La historia que dejamos pasar


Capítulo 29

Después de la invitación de Irie-kun, Kotoko realizó sus actividades en automático, manteniendo la menta en blanco hasta la mañana siguiente, cuando de camino al trabajo su mente reaccionó a esa inusitada propuesta de él, cuya finalidad no tenía sentido para ella. Lo que debieran hablar era importante para merecer un lugar con las características del restaurante, pero no tanto para demorarlo semana y media.

Otra vez no comprendía su comportamiento.

Por otra parte, dudaba sobre cómo sentirse respecto a la cena que aceptó. El lugar, la intimidad, el interés y la compañía del hombre que quería… todas eran circunstancias que conformaban su cita perfecta.

Sin embargo, era tarde. Y esa reunión de los dos no se trataba de un encuentro romántico. Más bien sería un agridulce momento con él, que no debía tener idea de sus ilusiones y sus sentimientos.

—Kotoko. —Se detuvo al oír su nombre detrás, justo del hombre en que estaba pensando.

—Naoki-san —musitó ladeándose para mirarlo. Estaban a unos metros de la entrada de ambulancias del hospital.

Irie-kun la observó unos segundos y movió su cabeza a modo de saludo. —Buenos días.

—Eh, buenos días.

—Mi reservación quedó el viernes de la semana siguiente, a las veinte horas.

—A las ocho, está bien, asistiré a esa hora. —Abrió su bolso colgado de su hombro y buscó su agenda. Con ella en mano, se dispuso a dar con un bolígrafo, mas Irie-kun le ofreció una pluma. —Oh, gracias.

Rápido hojeó su agenda, esperando que más tarde no olvidara agregarlo a su teléfono, aunque no creía necesitar el doble recordatorio, veía difícil olvidar esa intrigante petición. El día indicado, garabateó en la línea correcta.

—Ahí está.

De forma extra, añadió acudir al cajero automático antes de eso, para contar con el efectivo de los taxis.

—Puedo recogerte y llevarte a casa.

Alzó la mirada. —¿De verdad?

—Conduciré el vehículo que comparto con mi madre.

—Si tú quieres, dame un momento —volvió a su bolso con la intención de sacar su móvil y guardar la agenda—; ah, lo siento —dijo al notar que estaba por meter la pluma—, esto te pertenece.

Le extendió la bonita pluma negra con dorado, que él aceptó con la comisura de la boca curvada, y se apuró en encontrar el móvil. Años atrás, en un impulso, había eliminado la información de él en su cuenta, por lo que no estaba en ese aparato cuando cambió el anterior y recuperó datos del número.

Al encontrar su teléfono, fue a su lista de contactos y agregó su nombre; después se lo entregó a él.

—Puede que no esté atenta a tu llegada —comentó con gracia y bochorno.

Irie-kun permaneció silencioso, pero aceptó su teléfono, donde ingresó los dígitos.

Ella registró el número y presionó el botón de llamada. Él introdujo su mano en su saco y miró la pantalla, luego la tocó varias veces y lo regresó a su sitio.

—Listo, ahora tengo que apurarme para ponerme el uniforme.

Se despidió con la mano y prácticamente corrió al interior del hospital, dejándolo atrás, a pesar de que su destino era el mismo.

{…}

Más tarde, Kotoko discurría acerca de un asunto práctico de la cena con Irie-kun, y ese era la vestimenta. Sabía que había ciertas normas en ese tipo de restaurantes y dudaba que la ropa en su armario los cumpliera, porque se había deshecho de las prendas que sí lo hacían, pues aumentó unos tres kilos de peso en los años recientes y no le servían.

Quizá Satomi o Jinko podían prestarle algo, ya que tenían muchos eventos en esa clase de lugares.

Antes de cambiarse, escribió un mensaje en su grupo comentándoles al respecto, temblando al borrar que era una cena con Irie-kun. Prefería anunciarlo si le preguntaban.

Enviados sus textos, colocó su teléfono en su casilla y procedió a ponerse su ropa de calle, esperando la vibración de una respuesta entrante. Esta no llegó en los próximos minutos, así que abandonó los vestuarios.

Al salir, se encontró con Moto-chan.

—Dicen que te vieron anotando cosas y compartiendo teléfono con Irie-sensei —sentenció su amiga elevando sus cejas. —¿Ya resolviste el misterio del domingo?

¿Por qué a la gente le encantaba esparcir historias?

Kotoko oteó en todas direcciones y haló de su amiga pelinegra para hablar bajo.

—No. Me pidió que cenáramos porque quiere hablar de algo conmigo. No adelantó qué era.

—Y tú aceptaste, supongo.

Se frotó la nuca. —Sí, todavía no sé si hice bien, aunque estoy curiosa de qué quiere. Es que… es en el Hotel Royal la próxima semana.

Moto-chan silbó.

—A la gente de dinero le gusta presumir en sus citas.

—No creo que sea una cita, cita.

—¿Qué dijo exactamente? Ya, me imagino que no mucho, es Irie-sensei después de todo.

Soltó una risita divertida.

—Bueno, hayas hecho bien o no, ve, si te quedas con la curiosidad será un infierno para ti y ya lo dejaste plantado una vez.

Hizo una mueca, debía descartar cancelarle o decirle que sus planes cambiaran, era casi lo mismo.

—¿Y qué vestirás? —preguntó Moto-chan emocionada—. Es el momento perfecto para lucirte. Es prerrogativa estar fabulosa al reunirse con un ex, tienes que mostrarle lo que ha perdido.

—Hace unos momentos le pregunté a mis amigas si tienen algo de mi talla…

—¡No! Si tu guardarropa no tiene nada indicado, tienes que comprarte un vestido que grite tú, y que sea sexy y elegante. Que te mire y se quede boquiabierto… y se sienta estúpido por no aprovecharte cuando te tuvo.

Moto-chan empuñó su mano en el aire.

Kotoko abrió la boca impresionada.

—No te arrepentirás, es una victoria que mereces conocer. Dile a tus amigas que cambiaste de opinión y yo te acompañaré el fin de semana a comprar. Nos divertiremos juntas.

Una hora después, en su casa, se cuestionaba cómo terminó aceptando, cuando el timbre de la entrada anunció un visitante.

Ceñuda, se acercó a investigar quién le visitaría en la noche.

—¿Sí?

—¡Kotoko! Somos Satomi y yo.

Sorprendida, pulsó el botón de acceso y abrió su puerta para recibir a sus amigas. Tras unos pocos minutos, ellas llegaron y corrieron a su apartamento con demasiado apuro, empujándola y cerrando con el mismo ímpetu.

—¿Qué ha pasado que tienes una cena en el Hotel Royal?

—Tenemos el presentimiento que es una cita.

—¿Con quién vas a salir?

—¿Quién te ha hecho cambiar tu opinión de no darle una oportunidad a alguien más?

Sus amigas hicieron una pregunta tras otra, acorralándola en el sofá, donde cayó sentada.

—Nos gustaría prestarte algo, pero tienes que verte estupenda y tenemos tallas diferentes a la tuya.

—Ropa más grande no servirá.

—Chicas.

—Tienes que resaltar tus mejores atributos.

—Pero puedo prestarte unas zapatillas, sí calzamos el mismo número.

—¡Chicas! —exclamó para callarlas.

Las dos pegaron un brinco, si bien conservaron sus expresiones expectantes.

—No es una cita, es Naoki-san quien quiere que hablemos.

En cámara lenta, sus amigas terminaron en el sofá junto a ella.

—Nosotras dejamos todo por venir a averiguar y es… él.

—Es tan raro escucharte decir "Naoki-san", no fue como ese mensaje. —Satomi suspiró. —Bueno, ¿y ahora qué quiere?

—Eso, no lo sé, lo sabré ese día. Y Moto-chan irá conmigo a comprar un vestido, sabe más de moda que nosotras tres juntas.

—¿Cuándo?

—El sábado en la tarde al salir del trabajo.

Satomi resopló. —Tengo una cena.

—Los chicos tienen concierto. —Jinko gruñó. —Va, de acuerdo, sabemos que ustedes no siempre tienen tiempo, dejaremos que vayan solas. Prométenos que comprarás uno espectacular.

—Sí, si es con Irie, tienes que regodearte en su cara con tu apariencia. Cenarás con tu ex.

Jinko asintió. Kotoko pensó que tenían las mismas ideas que su amiga enfermera.

—Eh, ¿y todo está bien? Siempre comentabas que querías una cita así —observó Satomi suavemente.

Asintió. Se guardaría sentimientos de cualquier clase para sí misma.

{…}

En su camino a la máquina expendedora, una persona cabizbaja chocó sus hombros con Kotoko, que distraída no se hizo a un lado a tiempo.

Las monedas en su mano se le resbalaron.

—Disculpe.

Kotoko apenas pudo mirar a la muchacha, quien se alejó prontamente. Al devolver la vista al frente, consiguió captar el momento en que su moneda rodó debajo de la máquina.

—No —musitó quejumbrosa; solo había sacado la cantidad exacta de su casillero.

Recogió las monedas cerca de sus pies y corrió a la máquina, apoyándose de rodillas para tratar de recuperar la restante. No quería regresar a los casilleros.

…pero lo tendría que hacer, porque estaba lejos de su alcance.

—Solo me pasa esto a mí —farfulló mirando con añoranza los artículos de la máquina.

—Deberías traer más que el dinero justo. —Los zapatos marrones de Irie-kun aparecieron en su campo de visión.

—Yo no tengo una gaveta en el escritorio de mi cubículo compartido —replicó disponiéndose a levantarse.

Irie-kun rió entre dientes y le ofreció su mano. Al soltarla, sacó su billetera de su bolsillo lateral, mientras ella se cuestionaba si imaginó una caricia de sus dedos.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó él extrayendo un billete.

Pestañeó y le tendió las monedas.

—No te preocupes.

Asintiendo, le indicó el té verde dulce. Él seleccionó ese y unas galletas de avena, los cuales se inclinó para coger del compartimiento inferior.

—Gracias —dijo aceptando su botella.

Irie-kun bajó la cabeza lacónicamente y se dio la vuelta. A unos pasos de ella, que se disponía a beber, se detuvo y la miró sobre su hombro.

—Cuando quieras puedo guardarte alguna de tus pertenencias en mi gaveta.

Sin aguardar su respuesta, él continuó su camino. De estar bebiendo su té, ella se habría ahogado.

¿Había algo de lo que no se daba cuenta o solo había decidido convertirse en mejor ser humano?

Más importante, ¿por qué tenía esas actitudes ahora que no eran pareja?

{…}

Moto-chan había rechazado las dos boutiques a las que entraron, así que Kotoko y ella iban hacia la siguiente en el amplio centro comercial. Su amiga argüía que los modelos vistos no gritaban despampanante, un requisito indiscutible en esa misión de "retorcer al ex".

La joven enfermera estaba siendo un poco apasionada, pero cruzaba los dedos porque no quisiera que se gastara el salario de dos meses en un vestido.

De repente Moto-chan se cubrió la boca y la asió de la mano para ocultarla detrás de una columna.

—¿Los viste?

—¿Eh? ¿A quiénes?

—Debí suponerlo. Nishigaki-sensei con Miura Emiko-san, caminando juntos.

—¿Cómo! —soltó de golpe, absolutamente sorprendida. Se suponía que él estaba enamorado de una mujer desde hacía tiempo, y a la antigua paciente la conoció por primera vez en el hospital. Además, otra razón para que no fuese la misma era que la castaña había estado en el extranjero hasta una semana antes de ser ingresado, razón de tener un accidente por el jet-lag.

¿Qué había pasado con los sentimientos que pregonaba Nishigaki?

—Vamos, quiero enterarme de más. —Moto-chan la cogió de la mano y los siguieron a una distancia prudente.

Kotoko se sentía molesta y estafada por el médico de lentes; aunque la primera mujer pudo rechazarlo definitivamente y él avanzar. No obstante, con su historial, podía estar engañando a la otra.

—Esto me hace concluir que… tal vez sí quiere tu ayuda para conquistar a su "enamorada", mas busca una oportunidad contigo, y, mientras está en ello, también va detrás de Emiko-san. Era bastante extraño que cambiara su actitud mujeriega de forma abrupta.

Entraron a una tienda. Nishigaki se detuvo, haciendo que Miura-san le imitara. Moto-chan y ella se ocultaron con la ayuda de una pantalla publicitaria digital y unos percheros de ropa, muy cerca de ellos.

Espiaron entre las prendas colgadas.

—Deja de seguirme —emitió el médico encarándola.

—Entonces, ¿por qué me dijiste dónde estarías?

Él se pasó una mano por la cara.

—Eso fue un lapsus, un error cometido por falta de atención.

—Llegarías a ser un gran psiquiatra, Hikaru.

—No uses mi nom… Ay, olvídalo, esta es mi paga, nunca debí ser tan informal en el pasado. —Nishigaki cerró sus ojos presionando su tabique.

—Parece que todos encuentran su merecido tarde o temprano —susurró Moto-chan a su oído, burlona.

Kotoko se cubrió la boca para no reír.

Miura-san puso su mano en el brazo del médico. —No te aflijas, mejor vamos a las boutiques a comprar la ropa por la que estás aquí. Te ayudaré, tengo muy buen ojo para esto. ¿Sabes, querido? El azul es tu color, resalta tu piel; compra más conjuntos de este estilo que usas. Y te da un aire muy elegante, como modelo de revista.

Pudo apreciar que la oreja de Nishigaki enrojecía. De verdad ella le afectaba; si fuese otra, no habría reaccionado así más de una vez.

—Emiko, vete a casa —ordenó él soltándose y dando media vuelta para salir del comercio.

La aludida dio un paso para seguirlo y soltó una exclamación de dolor.

Nishigaki se giró rápidamente.

—Me he doblado el pie.

Su amiga y ella se miraron, porque eso no había ocurrido. Él suspiró.

—No deberías usar zapatillas tan altas.

—¿Ahora dirás que no afirmabas preferir que las mujeres las usáramos porque estilizan nuestras figuras?

El pelinegro exhaló. —Asimismo, hace unos meses tuviste una operación, no deberías usar ese calzado, te lo dije al verte.

—¿Por eso insistías en que volviera a casa, eh? Bueno, ¿podrías ver si no me lastimé? Ayudarme, como ya habrías hecho con otra, en lugar de reprenderme. ¿Por qué presumían que eras solícito con las mujeres? Me duele.

Vio que abría el ojo visible de forma exorbitante. —Ah, sí, yo, lo siento, vi que te apoyabas en ambos pies y asumí que no te dolía.

De soslayo, se percató que Moto-chan hacía lo posible por no reír. El médico fanfarrón estaba evidentemente nervioso al lado de esa mujer.

—Dame una mano para ir a la silla.

Él se inclinó un poco.

…y Miura-san aprovechó para besarlo.

Kotoko no pudo creer aquello, ni presenciándolo en primera fila. Era indebido, pero las chispas saltaban con el beso que se estaban dando, aun si este se terminó cuando Nishigaki sujetó a Miura-san de los hombros.

—En Japón no…

—¿Y por qué me correspondiste?

—Gracias a ti mi mente no funciona de forma adecuada.

Miura-san rió y el médico lo hizo tras unos segundos, negando con la cabeza.

—En otras circunstancias habría descubierto que era una mentira —manifestó él con resignación. —Debo alejarme de ti.

—Llevas semanas repitiéndolo, Hikaru, y no lo haces. ¿Acaso alguna vez te has sentido como conmigo?

—Yo… ¿qué hacemos hablando así al descubierto? —Él se frotó el rostro. —Estamos en público. ¿Por qué no me lo advertiste, Emiko?

—Oh, no me di cuenta.

Nishigaki suspiró. —Perdóname, es claro que fuimos los dos.

—Recuperarás el control, solo tienes que acostumbrarte más a mi presencia. En unos años te habrás recuperado.

Miura-san esbozó una sonrisa, correspondida por Nishigaki.

—Nos queda largo tiempo por delante, ¿verdad? —Él se pegó en la frente. —Soné como la protagonista de una melosa historia romántica.

—Estarás bien.

—Vayamos a otra tienda, aquí todos nos han visto y me siento incómodo.

Moto-chan y ella se incorporaron cuando salieron de la tienda. Kotoko se estiró adolorida por la posición.

—¿Kotoko-san? ¿Moto-chan?

Atrapadas in-fraganti, miraron hacia el vidrio del escaparate frontal. Desde fuera, Miura-san les observaba en medio de unos maniquíes.

Nishigaki tenía los ojos abiertos de par en par.

Moto-chan le invitó a salir e ir a donde se hallaba la pareja.

—Estaban espiando, ¿no es así?

Kotoko sintió el rostro caliente, dejándolas más en evidencia, y Moto-chan resopló.

—Ella cenará con Irie-sensei y estamos aquí para comprarle un vestido —informó su amiga, haciendo énfasis en dirección al de lentes. —Y los vimos, ¿qué de tu enamorada desde el año pasado, Nishigaki-sensei?

Miura-san dejó escapar una carcajada y el susodicho sonrió sin inmutarse.

—Moto-chan, quiero tu opinión para un maquillaje de ojos. —La castaña arrastró a su desconcertada amiga con ella.

A solas, Kotoko se cruzó de brazos para mostrarle su decepción al médico.

—Estoy contento por ti, espero que cualquier malentendido del pasado entre tú e Irie-sensei se arreglara. —Ella frunció el ceño al oírlo.

Él rió entre dientes.

—No hubo nadie, Kotoko-san. Pedirte recomendaciones fue mi excusa para acercarme a ti, pero no por lo que todos creen. Solo quería una reacción de Irie-sensei. —La mandíbula de ella se desencajó. —Quería comprobar si él era "humano". Me caes bien, por eso inventé a alguien más en lugar de molestarte y deseaba conocer a la mujer capaz de alterar a un joven como él. Debo confesar que fue divertido provocarlo.

Quedó estupefacta.

—Eso es… ¿por qué?

—Lo he dicho, me preocupo por mi pupilo, lo observaba y parecía un robot sin sentimientos… hasta que tú llegaste a trabajar al hospital. Descubrí que el modo de hacerlo humano era con medidas drásticas y tú eres demasiado especial para él, lo único que funcionaba para sacarlo de su imperturbabilidad. Perdón si te he utilizado.

Nishigaki se inclinó disculpándose.

—No obstante, lo reitero, me caes bien y nos considero amigos, espero que esto no cambie por lo que acabo de decirte.

Los brazos de ella cayeron a sus costados; se sentía conmocionada por lo que el pelinegro había afirmado.

—Sean felices, Kotoko-san.

—Él y yo, no… él no… de mí —tartajeó nerviosa.

—Así como creo que tú lo amas, él te ama a ti. El día que caíste de las escaleras tenía una mirada de añoranza muy intensa. Durante el tiempo que dormías, no se separó de ti ni un segundo, y siempre está al pendiente de lo que te ocurre.

—Hikaru. ¿Ya acabaste de aclarar tus fallos? Vi una camisa que te luciría bien.

Las mejillas del aludido se colorearon sutilmente, ojeando a Miura-san.

—Gracias, Nishigaki-kun —murmuró pese al enredo en su cabeza.

Su amigo interrumpió su observación a la castaña y la miró con una sonrisa.

—Siempre que quieras puedes hablar conmigo, tenemos interesantes pláticas.

Ella asintió.

{…}

A raíz de lo revelado por Nishigaki, Kotoko sintió que la compra del vestido sucedió como una bruma, tanto que al ver un poco de la tela en la bolsa no recordaba su apariencia al medírselo o su precio; solo sabía que Moto-chan lo había aprobado con enorme felicidad.

Era apabullante escuchar esa información de la influencia que tenía en Irie-kun, y la manera en que un hombre listo y observador como Nishigaki catalogaba su comportamiento. ¿Sería cierto que significaba para él más de lo que creía?

¿Acaso era la razón de su actitud en tiempos recientes?

¿La cena podía tener intenciones románticas?

En su cabeza, veía las interacciones con Irie-kun desde que aclararon el pasado, las cuales adquirían un trasfondo distinto ahora, dándole un impulso a su corazón como no tenía en años. Principalmente porque él era más agradable y atento que años atrás.

Siendo así, ¿qué pasaría con los dos? ¿ella aceptaría intentar algo de nuevo?

Pero, ¿y si era una interpretación errónea de la conducta de Irie-kun?

La puerta de los Sagawa se abrió cuando ella salía del ascensor.

—Hola, Kotoko-san.

Sonrió a su joven vecina.

—Hola, Konomi-chan, hace un tiempo que no te veo.

—Sí, he tenido muchos trabajos escolares. Por fortuna, ya acabará el primer trimestre y tendré más tiempo.

—Qué bueno, ¿a dónde vas?

Konomi se peinó un mechón detrás de la oreja. —Mamá quiere que compre unas cosas en la tienda de conveniencia.

—Entonces no te atrasaré.

—Descuida. ¿Fuiste al centro comercial?

—Sí… yo… compré un vestido. Tengo una cena el viernes y no contaba con ropa adecuada. Es con… el hermano de Yuuki-kun.

Su amiga agrandó los ojos.

Rió torpemente. —No sé de qué va, lo descubriré ese día. Dudo que sea algo malo, no te inquietes.

—Si tú estás bien, yo te apoyo, Kotoko-san.

—Gracias. Sé que puedo contar contigo, Konomi-chan.

—Espero que salga bien.

Asintió y señaló la puerta de su casa.

—Sagawa-san se enfadará si tardas mucho.

Konomi soltó una risita.

—Sí, nos vemos, cuídate, Kotoko-san.

—También tú.

Agitó su mano en despedida cuando Konomi entró al elevador y después ingresó a su hogar, aprovechando la soledad para liberar un suspiro.

Trataría de no adelantar sus pensamientos al viernes, por difícil que fuera.

Aunque el calor en su pecho iba creciendo.


NA: ¿Me quitaría el gusto de que la cena fuese en el punto de vista de Naoki? Nop.

Ya Nishigaki dio a conocer la verdad, creando confusión para Kotoko. ¿Le ayudará a Irie?

Besos, Karo.


Sakura Anheli: En algún momento Irie debe tomar el toro por los cuernos y no permitir que se le escape de las manos una oportunidad con ella. Hablando de tal, es muy agradable que no se haga menos frente a Naoki, porque no siempre debe ceder a lo que él quiere ja,ja. / Ya no falta mucho para que se acabe ese suspenso, pero aun quedan un par de cosillas más por pasar para que la historia concluya, así que todavía hay un poco más para que disfrutes. Gracias por leer y me encanta que te guste. Un abrazo.

Samy: ¡Hola, Samy! Me alegra poder saber de ti y que te gustara el capítulo. Ya pronto sabrás qué ocurre en la cena, juro que no más contratiempos en el próximo capítulo, el 30 es un número importante :D. Gracias por leer, te mando un abrazo; también cuídate y muchas bendiciones.