¡Día catorse! ¡Ya casi llegamos a la mitad de este reto, ya puedo saborearlo!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov

Día 14: Viuda millonaria

Palabras: 384

Baúl del Oeste

Mis milagros

Lo difícil de ser viuda era aceptar que ya no podría ver a su esposo nunca más, entrar al que una vez fue su hogar para encontrarlo vacío, era un sentimiento difícil y asfixiante.

Sin embargo, ser una viuda con miles de millones tenía sus propios problemas, como las invitaciones y proposiciones de matrimonio que era obvio, buscaban su fortuna no su amor, aunque eso era bueno, porque ella nunca volvería amar a nadie que no fuera su difunto esposo.

Respiró aliviada al ingresar a su hogar, odiaba las fiestas, pero ya no podía seguir en luto, según la sociedad después de un año ya debería volver a mostrarse, como si eso fuera suficiente para olvidarlo, definitivamente la gente no entendía el amor y la lealtad; por lo que prefería asistir unas horas para mostrarse y luego regresar a donde si le gustaba estar, porque definitivamente no quería visitas para preguntar sobre sus ausencias en las reuniones sociales.

—¿Ya volviste? Fue más rápido que lo normal —una voz le saludo desde las escaleras al final del pasillo.

Kagome levantó la mirada para encontrarse a su hija con un pequeño de 4 años en brazos.

—Hoy había más gente persistente, ¿paso algo con Kenta? —preguntó mientras se acercaba después de retirase el calzado.

—Un poco de llanto, extraña a papá —musitó meciendo a su hermano con dulzura—. Se volvió a dormir no hace mucho, pero cada que trataba de dejarlo en su habitación empezaba a quejarse así que-

—No puedes dejarlo —entendió acariciando los cabellos azabaches con puntas plateadas que compartían sus dos hijos—. ¿Y Kin?

—Durmiendo. Se despertó al oír llorar a Kenta, pero cuando vio que yo estaba ahí se regresó a dormir.

—Se parece a su padre, aunque un poco más explosivo.

—Como tú —replicó Sayumi recordando las veces que su madre termino empapando a alguien con sus bebidas porque decían algo que no le gustaba.

Kagome sonrió, eran esos momentos por los que aún seguía adelante, eran sus hijos, sus pequeños milagros, los últimos regalos de su más grande amor por Sesshōmaru.

—Y como tú, señorita.

La risa de Sayumi era música en su tristeza, tal vez, en el futuro el dolor de la perdida sería más tenue, nunca se iría, pero se haría más soportable.

Sí, algún día.

FiraLili

14/11/2020