Dientes puntiagudos y filosos se podían distinguir a unos cuantos metros de distancia. Los amenazantes huesos amarillentos que estaban incrustados en las encías de dos hocicos babeantes se mostraban orgullosos y sedientos por carne fresca. Los gruñidos que salían de los portadores de tamañas cavidades hacían que por todo el cuerpo de Bellatrix recorriera un escalofrío aterrador y excitante. No había sentido aquella sensación de adrenalina en cada poro de su piel desde que se había enfrentado con el montón de mocosos babosos dentro del ministerio.
Ver a esos dos hombres lobos tan cerca de ella, hizo que su mente saltara de un lado a otro, tal cual como lo estaba haciendo su pecho, puesto que las oportunidades de salir victoriosa eran menores. Elevó la mirada sin moverse ni un ápice de su posición, solo para comprobar lo que era obvio. Esplendorosa y con un fulgor maravilloso, la luna se mostraba llena y enorme en el firmamento, logrando que ella se pateara internamente por haber dejado pasar ese detalle. La Astronomía era un campo que le fascinaba, pero que mantenía oculto de todos, puesto que aquel era su pequeño secreto y tenía una especia de brújula plateada entre sus cosas, la cual le decía los estados de la luna y qué constelación se podía ver desde la posición en la que ella estuviera. No obstante, no había visto el artefacto el día anterior gracias a la tormenta que los había asechado y el miedo que sentía gracias a esa reacción de la naturaleza, la misma que la sumía en un oscuro pozo de soledad y tristeza. De la misma manera, olvidó recuperar su daga de la custodia de Sirius, por lo que solo tenía su varita para defenderse de dos seres que se acercaban lentamente cada vez más, criaturas que, aunque fuesen humanos en otros momentos, en esos instantes estaban haciendo caso solamente a su lado más primitivo y solo quería alimentarse. Se podía deshacer con rapidez de uno de ellos, pero el otro le podía saltar encima y morderle el cuello, directamente en la yugular, haciendo que su vida terminase de aquella patética manera.
"Esto es tu culpa perro", se quejó por la discusión que había tenido con el animago mentalmente, mientras seguía analizando sus probabilidades. Lentamente, llevó la mano hasta su cadera, adentrándola hacia el bolsillo lateral que tenía la prenda para así poder alcanzar su varita y sacarla con cuidado, tratando de no alterar a las bestias que se estaban relamiendo el hocico. Calculó que aquellos seres peludos y horribles estaban a unos cinco o siete metros de distancia, los cuales le daban un mayor margen de ataque. Uno era más grande que el otro, por lo que, si mataba al más corpulento, tendría más opciones en caso de que el otro decidiera tirarse encima de ella.
"Agh…, esto es una estupidez" se amonestó por lo mucho que estaba pensando y lo poco que estaba actuando, por lo que se decidió. Moviendo su mano con la varita en ella, realizó un Diffindo no verbal, el cual dio de lleno en el cuello que había enfocado, cortando la carótida del hombre lobo más grande. El animal cayó a la tierra, contorsionándose gracias al profundo corte que había recibido. Los quejidos que salían del cuerpo daban a entender que estaba perdiendo las fuerzas y que se estaba atragantando con su propia sangre, puesto que el sonido gutural contenía la aglomeración de líquido en él.
El segundo hombre lobo saltó sobre ella al momento en que su compañero cayó al suelo, pero Bellatrix dejó salir toda su rapidez y astucia, agachándose justo cuando el animal estaba por alcanzarla al vuelo. Se volteó acuclillada sobre sus talones y susurró —Crucio —. El atacado recibió el maleficio directo en el pecho, por lo que dejando salir gruñidos de dolor y aullidos lastimeros, se contorsionó sobre la tierra, bajo la atenta mirada de la bruja que estaba disfrutando realmente de la velada. Estaba totalmente deleitada, perdida ante los sentimientos de venganza que estaba extrapolando fuera de su cuerpo, sintiendo como sus dedos vibraban tal como lo estaba haciendo su varita. No obstante, estaba tan absorta en su actividad que no logró agudizar los sentidos en caso de recibir otra amenaza, más que nada por los alaridos de la bestia que estaba torturando y por sus propios pensamientos, por lo que solo volvió a la realidad cuando logró escuchar
—Avada Kedavra —. El corazón de Bellatrix dio un salto dentro de su pecho y se detuvo por algunos segundos al escuchar el maleficio asesino tan cerca de ella. Cortó la tortura que estaba llevando a cabo, dejando que su presa saliera corriendo del lugar, perdiéndose en la negrura del terreno. Se volteó lentamente para ver como un tercer hombre lobo yacía muerto en el suelo, cerca de donde estaba el ensangrentado cuerpo del que ya había matado
—Se te olvidó que, si encuentras más de uno, pueden haber más de dos —dijo la persona que se había hecho cargo de la criatura que casi le quita la vida sin que ella se hubiese dado cuenta.
Se dio la vuelta buscando al dueño de aquella voz y se lanzó a los brazos de Rodolphus, sintiéndose feliz por primera vez desde que había comenzado todo aquel caos. Lestrange la recibió en sus brazos con gusto, puesto que aquellas muestras de emociones por parte de la bruja eran tremendamente escasas y cada vez que ocurrían las aprovechaba antes de que ella se arrepintiera, Estuvieron abrazados por algunos segundos y luego se separaron, escudriñándose con la mirada el uno al otro.
Bellatrix pudo notar que su marido estaba más pálido que de costumbre y mucho más delgado, sin contar con los moretones que lucían sobre su rostro y algún que otro corte por la piel. Se le notaba cansado, demacrado y débil, las ojeras bajo las cuencas oculares eran enormes y marcadas, pero tenía ese brillo de picardía que yacía con él siempre que estaba a su lado
—Te ves como la mierda —murmuró Bellatrix mirando con una ceja alzada al hombre, quien le devolvía el escrutinio con una sonrisa ladina
—Tú estás hermosa —comentó él
—Lo sé…
Sin borrar su sonrisa, Rodolphus levantó una de sus cejas —Se supone que tienes que decir gracias, querida —dijo con suavidad
—¿Por qué debería dar las gracias? —preguntó ella sin estar entendiendo a qué iba con aquello
—Te hice un cumplido Bella. Por lo general las personas dan las gracias cuando reciben cumplidos —respondió él con calma
—Eso no era un cumplido, era un hecho —dijo la bruja cruzándose de brazos.
Sabiendo que no ganaría jamás contra ella en ese tipo de tópicos, Rodolphus solamente negó con la cabeza y soltó una carcajada jocosa y corta, puesto que tenía más pensamientos y preguntas en la cabeza que ganas de batirse a un duelo interminable con su mujer. —Tú estás estupenda Bella, así que imagino que realmente te estás quedando en un lugar que te sirve de mucho, sin contar con que estás comiendo bien
—Sí, de hecho, ayer mandé a comprar empanadas donde Nellie…, estaban riquísimas —comentó con una sonrisa en el rostro al recordar el festín que se había dado el día anterior
—Espera…, me estás diciendo…, me estás diciendo que —se cortó, puesto que había llevado su mano hasta su pecho y apretó los dedos sobre la camisa que estaba utilizando en señal de extrema exageración —. Me estás diciendo que comiste de las empanadas de tu Muggle asesina…, ¡¿Y NO ME MANDASTE NI UNA SOLA?! —gritó abriendo los ojos desmesuradamente —. ¡LA TRAICIÓN!, ¡LA TRAICIÓN DUELE MÁS SI VIENE DE TU ESPOSA! —decía con una voz lastimera
—Ya…, no seas llorón y exagerado. Aunque me hubiese acordado de ti, no lo habría hecho…, sabes que son para mí y no comparto —explicó obviando el hecho que le había dado a su primo una empanada y media, pero aquello no necesitaba saberlo su marido.
Rodolphus negó ligeramente con la cabeza y le indicó que se acercaran hasta un tronco caído cerca de ellos para poder sentarse y así conversar de las cosas que les atañían
—No tenemos mucho tiempo para poder hablar Bella. Mi Lord está en la mansión revisando algunas cosas para su próximo viaje y nos dio solo unas horas para ocuparnos de nuestros asuntos —comunicó él. Ni siquiera se molestó en recordarle a su esposa que le había dicho que no volviera o que no se preocupara por ellos, puesto que nadie podía imponerse ante los deseos de Bellatrix Lestrange
—Necesitaba conversar contigo algo complicado y que realmente me está desquiciando —comenzó ella a decirle a su marido
—¿Más de lo que ya estás querida?, no me asustes —dijo él, ganándose un golpe en el hombro que le hizo soltar un quejido de dolor —. Bien, me callo y te escucho.
—Gracias —soltó la bruja con condescendencia —, La postura en la que estamos es muy complicada Rody, y te digo que estamos, porque nos involucra a todos. Como te mandé a decir con Pipi, Vold… —se cortó a medio camino, puesto que aún no podía tener aquel valor necesario para pronunciar su nombre —, Él, no es sangre pura. Lo que dijo Potter aquella noche dentro del ministerio es cierto. No te puedo decir el cómo lo sé, pero es cierto y eso quiere decir que toda nuestra puta vida es una mentira, quiere decir que estuvimos presos por quince años esperando que un ser inmundo nos rescatara para seguir a su lado…, ¡GRITÉ POR LOS MISMOS QUINCE PUTOS AÑOS ACLAMANDO POR ÉL! —se quejó levantando los brazos sobre su cabeza para luego bajar las manos hasta su cabello y apretar los dedos sobre el cuero cabelludo —. Me estoy quedando en un lugar que no es conocido y es seguro, así que no te preocupes por eso, pero necesitaba que conversáramos para poder saber qué es lo que haremos sabiendo todo esto. No tengo idea qué es lo que planea hacer, tampoco sé nada de lo que está pasando dentro de la mansión y que ustedes estén allí me preocupa Rody… —susurró mirando a su marido a los ojos
—La verdad querida, es que se la pasa gritando que tiene que matar a Potter, que quiere matar a Potter, que el niño es de él y que solo él lo puede matar y cosas así. Si te soy sincero, hasta he llegado a pensar que le tiene ganas y se lo quiere tirar, porque ya es bastante repetitivo con el mismo temita todos los días. Por otro lado, desde que Potter mencionó aquello durante la batalla en el Departamento de Misterios, me quedó dando vueltas en la cabeza también, porque jamás nos pusimos a pensar en que el apellido de Mi Señor no está dentro de los Sagrados Veintiocho, por lo que es imposible que sea un sangre pura como nosotros. Nos dejamos llevar por todas las cosas que nos prometió y nos olvidamos de la pregunta más importante al momento de conocer a una persona. Saber cual es su puto apellido… —respondió Rodolphus, sintiéndose frustrado por aquella situación en la que estaban metidos —. ¿Piensas cambiar de bando querida? —preguntó él con curiosidad
Bellatrix había tenido aquello en mente durante todos esos días, puesto que estaba compartiendo vivienda con alguien del otro lado de la batalla, pero ciertamente no le veía buena pinta al hecho de que se cambiaran sus lealtades. Si se quedaba donde estaba, tendría que hacer como si nada hubiese pasado y seguir adelante con la mentira en la que había vivido, pero lamentablemente lo de ser hipócrita no se le daba bien y aquello era algo que no podría hacer, estaría mandando a la mierda todo lo que le habían inculcado desde pequeña. Por el otro lado, si cambiaba su lealtad y se la daba al vejete que le gustaba mandar a niños a morir, no aseguraba su libertad, mucho menos aseguraba que no llegaría nuevamente a Azkaban y no se merecían tenerla de su lado, porque hasta aquel momento no habían hecho nada por ella, salvo el pulgoso que le había prestado asilo en aquellas circunstancias tan extrañas. Ella sabía que un cambio de parecer como el suyo podría balancear la batalla más para un lado que para el otro, pero no estaba segura de qué camino tomar
—Por eso es por lo que necesitaba conversar contigo Rod. La verdad es que no lo sé. Odio dar pasos en falso y ahora todo lo que estoy haciendo es eso. No tengo información de nada, no tengo idea lo que pasa en las reuniones y mucho menos sé sobre los ataques. No tengo garantías de que el lado de la Luz nos quiera recibir, si nos darían algún indulto o lo que sea, porque yo no vuelvo a Azkaban. Prefiero comer mierda de Troll en su lugar —argumentó con cara de asco, pero decidida de su último dictamen.
El rostro del mayor de los Lestrange estaba serio, puesto que entendía completamente lo que su mujer le estaba explicando. Ella estaba caminando sobre hielo sin saber si estaba congelado o solo era una imagen y se caería dentro del agua de un segundo al otro. Le preocupaba el giro de acontecimientos que estaba sucediendo, pero él era alguien que se podía adaptar a los cambios con rapidez, por lo que dijo
—Yo sigo estando dentro del círculo cercano Bella. Puedo dedicarme a recabar información y te la puedo hacer llegar con Pipi para que vayas pensando qué es lo que vas a hacer. Por mientras, dedícate a cuidarte y déjate de estar saliendo del lugar que estás usando para esconderte, porque es peligroso que te puedan encontrar. Todos te están buscando y sabemos que aguantarse el dolor que da la marca con los llamados es agotador. Nos mantendremos informados y así veremos qué es lo que vamos a hacer de ahora en adelante. Hablaré con Rabastan para saber qué es lo que piensa él y así tenemos todo el panorama listo. Tienes que contarme lo de Black querida, pero no ahora, porque me están llamando y tú tienes que regresar —comentó el hombre mirando a su esposa con determinación —. Cuídate mucho querida, y ten presente que pase lo que pase, independiente de la decisión que tomes, yo te seguiré en todo lo que hagas, porque sé que si no lo hago me partirías el culo y me gusta el que tengo —acercó sus labios ligeramente hasta el rostro de la mujer y depositó un casto beso de despedida, desapareciendo del lugar al instante.
Un poco más tranquila, Bellatrix tronó sus dedos y su elfina aparició frente a ella —Llévame hasta el lugar en que me estoy quedando —ordenó, sintiendo la sensación que deja la aparición conjunta.
Al momento en que puso los pies dentro de la estancia, se dirigió directamente hasta la habitación que estaba ocupando hasta ese momento, encontrándose con Sirius acostado sobre la cama
—Sal que me quiero acostar —demandó en un tono de voz altanero y fuerte, asegurándose de no tener que repetir lo que había dicho
Sirius se sentó sobre el colchón y analizó a su prima, la cual se veía calmada, pero ansiosa a la vez. —¿Dónde estuviste? —inquirió con una ceja alzada
—Eso a ti no te importa. Ahora sale —volvió a ordenar
—Me importa porque me estoy jugando el puto pellejo al mentirle a los demás para estar aquí contigo y tu llegas y te largas sin siquiera pensar en los demás —comentó poniéndose de pie y dando dos zancadas hasta quedar frente a la mujer que le miraba con seriedad
—Yo no te he pedido que le mientas a nadie y mucho menos que te quedes conmigo. Puedes irte cuando quieras y dejarme aquí, yo puedo vivir sola sin ningún problema —contestó ella con una ceja alzada de la misma forma que tenía su barbilla. Su estatura era menor a la de su primo, por lo que se notaba aquella diferencia en esos momentos al estar tan cerca el uno del otro, puesto que no le podía dedicar su mirada altanera y presuntuosa hacia abajo, sino que tenía que enviarla ligeramente hacia arriba.
Sirius sintió que un golpe llegó hasta su estómago al ser consciente de esa realidad, y es que era totalmente cierto que su prima se podía valer por ella misma sin deber tenerlo a él cerca para cuidarla. Ella se podía cuidar perfectamente sola y difícilmente necesitaría a un hombre a su lado para que acudiese en caso de que ella necesitara algo. Ella no era ninguna damisela o princesa en apuros, sino que era una reina que se podía cuidar y defender de todos sin ningún problema. Ella era una Black de tomo y lomo.
Lamentablemente para Sirius, el menor de los problemas era el tener que mentirle a la Orden y a su ahijado, puesto que lo hacía todo el tiempo y le salía como si estuviera bebiendo whisky, de forma natural; el problema era que no quería irse y dejar a su prima allí, puesto que, aunque supiera de sobra que se bastaba ella sola para todo, no quería irse y eso lo estaba matando por dentro. Desde que Bellatrix había dejado el departamento, él se dedicó a pensar en las cosas que había estado viviendo desde hacía algunos días. El fugarse con la bruja, el besarla, el decirle que ella era de él; el mentir por ella, el fijarse que no se estuviera haciendo daño en el cuerpo, el tener en su mente la cara de la mujer durmiendo plácidamente, todo eso le estaba moliendo el cerebro porque no encontraba razón alguna para estar actuando así. Quería besarla y al mismo tiempo quería ahorcarla. Quería sentir su piel bajo su mano, producto de una caricia, pero también quería abofetearla y esos pensamientos lo estaban trastornando, por lo que llegó a una sola conclusión. Bellatrix lo estaba volviendo loco y necesitaba saber por qué, pero para ello, debía pasar más tiempo con la bruja.
—Mira —empezó a decir saliendo de sus cavilaciones, bajando el tono de voz para que el ambiente no se tornara vicioso y agresivo —, tenemos que dejar de pelearnos tanto y empezar a tener más comunicación. Tú no me caes bien a mí ni yo a ti, pero estamos los dos metidos en esto y hay que buscar una solución que nos beneficie a ambos. Yo ya mentí y no puedo retractarme. Tú, no sé qué planes tienes, pero me imagino que algo estarás tramando. Tenemos que aprender a convivir mejor de lo que lo estamos haciendo ahora, porque como vamos, terminaremos los dos muertos —argumentó alejándose ligeramente de la bruja
Bellatrix estaba extrañada por las cosas que había dicho el animago, pero no se lo hizo saber, puesto que quería ver hacia donde iba todo aquello. Volvió a cortar el espacio que había entre ellos y pegó su pecho hasta el de su primo, sintiendo como el corazón del hombre retumbaba con fuerza bajo las costillas. Levantó una mano y enroscó todos los dedos menos el índice, el cual dejó a la altura de la cara del hombre
—Escúchame bien, porque esta es la primera y última vez que te lo voy a decir. No vas a ponerme un puto dedo encima nunca más, ¿me entendiste?, nunca más. La próxima vez que intentes ponerme la mano como lo hiciste antes, te voy a matar Sirius y esta vez lo estoy diciendo totalmente consciente. Te voy a matar y no me voy a arrepentir al último minuto —. La seriedad que estaba extrapolando no dejaban dudas a su sentencia, por lo que el animago comprendió que realmente se había pasado con el agarre que hizo sobre la mujer anteriormente. Bellatrix se alejó de su primo y se tiró sobre la cama —. Ahora sale —ordenó nuevamente, sabiendo que esta vez, el hombre acataría lo que ella estaba demandando.
