Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores Nagita e Igarashi mundo alterno época actual contenido adulto queda advertido. Reto NOCHE DE BRUJAS 2020.

Guerra de hadas parte 1

Albert y Candy llevaban varios días de camino. Se dirigían al norte. El hada del invierno le podrían encontrar donde los vientos se tornan más fríos. El camino aunque agresivo en cuanto a clima se refiere, al menos no habían batallado con ningún ser extraño, que les atacase. Acampaban y disfrutaban hasta el mínimo momento de su compañía. Se entregaban y amaban todas las noches y se prodigaban amor eterno. Su compenetración era sorprendente. Cada día que pasaban juntos deseaban más de ellos. Su amor florecia a cada momento. Este viaje les permitía conocerse y conocían ya todos sus secretos. Habían llegado al bosque de los eucaliptos. Su vegetación era frondosa y sus árboles eran gigantescos. Se encontraban a las orillas de un río con aguas limpias, aguas que descendían de un manantial. Albert y Candy se bañaban desnudos y disfrutaban de este paraíso. Candy tenía una mezcla de emociones. Por, un lado sentía su debilidad y deterioro, pero por otro lado se llenaba de energía por la emoción de sentirse amada. No sabía cómo explicarlo. Su estado físico se encontraba mediado. No mejoraba pero tampoco empeoraba. Y mientras sucedía la desgracia Candy había decidido a vivir y disfrutar. Solo quería ser feliz el tiempo que fuera.

– Albert... –no, no para– reía Candy divertida ya que Albert le perseguía en el agua.

– No escaparas de mí, hermosa princesa...– Albert nadaba tras de ella. Le dio alcance y se hundieron bajo el agua y devoraban sus bocas y se tocaban. Se amaban bajo este hermoso lugar.

Salieron del agua felices y se vistieron con sus ropas. Albert cazó algunos conejos y aves. Candy recolecto algunas flores y frutas comestibles. Encendieron la fogata y prepararon sus aposentos. Ambos degustaban sus alimentos.

– Albert, ¿cómo eran tus padres?– preguntó Candy animada. Quería saber más de si amado.

– Ellos eran estrictos pero amorosos. Mi padre me crió con honor y lealtad. Mi madre con amor y comprensión. Mi padre era un hombre con sus ideales bien definidos. Pero, nos amaba a todos. Murió por la preocupación de no haber encontrado a Rosemary, pero...–jamás me creyó que había sido raptada por las hadas. Nunca creyó en eso, para él eran sólo cuentos o leyendas. Nunca lo critique por eso, mi padre fue educado así... – antes de morír a ambos les juré encontrar a mi hermana. Y me aventure en esta travesía y he conocido a una hermosa mujer que me ha enseñado lo que es amor verdadero– expresó Albert tocándole el rostro sonrojado de Candy. Candy le escuchaba con atención absoluta. Adoraba su mirada, su voz y todos sus gestos. Candy quería grabarse en lo más profundo de su corazón todo de él.

– Me hubiese gustado conocer a tus padres–dijo Candy cerrando sus ojos al sentir el placer que le producía esa caricia que Albert le hacía.

– Candy, cuéntame de tus padres...– instó Albert a Candy.

— Soy hija de de un hada y un ser terrenal. Mi madre se enamoró de un humano y de ahí nací yo. Mi padre murió en manos del hada de la muerte y mi madre al nacer yo, me transfirió todos sus poderes. Así que jamás podré pisar el mundo terrenal o sea tu mundo. Mi madre era la reina del otoño... ella murió y con su mágico poder me dotó de todos sus poderes. Pero, aunque puedo vivir muchos años. Soy una mortal, por mis venas corre la sangre terrenal— explicó Candy. Albert escuchaba asombrado.

–Tú madre, ¡se enamoró de un ser terrenal!– al igual que nosotros nos hemos enamorado– dijo Albert con una gran mezcla de sentimientos.

– Sí, parece que repito la misma historia y me parezco sin más a mi madre– Candy contestó con una sonrisa.

–Pero, yo no soy el único humano al que has amado... ¿verdad?– ahí estaba ya lo había sacado. Por más que quiso echar al olvido lo que le habían contado las hadas de fuego, salió la espina. Candy dibujo una sonrisa y pensó que sus primas no habían perdido el tiempo.

– ¿Amar?... – no, no fue así. En el pasado un terrenal cruzó el portal y llegó a nuestro mundo. Era un chico atractivo y todas cayeron prendadas de él. Pero, él quiso jugar con fuego y comenzó a enamorar a mi hermana Susana y a mí. Yo me di cuenta y le reclame... él negó estar enamorado de mi hermana y me besó. En ese momento Susana nos vio, su odio, celos y traición fluyeron en su sangre. Nos reclamó, quise explicar. Pero, ella se sintió humillada... él le dijo que a la que amaba era a mí. Susana, se fue de nuestro Reino...buscó ayuda en el Reino de hielo y Eliza aceptó ayudarle. Pero, su lealtad y servicio debía ser para con ella. Susana aceptó y Archie... tuvo un final catastrófico. El hada de hielo le lanzó un encantamiento y le convirtió en estatua de hielo. Yo, no le amaba, en un principio me gustó él era atractivo, pero al descubrir que él nos enamoraba a ambas hizo que me decepcionara. Pero, el daño ya estaba hecho. Así perdí el cariño de mi hermana– Candy narró lo sucedido. Albert le escuchaba atento y con un gran alivio.

– Albert... – debes saber que jamás y cuando digo que jamás, he amado a alguien como te amo a ti. Tú eres todo para mi... Soy feliz de conocerte y de amarte– contestó Candy sincera mientras se acercaba a él y le besaba demandante. Eso bastó para que se adoraran una vez más. Sus cuerpos se consagraban, Albert besaba a detalle esa piel que lo quemaba de deseo. Candy, se deleitaba con ese roce de esos labios que la exploraban si pena alguna. Albert, bebía de ese manantial amielado que brotaba de esa parte secreta, pero no para él. Sus cuerpos se rendían a todo esto que sentían. Albert se adentraba en esa vereda que lo conducía al mismo cielo.

– Candy... – jamás existirá nadie más después de ti, te lo juro– Albert hacía promesas mientras lograba la compenetración. Sus jadeos de disfrute se perdían por esos ruidos nocturnos del bosque. La luna era testigo de estas almas, que se rendían al amor puro. Albert y Candy, estaban escribiendo su historia. Creaban amor... su unión creaba vida... A la mañana siguiente despertaron y sabían que no podían evitar lo que vendría. Habían logrado cruzar terrenos invernales. Se sentía un frío congelante. Albert se cubría con una capa con capucha y Candy se había arropado con la manta escocesa de Albert. De esta manera el frío no los tocaba de manera más directa. Necesitaban un plan. No podían llegar y tocar ante esa fortaleza. De inmediato los harían prisioneros y Albert, terminaría como una estatua de hielo más. Habían acampado entre unos pinos frondosos que se encontraban cubiertos con una fina capa de agua nieve. El río todavía sus aguas corrían, muestra de que todavía la temperatura no era congelante. Intentaron prender una fogata. Después de varios minutos lo lograron. Ambos se acurrucaban y comían de la carne asada que habían guardado para suministros.

– Albert, debemos esperar aquí, hoy y mañana. Debemos ser cuidadosos y que no se enteren que estamos en sus tierras. Donde nos encuentren, estaremos perdidos. Debemos esperar a mí ejército– explicó Candy.

Albert escuchaba atento y se preguntaba si estarían cavando su propia tumba o tendrían éxito. Pero, ya estaban aquí y Candy tenía razón. Debían esperar los refuerzos.

– Candy, ¿crees que lleguen pronto?– preguntó Albert desesperado.

– Sí, Paty y Annie... – han reunido a todo un batallón. Ellas jamás me abandonarían. Y pues se que vienen en camino– Albert no se había atrevido a preguntar acerca de sus poderes. Pero, su curiosidad lo venció.

– Candy, háblame de tus poderes...– Candy sonrió y por supuesto que le diría.

–Bueno, tengo todos los poderes que mi madre me heredó. Puedo manipular el aire, ese es mi principal poder–dijo Candy cuando con una de sus manos comenzó a moverla y formó un pequeño viento que lo atrapaba entre sus manos y lo explulsaba hacía unos matorrales y así le desprendía las pocas hojas que tenían. Albert se quedó mudo al ver su habilidad.

–Y, ¿puedes hacerlo más grande y con más fuerza?– preguntó Albert queriendo saber más.

–Sí, puedo derribar árboles enormes... –puedo formar un tornado si lo deseo y destruir todo a su paso–contestó Candy divertida al ver que su adorado hombre quedaba con la boca abierta.

–Y, ¿qué más puedes hacer?.

– Bueno, puedo cambiar de tamaño, volar y puedo hacer magia. Recordando cuando le traspasó de su energía, cuando lo mordió la serpiente negra– Albert quedaba más prendado de Candy. La admiraba tanto, como la adoraba.

– Nunca imaginé conocer a alguien tan maravilloso como tú– dijo Albert maravillado. – Mí padre, sí que estaba equivocado, no somos el único mundo– Albert expresó en voz baja. Candy jamás había revelado sus dones a un ser terrenal. Tampoco que conociera a muchos. Pero, no debía revelar sus poderes a cualquiera. Bueno, omitió los más poderosos. Toda hada siempre debe tener un As bajo la manga y más cuando se enfrentan a las hadas malvadas, estas solían ser traicioneras. Pero, Albert era diferente y confiaba en él ciegamente.

– Albert, debo explicarte como enfrentaremos a las hadas de hielo. Nunca debes luchar con ninguna de ellas. Tú, te harás cargo de los trolles y sus bestias. La hada de hielo, tiene su ejército de trolles, su manada de lobos fieros, y por supuesto su séquito de hadas de hielo. Pero, también cuenta con la ayuda de la "hada de la mala fortuna" y la "hada de la muerte" ambas son peligrosas. Prometeme que no intentaras nada en contra de ellas. Sólo un hada puede dar muerte a otra hada– Candy suplicaba y explicaba a Albert. Albert se sintió impotente y un estorbo.

– Candy, yo...

– Prométeme, que no te expondras...– Candy suplicaba, no soportaría que a su amado le pasara algo en esta guerra. Albert asintió. Pero, se prometió en silencio, que si su amada hada, se encontraba en peligro mortal le salvaría y daría su vida por la de ella.

– Amor, ya sabes como vencer a los trolles, pero con esos lobos será todo un reto... son enormes y fieros. Debes ser acertivo, y solo no lo lograrás. Son toda una jauría. Te daré estos polvos, se los rocearas y ellos se cegaran. Así podrás vencerles. Debes atravesar su corazón, solo asi morirán-Candy daba instrucciones.

Mientras en el Castillo de hielo.

– Mi señora...– Se arrodilló una mujer rubia y ojos azul plata.

– ¿Qué sucede Susana? –preguntó con voz autoritaria Eliza, la reina del invierno.

– Tenemos intrusos en los alrededores...– explicó Susana. Una de las hadas que se encargaba de vigilar los alrededores tenía el poder de convertirse en águila y localizó el campamento de los rubios. Eliza se sonrió con malicia.

– Y, ¿sabes de quién se trata?– preguntó Eliza y Susana asintió.

–Es... – Carlin y viene acompañada por un humano...– dijo Susana impersonal, como si jamás hubiera existido ningún lazo.

–Vayan por ellos de inmediato– Eliza ordenó a Susana. Esta hizo una reverencia y salió a cumplir sus órdenes.

Eliza recordó que en el pasado, la madre de Carlin había querido enfrentarle y sólo encontró la derrota. Después murió y heredó todos sus dones y poderes a su hija menor. Eso trajo discordia entre su hermana mayor Susana. Y le odió por eso., creció su resentimiento y envidia. Susana deseando todo lo que Candy tenía. Por eso fue fácil congelar el corazón de Susana. Estaba lleno de resentimientos. Eliza podía adivinar los deseos del Hada Carlin y era vengar la muerte de los suyos incluyendo la de su madre. Pauna le enfrentó estando embarazada de Candy y eso causó que el parto fuera de inmediato. Así muriendo sin remedio. Logró sobrevivir su pequeña hija... después el hada de fuego obligó a todos los bandos que se unieran en una alianza y habían logrado una paz entre todas. Pero, para lograr la paz, el hada de fuego no debía tomar partido por ningún bando. Mary Lane el hada de fuego juró que jamás iba a unirse a ningún bando. Y así logró que la paz se respetará todos estos años. Pero, ganó el resentimiento de otras. Entre ellas Candy. No le perdonaba que haya dejado sola a su madre en una batalla importante. Para Candy, Mary Lane, traicionó a su propia sangre. Eliza pensaba que si la hija de Pauna había heredado la mitad del carácter de Pauna. Entonces esa insignificante criatura venía en busca de una venganza. Y claro que se la daría. *He esperado tanto tiempo para combatir al Reino del otoño* pensaba Eliza que había deseado arrasar con todas ellas como hacía en el pasado. El poder del hada Carlin era poderoso, semejante al poder de hielo. Pauna, se había debilitado y había perdido su poder por estar embarazada. Por eso fue fácil derrotarle. Había querido adueñarse de sus poderes pero los entregó a esa hija mitad humano y mitad deidad. Era una principiante y ahora era el momento de arrancarle esos dones. Sí el hada Carlin buscaba guerra, ella no se la iba a negar. Y supo que no vendría sola. "La guerra estaba declarada".

–Brisa... que todos estén preparados para recibir a nuestros enemigos... – ordenó Eliza a una de sus más fieles servidoras.

–Reina, pero...

– Has lo que te ordeno y no me cuestiones...–Eliza fue tajante. Y Brisa salió de inmediato a alertar a todos. Ya sabía el protocolo.

Mientras en las orillas de la fortaleza.

Se reunían Annie y Paty con Candy. Habían logrado reunir una considerable cantidad de hadas. Dispuestas a pelear con la gran hada malvada.

– Candy, falta poco para que el hielo se endurezca-

– dijo Annie, ya que si el hada de invierno lograba su máximo poder sería imposible vencerle.

– Candy, debemos organizarnos pronto. Creo que las hadas de hielo saben de nuestra presencia. Mira esas Águilas blancas están explorando el área y saben que estamos aquí– dijo Paty al ver que volaban en círculo. Candy sabía que la batalla sería pronto.

–Tienen razón... –La mejor forma de atacar es logrando derribar sus muros. Trataré de derribarlos y ustedes estarán alertas. Ambas asintieron. Candy organizó a sus guerreras las más poderosas Annie, Paty enfrentarían a las hadas de la muerte y mala fortuna. Albert y las hadas principiantes(solo dominaban magia básica y eran buenas con el arco y flechas) enfrentarian a los trolles y a la manada de lobos fieros. Las hadas que controlaban los elementos de agua, tierra y aire. Darían pelea a las hadas de hielo. Y Candy se haría cargo del hada del invierno y de su hermana. Todas estaban listas para el ataque. Candy tenía que lograr derribar esos muros con su gran poder.

Susana y Brisa ponían al tanto de la invasión de sus tierras por todas esas hadas dispuestas a dar la pelea. Eliza las escuchaba con una sonrisa de triunfo.

– Por fin el día ha llegado. Brisa, ¿están todos preparados para darles la bienvenida?– preguntó Eliza mientras se levantaba de su trono. Y ondeaba su bastón mágico. Brisa asintió ya que estaban todas las hadas listas, los trolles y la gran manada de lobos blancos. Formando una gran valla en la entrada del castillo.

–Susana, ¿Estás lista para dar muerte a tu propia hermana?– preguntó Eliza con malicia.

– Sí, estoy lista...– respondió con odio. Susana jamás iba a perdonar a Candy. Deseaba darle muerte y eso iba hacer.

Eliza asintió satisfecha, el hada de la muerte y de la farsa se encontraban a un lado de Eliza esperando sus órdenes.

Candy comenzó a manipular el aire frío hasta formar un enorme tornado. Este aire frío comenzó a atrapar grandes árboles y rocas. Candy con todo su poder dirigió el tornado hacía esos muros. Logrando derribarlos. Y ahí estaban ambos bandos listos y preparados para iniciar una guerra a muerte.

Albert miraba todo impersonal y enfocado en su propósito. Candy le buscó en su mirada, Albert le miró endiosado y ambos dejaban implícito que lucharán hasta el final. Ambos asintieron.

– LIBERTAD Y JUSTICIA... – Gritó Candy y se alzaron esos gritos de apoyo. Albert corrió al frente y los trolles y lobos respondieron. La guerra había iniciado.

Continuará

Chicas estoy en recta final de la historia. Agradezco su apoyo y sus comentarios. Les pregunto, ¿Qué pasará con Albert y Candy? Tendrán una oportunidad de hacer una vida... Espero sus respuestas. Beso a todas.