Capítulo 29:
Echarle de menos
El viernes fue como una bendición para Draco. Se alegró de poder distraerse con sus amigos en el pub de siempre, aunque tuviera que aguantar a Blaise hablando de su última conquista y a Pansy quejándose porque creía que estaba engordando. También había ayudado el hecho de que por fin había dormido durante una noche entera, sin pesadillas ni sobresaltos. No había encontrado ningún otra carta de Ivan, pero eso no evitaba que comprobase las ventanas en busca de alguna lechuza cada vez que iba a su apartamento.
—¿Por qué no te alegras un poco? —le preguntó Pansy, eventualmente— Que Potter se haya ido de viaje no es el fin del mundo.
—Dale un poco de crédito al pobre —contestó Blaise antes de que él pudiera hacerlo—. Si Harry Potter, Auror Estrella con cuerpo escultural, que está para ponerle su nombre a una calle, se alejase de mi también me deprimiría.
—Cierra la boca.
—Además, el amor te hace idiota —continuó su amigo, sin hacerle caso—. Solo mírale ahora. Es más idiota que antes. Y ya es decir.
Todos en la mesa se carcajearon mientras Draco rodaba los ojos. Quizás confesarle a sus amigos que se había enamorado de Harry no había sido su movimiento más inteligente. Debería haber sabido que sería objeto de burla hasta el fin de la eternidad.
—Que os den —farfulló—. Al menos yo no me acuesto con alguien que podría tener la edad de mi padre.
Blaise resopló, encogiéndose de hombros. Su último ligue era un prestigioso abogado que le sacaba quince años.
—La edad es un estado de ánimo —contestó su amigo.
—¿Te has asegurado de que no le salga el semen en polvo, con lo mayor que es?
Draco se echó hacia atrás riendo cuando Blaise hizo ademán de golpearle.
—Esa ha sido buena —elogió Astoria, brindando con su martini mientras intentaba extinguir su risa.
—Sois insoportables.
—¿Todavía no te han dado el resultado de tu examen? —cuestionó Theo, cambiando de tema.
Negó con la cabeza, observando la botella de su cerveza. Su mente había estado más concentrada en evitar la reaparición de Ivan que en la espera para saber si había pasado el examen de los Inefables o no. Sabía que había gente en el Ministerio que ya tenía su carta de citación para la entrevista personal, lo cual era un poco desalentador. Su examen había ido bien, pero la competencia era elevada, y no tenía ninguna garantía. Además, era muy probable que le rechazasen de nuevo en la entrevista, a pesar de que Harry aseguraba que no tenía porqué ser así.
—¿Quieres jugar a los dardos? —propuso. Lo último que necesitaba era pensar en su examen.
—¿Nunca te cansas de perder contra mi? —se jactó su amigo, dándole un trago a su bebida antes de ponerse en pie.
No es que le gustase mucho ese juego, porque siempre ganaba Theo y odiaba las burlas de Pansy sobre lo mal que tiraba los dardos, pero era una buena distracción por el momento. Era agradable tener algo en lo que concentrarse que no le causase estrés, mientras veía reír a Theo y escuchaba de fondo la voz de Astoria hablando sobre sus nuevos diseños para túnicas de embarazadas.
—Vamos, Draco. Creo que esta vez sí vas a ganar.
Resopló, entrecerrando los ojos mientras sujetaba el dardo con las puntas de sus dedos. Su primer tiro no había sido malo, pero tampoco había sido tan bueno como el de Theo. Gruñó internamente. Detestaba perder.
—Tienes que apuntar un poco más hacia la izquierda.
Jadeó vergonzosamente alto. Su pulso trastabilló y el dardo tembló en su mano. Unas manos se aferraron a su cintura, impidiéndole girarse tal y como quería hacer. Sintió el olor de una colonia muy conocida en su nariz y una magia que amaba a su alrededor.
—Harry —susurró.
—Déjame a mi —le quitó el dardo, mientras rodeaba su cuerpo con el otro brazo. Pegó la espalda al pecho de su novio, envolviéndose en su calor. Apenas fue consciente de que Harry tiró el dardo con una extrema eficiencia, dando directamente en el centro de la diana—. Tú ganas.
—Eso es hacer trampa —se quejó Theo.
Harry rió en su oído, su aliento caliente chocando contra la piel sensible tras su oreja, enviándole corrientes vibrantes que hizo estremecer cada parte de su piel.
—¿Nos vamos a casa?
Se dio la vuelta cuando Harry se apartó de él. Sus ojos verdes eran brillantes y le miraban como si hubiera pasado eternidad sin verle. Había una pequeña sonrisa curvando sus labios. Draco asintió, incapaz de modular palabra. Sus dedos picaban por tocar a Harry y su estómago estaba empezando a anudarse en un tumulto expectante.
—Nos vemos el viernes que viene —le dijo a sus amigos a modo de despedida.
Ni si quiera le importó que se mofasen de él mientras se marchaba. Estaba más concentrado en la mano de Harry sujetando la suya, cálida y segura. En sus hombros firmes y en la túnica burdeos de Auror que se afirmaba a sus músculos de manera deliciosa.
—¿Cuándo has vuelto? —preguntó, una vez que salieron del pub.
—Hace quince minutos —contestó Harry mientras daban la vuelta a la esquina y llegaban al punto de aparición.
No tuvo tiempo de preguntar nada más, porque su novio se aferró a él y los desapareció directamente en su casa.
Lo siguiente que pudo registrar es que Harry estaba atacando su boca, mordiendo sus labios y apretando su cuerpo contra el suyo. Draco gimió, y se quejó dolorosamente cuando su espalda impactó demasiado fuerte contra la pared. Fue una besó desordenado y ansioso. Sus narices chocaron un par de veces entre sí y apenas percibió que estaba tirando con demasiado entusiasmo del cabello de Harry y que sus omoplatos se clavaban contra la pared incómodamente.
—Te he echado de menos.
Soltó un lloriqueó ante la afirmación, con su corazón latiendo emocionado y su cuerpo retorciéndose bajo el peso del otro.
—Y yo a ti —murmuró, incapaz de añadir nada más.
Le había echado tanto de menos y se sentía tan vivo ahora que le tenía de vuelta. Había sido una semana de mierda, pero que su novio le besase como si le necesitase para poder sobrevivir hacia que todo valiese la pena.
—No voy a ser paciente hoy —avisó Harry en ese tono bajo y áspero que hacía que su vello se erizase.
Por un instante, quiso burlarse. Decir que era sorprendente, ya que Harry siempre era todo paciencia y calma, pero su novio lamió su cuello a la vez que desabotonaba a toda prisa la camisa que llevaba puesta y las palabras murieron antes de llegar a su lengua. En su lugar, salió un gemido ansioso mientras las manos de Harry iban desnudándole con total eficiencia. Su polla ya estaba dura cuando su novio le despojó de sus pantalones. Ni si quiera le había puesto un dedo en su erección y ya se sentía como si pudiera correrse.
—Túmbate en la alfombra.
Miró a su alrededor, dándose cuenta de que estaban en el salón de la casa de Harry. Sus piernas temblorosas caminaron hasta la alfombra y se tumbó sobre su espalda como le había pedido.
El moreno se quitó la túnica, cerniéndose sobre él en un ágil movimiento. No mintió al decir que no iba a ser paciente, porque le escuchó susurrar un hechizo y automáticamente notó que su entrada se estiraba y se humedecía.
Jadeó en silencio, sintiendo que sus mejillas se coloreaban. Se hubiera quejado, si no fuera porque Harry alineó su polla y embistió dentro de él de manera contundente. Dolió al principio, porque el hechizo no era lo suficientemente exacto y su novio parecía demasiado ansioso como para esperar a que se adaptase. Aún así, el dolor conocido fue relajante en cierta manera. Hizo que el estrés que había sentido durante toda esa semana quedase relegado a un rincón profundo de su mente.
Cerró los ojos, gimiendo y envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de Harry, aferrándose a sus hombros cuando su novio empezó a follarle a un ritmo rápido y contundente, empujando contra su próstata una y otra vez. Llevó su mano hacia su polla, masturbándose a un ritmo igual de acelerado.
—Joder, Draco. Te sientes tan bien.
Harry le miraba enardecido. Sus ojos se veían acristalados, su cabello oscuro se revolvía en su frente y los músculos de su mandíbula se apretaban cada vez que se metía en el interior de Draco. Apoyó una mano en su pecho, deleitándose con el tacto de la piel cálida y firme de su novio bajo sus dedos. Podía sentir que el pulso de Harry era tan veloz como el suyo y que en su rostro había el mismo anhelo que él mismo sentía.
—Voy a... voy...
Se corrió antes de poder terminar de hablar. Emitió un sonido roto, arqueándose con tanto placer que sintió que su mirada se desenfocaba durante unos segundos. Harry continuó embistiendo a través de su orgasmo, haciendo que las sensaciones fuesen más agudas.
Estaba sin respiración cuando terminó. Su pecho subía y bajaba con rapidez, y sus piernas se encontraban entumecidas. Soltó su entrepierna flácida, incómodo al sentir que su estaba estómago pegajoso.
—Date la vuelta —Draco parpadeó y fue cuando Harry salió de él, que se dio cuenta de que su novio aún seguía duro—. Todavía no he acabado contigo.
Gimió por lo bajo, obligando a su cuerpo a obedecer. Estaba cansado y su mente se encontraba envuelta en la bruma post-orgasmo, impidiéndole pensar con claridad. Aún así, se giró sobre el alfombra, apoyándose sobre sus manos y sus rodillas. Se quejó cuando Harry entró otra vez en él. Aunque fue mucho más despacio y calmado, se sentía demasiado sensible.
—Inclínate —le ordenó en un murmullo. Draco acató, demasiado perdido en la sensación de l pene de Harry rozando todas sus terminaciones nerviosas. Recostó su pecho sobre la alfombra, dejando su trasero al aire. Su mejilla se apoyó contra el suave material, lo que le hizo cerrar los ojos. Percibió a Harry doblarse sobre él, pegado su espalda—. Las manos por encima de tu cabeza.
Mordió su labio inferior, lloriqueando pero haciendo lo que le ordenó. Harry sujetó sus muñecas quietas, inmovilizándole contra el suelo y entonces retrocedió para luego embestirle lenta y profundamente.
Gimió, se retorció y sollozó ante cada empujón. No era doloroso, aunque tampoco era placentero. Estaba sobre-estimulado, por encima de todas las cosas. Su cuerpo se debatía entre querer huir de la sensación y suplicarle a Harry que no se detuviese nunca. Era casi demasiada sensación, pero al mismo tiempo anhelaba más, lo anhelaba todo.
Fue acostumbrándose, sin embargo. Su novio continuó empujando, saliendo y entrando en él de manera pausada, tomándose su tiempo, como si quisiera que durase para siempre. Le besaba el cuello, le repetía lo mucho que lo había extrañado, mordía sus hombros y su aliento le hacía cosquillas en su piel sensible. Sus músculos fueron relajándose minuto a minuto, su mente se aclaró y su próstata dejó de estar dolorida.
—Harry —jadeó, arqueándose cuando una de las embestidas le dio un latigazo de placer, haciendo que su pene empezase a llenarse de nuevo.
Su novio enterró el rostro en su cuello y gimió, repartiendo besos entre esa zona y su hombro. Sus muñecas aún seguía inmovilizadas y eso solo provocó que la respiración de Draco se volviese aún más superficial y que su erección se endureciese con todavía más rapidez.
—Nunca puedo tener suficiente de ti —Harry habló sobre su piel. Su voz sonaba igual de ahogada que la de Draco. Se retorció, su polla palpitó a la vez que lo hacía su entrada, apretando la erección de Harry entre sus músculos, provocándole que gimiese placenteramente—. ¿Vas a correrte otra vez?
—No puedo —se lamentó.
Por muy excitado que estuviera, duda mucho que pudiera volver a terminar.
—Puedes —contradijo Harry, dando un empujón especialmente fuerte que le hizo lloriquear de manera aguda—. Sé que puedes hacerlo por mi. Puedes correrte así, sin tocarte, solo con mi polla.
Quiso quejarse, pero lo único que hizo fue cerrar los ojos y jadear. Apoyó la frente en la alfombra, tensando los músculos cuando Harry aceleró el ritmo. Podía percibir lo duro que estaba, como su erección se enterraba dentro suyo y frotaba todos sus puntos sensibles. Como su cuerpo lo aceptaba, como sus piernas se abrían para recibirle y su espalda se arqueaba con cada movimiento. Su propia entrepierna estaba completamente erguida ahora y su mente se encontraba otra vez al borde del placer
—Vamos, cariño —instó Harry. Sonaba como si estuviera gruñendo mientras lo follaba. Todo su cuerpo se inclinaba hacia delante por lo fuerte que se movía contra él y solo podía pensar en que quería más—. Córrete para mi.
Fue como un hechizo. Parecía que la voz de Harry estuviera conectada a su cuerpo y éste le obedeciera aún sin su consentimiento, porque fue escucharle y Draco vino, con la mente en blanco y la voz de Harry guiándolo a través de su orgasmo, escuchando sus gemidos llenos de deleite, sus palabras halagadoras, llamándolo su buen chico y diciendo lo bien que se sentía. Terminó y luego volvió a la realidad cuando sintió que Harry se corría dentro de él con un sonido tan ronco y placentero que le hubiera hecho tener un tercer orgasmo.
Se derrumbó en el suelo. Estaba terriblemente cansado, adormecido y pegajoso por todas partes.
—Límpiame —pidió, tumbándose sobre su espalda sin abrir los ojos.
—Te he mal acostumbrado —rió Harry, aunque un segundo después murmuró un Scourgify que le dejó limpio.
Soltó un suspiro satisfecho, acurrucándose al lado de Harry cuando éste convocó una sábana y los cubrió a los dos. El suelo era del todo incómodo, pero estaba demasiado agotado como para pensar en moverse en un futuro inmediato.
—¿Como han ido las cosas en Estados Unidos? —preguntó, haciendo un esfuerzo en mantener los ojos abiertos.
—Bien —su novio se estiró y luego le regaló una sonrisa incierta—. Mucho papeleo y pocas horas de sueño.
Draco lo estudió. Se lo habría creído si no fuera por la leve tensión en la postura de sus hombros y su mirada evasiva.
—Nunca me había fijado en que mientes fatal —comentó. Estaba demasiado cansado para sentirse ofendido porque su novio estuviera ocultándole información.
—Ha sido una mierda. Visitar el Ministerio de Magia Estadounidense me hace recordar porqué lo dejé en primer lugar. Aunque lo de las pocas horas de sueño es verdad. —admitió el moreno, después de resoplar—. ¿Tu semana ha ido mejor?
Su corazón se saltó un latido. Pensó en decirle la verdad y contarle todo lo que había pasado; que se había reencontrado con Ivan, que le había atosigado hasta el cansancio, que habían tenido una conversación donde su ex le había pedido volver y que, al final, parecía haber captado su rechazo.
Pero Harry acababa de volver de una misión, se veía cansado y lo último que necesitaba era que Draco le preocupase sin necesidad. También imaginó lo furioso que iba a estar Harry. Estaba seguro en que se quedaría en la parte donde Ivan no había parado de enviarle cartas y se iba a cabrear. Casi podía verlo yendo de camino a Bulgaria. Se preguntó si sería capaz de aparecerse directamente allí. Seguro que sí.
—Aburrido —contestó, manteniendo su rostro decididamente en blanco.
Harry le sonrió, esta vez de verdad y alzó una mano para apartarle el flequillo de la frente.
—Te extrañé.
Cerró los ojos, abrazando el cuerpo de su novio y disfrutando del agradable calor que emitía. Los dedos de Harry se desplazaron hacia su brazo y terminaron acariciando la piel de su espalda.
—Yo también. Mucho.
Se convenció a sí mismo de que había tomado la decisión correcta al guarda silencio. Ivan ya no era un problema; no tenía de qué angustiarse ni él, ni Harry.
—En realidad se suponía que mi traslador se activaba mañana —murmuró su novio, enredando sus dedos en el cabello de Draco—. Creo que Ren todavía está riéndose de mí porque en cuanto dimos la investigación por terminada salí huyendo de allí.
Soltó una carcajada. Su pecho vibró y una sensación de calidez y felicidad recorrió su interior. No creía que fuese a acostumbrarse nunca a sentirse así de querido.
—¿Cómo has llegado hasta aquí, entonces?
—Hice mi propio traslador.
Levantó la cabeza para mirar a su novio con la interrogación en los ojos.
—¿No necesitas un permiso internacional para eso? —preguntó. No era difícil hacer un traslador, lo difícil era conseguir el permiso por parte del Ministerio en pocos días.
—Pequeños detalles —Harry se encogió de hombros. Había una sonrisa traviesa en su boca— ¿Tienes hambre?
—Un poco, sí —admitió.
Apenas había estado comiendo bien en la última semana y ahora que por fin podía decir que estaba relajado, el apetito empezaba a abrirse paso en él.
—¿Te apetece cenar pasta fresca?
—¿Harás salsa boloñesa casera? —pidió, con voz dulce.
Harry resopló una risa, negando con la cabeza mientras se desenredaba de Draco y se erguía para buscar sus pantalones.
—Realmente te he consentido demasiado —se quejó, pero Draco sabía que ya se había salido con la suya—. Tendré que salir a comprar.
—La nevera está llena, fui yo ayer.
El moreno se detuvo justo antes de abrocharse sus pantalones, observando a Draco con una ceja alzada.
—¿Has estado viviendo aquí?
Lo miró desde el suelo, encogiéndose de hombros para después desviar su atención a algún punto cerca de la chimenea. No podía decirle que se había refugiado allí porque Ivan lo había vuelto tan paranoico que le había resultado imposible dormir en su apartamento.
—Sí, bueno... tu casa es más cómoda.
—No me estaba quejando —repuso Harry, tendiéndole una mano para que se levantase—. Puedes quedarte definitivamente, si quieres.
Draco ajustó la sábana a su alrededor e intentó reprimir la sonrisa inmensa que intentaba nacer en su rostro.
—¿Está es tu manera de pedirme que me mude contigo? Esperaba... no sé, un bonito regalo, al menos.
Vio al moreno rodar los ojos antes de ser envuelto en un fuerte abrazo.
—Mocoso malcriado.
Se revolvió entre sus brazos, riendo y gritando cuando Harry intentó morder cuanta piel tenía a su alcance.
Era algo tonto sentirse tan emocionado ante la perspectiva de compartir una vida con alguien, pero Draco lo estaba. Iba a vivir su día a día con Harry y apenas de lo podía creer. Estaba un poco nervioso, también. Había estado durmiendo con su novio las últimas semanas, pero compartir una cama era muy diferente a compartir una casa y mentiría si no dijese que estaba preocupado de que Harry se arrepintiese de su decisión.
—¿Cómo te puede caber tanta ropa en un armario de este tamaño?
—Existen los hechizos de ampliación —contestó.
—¿Por qué tienes la misma túnica en tres colores?
Draco alzó la vista y miró a su novio de soslayo.
—Porque me gustaban los tres colores.
Había una especie de burla divertida en el rostro de Harry que le hizo poner los ojos en blanco.
Abrió el cajón de su cómoda y revisó todo el contenido antes de meterlo en una caja vacía. Se sorprendió al percatarse que en uno de los cajones todavía guardaba su pensadero y los recuerdos que había guardado de Harry y que se había prometido destruir, pero ahí seguían. Miró sobre su hombro para comprobar que el moreno aún estaba entretenido con su ropa, quitó el hechizo desilusionador con un movimiento a rápido de varita y guardó el pensadero y los viales en la caja antes de cerrarla.
Quizás algún día podría enseñarle a Harry el recuerdo de su primer beso, para compensar el obliviate que le había lanzado.
—Por fin encuentro algo divertido.
Se dio la vuelta y se horrorizó de inmediato al ver que Harry sostenía uno de los consoladores que le había regalado Pansy por Navidad. Ni si quiera recordaba haberlo guardado allí. Sus mejillas se colorearon cuando su novio sonrió pícaro mientras observaba la caja con detenimiento.
—Me lo regaló Pansy —habló con rapidez. No sabía porqué se estaba excusando, cuando Harry tenía cosas peores en su casa.
—¿Por qué lo tienes cerrado?
Resopló. Debería haber imaginado que eso era lo único que le preocuparía a su novio. Se levantó del suelo de un salto al ver que Harry rompía el precinto de plástico y se disponía a abrir el envoltorio. Se lo quito de las manos, arrojándolo a una de las cajas fuera del alcance del moreno.
—Sigue con la ropa —le ordenó.
Harry se carcajeó.
—A veces eres demasiado mojigato para alguien que es sexualmente activo.
Estuvo a punto de replicar, cuando un golpe en la ventana lo interrumpió.
Vio una lechuza en la ventana y su corazón saltó de inmediato. Quiso dirigirse hacia el ave, pero Harry se adelantó. Draco se quedó de pie en medio de la habitación, con la respiración acelerada y el pulso errático, viendo cómo su novio recogía la carta. Solo podía pensar en una cosa: que no fuese Ivan. No sabía cómo iba a explicárselo a Harry si esa era una de sus muchas cartas.
—Es del Ministerio.
Su aliento escapó de su boca de manera abrupta. Sabía que su rostro reflejaba lo asustado que había estado por un momento aunque su cuerpo se había relajado visiblemente.
—¿Del Ministerio? —repitió, solo para ver si su cerebro conseguía digerir las palabras.
—Vamos, ábrela.
Cogió la carta con dedos inestables y rompió el sello del Departamento de Misterios, aún sintiendo un poco entumecido. Su mente aún estaba paralizada ante la posibilidad de que Harry podría haberse enterado de que Ivan le escribía y no comprendió lo que estaba escrito en la carta, así que la leyó una segunda y tercera vez.
—He pasado el examen —farfulló, levantando la vista con asombro cuando comprendió el mensaje. Harry ya estaba sonriendo enorme—. Tengo la entrevista personal el lunes.
Rodeó el cuerpo de Harry con los brazos cuando éste lo apretó contra él en un abrazo asfixiante. Su mente se hizo eco de sus propias palabras, logrando absorberlas por fin.
—Sabía que lo conseguirías.
Había pasado el examen de los Inefables, se dijo mentalmente. Y ahora tenía que ir a una entrevista personal.
Oh, mierda. Le esperaba una buena noche de insomnio.
Hoooooooola
Aquí una semana más.
Este ha sido un capítulo de un poco todo. Iba a escribir el reencuentro de Harry y Draco en el capítulo anterior, pero pensé que quedaría mejor separarlo y darle su pequeño momento de importancia.
Por otro lado, Draco ha pasado el examen. No sé porque me siento como una madre orgullosa jajaja
Y por último, Draco le ha ocultado a Harry su encuentro con Ivan.
¿Creéis que ha hecho bien?
¡Nos leemos el viernes que viene!
