Draco acababa viajando más de lo que a él en realidad le gustaría, pero si había un lugar al que no le importaba regresar una y otra vez era a París.
Le guardaba un especial cariño al lugar, tenía orígenes en aquella bella ciudad y había ido mucho cuando era más joven.
En París, Draco curiosamente se sentía solo Draco, en la comunidad mágica inglesa él era un Malfoy, un saco donde entrabas pero ya no salías.
Sangrepura, mortífago, exmortífago, empleado ilustre del Ministerio. Draco ahora era el Señor Malfoy para muchos.
Draco en París podía ser solo Draco, ese era uno de los puntos que le hacían amarla, pero había muchos más.
Desde hacía años siempre iba, desgraciadamente casi siempre por motivos de trabajo, cuando estos concluían visitaba uno de sus clubs favoritos. Su primer impulso fue ir, le gustaba su ambiente decadente y alegre a la par.
Salvo que ahora, Draco tenía sumiso, no es que no pudiera ir, ni siquiera había un acuerdo entre él y Harry que hiciera que Draco no pudiera tener otro sumiso u otras relaciones, eso solo era vinculante para Harry.
Eso le hizo torcer el gesto a Draco, pero todo lo que había leído, los polvorientos pergaminos que había encontrado en el Ministerio le decían que no era posible romper ese acuerdo, uno de los motivos por los que estaba prácticamente prohibido en casi todo el mundo mágico.
Cuando tomó la decisión de hacerse con el contrato de Harry, sabía que sería difícil, pero Draco sabía de leyes, tenía contactos y la voluntad férrea de revocarlo.
Habían pasado semanas, meses y aún estaba igual que cuando empezó, salvo que ahora además de enfadado estaba frustrado.
Decidió que solo iría a tomar una copa, a relajarse en el ambiente en el que más cómodo se sentía.
Una vez dentro muchos recuerdos volvieron, había tenido un sumiso realmente bueno, presto a cumplir todos sus deseos, todas sus necesidades. Un tipo dócil y complaciente y con unos límites muy laxos.
Era un buen sumiso, aunque le faltaba eso que tanto había buscado Draco, un reto. Aún así lo mantuvo, lo mantuvo casi un año en el que le acompañó a todos sus viajes. A todos los clubs de BDSM que Draco conocía, a descubrir todas las prácticas que deseó probar.
Sin embargo, rompió su relación con él después de visitar París.
Pasó lo que pasaba tantas veces, aquella idílica relación amo/sumiso escaló un peldaño, solo que no lo hizo por el lado del Draco.
Draco le dio las gracias, una recomendación, y lo sostuvo cuando le rompió el corazón.
No, Draco nunca había encontrado lo que otros habían hecho, una relación que aunara ambas partes, ambos mundos y estuviera equilibrada.
Cuando un sumiso de su gusto se le aproximó, Draco lo miró complacido, acarició su espalda mientras el muchacho la aceptaba con gusto. Pero declinó su oferta. No, no quería una noche con otro sumiso, le gustaba el modo en el que poco a poco Harry le daba parte del control, le gustaba en muchos aspectos y le retaba en tantos otros.
Decidió prolongar un día más su estancia en París, y le mandó a Harry un vencejo de correo internacional, citándole al día siguiente en un punto cercano al hotel donde se alojaba
La red flu solo funcionaba a nivel nacional, por lo que el auror tomaría un traslador a su nombre.
No esperaba respuesta, pero se alegró cuando Harry apareció en un lugar apartado del ojo público francés, alguna ventajas de su puesto que obligaba a cualquier extranjero a entrar por los puntos oficiales del Ministerio Francés.
Lo poco que iba conociendo a su sumiso le hizo saber que no tendría un gran afán por salir en la presa francesa del día siguiente.
No lo iba a negar, a Draco le gustaba verlo desnudo, completamente desnudo. Pero vestido de paisano, tampoco estaba nada mal.
—¿París?—preguntó Harry.
—¿Por qué no?
—¿No te cansas de ostentar?
Una trastienda de una zapatería era el lugar que Draco había elegido, no le contestó, pero salió del lugar haciendo que Harry le siguiera.
Estaban en los límites del Barrio francés cuando Harry observó las vistas del río con Notre Dame de fondo, Draco pudo sonreír satisfecho, algo le decía que Harry era de los que no había salido nunca de Inglaterra.
—Bonito, ¿verdad?—Draco se apoyó sobre los muros en las orillas del río, una piedra levemente erosionada que había sido testigo de incontables acontecimientos.
Harry no contestó, pero se apoyó al igual que Draco, sí, las vistas merecían ser contempladas en silencio.
Sin embargo, Draco dejó de contemplar la ciudad y se centró en el hombre a su lado.
Le gustaba todo lo que veía, desde la sorpresa hasta el recelo, la presión de su mandíbula que no entendía cómo no había roto todas sus muelas con tanta presión como ejercía.
Pero no era solo su aspecto físico, sino aquel motor que le movía de un modo tan peculiar, él sabía lo que era estar contra todo el mundo, pero Harry lo llevaba hasta un nivel mucho más elevado.
—¿Vamos?—le preguntó. Harry volvió a él y solo asintió.
Harry afiló su mirada cuando entraron en un bistró cercano que le daba las mejores vistas de la iglesia medieval, ambos tenía el monumento ante sus ojos.
—¿De verdad tenemos que hacer esto?—preguntó Harry, sabía que una cena podría ser motivo de discusión. Harry se mostraba reacio a todo lo que no fuera en un contexto sexual.
Draco se estaba cansando de sus reticencias de vivir aquello como una restricción, no pasaría por alto que para él sus anteriores relaciones d/s se ceñían casi siempre a puros aspectos sexuales, y aún así, esos momentos no eran tan extraños, comía, dormía y hablaba con ellos. Pero ni Harry era un sumiso cualquiera, ni ellos estaban en las mismas condiciones a las que habían vivido con anterioridad.
—¿No comes?—preguntó Draco—No sabía que los héroes de guerra se alimentaran del aire.
Un gruñido bajo, podía reconocer cierto placer en empujar a Harry a aceptarle.
—Solo es una cena, Harry. Y teniendo en cuenta que vamos a pasar muchas horas juntos aquí, no veo nada de malo en que lo hagamos juntos.
—¿Cuántas horas?—le miró molesto.
—24.
—Yo tengo trabajo.—Se revolvió en su silla.
—Sé que mañana no trabajas.
—No debes meterte en mi vida privada.—Aquel era un lugar muggle, Draco puso su mano sobre el muslo de Harry apretándolo.
—Aquí no.—Su voz era una pura orden, de esa misma que usaba cuando le dominaba y sorprendentemente Harry se calmó.
—Harry, ¿encuentras algo de malo en que quiera pasar más tiempo contigo? ¿Conocerte mejor, para comprenderte mejor?
—No tienes que comprenderme.
Draco se volvió a apoyar en el respaldo de su silla, mientras un camarero ponía los platos que Draco había elegido con anterioridad.
Cuando este se fue ambos se sostuvieron la mirada.
—Necesito conocerte, no disfruto dando palos de ciego contigo. Ya sabes que no voy a obligarte a nada que no quieras, si necesitas que active un nuevo traslador tendrás que darme un par de horas.
Harry suspiró.
—No eres mi objeto, yo no funciono así, por lo cual voy a tratarte como trataría a cualquier persona con la que mantuviera una relación de carácter sexual.—Draco continuó con su razonamiento—Es decir, bien. ¿Te sientes mal con eso?
Harry había tomado la servilleta de tela que había sobre la mesa, para llevarla a sus rodillas, pero solo había quedado en el gesto, porque no paraba de jugar con ella entre sus manos.
—Solo es diferente—contestó al fin Harry.
—Puede ser diferente, pero ¿te hace sentir mal?—volvió a preguntar.
—No, en realidad no.
Draco sonrió, y comenzó a comer. Harry le imitó, pero su mirada siempre acababa en la fachada de la iglesia.
—No hace falta que actives un traslador antes.
Draco dejó sus cubiertos, y limpió sus labios. Para llevar sus dedos hasta el rostro de Harry, tomar su barbilla y acercarlo a él. No lo besaría, pero sí acarició sus labios.
Harry miró al rededor, no eran los únicos en el lugar.
—Mírame solo a mí—pidió Draco, Harry obedeció, y lamió sus dedos.
—Voy a follarte en esta mesa, ¿quieres comer antes o después?
Harry jadeó en sus dedos.
—Después.
Draco asintió, y con un giro sutil de su varita creo un entrenado glamour que los envolvía.
Harry le miró sorprendido, sin duda eso iba en contra de cualquier ley mágica, el uso de magia delante de muggles.
—Inmunidad diplomática—contestó Draco—. Necesaria cuando deben hablarse temas confidenciales de importancia internacional.
Harry sonrió casi rodando los ojos, a Draco le gustó que lo hiciera. Pero iba a cumplir lo que le había dicho, deseaba follarle, muy duro sobre esa mesa, hacerlo completamente suyo de un modo demasiado potente. Cada concesión por parte de Harry conseguía activar teclas dentro de Draco, teclas que iba a hacer que el moreno acariciara todo lo que pudiera.
Retiró el plato que tenía delante de él, e hizo que Harry se levantara y se apoyara bocabajo sobre la mesa. Bajándole los pantalones para dejar su trasero a la vista, sacó su pene y sus testículos sobre la tela, para que chocaran contra el carísimo mantel. Y le hizo levantar la cabeza para que mirara la estampa idílica de París. Él miraba las vistas de su sumiso, y le metió su varita suavemente por el ano.
Harry se revolvió levemente por la intrusión hasta que Draco convocó un hechizo lubricador y comenzó a follarlo de ese modo.
—Mantén la vista alta, y alza más tu trasero.—Harry obedeció haciendo que Draco viera como su ano escurría el lubricante casi listo para él.
Solo tuvo que masajease un par de veces para estar completamente duro, retiró su varita y se alineó con Harry introduciéndose despacio hasta estar por completo dentro de él.
A partir de ese momento, le folló tan duro que acabó moviendo la mesa, el glamour mandaba una imagen estática de ellos dos comiendo, camuflando sonidos hasta un punto. Draco metió su servilleta en la boca de Harry cuando este comenzó a gemir fuertemente.
El bonito y caro mantel del restaurante fue pintado con el semen de Harry, Draco lo giró haciendo que se pusiera de rodillas delante de él haciéndole tragar todo cuando él mismo se corrió.
Blando, de rodillas y con sus ojos vidriosos de placer Harry le miraba mientras Draco reparaba levemente los rastros de su delito.
Un par de minutos después, cada uno estaba sentado en su silla de nuevo, frente a sus platos que Draco había mantenido calientes. Con Harry y un leve rastro de rubor post sexual en sus mejillas.
El glamour desapareció, y se volvió a escuchar el ruido de los demás comensales.
—Entonces, Harry, ¿habías estado alguna vez en París?—preguntó Draco llevándose un trozo de filet mignon a la boca.
Harry le miró y sonrió, sin esa tensión, sin resentimiento y sin barreras.
—Es mi primera vez.
Draco disfrutó demasiado aquella respuesta, le iba a enseñar sus lugares favoritos.
Continuará
Qué bonito es París, hace justo dos años en esta fecha estaba allí, me hace ilusión que hayan coincidido fecha y capítulo.
Si pudieras ahora mismo, ¿qué ciudad te gustaría visitar?
Volviendo a la historia, Harry está cayendo, lento pero sin pausa. Ya iba siendo hora de que se rindiera a los encantos de Draco.
Esto es algo que no tendría porqué hacer, pero bueno, hay a algunas personas que les hace sentir excluidos que hable en femenino, es algo que me sale solo, hasta a mi marido le hablo en femenino. No os lo toméis a mal, mis historias son para todes, pero yo soy vieja y me salen las mismas maneras siempre.
Hasta el lunes, buen fin de semana y buen puente para quien lo tenga.
Besos.
Shimi.
