Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 12: Trae las travesuras

No puedo dormir.

Estoy en una de las habitaciones de invitados y la ventana está abierta. Hay una mosquitera, pero todavía se siente como si cinco millones de mosquitos se arrastraran por todo mi cuerpo.

El aire es húmedo y mi cabello se pega a la parte de atrás de mi cuello, y estoy como enloqueciendo. El sonido de los grillos y cualquier otro zumbido me pone nerviosa. Los agujeros de la mosquitera son minúsculos, pero ¿qué sucedería si uno pasa? Estoy segura de que duermo con la boca abierta por todos los ronquidos, ¿y si me trago un insecto? O peor aún, ¿qué pasa si me ahogo con uno?

Me pregunto si Edward estará despierto.

Me pregunto qué haría si me metiera en su cama y me acurrucara. Apuesto a que mantendría alejados a todos los insectos.

Para cuando obtuvimos nuestra adorable foto del letrero estatal y estacionamos frente a la casa infestada de insectos de la abuela esta noche, el cielo estaba grisáceo y yo estaba irrevocablemente enamorada de Edward Cullen.

Ahí... lo dije. Está ahí fuera. Bueno, está ahí afuera en mi propia cabeza, pero reconozco el sentimiento. Él hace feliz a mi corazón.

Apuesto a que él siente lo mismo por mí. Esas sonrisas con hoyuelos y las manos agarradas lo dicen todo.

Es una mierda que haya encontrado al hombre que amo, y vaya a morir ahogadaantes de siquiera besarlo.

Al menos conocí a abue antes de mi muerte. Es una anciana dulce y divertida y la forma en que saludó a Edward con sorpresa real me hizo sentir cálida y sentimental.

Algo golpea la mosquitera de mi ventana, y apenas contengo el grito de salir de mi garganta. Mi corazón late con fuerza, pero me pongo de rodillas y miro por la ventana. La casa de la abuela está rodeada de bosques inquietantes y el columpio cuelga siniestramente de un árbol más cercano al borde del bosque.

¿Se está moviendo?

Un mosquito aterriza en la mosquitera y lo aparto antes de volver a enterrarme bajo las mantas. Espero que Edward planee llevarme a dar un paseo en columpio cuando salga el sol mañana porque ¿qué pasa si hay un pantano debajo de esos árboles y un caimán se acerca y me muerde la pierna? O Dios no lo quiera, se come aEdward.

Edward se rio tontamente cuando le expuse las estadísticas de camino aquí y le dije que Luisiana tenía la población más alta de caimanes en los Estados Unidos: dos millones.

En este momento, completamente sola en esta cama extraña, nunca he tenido más miedo por mi vida. Honestamente, los caimanes hambrientos y Dios sabrá qué insectos le ganan a los aterradores viajes en avión.

Al diablo, no puedo quedarme aquí.

Tiro de las mantas hacia atrás y me levanto de la cama, el piso cruje debajo de mí mientras camino de puntillas hacia la puerta del dormitorio. Lentamente la abro y asomo la cabeza. La habitación de la abuela está justo enfrente de la mía y la puerta está entreabierta. En esta época, ¿realmente importa si los niños y las niñas duermen en la misma habitación?

Papá diría que sí.

¿La abuela?

La puerta de Edward está cerrada, así que golpeo ligeramente, rezando para que la abra y no me deje varada aquí, sola en el mundo.

Lo hace.

Abrir, eso es.

—Hola —saludo—. ¿Estabas dormido?

No es que los ojos medio cerrados y el cuerpo medio desnudo no lo delaten.

—Lo estaba, Swanie —responde, voz áspera por el sueño—. ¿Estás bien?

Giro el tobillo y me muerdo el labio.

—Bueno… la cosa es que no puedo dormir. Hay mosquitos por todas partes, hace calor y, para ser sincera, me estoy volviendo loca.

Él sonríe muy lento y empuja la puerta para abrirla completamente.

—Ven aquí —dice, ronco y áspero, agarrando mi mano y llevándome a su habitación antes de cerrar la puerta—. Si quieres abrazarme, solo tienes que preguntar. No hay necesidad de inventar historias…

—¡Edward! —Me río, tirando de mi mano, pero no me suelta.

Edward se ríe y retira la manta.

—Adelante. Entra. —Me suelta y pone una mano en mi espalda, instándome a arrastrarme debajo de esas mantas con él, a acostarme donde él va a estar... con él.

No sé por qué tengo dudas. No es como si no hubiéramos dormido en la misma cama anoche.

—Swanie…

Simplemente lo hago y me meto, mi corazón en mi garganta y un caleidoscopio de mariposas en mi estómago.

Se arrastra a mi lado, él de espaldas y yo mirándolo de lado. Gira la cabeza para mirarme y no puedo controlar mis labios cuando se levantan en una sonrisa solo para él. Obtiene todas mis sonrisas.

—¿Estás bien?

Asiento, y luego él asiente, pero no deja de mirarme, así que no dejo de mirarlo, pero luego es demasiado para tomar, así que levanto la mano, no puedo controlarme a mí misma, y trazar un camino desde su ceja hasta donde está ese hoyuelo cuando sonríe.

—Me gusta tu hoyuelo —confieso, empujando ligeramente su mejilla hasta que me da el hoyuelo—. Este hoyuelo realmente podría cambiar mundos.

—¿Sí? —pregunta, su sonrisa cada vez más grande, mi dedo todavía en su mejilla.

—Quiero decir, sí. —Ni siquiera sé lo que estoy diciendo, pero quiero tanto mover mi dedo y reemplazarlo con mis labios—. Siempre quise mi propio hoyuelo.

—¿Sí? —dice, de nuevo.

—Sí.

—Compartiré el mío contigo —agrega.

—De acuerdo. —Mi sonrisa es enorme, pero se congela en mi rostro cuando se acerca y toma mi mano, sus labios rozan mis dedos antes de acercarme a su cuerpo.

—Tengo frío —comenta, colocando mi mano sobre su pecho.

—¿Quieres que te mantenga caliente? —pregunto, mi voz más profunda de lo que jamás he escuchado. Aclaro mi garganta y comparto su almohada, comparto su respiración.

—Sí, Swanie. Tú me mantienes caliente y yo te protegeré de los insectos.

—Quiero besarte.

Sí, acabo de soltareso directamente al universo.

Santa mierda.

Edward sonríe al techo y estoy sudando a mares.

Es sofocante aquí.

Su mano agarra la mía mientras se ajusta y se vuelve hacia mí, sus ojos escaneando mi rostro, mis labios.

—Dejaré que me beses —susurra, su nariz rozando la mía.

—¿Lo harás?

Oh Dios mío.

Él sonríe.

—Sí, Swanie... —asegura, pero luego sus labios están en los míos y él me estábesando a mí, suaves besos que detienen mis pulmones de conseguir aire.

¿Me estoy muriendo?

—... Swanie, no me estás devolviendo el beso.

Abro la boca —para hablar, devolverle el beso, no lo sé— pero él usa la abertura para deslizar su lengua dentro, y santo cielo, estoy besando a Edward. O me está besando, ¡lo que sea!

Él todavía toma mi mano, pero me acerco más, aplastando nuestras manos entre nuestros cuerpos y le devuelvo el beso. Es agradable, lento y mágico, y no quiero parar nunca. Su otro brazo serpentea alrededor de mi cintura, su palma plana en mi espalda baja, empujándome más cerca.

Mi mano libre se desliza por su lado desnudo, por su brazo hasta que queda enterrada en su espeso cabello. Gime en mi boca, y eso realmente me estimula. Quiero arrastrarme dentro de él, unir nuestros cuerpos hasta que seamos una sola persona. Sabe como se supone que debe saber mi vaquero: mío.

El beso de Edward se ralentiza como si fuera a detenerse, pero niego con la cabeza y digo contra sus labios.

—No pares.

Su risa calienta todo mi ser antes de besarme más profundo y más húmedo, separando nuestras manos para que pueda envolverme con ambos brazos, pero hago algo mejor y me arrastro encima de él.

Quiero ir a una aventura con mi vaquero.

Quiero hacer travesuras salvajes con él.

Con las manos en mis caderas, Edward se sienta y yo estoy en su regazo, nuestro beso no se rompe, nuestras manos simplemente vagando sobre el otro. Las suyas están debajo de mi camisa, subiendo por mi espalda, ¡y no tengo sujetador! Las mías están acariciando toda la piel desnuda que puedo alcanzar, y me encanta.

Mis caderas comienzan a balancearse, haciendo que los brazos de Edward se tensen y otras cosas se endurezcan, y es casi demasiado para mí. Estoy montando en seco a mi vaquero a quien conocí hace solo unos días, y se siente tan natural, como si esto fuera algo que hemos hecho cien veces antes, excepto que no lo hemos hecho y es tan cruel pensar en eso.

Empieza a apartar su boca de la mía, pero aprieto mi agarre sobre él.

—¿Qué? ¿Por qué te detienes? —pregunto sobre sus labios, moviendo mis labios hacia su mejilla, sintiendo el hoyuelo aparecer mientras sonríe. Lo beso una y otra vez, el rugido de su pecho mientras se ríe me hace temblar.

—Realmente te gusta ese hoyuelo, ¿eh? —dice, todo ronco y sonriente, sus brazos muy bajos en mi cintura.

Le doy un último beso antes de levantar la cabeza para mirarlo a los ojos, a la boca, a todo su rostro de dios.

—Es lindo —confieso.

Sacude la cabeza y me acerca aún más.

—Me estabas volviendo loco... —susurra.

Asiento con la cabeza.

—Igual.

—... ese fue un primer beso.

—Lo fue. —Sonrío y me muevo en su regazo, haciendo que sus ojos se cierren por un segundo antes de abrirlos de nuevo, pero ahora están todos entrecerrados y calientes.

—Eres realmente bonita así —dice, frotándome el labio inferior con el pulgar.

—Tú también —digo estúpidamente—. Yo… —El repentino golpe en la puerta me hace girar la cabeza hacia ella antes de que mis ojos se encuentren con los de Edward. Los suyos están divertidos.

—¿Qué es gracioso? ¿Esa es la abuela?

—Shhh —susurra, sonriendo todo el tiempo, besando mi mejilla hasta que me derrito contra él—. La abuela es de la vieja escuela, Swanie. No dejes que te encuentre aquí sentada en mi regazo.

Lo sabía.

—¿Estás diciendo que debería haberme arriesgado con los bichos? —le susurro al oído, escuchando como abue se aleja, la puerta de su habitación crujiendo. Me acurruco más profundamente en sus brazos, fingiendo que no sé que abue se ha ido—. Creo que se me estaba subiendo uno. No puedo dormir sabiendo que hay insectos durmiendo conmigo. Me van a picar. No quiero que me piquen. —Sus brazos se aprietan a mi alrededor—. Una vez me picó una abeja cuando era más joven. Dolió. Mi abuelo puso tabaco en ella, dijo que para que succionara el veneno...

—Swanie…

—... Volveré a escondidas a mi habitación temprano. La abuela nunca sabrá que estuve aquí.

Edward se ríe y levanto la cabeza para mirarlo a la cara.

—Solo estaba jugando contigo. A la abuela no le importará que estés aquí durmiendo conmigo.

—¿No le importará?

—No —repite—. Soy un hombre adulto.

¿Ha tenido muchas mujeres en el dormitorio de invitados de la abuela?

—Será mejor que descansemos un poco. —Aprieta mis caderas y besa mi barbilla—. Tenemos un gran día mañana.

—¿Lo tenemos? —pregunto, arrastrándome desde su regazo y acurrucándome en su almohada junto a él mientras se acuesta.

—Sí. Iremos a cazar cocodrilos.

—¿Qué? Cállate.

Edward se ríe y niega con la cabeza.

—Gracias por los besos, Swanie. Espero que hagas de ellos una cosa diaria.

¡Su sonrisa!

¡Su hoyuelo!

¡Mi corazón!

—Quiero decir, claro, si quieres… —Me encojo de hombros, mi sonrisa es más grande que la de él.

—Quiero —confirma, apoyando una mano en mi cadera, sus ojos comenzando a cerrarse lentamente.

—Está bien, está bien, si insistes.

—Buenas noches. No dejes que las chinches te piquen. —Pellizca mi costado, haciéndome reír y suspirar y morir.

—Buenas noches, vaquero.

No puede dejarme en Florida después de esos besos.

Me acurruco más cerca y siento que mi corazón se derrite cuando su brazo se aprieta a mi alrededor.

¡Al diablo con Florida!

Trae las travesuras.


¡Al fin se besaron! Se fue construyendo lentamente, pero al fin ya están ahí.

Gracias por sus comentarios, estaré esperando ansiosa que me cuenten qué les pareció el capi ;)

Nos leemos en la próxima actualización.

Sarai