Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Naruto, cuyo creador es Masashi Kishimoto. Está prohibido hagan repost de esta historia, mucho menos adaptarle.
NA: Quiero agradecerles muchísimo el haber leído y comentado las actualizaciones anteriores, la verdad que me emocioné mucho y no paré hasta terminar de escribir toda la historia. Pronto lo publicaré todo. Muchas gracias.
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El mal presentimiento que había estado sintiendo al fin mostraba una consecuencia.
Solo que, eso que sucedió, fue peor de lo que pudo predecir.
Tanto ella como Sai se apresuraron, el tarado de Kiba solo se había burlado y aun luego de decirle lo que él y primo de Hinata hicieron, no le quería decir dónde estaba Neji y Sakura, y eso que él mismo se regocijó en decirle que debería verlo.
De pronto te estoy odiando, estúpido dogo.
Ino estaba segura de que se había pasado alguna luz roja al conducir, pero su única preocupación era no chocar y llegar a tiempo. Pero incluso cuando se bajó del auto y miró a todas partes –apurada-, cuando logró ver a Sakura, simplemente no se pudo mover. Porque no solo era la pelirrosa y el primo de Hinata, sino también Naruto y Sasuke los que estaban ahí.
No era temor lo que le había plantado en el suelo y le evitaba moverse, era que de verdad no podía. No alcanzaba a escuchar, ellos no hacían escandalo alguno de pelea, solo estaban los cuatro de pie frente al otro, pero viendo con más atención vio a Sakura inclinándose hacia sus amigos, pero no se acercaba. Como si una línea estuviera bien marcada y no pudiera moverse.
Ino supo que todo se había terminado cuando Sasuke y Naruto se fueron, sus rostros contrariados y decaídos. Ni siquiera se preocupó al ver a Neji irse, porque sus ojos se centraron en los otros chicos, que cuando Sai dijo algo ella volvió a ver de inmediato a donde Sakura, quien lentamente se sentó en el sucio piso, mirando a sus pies.
A la rubia le costó unos minutos más moverse hasta donde su amiga, y no podía evitar sentir el peso de la situación sobre ella, ahogándole la garganta y queriendo llorar. Si ella se sentía así de incrédula y acongojada, ¿Qué era de Sakura?
La pelirrosa no mostró prueba alguna de haberles escuchado acercarse, y una vez frente a ella, seguía sin reaccionar. Con su mirada fija en sus manos vacías, ojos perdidos. Se veía tan pálida y aturdida.
—¿Sakura?
A pesar de su mente perdida, ella escuchó. Levantó la vista, y fue que Ino tuvo que llamarle de nuevo, que sus miradas se encontraron y de a poco la chica reaccionó. No supo que fue peor, si verla sola y derrotada en el suelo de ese estacionamiento, o verle asimilar lo sucedido y romperse en llanto y desconsuelo.
—Ino…
Casi medio año desde que le había conocido, e Ino jamás había visto a Sakura llorar así.
Su estado de colérico, era una sorpresa que Sasuke se haya mantenido bajo control durante el trayecto de regreso. Sus manos sujetando fuerte el volante, su mirada fija al frente, y su respiración tratando de ser lo más controlada –pero no era así, ya que por dentro le iba consumiendo la rabia e incredulidad, subiendo como lava por su garganta y de a poco quitándole la tranquilidad.
Por todo el camino ninguno dijo nada, y Sasuke no entendía por qué eso también le molestaba. Una parte de él deseaba que Naruto dijera una y mil excusas, porque aun, en el fondo, no quería asimilar lo ocurrido.
Cuando Sasuke sentía que iba a explotar, se sorprendió escucharse a sí mismo preguntar.
—¿Por qué?
¿Por qué ella hizo eso? ¿Por qué tú no me dijiste? ¿Por qué sucede todo esto? Eran tanas preguntas, pero no pudo formularlas completas. Cada minuto era más sofocante y la verdad imposible de negar.
—… Sakura-chan… ella de verdad…
Nunca la etiquetó una santa y bondadosa del todo, Sasuke siempre entendió que su carácter era algo conflictivo, y que ser considerada no siempre era un rasgo común de ella, que cuando se dejaba llevar por el sentir hacía de lado el razonamiento y se volvía problemática. Ella tenía defectos -él justificaba-, y les aceptaba. Nadie era perfecto… pero incluso así, ¿haber lastimado a tantos? ¿Haber hecho algo tan ruin? Sobre todo haber sido consciente de eso y ocultarlo.
—Debiste decirme todo eso que te dijo.
Y ahora Sasuke sentía la traición por más de una persona.
—No podía —las sonrisas tristes eran algo que Naruto estaba mostrando con más frecuencia—. Sabía que Sakura-chan estaba herida por algo, sabía que quería herirme… y pensé que si tú supieras lo que dijo, te habría afectado también…
Porque así Sasuke pensaría que Sakura tenía sentimientos por Naruto, y no solo eso lastimaría a Sasuke, sino la clara intención con que la chica lo hizo.
Aun después de todo lo que ella le hizo a Naruto, éste aun parecía negarse a envolverse por sentimientos negativos hacia la pelirrosa.
—Tú… —Sasuke no pudo continuar. Las palabras le sabían a bilis y el enojo se volvía incontrolable. Lo que menos quería era acusar de algo a Naruto, quien era el último que debía ser dañado de nuevo.
¿Qué era lo correcto a hacer? ¿Confrontar a Naruto por sus sentimientos arraigados por Sakura? ¿Ignorar la situación, como lo habían estado haciendo desde hace tanto, como si de un tabú se tratara? Sasuke de verdad no sabía qué debía de hacer.
Pero sin tener que formular la pregunta, Naruto podía entender claramente con lo que Sasuke estaba lidiando, y por eso le explicó que su respuesta no fue un silencio de aceptación a las acusaciones de Sakura en ese audio, que había respondido con franqueza.
—He sido sincero. De verdad me gustaba Hinata, y de verdad, siempre quise que tú y Sakura-chan fueran felices juntos. Les quiero de verdad, a ti y a ella.
Y Sasuke sintió otro golpe.
La culpabilidad se agregó a su lista de emociones tumultuosas que le estaban envolviendo ese día. Miró a Naruto con una expresión dolorosa.
Se acabó, ¿no? Sasuke ya no podía seguir deseando que lo ocurrido con Sakura fuera mentira. Ya no había justificaciones para ella.
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—Si pudiera pedir un deseo, sería mantenerme bajo la cálida seguridad de mis cobijas.
—…
—Si tan solo me amaras lo suficiente para permitir mi humilde sueño…
—Sakura, date prisa y sube.
La chica frunció la boca, pues su petición acompañada de los ojos llenos de lágrimas y voz dulce le fue negada. Su madre nunca caía en sus intentos de lástima.
Uno creería que luego de ver a su única hija llorando todo el fin de semana como magdalena le ablandaría un poco el corazón, sniff.
—Mamá…
—No —ni siquiera le dejó completar su dialogo, y Sakura cada segundo sentía más desesperación. Le sorprendía aun las ganas de llorar que tenía, tomando en cuenta que era lo único que hizo en tres días.
—¿Cómo me haces esto? ¡Mira mi cara! —exasperada, no podía más. En su rostro no solo estaba la desesperación, sino el rastro de ese fin de semana de llanto—. Dame al menos un día para recuperar...
—Tienes exámenes esta semana, ¿Cómo puedes pedir tal tontería? ¿No te importa fallar en tus asignaturas?
Ughh… ¡claro que me importa! Pero no podía poner pie en la escuela, no aun… al menos en un mes.
—Estoy considerando transferirme —ofreció como excusa, sonriendo. Claro que no era una sonrisa natural, era más como una mueca desgarrada de sufrimiento.
—Bien. Hazlo en el siguiente semestre.
¡Aaahh…! ¿Por qué no estás de mi lado?
Se recargó por completo en su asiento, y durante el trayecto a su escuela siguió intentando convencer a su madre. Lo que era una total perdida de aliento.
Al bajar del auto fue atacada por el aire helado. A pesar de estar abrigada, era más temprano de lo usual, ya que su madre le dejaba de camino al trabajo. No estaba preparada en ningún aspecto para hacer frente sin derrumbarse de nuevo.
Entendía las palabras de su madre y sus motivos, y aunque así fuera, Sakura deseaba de verdad no afrontar el ver a sus amigos. Desde el viernes pasado había estado en un trance de lágrimas, culpa y malestar. Sus padres le vieron, se preocuparon y le consolaron. Le costó mucho contarles lo que sucedió, y si bien lo que ella hizo habría sido suficiente para que ellos le reprendieran –incluso gritado-, estuvieron más preocupados por su estado.
Pero al parecer, no lo suficiente para darme un día sin escuela.
El viernes Ino le había dejado a su casa y se había ido de inmediato (o eso suponía, porque todo en ese día había sido errático y poco había notado más que el horrible dolor de cabeza que la culpa y el llanto le generaban). Sakura creyó que se quedaría completamente sola y sería envuelta por esos amargos sentimientos. Afortunadamente no fue así. Su madre le dejó llorar todo lo que necesitó, le consoló en silencio y dejó que descasara. Su padre había sido duro con sus palabras, pero no para hacerle sentir mal. Ambos le aseguraban que no era el fin del mundo, y en lunes, hicieron más énfasis en eso.
Puedo hacerlo, mantener la fuerza, poner mi mejor rostro, terminar con el examen y regresar a mi casa a llorar…
Sonaba como un plan excelente.
Compartía pocas clases con ellos, podría saltárselas. Lo importante eran sus exámenes.
¿Y qué tal si… si luego de ese fin de semana tormentoso, ellos dejarían de estar molestos? No era la primera vez que ella hacía algo estúpido y ellos le perdonaban, y sabía que no estaba bien, pero deseaba con todo su ser que esta fuera esa última oportunidad.
Guardaba las cosas de su casillero, su mente se ocupaba de fantasear en lugar de preocuparse por su examen. Sakura nunca tomaba muy en cuenta su entorno o las personas a su alrededor, y muchas veces se había evitado confrontaciones o darse cuenta de que hacía el ridículo, pero esa vez no fue así. Era como si su subconsciente estuviera tan centrado en esas dos personas, que sin percatarse, les buscaba con la mirada.
Y les vio.
Y todo parecía pasar a segundo plano cuando sus miradas se encontraron. La presión en su pecho al contener la respiración, la dolorosa expectativa y el miedo le mantenían en su lugar. Con sus anhelos y miedos pegando con fuerza, que no alcanzó a entender lo negativo de sus expresiones de inmediato. Fue lento ese entendimiento. Fue lento y doloroso, ver a Sasuke detenerse al verla, darse cuenta de que Naruto estaba unos pasos detrás, pero no con él.
Sakura quiso hablar, pero sus labios ni siquiera se movieron. Ninguno decía nada, y solo el ruido de los demás estudiantes llenaban el pasillo de ruido, ajenos a la situación. Solo ellos dos, con sus miradas silenciosas que fueron solo unos instantes, el ambiente helado quedó claro cuando tanto Sasuke como Naruto caminaron, pasando de ella sin decir nada más y sin verle de nuevo.
Sakura entendió que la sensación de vacío y frío no era únicamente por quedarse sola en el pasillo.
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Sentía esa opresión punzante contra su pecho, un malestar sofocante atorado en su garganta y no podía parar el llanto. Su nariz moqueaba, y aunque trataba de limpiar su rostro, este de inmediato estaba igual.
Apenas si podía respirar y su cabeza dolía tanto. Sakura no pudo mantener la fuerza que se propuso esa mañana. No podía siquiera dejar el cubículo del baño donde se había encerrado, y lo único que trataba con todo su ser era no hacer ruido alguno.
Se sentía patética, escondida en el baño por Dios sabe cuánto tiempo, sola y miserable. Y aunque dejaba de llorar por momentos, le asaltaban los recuerdos de lo que hizo, lo que dijo y lo que tuvo que pagar, y la desazón atacaba con más fuerza.
Tenía hambre, pero ni eso era suficiente para hacerle salir. La verdad, quería irse a casa, quería volver a meterse debajo de las cobijas y llorar libremente, pero tenía tanta vergüenza de salir así. Tendría que llamar a su madre para que le recoja, tendría que explicarle porque estaba llorando de nuevo, y la verdad, se estaba cansando tanto de seguir así de patética, pero no podía evitar esos sentimientos que le llenaban y le ahogaban.
Habría querido que me gritaran, que me reprocharan y dijeran que no me perdonarían… las palabras habrían dolido, pero habría preferido eso. ¿Por qué la silenciosa indiferencia que Sasuke mostró dolía más? Como Naruto desvió la mirada y siguió caminando, ambos, como si no le conocieran o ella fuera invisible.
Era la miseria de dejarla atrás. La clara respuesta de que ya era una completa extraña para ellos. Sin solución.
—Irónico —murmuró, el hipo le molestaba también—. Lo que más temía hace meses se cumplió, gracias a mi misma.
¿No lo había dicho? Cuánto temía que Sasuke y Naruto se alejaran de ella, ¿no por eso había rechazado a Hinata desde el principio? Y no había otro culpable que ella misma.
Había perdido muchas clases, entre ellas su examen, pero nadie le fue a buscar. Su garganta y cabeza dolían por tanto llorar, y era más consciente del calor en su rostro y no del frío del resto de su cuerpo.
Cerró sus ojos, intentó calmar su respiración, intentó controlar su llanto, y esperó para llamar a su madre para que le recogiera.
—Soy horrible.
—…
En cualquier otro momento Ino habría reprochado ante la falta de respuesta de Shikamaru, incluso sintiéndose ofendida con que concordara sobre lo que dijo. Pero quizá, aunque en ese momento él hubiera replicado, ella no habría escuchado.
Actualmente Ino estaba en casa de Shikamaru, quien para su muy mala suerte, no había podido lograr calmar a la chica.
Comparando con el otro día, ella está realmente tranquila.
Recordó cómo se veía hace días, llena de desesperación y angustia. Luego de haber medio llorado al desahogarse, Shikamaru debía esperar, pues las cosas no se solucionaron, así que este nuevo estalle de culpa y remordimiento brotaron de nuevo.
¿Y soy yo el que debe pasar por esto? Ni siquiera era uno de los involucrados, entonces, ¿Por qué debía soportarlo?
Pero vio a Ino, y su rostro se mostraba demasiado afligido. Shikamaru suspiró con cansancio, y lo que sea que fuera a decir sobre cuán molesto todo eso era, se detuvo. Se acercó a la chica y se dispuso a escucharle de nuevo.
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—No es totalmente tu culpa.
—¿Entonces por qué no puedo dejar de sentirme así?
Shikamaru había escuchado sobre el nuevo tormento que caía sobre la rubia, y mientras Ino hablaba con tanto remordimiento sobre cuán mal se sentía porque su otra amiga estaba peor, a Shikamaru le confundía un poco, pero entendía el punto.
—Está sola. Debiste verla Shika, parecía un pingüino engripado.
Shikamaru detuvo su pregunta de "¿Cómo luce un pingüino con gripa? Y también ¿desde cuándo usas ese tipo de analogía?" Debía ser de tanto juntarse con esa pelirrosa.
—Se veía tan pálida, pero sus ojos y nariz roja. Estoy segura de que estaba a punto de llorar, y no pude acercarme a ella.
—¿Por qué?
—… no lo sé.
Una parte de ella habría querido ir hasta donde Sakura, pero otra parte, que era más fuerte, le detuvo, y en su lugar caminó sin detenerse. Incluso si sentía que debía ir hasta donde ella, no se permitió hacerlo. Estaba ansiosa, y avergonzada. Todo el día fue así, y esos sentires solo aumentaron al notar la ausencia de la chica el resto del día.
Ella había esperado desde el viernes algún mensaje por parte de Sakura, o una llamada, donde le pidiera verse, hablar con ella. Pero solo había silencio. A Ino le habría resultado más fácil ignorar sus sentimientos si Sakura se hubiera comportado como antes, con su carácter dramático y caprichoso solía romper el hielo y la incomodidad, pero esa vez no ocurrió.
Siempre había sido tan fácil acercarse a Sakura. Entonces, ¿Por qué no podía ahora?
—Soy horrible. Todo lo que sucedió. Está sola y se siente tan mal… y no puedo ir y estar con ella.
—Ella ocasionó todo eso.
—Lo sé.
Estaba al tanto de eso. Ino sabía de primera mano que el karma siempre llegaba, y de mala manera. Que Sakura había hecho algo horrible y que esto le había estallado en la cara diez veces peor. Claro que lo sabía, no le pintaba de inocente y mártir. Ella misma estaba algo resentida porque Kiba se desquitó con ella, incluso si no le había ayudado a Sakura en su complot. Aceptaba que Sakura no era la mejor persona, que quizá se merecía lo que estaba sucediendo, pero aun así…
—Pero ella es mi amiga.
Para bien o para mal, los amigos se apoyaban, ¿no?
—Es urgente que reflexiones sobre tu elección de "amigos".
Ino no respondió de inmediato. De hecho, se encorvó en su lugar, haciendo un gesto de derrota. Era como una flor marchita. Por extraño que fuera, a Shikamaru le disgustaba más esta pasiva-deprimida Ino, que la exuberante bocona que era.
Que fastidio.
—Tu misma estás herida. Es lógico que uno atienda sus lesiones primero que la de los demás —Shikamaru estaba siendo neutral. Por mucho que también pudiera desagradarle Sakura, lo que Ino necesitaba era una respuesta, y él le ayudaría tanto como pudiera—. No eres horrible, solo necesitas tiempo para decir lo que de verdad sientes, y cómo quieres resolverlo.
Ya fuera que le perdonara todo y fuera a su lado a apoyarle, o escogiera alejarse definitivamente de ella.
Es curioso como un día estás en la cima del mundo, y luego te tropiezas por un pequeñísimo error y terminas rodando hasta caer en el mismo infierno.
Uuh, ¿Qué sería de mi vida si no fuera una estúpida parodia?
Sakura trataba de "seguir" el patrón de pensamientos que siempre tenía, con la esperanza de al menos, animarse a sí misma. Podría decir algo chistoso y, quien sabe, quizá se riera de eso.
Aunque si termino riéndome de repente me verían como una loca, considerando que estoy más sola que el hongo…
—…
Lo payasa no le estaba funcionado esta vez, era claro.
Otro día obligado para asistir a la escuela. Tal parece que mi madre es una reina de hielo, no le conmueven mis lágrimas. Incluso si el día anterior le fue a recoger y el resto del día Sakura se la pasó encerrada en su habitación –donde obviamente no estaba cantando una canción, era su llanto-, sus padres seguían firmes con su "debes de ir a la escuela".
Sería más fácil no asistir si ellos no me dejaran en la entrada.
Pero tal parece que el cuerpo de una adolescente dramática solo resiste llorar por cuatro días, hm.
No era que se sintiera mejor, ni más animada o positiva, sino al contrario: estaba rendida. Llorar no iba a hacer que todo se solucione. Sus lágrimas no iban a borrar lo que hizo, ni que Sasuke o Naruto volvieran a hablarle.
Simplemente, nada. Se estaba entumeciendo de estos desesperantes y crueles sentires que le lastimaban.
Solo una semana más y todo terminaría. No tendría que esforzarse por poner buena cara. No tendría que salir de su cama si se sentía miserable ni intentar enfocarse en clases. Y si era posible, deseaba que durante las vacaciones pudiera acostumbrarse a estar sola para que el siguiente semestre doliera menos.
No puede ser tan difícil, recuerda los primeros años de la escuela elemental, te la pasabas en los jardines de la escuela.
Ah, esa memoria era tan extraña y lejana, como si fuera la escena de una película vieja y no su pasado. Lo había olvidado a propósito, porque antes de Sasuke y Naruto, ella de verdad estaba sola.
Considerando mi situación, ahora es mejor: al menos no estoy siendo intimidada.
Por mucho que Sasuke y Naruto le aborrecieran en ese momento, sabía que no harían nada como propiciar odio hacia ella. ¿Qué sería peor? ¿Qué expresen su molestia hacia mí con bullying o que sigan actuando como si fuera el lodo que ensucia sus zapatos blancos?
Mis esfuerzos fueron contraproducentes.
Intentó mantenerlos a su lado, pero su método no fue el correcto.
—… Wow. Así que eso sucedió.
Para crédito de Tenten, ella realmente estaba muy tranquila luego de escuchar todo eso. Sorprendida, sí, pero no hervía con desagrado hacia la pelirrosa.
Por su parte, Sakura sentía retorcerse en su lugar. No fue exactamente un intento de escapar a la soledad que ahora se encontraba con Tenten, sentada en una de las gradas al fondo del gimnasio. Realidad era que Sakura había mantenido su plan del día anterior de no asistir a las clases que compartía con Sasuke, Naruto o Ino, y a falta de lugares donde refugiarse, había elegido el gimnasio.
Tremendo susto se llevaron ambas chicas al encontrarse. Tenten había gritado algo sobre una aparición, mientras Sakura respingó sorprendida por estar con la cabeza en la luna.
"¿Qué haces aquí?" había cuestionado, y Sakura trató de inventar una excusa, pero tras el "¿Estás bien?" de la chica ante su cara de payaso (cara pálida y nariz roja), que Sakura no pudo evitar el río de lloriqueos.
Sin querer, se desahogó con la castaña.
—Neji, grandísimo patán.
Indeed. No había pensado mucho en él, pero la llama del odio brotó en ella ante la mención de ese maldito.
—Entiendo que estuviera molesto, pero esas no son formas de aclarar las cosas ni de reprender a alguien.
¡Así es! ¡Ese imbécil arruinó mi vida! La próxima vez que lo vea voy a…
—Aunque lo que hiciste sí fue espantoso. Creo que era de esperarse algo así.
Voy a… llorar. Ugh, pensándolo bien, no quiero volver a verle. Sakura apreciaba la sinceridad de Tenten, pero-
—Jamás pensé que pudieras hacer algo así. Aunque, considerando la primera vez que nos conocimos, lo encuentro factible. No sé si decir; "que agallas tienes" o "eres horrible".
La pelirrosa se iba encogiendo en su lugar cada vez más y una bruma oscura le rodeaba como signo de depresión.
Aprecio tu sinceridad…
Antes de hundirse en su miseria de nuevo, Tenten palmeó su hombro. Sakura levantó la mirada, y ella le dio un suave gesto, animándole.
—Debe ser muy duro. Es difícil para mí ponerme en tu lugar y justificar lo que hiciste, pero tan solo ver tu rostro puedo saber cuánto te ha dolido todo esto.
Los padres de Sakura le habían consolado a su manera, sin embargo, Sakura no podía sacudirse ese sentimiento de fría soledad. Sus padres podrían saber por lo que estaba pasando, pero había una brecha generacional, donde para ellos lo que ocurría era algo desagradable, pero no el fin del mundo. Los padres solían estar para ti, pero también pensaban que los hijos debían afrontar situaciones que a la larga les haría crecer y dejaría un aprendizaje. Que cuando fueran adultos se reirían de lo ocurrido o bien, entenderían que no era lo más grave que pudiera suceder.
Aunque Sakura entendiera ese razonamiento, no podía dejar de vivir en el presente, donde aún era una adolescente de diecisiete años que no lograba escapar de los abrumantes sentimientos que le asfixiaban.
No tener a alguien a su lado que pudiera entenderle de verdad, la gravedad que esto era para su joven persona, también era pesado.
Pero en ese momento la agobiante opresión en su pecho y el frío de la soledad que le estuvo envolviendo, se tornó menos fuerte. La compasión de alguien más fue inesperada, pero Sakura lo agradeció de verdad.
Por primera vez pensó que esos días restantes serían solo un poco más llevaderos.
—¿Crees que sea buena idea?
Sakura encontró refugio en Tenten. O al menos, con quien almorzar, pues a diferencia de ella, la castaña no podía permitirse faltar a clases. Sakura agradecía no estar en su último año, o su situación sería peor.
Pero eso es bueno, ya que se sentía un poco menos sola.
Luego de su plática el día anterior, Tenten le había invitado a pasar el rato con ella, y Sakura pudo haber llorado de agradecimiento, pero tal parecía que sus lágrimas se habían agotado.
En ese momento no estaban en la cafetería, sino en la biblioteca. Mientras que Tenten estudiaba, Sakura mataba el tiempo con sus propias notas, en lugar de estar en su clase.
—Supongo que estar aquí es mejor que estar llorando en el baño.
—Uff, que triste.
Tenten pensó que ese comentario era un intento de sarcasmo, y Sakura prefirió omitir que esa fue su realidad un par de días.
—Pero no me refería a saltarte las clases —Sakura dejó de ver a su libro y miró a la castaña. Ella en ningún momento despegó la vista de sus estudios, pero aun así le explicó— ¿Vas a evitarles para siempre? Tuviste valor para hacer todo lo demás, deberías usar ese mismo valor para hacerle cara a las consecuencias.
No era que le estuviera corriendo de su lado, sino que de verdad le cuestionaba porque le importaba.
—Nunca nada bueno resulta de mis "intentos" de solucionar las cosas.
—¿Así que te rindes y ya?
—… No es como que pueda hacer siquiera intentarlo. Me evitan como la peste.
—Eso sí me decepciona de ti. La Sakura Haruno que jugó a mi lado no se quedó en el piso luego de fallar un pase o perder una partida.
Sakura estaba dividida entre la confusión de sus palabras y lo que le estaba incitando. Un parte de ella quería explicar cómo una cosa y la otra eran muy diferentes, pero cuando por fin Tenten levantó su vista y le miró brevemente, una pequeña sonrisa alentadora le fue brindada.
Claro que un partido de vóleibol no era igual que la situación en la que estaba… pero no era el qué, sino quién.
Tenten rio bajito al ver la cara de Sakura iluminarse.
Pensar algo y hacerlo realidad era, a veces, algo imposible. Eso ya lo sabía ella muy bien. Aun no sabía si era buena idea o de siquiera poder llevar a cabo lo que quería. Pero prometía intentarlo.
—…
—… ¿Y bien? ¿Me harías ese favor?
Sakura no estaba segura de que estaba pensando Sai. Con ese rostro pocas veces expresivo, ella comenzó a dudar. Él solo le miraba, como si fuera un bicho extraño, pero no mostraba nada más.
—Por todo lo que sé, lo mejor sería que no.
—¡Oh, vamos!
Tenten le había hecho sentir esperanza y ánimos, por eso Sakura se había hecho ilusión de intentar no rendirse aun.
Hice mal, lo sé. No dije la verdad cuando debía, lo sé.
Nada de lo que hizo podía ya solucionarse ni borrarse, pero tampoco debía sentarse a llorar y esperar que el dolor desapareciera. De todo lo que hizo mal y omitió hacer, si al menos pudiera hacer solo disculparse…
Sai dejó de mirarle y volvió su atención al cuadro frente a él. Sakura contuvo el suspiro de desilusión.
Me he ganado esto. Anteriormente pudo haber hecho un comentario grosero, pero desistió. Entendía perfectamente porque Sai se negaba. Sakura trató de pensar cómo convencerle, mientras que mantuvo silencio.
Conocía a Sai desde hace solo un par de años, y nunca había sido tan cercana a él como con Naruto o Sasuke, pero le conocía lo bastante como para saber que cuando Sai se concentraba en sus pinturas, no se le debía gritar ni distraer mucho. Tampoco era como que él quitara su atención fácilmente de sus cuadros.
Sakura se removió en su lugar, caminó entre el salón y miró alguno de los cuadros, reconociendo unos o sorprendiéndose con otros. El olor de la pintura fresca llenaba el lugar, y Sakura momentáneamente se distrajo con su alrededor.
—Creo que intenté mantener todo intacto e imperturbable… pero fue imposible.
Como esos cuadros, con una imagen estática que no cambiaría su escena, ella quería mantener a Sasuke y Naruto a su lado de la misma manera; Incambiables, inalterables.
Pero fue idiota y caprichosa. Debería simplemente aceptar que arruinó todo y nada volvería a ser como antes.
—Incluso con el tiempo los dibujos se desgastan, las imágenes se hacen menos nítidas.
Sakura giró brevemente ante Sai. Ni ella había esperado hablar en voz alta, ni que él entendiera lo que su mente divagaba y su boca soltó con añoranza. El chico sostuvo su mirada, y Sakura sintió el pesado juzgar y desagrado por parte de Sai.
—No pienso empeorar las cosas.
—Lo dudo. Es como si todo lo que tocaras se echara a perder.
Ouch.
Ella levantó una mano, como pidiendo tiempo para recuperar un poquito de cara que se le cayó al suelo ante el comentario. Luego suspiró, le habló con sinceridad.
—Solo quiero discúlpame con Naruto.
—No creo que merezcas su perdón.
No, ni en un millón de años. —No hago esto por eso.
—¿No es tu deseo egoísta de calmar tu culpa lo que te motiva?
Ouch, por dos.
—En parte, sí —dijo luego de tomar aire. Con los golpes verbales de Sai, Sakura había estado mirado al piso, pero ahora levantaba la vista. Porque eso era importante, y porque estaba decidida—. Pero no estoy buscando perdón. Ya lo dijiste, no lo merezco. Pero creo que Naruto sí merece que le pida disculpas.
Porque lo que ella debió hacer desde el principio fue disculparse con él. Por como trató a Hinata durante su relación, por haberles hecho romper, por mentirle y dañarle y por ocultarle todo.
Bien sabía Sakura que tenía un lugar en el infierno por desgraciada, pero no quería evitar eso, no.
—No es manipulación, no es con intensión de nada que me beneficie. Ya acepté que me merezco estar sola y que unas disculpas vacías no arreglaran nada. Tampoco quiero eso. Pero Naruto se merece, como mínimo, que me disculpe sinceramente.
Su voz no tembló, a pesar de sus ganas de gritar.
—Sai, no lo hagas por mí, sino por Naruto.
Porque de entre todos, es él quien más merecía una verdadera disculpa.
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—Esperaba que lo citaras en tu casa o en algún lugar público —Sakura refunfuñó. Y es que estaban afuera de la casa de Naruto, y eso le inquietaba.
—No pensé que quisieras hacer el ridículo de nuevo en público, fea. Y no quiero que mi salón se inunde de lágrimas y dramatismo —Sai replicó. Aun no estaba muy comprensivo con Sakura, pero había accedido a ayudarle, así que ella solo frunció el ceño—. Si te molesta, ve tu sola.
La chica se mordió el labio, no queriendo decir algo para que Sai se fuera.
Claro, si fuera tan fácil, ya lo habría hecho. Pero no tenía cara para ir antes a la casa de Naruto ni hablarle ella misma. Estaba segura de que él no contestaría o se negaría a verla. Pero, de alguna manera se sentía incluso más incómoda así, dentro del auto del primo de Sai, esperando a Naruto afuera de su casa.
Me había imaginado esta escena un poco menos… patética. Tampoco esperaba estar así de nerviosa.
—¿Por qué tarda…?
Y es el momento en que la puerta principal se abre y Naruto sale de ella y saluda a Sai, caminando hasta él. Al mismo tiempo, Sai, quien todo ese tiempo estuvo fuera del auto, junto a la puerta del copiloto esperando, se movió de ahí, dejando ver a Sakura.
Cuando Naruto miró a Sakura, se detuvo en sus pasos. Durante esos segundos Sakura sintió su estómago más incómodo que antes. Incluso durante la espera, cada minuto que pasaba iba a afectando a la pelirrosa más de lo esperado. Lo que había pensado en decir se volvía difuso y ella juraba que sentía su almuerzo regresar por su esófago.
Pocas veces había estado así de nerviosa y ansiosa.
Y al parecer no era la única con mucha presión, porque Naruto parecía dispuesto a regresar a su casa. Eso fue suficiente para que Sakura despertara de su embotellamiento. Ni idea de cómo se movió tan rápido, abriendo el auto, saliendo de él y alcanzando a Naruto.
—¡Espera! —su voz sonó como un graznido, demasiado alto para su gusto, y ante su impulso frenético, ella le tomó del brazo. Ese simple contacto les congeló a ambos en su lugar. Incrédulos, miraron hacia su toque y luego de entender de que era real, Sakura soltó el agarré y Naruto dio un paso atrás. Al menos él ya no se dirigía adentro de la casa—. Naruto...
—… Uhh… hola.
Ambos se interrumpieron. Decir que estaban incómodos era poco. A Sakura le costaba mirarle a la cara, y lo mismo para Naruto. Claro que los motivos eran diferentes, pero la tensión era tan palpable.
Sai, quien les observaba, concordaba que era una escena ridícula. Pensaba que ese par se veían incluso más feos que de costumbre.
—No entiendo porque no dieces nada, fea. ¿Me obligaste a llamarle para quedarte callada?
Tch. Sakura miró feo en dirección a Sai. ¡Capta el ambiente, tonto!
—¿Fue así?
Pero lo que dijo Sai llamó la atención de Naruto, quien por fin se atrevía a verle a la cara. Sakura rápido captó eso, y sin saber cómo, su boca comenzó a moverse.
—Esto… no es como lo imaginé —susurró, penosa. Naruto se mostraba cauto. Quizá pensó que Sai le había arrastrado hasta ahí. Ah, cierto, no habría manera en que yo viniera a buscarte por mi cuenta, ¿verdad?—. Pero ya estoy aquí.
—¿Qué es lo que quieres, Sakura-chan?
Y aunque en su tono no había hostilidad, Sakura sintió un golpe. Porque Naruto trataba de eludirle, porque no quería estar frente a ella. Merecido, sí, pero no dejaba de doler.
De alguna manera se sintió perdida. ¿De verdad valía la pena intentar? ¿Podría curar la herida que le causó?
No.
—Tengo cosas que hacer, será mejor que regreses y-
—Lo siento Naruto, pero me escucharás.
Contrario al llanto que sentía por dentro, Sakura habló sin romperse. Ni idea de donde salió la fuerza para que su voz no temblara. De hecho, se plantó en su lugar y su mirada no tambaleó.
No cambiaré nada, no solucionare nada… pero esa no era la intensión de todo esto.
Él ya estaba por protestar, las palabras de ella le habían dejado algo perplejo, porque se esperaba de ella un actuar más dócil y sumiso debido a la culpa y el remordimiento, pero no fue así.
—Tengo una y mil excusas que utilizar para orillarte a que me perdones. Podría justificarme y hacerme la víctima y seguro te sentirías mal.
—Qué…
—Espera —levantó su mano para interrumpirle—. No haré nada de eso. No podría. Incluso alguien como yo puede tener vergüenza y remordimientos.
Alguien tan rastrera, egoísta y vil. Porque así sabía era ella para Naruto y Sasuke y todo aquel que le conociera tan solo un poco. De hecho, ella misma sabía que era alguien horrible.
Y ahora entendía porque nunca tuvo más amigos. Y como Sasuke y Naruto habían sido un milagro que ella misma se había encargado de arruinar.
Mordía su labio en un intento de que no temblara ni que su voz se rompiera. El rubio no le estaba acusando con palabras ni era hostil hacia ella -algo que totalmente se merecía-, pero era el tono serio y esa mirada de desconfianza que a Sakura le sentía como puñaladas.
—Naruto, nunca me va a alcanzar la vida para dejar de arrepentirme. No habrá un momento en que desee no haber actuado como lo hice, contigo, con Sasuke y Hinata y... bien, con todo mundo. Fui una estúpida, lo sigo siendo. No sé cómo ambos me soportaron por tanto tiempo. Es increíble que haya tenido que hacer algo tan horrible para que se dieran cuenta del asco de persona que soy. A decir verdad ustedes están mejor sin mí.
—Sakura-chan…
—Naruto, lo siento tanto —el nudo en su garanta regresaba, su voz ahogada, pero eso no le detuvo— no soy tan tonta para pedir que me pendones. No vine aquí por mí. Esto suena tonto, pero es la verdad: no quiero que sigas sufriendo. Porque esta idiota que llamabas "mejor amiga" te traicionó e hirió horriblemente. Estoy aquí para hacer eso que debí hacer hace mucho. Lo siento. Verdaderamente, me arrepiento de haberte lastimado, de causarte dolor y arruinar tu relación.
Porque "lo siento" sonaba como poca cosa, pero de la boca de Sakura no salía un "perdóname", porque lo sabía egoísta, como si rogara por el bien de ella, como para salvar su consciencia, y de eso no se trataba. Ella quería que las heridas de Naruto sanaran con el tiempo, y creía que iba a ser más difícil si la causante de todo no se disculpaba como mínimo.
Un simple "lo siento", pero eran todos sus sentimientos tras este, que Sakura quería que llegaran a Naruto y que pudiera cerrar un poco el daño, por el propio bien de él.
Porque te amo, porque te admiro, porque quiero que seas feliz.
Por todo eso que nunca le dijo y ya no podría hacerlo, Sakura quería que sus verdaderas emociones llegaran a él y le ayudaran a sanar.
Naruto estaba sin palabras, sin moverse ni saber qué hacer. Solo observando a Sakura, sus ojos verdes brillantes por las lágrimas contenidas y la fuerza de sus palabras, su sinceridad.
Lo increíble no era que pasaran cinco días para que se animara a ir hasta su casa, sino que en realidad lo hiciera.
Ino aún no podía creer lo cobarde que fue. Lo justificaba; ella también había sido víctima, y estaba reticente de ver a Sakura. No creía ser una mala persona, solo estaba lastimada, y necesitaba tiempo para asimilar.
Repasaba las palabra de Shikamaru, y había lógica en estás. Lo más sano era terminar el contacto con Sakura, alejarse de quien ya una vez te hizo daño. Y a pesar de que lo entendía, le era difícil concebirlo.
Pensó que era tonto. ¿Cómo podía estar tan indecisa en terminar una amistad de tan poco tiempo?
Es solo que Sakura es… cálida, y divertida. Ella no me desprecia ni me juzga con maldad.
Porque Sakura era torpe, egoísta y egocéntrica, pero jamás había hablado mal de ella, no le había engañado ni le había hecho daño a propósito.
Lo de Kiba no debería ser la gran traición, pues poco habían salido, y no eran oficiales. Ella estaba al tanto de que se había emocionado muy rápido con él, porque había deseado con todas sus fuerzas que un romance hermoso naciera de entre ellos.
La verdad, pude haber deseado lo mismo con cualquier otro chico.
Y dolía en su orgullo como le trató al final, pero también, muy en el fondo, sabía que no era amor, más que un poco de atracción lo que sintió por él.
—Pasa, está en su habitación —la madre de Sakura invitó a la rubia cuando esta se presentó en la puerta, preguntando por la pelirrosa.
Ino notó con la madre de Sakura se mostraba algo agradecida, e Ino sonrió un poco, en una muestra de solidaridad.
Sakura debía estar pasándola peor, podía asumir acorde a lo intranquila que estaba su mamá.
Tocó varias veces la puerta de la habitación, pero no recibía respuesta. Luego de otro momento, decidió entrar. Abrió de a poco la puerta, y pasó su mirada en esa habitación donde antes habían pasado el rato. Se tardó un poco, pero cuando divisó a Sakura, perdió las palabras.
La chica estaba sentada a los pies de la cama, sobre la alfombra. Su barbilla recargada en sus rodillas, y su mirada perdida.
Ino dudó.
Fue con la intensión de terminar esto que le hacía dudar, pero la imagen que veía era difícil.
Sakura debió sentir la presencia ajena, ya que miró hacia su dirección y sus ojos se agrandaron en sorpresa.
—¿Ino? —su voz ronca, sus ojos rojos igual que su nariz. Ella se veía tan vulnerable. Le había visto en la escuela, y podía notar lo perturbable que estaba, pero ahora… ahora era un nivel diferente.
Sakura estuvo haciéndose la fuerte, pero dentro de su habitación no tenía a nadie a quien enfrentar. Incluso si en ese momento no estaba llorando, era tan clara la agonía que le consumía.
—Lo siento tanto —la voz de Ino se rompió.
Aquel miedo y resentimiento que le había estado deteniendo, manteniéndole alejada de la pelirrosa se desvaneció. Simplemente llegó hasta donde ella y le miró a la cara.
—Soy yo quien debe disculparse —la pelirrosa mordía su labio, intentaba no llorar—. Debí hacer lo que me decías, pero fui una cobarde y estúpida. Disculpa que esta idiota te haya arrastrado en toda esta mierda.
—La más idiota.
Sakura medio bufó, a pesar del nudo en su garganta.
—Nunca escuchas. Te la pasas en tu mundo de fantasías idiotas. Eres terca y volátil. Eres un dolor de cabeza. Tonta, emocional y ridícula.
—¿Es parte de mi encanto?
Ino suspiró, ofendida. O fingiendo estarlo.
—Ino, de verdad lo siento tanto. Tú no tienes nada por que disculparte —Sakura trató de sonreír, deseando que Ino no sintiera culpa alguna. Pero Ino negó con la cabeza. Ella no tuvo tanta suerte con eso de "contener el llanto".
—Te dejé sola.
—Me lo merecía.
—No, nadie nunca se merece eso.
Ino podía ver como Sakura quería contradecirle, pero desistió, porque los ojos azules de Ino se mostraban sinceros.
—Perdón, estaba muy confundida.
—Ino, no merezco tu preocupación —ella pasó saliva, fue difícil—. Estos días fueron… malos, pero no son nada a comparación de lo que merezco. Lastimé a tantas personas, soy alguien horrible. Cuando tú no llamaste más… yo lo entendí. Que era mejor que me dejarás. Pensé "ella siempre ha sido muy lista, sabe que lo mejor y más sano es alejarse de mi". Porque a la larga, termino hiriendo a los que están cerca de mí.
—Pero estoy aquí.
—Aun no es tarde.
Para que se levante, se despida y la saque de su vida. Como lo hizo Naruto y Sasuke.
En Sakura ya no había odio, desprecio ni miedo a que le dejaran sola. Sabía y asumía que era algo que debía suceder. E Ino pensaba que así debía de ser.
Ino se levantó, miró a Sakura desde arriba y la sonrisa triste de a poco se desvaneció.
—Pero creo que tu estupidez es contagiosa, ¿sabes? —Ino le tendió la mano, ofreciéndole levantarse. Ella rio bajito al ver la sorpresa en la cara de Sakura—. Porque es probable que sea una masoquista o una toxica, pero aun así lo intentaremos de nuevo.
—¿…Estás segura?
La rubia pareció pensárselo unos momento, luego suspiró.
—Por el momento apostaré por ello. Quita esa cara de borrega degollada, frentona. Sabes que aún tenemos mucho que platicar.
—¡Inochichi!
Por primera vez en días, las lágrimas de Sakura eran de alivio.
—¿Teme?
Naruto se notaba sorprendido, y casi alarmado, Sasuke podía ver. Entendía que había ido a su casa sin avisar, pero no era algo tan fuera de lo común para que el rubio se mostrara así.
Sasuke no respondió verbalmente, sino que hizo un movimiento con su cabeza, en parte como saludo, y caminó hasta el pórtico de la casa, donde Naruto estaba sentado.
—No contestabas mis mensajes.
Por eso había decidido ir, para verificar si estaba ocupado o trataba de evitarlo.
—Oh —Naruto se rascó la cabeza, pensativo. Luego tomó su teléfono del bolsillo trasero de su pantalón—. Está sin batería.
Sasuke apenas si levantó una ceja en reconocimiento a lo que dijo, pero por dentro sintió un poco de alivio. Al menos era eso y no que le estuviera ignorando.
—¿Qué haces aquí? —preguntó por fin.
No era común que Naruto estuviera sentado fuera de su casa en plenos invierno, solo y con cero de batería en su teléfono. En otras palabras, era una escena totalmente extrañ hecho, lo primero que notó Sasuke fue lo absorto que el rubio se veía.
—Uh… estaba, pensando…
A Sasuke le pareció extraño como Naruto parecía renuente a responder.
Aunque creyera que Naruto no estaba dando una respecta clara, Sasuke lo dejó pasar. Después de todo, era creíble que estuviera pensando sobre todas las estupideces que han pasado. Por eso no dijo nada más, se mantuvo de pie en silencio.
—¿Sucede algo? —preguntó Naruto, mirándole con preocupación. Ahora fue turno de Sasuke se esquivar la pregunta. Desvió la mirada, como si buscara algo en las casas vecinas, pero la verdad era que no sabía cómo hablar.
El ambiente entre ambos era penoso.
Sasuke pensaba que haber ido no era buena idea, porque sentía como si forzara el estar cerca de Naruto, como intentando a gran escala actuar como si nada. Muy a pesar de que había un gran espacio vacío entre ellos, Sasuke no quería reconocerlo.
Y le pesaba estar ahí con Naruto, porque estar cerca de él era ser rodeado por esta sensación dolorosa y de traición por parte de aquella que no estaba más a su lado.
Pero era incluso peor quedarse en su casa. Estando solo en su habitación, su mente no le daba tregua y recopilaba todo lo sucedido, y las emociones le azotaban incluso con más furia.
Al menos con Naruto podía compartir esas emociones, hacerlas más tolerables, o bien, eso pensaba.
—Ne, Teme… —luego de un momento, Naruto le llamó. Sasuke volvió a mirarle, esperando—. Crees… ¿crees que estamos siendo muy duros? Sak-
—Que estupidez —no, Sasuke no le permitió terminar. No era necesario escuchar todo el nombre para saber a quién se refería. De hecho, ni siquiera quería escuchar su nombre.
Naruto se removió, nervioso. Y cuando habló, lo hizo muy rápido y atropellado, que a Sasuke le costó un poco entenderle a la primera.
—Tú la viste el otro día, se veía tan mal —la preocupación de Naruto era sincera, la urgencia en su tono también.
A sus palabras, Sasuke no pudo evitar lo que le decía el rubio. Le vio tan miserable, sola y aturdida a un lado de su casillero.
A Sasuke le ardía la sangre con esa imagen, que solo evocó otras más, y con estas el odio volvía a resurgir y a arrastrase por su piel. Apretó los labios y los puños, controlándose para maldecir.
—Me siento mal…
—Detente —comenzaba a sentir dolor de tan fuerte que estaba apretando su mandíbula—. No sigas diciendo idioteces.
—Pero Teme-
—Naruto. Basta.
Sasuke no podía concebir que Naruto se sintiera mal por Sakura. Por un carajo, ¡él debería estar odiándola, no sintiendo lástima por ella!
—Los amigos no se tratan de esta manera.
Sasuke bufó.
—Tienes razón. Los amigos no son traicioneros y rastreros con los otros. No confabulan, no manipulan, miente ni hieren a sus "amigos".
—¡Pero ella también está herida!
—¡Y con una mierda! ¿No se lo merece?
Después de todo, ellos no le pagaron con la misma moneda. ¡Mierda, Naruto, no seas débil!
Detestaba esto, ese poder que siempre supo que Sakura tenía sobre ellos, que nunca antes lo creyó como algo malo, y ahora podía ver cuando equivocado estaba sobre eso.
Debería estar aliviada de que no le odias. Debería estar saltando de alegría al no ser recriminada ni humillada ante todos.
La paciencia y control de Sasuke se iban desvaneciendo, y la furia y la traición se reflejaban una vez más.
—No vine para esto.
—¿No le vas a perdonar?
—No.
—¿Nunca?
Le miró con enfado. No contestó, y la cara de Naruto se mostró más miserable.
Era ridículo, como siendo Naruto la victima aquí, abogaba por la persona que le hizo todo el daño, y Sasuke, quien apenas sí era uno de los implicados en el engaño, sentía tanto rencor contra Sakura. ¿Era razonable? ¿Por qué le llenaban tantos sentimientos horribles? No había coherencia para la traición que sentía, provocada por Sakura.
—¿Incluso si ella intenta disculparse contigo?
No pudo evitar el temblor en sus hombros, como si las palabras de Naruto cayeran como agua fría sobre él. Se imaginó a Sakura, sus ojos con lágrimas, nariz roja y voz rota, diciendo su nombre y rogando por disculpas. Eso le revolvió el estómago y le un nudo en su garganta.
Siquiera imaginar esa escena era horrible, no quería, por ningún motivo vivirla.
—No quiero ni verle.
Y Naruto le miró con mucha tristeza—. No lo dices en serio.
—No ves que me ría, ¿cierto?
No, la cara de Sasuke era una llena de enojo y seriedad. Naruto no necesitaba ser un genio para entender cómo se sentía Sasuke, pero deseaba que no fuera así.
—Desearía que nada sucediera como lo hizo —sus hombros caídos, su tono miserable. Sasuke se molestó más, porque Naruto se sentía culpable. ¡No tenía porque!—habría preferido no saber…
—Yo lo agradezco. Gracias a eso pude ver la clase de persona que ella es de verdad.
Sentía tanto odio. Se sentía tan estúpido y ciego. De no haber sido eso, ¿Qué le habría abierto los ojos? ¿Cuán peor podría sentirse ante otra situación peor que ésta provocada por ella?
—Teme…
Detestaba a Sakura.
—Escúchame, Naruto —le tomó de los hombros, sorprendiendo al rubio por el agarre y la fuerza de este, pero sobre todo, preocupado por la firmeza y el rencor con el que Sasuke se expresaba—, no te atrevas, por ningún motivo, dejarte llevar por la culpa. Tú no estás haciendo nada mal y la víctima no es ella.
Sasuke no podía permitir que Sakura siguiera jugando con Naruto.
Naruto no respondió de inmediato y Sasuke repitió sus palabras. Luego, se dio cuenta de que el rubio evitaba mirarle. Por alguna razón, Sasuke presintió que estaba evitando decirle algo.
—No te enojes…Verás, no fue idea mía. Sai me llamó y, bueno, Sakura-chan vino y…
Con un demonio.
.
—Luces particularmente molesto, hermanito.
Fue lo primero que Itachi dijo cuándo Sasuke entró en su campo de visión. Él estaba de camino a su habitación y se detuvo por el sonido de la puerta, viendo al chico.
La única respuesta de Sasuke ante el comentario, fue la breve mirada que le dio, en su rostro se podía ver con perfecta claridad el enojo. Itachi solía bromear con él y el mal humor de este, pero el tenso caminar de su hermano y sus casi violentos movimientos fueron una advertencia muy clara: no estaba para juegos.
Itachi, sin palabras, observó a su pequeño hermano pasar por su lado, caminar hasta su habitación y encerrarse en esta, como lo había estado haciendo desde el viernes pasado.
—¿Era Sasuke-chan? —Itachi escuchó a su madre desde la cocina, luego le vio acercarse. La mujer se mostraba confundida, y algo preocupada.
—Sí.
Mikoto se llevó una mano a la mejilla, su angustia más notoria—. Estoy preocupada por él.
Sin replicas tajantes o respuestas molestas, este callado e irritado Sasuke era la escala más alta de enojo en él. En su familia sabían que algo estaba sucediendo, pero el chico no se había acercado a ninguno para hablar.
—Dale un poco más de tiempo.
Sasuke necesitaba calmar sus emociones.
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Estaba muy indecisa de su subir el capítulo completo o dividirlo, pues fue cansado escribirlo y editarlo, que pensé que 16 mil palabras sería pesado para quien lo lee.
Ya que la cuenta regresiva empieza, díganme cómo creen que va a terminar la historia -inserte mirada curiosa-.
