Había vivido ocho años de mi vida junto a mi alumno. Eso me bastaba para estar consciente de que, al despertar, nos pediría salir a pasear. Era su modo de celebrar algún momento importante. A pesar de estar ya despierto desde temprano, permanecía congelado. Estaba entre Aldebarán y el pequeño travieso. Tenía miedo de moverme y despertarlos a ambos. Sabría cuando Kiki abriera los ojos, pues podría verlo, sin embargo, estaba de espaldas a Aldebarán. A el no lo veía. Quizá ya estuviera despierto y no se animara a decirlo. Acariciaba lentamente el naranja cabello de mi alumno. ¿Qué sucedería cuando el creciera y se convirtiera en Caballero Dorado de Aries? ¿Aldebarán y yo estaríamos ahí para apoyarlo? Sentí un ligero cosquilleo en mi hombro derecho. Era la mano de Aldebarán que se posaba en este.
- Aún no despierta, ¿Verdad? - preguntó.
- No - contesté tartamudeando - . ¿Estás despierto hace mucho?
- No. ¿Y tú?
Asentí levemente. Ahora no sabía que más decir o hacer. Todavía estaba de espaldas a Aldebarán. Quizá el tampoco tenía idea de cómo actuar. De igual manera estaba seguro de que Kiki sería quién nos animara a actuar o hablar. Esa era su especialidad. Ambos esperamos algunos minutos, tal vez más, hasta que Kiki despertó, sonrío y se sentó en la cama.
- ¡Buenos días! - dijo animadamente.
- Buenos días, Kiki - contestamos al unísono.
- ¿Hoy podemos ir a pasear? - preguntó.
Una parte de mi se alegró de haber acertado, y la otra pensó que primero debía hablar con Aldebarán. En primer lugar, ¿Querría acompañarnos? Y si no era así, ¿Tendría que decirle a Kiki que pospusiéramos el paseo o pedirle a Aldebarán que pasáramos tiempo juntos otro día? Suspiré. ¿En que dilema me estaba metiendo? En uno muy grande, supongo.
- ¿Quieres ir con nosotros, Aldebarán?
Nosotros dos seguíamos en la misma posición en la que habíamos dormido, a excepción del brazo de Aldebarán.
- Si, claro. Iré con ustedes - contestó.
Finalmente, Kiki se levantó y caminó a su habitación para cambiarse, dándome a mi una oportunidad de dar una vuelta en la cama y quedar de frente a mi pareja. El sonrió, y posó su mano derecha frente a mi. Yo puse la mía sobre la suya. ¿El también estaría en medio de un dilema de sentimientos como yo? Quizá si. Podría ser que no. Tan sólo podría averiguarlo si se lo preguntaba, aunque claro, no lo haría. Yo recibiría afecto por parte de el cuando se sintiera seguro de hacerlo. Deseaba que no tuviera que ser así. ¿Podría, con una sola mirada, externarle a Aldebarán que necesitaba un beso, un abrazo quizá? Pero, ¿Por qué hacer esa petición si en realidad me había enamorado de el por su personalidad, incluyendo su timidez y humildad? No podía con mis propios pensamientos.
- ¿Qué sucede Mu? - preguntó mi novio.
- Ah... Nada - contesté - . Solo estoy pensando.
De nuevo guardamos silencio. ¿Hablaría yo? ¿Hablaría el? ¿Quién lo haría?
- Prefiero que te cambien es tu habitación. Yo puedo hacerlo en el baño.
Aldebarán se levantó, pero yo lo detuve tomándolo del brazo. Creo que esto ya se estaba volviendo costumbre mía.
- Esto... ¿Quieres hacerlo definitivo?
Mi pregunta pareció tomar por sorpresa a Aldebarán. Es obvio que así lo sería, pero, independientemente de lo que el pensaba, ¿yo quería que fuese definitivo y por eso se lo preguntaba?
- ¿Eso significa que tendremos que pasar un día entero transportando algunas de mis cosas de una Casa o otra?
No pude evitar sonreír. ¡Entonces si deseaba quedarse a vivir en Aries! Entonces al fin todo estaba cambiando. Impulsivamente me hinqué en la cama y le di un beso corto en su labios. Me arrepentí enseguida.
- ¡Lo siento! - dije haciéndome para atrás - Perdón.
Aldebarán asintió levemente. Estaba avergonzado. A pesar de que sabía que no estaba haciendo nada malo, me sentía culpable por algo que no entendía. Sabía que el deseaba ir lento en nuestra relación, y, aún así, a veces lo olvidaba y le daba afecto. ¿Debía dejar de hacerlo? Finalmente me levanté de la cama y cambié mi ropa por otra limpia. Me puse mi armadura y salí. Aldebarán y Kiki ya estaban listos, y platicaban en el sofá.
- ¡Maestro Mu! - gritó Kiki a lo lejos - ¿Mejor podemos hacer un picnic?
- Sí - respondí - . No suena mal.
Me dirigí a la cocina. Los demás me acompañaron después. Empezamos a cortar fruta, y luego la guardamos en una canasta. No hacía falta llevar nada más. Decidimos ir al campo que estaba más cerca del Santuario. Había flores, y también mariposas. Aldebarán, Shaka y yo solíamos ir a jugar allá, siempre y cuando no estuviéramos entrenando.
- ¡Ya sé que vamos a jugar después! - gritó Kiki - ¡Atraparemos mariposas!
Ni siquiera habíamos empezado a comer, pero Kiki ya están planeando el itinerario para todo el día. Incluso había mencionado que quería comer samosa. Nos sentamos libremente en el campo. Estábamos callados, e increíblemente, Kiki también. Empezamos a comer. Decidí tomar una manzana. Me recordaba demasiado a Aldebarán, o eso es lo que me decía, porque, la verdad, toda la comida que llevábamos me hacía recordarlo. Pensé en esto último que había estado sucediendo. Ya éramos novios. Yo ya no tenía que ocultar nada. Ni siquiera mi sonrojo. Y el tampoco. ¿Por qué hacerlo cuando tienes a la personas que te ama y que as en frente tuya? Es algo que no debería hacerse.
- Maestro Mu.
- ¿Qué sucede?, Kiki.
- ¿Ya podemos jugar a atrapar mariposas?
Aldebarán río levemente. En ese entonces, no dejaba de sorprenderse de todas las ocurrencias de Kiki. Le parecía gracioso. Además, decía que se parecía mucho a mi.
- Tu maestro Mu aun no termina de comer. ¿Te parece bien si nosotros empezamos? - dijo con una sonrisa en su rostro.
- Está bien - contestó Kiki - . Empecemos nosotros.
Aldebarán se levantó, y Kiki se acercó a mi. Me susurró al oído.
- ¿Si puedo preguntárselo, maestro?
- Hazlo Kiki. Seguro que el querrá hacerlo. No va a suceder nada malo.
Dicho esto, ambos empezaron a caminar. Estaban lo suficientemente lejos de mi como para no escucharme.
- La verdad, es que yo también quisiera que correspondiera a mi afecto.
