MATRIMONIO
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NARUTO
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Me siento diez veces más tonto cuando me despierto de un sueño miserable y encuentro que el noli se ha desvanecido. Hinata se está moviendo en su cocina, deliberadamente sin mirarme. Hay un paño fresco y húmedo en mi frente y otro en mi ingle, que se siente dolorosamente en carne viva.
Todo mi ser lo está, en realidad.
Y me da vergüenza. Cuando el noli se abrió paso a través de mí, le confesé todo para poder lamer su pequeña mano humana. Le conté sobre pagarle a la cazarrecompensas. Le conté sobre mi hambre por ella. En lugar de caer sobre mí con gratitud, me miró como si tuviera una mente enferma y abandono la habitación.
Supongo que no le he dejado una buena impresión. Me estiro y me pongo de pie, mi trou lleno de semilla semi-seca. En el momento en que me paro, la silla se astilla debajo de mí y los puños se rompen, liberando mis brazos.
Cierto. Estaba fingiendo ser cautivo.
Hinata me mira. Su boca se aplana mientras mira los restos de la silla rota. Ella piensa por un momento.
—Podrías haberte ido todo el tiempo, ¿no?
Me froto las muñecas, preguntándome si ella gritará y se esconderá ahora.
—Yo... deseaba que te sintieras segura.
Ella solo sacude la cabeza.
—No te entiendo. No entiendo nada de esto.
Creo que es bastante obvio, pero está claro que los humanos no piensan igual que los Jinchūriki.
—Hazme tus preguntas. Trataré de responderlas.
—¿Por qué?
—¿Por qué, qué? —Intento no fruncir el ceño. ¿Está siendo deliberadamente vaga? Ella y yo realmente necesitamos aprender a comunicarnos. —¿Por qué le pagué a la cazarrecompensas para que me trajera en lugar de un extraño?
—Ese es un buen lugar para comenzar.
—Porque eres demasiado confiada. Le pagaste por adelantado por sus servicios sin ningún tipo de garantía ¿Te das cuenta de que la mayoría paga a un cazarrecompensas solo cuando el trabajo está completo?
—Por supuesto. —Sus mejillas se sonrojan. —Por supuesto que lo sabía.
No señalo que ella también le pagó demasiado. Ambos estamos pisando hielo quebradizo, ella y yo, y no quiero que vuelva a sentirse insultada. No cuando finalmente me está hablando y mirando.
—Le pagaste, y no confiaba en a quién te traería. Así que le pagué para que me trajera en su lugar.
—Pero... pensé que me odiabas. Pensé que me querías muerta.
—¿Por qué iba a querer eso? —Estoy realmente perplejo. —He tratado de cortejarte.
—¿Cortejarme? —Ella suelta una carcajada y gesticula a su alrededor. —Dejaste cosas muertas en mi puerta, te masturbaste sobre mi casa. ¿No te das cuenta de que ese tipo de cosas son jodidamente terroríficas para una humana?
—¿Jodidamente?
—Keffing —grita ella. —Jodidamente es keffing.
—¿Es keffing o es aterrador? —Su lenguaje es muy confuso.
Se pone las palmas de las manos sobre los ojos, como si tratara de recomponerse, y respira hondo.
—Nadie está keffing nada.
Me ajusto los pantalones llenos de semillas incómodamente. Tengo que admitir que ella tiene razón. Mi polla se siente como un gran moretón después de la noche que tuve.
—¿Tú... no sabías que te estaba cortejando?
—¡No!
—Ah. —Trato de verlo desde su perspectiva. Un extraño... usando su puerta con fines sexuales. Y dejando cadáveres en el escalón. — Oh. —Huh Quizás parezca alarmante desde una perspectiva humana. —No me di cuenta de que te estaba asustando.
Ella deja escapar una risa temblorosa.
—Me aterrorizó, en realidad. —Se apoya contra el mostrador, y sus labios tiemblan, y parece que podría llorar. —Tenía tanto miedo de que alguien intentara matarme que contraté a Karui para secuestrar un buen esposo. Y te atrapé a ti en su lugar. —Ella gesticula en mi dirección. —Y ahora estoy jodida.
—¿Jodida…?
—Jodida. Keffing. Lo que sea.
Dudo por un momento antes de preguntar:
—No te estás refiriendo a la cópula cuando dices eso, ¿verdad?
—No. —La risa burbujea de sus labios y luego se derrumba en el suelo, las lágrimas que tanto me preocupaban salen de sus ojos. —Y ahora no tengo ahorros, ni esposo, y envenené a mi vecino. Estoy condenada.
Observo, incómodo, cómo entierra su rostro en sus manos y solloza.
Esto no es lo que quería. Quería que Hinata arrojara sus débiles brazos humanos a mí alrededor encantada. Quería que me rascara la barbilla, me acariciara la cola y me dijera lo emocionada que estaba de tener un compañero tan grande y fuerte para protegerla. Así como la he protegido en silencio en el pasado de cosas que ella ni siquiera sabe.
Pero siente que todo está arruinado y sus sollozos me desgarran.
Necesito arreglar esto.
De algún modo.
Me aclaro la garganta.
—Nosotros... todavía podemos avanzar. Con el apareamiento.
Ella sacude la cabeza, llorando.
—Se suponía que Karui me encontraría a alguien que fuera agradable y que no quisiera tener sexo. Alguien que esperaría.
¿En este planeta? Hinata es muy inocente, de hecho. La miro, me duele el corazón, y luego hago una oferta muy estúpida.
—Me aparearé contigo sin sexo.
Hinata levanta la cabeza, sus ojos brillan con lágrimas.
—¿Lo harás?
Asiento lentamente, a pesar de que cada hebra de mi pelaje está gritando que no hago tal trato. No puedo soportar ver su miseria.
— Podemos ser solo amigos. —Y si me ahogo un poco con la última palabra, no se nota. —Amigos —, repito de nuevo, más fuerte.
Convenciéndome a mí mismo.
—¿Estás seguro? —Cuando asiento, la mirada sospechosa vuelve a su rostro. —¿Cómo puedo confiar en ti?
Yo extiendo mis manos.
—Tienes que confiar en alguien en algún momento.
Su mirada cae al suelo, a los restos de la silla rota y los puños rotos.
Ella piensa por un momento, y luego asiente.
—Si no te importa un matrimonio platónico, hagámoslo. ¿Hoy?
—Hoy. —Si esta es la única forma en que puedo tenerla, tendrá que funcionar. Quizás con el tiempo podre importarle.
—¿Ahora? —Ella se levanta del suelo.
—Ahora no. —Mi cola se tuerce. —Necesito cambiar mi trou.
Continuará...
