante el día calmó en parte sus nervios. No es que tuviera dudas acerca de lo que allí iba a acontecer, era más bien que resultaba plenamente consciente de que su vida iba a dar un cambio radical a partir de ese momento, y al mismo tiempo no iba a hacerlo en absoluto.

Bella era, con muchísima diferencia, lo mejor que le había ocurrido. Sabía que era la mujer, la única mujer, a la que quería encontrar cada mañana en su cama, esa alma gemela que muchos buscaban sin descanso y pocos llegaban a encontrar.

Encajaban, así de simple, como dos mitades de un mismo corazón. Y ver a Bella despertar a su lado, abrir los ojos y sonreír, le producía tal cantidad de emociones que jamás podría prescindir de la magia de ese momento.

Levantó la vista y se topó con los ojos de Rosalie. La prima de Jasper se hallaba sentada al lado de un chico de pelo castaño y enigmática mirada, que la observaba con cierta curiosidad. En realidad, eran dos viejos conocidos redescubriéndose, buscando en los ojos del otro algún indicio de la persona a la que conocieron en el pasado.

Emmett, que así era como se llamaba aquel chico, le susurraba palabras con marcado acento inglés; solo ellos sabían qué le estaba diciendo. Había sido para Rosalie alguien importante tiempo atrás, un amor fugaz pero de esos que ahondan de una forma vertiginosa en el corazón, y cuyo abrupto final —aunque previsible— no resultó menos doloroso.

Puede que la sonrisa nerviosa de Rosalie fuera idéntica a la que mostraba Edward en el rostro al ver a Bella aquella primera noche en el Level, tal vez el inicio de algo más. Solo el tiempo, y el caprichoso destino, lo decidirían.

Pero regresemos al novio, o mejor, veámosle a través de los ojos de otra de las invitadas. María estaba sentada a la izquierda, en una de las sillas que el diligente organizador de la boda había elegido para la ceremonia. No dejaba de mirar hacia atrás, esperando ver aparecer en cualquier momento a la novia y a Jasper. Se sentía tremendamente feliz por su amiga, sabía que recordaría ese día para siempre, al fin y al cabo, estaba gritándole al mundo que amaba a Edward y que quería pasar el resto de su existencia con él.

Sonrió al encontrarse con la mirada esmeralda del novio, tan inquieto y expectante como ella. No podía pensar en nadie mejor para Bella, en nadie que la amara de una forma más sincera y entregada.

Edward le devolvió la sonrisa a su amiga y le agradeció en silencio el haber contribuido a su felicidad. Convencer a Jasper para ejercer de padrino, que no le gustaba recibir ningún tipo de atención, había resultado ser una misión complicada. Pero finalmente, el irritable e imprevisible chico, había accedido solo para contentar al amor de su vida y, por qué no, a sus amigos. María era para él la mejor razón para seguir adelante, el motor de su existencia y a la vez su muro de contención.

Pero sobre todo era el motivo que lo impulsaba a ser mejor persona; ese hombre por el que mereciera la pena luchar y permanecer a su lado.

Había más invitados, pocos y bien escogidos. Edward y Bella deseaban sellar su amor frente a los más allegados, todos importantes y ninguno por mero compromiso. Entre ellos Renne, la madre de Bella. Alice y Esme, Tayler, los padres de Lucas, Carlisle... Ninguno había dudado en viajar a Tenerife y formar parte de ese pequeño pero importante capítulo en la historia de los novios.

El grupo, repleto de buenos deseos, permanecía a la espera de la llegada de Bella, deseosos de poner sus ojos sobre la novia. Y cuando por fin apareció del brazo de Jasper, el murmullo generalizado no sofocó el sonido del jadeo que se le escapó a Edward de los labios.

El vestido de Bella era sencillo, con un solo tirante y un hombro al descubierto, ceñido al pecho y de un tejido vaporoso de cintura para abajo que se ondulaba con la brisa procedente del mar. Iba descalza, al igual que el novio, y una pulsera con motivos marinos rodeaba su tobillo izquierdo. Ninguna otra joya adornaba su cuerpo.

«No la necesita», pensó Edward, sonriendo embobado.

Bella se sujetó al brazo de Jasper y, antes de avanzar hacia el arco de flores y guirnaldas donde se encontraba Edward, paseó la vista por el rostro de los presentes.

Adoraba a todas y cada una de aquellas personas.

«Voy a casarme», reflexionó, con las lágrimas llenándole los ojos. No por la boda en sí, sino por el hecho de que la vida hubiera puesto en su camino a alguien como Edward, que le hubiera dado la oportunidad de amarlo y ser amada por él, de vivir cuanto había vivido a su lado.

«Y lo que me queda por delante», se maravilló, y comenzó a andar, más decidida que nunca.

Y así fue como Bella y Edward se prometieron un amor eterno que ya se habían jurado mucho antes; con toda probabilidad, aquel día en el que ella llegó tarde a la clase de Estadística y Edward puso sus ojos sobre ella por primera vez.


Awwwwwww, y colorín colorado, esta historia ha acabado. Solo falta el epilogo, y mañana lo tendrán. Gracias por sus reviews, favoritos y por la oportunidad de ser leída.

Ariam. R.