Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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-REVIEWS-

PrinceMatt: Muchas gracias por tus palabras hehe, pero me parece que hay más historias que me superan por su constancia en cuanto a las actualizaciones y el contenido… o quizá así lo veo yo hahaha.

No tienes nada por qué disculparte, todos estamos ocupados en esta época y lo entiendo perfectamente. El HoneymarenxHans está llegando a su fin, la espera ahora es muy pero que muy corta. Nos leemos pronto, te mando un beso y un abrazo; Harry.


Hans.

Roland posó sus gélidos orbes azules lentamente en la mano de Maren que todavía sostenía el brazo de la blonda y la castaña la soltó de inmediato.

Elsa no dudó en posicionarse a un lado del muchacho rubio.

—¿Estás bien? —preguntó, revisándole el brazo cuidadosamente. Gruñó al notar la marca roja de cada dedo de la mano de la castaña en la piel de alabastro.

—Sí, solo me duele un poco— contestó la rubia.

El bermejo entrecerró los ojos, había llegado a conocer a Elsa en el tiempo que pasaron juntos, y algo le dijo que no estaba siendo del todo sincera; pero él no intervendría.

Tal vez aquella era la única manera para que Honeymaren dejara a Elsa en paz y ¿por qué no?, también era el pretexto perfecto para quitársela de encima.

Roland asintió.

—¿Elsa— la albina lo miró—, quiero que me digas todo eso que esta… niña ha dicho sobre nuestra familia— ordenó seriamente—. Ahora mismo.

La blonda osciló la mirada entre el rostro enrabiado de su hermano, el asustado de Honeymaren y el vacío del bermejo, suspiró y finalmente accedió.

—Elsa, te estoy esperando.

La aludida lo miró una última vez y Hans asintió imperceptiblemente.

—Dijo que papá usaba la compañía fármacos como tapadera para vender narcóticos— Roland se envaró al escucharla—, dijo que Runeard tenía esclavos de color trabajando para él en su casa en el Caribe y que mamá apoyaba grupos supremacistas porque era racista.

El blondo negó con la cabeza, emociones como incredulidad, rabia y decepción bañaban su rostro. Sobre todo, las dos primeras.

—¿Eso es todo? —preguntó, rechinando los dientes.

—Dijo que tú y Gen… que tú y Gen…

—¿Qué Gen y yo qué? —presionó.

—Dijo que te casaste con Gen porque la embarazaste y la iglesia de su familia no aprueba los nacimientos fuera del matrimonio.

Roland enfocó los fríos orbes de zafiro en la castaña, que parecía querer encogerse. Honeymaren lo miró, pidiéndole─ en vano─ que intercediera. Hans no movió ni un solo musculo.

—¿Eso es todo? —repitió—, ¿qué dijo sobre ti?

—Honeymaren nos contó a mí y a todas las chicas que su hermana menor tiene síndrome de Tourette— los cuatro giraron para toparse con una chica que, por su vestimenta, debía ser una bailarina de la academia; Hans la reconoció al instante. "Tatyana" pensó con sorpresa—; dijo que por eso era una mocosa escandalosa y que no estaba quieta nunca.

Su mejor amigo tenía las manos cerradas en puños, ser mujer era la única razón por la que Honeymaren aún no recibía un golpe en la boca.

—También dijo que Elsa era una zorra oportunista, y que si lograba convertirse en prima ballerina sería solo porque se habría acostado con alguien…

—¡Cállate, Tanya! —Honeymaren la interrumpió y miró a Roland—; escucha, yo…

—¡¿Tu qué?! —tronó su mejor amigo—, no eres más que una mocosa desequilibrada que va por la vida hablando pestes de personas que no conoces porque no tienes nada bueno que decir sobre ti.

—Si me dejas explicarte…— suplicó la castaña, desesperada.

—¡¿Qué me vas a explicar?! ¡¿eh?! eres una desvergonzada, todavía que permití que Hans te llevara a mi boda; y pensar que hablaría con él para que tratara de ser mejor contigo— sus mejilla y orejas adquirieron un intenso tono rosado—. Pero esto no se va a quedar así, mocosa inepta.

—Si me dejaras hablar…

—¿Hablar? ya dijiste demasiado— volvió a interrumpirla—, lo único que saldrá de tu estúpida boca son solo mentiras; te escuché llamando perra nórdica a mi hermana ¿y adivina qué? tú misma eres una también.

Honeymaren volvió a mirarlo.

—Hans…— rogó, los ojos marrones estaban al borde de las lágrimas.

—A mí no me veas.

Roland se giró hacia él.

—¿Sabías sobre esto? —al bermejo no le quedó de otra que asentir—, ¡¿y porque no hiciste nada para detener a esta loca?!

—Claro que hice algo— replicó—, cuando Elsa me dijo lo que Honeymaren estaba haciendo, la amenacé para que parara o si no hablaría con mi abuela para que se lo dijera a la suya.

—Y se detuvo— añadió Tatyana—, pero era demasiado tarde. Ya todo el mundo había escuchado esos rumores.

—Bueno, ahora veo que sirvió de muy poco— dijo Hans.

—Pues como haya sido— Roland se acercó peligrosamente a Honeymaren—, estás muy equivocada si piensas que te vas a ir de rositas; agradécele a mi madre supremacista que me educó para respetar a las mujeres, pero no creas que esto se va a quedar así. Voy a aplastarte, mocosa.

Sendas lágrimas cayeron por las mejillas pecosas de la castaña, Hans desvió los ojos hacia la blonda y la encontró mirando la escena con impasividad.

El bermejo se sintió ligeramente mal por Honeymaren, no porque la quisiera; todo espectro de cariño que pudo sentir por la castaña se había evaporado al escucharla, sino porque conocía a Roland lo suficiente para saber que no pararía hasta hacerle daño.

No físicamente, eso le quedaba claro, si no en el ámbito emocional y para una persona tan frágil como ella, sería demasiado.

Roland Solberg podía ser el mejor de los amigos, pero nadie lo soportaba como rival.

—Vámonos ya— su mejor amigo rodeó protectoramente los hombros de la blonda con un brazo e hizo amago de marcharse, entonces se detuvo y miró a Honeymaren una última vez—. Las consecuencias pudieron ser menores si solo hubieras hablado de mí, de mi padre o de mi abuelo; pero te atreviste a meterte con mi madre, con mis hermanas y con mi esposa, y eso no se lo consiento a nadie. A nadie.

Desapareció por la puerta que daba a la salida, Hans le dirigió una mirada vacía a la que era su novia, y finalmente siguió a los hermanos fuera de la academia.

Su mejor amigo estuvo callado durante todo el camino hasta el edificio en el que vivían su abuelo y la blonda, bajó de la camioneta sin despedirse tan pronto llegaron y cruzó la calle, dejando a Elsa sola con él.

—Está muy molesto— declaró la albina en un murmullo.

—¿Molesto? —bufó, mirándola por el espejo retrovisor—, está cabreadísimo.

La muchacha se limitó a regresarle la mirada.

—¿Realmente estaba haciéndote daño? —preguntó.

—Un poco.

Hans entrecerró los ojos y resopló.

—¿En serio?

—No me mires así, era la única manera de sacar de la jugada a tu noviecita ¿de acuerdo? —dijo la muchacha acercándose un poco a él—. Todo lo que hice fue para salvarnos, lo hice para protegerte de Roy.

Elsa se calló bruscamente, pero no apartó la mirada.

—Honeymaren se lo merecía— declaró la albina antes de salir de la camioneta y dejarlo solo.

La vio cruzar la calle y entrar al edificio, rememoró todo lo ocurrido y también las palabras de Elsa.

"Honeymaren se lo merecía".

No estaba seguro que aquello fuera del todo cierto.

"Lo hice para protegerte de Roy".

Se dijo que era estúpido de su parte sentir esperanza, pero tratándose de Elsa, nunca nada era seguro.


Elsa.

Runeard no estaba en el loft cuando llegaron de la academia, Roland le pidió amablemente a Nanny una compresa con hielo para que se la pusiera en el brazo enrojecido y llamó a su abuelo.

—¿A qué hora llegas? —dijo al teléfono—... no te llamaría si no fuera importante… ¿Elsa? ¿qué se supone que pudo decirme?... ¡ahora resulta!... bien, pero no tardes.

Nanny les informó que la cena estaba lista, pero su hermano se limitó a sentarse en el sofá de la sala de estar a esperar a Runeard mientras ella comía en silencio, trató de hablar con él después de terminar; pero él la envió a su habitación sin lugar a la réplica.

Elsa usó el poco tiempo que tardó su abuelo en llegar al loft para hacer los deberes y ducharse, escuchó la puerta de entrada abrirse y bajó tan pronto como Roland la llamó.

—Espero que sea importante— estaba diciendo el hombre mayor cuando llegó a la sala—, Elsa sabe perfectamente que vuelvo a casa a medianoche y…

—Que tu reputación intachable y la de tu familia se vea manchada por los rumores de una mocosa seguro que te importa— lo interrumpió Roland. Runeard frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando? —miró a Elsa de inmediato—, ¿qué pasa aquí?

—Pasa que la nieta de tu flamante amiga Yelena Nattura, es una vulgar chismosa— se giró hacia ella—. Vamos Elsa, cuéntale a nuestro abuelo lo que la esa escuincla dice por ahí de nuestra familia.

Para cuando terminó de contarle todo a Runeard, su abuelo estaba igual de molesto─ si no es que más─ que Roy.

—Esto es inadmisible ¿cómo se atrevió esa niñata a decir tanta estupidez?... ¡Elsa! —la llamó—, quisiera saber por qué no dijiste nada desde que comenzó esta situación.

—Creí que se detendría— replicó.

—Pues ya vimos que no— Runeard se revolvió el cabello, molesto—. Esto no se va a quedar así.

—Eso fue lo que yo pensé— declaró Roland—, le dije a esa mocosa que la haría pedazos.

—Claro que sí— Runeard le dio la razón—, y ya sé cómo. Yelena me confió hace poco que sus nietos tenían problemas con su madre…

—¿Eso harás? ¿traicionar la confianza de tu amiga? —preguntó Elsa, no se sentía sorprendida, sin embargo.

—Acabas de decirme que ella estaba enterada de esta basura y no movió un dedo para terminar con todo; pues ahora que cargue con las consecuencias.

Roland le dio la razón.

—Llamaré a Eli LaBouff, es un buen amigo mío y además es dueño de una de las cadenas de reportaje más importantes a nivel internacional; su hija conduce un programa de chismes muy visto para ser reciente.

—¿El padre de Charlotte? —Elsa frunció el ceño, recordaba a Tiana, la chica que trabajaba a medio tiempo en The Lucky Cat, hablar de vez en cuando sobre su infancia en Luisiana con ella.

—El mismo— dijo el hombre, sacando el teléfono celular de su bolsillo.

—¿Dónde vive la madre? —preguntó Roland.

—En Noruega, a pocas horas de Oslo…

—No— los interrumpió la blonda, levantándose del sofá bruscamente.

—¿Cómo dices?

—Que no, debe haber otra cosa…

—El abandono de esa mujer es la mejor ventaja— declaró Runeard—. Entiendo que eres muy joven y que no te gusta herir a nadie, pero hay cosas que deben hacerse; esa niña tiene un padre ausente, un abuelo muerto, una abuela que la presiona para que siga con su legado como bailarina y una madre que no la quiere, es perfecto para que la gente que pudo enterarse de sus mentiras se olvide de ellas.

—Te olvidas de su hermano.

—Bueno, pues qué pena por él, pero…

—Pero nada, es mi amigo.

—¿Tu amigo? —bufó su hermano.

—Lo es, de verdad; estoy segura que si está enterado de lo que hizo su hermana ya ha hablado con Honeymaren, porque me ha defendido de ella, además— añadió—, me ayudó a escabullirme de un tipo en el bar de Alistair Krei…

—¿Qué hacías en un bar? —preguntó el blondo de inmediato, miró a su abuelo—, ¿qué hacía en un bar?

—… y siempre se portó bien conmigo— terminó de explicarles, ignorando a Roy—. Él no es como su hermana, créanme.

Runeard la miró con escepticismo.

—¿Segura que es solo tu amigo? porque si estás de novia con ese muchacho y solo intentas protegerlo, entérate que no voy a permitirlo…

—¡Solo somos amigos! —miró a su hermano—, por favor, Roy; Ryder ha sobrellevado muy bien lo de su madre… de hecho tienen una audiencia con ella el veintiséis de este mes y ha trabajado muy duro en el proceso legal que tiene contra esa mujer; si hacen esto… si la situación se hace pública, no sé cómo vaya a afrontarlo.

Roland la miró en silencio por varios minutos, la albina se permitió sentir esperanza al ver la sombra de la duda posarse sobre los orbes cerúleos del muchacho.

—Por favor— pidió en un susurro. El blondo suspiró.

—Bien— cedió finalmente. Runeard lo miró.

—¿Qué?

—Ya la oíste, buscaremos otra cosa con la que atacar.

—Como hombre de negocios deberías saber que esta es la mejor manera de quitarle credibilidad… y no sé ustedes, pero yo— se apuntó a sí mismo— no quiero que me tachen de esclavista cuando la mayoría de mis socios y empleados son de distintas etnias.

—Tachó a mi padre de narcotraficante y a mamá de racista… que es lo mismo de lo que te acusó a ti ahora que lo pienso bien; el punto es que no eres el único afectado— replicó Roland.

Runeard gruñó, pero terminó cediendo.

—De acuerdo, pero cuando vuelvan de Oslo van a traer con ustedes una solución— declaró.

Entonces Elsa recordó que sus padres, su cuñada y su hermana los acompañarían a Moscú para la dichosa fiesta anual de navidad, y sintió nauseas.

Aquello se haría íntimamente grande y los únicos afectados serían los Nattur, solo esperaba que Ryder no se viera tan envuelto.

"Ay Honeymaren, te va a salir muy caro haberte metido conmigo".


Honeymaren.

Terminó de doblar las ultimas prendas que se llevaría a Noruega y las metió en su maleta, no tendrían la primera y única audiencia hasta el día veintiséis, pero según Ryder, debían irse desde ya.

La cena de cumpleaños de Elsa, mi amiga, es pasado mañana y me invitó. Habrías recibido invitación también si hubieras intentado ser amable con ella— le había dicho su hermano cuando trató de convencerlo para que se fueran faltando un solo día.

Pensaba en mil y una excusas─ en busca de la perfecta─ para poder volver a Moscú el mismo día que terminara la audiencia, cuando sus divagaciones se vieron interrumpidas ante el toque de su puerta.

Ryder entró después que ella le diera permiso para hacerlo.

Mi maleta está lista— anunció, dejándose caer en la cama.

Casi termino la mía, solo tengo que guardar mis cremas y habré terminado— comentó, evitando mirarlo.

¿Segura que no había un vuelo más temprano? —preguntó el castaño.

Las once de la mañana se considera temprano"y era el único vuelo después del que tomarán los Solberg".Agradecía que Anya le hubiera dicho a qué hora se irían a Noruega, así se evitaría un encuentro incómodo.

Honeymaren no era tan tonta para pensar que Roland se limitaría a amenazarla solamente, pero la espera la estaba matando. Moría de ganas por descubrir donde vivía Elsa y correr hasta allá para gritarles a la cara que, sea lo que fuera que le harían, se apresuraran.

—… serán las seis de la tarde cuando lleguemos a Oslo, quería tener más tiempo para salir— estaba diciendo Ryder cuando Maren volvió a prestarle atención—. Por cierto, te dejé que organizaras todo y ya no pregunté— dijo, incorporándose y sujetando su peso en un brazo—; ¿nos quedaremos nuevamente en la casa de los Westergaard o…?

Reservé una habitación doble en Oaken's en realidad— aclaró, encogiéndose de hombros para restarle la importancia que poseía—, es un hotel nuevo… pero tiene muy buenas reseñas.

Ryder frunció el ceño, pensativo.

También tiene una sauna, ya sabes, para el frío— añadió—, y un pequeño almacén por si olvidamos algo…

¿Westergaard te dijo que no podías quedarte con él por mi culpa? —preguntó, interrumpiéndola.

¡No, claro que no! —exclamó—, ¿por qué piensas eso?

Éramos buenos amigos, pero parece que me detesta desde que sabe que Elsa y yo lo somos también— Ryder se encogió de hombros y Maren rodó los ojos.

Estaba tentada de decirle a su hermano lo que sucedió en la academia, pero no le quedaba del todo claro si estaría a su favor o no, ya en el pasado había intercedido por Elsa.

Algo tenía esa mosca muerta que hacía que todos besaran allá por donde caminaba.

Si no es por mí ¿tú y Hans están peleados, entonces?

La castaña frunció el ceño, pero se negó a contestar. No estaba totalmente segura si ella y el bermejo seguían siendo uno.

Durante esos días que pasaron desde la pelea no recibió ningún mensaje y ninguna llamada o visitar del pelirrojo, lo conocía lo suficiente para saber que ya hablarían.

Pero claro que lo están, como siempre— resopló Ryder—; mira, Maren, tu solo dime cuando y yo le tiro los dientes a ese cabrón. Creo que no le quedó claro cuando le dije que se comportara.

No todo es su culpa— repuso.

Mejor me voy— dijo, levantándose de la cama para dirigirse a la puerta—, ya comenzaste a defenderlo y no vas a parar.

Honeymaren lo miró irse y, cuando estuvo sola, abrió su Mac y empezó su búsqueda.


Elsa.

Encontró a Roland con una taza de chocolate en las manos frente al televisor con Netflix abierto, viendo Bob Esponja en ruso y con los subtítulos activados.

—Tienes veinte años y estás casado, no me creo que aún estés loco por Bob Esponja— comentó la albina, sentándose junto a él.

—Nunca seré demasiado mayor para Bob— replicó—, y a Gen también le gusta. Por eso supe que era la indicada.

Elsa rodó los ojos.

—¿Cómo es que puedes hablar ruso? ¡son solo símbolos y gruñidos! —se quejó el rubio.

—Solo los inteligentes y capaces aprendemos en poco tiempo— se mofó, altiva.

Roland le propinó un pellizco y Elsa lo correspondió con un golpe que comenzó una pelea; rápidamente terminada por el mayor al derribarla del sofá

—¡Ya está, gané! para de una vez.

—Que tramposo eres— replicó, levantándose avergonzada. Detestaba perder.

Roland rió y siguió prestándole atención a la televisión, Elsa se recostó en el extremo para subir sus pies enfundados en calcetines al regazo de su hermano y se quedaron en silencio un rato, con la voz de Bob Esponja escuchándose de fondo.

Nanny les llevó té y solo entonces Elsa volvió a hablar.

—Estaba pensando que no deberíamos decirle a papá sobre lo qué pasó— comenzó, mordisqueando un emparedado. Roland despegó la vista de la televisión para mirarla—. Al menos no de inmediato— añadió rápidamente—, quiero disfrutar de mi cumpleaños sin que papá finja que todo está bien.

El rubio sopesó sus palabras y finalmente cedió.

—Papá me dijo algo sobre unas cuantas toneladas de polvo para medicamento que lograste venderle a Krei— comentó después de un rato, Elsa sintió una calidez agradable en el pecho al escuchar orgullo en su tono—. Es increíble, no hice mi primer trato por mí mismo hasta hace un año, a los diecinueve.

—Y pasado mañana cumplo dieciocho— levantó las cejas, socarrona.

—Sigue haciéndote la graciosa y te tiro otra vez— aunque su tono era amenazante, una sonrisa adornaba sus facciones—, cambiando de tema ¿cómo hiciste para hablar con Krei? porque nadie obtiene una cita con él si no es con antelación.

—¿Quién te dijo que no conseguí una cita?

—Papá me contó que su pequeña lo llamó muy emocionada para decirle que logró comerciar con un gigante de los negocios— repuso—, que llegaste cuando estaba por marcharse y que le vendiste no solo unos cientos de kilos, si no toneladas.

—Ser joven tiene sus ventajas— bromeó, batiendo sus pestañas coquetamente. Roland bufó, pasando de estar relajado a molesto.

—Mucho cuidado con eso, Elsa; no quiero que ningún idiota se aproveche de ti y yo no esté aquí para defenderte…

—No necesito que nadie me proteja, puedo arreglármelas yo sola— replicó—; no creerás que Runeard está vigilándome las veinticuatro horas del día, además— añadió—, solo estaba jugando.

—¿Segura?

—¡Carajo, sí! los chicos deberían dejar de pensar que todo el mundo está tras sus hermanas…

—Te sorprenderías— Elsa bebió de su té para no soltarle el par de palabrotas con las que quería llamarlo—. El barco llega a medio día del…

—Del cuatro de enero, lo sé.

—Aún estaré aquí, por lo de la fiesta de Runeard; papá y yo queremos ir al desembarque.

Elsa se atragantó con el té y Roland le dio pequeñas palmadas en la espalda.

—¡¿Qué?! ¡por supuesto que no! —logró decir al recuperarse—, papá fue solo su primera vez y tú también. Iré sola.

—No es la gran cosa…

—Sí para mí.

—Solo quiero ir para estar ahí contigo… pero hay una forma de evitar que vaya.

—¿Cuál? —preguntó de inmediato.

—Ya que vas a invitar al hermano de CrazyMaren— la blonda frunció el ceño, comenzaba a desagradarle—, quiero que dejes que Hans asista.

—Te veo en el desembarque.

—De acuerdo, supongo que te veré también durante la firma de sociedad y tendré que venir más seguido para asegurarme que todo funciona de maravilla…

—¡Bien, que vaya! —gritó mientras se levantaba y corrió hasta su habitación, siendo muy cuidadosa al azotar la puerta con todas sus fuerzas para que Roland se diera cuenta de lo molesta que estaba.


Hans.

La regordeta mujer que trabajaba como ama de llaves en el loft de los Solberg le abrió la puerta, invitándolo a pasar e indicándole que Roland estaba en el comedor, listo para cenar.

Nanny le preguntó si deseaba acompañar a los blondos en el comedor y él aceptó, la siguió por los pasillos y encontró a Roland sentado con su teléfono en la mano, el rubio le sonrió al verlo.

—Este lugar está muy bien— dijo, sentándose junto a él.

—¿No habías venido antes? —Roy arqueó una ceja y Hans rodó los ojos.

—¿Y cómo a qué vendría? No es que tu abuelo y yo seamos muy cercanos, y por muy difícil que sea de creer, no eh visitado a Elsa jamás.

Roland se carcajeó y Hans se unió a él al instante, pero guardó silencio cuando la blonda entró al comedor, usando unos diminutos shorts de pijama y una camiseta holgada.

—¿Sigues enojada? —preguntó Roland, sonriéndole.

Elsa lo ignoró, sentándose justo frente a él; hasta donde Hans sabía, no había hecho nadaꟷ másꟷ para que ella estuviera molesta. Quizá Elsa simplemente detestaba su presencia tanto cómo él disfrutaba…

—¿No piensas decirle nada a Hans? —el aludido miró a su mejor amigo.

—¿Todavía que dije que sí quieres que lo haga yo? —gruñó la albina.

—Sería inapropiado y de muy mal gusto si lo hago en tu lugar— repuso—; y hasta donde sé, tu detestas ser maleducada.

Elsa apretó su taza y se giró en su dirección.

—Quisiera que me honraras con tu odiosa, vil y desequilibrada presencia en mi cena de cumpleaños— masculló, rechinando los dientes.

Hans parpadeó, desconcertado. ¿Acaso ella lo estaba invitando…?

"No" pensó "Roland tuvo que haber intercedido".

—Yo… no sé…

—¿Lo ves? Obviamente no quiere ir, pero está inventándose una excusa para quedar bien contigo y dejarme como la peor gente. Igual que siempre— la blonda no lo dejó agregar nada más y se levantó, tomando su plato para salir de la habitación.

—Qué pena— se lamentó Roland—, supongo que no quieres ir porque estará el hermano de tu novia la mitómana.

¿Ryder estaba invitado?

—Nunca dije que no iría— repuso rápidamente—, solo me descolocó que precisamente tú— la apuntó—, me invitarías por voluntad propia… porque así es ¿no? —retó, Elsa estaba por contestarle cuando Roland se adelantó.

—Pues claro.

Hans le dirigió una sonrisa petulante a la blonda, la muchacha enrojeció de rabia y solo atinó a mostrarle el dedo medio antes de marcharse de la habitación dando zanjadas.

—¿Sabes, Roy? —llamó la atención de su mejor amigo—, no creo que Elsa y Ryder sean solo amigos.

—¿Por qué lo dices? —preguntó el aludido. La blonda se giró al instante, retándolo a decir cualquier cosa.

—Pues porque va de aquí para allá con él todo el tiempo.

—Eso no es cierto— replicó Elsa, inmediatamente—, y aunque fuera verdad, eso es algo que no les importa a ninguno de los dos.

—¿No decía lo mismo cuando Frost comenzó a ir a recogerla a la escuela? —siguió el colorado.

—Ni me lo recuerdes, que fui yo el que le pidió el favor la primera vez— el blondo resopló.

—Y también esas idas a la cafetería con Hamada.

—Parece que estás muy pendiente de mi vida— soltó la muchacha, Hans hizo amago de refutar, pero la blonda se adelantó—; qué pena me dan, Ryder es tan amigo mío como lo es Kristoff. Nuestra amistad es la misma que la que tienes con Anya.

Se dijo que ya había sido suficiente y lo dejó estar, al ver que no diría más, la muchacha retomó su camino; aprovechó que Roland estaba distraído enviándole snaps a Gen para lanzar una disimulada y furtiva mirada a los redondos glúteos de la albina cuando ésta se alejaba.

Definitivamente eso del ballet le favorecía más que nunca.

"Y no eres tú quien lo disfruta" le recordó aquella molesta vocecilla que solo hacía acto de presencia para ponerlo de mal humor.

"Tampoco ha dado señales de recordar que te besó" eso también lo irritaba, pero estaba decidido a acorralarla para decírselo a la cara y comprobar si, efectivamente, sufría de lagunas mentales producto del alcohol o solo fingía que nada pasaba.

—Elsa dijo que Honeymaren y Ryder irían a Noruega por un asunto personal — la voz de Roland lo sacó de sus cavilaciones.

—Por lo de su madre— asintió el colorado.

—Me importa muy poco la verdad, solo quería decirte que si aún sigues con ella, y quieres llevarla con los chicos, lo evites. No la quiero en el círculo y por lo tanto no es bienvenida.

—Ni siquiera yo sé que pasa entre ambos ahora— reveló, picoteando el pescado en su plato—; no hemos hablado desde hace días… pero eso no significa que no lo haremos.

Roland asintió.

—Bien… pero como el buen amigo que soy debo decirte esto: quiero que sepas que nada cambiará entre nosotros si decides seguir con ella, pero jamás será bien recibida por nadie de nuestros amigos.

Hans sonrió y negó con la cabeza.

—No, amigo, esta vez debo terminar con eso; supongo que ya lo aplacé por mucho tiempo.

—No creo que le vaya a doler tanto— planteó el rubio—, digo, si estaba decidida a calumniarte ante mi sin importar lo que sintieras solo por dañarlos a ti y a Elsa…

—Hablaré con mi abuela para que hable con la suya y convoca a Yelena de intervenir antes que Honeymaren le haga daño a alguien— comentó, desviándolo de ese camino. No quería mentirle a la cara una vez más.

—Antes que le haga daño a mi hermana, querrás decir.

—Exacto.

Roland cambió el tema y no volvió a mencionar a la castaña, pero esa breve charla entre ambos le había dejado claro al colorado que, en efecto, debía deshacerse de un peso muerto.

Y Honeymaren era el más pesado de todos.


Elsa.

Drew Scott la halagó por su gusto en decoración y le dio pase al siguiente nivel, después de volver a verse ganadora decidió que estaba harta de jugar, guardó su teléfono y se arrellanó en la silla. La peor parte de volver a casa era la espera en el aeropuerto.

—¿Quieres café? —Roland le ofreció su vaso de papel encerado y Elsa se obligó a beber un sorbo.

—Detesto el café de aeropuerto— masculló.

—Yo también— secundó Anya, sentada a su lado con la cabeza pelirroja de Dimitri descansando en sus piernas—, ¿era estrictamente necesario irnos tan temprano? el maldito vuelo es a las seis de la mañana y estamos aquí desde las cuatro.

La blonda rodó los ojos.

—Son cinco horas de vuelo, aquí serán las once de la mañana, pero allá apenas serán las nueve y podrás dormir.

—Qué bueno, porque estoy hecha un asco.

Elsa quiso decirle que se callara, igual que siempre, la pelirroja lucía cómo toda una reina rusa.

Roland se ausentó para ir al baño y Anya aprovechó eso para acercarse a ella.

—No sé qué está pasando, pero hasta Dimitri ha notado que las cosas están un poco tensas— susurró—, si es porque nosotros estamos acompañándolos…

—¡Claro que no! —exclamó, apresurándose a corregirla.

—¿Entonces? creí que dijiste que Ryder y Honeymaren irían a Oslo también, pero los Westergaard ya están aquí y yo no los veo por ningún lado… sí lo invitaste a tu cena ¿verdad?

Elsa enfocó sus orbes en los pelirrojos sentados frente a ellas, Hans sorbía de su propio vaso de café, enviándole miradas furtivas de vez en cuando y Lars dormía plácidamente recargado en el hombro de Ariel, quien charlaba animadamente por teléfono, seguramente con su novio que vivía en Oslo.

—Ryder me dijo que se irían en otro vuelo— explicó—; y desde luego que lo invité a mi cena de cumpleaños.

Le había costado bastante convencer a Roland que el castaño era muy distinto a Honeymaren, que él─ además de Anya y Dimitri─ realmente era amigo suyo.

La colorada asintió.

—Ya no me contaste que pasó con Alistair…

—Te diré todo cuando estemos en Oslo.

—¿Todo?

—Todo— aseguró.

Su hermano volvió del baño justo cuando los llamaron por el intercomunicador para abordar, se sentía emocionada por volver a su casa y nerviosa al mismo tiempo, después de todo, Roland ya le había dejado claro que hablaría muy seriamente con su padre con respecto al tema de la novia de Hans.

"Si es que aún sigue siéndolo" se encontró a sí misma deseando ser poseedora de esa información, pero seguía sin querer acercarse al muchacho cobrizo. Ya encontraría la manera de averiguarlo.

Siempre lo hacía.

Pasó la mitad del vuelo viendo una película con su hermano y durmió durante la otra mitad, el avión estaba por aterrizar cuando abrió los ojos, se estiró y dejó salir un bostezo.

—Estoy cansada— comentó Elsa a Anya cuando recibían sus maletas.

—Yo también— secundó la bermeja.

—¿En serio? —se metió Hans, arqueando una ceja rojiza—, pero si tú y la lagartija durmieron todo el vuelo.

—¡La mitad del vuelo! —aclaró Elsa.

—No es cierto— replicó la pelirroja a su vez.

—Claro que sí, te dormiste tan pronto como despegó el avión y tuve que despertarte porque ya habíamos aterrizado— declaró Dimitri, acercándose con las maletas de ambos.

—No me acuerdo— negó Anastasia, sonrojada.

—Mi amor, me pediste que te bajara cargando porque querías seguir durmiendo…

—¡Ya me acordé! —gritó la bermeja, llamando la atención de algunas personas.

—Ya dormirás más cuando lleguemos a mi casa— le aseguró Elsa—, las camas de las habitaciones para huéspedes son grandes y cómodas.

—¿También son silenciosas? —preguntó Dimitri.

—No seas asqueroso— Lars lo empujó suavemente.

Elsa sonrió un poco y se acercó a Roland, quien llevaba las maletas de ambos; caminaron en silencio hasta la sala y deslumbró primero a su cuñada.

—Creo que alguien te busca— le dijo, señalando a Gen, Roland dejó las maletas y corrió a su encuentro.

—Ese rubio gigante seguro te busca a ti— le dijo Anya, llegando a su lado.

No perdió tiempo y se lanzó hacia Kristoff, quien la recibió con los brazos abiertos.

Finalmente estaba en casa después de tantos meses.


Hola babies, aquí les dejo un nuevo capítulo; una no se puede ausentar un poco porque se olvidan de la historia *lol*, como pudieron leer; la ruptura de Hans y Honeymaren está a ¿uno, dos capítulos?... bueno, la cosa es que pasa porque pasa.

Prometo actualizar VIYLDM y los drabbles en estos días, por si me extrañaban por esos lares. Les ofrezco una disculpa por tardarme en actualizar Little Secret; les juro que college es… es… college.

Les mando un beso y un abrazo, ya sé que es martes pero nunca es tarde para desearles un bonito inicio de semana, cualquier error lo corrijo después. Nos leemos pronto.


Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.—