Comenzaron su camino por las desoladas calles de Zaun, cada vez más oscuras. Veían pasar las ratas entre sus pies, salpicando levemente en los amplios charcos de agua visiblemente sucia esparcidos por el suelo. Iban despacio, no porque quisieran tomarse demasiado tiempo para salir de ahí, sino porque no deseaban llamar la atención en lo más mínimo.
Lux seguía sujeta al brazo de Darius. Trataba de mantenerse firme y fingir que estaba tranquila, pero era obvia su incomodidad. No solo por ir aferrada al hombre cómo solía aferrarse a su hermano de niña, sino porque sus manos sudaban y sentía sus piernas querer fallarle de vez en cuando. Tenía un mal presentimiento, una sensación extraña en su cuerpo que no le gustaba, era cómo si todos sus sentidos le gritaran que algo estaba mal.
Se giró al ver que Darius se soltaba de sus manos y lentamente tomaba sus hombros, haciéndola caminar delante de él. Estaba a punto de volverse y sujetarse de nuevo cómo antes pero no hubo tiempo para hacerlo Al escuchar su voz en su oído.
—Tenemos compañía —le susurró y tuvo que morderse el labio inferior para enfocar su pensamiento en el peligro que aquello suponía y no en la sensación que recorrió su piel al escuchar su voz tan cerca de su oído.
—¿Seguro? —Preguntó Lux con su pecho acelerado y él presionó más fuerte sus hombros.
—Manten la mirada al frente. —Su voz era un poco áspera, pero se escuchaba muy bien a esa corta distancia—. Por aquí.
—Sí... —respondió con tanta entereza como pudo. Sintiendo sus mejillas arder, pero luchando por enfocarse en lo realmente importante.
Darius pasó a su lado y preparó el hacha. Sujetándo el arma con fuerza con una de sus manos. Le indicó a Luxana que permaneciera tras su espalda y ésta asintió, tomando una postura que le permitiera usar sus poderes de ser necesario.
—Aparece de una vez y deja de esconderte cómo una rata.
—Vaya, vaya, me has descubierto —era el hombre de antes.
—¿Tú de nuevo? —Darius movió un poco el hacha y sonrió—. ¿A qué has vuelto?
—Tomaste algo que llamó mi atención en el mercado, así que vine a reclamarlo —explicó y de detrás comenzaron a aparecer una gran cantidad de hombres armados, que comenzaron a rodearlos—. Por las buenas o por las malas.
—¿Crees que me intimidarán por cantidad? ¡Ha! —comenzó a girar su hacha en una de sus manos—. Será un placer partirlos en dos.
—Espera —Lux lo detuvo, sujetándo su hombro—. No creo que sea buena idea pelear —hizo una señal hacía arriba y Darius entendió. Pues aparte de los que les rodeaban, se notaban un gran número de personas entre las paredes, listas para atacar también.
—Tenemos que salir de aquí —susurró y Lux asintió.
—No te separes de mí —pidió y sujetó con fuerza el báculo frente a ella, siendo cubiertos ambos con un escudo de luz—. ¡No tenemos intenciones de pelear!, por favor, solo nos retiraremos y todo estaremos bien.
—¡¿Crees que saldrán de aquí tan fácil?! —Una señal hecha con la mano del tipo fue suficiente para que comenzaran a correr hacia ellos.
—Diablos —Darius devolvió el hacha a su espalda—. ¿Cuánto crees aguantar?
—No mucho —confesó resistiendo el golpe de una bomba verdosa contra el escudo.
—Mantenlo lo más que puedas —pidió y la levantó, para correr tan rápido cómo le era posible.
Diferentes armas caían sobre el escudo, sobre todo bombas que al golpear, hacían que el escudo se debilitara un poco, y tuviera que reforzarlo una vez más. Su nariz comenzó a sangrar, pues el esfuerzo cada vez era mayor. Luchaba por controlar el escudo, sintiendo el temor de que en cualquier momento lo perdería por completo.
—Resiste un poco —pidió Darius y ella asintió, duplicando el grosos del escudo.
La puerta del ascensor se vislumbró. Lux sentía cómo el escudo disminuía, no podía controlar su magias y sentía cómo disminuía mientras más se acercaban a ellos. Advirtió que no resistiría demasiado mientras Darius presionaba los interruptores, esperando que las puertas se abrieran tan rápido cómo fuera posible.
—No puedo más —dijo sintiendo su cabeza girar. Cómo si algo que en otros momentos le era simple ahora suponía un inmenso trabajo.
Otra bomba cayó, chocando contra la puerta y por instinto cubrieron sus bocas al momento en que el escudo se dispersó. La puerta se abrió y Darius empujó a Lux dentro, ingresando con ella. Otra bomba venía y Darius usó su hacha para devolverla de un golpe a sus atacantes y la puerta se cerró. Se giró y Lux estaba sentada en el suelo medio inconsciente.
—Hey, arriba —la tomó de brazos, obligándola a levantar para alejarla de los gases en el suelo—. ¿Estás bien?
—Sí... pero, no sé qué ocurre. No podía controlar bien mis poderes. Eso no me pasaba hace mucho tiempo.
—No importa. Lo importante es que logramos salir de ahí. —Un movimiento brusco del ascensor le hizo dudar al respecto—. Vamos.
El ascensor se detuvo, pero aún faltaban un par de pisos para llegar a la parte más baja de Piltover. Preparó su hacha para lo peor, pero solo eran un grupo de personas deseando hacer uso de la máquina. Retrocedió, cubriendo a Lux con su cuerpo, ocultándola de modo casi instintivo.
—Está bien. Ya no están —susurró Lux y él soltó finalmente el mango de su arma—. Ya no siento lo de antes. O, mejor dicho, ya siento de nuevo mí magia.
—Bien —el ascensor volvió a abrirse y salieron—. Ya está por caer la noche, volvamos rápido. ¿Lux? —se giró y ella seguía pasos atrás, recostada a un barandal junto al ascensor.
—Lo siento —sonrió y señaló su pierna con la mirada—. No podía controlar bien el escudo y por segundos una de mí pierna quedó expuesta y bueno...
—¿Duele mucho? —Preguntó al notar que la tela que cubría parte de la pierna de la joven, a la altura de su rodilla estaba quemada, mostrando la herida debajo, parecía una quemadura química.
—Lo suficiente —respondió Lux usando su báculo para apoyarse en el suelo—. Estaré bien. Vamos —dió un paso y al apoyar la pierna herida se tambaleó, cayendo sobre una rodilla.
—Vamos, —bajó el hacha de su espalda—. Sube, llegaremos más rápido así.
—Está bien... —aceptó la ayuda que le ofrecían.
Se sujetó de los hombros de su acompañante y éste tomó sus piernas, especialmente tomando con cuidado la que estaba herida, la cuál mantuvo sujeta y con su otra mano llevaba el hacha.
Caminó hasta llegar al lugar en que se hospedaban y tomó el ascensor, el cuál agradeció estaba solo. Permanecían en silencio. Tenían mucho de lo que hablar, pero sentían que no era seguro hablar por los pasillos. En poco segundos estuvieron frente a la puerta de la demaciana y entraron. No había nadie.
—¿Aquí está bien? —Preguntó dejándola en el borde de su cama y ella asintió—. ¿Puedo ver?
—Sí... —respondió y él tomó su pierna, revisando de cerca la herida.
—Hay que limpiarla. Buscaré agua. Si algo ocurre, grita y vendré enseguida.
—Está bien —le vió salir por la puerta y haciendo el mayor esfuerzo que pudo se sacó las botas.
La herida cubría desde la mitad de su muslo hasta unos centímetros debajo de su rodilla. Prácticamente se arrastró hacía sus cosas y tomó una prenda de ropa que le permitiría descubrir sus piernas. Las lágrimas caían por su rostro a la vez que bajaba el pantalón por su pierna herida, pues no toda la tela se había deshecho con el químico.
Ahogó un grito en sus labios y continúo. Terminó de sacar la pieza de su cuerpo y observó la pieza de ropa limpia en sus manos. Miró su pierna y sacudió su cabeza. Tomó las mantas de su cama y cubrió lo necesario. No quería volver a pasar por ese infierno.
—Encontré algunas gasas en la cocina.
—En el baño hay desinfectantes —informó.
—¿Qué hiciste? —Preguntó visiblemente enojado al ver el pantalón en el suelo—. Pudiste empeorar la herida —le reprendió revisando nuevamente su pierna, viendo la herida a cabalidad.
—Me estaba molestando demasiado. Además, quise hacerlo estando sola.
—A ver —tomó su pierna—. Siéntate al borde —pidió y acercó una silla para apoyar la pierna de la chica—. Voy a limpiarla ahora —ella apretó la colcha con sus manos al sentir el agua sobre la herida.
—Duele... —susurró, pero él continuó su trabajo.
Las lágrimas caían por los ojos de la rubia mientras mordía una toalla limpia que Darius le alcanzó. Apretaba con tal fuerza las mantas que sus nudillos se blanqueaban y su pierna temblaba con pequeños espasmos por el dolor. El desinfectante fue la peor parte. El ardor, parecía quemarle la carne, pero una helada pomada parecía calmar todo con el suave tacto de aquel hombre su pierna.
Se dejó caer hacia atrás mientras él seguía expandiendo la crema por la herida. Cuando acabó, comenzó a vendar con calma la herida. Las lágrimas se secaron en las mejillas de Lux mientras cerraba los ojos y respiraba profundo, aliviada de que aquello terminara. Al menos hasta que tuvieran que volver a limpiar su herida.
—No es justo —dijo y Darius levantó la mirada, mientras recogía el agua y las demás cosas del suelo—. Tú no tienes ninguna herida.
—Bien, la próxima vez, toma tu propio cuerpo cómo prioridad. Yo puedo resistir heridas peores.
—Sigue siendo injusto. —se apoyó en sus codos, para levantar su cara y poder mirarlo—. Se supone que debes protegerme.
—Cierto. Supongo que he fallado —se acercó al haber recogido todo y tomó su pierna herida, pasándola despacio hacia la cama—. Pero estoy cuidándote ahora, ¿no?
—Acabas de hacerme sufrir un infierno.
—Pero ha sido tu culpa.
—¿Mí culpa? —Preguntó ofendida.
—Sí. Ha sido tu culpa. Te pedí que permanecieras a mí lado. Pero no, tuviste que ir a ver la petricita, cómo si nunca hubieses visto petricita en tu vida. Y ¿Para qué? Para que luego ese tipo nos persiguiera con sus colegas.
—Pero eso no... Bien, si fue mí culpa...
—Genial. Al menos lo admites. —Suspiró y se sentó a su lado—. ¿Sigue doliendo?
—Es tolerable —respondió—. Gracias.
—No agradezcas. Por alguna razón sé que hubieses hecho lo mismo si los papeles hubiesen estado invertidos.
—Eres una buena persona.
—No lo soy. Solo tengo normas personales que me han permitido llegar donde estoy.
—¿Cómo cuáles? —Preguntó incorporándose. Quedando sentada frente a él.
—No responder preguntas de demacianas curiosas es la primera.
—Vamos, yo no le diré a nadie.
—A ver... No atacar por la espalda. Siempre dar la oportunidad a las personas de explicarse o redimirse. En Noxus, no discriminamos, si eres fuerte, eres fuerte y mereces respeto. No importa donde naciste o en qué condiciones, lo que importa es que quieras mostrar tu valía.
—¿Y eso funciona?
—Claro. ¿De qué otra manera un huérfano podría liderar un imperio? Las monarquías son basura. —Prosiguió—. En Noxus creemos en las 3 bases que nos han permitido crecer y expandirnos: La visión, que nos permite proyectar, avanzar y tomar decisiones. La astucia, que permite adelantarse a las decisiones y acciones de tus enemigos, además, si eres suficientemente astuto, puedes conseguir grandes cosas sin perder nada a cambio y...
—La fuerza... ¿eres la fuerza de Noxus? —Darius encarcó una ceja y corrigió.
—Soy la mano de Noxus.
—La mano de Noxus, la fuerza en sus 3 principios. La base que los mantiene en pie.
—Sí. Pero existen muchos tipos de fuerza.
—¿Crees que yo soy fuerte?
—¿Por qué lo preguntas?
—Responde.
—¿Me estás exigiendo que responda?
—Sí —insistió—. ¿Crees que soy fuerte?
—Sí. Lo eres. Si no hubiese sido por ti, no hubiésemos salido vivos de Zaun.
—Gracias... mí magia ha sido un estorbo desde que soy una niña. Me alegra de que sea útil ahora.
—¿Qué ocurre con los magos en Demacia?
—¿Estás intentando obtener información de mí nación? —Preguntó fingiendose ofendida y Darius sonrió.
—Me descubriste —se burló.
—Conocí un mago, uno que fue apresado durante años. En Demacia temen a la magia, así que si descubren que eres mago, te apresan, te torturan, te conviertes en una rata de laboratorio, o algo menos importante. Por eso...
—Casarte con el príncipe, volverte reina te salva de todo eso.
—No solo a mí —admitió sonriendo—. No lo hago por mí. Lo hago por mí familia.
—¿Solo por ellos?
—¿No harías cualquier cosa por tu hermano? Yo, acepté sacrificar mí felicidad y mí libertad por ellos. Y está bien así —tomó el cuello de la franela de Darius, halándolo hacía ella, cómo si quisiera asegurarse que solo él escuchara—. Preferiría ser torturada que casarme con Jarvan.
—No soportabas la herida en tu pierna y ¿te crees capaz de soportar ser torturada? —Preguntó y ella hizo una mueca de molestia. Darius se acercó aún más—. No te creo.
—No quiero ser mal educada, —apretó con más fuerza la tela entre sus manos, acercándose más—, pero a veces eres una persona desagradable.
—Me han dicho cosas peores —apoyó su mano sobre la cama, cerca de la mano libre de la joven y sintió su rostro tan cerca que sus narices se rozaban.
—Me aseguraré de decirte algo peor la próxima vez... —sus ojos se cerraron lentamente—, siendo ese el caso.
—Por favor... —respondió acercándose más—. Tengo una reputación que cuidar...
Sus labios se rozaron suavemente y el labio inferior de Lux quedó atrapado entre los labios de Darius con suavidad, erizando su piel, pero la puerta de entrada cerrándose de un golpe los devolvió a la realidad. Darius dió un paso atrás, levantándose de la cama y quedando de pie frente a ella y a su vez Lux cubrió su rostro con sus manos dejándose caer de espaldas a su cama.
—¿Lux? —Garen atravesó la puerta y se acercó a ella, tomándola de los hombros y abrazandola—. ¿Estás bien? —Preguntó al notar su pierna vendada y su rostro colorado—. ¿Qué te pasó?
—Yo...
—Es mí culpa. Bajamos a Zaun para encontrarnos con alguien y fuimos atacados, pero, fue herida.
—¿Pero qué rayos hacían en Zaun? —Preguntó Katarina.
—Yo quise bajar. Necesitaba ver a alguien. Pero, estoy bien. De verdad, solo fue una quemadura. Darius... Él limpió la herida y la ha vendado. Así que solo debo esperar que mejore.
—Traeré un doctor para que lo revise —dijo Garen y Lux le sostuvo la mano antes de que se levantara.
—No, te digo que estoy bien... Solo necesito descansar un poco.
—Traeré unas compresas. Tienes la cara roja, has de tener fiebre —dijo su hermano levantándose y saliendo de la habitación, seguido por Katarina.
—Será mejor que me vaya.
—¡No! Es decir... Si deseas, puedes volver luego. Solo necesito descansar un poco y entonces estaré mejor... Mis heridas suelen sanar rápido y no dejan cicatriz así que... Estaré bien.
—Entonces descansa —se levantó, dispuesto a retirarse de la habitación.
—Gracias... —Se lanzó de nuevo a la cama al verle salir y cubrió su rostro con la sabana—. ¿Qué hice?
Cubrió sus labios con una de sus manos, rozando despacio su labio inferior con sus dedos. Casi podía sentir el tacto de aquellos labios sobre los suyos. Su rostro se volvió a sonrojar e intentó girarse sobre la cama pero el dolor en su pierna la detuvo. Volvió a su posición anterior y llevó una mano a su pierna, sentándose nuevamente. Miró hacia afuera por la apertura que había quedado de la puerta y vió a Darius sentado de espaldas a su puerta en uno de los sofás. Respiró profundo y sonrió. Debía admitir, al menos para sí misma que esperaba aquello se repitiera. Al menos una vez...
