felinettenovember en tumblr

#felinettemonth

#felinette

.

.

.

.


DIA 14

SHAKESPEARE

(o Shakespeare)

.

.

.


Atención, capítulo situado después del fin de la S3.

Este capitulo también podría ser el inicio de esta historia...incluso antes del día 1: Purrito.


.

.

.

Adrien le pidió que volviera a Paris, a pedir perdón a sus amigos luego del desastre del vídeo. Él se negó, alegando que tenía muchísimas cosas que hacer en Londres. Y así estuvo durante meses, dando largas. Al final, cansado de la insistencia, aceptó volver y pedir disculpas a todos los que estuvieran dispuestos a escucharlo. Para mala suerte de Adrien, el día acordado había coincidido con un ensayo de Luka Couffaine y su banda.

Al ver que no iría nadie a la reunión que había organizado, Adrien llamó a su más querida amiga para que por favor, ella sí asistiera y de esa manera, Félix por lo menos, no estaría solo, y así, no habría venido por nada.

Marinette se lo pensó bastante, hace no mucho, había terminado su corta relación con Luka y le resultaba complicado asistir a los ensayos y verlo ahí, arriba, en el escenario. Se le estrujaba el corazón con solo pensar que lo había usado durante un tiempo para olvidar a Adrien. Le pareció injusto al final y lo cortó pronto, por lo sano, antes que la amistad también se echara a perder. Pero no fue igual, con él ya nada era igual.

Así que aceptó la propuesta de Adrien de acompañarlo con Félix a un museo, para que él pudiera pedirle perdón por haber sido tan idiota y trasmitiera ese sentimiento de culpa y redención al resto de sus amigos.

Marinette no quería verlos ni a Félix ni a Adrien. Respecto a Félix, recordó que se portó muy chulo con Ladybug y muy matón, y frunció el ceño al recordarlo. Quizá haya sido una mala idea aceptar la propuesta de Adrien. Y respecto a Adrien, tampoco quería verlo, ni a él ni a Kagami. Aún le dolía verlos, juntos. Pero Adrien insistió y al final, como siempre, dijo que sí.

En el museo, pasó las dos horas más largas y soporíferas de su vida, porque asistieron no sólo al museo, sino también a unas clases de pintura contemporánea. La responsable los llevaba junto con otras personas de cuadro en cuadro, de planta en planta, examinando cada una de las pinturas en cuestión, cogían un banco plegable, y caminaban en fila hasta el siguiente cuadro, abrían el banco, se sentaban y empezaba una charla o monólogo sobre el pintor o pintora, sobre los colores, la iluminación, el juego de sombras, etcétera.

Se preguntaba quién habría sido el listo que propuso una salida así. Adrien había tenido que menearla varias veces para que despertara porque se quedaba dormida apenas se sentaba en el banquito. La respuesta la obtuvo, a la hora y cuarto, cuando vio cómo Félix preguntaba y preguntaba, aclarando dudas y valorando él también las pinturas.

Cuando faltaban exactamente veinte minutos para terminar su tortura, se quedó absolutamente dormida y sólo despertó cuando uno de sus ronquidos le salió tan fuerte, pero tan fuerte, que hasta ella misma se asustó. La risa de Kagami Tsurugi le sentó muy mal, como a burla, y Adrien también rio pero más sereno, le guiñó un ojo y eso fue todo, el resto de personas la miraron mal, y ella se sonrojó de la vergüenza. Inmediatamente, vio un pañuelito de papel que alguien se lo estaba dando.

- Límpiate los labios, se te esta cayendo la saliva- le dijo bajito al oído.

Era Félix. Ella cogió ferozmente el pañuelito y se frotó hasta que todo estuviera limpio.

- Gracias-

Él sólo asintió. Cuando la clase terminó, fueron a la cafetería del museo para tomar algo y así Félix poder disculparse por fin, luego de tanto tiempo. Estaban los tres sentados, mientras Marinette se había acercado al mostrador para recoger su pedido. Y entonces, sucedió.

Adrien sujetó a Kagami Tsurugi de la barbilla y atrayéndola hacia él, le dio un beso corto y tierno, muy delicado sobre los labios de ella.

- ¿Te gustó la clase, Kag?-

Félix desvió la mirada, incómodo por el espectáculo, le pareció impertinente y fuera de lugar. Observó que Marinette había visto todo y estaba de pie, congelada, sosteniendo una bandeja que temblaba levemente. Recordó que una de las perjudicadas de su absurda broma había sido ella, quien se confesaba ardorosamente a Adrien. Y él le había borrado el vídeo, eliminando así su confesión.

Mierda.

- Me encantó todo Adrien, pero principalmente me encantó estar contigo.- Y otra vez, ambos se besaron ahora algo más intensamente, más íntimamente. Félix volvió a desviar la mirada y decidió posarla en Marinette. La pobre había logrado caminar unos pasos, para nuevamente congelarse y ahora sí, hizo temblar violentamente la bandeja amenazando con tirar el contenido. También se dio cuenta, que ella había fruncido los labios, y sus ojos estaban cristalizándose, con ese brillito extraño que tienen antes que uno se ponga a llorar.

Otra vez, miró a los novios de reojo y confirmó que seguían besándose, ajenos al mundo exterior.

Se levantó y fue hasta Marinette, cogió la bandeja quitándosela de las manos y le dijo:

- No veas, no tienes que verlo.-

Fue la primera vez que él la miró a los ojos, tan cerca. Y en ese momento, Félix descubrió que tenía los ojos tan azules como el cielo de verano en Sussex, sin nubes ni viento. Tenía pecas en la nariz, y las cejas perfectamente depiladas. Llevaba un maquillaje ligero, con sombra de ojos muy tenue pero que remarcaba aún más el azul de su mirada. Ya no llevaba las dos coletas que le vio en el vídeo, sino que lo llevaba suelto, favoreciéndola. Le pareció agradable, bonita, un gusto verla.

- Lo sé- le respondió Marinette.

Cuando él giró con la bandeja, ya los novios habían dejado de besarse para ahora reír alegremente. Félix pensó que el mal rato había acabado, pero al dar el primer paso, los escuchó: ...y tenía saliva cayendo por un lado de la boca, ¡no puedo creerlo!...decía Tsurugi, y Adrien le contestó riendo mucho más. Él suspiró, pensando que su primo era un verdadero idiota, incluso peor que él. Básicamente porque esa chica era su amiga, no cualquier persona, y había tenido la decencia de venir y tragarse dos horas de "Introducción a la pintura contemporánea, un vistazo a los grandes pintores de nuestra época", en manos de una guía que tenía voz para arrullar bebés y no para dar clases. Incluso a él, le había costado mantenerse despierto y había optado por preguntar y preguntar en su afán de no hacer el ridículo.

Al final, el ridículo lo había hecho ella, lanzando tan singular ronquido.

- Marinette, tengo que hablar contigo, y preferiría no hacerlo delante de esos dos idiotas.-

Marinette observaba a ambos novios, con la boca abierta y los labios torcidos resultando en una mueca de asombro con algo de indignación, porque había escuchado todo, claro. La mirada ya no le brillaba sino que ahora estaba algo furiosa, o eso pensó Félix.

De todas maneras, me da igual, mejor es dejar a los tontos a que se coman a besos, pensó él.

Terminó de llevar la bandeja hasta la mesa y le avisó a Adrien que Marinette y él le esperarían afuera del museo, que debían hablar, que él ya sabía de qué y que era mejor hacerlo pronto. No esperó su respuesta, volvió donde estaba ella, la cogió del brazo y salieron juntos del edificio.

- Gracias- le volvió a decir Marinette.

Él la soltó, se cerró la gabardina marrón que llevaba y se apoyó en la pared, cruzando sus brazos.

- No volviste a confesarte, entonces.- dijo Félix.

Ella se alejó de él, abrazándose a sí misma, la furia había pasado, y otra vez la tristeza la embargaba. Marinette consideró que no podía hablar de sus sentimientos con un desconocido, sin embargo, Félix sabía su secreto. Desalentada, cansada y triste, intentó confiar un poco en él.

- No lo hice, Félix. No tuve valor.- ella suspiró, melancólica. - Supongo que no tengo derecho a quejarme, ese vídeo fue sólo un ataque de locura transitoria, una tontería y...-

- El amor no es más que una locura, Marinette.(1)- la cortó Félix. - Además, todos somos tontos en el amor (2). Lo importante es no dejar que eso nos consuma. O que te haga llorar.- le clavó la mirada verde, seria, sin rastro de calidez. - Y por eso, no tenías que venir. Es humillante para ti. ¿Acaso no te valoras?... No tengo mucho tiempo que perder, no contigo al menos. Y no nos conocemos de nada. Debo irme, Marinette.

Empezó a caminar rumbo a la estación de metro más cercana para ir al Gare du Nord. Pensaba cual dirección tomar, cuando notó que la chica lo seguía inexplicablemente. Iba a interrumpirle, a preguntarle que por qué la seguía, pero ella habló primero.

- ¡Claro que me valoro!, sé lo que soy, pero no es tan fácil como dices. Todos los días lo intento y...- él se dio la vuelta y siguió caminando, no le importaba nada de lo que ella pudiera decirle. Bajo la mente de Félix, Marinette era otra de las niñas que suspiraban por su primo. Tontas, ilusas, inmaduras.

Tampoco le importó lo desconsiderado que estuviera siendo, no la conocía y no le importaba en lo absoluto cómo se sentía. Bajó las escaleras y observó en el mapa el anden en el que tenía que esperar. Cuando fue pagar por su billete, Marinette lo cogió de la muñeca y lo llevó a la entrada, sacó su tarjeta-abono, la pasó una vez por el sensor y lo empujó adentro sin preguntarle nada. Él se sorprendió de su fuerza y de su rapidez. No pudo pensar demasiado, porque apenas se cerraron las compuertas, Marinette repitió la operación y en esta ocasión, fue ella quien pasó.

- Gracias.- dijo él.

- Vamos, nos quedan sólo unos 3 minutos. Supongo que vas al Gare du Nord. ¿Piensas irte directamente a Londres sin despedirte de tu primo? ¿no te parece muy grosero? ¿y tus maletas?- le preguntó rápidamente mientras lo guiaba a través de la estación.

- He venido sólo por hoy, así que he venido sin maletas. Y el despedirme de Adrien, no me importa.-

Ella entornó los ojos hacia arriba, mientras bufaba. Seguro que estaría pensando cosas horribles de él. Félix sonrió, le gustaba muchísimo fastidiar a las personas. Y se notaba que la estaba fastidiando. Llegaron justo cuando el tren subterráneo llegaba al anden. Él la dejó pasar primero sin pensárselo mucho, ella agradeció y se sentaron en los primeros asientos que vieron libres. Y luego...silencio...nada...

- ¿A qué hora sale tu tren a Londres?- preguntó lentamente Marinette, tratando de ser amable.

- Dentro de cinco horas.- dijo él.

- ¡5 horas! Entonces, ¿por qué las prisas? Te sobraba tiempo y...oh...ya veo, no querías hablar conmigo, ¿verdad?.- Él siguió mirando el infinito, pero atento al número de paradas restantes para el Gare du Nord.

- ¡Pues te vas a jod...- el sonido de la megafonía anunciando la siguiente parada se tragó una palabra altisonante. - ¡te voy a acompañar estas cinco horas!.- Le susurró Marinette, masticando las palabras. No podía creer lo insoportable que era, dándole la espalda, dejándole con la palabra en la boca, largándose sin despedirse.

Mierda.

No pudo evitarlo, al parecer, la amiga de Adrien se había olvidado que él la había salvado en el museo.

Vaya modo de agradecerlo.

A pesar de la incomodidad de saberse no deseada, Marinette habló y habló de nimiedades, de cosas sin sentido. Estaba decidida a incordiarlo, a molestarlo tanto como pudiera. ¿Quería silencio? Le daría ruido. ¿Quería estar solo? Le daría compañía. ¿Quería interrumpirla siempre? Ella no se lo permitiría nunca.

Bajaron en la estación y caminaron sin sentido ni orientación en medio de la gente. Félix quería perderla de vista, quería alejarla. Pronto descubrió que no era factible, Marinette conocía esa estación y cada milímetro de ella. Incluso, ella sonreía y parecía feliz de ese juego tonto. Cansado y resignado a su destino, decidió hacer las paces con el enemigo, dejándose llevar por Marinette.

Primero, ella le invitó a merendar algo. Croissants, cafés, bocadillos de jamón y queso. A cambio de su cortesía, él le contó algo humillante de Adrien cuando eran niños, y obligatoriamente, ambos rieron, vengándose así la afrenta del museo. Félix estaba algo sorprendido, no había pensado que pudiera reír con ella, y eso que sólo llevaban media hora. Luego, ya llenos de comida, caminaron hacia la pequeña tienda de libros que Marinette había visto por ahí. Estaban en oferta varios libros, entre ellos, antologías y mejores obras de W. Shakespeare, en francés, según pudo ver Félix. A 3 euros.

Menuda oferta.

Lo compró sin pensarlo demasiado. Marinette compró una revista de modas. Continuaron caminando por la estación, y luego de un tramo, fue ella quién se detuvo frente a una floristería y compró un cactus sin flor. Se giró y se lo dio a Félix, pinchándole los dedos.

- Es para tí- y la muy condenada se rio.

Era imposible deshacerse de ella. Estuvo a punto de tirar el cactus, pero ella siguió parloteando de cosas, algunas interesantes, otras superficiales, sin darle tregua ni espacio para pensar. Miró su reloj, todavía quedaban tres horas. No se explicaba cómo habían pasado dos horas tan rápido. De hecho, sin darse cuenta, Marinette lo había sentado en una banca, le cogió el cactus, lo dejó en medio de los dos y siguió hablando. Sólo fueron interrumpidos cuando sonó el móvil de Félix, vio de quién era la llamada y contestó.

- Hola...sí, estoy a punto de irme...sí, ya me voy...estabas muy ocupado con tu novia...ya, Marinette se fue también. A la siguiente, consíguete un hotel y no des esos espectáculos...mira quién habla...bueno, te dejo...no, no volveré en Navidad...no, hasta...umm...hasta dentro de dos años, adiós, que te vaya bien. - y sin esperar respuesta, le colgó.

-¿Dos años?- le preguntó Marinette. Ahora sólo quedaban algo menos de una hora para abordar.

- Sí, odio visitar a Adrien, Marinette.- confesó por fin.

- Vaya, pensé que sólo lo hacías para torturarlo de alguna manera. No creo que sea bueno que odies a tu primo. Es tu familia al fin y al cabo y...

Félix abrió el libro que había comprado y empezó a leerlo en voz baja, primero como un murmullo. Marinette se quedó por un segundo sin hablar, un poco enfadada, porque Félix volvía a interrumpirla una y otra vez. ella volvió a intentarlo y él sólo hablaba más alto. Cada vez que abría la boca, Félix le soltaba un trocito del libro casi a grito pelado. Y repetía la acción, otra vez, y nuevamente y otra vez.

- "¡Pero el amor puede transformar en belleza y dignidad cosas bajas y viles, porque no ve con los ojos, sino con la mente, y por eso pinta ciego a Cupido el alado.."- recitaba Félix.

- Repite eso- pidió Marinette, interesada.

- No, no quiero.- ni siquiera levantó la vista del libro, sin inmutarse continuó con su rabieta. - "Ni tiene en su mente el amor señal alguna de discernimiento; como que las alas y la ceguera son signos de imprudente premura. Y por ella se dice que el amor es niño, siendo tan a menudo engañado en la elección. Y como en sus juegos perjuran los muchachos traviesos, así el rapaz amor es perjurado en todas partes; pues..."(3)-

- ¿Pero qué estás leyendo?- dijo Marinette, arrebatándole el libro.

- Si no eres capaz de reconocerlo, es que no mereces ni saberlo.- gruñó él, logrando quitarle el libro.

- ¡Pero que imbécil eres!- se desesperó por fin Marinette.

Félix soltó una carcajada muy intensa, porque por fin había logrado desquiciarla. Inmediatamente, para terminar su obra mortal, empezó a tirarle de un mechón de pelo. Marinette se lo quitó de las manos, pero él, insoportable como era, con un par de dedos le golpeaba la frente, en medio de los ojos.

- Déjame, idiota.- intentó defenderse.

Él continuaba, mientras ella se alejaba, se hacía a un lado, tratando de esquivarlo. Al final, harta de ese tarugo, le pisó el pie con una fuerza descomunal, logrando justicia para ella. Félix retorcido de dolor, había tirado el libro al suelo. Rápidamente lo cogió y se lo guardó dentro del bolsillo de la gabardina.

- Estaba bromeando.- se justificó.

Ella no contestó nada, y se quedó en silencio, realmente enfadada. Sacó su móvil y empezó a ojear sus mensajes y algún vídeo que le habían mandado. Entró a Instagram, donde vio que Adrien había colgado una foto abrazado a Kagami en el museo. En la descripción, se leía: Divirtiéndome a lo grande + emoji de corazón.

- En este momento, lo estoy odiando muchísimo.- dijo en voz bajita, Marinette.

Félix pensó que se refería a él. La notó súbitamente, cansada, triste, dolida. Quizá la había molestado en exceso. Tal vez podría pedir perdón y santaspascuas, pero luego recordó que a él no le importaba ella, así que decidió justificarse más que defenderse.

- Así soy, Marinette, lo siento si no te gusta, podías haberte ido hace horas.-

- ¡Hablaba de tu primo! no importa, estoy pensando que quizá los dos son igual de idiotas, quizá esto es genético, lo habéis heredado de seguro, si es que casi sois gemelos, ya lo decía Mendel... Seguro que también comparten eso: la estupidez. Sí, es lo más probable, y vuestros hijos también lo tendrán, idiotas, eternamente idiotas.

- Marinette, estoy seguro que Mendel no se refería a ese tipo de herencia...y el único idiota es él...o quizá tu también lo seas, mira que no saberse a Mendel a estas alturas de tu educación...

Marinette abrió la boca. ¡Pero que caradura era!

- ...estoy empezando a dudar que asistes al Instituto...tus conocimientos en ciencias y literatura son casi inexistentes...recuerda que tampoco sabes nada de Shakespeare...-

Marinette lo hinchó a pellizcos y empujones, mientras arrugaba la frente y se dejaba llevar por la ira. Él aguantaba el dolor, divertido. ¡Qué fácil era hacerla caer!¡Estaría riendo más, si no le dolieran tanto los pellizcos y los golpes fofos!

Al final, ella cansada de golpearlo y él, riéndose de ella, decidieron darse una tregua.

- Imbécil.-

- Analfabeta-

Y empezó otra vez la retahíla de golpes y risas. Todo fue interrumpido cuando lograron escuchar a la megafonía del Gare du Nord: "Último llamado a los pasajeros del Eurostar trayecto Paris Nord- London St Pancras, por favor, abordar inmediatamente..." El mensaje se repitió una vez más, mientras Félix miraba su reloj, sorprendiéndose de la hora.

- ¡Estoy a punto de perder el tren!- Cogió el cactus y corrió lo más que pudo, pero no sabía donde. Marinette le seguía gritándole qué en cual anden le tocaba abordar. No lo sabía, esa información estaba en su billete de tren. Y el billete lo tenía descargado en su móvil. Frenético, se tocó los bolsillos, y no logró encontrar el aparato.

- ¡Lo dejé en la banca!- Y vuelta a empezar, deshicieron lo andado para recuperar el teléfono. Marinette corrió más que él. Llegando primero a la banca, encontró el móvil tirado en el suelo, seguro a causa de los golpes que le había propinado. Lo recogió, se lo dio a su dueño y reiniciaron la carrera a toda pastilla hacia el anden...todavía no sabían el número...¡ya no había tiempo de ver el móvil!

- ¿Por favor, por donde sale el Eurostar? - preguntó Marinette a una viajera. Ella le señaló el anden más lejano.

Corrieron y corrieron, empujando gente, evadiendo obstáculos y cuando llegaron...no había tren, se había ido.

Félix estaba consternado, la boca abierta, la respiración agitada, el cactus colgando de sus manos...

- He perdido el tren, el último de hoy. Yo nunca pierdo un tren, yo nunca...¿pero cómo? ¿Cómo pasó el tiempo tan rápido? - No lo podía creer ¡Iba a quedarse tirado en París! Estaba aturdido y congelado en su sitio, sin moverse. Marinette sintió pena por él, en parte, en mucha parte, ella lo había distraído demasiado. Así que resignándose a su suerte, lo cogió de la mano, y lo arrastró hasta una de las ventanillas donde vendían los billetes, cogió uno para el día siguiente, hizo que él pagara, agradeció por los dos y suavemente, lo guio hasta el metro, donde nuevamente se subieron y partieron de ahí, en silencio.

- Yo nunca pierdo un tren, yo nunca llego tarde.- Repetía, atontado.

Luego de un rato y muchas paradas de metro, él se atrevió a preguntar.

- ¿Y adonde me llevas, Marinette?-

- A mi casa, por supuesto. Pasarás la noche ahí.-

Ya le inventaría alguna excusa a sus padres, tendría que hacerlo dormir en su habitación y ella en el salón. Darle de cenar, conseguirle un pijama, esconder a Tikki y ya mañana, despertarlo temprano y darle un buen desayuno para que ahora sí pudiera irse a Londres. Esa noche, ella descubrió que el trocito que había recitado Félix formaba parte de "Sueño de una noche de verano", y que ella ya lo había leído antes, pero no recordaba nada de la lectura. Pudiera ser que él tuviera razón, tal vez ella no era tan buena estudiante. Se encogió de hombros, aceptando su ignorancia.

Durante algunos años después, Marinette aún no conseguía entender cómo comenzó su historia con Félix, tan rara, tan poco convencional. No fue un flechazo, no fue a primera vista. Ni siquiera fue una coincidencia, no fue el azar ni la casualidad.

Tendría que haber sido el destino. Tal vez sus caminos estaban destinados a cruzarse. En París. En el Gare du Nord.

Volverían muchísimas veces a encontrarse en esa estación: un par de besos de saludo en ambas mejillas, primero. Un abrazo o dos, después. Besos intensos en la boca, más tarde. Y algún tiempo luego, serían sus padres quienes la despedirían a ella, cada vez que ella iba a verlo a Londres, hasta mudarse finalmente allí.

Definitivamente, habría sido el destino.

Y Shakespeare, y el cactus, y el móvil. Sí, todos ellos quizá.

Y el museo, no nos olvidemos del museo.

.

.

.


¡17 días de felinette!

Nota:

(1). Frase leída en la obra teatral "Cómo gusteis" de W. Shakespeare.

(2). Esta frase la debéis conocer todos: se la dice Charlotte Lucas a Elizabeth Bennet en la pelicula "Orgullo y prejuicio" (2005), durante el baile donde Darcy le pide bailar con ella.

(3) Efectivamente, pertenece a "Sueño de una noche de verano" (Acto 1º, escena 1º), recordemos que en SDUNV hay un cuadrado amoroso, bastante similar a...MLB(!)...vale, se parece un poco: Hermia esta enamorada de Lisandro pero prometida a Demetrio, Elena esta enamorada de Demetrio. Por el efecto de una pócima, Lisandro se enamora perdidamente de Elena.

Un fuerte abrazo,

Lordthunder1000

.

.

.

Ay me olvidaba, Manu, te contesto por aquí: gracias por tus recomendaciones, iré a leer el fic apenas pueda. Poco puedo recomendar, soy nueva también.

Muchas gracias, a los demás, en serio, me alegra que a alguien le guste los cosas que pongo por aquí. Al inicio pensé que no tendría ni una vista, ni nada. Así que es una sorpresa enorme todo esto. Gracias.