NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS

¡Hola a todos! Ahh, este capítulo me encantó escribirlo, me gustan los dramas políticos y pues, aquí estamos en Naboo, porque claaaaaro que algo iba a pasar involucrando a la reina jeje. Y también, veremos más cosas de Obi-Wan Kenobi, un personaje que a partir de aquí tendrá más desarrollo.

GRACIAS a Abiel, Valen Minene e ichigo urahara Shihoin por sus comentarios ¡me animan bastante! (a los que tienen cuenta les respondo por PM)

Abiel: Ah, sí, Palo tenía defectos escondidos y por algo a Padmé no le agradaba, lo bueno es que a Ruwee tampoco.

¡disfruten!


Capítulo 14

La reina y el senador

Todos esos días en el sol

Lo que daría por revivir solo uno

Deshacer lo que está hecho

Y traer de vuelta la luz

El señor Lorrein llevaba treinta años trabajando en el Palacio de Naboo, así que había visto infinidad de cosas. No estaba especialmente sorprendido por los eventos recientes, pocas cosas le impresionaban ya, pero sí se encontraba preocupado de que el centro del evento fuera Padmé Naberrie, una muchacha tan prometedora y amable.

Conocía a Ruwee Naberrie de hace años, y le tenía un aprecio genuino a Padmé, una muchacha encantadora y con mucho potencial. No lo pensó dos veces antes de ayudar a su familia en todo lo que su experiencia pudiera brindarles, y fue así como el y Sola Naberrie terminaron conduciendo su speeder durante dos horas en dirección a la Región de las Montañas.

—¿Está seguro de que esto funcionará?—preguntó Sola.

—Sí, lo estoy.

Sola no se veía muy convencida, pero él la entendía. En solo tres semanas, la mujer había perdido al menos siete kilos, su repentino enflaquecimiento combinado con sus ojeras le daban un aire desgastado a su rostro. Prácticamente no había conseguido calmarse desde que Padmé desapareció en el espacio.

Llegaron a una espléndida mansión, los guardias de seguridad salieron para hacerle una revisión al speeder, pero reconocieron al señor Lorrein y lo saludaron afectuosamente. Ese gesto calmó mucho a Sola. Fueron escoltados al interior de la mansión, a una salita con vista al hermoso cielo despejado de Naboo, Sola miró al cielo contrariada, preguntándose en qué parte de la galaxia estaría su hermanita.

No esperaron mucho hasta que la regia figura de Apaillana emergiera del corredor, saludándolos con una sonrisa auténtica.

—Bienvenidos—dijo ella con un tono suave y sereno—Señor Lorrein, es un gusto volver a verlo.

—Mi reina—hizo una leve inclinación.

Sin su maquillaje ceremonial, Apaillana se veía más joven, apenas había llegado a los cuarenta años de edad y se conservaba muy hermosa. Sonrió con ánimos a su viejo amigo, y luego miró hacia Sola con curiosidad.

—¿Y quién es esta bella mujer?—pregunto, jocosa pero animada.

Sola recordaba la imagen de Apaillana como soberana de Naboo, y verla vestida de civil –con un atuendo regio, pero no ceremonial– le pareció muy extraño-

—Me llamo Sola Naberrie—respondió, haciendo una ligera reverencia.

—¿Sola Naberrie?—Apaillana abrió los ojos desmesuradamente—¿Enserio eres tú? ¡pero mira cuánto has crecido! Aún recuerdo cuando te postulaste para ser princesa de Theed.

Un sonrojo cubrió las mejillas de Sola por la mención de su breve carrera política, ¡había pasado ya tanto tiempo de eso! Parecía toda una vida atrás. Fue el momento en que Sola comprendió que la política de Naboo había cambiado irremediablemente por la crisis, y ya no encontraba afinidad en la nueva faceta tan frívola que el Palacio Real había inaugurado con la Reina Kamilla.

—Oh, eso fue hace tanto tiempo—respondió, su rostro suavizándose al recordarse a sí misma joven y soñadora.

Padmé también era así, soñadora y muy bienintencionada, con la diferencia de que Padmé tenía una pasión y energía que Sola nunca había sentido.

—Es verdad… ¿no te postulaste para algún otro cargo?—preguntó Apaillana curiosa, recordando la excelente campaña de Sola y lo injusto de que no hubiera ganado las elecciones.

Apaillana siempre sintió sospecha de que Irana, la sobrina de Kamila, ganara las elecciones para Princesa de Theed, cuando su campaña no fue ni la mitad de buena que la de Sola. Pero sin evidencias, lo más que podía hacer era sospechar.

—No, la política se volvió muy cerrada con la Crisis, y decidí que ya no era lo mío—respondió esbozando una sonrisa cortés, dejando en claro que no deseaba seguir hablando del tema.

—Te entiendo totalmente—dijo la exreina, comprendiendo lo que Sola no había dicho con palabras—Pasen, pasen, ¿en qué puedo ayudarlos?

Apaillana se sentó en un sillón, dejando otro cómodo y largo sillón libre para Lorrein y Sola, unos sirvientes colocaron una bandeja con galletas y té, pero nadie les puso atención a los bocadillos.

—Tememos que es un asunto delicado—dijo Lorrein, dejando que su mueca inquietara a Apaillana.

—¿Oh? ¿de qué tipo, Lorrein?

—Involucra al difunto Sheev Palpatine.

Al mencionar ese nombre, Apaillana frunció el entrecejo, conteniendo la respiración un momento.

—Ya veo…

Para distraerse un poco, Apaillana agarró su taza de té y bebió un sorbo, una cascada de recuerdos cayendo en su mente, de sus tiempos como concejal, delegada y al final, Reina de Naboo. Tantas cosas ella vio, tantas cosas ella aprendió, que de súbito se sintió mucho más vieja de lo que realmente era.

—Creemos… no, sabemos que está involucrado en la desaparición de mi hermana—dijo Sola, sintiendo un poco de esperanza por la actitud recelosa que de repente expresó Apaillana, "Sabe algo" pensó.

—¿Y cómo es eso posible?—Apaillana le dio otro sorbo a su té.

Lorrein la miró fijamente a los ojos.

—Apaillana, trabajé contigo en el Palacio en los últimos momentos de la República—dijo con un tono muy serio—Tú y yo sabemos que Palpatine estaba metido en algo grueso.

—Saltó a la vista para mí desde que lo eligieron Canciller—se encogió de hombros, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

—¿Fue así de notorio?

—Bueno, para mí sí lo fue—explicó, haciéndola una seña a sus guardias para que salieran de la habitación, ya a solas continuó hablando—Era un hombre astuto, pero con una mirada depredadora, siempre quería más… yo sabía que no dejaría a la ética interponerse entre él y sus objetivos, y cuando ganó el puesto de Canciller, siempre asumí que no lo hizo del todo limpio.

—Pues tenías razón, hemos sabido por una fuente muy certera de que Palpatine estaba inmiscuido con los Sith.

La exreina se tensó, y no fue capaz de disimular la sorpresa y el pasmo que esa noticia le provocó.

—¿Los Sith? ¿es enserio?

—Así es… de hecho, todo apunta a que él era un Sith—siseó Sola con desdén.

Apaillana se reclinó en su asiento, todo su rostro palideciendo en un segundo. Lorrein y Sola la miraron preocupados, la exreina parecía haber visto un fantasma; dejó su taza de té sobre la mesa, y usó ambas manos para cubrirse el rostro.

—Oh, por la Diosa… entonces no fue un accidente—sollozó quedo, haciendo acopio de todas sus lecciones de etiqueta para contenerse.

—¿Qué cosa?

—Cuando Palpatine era joven, él y su familia tuvieron un accidente en un viaje—explicó, su mirada ausente—Su familia entera murió, excepto él.

Sola miró con horror a la exreina, entendiendo lo que Apaillana había implicado con esa oración. Ambas mujeres se vieron a los ojos, con idéntico miedo.

—¿Los mató?—preguntó Lorrein, manteniendo la compostura.

—Si lo que me dicen es cierto, muy probablemente.

—¿Y cómo es que nadie lo supo?

—Palpatine tenía su propio círculo de aliados en los altos mandos de Naboo—explicó Apaillana—Yo ni siquiera supe de ese accidente hasta que me convertí en reina, y para ese punto, Palpatine ya había sido electo Canciller. No había mucho que yo pudiera hacer.

—Necesitamos que nos digas todo lo que sabes de Palpatine—le urgió Sola, con expresión severa.

Apaillana frunció el ceño y se cruzó de brazos, podría ser una política retirada, pero uno no se jubila tan joven de ese rubro sin conseguir ver más allá de lo obvio.

—¿Por qué acuden a mí en vez de a la reina Kamila?—preguntó, mirando a Lorren en todo momento—Ella tiene más acceso a información.

Solamente con ver la expresión de fastidio que Lorrein esbozó, Apaillana lo entendió todo. Siempre supo que Kamila era una líder débil para su pueblo, pero al menos la calmaba saber que Naboo no tenía muchos problemas por ahora. Era desesperante comprobar que, ante el menor tropiezo, Kamila estaba perdiendo todo el control de la situación.

—La reina está colaborando con los clones—explicó Lorrein, sabiendo que no era prudente darle más detalles, al menos no por ahora—Esta visita es personal.

—Confiamos más en ti—agregó Sola, sin importarle las apariencias.

Apaillana le dirigió a Sola una mirada dura, para que no volviera a expresarse de esa forma por lo pronto. Ya habría momentos, y lugares, para expresarse mejor.

—Bueno… puedo decirles que era un hombre complejo—dijo en voz más alta—Daba la apariencia de ser amable, generoso, pero nunca confié totalmente en él.

—¿Sabes si tuvo algún aliado en especial?

—Aquí en Naboo no muchos, se los llevó a Coruscant cuando fue electo Canciller.

—¿Y sabes si alguna vez adoptó a un niño? ¿o tenía una especie de aprendiz?

—No, nunca se supo nada de eso, pero sé cómo conseguir más información—susurró la última frase, mirando alrededor con cuidado.

—¿Cómo?

—En los archivos del Palacio hay un encriptado con información de Palpatine.

—La reina nunca nos los dará—susurró Lorrein, acercándose más a Apaillana para cuidar que nadie escuchara.

—Oh, no se preocupen—respondió, guiñándoles un ojo—Tengo mis formas…

.

.

.

El capitán Typho sabía, con mucho pesar, que no estaba a la altura de las circunstancias.

No era estúpido, sabía que la Reina Kamila no confiaba totalmente en él, quedó más que demostrado cuando la reina mandó al delegado Palo Andalerrie al destructor estelar en vez de a él. Era un capitán encargado de la seguridad de la reina, pero moviéndose en el círculo político, Typho había aprendido un par de cosas, y sabía que su reina tampoco estaba a la altura de las circunstancias.

Los medios hablaban de los clones en Naboo como una nota de segundo plano, sin dar muchas explicaciones, solo diciendo que era una revisión general aprobada por la reina. Typho sabía que la reina Kamila no pudo haber censurado directamente a los medios, pero bien pudo ordenarle a alguien que lo hiciera, y hasta ahora, su mayor sospecha era Palo.

Si la censura de los medios no era algo alarmante por sí solo, también estaba la forma en que la reina había ocultado información a los ministros y al parlamento. Hasta ahora, nadie más que él y los clones sabían que Padmé Naberrie estaba perdida, habiendo pasado el bloqueo semanas atrás, y eso era preocupante en muchas medidas. La reina no solo estaba ocultando información deliberadamente dejando desprotegida a una ciudadana de Naboo, sino que con eso estaba comprometiendo toda la seguridad del planeta, ¿Cómo iban a poder protegerse los ciudadanos si no estaban enterados del enorme peligro que los acechaba desde que Padmé Naberrie consiguió cruzar el bloqueo?

Lo peor de todo esto, eran las motivaciones de la reina. Typho podría engañarse a sí mismo y decir que la reina Kamila hacía todo esto para evitar el pánico en Naboo, pero la cruda verdad era que se acercaban las elecciones, y sabía muy bien que la reina quería conservar su puesto, pero lo alteraba en muchos niveles pensar hasta dónde llegaría Kamila para ganar.

El capitán Typho recordaba con mucho pesar en esos días a su tío el capitán Panaka, él lo había inspirado para unirse al cuerpo militar de Naboo. Panaka sirvió a la reina Apaillana con diligencia, protegiéndola exitosamente de dos atentados –uno en Alderaan y otro en Chandrilla– por sus excelentes servicios se le asignó como guardia personal de la senadora Adele. Panaka y la senadora, así como todo su séquito, habían estado en Coruscant cuando empezó la crisis. Typho intentaba mantener la esperanza de que, aún diez años después, su tío seguía vivo, y ahora no hacía otra cosa más que pensar en qué haría Panaka si estuviera en su lugar.

"Mi tío sabría perfectamente qué hacer" pensó con tristeza, inmensamente frustrado por el poco control que tenía de la situación.

Typho seguía inmerso en sus pensamientos, patrullando uno de los corredores del palacio, cuando notó algo que le pareció extraño. Desde su posición, podría ver a una de las doncellas de la reina caminar hacia la sala de archivos, pero lo hacía muy rápido, como si no quisiera ser vista.

Intuyendo algo, Typho la siguió cuidando que no lo viera. Las doncellas de las reinas siempre estaban bien entrenadas en defensa personal, y lo mejor era nunca enemistarse con ellas. Escondiéndose entre los gruesos pilares del corredor, Typho la vio entra a la sala de archivos, y pudo reconocerla.

Era Sabé, la jefa de las doncellas. Typho se quedó en su posición, perfectamente escondido, rememorando todo lo que sabía de ella. Sabé sirvió a la reina Apaillana, y cuando ella se retiró, se convirtió en jefa de las nuevas doncellas de la reina Kamila, manteniendo ese puesto durante una década por su gran eficacia. Y hasta donde Typho recordaba, Sabé no era ni por asomo la doncella favorita de Kamila.

La doncella estuvo solo un par de minutos en la sala de archivos, y cuando salió, caminó recta por el corredor hacia un patio. Typho se anduvo con cuidado, pero no dio ni dos pasos cuando hubo de detenerse.

—Capitán, es de mala educación espiar a las personas—dijo Sabé, volteándose para verlo—¿Hay algo en lo que pueda ayudarlo?

Typho tragó duro, pero se mantuvo firme y caminó hacia ella para cerrar la distancia.

—No lo sé—respondió—Si se lo pregunto de frente, ¿me responderá con la verdad?

—Oh, no lo sé—dijo ella coqueta, siguiéndole el juego—¿Qué tanto debo confiar en usted?

—Yo diría que mucho, señorita—se llevó una mano al bláster, pero no lo accionó, Sabé ni siquiera se inmutó.

—Si actuaras así frente a la reina, quizá te apreciaría más.

—Y si ella supiera que te escabulles por los corredores, te apreciaría menos.

—¿Eso crees?—murmuró con burla—Oh, cielo, te falta tanto por aprender.

—No de ti, espero.

—Dígame capitán, ¿es ilegal ir a la sala de archivos?

—No, pero…

—Y como jefa de doncellas ¿no tengo acceso libre a todos los cuartos del palacio?

—Bueno, sí, pero…

—¿Y no juramos usted y yo servir a Naboo a cualquier costo?

—Sí, solo que…

—Entonces sabes todo lo que necesitas saber, capitán—sentenció ella, ahora más seria—Tenga un bien día.

Typho sabía que había gato encerrado, pero por extraño que pareciera… confió en ella.

.

.

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Obi-Wan Kenobi era un Jedi.

Ya no existía la Orden Jedi, pero Obi-Wan siempre se sentiría uno.

La Orden había pertenecido a otra época, y bajo esa misma lógica, Obi-Wan era un hombre de otros tiempos, de una era perdida, a la cual muchas veces deseaba regresar.

Al inicio de la crisis, una parte optimista en Obi-Wan llegó a pensar que, después de un par de meses difíciles, las cosas volverían a la normalidad. Encontraría otros sobrevivientes Jedi, reconstruirían el Templo, la República resurgiría… había sido ingenuo e idealista. Ahora comprendía que esos tiempos se habían ido para nunca más volver.

Aún podía recordar el Templo Jedi, tan majestuoso, construido para darle paz a todos sus moradores. Podía evocar la serenidad que sentía en la Sala de las Mil Fuentes, o la camaradería que lo unía con sus compañeros Jedi, encontrándoselos en los corredores, en los jardines, o en las fuentes. La bulliciosa e interminable energía de Coruscant, un planeta que nunca dormía; el imponente edificio del Senado, testamento físico de la democracia, el corazón de una República galáctica.

Pero también podía recordar a los clones marchando al interior del Templo Jedi, destruyendo todo a su paso, tomando por sorpresa a sus compañeros y asesinando sin piedad a jóvenes o niños incluso. A los destructores estelares posicionándose sobre todas las rutas importantes, haciendo añicos los satélites principales, aislando en cuestión de horas a los Mundos del Núcleo, paralizando el comercio, aniquilando todo un modo de vida. Recordaba su duelo en Mustafar contra el aprendiz de Sith, y cómo creyó ilusamente que con él moriría todo.

Fue por puro milagro que consiguió encontrar refugio en Naboo, y que Ruwee Naberrie hubiera tenido el valor de ayudarlo en un momento tan difícil. No podía fallarle a la galaxia de nuevo, ni tampoco al hombre que le dio los recursos para reconstruir su vida, tenía que matar al Sith y rescatar a la hija de Ruwee a como diera lugar.

Los clones seguían en el Palacio de Naboo, aún no regresaban a la casona abandonada y Obi-Wan supo que ése era su momento. Con cuidado, escaló el tronco que le permitió meterse por el hueco del techo, y tuvo especial cuidado en no tocar casi nada, para no arruinar los avances en la investigación que los clones hubieran hecho.

Usando la Fuerza, se movió por la casona con una mezcla de fascinación y desprecio, estaba pisando el suelo del Sith que destruyó siglos de paz. Sin querer perder el tiempo, Obi-Wan sacó de su bolso la DataPad donde estaba el archivo encriptado que Sabé le consiguió en el Palacio, ahí estaba toda la información oficial de Palpatine, que seguro le serviría.

Oriundo de Naboo… si, bueno, eso ya lo sabía… familia muerta en un accidente, ¡ja! El maldito debió causar ese accidente, los Sith eran despiadados y no se tentarían el corazón por nadie… senador de Naboo durante diez años, eso también ya lo sabía… dueño de una Casona, de speeders, de naves…. Canciller de la República…. ¡Ajá! ¡Aquí estaba lo bueno! Palpatine había firmado un pacto con la Federación de Comercio.

La Federación de Comercio, avariciosa y despreciable, Obi-Wan siempre odió que tuviera una posición en el Senado. Todos en la galaxia sabían que quien se enrolaba con ellos estaba en malos pasos, y evidentemente Palpatine no era la excepción… pero no firmó como Sheev Palpatine, no, firmó con otro nombre… Anakin Skywalker.

Frunció el ceño, ¿por qué le era familiar ese nombre? Hizo memoria, y cuando pudo recordarlo sintió pesadez en el corazón. Claro, Anakin Skywalker había sido el pobre muchacho que le pidió ayuda para liberarse de Palpatine… seguro era un esclavo para el Sith. Obi-Wan cargaba muchos pesos sobre sus hombros, pero el dolor de haberle fallado a ese anónimo muchacho seguía siendo uno de los peores, siempre pensaba que de haber llegado un poco antes él seguiría vivo.

Pero esto arrojaba una nueva luz, Palpatine evidentemente tuvo relación con el pobre chico, al que investigaría después. Ahora, los nexos criminales de Palpatine eran más obvios, y con eso en mente volvió a registrar la casona. Debía haber algo oculto ahí, y usando la Fuerza, encontró una puerta secreta, con un código de cuatro dígitos para entrar.

Primero intentó con la fecha de nacimiento de Palpatine, pero no funcionó, luego con la fecha cuando se volvió senador, y cuando se hizo Canciller, sin éxito. Con un tirón en su corazón, Obi-Wan introdujo la fecha del accidente donde murió la familia de Palpatine, y la puerta se abrió… "Ese enfermo" pensó con desprecio, entrando al recinto secreto.

Había varias computadoras, DataPads y mecanismos que demoraría un buen tiempo en analizar, caminó directo hacia la consola principal y la encendió. Usó el mismo código, que probó seguir funcionando, y vio distintos planes para conseguir mayor control sobre la República.

Con horror, comprobó lo que ya era notorio, Palpatine había querido formar un Imperio, por eso la creación de los clones, por eso el aislamiento de los Mundos del Núcleo, todo había sido un plan para obligar a miles de sistemas a postrarse a sus pies. Y hubiera funcionado, si su aprendiz no lo hubiera traicionado matándolo a sangre fría, "Los Sith son tan poco civilizados, solo conocen la manipulación y la traición" pensó, leyendo más de esos maquiavélicos planes.

Ahora bien, lo más seguro era que el aprendiz del Sith siguiera vivo, y si eso era cierto, ¿dónde estaba? ¿qué había sido de él en diez años? no tenía sentido que se mantuviera lejos de la acción, cuando solo necesitaba un par de órdenes para hacerse del control de la galaxia entera. A no ser, que estuviera tramando algo más siniestro.

Obi-Wan no tenía la imaginación para pensar en algo más siniestro de lo que ya había vivido, pero conociendo la bajeza de los Sith, debía prepararse para todo.

"Espero que Padmé Naberrie esté bien" pensó con tristeza, si la mujer era prisionera de un Sith… oh, no quería ni pensarlo.

Siguió leyendo, buscando información sobre escondites donde el aprendiz pudo esconderse, pero todo apuntaba a que las operaciones principales las hizo Palpatine en Coruscant, Naboo y Mustafar.

No era posible que Padmé hubiera llegado a Coruscant, los clones lo hubieran sabido al contactar a los otros destructores estelares. Obviamente tampoco estaban en Naboo, y Mustafar era muy poco probable, aunque tampoco podía descartarlo por completo.

Luego, un documento llamó poderosamente su atención: Destructor Estelar Executor.

Era una nave de lujo, la joya de la corona en la armada de la República, la nave más poderosa, con los mejores escudos, instalaciones de primera y los departamentos más lujosos de todos los destructores. Una nave construida para servir al comandante supremo y alto general de los ejércitos, un tal Darth Vader.

Darth Vader… ¡ese debía ser el aprendiz!

Executor… tenía sentido. Si el aprendiz se estaba escondiendo en una nave de ese estilo, no había forma de que los clones lo encontraran, tenía todas las ventajas para desplazarse a donde quisiera.

La buena noticia, es que al menos tenía un panorama mucho más claro del tipo de amenaza que enfrentaba, la mala noticia era que el desdichado aprendiz del Sith podía estar literalmente en cualquier parte de la galaxia y era casi imposible rastrearlo.

Se masajeó el puente de la nariz, sintiendo el estrés entumecer sus hombros. Serían largos días, pero Obi-Wan no iba a salir de aquí hasta no tener una respuesta más concreta de qué hacer.


Canción del capítulo: "Days in the sun" (días de sol) de la película La Bella y la Bestia 2017 (Traducción hecha por mí)

Y eso es todo por ahora

Por un lado, quiero destacar a Sola Naberrie en todo esto. Padmé es la protagonista sin duda, pero quería mostrar a través de estos capítulos que todos los Naberrie, a su manera, son perfectamente capaces de desenvolverse en diferentes situaciones.

Y Obi-Wan... NO sabe que Anakin y Vader son la misma persona, ¿cómo ocurrió esto? bueno, más adelante lo explicaré con más detalle. Pero supongo que ya con esto, las cosas comienzan a tener más sentido para ustedes c; En el siguiente capítulo regresamos al Executor, donde estamos llegando a una situación entre Vader y Padmé más especial...

PD.-Si no la han visto, les recomiendo la serie "The Crown" ya salió la cuarta temporada y es magnífica.

Gracias a todos por leer ¡saludos!