"El control del ser inmortal"
.
.
.
.
.
¿Quién crees que eres Katsuki para hacerme temer por mi inmortalidad?
La inmortalidad que he cosechado por todos estos años hasta acostumbrarme a ella.
Izuku pasó una mano por sus rizos, revolviéndose el supuesto peinado que adornaba su cabellera.
Me estás poniendo al límite.
Apretó la quijada, desarmando los remolinos de sus rizos, enmarañando el curso de sus mechones.
Se situaba en el café, observando intensamente a Katsuki, quien atendía a los clientes y cuando no habían, lo miraba unos segundos y se sonrojaba.
—Si las miradas pudieran matar, Katsuki ya estuviera muerto— Shoto tomó asiento en la silla libre de la mesita, rompiendo el sentimiento de angustia que ahogaba a Izuku en su silla.
—No me da risa, Shoto— Lo refirió desairado.
—Trataba de animarte un poco— Repuso, mirándolo con sus inexpresivos ojos bicolor. Aquel par de ojos asemejaba el aire de un príncipe salido de la portada de un libro de pasta dura. —Ya veo que no funcionó.
—No.
—Me imagino que estás trabajando ahorita— Supuso sarcástico. Izuku le dirigió una mirada de incompetencia. —Vigilando a tu trabajo, porque obviamente no fuiste por el café que sirven aquí.
—¿Te burlas de mi, Shoto?— Izuku enarcó una ceja, tornando su entera expresión en ponzoña.
—No, ¿cómo crees?— Sonrió burlón.
Izuku alzó el mentón, reposando los codos en el borde de la mesa.
—Encárgate de tus asuntos, Shoto— Dijo. —Que yo me encargo de los míos solo.
—Oh— Fingió. —¿Entonces ya sabes cómo alimentar el alma del chico?
Es entonces que la expresión de ponzoña del ser inmortal cae paralelamente al suelo sin gracia.
No, Izuku no tenía idea de cómo alimentar un alma con amor. Él ni siquiera sabe qué es el amor de pareja. ¿Cómo hacer su trabajo sin fallar en el proceso? Estaba demasiado complicado para su entendimiento.
—Tu expresión me dice que no lo has pensado— Tanteó Shoto.
—No es gracioso— Musitó Izuku, haciendo un mohín.
—Lamento decirte que lo es.
—¡No lo es! N-no te burles de mi.
La sonrisa monótona de Shoto se amplió a esto.
—Es raro verte así, Izuku. Por supuesto que lo disfruto.
Izuku abrió la boca ofendido. Acerco su cabeza en la mesa, mirando intensamente a su amigo—; Tengo trescientos años en mi espalda. Ten más respeto a tus mayores.
Shoto se aguantó la risa, presionando sus labios en una línea fina.
—Trescientos años deprimentes en tu espalda, fue lo que quisiste decir— Resaltó.
—¡Ey! No me insultes— Retrajo Izuku, poniendo un puchero en sus labios.
—Qué infantil eres, Izuku— Bromeó.
Izuku bajó la cabeza como niño regañado.
—No lo soy—Murmuró a lo bajo.
—No es por molestar, pero tu novio me mira con cara de que quiere asesinarme— Comentó en maña apaciguada.
—Hmm— Se jaló los cabellos de la frente, apretando los párpados.
—A este paso me estoy ganando una golpiza de tu novio explosivo— Dijo ostentoso. —Y con gusto, me ganaré su odio.
—¿Qué quieres decir?— Musitó dentro de su cabeza gacha y ojos cerrados.
—Perdóname por esto, ser inmortal— Una textura similar a una mano se posó en su mejilla, saboreando la sensación de tocarlo. El tacto frío, comparado con el hielo, entró a su piel cual humo espeso. Inconfundiblemente era la mano de Shoto.
Izuku se mantuvo callado, incapaz de discernir lo que ocurría. El porqué Shoto acariciaba su mejilla, trazando sus finos dedos sobre sus pecas. Aplastó una peca, ganándose una ventisca de caramelo frenar el contacto de su mano.
—¡Quita tus manos de mi novio, animal!— Vociferó el dueño de ese aroma dulce.
—Oh, no sabía que Izuku era tu novio— Jugueteó Shoto.
—No digas su nombre, mitad y mitad. Eres jodidamente despreciable por tocar lo que es mío.
—¿Tuyo?— Dijo burlón.
—Shoto— Izuku abrió los ojos, siendo recibido por las perlas bicromáticas de las orbes de su amigo. —No molestes a Katsuki.
Un brillo de travesura surgió en sus ojos.
—Solo trataba de ver porqué estabas tan pálido. Daba la impresión de que te desmayarías aquí mismo.
—¡Lárgate de aqui, animal!— Opuso Katsuki, robándose la mirada del ser inmortal a él. —No te atrevas a tocar a Izuku en mi cara— Amenazó señalándolo. —Porque te mato.
—Bueno— Sonrió Shoto, poniéndose de pie. Su estilizada figura acentuaba sus facciones agradables otorgándole una cierta forma elegante de apreciarlo. —Te dejo—Guiñó, para después salirse del café.
Izuku se destrabó del detenimiento mental, volviendo a sus ojos la figura de su novio, postrado a su lado, portando un aspecto temible, y un ceño fruncido que rasgaba las sombras de luces que alumbran su tez.
—Katsuki.
—Eres un imbécil— Desdeña su pareja, gruñendo. Izuku apenas tiene tiempo de parpadear, cuando las manos de Katsuki toman las solapas de su abrigo y lo sacuden. —¿Qué te pasa, eh Izuku? Te dejaste tocar por otro hombre que no soy yo. ¿Ah? ¿Acaso crees que es divertido para mi ver que otro bastardo te pone las manos encima?
—Ah, no, no— Repone paniqueado —.No es lo que tu crees.
—Entonces, ¿qué es, maldito infiel?
—¡¿Infiel?!—Palideció con el gesto en blanco.
¿Desde cuándo Izuku le fue infiel a Katsuki? No recordaba haberlo sido, pero de ser así, se disculparía como era debido.
—¿Acaso lo que acabo de ver no es ser infiel?
—Tienes toda la razón, Katsuki.
—¿Hah?
—Si te fui infiel, me disculpo de todo corazón, porque no ha sido mi intención serte infiel en ningún sentido posible.
—No necesito un discurso estúpido— Irrumpió su novio, mostrando sus dientes frontales, enojado.
—Pero dices que te fui infiel.
—Serás idiota, Izuku— Gruñó tras sus dientes. Lo empujó, soltando las solapas de su abrigo con aire despectivo. —¿Insinúas que me fuiste infiel antes?
—¿Qué?— Pestañeó aturdido. —No dije eso.
—Lo estás insinuando con esa actitud ridícula— Los hambrientos ojos rojos de su pareja lo atravesaban con la intensidad de mil soles. —Explícate o te saco de aquí a patadas.
—¿Eh?
—Decide Izuku. O me dices una excusa razonable o te corro de aquí a mi manera—Al ver el gesto embobado del inmortal, añadió—:¡Apúrate! No tengo todo tu tiempo.
—¡No te fui infiel!— Exclamó sincero. —De ningún modo te sería infiel, Katsuki.
—¿Ah, no?— Lo ojeó sospechoso, pese a un leve rubor habitando en sus mejillas. —¿Juras que no me fuiste infiel?
—Te lo juro.
Izuku se sentía tan abochornado hablando de esas cosas tan sentimentales que no conjuraba que venían de su boca esas frases destinadas a las parejitas. ¿Cómo puede decir que no fue infiel? Si la infidelidad es un constructo social. Cada quien tiene su opinión con respecto a lo que conlleva ser infiel.
E Izuku desconoce cuál es el concepto de Katsuki de lo que es ser infiel. Lo que sacó de la situación es que si otro hombre pone sus manos en Izuku, es equivalente a una infidelidad.
El rubio sonrió de lado, poniendo gesto complacido.
—Bien— Dijo. —Si dices que no me fuiste infiel, entonces no te correré de aquí, estúpido.
—Gra-
—Y no quiero volver a ver a ese idiota tocarte de nuevo, ¿entendiste?
Asintió.
Esas amenazas suenan exactamente igual al otro Katsuki. Suenan con una dejo de odio que no evitan que los relacione a escenas pasados.
Shoto fue cruel en hacerle ver una imagen que no quería ver. Una imagen que le causaba un calor abrasador en su pecho, encendiendo una llamarada que brotaba cual aguijonazo de su cabeza. Ardiendo. Consumiendo todo a su paso.
Izuku estaba a segundos de perder la cordura.
Sus dedos sufrieron una contracción nerviosa, su paladar sabía a metal. Movió la cabeza a un lado, mordiéndose el labio inferior.
Izuku no pierdas el control, se dijo. Si lo haces, lo terminarás matando aquí mismo.
—¿Entendiste, Izuku?— Katsuki restregó esa pregunta en su cara.
—Sí— Espetó, sobresaltando a su pareja. —-Sí, entendí.
—Izuku— Pronunció sonsacado.—¿Qué te pasa?
Me pasa que quiero cortarte en dos. Quiero que no me vuelvas loco en tu presencia. Quiero no desear matarte en cada oportunidad que tengo de verte. Quiero no reaccionar así de volátil por ti.
—Nada— Responde dificultoso.
—No parece nada, Izuku— Vaciló, pegando su cadera en la mesa. Los reflejos oculares del inmortal se fijaron en la silueta de sus caderas. —Y veo que me estas viendo mucho, ¿eh?— Burló. —¿Te gusto, Izuku? ¿Te gusta lo que ves?
No, rechazó el inmortal con desgano.
Posees demasiadas sombras de mi pasado que causas un tormento en la paz que me llevó más de dos siglos obtener.
No seas tan cruel, Katsuki.
—Me gustas tu— Se forzó a decirle con un tono sutil.
El rubio ruborizó. En seguida, despegó su cadera de la mesa, recomponiéndose de la impresión de sus palabras, al parecer. Solo fueron unas sílabas compuestas por él, no fue la gran cosa, ¿o sí?
De todos modos, cumpliría con la tarea aunque le costara el peso de tres siglos.
—Y me gusta todo lo que veo de ti— Conjugó con su expresión seria, detallando los haces que destellan de sus ojos verdes.
—C-cállate— Siseó Katsuki, aturdido. —No me digas esas cosas aquí. Estoy trabajando, maldito.
Izuku sonrió.
Esos rasgos en sus expresiones no son del otro Katsuki. Los rasgos que habitaron en su rostro segundos atrás desaparecieron como si alguien desgarrara esas instancias reflejadas en sus facciones.
Hasta notó que su tez ligeramente pálida lucía menos opacada por el enojo.
Katsuki se miraba más frágil e inocente con esa apariencia. Gustaba más a sus ojos esa imagen suya, pues no la cambiaba por ninguna otra imagen de su pasado.
—Te ves más lindo con esa expresión en tu rostro, Katsuki— Admitió el inmortal sin pudor.
—¿Hah?— Toda palidez visible en su tez se tiñó de rosa. —I-Izuku basta— Señaló, pareciendo estar en conflicto consigo mismo.
—Es la verdad, Katsuki— Sonrió, parándose de la silla. Aprovechó su fragilidad para depositar una mano gentil sobre sus cabellos, atrayendo su cabeza a su mentón. —Eres hermoso—Susurró suave.
Lo sintió temblar bajo su aliento.
—Izuku— Se contrajo deliciosamente hacia su pecho.
El inmortal cerró su intercambio mediante un fuerte abrazo, sin importar que estuviera en la cafetería. Sin importarle que otras personas lo vieran abrazar a un simple mortal.
—No te seré infiel— Comentó—. Mientras estemos juntos, no pensaré en engañarte con alguien más.
—Izuku, no me abraces, estoy en mi trabajo— Katsuki se removió en su abrazo, escuchándose avergonzado. Mas Izuku no buscó soltarlo tan pronto. Si sus acciones alimentaban el alma del muchacho con amor, compasión, escucha, etc. Haría cualquier cosa por ello.
—No me importa—Desechó el argumento.
—Izuku, me van a joder mis compañeras de trabajo. Suéltame— Pidió necesitado de que acatara.
—No me importa— Repitió. Una sonrisa divertida se plasmó en sus labios. El cuerpo escurridizo de Katsuki se sentía arder a través del rostro. Supuso que tal vez lo que ocasionó Shoto no estuvo del todo mal, si eso conllevaba a que le regresaba a Katsuki sus regañinas en forma de afectos conmensurados.
Katsuki luchaba en sus brazos, diciendo maldiciones y otorgándole manotazos en la espalda. El chico era fuerte, sí, pero no tanto como él.
—Ya suéltame, Izuku— Demandó el rubio.
Obedeció, soltándolo de un desprendimiento casual. Ligero.
El rubio movió los ojos evasivos, mostrándose abochornado.
—No hagas eso en mi trabajo— Lo refirió.
Izuku soltó una risa divertido con su cara, sus ojos buscando apartar la mirada de él, sus mejillas latentes, los puños que eran sus manos temblorosas.
Eso sin duda, no eran características del otro Katsuki. Así que el inmortal estuvo en calma. Sus risas son la prueba de ello.
—Si insistes— Respondió en relación a su vergüenza.
—No es gracioso, idiota— Gruñó. —No te burles de mi.
—No me burlo de ti— Aclaró en modo caballeroso. —Es solo que eres demasiado lindo, Katsuki. Es difícil no decírtelo.
—Izuku— Parpadeó adorablemente. Y no es porque le pareció adorable ese gesto en un sujeto de su calaña, sino fue adorable. —Para de decirme esas cosas que sólo hacen los tontos.
—¿A qué hora sales de trabajar?— Cambió el tema.
Katsuki abrió los ojos en conjunto con su boca. —Uhm. A las nueve, ¿por qué?
—Te llevo a tu parada.
—¿Hah? Yo puedo ir so-
—Soy tu novio, Katsuki— Apuntó, sobresaltando a su pareja, quien ruborizó instantáneamente. —No es una molestia llevarte a tu parada.
—Hm, como sea— Aceptó, deslindándose de la penetrante mirada del ser inmortal, que a esos pasos escalaba el ritmo de incinerar todo a su alrededor.
Izuku se colocó un velo de misterio, ensombreciendo sus facciones tenuemente detalladas por el sendero de los siglos.
Aún con todo el trabajo sobre su lomo, no puede evitar sentirse tan miserable.
Izuku se remontaba en sus cavilaciones, mirando a la distancia el vasto cielo cubrirse de noche, mientras que su aliento salía espeso, en forma de humo. Un humo vaporoso, producto del frío que hacía.
Dentro de todo, ansiaba la sensación del frío en su cuerpo. Era tan plácida y satisfactoria de sentir, que se hallaba pletórico de ello.
Eso constaba uno de los pocos buenos detalles que conllevaban esperar a Katsuki. Que podía sentir el frío adentrarse por sus venas, sus cabellos, sus piernas, sus manos, invadiendo el silencio mismo.
¿Qué se supone que sigue de tanto gozo para él mismo?
¿Qué seguirá después de esperar a Katsuki?
¿Cómo abordar a un muchacho de veinte años sin herirlo?
¿Cuál es la manera de alimentar su alma correctamente?
¿Qué le espera de todo esto?
¿Qué ganará de regreso?
Ese mar de preguntas cavilaban sobre su mente, tallándose con las brechas que originan de su cerebro. Aprisionando su orden, su eficiencia, su elección de opciones.
Katsuki lo sopla con su gravedad. Lo desperdiga hacia el cosmos del desconcierto, donde colores y frases se estrellan en las galaxias de lo que no se puede decir con certeza.
Apenas dibuja en su mente las pasabas que no sabe qué trasfondo tienen. Traza con las pupilas el significado de lo que es tener un novio a quien no siente atracción por el contrario. Mas que una extraña aversión, debido a la imagen que supone sus memorias cosechadas en el odio y la desesperación que consumen el alma carcomida del ser inmortal. O lo poco que le queda de humanidad en la sangre.
E Izuku desconoce el plano en que necesita esclarecer su mente. El plano en que el paralelo del suelo es la cima de la cabeza; el plano en que pensar en la tortuosa solitud de cumplir con el deber es la punta del iceberg, o quizás la profundidad del océano, sitio donde no llega la luz nunca.
Baja la cabeza, cansado de ver puntos centelleantes en el cielo anochecido. Cansado de siquiera usar los ojos durante ese día lento.
Ejerce presión en la suela de su zapato de vestir, chocando la suela con la banqueta, produciendo de éste un sonido de que algo golpetea.
¿Cómo puede estar aguantando la frustración poniendo una cara serena?
—Oi, idiota.
Izuku alza la cabeza, encontrándose con la mirada absoluta de Katsuki, quien usa una chaqueta tan delgada que simula a que es de una sola capa de calor.
Sus escurridizos hombros tiemblan.
De seguro, tiene frío. Pero conociendo lo orgulloso que es, no me lo dirá, asumió.
—¿Nos vamos?—Sugirió Izuku, esbozando una sonrisa que inspira confianza.
—¿Tú qué crees, bastardo?— Farfulle, pasándole de largo con sus tajantes pasos. —Vamos, pues, idiota.
—Sí.
¿Por qué me habla tan desdeñoso?
Estoy consciente de que no le di motivos para desconfiar de mí, ¿o sí?.
Frunció el entrecejo, poniendo gesto pensativo.
Oh, ¿no será que sigue creyendo que le soy infiel? Puso gesto convencido de su deducción. Puede ser, puede ser.
Le dirigió una mirada blanda a Katsuki, viendo que éste andaba con un puchero en los labios y los hombros aún temblando de frente a atrás.
Sí. Tiene frío y cree que soy infiel.
Debo compensárselo de alguna manera.
—Katsuki— Le habló, obteniendo su atención.
—¿Qué quieres?— Gruñó con un dejo de aspereza.
Izuku se despojó de su abrigo de lino y se lo colocó alrededor de los hombros, causándole que éste reaccionara de un salto.
—Oi, ¿Qué haces, Izuku?
Izuku ajustó el abrigo de modo que pendía de sus hombros con ligereza.
—Con esto no tendrás frío—Cercioró sereno. Los ojos desorbitados del rubio lo escudriñaron y luego regresaron a observar el abrigo sobre su cuerpo. Siendo una pieza que le quedaba grande, a diferencia de Izuku, que se ajustaba a su medida.
—No te pedí esto— Replicó Katsuki, claramente sonrojado furiosamente.
—Quédatelo— Ofreció. —Prefiero que lo uses tú.
Katsuki lo miró boquiabierto.
—Izuku…—Articuló ofuscado.
—Quédatelo. Es tuyo, Katsuki— Enfatizó, sonriéndole.
—Como sea— Desinteresó, apartando la mirada de la suya. Una sonrisa se formó de sus labios rosados, de alguna manera llamando a Izuku en la expectación de hacer algo por saciar el instinto.
Izuku ahuyentó la intención de querer probar sus labios, pero el hastío lo impedía. El desagrado que le ocasionaba la sensación de estar cediendo a su lado instintivo, era igual a dar su brazo a torcer.
—Katsuki.
—¿Qué quieres ahora?— Espetó bruscamente.
—¿Estudias?
—Por supuesto que estudio, idiota— Presumió en actitud presuntuosa.
—Oh, ¿Qué estudias?
Katsuki lo observó por el rabillo del ojo, desprendiendo una sonrisa orgullosa, llevando su cabeza hacia atrás.
—Gastronomía.
—Oh— Alumbró su expresión. —Es una carrera interesante y muy ajetreada. Pero bastante versátil.
—Hah, ya ves— Dijo suntuoso.—Me gustan los retos, Izuku. Estudiar gastronomía es uno de ellos.
—Guau, Katsuki. Cuánta motivación tienes en tus metas— Apreció.
Esto hizo que el rubio sonriera triunfal, inflando su pecho en señal de orgullo.
—Soy genial, Izuku— Prosiguió presuntuoso. —Admito que tuviste buen ojo para fijarte en mi— Llevó su pulgar hacia su pecho, señalándose. —Sólo mírame, Izuku. Veras que estoy destinado para grandes cosas.
Izuku puso el gesto desorbitado.
—Eso no se sabe— Repuso.
—Te dije que tengo la razón en todo, así que si digo que estoy destinado para grandes cosas. Es porque es verdad.
—Sí, pero-
—¿Y qué me dices de ti?— Interrumpió, regresándole la pregunta. —¿Estás destinado para grandes cosas?
Desconozco, dado que estar destinado a algo no existe en la inmortalidad. Pero eso no se lo puedo decir.
—No lo sé— Respondió tratando de sonar lo más apacible que pudo.
Katsuki lo ojeó sospechoso.
—Yo digo que sí estás destinado para grandes cosas, nerd— Fanfarroneó. —Apuesto a que tu destino soy yo.
—¿Tu crees?—Enarcó una ceja.
—Desde que estás conmigo, de seguro te han pasado cosas buenas— Dijo rimbombante. —¿A poco no?
No, pensó disgustado. Me han pasado puras desgracias desde que te conozco. Pero eso tampoco te lo puedo decir.
—Supongo— Contestó desganado.
—Vamos, Izuku. No jodas todo con tu actitud.
—No, solo digo lo que pienso. Es todo.
—Hm— Lo observó minucioso. —Siempre tienes esa cara de que estás triste. ¿A qué se debe eso?
—¿Triste, yo?— Soltó tomado por sorpresa.
—Sí. Triste tú—Señaló. —¿Qué te tiene así?— Al silencio de Izuku, añadió—:El otro día te dije que quería saber todos tus problemas, así que adelante. Dímelos. Te escucho.
—Prefiero guardármelos para mi solo— Especificó.
—Oye, soy tu novio— Lucía ofendido por su comentario. —Si te digo que me digas tus problemas, te escucharé. ¿Qué te detiene?
Tú me detienes.
Su párpado se contrajo nerviosamente, en conjunto con sus dedos. Otra vez esa expresión acentuada en su cara se aparecía para atormentarlo.
Otro fatalismo en su memoria.
—¿Me oíste, Izu-
—Te escuché perfectamente— Lo atrajo a sus brazos de un movimiento empecinado, entrañando toda la posibilidad de seguir viendo esa expresión.
—¡Oi! ¿Qué haces?
De nuevo esa sensación de calor provenía del cuerpo del chico cual fuego abrasador. Lo que fuera que pasara dentro de él, no eran sensaciones que lo calmaran, sino que alteraban su psique.
Abrazaba a Katsuki por no tolerar esa expresión. Por no ceder a sus instintos de matarlo por ver ese disgusto en sus ojos, atenuados por la sombra de su antepasado. Mismo que le trajo tantas desgracias.
Lo abrazó sin impedir que sus brazos temblaran un poco entre su agarre.
—¡¿I-Izuku?!¿Qué tienes?
—No es nada— Negó.
Afianzó su agarre entre sus brazos, causándole un temblor al contrario, quien cedió rápidamente a su lado.
Los brazos de Katsuki rodearon su cintura, acomodando su frente sobre su pecho.
—Izuku…— Pronunció pletórico.
¿Qué es lo que estoy haciendo? Se regañó el inmortal. Me siento rarísimo.
Sentir el calor ajeno era tan puro, tan tierno, que temía estrujarlo con su fuerza. Temía que su instinto tomara posesión de su mente y terminara perdiendo el control de su cuerpo.
Temía por su seguridad, al verse en juego su inmortalidad.
Temía por todo lo que conllevaba esta tarea, de la cual había tantas probabilidades de que pudiera ir mal.
Inconforme de la comezón que habitaba en sus labios, se mordió el labio inferior, respirando por el puente de la nariz.
Izuku agarró su muñeca y pegó sus labios sobre los suyos, oyendo un jadeo de sorpresa venir de su boca, mas cediendo a su tacto.
Rodeó con su brazo su diminuta cintura, atrayendo sus caderas a las suyas. Sus húmedos labios chocaban con los suyos danzando entorno el uno al otro. Unidos por la fricción de estarse sintiendo.
El calor de Katsuki se sentía muy bien. Se desorbitaba por sus extremidades. Abotonaba sus sentidos y se estaba perdiendo.
Se perdía en el vaivén del movimiento que sus carnosos labios ejercían sobre su resolución.
