Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capitulo 12
Ichigo
Subo al despacho de mi hermano y entro tras tocar la puerta. Está hablando por
teléfono, cuelga al poco y me mira.
—No te esperaba por aquí.
—Esta mañana Rukia fue atacada por un perro y vine a ver cómo estaba.
—Rukia. Últimamente estás siempre pendiente de ella —pienso qué contarle pero
sé que Kaien sabe leer en mí lo que trato de ocultarle, por eso ni intento hacerlo.
—No te lo niego, tiene algo que me hace querer cuidarla.
—A mamá también le pasa y, por si no lo sabes, espera que dejes a Senna y te vayas
con Rukia.
—Es complicado no saberlo cuando me lo dice sin ambages constantemente. Pero
eso es algo que no pasará —Kaien no dice nada, él me entiende mejor que nadie.
—¿Y qué te ha traído a mi despacho?
—¿Tú sabías que están haciendo fotos a Rukia para una campaña de publicidad?
—No, no sabía nada.
—Por lo que he podido saber, Rukia cree que es para una joyería pequeña, pero el
maletín de las joyas lo custodiaba un guardaespaldas y eran joyas muy caras...
—¿Crees que Gin le ha mentido?
—Sí. He notado algo raro en su cara cuando ha mostrado las fotos de Rukia. Estaba
nervioso —Kaien hace unas llamadas y lo escucho hablar.
—¿Y no podían traer a nadie de la agencia? Trabajamos con muchas agencias de
modelos y algunas de esas modelos viven este pueblo... Envíame las fotos. No mandes
nada sin mi permiso. ¿Y una tienda tan pequeña se puede permitir todos estos
costes?... envíame todos los datos —cuelga y me mira—. Al parecer es cierto que la
chica que tenían que mandar de la agencia se ha puesto enferma y el cliente quería
explícitamente alguien con el pelo negro y unos labios besables y atractivos, y Gin
pensó en Rukia. Lo que me extraña son las prisas, porque todo esto supone un coste
mayor —asiento—. Me acaba de llegar un correo.
Me acerco hasta su ordenador, vemos el contrato y la joyería que ha contratado la
campaña. Es pequeña pero se nota el lujo en ella. Kaien abre las fotos de Rukia,
algunas ya retocadas. En las retocadas no se le ve el rostro pero sí su cuello y sus
labios... y sí, yo mejor que nadie sé lo deseables que son sus labios y no puedo negar
que está espectacular. Más que eso, su belleza es tan dulce y natural que cualquiera
que la ve querría ponerse esas joyas y sentirse tan hermosa.
—Son muy buenas. Rukia es muy atractiva.
—Eso lo sé —le digo, tenso, y me acuerdo de ella entre mis brazos, con sus ojos
nublados por la pasión... aprieto los puños—. Estuvo saliendo con Kugo —le digo,
para que la rabia que me produce el imaginarla con él me haga olvidar lo que sentí
cuando la hacía mía. Aunque tenga los recuerdos borrosos no puedo ignorar lo que me
hizo sentir.
—Tiene muy mal gusto, casi tanto como nosotros —dice, con amargura, y es que
Kaien está pasando lo suyo con su esposa.
Cuando nazca el bebé se hará las pruebas de paternidad sin que su mujer lo sepa.
No piensa dejar al niño desatendido, está cuidando que todo salga perfecto porque el
bebé no tiene culpa, pero sí que piensa dejarle las cosas claras a su mujer. Es casi
seguro que no sea suyo, ya que cuando ella alega que se quedó en estado ellos apenas
mantenían relaciones sexuales, sólo muy esporádicas.
—Al parecer, al soso de Kugo le va el sado.
—¿En serio? —sonríe—. Quién lo diría... parecía tonto. ¿Y a Rukia le va? —me
tenso—. ¿Y por qué lo iba a saber yo?
—Te delatas, hermano. Algo ha pasado entre vosotros.
—Nada —digo, entre dientes—. Me voy a dormir, he estado de guardia y estoy
agotado.
—Te enviaré las fotos de Rukia por si las quieres tener de recuerdo.
—Haz lo que te dé la gana. Adiós.
Me marcho, inquieto por el hecho de que Kaien me conozca tan bien y lo que he
visto en su mirada. Que Rukia me importa más de lo que estoy dispuesto a admitirme
a mí mismo. Y, joder, no hace falta ser muy listo para saberlo si la gente me conoce
bien, en todos estos años nunca ha sentido esta conexión por nadie que no sea de mi
familia. Por eso mi madre está tan pesada. Desconozco lo que me pasa con Rukia,
pero sí es cierto que lo que ella me trasmite nunca lo había sentido con nadie.
Son cerca de la una de la mañana cuando me vibra el móvil que tengo en la cama,
junto a mí. Estaba leyendo, aunque trate de no dormir mucho para poder dormir esta
noche, no tengo sueño. Y esperaba este mensaje, intuyo de quién es. Desbloqueo el
móvil y veo que es un WhasApp de Rukia.
R: ¿Estás despierto?
I: Estaba leyendo. Prepárame un vaso de leche con cacao y yo bajo las galletas.
R: ¡Perfecto!
Cojo un paquete de galletas, me pongo las zapatillas y un jersey gris que uso para
estar por casa. Bajo y toco al timbre, Rukia me abre enseguida. Lleva un pijama
sencillo de manga larga arremangado.
—Siento las horas...
—Esperaba que me llamaras. Si de niña te atacó un perro, tras lo de esta noche, era
una posibilidad que tuvieras pesadillas.
—Hablas como si fueras conocedor de tenerlas. Aunque no sé de qué me extraña, te
han disparado dos veces. Algo así no se olvida.
—No, nunca se olvida.
Rukia sigue preparando la leche y, cuando está lista, la deja sobre la mesa de su
pequeño salón. Me fijo, sin poder evitarlo, en sus pechos y me percato que bajo el
pijama no lleva sujetador. Me excito y recuerdo lo que sentí al tenerlos entre mis
manos. Joder. Esto no está bien.
—¿Sería mucho pedir que te pusieras ropa interior? —Rukia baja la mirada y se
sonroja hasta la raíz del pelo, dejándome claro que ni siquiera era consciente de que
había salido de la cama tal cual.
Si esto viniera de otra persona con las que he estado sabría que era una
provocación para que cayera en sus redes. Estoy harto de las manipulaciones sexuales
de Senna, por ejemplo, que cuando ve que la cosa no le gusta, me seduce para que me
calle. Pero con Rukia todo es diferente.
—Lo siento... —se gira y va hacia la cómoda. Saca un sujetador sin tirantes.
Debería apartar la mirada, ella se ha puesto de espaldas para que no vea, pero no lo
hago. Rukia se alza la camiseta y no veo nada hasta que distingo su tatuaje y el verlo
activa un recuerdo en mí del otro día. Voy hacia ella y, sin pensar bien lo que hago, la
giro, le alzo la camiseta para verlo bien y ahí está. Esa cicatriz inequívoca de que a
Rukia le han disparado.
—Esto es la marca de un disparo —Rukia empieza a negar con la cabeza. Me alzo
la camiseta y le muestro mi tatuaje para que vea como la tinta negra tapa un disparo en
el pecho—. Sé de lo que hablo, Rukia. Evita tomarme por tonto.
Rukia se aparata y se sube el sujetador sin dejarme ver nada. Se tapa con la
camiseta.
—¿Acaso me vas a decir tú quién te disparó?
—¿Si te lo dijera lo harías tú? —parece muy tensa—. Además, en mi trabajo no es
raro. Si te lo digo, ni lo conocerías.
Evito agobiara para que no se cierre en banda. Necesito saber quién estuvo a punto
de matarla. ¡Joder! ¡Le han disparado! Intento calmarme pero necesito respuestas y las
quiero ya.
—No puedo decírtelo —me responde—. Es mi pasado, y cada uno hace con su
pasado lo que le da la gana.
—¿Eres consciente de que no es normal que a alguien le disparen?
—Pues aquí hay dos personas a las que les han disparado...
—Te recuerdo que en mi caso sí lo es. Mi trabajo es peligroso, el tuyo no —noto
que la recorre un escalofrío—. Rukia, ¿Corres peligro? ¿Es por eso que huyes de un
trabajo a otro y de una ciudad a otra? —por su mirada sé que sí.
—Si mi vida corriera peligro ya me habrían matado, de esto hace catorce años...
Saco cuentas, Rukia tiene veintiséis. Le dispararon con doce, era una niña.
—¿Es por eso que acabaste en un orfanato? —me mira enfada porque estoy atando
cabos con bastante rapidez—. ¿Qué te pasó para que acabaras en un orfanato? ¿Ese
policía que te cae mal trataba de saber quién te disparó? ¿Por eso no querías que
fuéramos amigos?, ¿porque sabías que yo también querría saber la verdad y tú no
quieres que se sepa? —ahora todo cobra sentido.
—¡Déjalo ya, Ichigo! Es mi pasado, es mi vida y tú y yo sólo somos amigos... ¡No
tengo por qué contestarte a nada!
—¡Me gustaría saber si corres peligro!
—¡No!
—¡Pues no me gusta saber que un desgraciado te disparó! ¡O que estuvieses a punto
de morir por una bala perdida!
Me paso las manos por el pelo, inquieto. La imagen de una Rukia niña, herida, no
me gusta nada.
—¿Corres peligro? —le repito, no contento con su primera respuesta.
—No —me giro y le cojo la cara entre mis manos.
—¿Corres peligro? —en sus ojos veo duda cuando le pregunto de nuevo; siento que
hay mucho más de lo que cuenta—. No me mientas, Rukia.
—No lo creo. Ha pasado mucho tiempo...
—Tal vez no te han encontrado y te están buscando.
—No lo creo.
—Sí lo crees, lo veo en tus ojos —se separa.—Ichigo, si quisieran acabar conmigo
lo hubiera hecho cuando era una niña indefensa. No ahora, que ha pasado tanto tiempo —
tiene razón, pero sigo inquieto.
—¿Fue en un fuego cruzado? ¿Una bala perdida? —no hace falta que responda, en
sus ojos he visto que no—. ¿Quién fue?
—¿Quién te disparó a ti en el pecho? ¿Y en la pierna? —me tenso—. No me exijas
lo que al parecer no estás dispuesto a dar.
—No puedo revelarte ciertos secretos. Secreto de sumario pero tú, Rukia...
¿Corres peligro? —le pregunto, cogiéndola de los brazos. La acaricio y me cuesta
mucho no abrazarla. Me separo cuando mi necesidad de acercarme más a ella casi me
empuja a hacerlo.
—No lo creo, Ichigo. Ha pasado mucho tiempo y, de todos modos, no saben ni
dónde estoy eso me recuerda algo—. Hoy has posado para un anuncio...
—De una tienda pequeñita. Y no creo que me reconozcan por al barbilla.
—Es pequeña pero es importante.
—No me reconocerían aunque se me viera la cara —me dice, con la voz
temblorosa.
—Eso me confirma que quien te disparó sabía lo que hacía. Y a quien disparaba.
Rukia necesito saberlo todo...
—Ichigo, no corro peligro, de ser así...
—Saldrías huyendo —acabo por ella—. No quiero que vuelvas a huir —lo digo tan
tajante que nos sorprendemos los dos.
—Te prometo que si pasara algo raro te lo diría. No me pongas más nerviosa. Entre
lo del perro y hablar de esto...
Aunque sé que no debería, la abrazo, acortando esa distancia entre los dos. Rukia
se tensa y al final cede a mi abrazo y me abraza con fuerza. La cobijo entre mis brazos
mientras deseo poder evitar que algo malo le suceda. Pienso que esto que siento es
por la amistad que nos une. Una amistad que ha surgido de la nada. No sé qué me une
a Rukia, o qué es lo que me hace querer protegerla o desearla. No saberlo no cambia
nada. Rukia alza la cabeza. Por instinto, yo también la agacho, hasta que reparo a
dónde iban a parar mis labios. Joder, me muerdo por volver a besarla, por besarla
lentamente y saborear sin prisas sus jugosos labios. Justamente es por las ganas que
tengo que me separo y busco el mando de la tele.
—¿Te apetece que veamos una película? —le propongo.
—Claro.
Nos sentamos a ver la película y a tomar el vaso de leche con galletas. Ambos
estamos en silencio, tal vez porque la tensión sexual que hay entre los dos es tan
grande que eclipsa cada una de las palabras por decir. Soy tan consciente de su
perfume, de sus manos cuando coge una galleta, de sus labios cuando se relamen los
restos de leche, de cómo sus pestañas acarician sus mejillas cuando pestañea...
me centro en la tele, sólo en la televisión, engañándome a mí mismo por no admitir que
sólo soy muy consciente de su persona. Rukia se acomoda y, cuando está a punto de
dormirse, le digo:
—Ya no estás sola Rukia. No dejaré que nadie te haga daño.
—Ambos sabemos que, a la hora de la verdad, todos estamos solos.
Y lo sé, lo sé muy bien, pues yo sé lo que es sentirte completamente expuesto y a
merced de otros.
Reviso unos informes en los que estoy trabajando. Recibo una llamada de un caso
que llevo en la ciudad. Están infiltrándome en grupos de traspaso de drogas para
poder llegar hasta el liderado por ''El arrancar''. Llevan muchos años en este mundillo y
nosotros estamos cerca de acabar con ellos, yo llevo muchos años trabajando para
infiltrarme. Cada vez estoy más cerca, les estamos haciendo creer que soy un policía
corrupto que quiere ganar más dinero usando mis influencias para pasarles droga.
Llevamos años trabajando en esto, no es fácil formarse una coartada perfecta. Muy
pocas personas del cuerpo saben dónde estoy metido, para evitar que los posible
policías corruptos de verdad puedan avisar a ''El arrancar'', el mayor traficante de drogas
y asesino de nuestro país. Si mi familia supiera dónde estoy metido, seguro que
pondrían el grito en el cielo. Ellos piensan que ayudo en trabajos de detective, no que
estoy tan cerca del peligro. Sólo Kaien lo sabe y ya me gané un sermón de su parte.
Tocan a la puerta. Alzo la mirada y me dirijo a la puerta, cuando abro, aparece
Byakuya, el comisario. Cierra la puerta y sé que me va a hablar de mi misión. Él es
una de las pocas personas que lo sabe. Antes de que yo me tratara de infiltrar, él
estuvo a punto de hacerlo, y lleva años siguiéndoles la pista.
—Tu última misión fue en éxito. Uno de los integrantes de la banda de ''Arrancars''
está investigándote —me tenso—. Tranquilo, nadie podrá llegar a tus secretos mejor
guardados.
Asiento. Byakuya es un hombre de unos cincuenta años. Pese a su edad, se
conserva muy bien. Tiene el pelo negro con algunas canas y los ojos grises.
Aunque parece un hombre serio, sé que en fondo es todo fachada. Lo conozco de toda
la vida, es amigo de mi padre. Cuando no estaba de misión nos hacía visitas y me
contaba sus hazañas. Hace años lo pasó muy mal, cuando su mujer desapareció con su
hija. Y, desde ese momento, no paró hasta dar con su pequeña. Lo peor llegó cuando
le dijeron que la niña había muerto y que de su mujer no se sabía nada. Desde
entonces se encerró en sí mismo y no fue hasta hace unos años que dejó que su actual
mujer, entrara en su vida. Ella le devolvió la alegría.
—Acabaremos con ellos.
—Ojalá. Creo que hasta que no meta a ''El arrancar'' en la cárcel no podré estar
tranquilo. Son muchos años tras ese miserable. Es escurridizo como él solo.
—No pienso fracasar. El móvil suena, lo cojo al ver que se trata de Kaien. Esta mañana
lo llamé para pedirle que parara la publicidad de Rukia, algo no me gusta en todo esto. Por la
mirada de Rukia he sabido ver que ella teme que la estén buscando, quién quiera que
fuera quien le disparara, que ese disparo iba dirigido a ella y está huyendo. Aunque
fue hace muchos años y tal vez no quede nada de esa niña en el rostro de Rukia, me
inquieta que su imagen se haga pública de alguna forma y pueda llegar hasta las
personas que hace años trataron de darle muerte. Tal vez peque de exagerado o tenga
una imaginación desbordante, pero no quiero correr riesgos en lo que se refiere a ella.
—¿Lo ha parado?
—No, y no porque no lo haya intentado. Al parecer el cliente, al ver las fotos de
Rukia, las quiso publicar usando su rostro. Yo me he negado y pensé que ahí acababa
todo, pues no. Me he enterado por Renji, que Gin ha cogido las fotos y, sin
consentimiento de nadie, se las ha vendido al joyero, que le ha ofrecido mucho dinero
por ellas y por el contrato de Rukia donde dona su imagen para el anuncio.
—¿¡Y dónde está ahora mismo ese cabrón de Gin!?
—Ha desaparecido. Y, al parecer, no es el primer reportaje que vende. He
mandado registrar sus correos y hemos encontrado a nuestro topo. Ha vendido
información falsa a la competencia alegando que éramos amigos porque estudiamos
juntos.
—Pienso encontrar a ese cabrón y hacerle pagar por lo que os ha hecho.
—Yo también, y ahora quiero saber por qué tanta insistencia en que paralice todo
lo de Rukia. Sabes que lo haré y que seguiré trabajando para que ese dichoso joyero
no publique sus fotos pero quiero saber qué está pasando.
—Te lo contaré más tarde. Haz lo que sea para que se joyero no publique sus fotos.
—-Lo haré. Cuenta con ello. Te he mandado las fotos de Rukia a tu correo, es la
única copia que hay ahora mismo aquí. Y la página de la joyería... tarde —dice, de
repente.
—¿Qué pasa?
—El joyero ya ha subido la imagen de Rukia a su web.
—¡Maldita sea! Haz lo que sea para que lo quite.
—Lo haré. Cuelgo y me giro hacia mi ordenador.
—¿Todo bien?
—Genial —ironizo. No tiene por qué pasar nada. ¡Joder! Que mi instinto me esté
fallando y sólo me ponga así porque Rukia me importa. Que Gin haya vendido las
fotos no me sorprende ya que siempre me preció un cretino, pero sí que sean las de
ella, porque temo la publicidad que pueda darle el joyero y no creo que a Rukia le
haga gracia que su imagen circule por ahí.
Se abre la página de la joyería y aparece Rukia como primera imagen preciosa. No
me extraña que no hayan querido cambiar de imagen y que hayan pagado lo que sea
por ella, la belleza de Rukia es tan natural y tan fresca que cautiva. No hay nada falso
en ella y ha conquistado a la cámara.
De repente se cae algo de mi mesa, me giro y veo a Byakuya que me ha tirado un
dosier.
—¡Joder, qué torpe soy! —él no suele ser torpe, pero a todos nos puede pasar—.
¿Quién es esa joven? Es preciosa —me dice, como si tal cosa, mientras se levanta y
deja el dosier en la mesa.
—Es Rukia y trabaja para mi hermano.
—¿Y qué pasa? Noto por tu mirada que algo no va bien, Ichigo. Puedes confiar en
mí, ya lo sabes.
—Lo sé... tengo que hacer un viaje —apago el PC.
No puedo dejar las cosas al azar necesito saber qué está pasando.
—¿Así, de repente?
—Sí, necesito que me cubras un par de días.
—Está bien. Si necesitas algo cuenta conmigo —asiento, recojo mis cosas y la
carpeta con toda la información que tengo de Rukia. Tengo que saber más cosas de
ella. Tengo que llegar al fondo de todo y saber a qué se expone ahora que su imagen
es pública mientras Kaien trata de paralizarlo. Salgo de la comisaría y voy a mi casa
a preparar una pequeña maleta. Voy a la empresa de mi hermano y al entrar veo a
Rukia hablando con Renji. Es evidente que Renji siente algo por ella. Se la come con
la mirada. Y no me extraña, ya que hoy Rukia está preciosa con esa falda de tubo azul
marino y esa blusa azul clarito que realza su figura. Alza la visa y su mirada cambia,
se endulza. Se sonroja y me pregunto si es porque recuerda lo bien que lo pasamos
juntos y aunque sé que no sería positivo, una parte de mi quiere que lo haga.
—Hola, Ichigo—me saluda Rukia, y por su sonrisa siento que no sabe que su
imagen es pública ahora mismo.
—¿Acaso no tienes trabajo? —le espeto a Renji, que se va tras decir a Rukia que la
ve tras el trabajo en la librería para tomar unas cañas.
Rukia asiente.
—Es un pinta monas...
—Es mono.
—Monísimo, tiene una cara de simio que no puede con ella —Rukia me recrimina
con la mirada.
—¿Qué haces aquí?
—Salgo de viaje un par de días y venía a hablar con Kaien de un par de cosas y a
despedirme de ti.
—¿Algo peligroso? —una vez más noto que le recorre un escalofrio. Rukia no
puede negar que se preocupa por mí y no me gusta que se inquiete por mi culpa.
—No.—Mejor.
—Rukia, si pasara algo raro en tu vida, algo que te hiciera querer salir corriendo,
me lo dirías ¿Verdad? —por su mirada pasa un halo de miedo.
—-No va a pasar nada...
—Rukia...
—Ichigo, no corro peligro. No me hagas temer que sí —noto como su mirada se
endurece y temo que Rukia, por miedo, salga huyendo una vez más.
—Tranquila, soy un exagerado.
—Lo eres.
—Hazme una promesa.
—¿Cuál? —me pregunta con cautela.
—Que si decides irte alguna vez me lo dirás a la cara, te despedirás de mí.
Rukia lo sopesa y asiente.
—Está bien, pero no pienso ir a ningún sitio. Estás muy raro, Ichigo. Si es por lo
que sabes de mí...
—Es por otras cosas. No te preocupes. Tengo que irme.
—Ten cuidado ¿vale?
—Siempre lo tengo.
—-Como no, fanfarrón—me sonríe y estoy tentado a acortar la distancia que nos
separa y atrapar su sonrisa entre mis labios.
—Hasta pronto, Rukia.
Me despido, agobiado por mi necesidad de ella. Ojalá no supiera lo que es perder
a alguien a quien amas... porque esta persona te ha traicionado de la peor manera
posible.
