Dice el refranero popular:

"No preguntes por saber, que el tiempo te lo dirá,

Que no hay nada más bonito, que el saber si preguntar".

"No te necesito, no molestes a este genio de los pedales" Volvió a resoplar al escuchar los gritos de su hermano, no tenía remedio.

Durante el mes anterior, ella había aprendido a manejar la bicicleta con bastante soltura, gracias a que la tía Yukiko había pasado varios días en la ciudad y la había ayudado, durante esos días Hanamichi había preferido salir con Yohei a jugar. Pero ahora que había visto como su hermana montaba quería aprender él también.

Cargada de paciencia volvió a sujetar el sillín de su hermano y a ir tras él mientras él pedaleaba, no es que realmente ello implicase mucho, ya que su hermano ya era 15 cm más alto que ella y pesaba considerablemente más. Pero como la tía Yukiko decía la clave para comenzar a montar en bicicleta era sentirse seguro, y para ello era mejor contar con alguien tras de ti. Solo que su hermano no quería sentirse dependiente, ni ayudado.

"La estás trucando para que pierda el equilibrio, di la verdad" Nuevamente puso sus ojos en blanco ante las protestas del todavía peli negro. A sus escasos diez años ya había aprendido a hacer aquello, sus padres siempre reían cuando lo hacía, todo el mundo acostumbraba a decirle que era demasiado mayor para tener solo diez años "No tiene sentido esto" Protestaba cada vez que perdía el equilibrio, y luchaba por comprender el funcionamiento de aquel artefacto y como su hermana sí parecía dominarlo mientras él no.

Era el primer día que intentaba montar en bicicleta y ya quería saber, se había negado a esperar que llegasen a casa sus padres para que le ayudasen, y quería valerse solo de su hermana. Esa independencia y esa tenacidad eran características que sorprendían a sus padres.

Tanto su madre como su padre tenían grandes expectativas en sus mellizos, tan diferentes y a la vez tan iguales.

Parecía que ya estaba consiguiendo el ansiado equilibrio y avanzaba a más velocidad. Sin embargo, el manillar de la bicicleta pareció girar inesperadamente y él cayó. El golpe no fue muy duro porque su hermana logró sujetarlo algo, cayendo ella con él.

Ambos niños en el suelo se miraron y rieron por la caída.

El niño fue el primero en levantarse, tendiendo una mano a su hermana inmediatamente. Ella la aceptó y se levantó.

El niño era consciente de que su hermana se había llevado la peor parte del golpe al haber aguantado con su peso, y la miró extrañado como ella levantaba la bicicleta y lo instaba a volver a subirse, estando ella nuevamente detrás sosteniéndolo.

"¿Vas a volver a sujetarme?" Preguntó a aquella cabeza de pelos aún morenos y ojos grandes azules.

Ella se limitó a encogerse de hombros y hablar con total naturalidad.

"Yo siempre te sujetaré, hasta que no me necesites".

Ambos se miraron el uno al otro. En aquello consistía su vínculo, siempre uno apoyando al otro.

Él asintió sin decir palabra alguna, pero con mucho sentimiento hacia su hermana. Y ella sonrió cariñosamente mientras lo observaba volver a intentarlo.

"¿Por qué no me lo habías dicho? ¿No considerabas que una mudanza era algo suficientemente importante como para saberlo?" La voz de su hermano era lo único que lograba oírse en aquella calle vacía de personas y cuya única iluminación provenía de las farolas, no dijo nada, no sabía cuál era el dato que más afectaba a su hermano, si el hecho de dejar la ciudad, o el tener que hacerlo para vivir con su madre y con la pareja de esta "Siempre igual, maldita sea".

Se dirigió hacia la pared, pretendía apagar su furia estrellando el puño izquierdo en aquel muro de hormigón. Ella lo detuvo.

Él la miró, y miró su mano.

"Es verdad, no puedo lesionarme" El hecho de que en ese momento su hermano se preocupase por una posible lesión, la hizo darse cuenta de que quizás estaba comenzando a tomarse en serio aquel deporte "Qué sería del equipo sin este jugador tan talentoso".

En cambio, decidió asestarse pequeños golpes en la cabeza a fin de buscar alguna solución. No la había, su hermana tampoco parecía encontrarla.

"Relájate, pensaremos algo" Intentó calmar a su hermano colocando su mano izquierda sobre el hombro de este, pero él se revolvió rechazando su contacto, en aquel momento realmente sentía ira hacia su hermana.

"¿Se puede saber que hacéis en la calle, haciendo tanto escándalo a estas horas de la noche?" Ambos hermanos se giraron para descubrir a su tía con una bolsa de la compra en cada mano visualizándolos con los ojos abiertos de par en par "Mis sobrinos deben comportarse como gente decente y no como alborotadores, vamos".

Ambos mellizos se miraron enfadados el uno con el otro.

Hanamichi por la falta de confianza de su hermana.

Gina por la falta de comprensión de su hermano.

"Tía es él, no se puede razonar con un cabeza hueca".

"¿Qué dices? ¿Cómo has osado llamarme avestruz cobardica?" Cuando ambos eran pequeños y discutían Hanamichi comenzó a adoptar el apelativo de avestruz para su hermana, sabía que si había algo que esta odiase era que la llamaran cobarde, por lo que no dudaba en atacarle por ahí.

La rubia abrió grandemente sus ojos y ahogó un grito en su garganta, mientras tanto la tía Yukiko los observaba atónita a la par que los instaba a caminar dirección al hogar de la familia.

"Si yo soy un avestruz, tú eres una ardilla peleona".

"Yo no me parezco en nada a esos bichejos, además no existe bicho del mundo animal que pueda asemejarse a una persona tan talentosa como yo".

"¿Ah sí? Mira si serás animal que no te ofreces a ayudar la tía Yukiko que viene cargada de recados" Dijo a la par que cogía algunas bolsas de las que su tía había estado portando.

Aquella afirmación enfadó al pelirrojo, hasta el punto de que decidió darle un manotazo a su hermana para arrebatarle las bolsas que esta había comenzado a cargar.

"Yo la ayudo más que tú, porque yo soy el sobrino más atento del mundo" Pero ella no estaba dispuesta a cedérselas por lo que comenzaron a forcejear.

Si no los conociera ya demasiado bien, en aquel momento Yukiko Sakuragui no daría crédito de la escena, un matrimonio que pasó cercano a ellos permaneció observando la escena durante unos instantes.

"Quien rompa alguna de las compras se queda sin cenar".

Aquella afirmación en tono neutro había ocasionado que ambos cesasen en el forcejeo automáticamente. Ambos hermanos se miraron sujetando a la vez las bolsas y esperando a que uno de los claudicase antes. Finalmente, fue Gina la que atendió a razones y soltó los recados, cargando Hanamichi con todos ellos de camino a casa.

"¿Tía, por qué has comprado tanta comida?" Preguntó la rubia con ojos interrogantes, Hanamichi acostumbraba a comer mucho pero ellas dos solían cenar menos, además en casa había bastantes alimentos aún, no había necesidad de ir de compras.

"Porque vamos a celebrar que hemos ganado algo de tiempo?"

"¿Tiempo?" Preguntaron ambos a la vez, Hanamichi que desde que había conseguido el control de las bolsas había se había perdido en la conversación, retomó el hilo de esta.

"Sí, porque mientras ustedes perdéis la tarde peleándoos como niños de tres años, yo he estado pensando, viviréis aquí de momento hasta que acabe la primera parte del curso escolar, luego ya veremos si podemos extenderlo" Los mellizos se miraron "Por más que vuestra madre quiera no puede hacer las cosas como se le antojen y vuestras necesidades académicas van antes" Observó como sus sobrinos aún estaban estáticos "¿Ustedes no tenéis que estudiar, y hacer deberes y esas cosas que hacen los jóvenes de buena familia?".

Así era la tía Yukiko, siempre solucionaba los problemas.

No se decidía del todo a tocar o no la puerta, tras bajar varias veces el puño y darse la vuelta, se terminó por decidir a entrar sin siquiera llamar. Al abrir aquella puerta se sorprendió de ver a su hermano acostado en la cama, no acostumbraba a dormirse pronto, realmente la nueva etapa de este como deportista estaba trayendo más consecuencias de las esperadas.

Se sentó en silencio en el borde de su cama, y pudo notar por los movimientos que su hermano se reincorporaba levemente quedando sentado con la espalda apoyada sobre la pared. No había encendido la luz, por lo que la única iluminación de aquella sala eran los escasos rayos de luz emitidos por las farolas del exterior.

Habían cenado los tres, y después dado que Hanamichi había alegado tener que hacer algunos deberes, cosa que las dos mujeres interpretaron era una excusa para no colaborar con ellas en la recogida de los platos, se habían quedado tía y sobrina limpiando y recogiendo el hogar, mientras hablaban de algo que él desde su cuarto no alcanzaba a oír.

Cuando ambas habían terminado de recoger y la tía de los mellizos se sentó a tomar su clásico té nocturno previo a alcanzar el sueño, producto indispensable para poder dormir correctamente según la mujer afirmaba a sus sobrinos. Gina la había observado intentando intentado seguir sus pasos y tomar un té con su tía, pero esta negó con la cabeza, y señaló sin decir palabra alguna al camino que Hanamichi había seguido minutos previos. Debía hablar con su hermano para solucionar las cosas, antes de que finalizase el día, su tía razón. Y por ello allí se encontraba en aquel momento. Sentada al lado de su hermano sin que ninguno de los dos dijera palabra alguna.

Como conocía de la cabezonería de su hermano, y sabía que en aquellos momentos él aún estaba enfadado con ella, decidió tomar la palabra.

"Actué mal, lo siento" Lo bueno si breve dos veces bueno, o al menos eso decía siempre su padre cuando eran chicos.

En el silencio de la habitación pudo oír como él resoplaba. Él sabía que lo sentía, pero igualmente sabía que si volvieran a estar en una situación en la que la joven no creyese conveniente contarle algo por miedo a su reacción, no lo haría y se lo ocultaría. La falta de confianza en él por parte de su hermana, y sentir que ella lo veía como una bomba de relojería que en caso de no saber como procesar algo explotaría, provocaba aquellos malos sentimientos en él, y la necesidad de alejarse.

"Nunca confías en mí" Aquellas palabras resonaron en la mente de la joven de cabellos rubios, era idiota por pensar eso.

Cómo podía decir que no confiaba en él, si probablemente era la única persona del mundo en la que lo hacía.

Se recostó sobre las mantas de la cama de su hermano mirando al techo de la habitación, esa habitación era mucho más sobria que la de ella. Hanamichi pocas veces era serio en sus palabras y en su rostro, y esta vez era una de ellas, por lo que Gina podía percibir que su enfado era grande.

Allí mirando ese parco techo, recordó el día en el que un Hanamichi de apenas once años convenció a Yohei Mito de pegar en el techo de la pequeña de la casa estrellas que cuando la luz estaba apagada brillaban levemente, dando una atmósfera acogedora. La primera noche que las descubrió no podía creerlo, y corrió al cuarto de sus padres a llamarlos y llevarlos a que presenciaran aquel milagro.

Aquello costó les costó a los dos niños una reprimenda, pero valió la pena ver como la niña se emocionaba contando que en su cuarto había estrellas.

Allí mirando a aquel techo pensó que no podía recordar un momento en el que Yohei y su hermano no hubieran hecho cualquier cosa por agradarla.

"Hay un chico, es una tontería, pero no sé, creo que significa algo" No sabía por qué pero se sentía mejor hablando de aquello con su hermano, este tomó una posición similar a la de su hermana, ambos tumbados boca arriba observando el oscuro techo de la habitación.

No había pronunciado palabra alguna esperando a que su hermana continuase hablando. Su gran experiencia tratando con ella le hacía conocer que Gina requería de tiempo para poder sincerarse sobre algo que le preocupase. Si bien la paciencia no era de sus virtudes, en esa materia la tenía bastante cultivada.

"Me hace querer volver a tocar el piano" Aquellas palabras asombraron a Hanamichi.

El pelirrojo giró su cabeza buscando el brillo de los ojos de su hermana, estos continuaban perdidos en el techo, parecían querer descifrar algo en aquella oscuridad.

Sabía lo que significaba para su hermana aquel instrumento musical, y el tiempo que hacía que no tocaba, por lo que sea cualesquiera que fueran aquellos sentimientos debían ser fuertes.

"Te complicas demasiado".

Había hablado con total sinceridad, ella continuaba con la vista perdida en el techo, pero él sabía que contaba con su plena atención y que ella lo esperaba para que aclarase su afirmación.

"Si te gusta conquístalo" El camino más directo y más corto, ese era el que siempre el pelirrojo optaba por seguir en su vida, y cuya filosofía le parecía más apropiada.

¿Conquistarlo? Aquello era lo más absurdo que había escuchado, además no era que ella quisiera tener algo con él, solo le ocasionaba curiosidad conocerlo ¿no?

"¿Cómo sigues con Haruko?" Señal definitiva de que su hermana había decidido unilateralmente que dejaran de hablar de ella, y lo había localizado a él en el centro de la conversación, el mero hecho de oír el nombre de la joven hizo que una risa tonta se escapase de sus labios, y un leve color rosado cubriera sus mejillas, era imperceptible por la oscuridad de la habitación, pero la rubia sabía que la cara de su hermano debía estar algo sonrosada "Yohei me ha dicho que las cosas están un poco paradas".

"Ese estúpido hablador, me las va a pagar, pero seguro que no te ha dicho que se las trae con una muchacha que está en clase ¿a qué no?" Los ojos de Gina se abrieron fruto de la sorpresa y giró su rostro hasta encontrarse con los ojos de su hermano.

Ambos rieron profundamente, sin saber muy bien por qué.

"Ese bobo, se nos hace mayor hermano" El pelirrojo asintió, y Gina se levantó de su cama, y sin decir nada más, tras depositar un breve beso en la cabellera pelirroja de su hermano salió de aquella habitación para sumergirse en la suya y en sus pensamientos. Este la observó desde su posición mientras se marchaba y cerraba la puerta a su paso.

Lejos de aquel hogar, sobre una cama y con la vista fija en el techo, se encontraba un joven de piel morena recapacitando acerca los acontecimientos que aquel día habían tenido lugar. No entendía, no podía entender la actitud de Gina Sakuragui, precisamente, aquel día había sido el que más parecía estar abriéndose emocionalmente ante él.

Una extraña sensación le invadía cuando estaba cerca de ella, parecía que la joven se autocontenía para no hablar más de lo que hacía, o articular más de lo que debía, en su presencia podía ver como el cuerpo de la joven se volvía más rígido, y evitaba su mirada.

Debido a los años que llevaba practicando un deporte como el basketball, podía leer los movimientos de las personas e incluso saber más a partir de ellos que de lo que decían a través de las palabras. Y sabía que aquella joven de cabellos rubios adoptaba ante él una postura cuanto menos defensiva, pero ¿por qué sería? La joven parecía constantemente querer huir de él, ¿Por qué podría suponer él una amenaza para ella?

Y lo más importante ¿qué hacía el hasta tan tarde sin poder dormir pensando en ella?

Si algo caracterizaba a Shinichi Maki es que se conocía mucho así mismo. Conocía sus fortalezas y sus debilidades, como su madre un día le dijo, la verdadera fortaleza de una persona se encuentra en saber conocerse a uno mismo, aprovechando las ventajas con las que cuentas para disminuir tus debilidades, así como para aumentar tus fortalezas. Y hasta entonces le había ido bien así, tanto en los deportes como en su vida académica.

No podía recordar que no fuera así, cuando se iniciaba en el mundo del basketball y descubrió de su gran ventaja en resistencia y velocidad, decidió entrenar su capacidad muscular y con ello mejorar su capacidad de salto y porcentaje de aciertos en los lanzamientos. Cuando fue consciente de que necesitaba desconectar a nivel mental del estrés ocasionado por el basketball, descubrió el surf. Constancia y perseverancia eran dos adjetivos que se adecuaban muy bien a aquel moreno.

Pero para él siempre, lo más importante, siempre fue disfrutar y divertirte en lo que haces, factor determinante para que lo que haces lo hagas bien, que te guste.

Por ello ahora no quería mentirse así mismo, y allí, con sus oscuros ojos adornados por aquel lunar fijos en el techo, y con su cabeza reposando sobre su brazo derecho, pensó que Gina Sakuragui realmente le resultaba muy interesante y que quería seguir descubriendo más acerca de ella.

"¿No crees que Takezono pueda con ello?" Aquellos ojos negros la escrutaron durante unos segundos, solo recibieron una negación silenciosa por parte de ella "¿Tan fuerte es Kainan?" Esta vez la joven no se limitó únicamente a mover su cabeza, sino que habló.

"Sus entrenamientos son muy duros y siempre muestran nuevas técnicas, según dicen es un equipo invencible, tanto no creo, pero si Shohoku llega a enfrentarse a ellos lo pasara mal" Yohei asintió reflexivo.

Ambos estaban desayunando tranquilamente, mientras Hanamichi terminaba de vestirse, como casi todos los días, Yohei Mito había pasado a recoger a Hamichi para ir juntos a la preparatoria, la cercanía entre ambas casas así lo permitía. Pero aquel día, como no era nada extraño, el pelirrojo se había retrasado más de la cuenta, y Yohei se había adelantado, por lo que a petición de Gina accedió a tomar algo para desayunar en su compañía.

"Pero creo que el mayor problema de Shohoku ahora mismo es lograr vencer a Shoyo, también es un equipo muy bueno" Dio un sorbo a la bebida caliente que se encontraba entre sus manos tras pronunciar aquellas palabras.

"¿Tan buen equipo son?" Nuevamente, su acompañante se limitó únicamente a asentir.

Comenzó a soplar levemente aquella bebida para poder tomarla, cómo era posible que Gina pudiera beber aquello tan caliente, su lengua le estaría ardiendo todo el día si tomaba un sorbo del té frente a él. Su actividad se vio interrumpida por las palabras que la joven profirió con las que captó la atención de su amigo.

"¿Cuándo me pensabas contar que hay una muchachita que se está ganando el corazón del duro Yohei?" El joven elevó su vista inmediatamente, para descubrir a una Gina risueña ante sus ojos, ese maldito pelirrojo nunca callaba.

"Cuando eso pase" Dijo todo lo tranquilamente que mantener aquella mirada analizadora de Gina le permitía, la joven elevó una ceja, recurso empleado para conseguir interrogar a alguien sin que mediase palabra, uno de sus favoritos "Es solo una muchacha del curso encandilada por el chico malo de clase, ya sabes, eso de mi atractivo irrefrenable" Gina rió, por las palabras del muchacho, en ocasiones abandonaba su aire serio y reflexivo para mostrar un aspecto cómico "Hablaríamos más si te dignases a venir al gimnasio, me están comenzando a preguntar por ti el resto de compañeros".

"Hoy tampoco iré" Se limitó a decir.

No hacía falta que expresase su pesar por no ir, porque Yohei ya lo sabía, él conocía de la importancia que la joven le daba a aquellos entrenamientos en los que lograba sacar su furia contra el mundo. Evitó comentarle a su compañero de entrenamientos que el día anterior había ido al gimnasio sin él, allí no se había encontrado con nadie y había entrenado sola por lo que no se enteraría.

"Algo debe estar pasando por tu cabeza, ¿Será que eres tú la que ocultas cosas?"

"Será" Sonrió levemente y elevó su vista para descubrir a un Hanamichi algo despeinado entrando en la cocina con rapidez, a la vez que realizaba un barrido visual por la misma estancia, probablemente buscando algo para llevarse al estómago antes de salir.

Tanto Yohei como Gina se levantaron de la mesa, preparándose para salir del hogar, fue en ese momento que el joven de ojos negros se dio cuenta que Gina llevaba una bolsa con algo que parecía ser una prenda de ropa, pero evitó hacer alusión a ello, conocía a la rubia, y ella se lo contaría en su debido tiempo.

Su relación con la joven de cabellos largos se basaba en el principio no preguntes por saber, que el tiempo te lo dirá, que no hay nada más bonito que el saber sin preguntar. Quizás ese era uno de los encantos de aquella amistad, que ninguno presionaba al otro y ambos se entendían desde el silencio.

Estaba completamente seguro de que si Gina hubiera sospechado que él estaba realmente interesado en alguna joven no le habría preguntado de forma tan directa, pero Gina lo conocía demasiado bien, y era una persona bastante observadora para haber podido percibir aquello. Además, le habría resultado algo decepcionante que el joven estuviera pensando en alguna chica y no se lo hubiera contado.

Con Hanamichi, transcurría algo similar, si bien a simple vista el pelirrojo parecía ser bastante extrovertido, lo cierto era que en sus aspectos íntimos y en todo lo referente a sus emociones, era cerrado, incluso podía llegar a serlo más que Gina. Quizás era por ese orgullo inquebrantable que se gastaba.

Aquel día Gina no llegó tarde, pero los dos alumnos de la preparatoria Shohoku sí, tampoco era muy importante, a aquellas alturas del curso, los profesores pocas expectativas al respecto del cumplimiento de los formalismos escolares tenían ya en aquellos dos amigos.

El joven entró en la habitación, le parecía imposible que Gina hubiera podido ocasionar aquel desastre por sí misma, esquivó los muebles tirados por el suelo como pudo hasta acceder a la cama en la que su mejor amiga yacía. De espaldas a la pared, aunque no podía ver su rostro, imaginaba que estaba llorando por el casi inaudible sonido emitido.

No sabía qué hacer.

No sabía qué decir.

Se sentó en la cama, el largo cabello de su amiga se extendía por toda la almohada, pero el cuerpo de ella únicamente ocupaba una pequeña proporción de la cama. No le extrañó que no se girase, quizás tardase un tiempo en salir de aquella cama. Desde aquel lugar pudo observar nuevamente el desastre en el que aquella habitación se había convertido, incluso apreció el espejo de la habitación hecho añicos. Podía imaginarse a la joven rompiendo todo el mobiliario de la habitación tras lo acontecido.

En menos de dos días, Gina había perdido a un padre, de cuya muerte sabía que se culpaba. A su madre, que tras los hechos y el rechazo de sus hijos había decidido mudarse con el profesor de piano de Gina con el que mantenía un tipo de relación cuya calificación le era desconocida. A su pareja, a la cual sabía que quería y de la cual se sentía fuertemente traicionada. Y aparentemente también había perdido a su hermano que se había trasladado a vivir al hogar de la tía de ambos a petición de la misma, que ahora se encontraba viviendo entre su hogar con su sobrino, y el de su difunto hermano con su sobrina.

El qué era correcto decir en aquella situación era desconocido para él, había pasado todos los días posteriores a la muerte del Señor Sakuragui con Hanamichi, acompañándolo en silencio. Sabía que el pelirrojo funcionaba así, el silencio y la soledad podrían curarlo.

Pero Gina era diferente, necesitaba la compañía de alguien que no le dijera palabras como "todo estará bien" "va a pasar" como había estado haciendo Mayoko.

Tampoco necesitaba de los gritos de sus otros tres amigos que en aquel momento se encontraban peleándose sobre la estrategia a seguir para conseguir animar a los hermanos, y sobre todo reconciliarlos.

Tampoco necesitaba alguien que la presionase por comer, y por salir de la cama como hacía la tía Yukiko. La señora de cincuenta años le había advertido de una fuerte pelea que había tenido su sobrina con el que era su pareja, y que había finalizado con su relación.

Por lo que, quizás él era la única persona que la podía hacer sentir menos sola. Colocó su mano derecha sobre el hombro de la joven que descansaba de costado. Y él no había estado, había elegido a su hermano sobre ella, y se sentía miserable por ello.

"Estoy contigo" Podría jurar que el llanto paró durante unos segundos, la oscuridad de la habitación era completa, pero aún así, podía sentir que su amiga se había dado la vuelta "No es tu culpa".

Breve y conciso.

Porque así era él, y porque aquello era lo único que quería transmitir a su amiga. Esta lloró aún más con sus palabras y extendió sus brazos alrededor de su cuello en el que encontró un lugar donde llorar que fuera diferente a la almohada.

Allí se mantuvo, con el pelinegro acariciando su espalda intentando consolarla, hasta que sintió como se hacía más pesada en sus brazos y culpó a ello del sueño en el que había caído.

Querida memoriesofkagome, alegría es lo que me produce a mí leer tus comentarios, espero no decepcionarte especialmente a ti que sigues esta historia de forma tan fiel, ni al resto de lector s. Espero poder dejaros un nuevo capítulo que aclare el conflicto entre los hermanos Sakuragui antes del fin de año. Muchos besos, cuídense y gracias por leer.