Hola queridos, Oficialmente este es el último capítulo, ¿Por qué? Porque son amores prohibidos, si dejan de serlo no hay más polémica, jajaj si, raro sentido del humor. La verdad estoy haciendo otro capítulo pero no sé cuándo pueda terminarlo. Así que creo que lo pondré como una ova o un especial. Aun lo estoy pensando.

Gracias a todos por el apoyo, lamento si no llene las expectativas con la historia. Espero tenerlos como lectores en mis próximas publicaciones.

Besos

Capítulo 13

Esa noche no pudo dormir. En su mente solo estaba la vez que bailaron en Hong Kong, su aroma tan fresca. Sus profundos ojos verdes. Ese verde que tanto le encantaba. Lentamente fue conciliando el sueño.

Ella llevaba un hermoso vestido blanco con flores, su cabello recogido en un moño dejando ver su delicado cuello, unos zapatos rojos completaban el atuendo, se veía hermosa, con su angelical sonrisa y sus ojos solo lo veían a él. La tomo de la mano cuando estuvo a su alcance y la pego a su cuerpo, podía sentir su aroma.

-Sakura –susurro cerca de sus labios mientras miraba sus hermosos ojos.

-Syaoran… -Cerro los ojos sintiendo un escalofrío por todo su cuerpo- Syaoran… -Volvió a escuchar su voz. Pero al abrir los ojos vie esos orbes que tanto le fascinaban con miedo. Intento sostener su rostro pero se esfumo en sus manos. Miro a todos lados buscándola, no estaba, se había ido, la tuvo en sus manos y dejo que se fuera. Su respiración se aceleró, perdía el control de sí mismo.

-¡Sakura! –Grito con todas sus fuerzas. Tanto que callo de rodillas- ¡Sakura! –volvió a gritar pero esta vez cuando abrió los ojos estaba en su habitación. Le costaba respirar, su cuerpo empapado de sudor- Demonios –entero sus manos en su cabellera- Ese maldito sueño otra vez. No podía aguantar más tiempo. Tenía que encararla.

-Bienvenido a Empresas Amamiya –Saludo una de las recepcionista con una sonrisa.

-Buenos días –respondió parado frente a ella-, me gustaría ver a la señorita Sakura Kinomoto.

-Muy bien señor ¿Tiene alguna cita con la señorita Kinomoto? –pregunto con la misma amabilidad.

-No, yo, Soy un amigo.

-Lo siento señor, sin una cita no puede pasar.

-Solo quiero darle una sorpresa. Podría entonces decirle que Syaoran Li está aquí.

-Lo siento señor Li, pero la señorita no está disponible. Y sin una autorización de ella o el señor Shikishiro no puedo dejarlo pasar.

-¿Quien? –su corazón se detuvo ¿Quién era ese hombre? Fue cuando escucho el sonido de su voz. Pensó que lo había imaginado, se volteó y allí estaba ella. Un traje gris de falda a la rodilla y chaqueta con manga tres cuartos, una blusa rosado fucsia, y tacones altos. A su lado un hombre alto, cabello grisáceo, lentes de aumento, hablaban entre ellos. Lo pero era que ella sonreía feliz.

-Buenos días Señorita K, Señor Shikishiro. Ambas recepcionista hicieron una reverencia.

-Buenos días –Respondieron ambos. Sakura detuvo su paso al ver al castaño hay parado.

-Sakura ¿Sucede algo? –Pregunto su acompañante al percatarse de su acción, pero no le respondió, fue cuando su vista fue a parar con el castaño.

-Señor Li, ¿Qué hace aquí? –pregunto la castaña al fin.

-Vine a verte –sus ojos se conectaron, no podía simplemente desviar la mirada.

-¿A mí? ¿Cómo supo dónde encontrarme?

-Eso no importa. Sakura –dio unos paso hacia ella- me gustaría hablarte en privado –la vio sacudir la cabeza al cortar con la mirada que le daba.

-Lo lamento señor Li, pero yo no quiero hablar con usted –se giró para continuar con su camino.

-Quiero disculparme por ser un idiota –Shukishiro lo observaba sin decir nada- Por favor perdóname –Rogo. Ella se detuvo sin mirarlo.

-Yo ya lo perdone señor Li, puede ir tranquilo –continuo caminando.

-¡Sakura espera! –Shukishiro lo detuvo.

-Sera mejor que se retire o llamare a seguridad –le dijo serio.

-¡Hágalo! no me iré hasta que ella me escuche –Shukishio lo observo un instante y se acercó a su oído.

-No es el momento ni lugar. Vuelva a intentarlo –sorprendido por sus palabras se quedó paralizado observando como la alcanzaba para subir al ascensor.

-Señor –un seguridad llamo su atención- debe retirarse por favor –vio al frente, pudo jurar que la vio mirarlo cuando las puertas del ascensor se cerraron.

-¿Cómo supo dónde estaba? –Preguntó en voz alta y molesta al llegar a su oficina.

-De seguro hizo su tarea –le respondió su asistente que entro tras ella- ¿Segura que no quiere hablar con él?

-Él es un hombre casado –le confeso-, no me pienso prestar a un triángulo amoroso, además eso será mala publicidad para nosotros.

-Parecía arrepentido –dijo algo pensativo.

-El problema es que aunque quisiera solo disculparse yo… yo siento algo más por él -confeso.

-Entiendo.

-No puedo permitir que mis sentimientos nublen mi juicio. Él es un hombre casado y yo… una estúpida que se enamoró de su jefe –término derrumbándose en el sillón tras el escritorio- dile a seguridad que no le permitan la entrada, no quiero que esto se repita –dijo seria- no creo ser tan fuerte –esto último lo dijo en susurro.

-¿Qué es eso? –le pregunto a Yuki en cuanto noto las flores al entrar a su oficina.

-Llegaron mientras estabas en la reunión –tomo la tarjeta y leyó.

Sé que pedir perdón no es suficiente,

Actué como todo un patán, solo espero

un día me permitas disculparme,

y decirte lo mucho que de

verdad me importas.

Att. S. Li.

-Justo cuando pienso que lo he superado, vuelve a mi vida –dijo dejando caer la nota y posando la vista en la ventana detrás de su escritorio.

-Si de verdad está enamorada de él, no creo que un par de meses sean suficientes para olvidarlo. –Le respondió su querido asistente- ¿Qué quiere que haga con las flores?

-No lo sé. Son hermosas ¿No? ¿Qué harías tú con ellas?

-Le dan un toque a la oficina. Yo las dejaría –le dijo con una sonrisa.

-Pero me lo recordaran cada vez que las vea o las huela –suspiro.

-Adelante –dijo al escuchar los toques en la puerta, al levantar la vista vio a su asistente con otro arreglo florar- ¡Otro más! –Exclamo sorprendida, había paso una semana desde el primer arreglo, ahora llegaba uno todos los días- Ya no hay donde ponerlos.

-Creo que debería verlo, al menos dejaría de enviarle flores –la Sonrisa de Yukito era más bien de picardía.

-Sakura querida –Nadeshico entro en la oficina al ver la puerta abierta- Wow ¿De dónde salieron todas estas flores?

-Sakura tiene un admirado –dijo Yuki con la misma sonrisa.

-¡Yuki! –sus mejillas se tornaron de un color rosado, de la vergüenza.

-Un admirado que…-hizo una pausa al ver los arreglos- al parecer está pidiendo perdón por algo –dijo su madre.

-¿Cómo? –Sakura estaba sorprendida de su deducción.

-Son rosas rosadas cariño, su significado es perdón o arrepentimiento. Son unos arreglos muy hermosos, es obvio que está desesperado porque lo perdones.

-Pero yo le dije que estaba perdonado. No sé porque sigue enviándolas –inflo sus cachetes como una niña pequeña, lo que hiso reír a los presentes.

-Quizás no te creyó –dijo su madre acercándose a ella.

-No sé qué hacer y ya me estoy estresando –confeso frustrada.

-Deberías hablar con él –dijo seria.

-Es lo que le digo –comento Yuki.

-Mamá no entiendes.

-Al amor nadie lo entiende –comenzó diciendo- Pero no podemos huir de él. Estamos o no estamos enamorados –el cometario de su madre la dejo con la boca abierta.

-¡Mama!

-Cariño, habla con él ¿No es un criminal o sí? –Sakura negó- entonces ve y habla con él. Hablando las personas se entiende, así podrás limar cualquier aspereza –le dio un beso en la frente.

-Gracias mamá.

-No es nada. Por cierto, venía a preguntarte si comes con tu padre y conmigo hoy.

-¡Claro! –respondió con una sonrisa.

La comida con sus padres la ayudo a distraerse. El ver a esos dos juntos siempre le causaba alegría, ella quería encontrar a alguien que la amara así. A pesar de tener treinta años de casados seguían pareciendo un par de adolecentes enamorados.

-Podrían controlarse, estamos en un restaurante familiar –dijo Touya con cara de fastidió con el beso que se dieron. También los acompaño en la comida.

-Vamos Touya, siempre eres tan serio. No sé cómo Kajo se enamoró de ti –dijo dándole un sorbo a su copa.

-Tu hermano solo es un hombre reservado Sakura –dijo su padre mientras acomodaba sus lentes.

-A mí, más bien me parece un amargado –hizo una pausa- quiera encontrar a alguien y estar así tan enamorada a pesar del tiempo –dijo con ojos soñadores.

-Claro que lo encontraras querida –dijo su madre- pero debo advertirte. En las relaciones las cosas no son fáciles o sencillas. Tu padre y yo hemos tenido nuestros desacuerdos todo el tiempo. Lo importante es la manera en que lo resuelves y apoyarse el uno al otro.

-Así es –confirmo su padre mientras sostenía su mando sobre la mesa.

-Lo que no es necesario es estar dando espectáculos en público –dijo el moreno con un tono más serio. Odiaba como en ocasiones sus padres podían ser tan expresivos- Espero que tu no des espectáculos así –le dijo a su hermana con una mirada reprobatoria.

-Yo haré lo que quiera, con quien quiera. No soy una niña –dijo molesta. Iba a responder cuando su padre lo detuvo. Por mucho que no le gustara las demostraciones de afecto de ellos, son sus padres, por supuesto que los respetaba. Mientras que a Sakura, toda esa conversación la animo a hacer algo de lo cual sabia se arrepentiría.

-Señor Li –hablo su asistente por el teléfono- Hay un señor que desea hablar con usted. Dice llamarse Yukito Shukishiro –identifico el nombre enseguida como el acompañante de Sakura aquel día.

-Déjalo pasar –dijo serio. No paso mucho cuando la puerta se abrió y este paso.

-Buenas tardes señor Li –Saludo con una ligera sonrisa en el rostro- veo que le sorprende mi visita.

-Así es, No quiero ser grosero pero ¿A qué dedo su presencia?

-Primero me gustaría que respondiera algo con sinceridad ¿Qué es lo que pretende con Sakura? –Syaoran lo miro a los ojos desafiante, antes de responder.

-La amo, no pienso dejar que nadie me la robe –lo reto con la mirada Y él sonrió.

-Pero hasta donde yo sé, usted tiene esposa –le dijo en tono desaprobatorio.

-Exesposa –aclaro. La sonrisa de Yuki se hizo más grande.

-En ese caso las cosas cambian. La verdad es que vine de parte de Sakura, ella me pidió que lo llamara, pero yo quise venir en persona.

-¿Para pedirme que deje de enviarle flores y le deje el camino libre? –Se puso de pie- le diré ahora mismo que no me saldré del camino.

-Creo que no nos hemos presentado adecuadamente. Soy Yukito Shukishiro –hiso una reverencia- el asistente de la señorita Kinomoto –el castaño abrió los ojos de par en par- ella me pidió que le invitará a cenar, para darle la oportunidad de escuchar que es lo que usted quiere decirle.

-Ella… ¿Quiere verme? –estaba atónito.

-Le parece esta noche. Les he reservado en un restaurante. Si dice que si, le dejare los datos del lugar.

-Claro que sí –respondió sin pensarlo.

No sabía por qué estaba tan nerviosa. Era en un restaurante elegante así que se vistió con un vestido negro ceñido al cuerpo, que dejaba todas sus curvas bien definidas, el cabello rizado y maquillaje sutil, sin collar y unos arcillos grandes. Cuando llego ya la esperaba en la puerta, la vio salir del auto ayudada por su chofer. Vestía un traje negro y camisa blanca sin corbata, su cabello alborotado.

-Sakura –se le escapo en susurro cuando se paró frente a él. Estaba tan hermosa que apenas reaccionaba.

-Señor Li –Saludo lo más normal que pudo-¿Entramos? –entro delante de él cuándo el portero abrió la puerta, una vez dentro fueron con el maître, quien los guio a su mesa. El camarero les pasó la carta, no tardaron mucho en decidir qué comer. Y este los dejo solos.

-Te vez Hermosa Sakura –Al fin pudo hablar.

-Gracias –su sonrojo fue notorio por lo que desvió la mirada - Quero pedirle que deje de enviar las flores señor Li. Son suficientes.

-Podrías dejar de llamarme Señor Li. Cada vez que lo haces siento que me clavas una estaca en el corazón –ella lo miro a los ojos sorprendida por sus palabras. El mesero llego tomando su orden. El silencio en la mesa era incómodo, ninguno de los dos se atrevía a tomar la palabra, les sirvieron el vino, tomaron un sorbo. No podía creer que la tenía en frente y no podía tocarla. Se veía tan hermosa con eses vestido, aunque podía notar unas ojeras debajo de ese maquillaje.

-¿Cómo te está yendo en tu nuevo trabajo? –pregunto ya cansado del silencio que los rodeaba.

-Muy bien, es fácil adaptarse al ritmo de Amamiya después de trabajar para usted –lo más tranquila que pudo.

-Sus nuevos compañeros deben pensar que soy un ogro.

-No, Solo Tomoyo –Confeso con una ligera sonrisa. Y este la miro con sorpresa- Ella siempre ha sido sobreprotectora conmigo –explicó. Eso le daba a entender el extraño comportamiento de la joven amatista cunado le dijo dónde estaba Sakura- Una relación entre nosotros no… -Comenzó a hablar pero el mesero interrumpió para entregar los platos. Comenzaron a comer.

-¿No le gustan las flores? –Ella lo miro confundida- quiere deje de envíale flores ¿Es por qué no le gustan?

-Las flores son hermosas, es el significado lo que me molesta. No tengo nada que perdonarle, ya se lo dije ese día en la empresa.

-Y me invita a cenar solo para decirme eso –dejo los cubiertos en su plato, apoyo los codos en la mesa dejando descansar su barbilla en las manos- pudo llamar.

-Las llamadas con usted a veces no funcionan, en un lugar público mantendría la compostura –confeso mirando a otro lado avergonzada por lo que estaba insinuando.

-Realmente lamento lo que sucedió, hice conjeturas y más importante la quise involucrar en algo que no era correcto.

-¿Se da cuenta de eso hasta ahora? –le pregunto sabiendo que han pasado meses desde lo sucedido.

-No, pero no me permitían acercarme a usted, hasta hace una semana –le dio un tono de voz que no logro descifrar.

-¿Y eso por qué? –pregunto confundida.

-Porque te amo, eso y que no dejo de recordar cómo suena mi nombre salido de tur labios –intento tomar su manso pero ella la quito de la mesa.

-Solo lo cite porque alguien importante para mí, me aconsejo que lo viera, y le asegurara que no siento rencor u odio hacia usted. Para que deje de enviarme esas flores –dijo rápido para no perder la concentración que tanto le estaba costando mantener por lo que había escuchado.

-Entiendo, veo que no soy correspondido –bajo la mirada, ella observo su expresión de derrota y se le partía el corazón el solo hecho de que pensara que ella no sentía nada por él.

El silencio se volvió cargado. Ninguno decía nada. Después de unos minutos decidió salir de allí, llamo al mesero para que trajera la cuenta- Supongo que ya quiere irse –le dijo a Sakura cuando lo observo pagar la cuenta- Dejare de enviar las flores, si es lo que le molesta y le ahorrare el discurso para rechazarme –estaba tan decepcionado, que lo único que quería era dejar de verla- hasta luego, Sakura –se puso de pie al pagar la cuenta y salió del restaurante.

Afuera respiro profundo el aire fresco, la temperatura comenzaba a bajar. El invierno se acercaba, comenzó a caminar por la acera sintiéndose el hombre más miserable de todo el mundo. Lo único que quería en ese momento era salir lejos de allí, quizás tomaría vacaciones y visitaría algún país lejano, donde fuera, el más lejos para no tener que verla otra vez.

-¡Syaoran! –escuchaba su nombre, pero debía ser su imaginación, su mente no podía seguirle jugando bromas- ¡Syaoran! –Se detuvo. Sonaba más cerca esta vez. Se volteó, la vio correr hacia él parándose a unos pasos de distancia.

-¡No lo entiendes! –Dijo tratando de recuperar el aliento- No puedo corresponderle a un hombre casado –no sabía porque quiera explicarle-. Pero no dejo de pensar en ti. Intento trabajar para olvidarte. Compre una casa nueva. Estoy haciendo un jardín con mi tiempo libre para no pensar en ti –sus ojos comenzaran a llenarse de lágrimas- Voy a casa de mi hermano y juego con mis sobrinos, pero no tiene caso –las lágrimas comenzaron a salir-, Porque estas hay en todos los lugares, y justo cuando creo que lo voy a lograr te encuentro en el lobby de la empresa y mandas esas flores. Que lo único que hacen es recordarme lo mucho que te amo. Pero no voy a ser la amante de nadie. Y no espero que lo entienda –entonces todo tenía sentido en su cabeza. La conversación con Tomoyo ese día, no le hablo de Sakura hasta que le aseguró estaba divorciado, lo mismo con su asistente cuando fue a verlo a su oficina en la tarde. Ella no tenía idea. La vio darse la vuelta y caminar hacia el auto que no noto hasta ese momento, era su chofer y le abría la puerta. Si la dejaba ir con esa idea jamás arreglarían las cosas. Camino a ella con decisión y la hizo girar, tomo su cabeza con una mando y la beso apasionadamente.

Estaba sorprendida, pero poco a poco comenzó a responder su beso, lo deseaba tanto. La pego más a él tomándola por la cintura con la otra mano. Cuando al fin se separaron ella mantenía los ojos cerrados, su respiración era profunda. Él se deleitaba con la vista. Cuando al fin logro decirle.

-Hakana y yo nos divorciamos –le susurro cerca de sus labios.

-¿Qué? – Se impresionó tratando de alejarse pero no la dejo- ¿Se divorciaron por mi culpa? ¿Soy la responsable?

-No, ya teníamos nuestros problemas, te aseguro no fuiste responsable –la miraba a los ojos.

-¿Y quiere que le crea solo así?- se zafó de su agarre.

-Ella me engañaba –se apresuró a decir-, por eso me volví loco contra ti cuando pensé que salías con un hombre casado. Pero más que nada, estaba celoso de ese hombre y… quería ser yo. Cuando te fuiste ese día entendí que había tocado fondo. Que debía hacer algo. Así que me arme de valor y le pedí el divorcio.

-Debió estar furiosa –dijo al recordar a la mujer y su carácter.

-Sí, y me lo dejo saber –dijo con una sonrisa en su rostro. Acomodo un mechón de su cabello- Soy mejor persona cuando tu estas cerca, por favor, dame una oportunidad de demostrarte cuanto te amo –suplico.

-Si –no espero más para besarla otra vez.