Parte uno: Entrégate


Capítulo 6: Parte dos


Esperé a que se durmiera completamente no quería mirarlo de frente pero por el rabillo de mi ojo podía ver una sonrisa socarrona en su rostro, sus ojos estaban cerrados y varios mechones de su cabello rubio estaban pegados en su frente debido al sudor.

Un maldito Adonis.

Su respiración era lenta y acompasada, observé el reloj en su mesita. Eran casi las tres de la mañana ¿y, si me iba a casa? Era preferible discutir por no respetar un punto del decálogo que seguir aquí, estaba demasiado agotada. Me levanté con sumo cuidado, casi no respiré para no despertarlo, cuando estaba a punto de abrir la puerta del baño, escuché su voz áspera.

—¿A dónde vas?

—A casa—continué con mi cometido.

—Estás rompiendo con lo pactado.

¡Mierda! ¿Dónde está mi ropa?

—No, solo voy a casa, mañana estaré de vuelta. Soy buena alumna, la clase de hoy está aprendida.

Soy bella, sexy y solo tengo que dejarme llevar ¡Já!

—La clase no ha terminado—dijo levantándose y caminando hacia mí—, apenas fue el inicio. Acomodó mi pelo detrás de los hombros y acarició uno de mis pechos.

—Eso duele.

—¿Mucho?—asentí porque escocía, como cuando eres pequeña y te caes de la bicicleta raspándote las rodillas.

Naruto me haló hasta la cama nuevamente, dejándome sentada y luego se giró buscando algo entre las cosas de su mesa de noche. Con un frasco en las manos, se sentó desnudo, a mi lado.

¿Es que su miembro nunca descansa?

Abrió el frasco que traía en sus manos y colocó un poco de ungüento en sus dedos, lo extendió sobre mi pezón suavemente.

—Aliviará la quemazón—dijo, sin dejar de mirar mis pechos.

—¿Algo está mal?—intenté mirarme, pero él lo impidió con su dedo índice en mi mentón.

—Todas las mujeres que he conocido, tienen desproporción en los pechos. De hecho, todas lo tienen, pero tú, no; tus pechos son tan perfectos como tu hermoso y jugoso sexo—sonrió con su marca personal de gesto torcido y guasón de sé que puedo follarte ahora y no dirías que no.

—¡Vaya! qué buena información para escribir en mi libro: la autora tiene tetas proporcionadas.

¡Patética! Con decir gracias, bastaba.

—También, puedes escribir que eres perfecta aquí—una de sus manos se posó sobre mi entrepierna, haciéndome brincar de expectación.

Sonrojo apareciendo en tres... dos... uno.

—Quiero hacerte un par de preguntas—dije halando la sábana y cubriéndome, algo estúpido para alguien a quien ya había estado expuesta y jadeante; aun así me daba pudor.

—Soy todo oído—murmuró, bajando con cuidado, la sábana de mis pechos—. Te quitarás el ungüento—acomodó la seda alrededor de mis caderas—prometo dejarlos descansar por esta noche. ¿Qué ibas a preguntarme?

—Siempre vamos a... tú sabes—carraspeétodas las noches.

Podía parecer insulso que no pudiera decir algo tan fácil como la palabra "follar", cuando hace unos minutos atrás me encontraba en una posición fuera de lo conocido, podía atribuirlo a la estricta disciplina moralista de George, pero no. Era pura vergüenza... A pesar de entregar mi cuerpo a Naruto cada vez que él lo solicitaba, era para mí aun difícil expresarme en términos sexuales.

Patética, grado dos. Por si no lo sabes, estás escribiendo un libro erótico.

—¿Te refieres a si solo vamos a follar?—sonrió mostrándome ese gesto que hacía que mi mundo diera vueltas.

—Eso mismo.

—Siempre y cuando tú y yo queramos. Hasta ahora no me has dicho que no, de hecho eres bastante receptiva. Te he mostrado las diferencias entre el sexo persuasivo, lo que muchas mujeres llaman "hacer el amor" y, el sexo duro, fuerte, ese que solemos dar el nombre de "follar"; pero aún te falta mucho por aprender.

—¿Qué más se puede aprender de esto?—conversábamos cómodamente.

—Muchas cosas. No todas las clases serán prácticas, también he de llevarte a lugares muy interesantes que te servirán para tu libro.

Mi estómago sonó estrepitosamente.

—Lo siento, parece que el ejercicio estimuló mi hambre —no terminé de decir la última palabra cuando ya estaba ruborizada.

—A mí me pasa igual—levantó una ceja cuando me miró—. Pero, por ahora, iré por vino y veré si hay algo de comer en el refrigerador.

No pude evitar sonreír cuando al rato volvió con una gran bandeja con emparedados cortados a la mitad, copas y vino, con un mandil en el brazo y absolutamente desnudo. Acomodó todo en la cama y continuamos la conversación mientras cenábamos.

—¿Vas a llevarme a "Fetiches" otra vez o a otros lugares donde hacen orgías?

—No son lugares donde "hacen"—hizo comillas—orgías, son lugares de sexo libre, sin inhibiciones.

—¿Has estado en muchos lugares como ese?

—Sí, pero no he participado... soy bastante selectivo con quién comparto mi cama.

—Sí, como no —rodé mis ojos en irónico gesto—. Te vi en el estacionamiento, genio—bufé.

Naruto pasó suavemente su mano por el caminito que había entre mi cadera y mi cintura.

—Conozco a Lara hace muchos años, digamos que en ocasiones nos gusta divertirnos. En cuanto a las orgías, no son mi manera favorita de practicar sexo. Hacen que pierdan el concepto de intimidad—lo miré sin entender—, las prefiero de una en una, así puedo dedicarles el tiempo que se merecen; aunque dicen que la mayoría de las fantasías sexuales de un hombre es estar con más de una mujer, la verdad es que tenemos una sola polla, ¿me hago entender?

Algunas veces Naruto me hablaba en su idioma de sexo insaciable que todo lo ha probado y yo quedaba haciéndome interrogantes. Suspiré, tomé el último trago de la copa y limpié mi boca con la servilleta, Naruto retiró la bandeja para dejarla en una mesa lateral y cuando volvía a la cama, mi vista se enfocó en su entrepierna, siguió mi mirada y sonrió, mientras se acariciaba su miembro suavemente.

—Lo sé, tengo un miembro bonito—dijo con arrogancia— y puede calificar como postre.

—¡Idiota!

—Hinata—tomó mi mentón con delicadeza levantando mi mirada de su anatomía—. Nena, sí quieres...

—¡No!—entendí lo que me estaba sugiriendo—¿Nunca te cansas?—dije señalando su miembro semi erecto.

—¿Te preguntas por qué puedo pasar muchas horas teniendo sexo y no cansarme?

—Sí.

—Practico el sexo tántrico. No eyaculo, lo que me hace tener más resistencia.

—¿Sexo tántrico?

—Sí, el tipo de sexo que se hace con espíritu, con alma. Se unen mente y respiración, tanto en los preámbulos del coito como en la consumación del acto. Eso hace que pueda durar mucho más a la hora de intimar sin minimizar mi desempeño sexual.

—¿Espíritu? ¿Alma? Demasiado celestial para mí.

—Un día de estos te lo explicaré con calma, Dulzura —fruncí el ceño—. En India, una chica me enseñó todo acerca de esta disciplina y créeme, me divertiré mucho enseñándote —iba a retirar su mano, cuando en un rápido movimiento él se colocó sobre mí, uniendo nuestros labios en un beso mordelón y esquivo—. Ahora... tengo otros planes—retiró la sábana de mi cuerpo, dejándome caer suavemente en la cama con él sobre mí.

Una punzada de dolor en mi entrepierna me despertó, me removí incómoda, estaba sola en la cama. Escuché arcadas, me levanté presta y sin pensarlo, abrí la puerta del baño, pero lo que vi me hizo retroceder unos pasos. Naruto estaba arrodillado frente al escusado expulsando lo que comió.

—¿Naruto, estás bien?—lo llamé sin entrar, no pude evitar el pudor que sentí al compartir ese tipo de intimidad.

—Sí, tranquila—contestó sin mirarme, haló la palanca, abrió el grifo del lavamanos, se enjuagó la boca y las manos, salió tembloroso del baño y, desnudos como estábamos, lo ayudé a llegar hasta su cama—. Lamento haberte despertado.

—¿Qué hora es?—le pregunté observándolo, estaba pálido, sudoroso y temblaba levemente—¿Estás seguro que te encuentras bien? ¿No quieres que llame a alguien?

—Falta poco para que amanezca y sí, estoy bien. Solo comí algo en mal estado.

—¿Otra vez? La comida Thai no fue, a mí no me hizo mal.

—Sufro de migrañas fuertes, no te asustes—murmuró—. Ven, recuéstate aquí, junto a mí—me acosté a su lado, y sin pensarlo, retiré varios mechones de su rubio y sedoso cabello de la frente y palpé su piel con discreción.

—No tienes fiebre.

No dijo nada y coloqué mi mano con más precisión sobre su piel, estaba helado y yo no tenía corazón para irme y dejarlo. Cabrón, odioso y patán era un ser humano, uno que no se encontraba muy bien en ese momento.

Me acosté a su lado y él, sin abrir los ojos, me acomodó de tal manera, que pegó mi espalda a su pecho y colocó su cabeza en el hueco de mi cuello, enredó sus piernas entre las mías y con mi cuerpo se quitó el frio. Fue nuestro primer contacto íntimo sin nada sexual de por medio y, por primera vez, me sentí realmente cómoda y no intimidada a su lado.

Cuando desperté, horas después, Naruto ya no estaba a mi lado.

Supongo que está bien, si me dejó sola en la cama.

Fui directamente al baño a buscar mi ropa pero, no estaba. En una nota pegada al espejo, me enteré que estaba en la zona de lavado.

¿Y, eso, dónde estará?

Enrollé mi cuerpo en una de las sábanas y, descalza, me fui a ver.

¡Santo Joder! ¿No podría tener una lavadora y una secadora en un rincón del baño? ¡Já! "zona de lavado"

Salí por el largo pasillo, supuse que detrás de una de las puertas que estaban al otro de la sala estaría mi ropa, pero me detuve: Naruto hablaba con alguien y, no era por teléfono. Por un momento, dudé si continuar o devolverme a la habitación; sin embargo, di unos pasos más y pude verlo de pie, cerca del ventanal.

Hinata modo curiosa ¡activado! Si fueras gata, ya estarías muerta.

Un hombre de cabello oscuro era su interlocutor; lo reconocí, estuvo en la fiesta del salón. Era Sasuke, su hermano.

No voy a hacerlo, Sasuke.

No seas tan egoísta y cabrón... tienes que entender.

—¡Los que tienen que entender son ustedes, maldita sea!

—Te queremos.

—¿Por qué no pueden simplemente apoyarme y estar conmigo?

¡Todos estamos contigo!

—¿Entonces?

—Mamá quiere hablarte.

No

—Ella se lo merece... ¿Recuerdas, cuando Jiraya nos llevó a casa, el abrazo que ella nos dio?

—Por eso mismo, no lo haré.

No puedes ser tan jodidamente idiota.

—Si puedo.

—¡Saca la cabeza del culo, Naruto!

—No.

—¡Tú provocaste el lío!

—No, el lío lo provocó el bocazas de Jiraya.

—Si al menos, compartieras más con ella.

—Corro contra el tiempo y no quiero dejar pendientes.

—¿Pendientes? No puedes dejar a mamá sola por culpa de tus amiguitas, sé que hay alguien más aquí.

—Es el perro —dijo irritado—. No me jodas, no tengo por qué darte explicaciones.

—¡Oh, perdón señor! "Me independicé a los dieciséis años" "Soy el más puto y jodido cabrón y me las aguanto todas, solo"

—Sabes que no es eso.

—Sakura está embarazada.

¡Felicitaciones!, era lo que estaban buscando ¿verdad?

Sí, pero es difícil estar feliz sabiendo que tú...

¡Mierda! La perrita de Naruto me vio y se puso a ladrar y a dar saltitos. Por más señas que le hice para que se fuera, ella creyó que jugaba, tiró de mi sábana y... caí. En un micro segundo, yo estaba desparramada en el suelo, media cubierta con una sábana, con todo mi pelo alborotado y una dulce perrita juguetona saltando a mi lado.

—¿Con que el perro?—Sasuke me miraba asombrado.

Naruto tenía una sonrisa divertida. Se acercó a mí y me tendió la mano.

—Es mi novia, Hinata—como pude, me arreglé la sábana y le hice un gesto de saludo al chico.

—¿Novia? Ok. Hola novia de mi hermano—no supe cómo interpretar ese saludo.

—¿Te hiciste daño, bebé?—estaba por darle una respuesta, cuando me giré y vi que le hablaba a Frey, a quien tenía en brazos.

—¿Desde cuándo eres la novia de este pelmazo? —lo señaló con un dedo, su voz ya no tenía el tono preocupado y triste de antes.

Naruto dejó a su mascota en el suelo y con un abrazo, me acercó a su cuerpo, me aferré a la sábana con todas mis fuerzas y antes de que abriera mi boca, él estaba contestando.

—Es mi novia y eso te basta. Te prohíbo que la agobies con preguntas— me guiñó un ojo—. Él es mi hermano Sasuke pero, puedes decirle perro.

—¡Naruto!—el chico parecía enojado pero estaba riéndose.

—Está bien, dile Sasuke

Sasuke me extendió la mano y se la tome tímidamente. Naruto besó mis cabellos y pellizcó mi trasero haciéndome saltar. Ya me las pagaría el idiota de Naruto Uzumaki; ahora, en mi cabeza, había mucha información sin clasificar.

—Quisiera poder quedarme aquí, pero creo que es mejor si me voy a cambiar—solté temblorosamente el agarre de Naruto—. Si me disculpan...— y antes que alguno pudiera parpadear yo, ya había desaparecido del lugar.

Recogí mi ropa rápidamente y me di una ducha exprés. Cuando pasé nuevamente a la sala, no había nadie, aunque se podía escuchar que Naruto y su hermano estaban en el estudio. Respiré profundamente, tomé mi bolso, le hice una caricia en la cabeza a Frey, que estaba echada sobre el sofá masticando un juguete de hule, me miró y movió su colita, yo salí del departamento.

Llegué a casa y me di un baño relajante, mis huesos lo necesitaban después de la noche que había pasado. Me tiré en la cama y dormité un rato, varias horas después estaba sentada en la cama con la laptop entre las piernas, chateando por Skype con Ino.

Cuando el sábado llegó, yo, la muy aplicada estudiante estaba muerta. No, estaba más que muerta, cada músculo y hueso de mi cuerpo sabía claramente el significado de follar duro.

Como se estaba haciendo costumbre, desperté entre los brazos de Naruto, había sobrevivido a su voracidad y me sentía extrañamente contenta, ¡no! estaba siendo inmolada en nombre de un libro. Animada por mi gran descubrimiento me fui a la ducha, a darme un hidromasaje, tendría todo el fin de semana para recuperarme. Al menos eso esperaba.

—Ya no más, Naruto —el muy cabrón, se movía tras de mí—. ¡Lo juro! necesito un descanso—pude sentirlo sonreír mientras se pagaba a mi cuerpo.

No podía negarlo, follar con él era espectacular. Era un excelente maestro, se tomaba el tiempo para explicarme cada cosa referente al sexo, ¡antes de follarme sobre cualquier superficie de su departamento!

Si vinieran los de CSI encontrarían huellas de nuestras "clases" por toda la casa.

Reconozco que en los primeros días me sentí como una puta.

En efecto, lo eres...

Negué con mi cabeza. La vocecita chillona y molesta no se había ido. Pero, cuando empecé a ver el sexo como lo que era, cada vez le hice menos caso y, Tanahi y Menma me lo estaban agradeciendo infinitamente,... y la Editorial,... y las futuras lectoras, ¡también!

Desde que acepté la ayuda profesional de Naruto, mis personajes parecían conejos en época de apareamiento, no importaba el lugar, no había sitio prohibido ni molesto, ni nueva postura para asumir, todo era bueno para una gran follada entre ellos.

Cualquier parecido con la realidad, es una ¡realidad! Tum-tum-plish.

Naruto comenzó a pasar la esponja jabonosa por mi cuerpo, haciéndome jadear cuando tocaba lugares que estaban sensibles. Se tomaba su tiempo limpiando cada parte de mi piel.

—Debo ir por Hanabi—susurré cuando sus labios se deslizaron por la parte trasera de mi cuello mientras sus manos acariciaban mis pechos. Su obsesión por ellos era rara.

—Aún es temprano—murmuró, atrapando mi lóbulo izquierdo, haciendo que mi espalda se pegara aún más a su pétreo pecho.

—Hanabi sale a las ocho, son las seis treinta—él continuó manoseando mi cuerpo a su antojo.—Podemos, podemos.

—¡Déjame en paz, Naruto!—me separé todo lo que el reducido espacio de la ducha me permitía, ya que anoche habíamos terminado en uno de los cuartos de huéspedes—¿Qué? ¿No te basta la noche?

—No, no me basta—frunció el ceño, salió de la ducha enojado, me encogí de hombros y continué mi baño.

Cuando salí, Naruto estaba sobre la cama boca abajo dejando su trasero al aire, me vestí rápidamente tomé mi celular, mis llaves y me fui. No teníamos que despedirnos como eternos enamorados, unas cuantas folladas no nos hacían amigos, por muy bueno que el maldito fuese en la cama.

Pasé por Hanabi y juntas fuimos al súper, cada vez se veía mucho más cómoda conmigo y yo también lo estaba... mientras que Hanna no fuese tema de conversación. El domingo, fuimos al Blockbuster y compramos "The Hunger Games".

—Si tuvieras Netflix, podríamos ver montones de películas y tener maratones de series, sin salir a comprarlas.

—Escasamente veo televisión.

—¿Te imaginas poder ver la película que quieras, acostadita, comiendo cosas ricas, mientras afuera llueve? Deberías pensarlo—me movió sus cejas, graciosamente.

—Muy bien, lo pensaré—y sonreí. Cada vez era más fácil sonreírle.

Invitamos a Ino a nuestra noche de películas, ya que estaba deprimida porque Sai estaba fuera de la ciudad e Inojin, donde sus abuelos. Hanabi y yo habíamos pasado gran parte de la tarde cocinando y acomodando la sala, cuando el timbre se escuchó

—Debe ser Ino—dijo mi hermana.

—Sí, yo abro. Tú puedes ir por las palomitas—dije caminando hacia la sala.

—Hinata, ¿también saco los panquecitos del horno?—gritó, desde la cocina.

—Sí—abrí la puerta—. Ino va...—mis palabras quedaron trancadas en mi boca. Frente a mí estaba Naruto Uzumaki. No tuve tiempo de reaccionar, sus labios succionaron los míos deliciosamente, con la intensidad que mi cuerpo reconocía. Un beso carnal y algo violento al que me adapté rápidamente, ya que la mayoría de sus besos eran así. Lo siguiente que sentí fue cómo algo se hacía añicos contra el suelo.

Me separé de Naruto jadeante y cerré los ojos antes de girarme, encontrándome con los ojos grises de Hanabi abiertos.

—Hanabi, puedo explicarlo...—dije mirando a mi hermana que estaba inmóvil.

—O puedo hacerlo yo—Naruto se me adelantó—. Naruto Uzumaki—le tendió su mano—, soy el novio de tu hermana.

¿Qué? ¡Maldito bastardo! Cero y van dos.

—Hanabi —mi hermana tendió su mano, pero Naruto se llevó los nudillos a la boca dándole un ligero beso. El rostro de Hanabi fue un semáforo en rojo instantáneo.

—Hanabi —mi hermana asintió—, Hinata me ha hablado mucho de ti—dijo tendiéndome lo que traía en sus manos: refrescos y pizza ¿vegana?

Nos siguió hasta la cocina.

—Hinata, creo que he dañado los cupcakes —dijo mi hermana mostrando un desastre en el suelo.

—¿He llegado en mal momento?—preguntó de manera inocente, y se agachó para ayudar, le di una mirada de muerte.

—Hanabi, termina de organizar las cosas en la sala y yo me encargo de recoger esto con Naruto.—Hanabi llevó la pizza y el refresco hasta la sala y yo me agaché junto a Naruto—. ¿Se puede saber qué demonios haces aquí?— murmuré con los dientes apretados.

—Tú conoces a Karin y a Sasuke. Estaba en desventaja.

—Nuestro pacto es de lunes a viernes, te quiero fuera de aquí ¡ya!

—¿Te quedas a nuestra noche de películas, Naruto?—preguntó Hanabi desde la sala.

—¿Y destrozar el corazón de tu hermana?—Exageró colocándose la mano en el pecho y gritó para que ella escuchara—¡Sí, Hanabi! ¡Será todo un placer!—me dio esa mirada que me había dado la última vez que habíamos visto una película: levantando sus cejas y sonriendo burlón.

—No. Te vas a ir ya, inventa cualquier cosa, yo puedo soportar cualquier pendejada tuya sobre las películas, pero Hanabi es menor—susurré. ¡Por qué demonios susurro! Me levanté con los pedazos rotos de loza, mientras Naruto recogía los panquecitos dañados siguiéndome hasta la cocina.

—No voy a irme, tú y yo tenemos un acuerdo donde me obligas a ser monógamo—dijo la palabra como si fuese un suplicio—. Sí decido ir a otro lugar terminaré encontrándome con alguna otra chica linda y follándola hasta el amanecer—caminó hacia mí hasta dejarme atrapada entre sus brazos y la mesa de granito.'

Manipulador... Maldito... ¡Arg!

—¿Qué quieres que haga, Naruto?, sabes muy bien que si te acuestas con una mujer, nuestro contrato queda nulo y tendrías que explicarme lo que falta. Sin sexo.

Naruto rió interrumpiéndome.

—Eres consciente que tu decálogo es ridículo. El hecho que yo esté aquí, habla de quien soy.

—Un prepotente hijo de...—Inhala... exhala Hinata.

A este paso mis pulmones serían de buzo profesional.

—Sí, sí... todo eso y mucho más. No me ofendes al llamar a mi difunta madre o a Tsunade así, todas las mujeres tienen algo de puta—lo miré mal—. No me mires así Hinata, una mujer debe comportarse como tal si quiere tener el hombre de su vida a su lado, así que no me ofende si me llamas así, estaba demasiado aburrido solo en casa así que me dije a mí mismo: vayamos a visitar a nuestra novia y conocer a su hermana... y ¡voilâ!, aquí estoy.

—Pues yo digo... ¡Aquí te vas!—dije empujándolo un poco, pero ni se movió.

—Y yo digo que me provoca besarte y ¿por qué no? Tengo que tomar lo que me pertenece. —Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Gemí internamente cuando sus labios sometieron a los míos, lo mordí fuertemente pero él sonrió divertido pegando su cadera a la mía y afianzando sus labios un poco más. Me alzó sobre la mesa y siguió besándome ardientemente.

Dejé de pensar y me aferré a él con piernas y brazos; Naruto Uzumaki era como una droga, como tomar tres latas de Coca-Cola de un solo trago. Besarlo suponía un gran placer, era adictivo Sus manos acariciaron mi costado hasta bajar al borde de mi camiseta y levantarla un poco y...

¡por un demonio! Necesitaba alejarme, pero sentir su piel contra la mía, era demasiado placentero. Mis manos se colaron entre sus cabellos rubios halándolos levemente. Una de sus manos acarició mi vientre haciendo que mi cuerpo completo se contrajera y... ¡abrieron la puerta!

—¡Jesús, María y José!—Ino gritó haciéndome quedar inmóvil— ¡No coman pan delante de los pobres!—Naruto se separó de mí y pegué mi rostro a su pecho—¡Gracias a Dios que he dejado a mi pequeño con mi madre!

—Hola, Reina del Drama—murmuré, empujando a Naruto.

—Ino—Naruto le dio su sonrisa patentada—. Es un gusto volver a verte—levantó su ceja izquierda y la miró fijo—Como siempre, ¡tan inoportuna!

—Y tú, tan exquisito como un orgasmo y tan encantador como una patada en el hígado—murmuró mi amiga.

Amaba que ella se mostrara firme, pero estaba segura como que el infierno quema, que las bragas le temblaban. Naruto amplió su sonrisa antes de tomar una manzana del tazón de frutas y salió a la sala.

—Estás jugando con fuego, Hinata —murmuró Ino.

—Ino...

Ino no me miró. Colocó un bote de helado de pasas al ron dentro del refrigerador, y tomó el otro abriéndolo y sacando unas cucharadas y dejándolo en una taza.

—No te estoy recriminando, pero puedes salir con graves quemaduras. Por cierto, ¿qué hace aquí?—preguntó, metiéndose una cucharada a la boca.

—Se auto invitó y Hanabi le pidió que se quedara a ver la película— murmuré robándole helado a mi mejor amiga.

—Hey, toma tu taza—siseó—. En fin, ¿qué peli veremos?

—"The Hunger Games", Hanabi la escogió.

—¿Es la película en donde todos se visten como Lady Gaga?—me encogí de hombros porque no la había visto—. Ah no... es aquella donde la chica tiene que elegir entre el chico enano poco interesante y el guapote sexy—Ino metió una cucharada de helado a su boca.

—¡Te escuché! ¡No te metas con Guy!—gritó Hanabi desde algún lugar de la sala.

—Ino, no me cuentes la película, por favor.

Ino rodó los ojos antes de darme un pequeño golpe en el brazo.

—Bueno, al menos no es la de Superhéroes que destruyen toda una ciudad para salvar a un gato—salió de la cocina, sin nada en la mano, yo salí tras de ella, con un bol de caramelos y otro, con palomitas.

En la sala, Naruto y Hanabi reían abiertamente como si fueran los mejores amigos.

—¡Hinata, no me habías dicho que tenías novio!—Ino enarcó una ceja en dirección a mí—y que era tan chistoso, además de ser el presentador de "Hablemos de Sexo". Las chicas van a morirse cuando les diga que mi hermana es la novia del dueño de la voz más sexy de Nueva York.

¡¿Qué?! ¡Nooo! Hanabi no podía decir nada, como si me leyese el pensamiento Naruto habló.

—Es preferible que omitas decir quién soy, con que digas que tu hermana sale con un hombre sexy, es suficiente—dijo engreído —. No quiero que a tu hermana la atosigue la prensa.

—Además, apenas estamos conociéndonos.

—¿Tú lo sabías, Ino? —preguntó Hanabi—¿Sabías qué Naruto es el Doctor Sex?

—Esto...—Ino me miró y yo asentí—. Sí, de hecho, nos conocimos hace un mes cuando Hinata hizo una entrevista en ese programa por el libro.

—Wooo...

—See... Eso mismo dijo tu hermana cuando me vio. ¡Woo! Fue amor a primera vista. Ella me invitó a salir y no la culpo, soy irresistible.

Lo miré con los ojos entrecerrados y él mostró su sonrisa patentada por enésima vez en la noche y... sí señores, habían tres bragas temblando en la sala.

—Lo que eres es un petulante—caminé hacia ellos, sentándome entre Ino y Naruto pero él me sentó sobre sus piernas.

—Así me quieres, Dulzura—me dio un beso en la mejilla.

¡Joder! ¡Cómo demonios tenía que decirle que no me dijera nena, dulzura o cualquier otro apelativo ridículo y cliché!

—¿Vinimos a ver una película o a ver como se empalan uno al otro?—al parecer Ino estaba en sus días "perra", entiéndase como los días que Dios decidió que debíamos ser más mujeres que todos los días.

—Yo pongo la película—Hanabi se levantó del sofá y yo aproveché para meterle un codazo a Uzumaki mientras mi hermana no miraba.

—¡Auch!—él se quejó y yo me bajé de sus piernas.

—Eso sí les advierto, se burlan de la estatura de mi Joshi ¡y los madreo a todos!

Estaba incómoda y adolorida, él, a mi lado, estaba sospechosamente tranquilo, creo que dormitaba... hasta que Ino abrió su boca.

—Ella es la protagonista más frígida que he visto.

La carcajada de Naruto fue estruendosa, todos giramos en su dirección, para mirarlo.

—¿La conoces?

La pregunta de Hanabi quedó sin respuesta porque mi amiga, con la cuchara de helado a punto de entrar por enésima vez a su boca, atacó de nuevo.

—Eso no se le puede llamar beso, la tipa parece que tiene un pedazo del iceberg que hundió el Titanic enterrado en el culo. ¿Será que la actriz estaba falta de un buen...?

—¡Ino Yamanaka!—mi grito salió distorsionado porque no pude controlar mi risa.

—No es frígida. El protagonista la amasaba bien cuando estaban en esa cueva, tú sabes, él es experto en... amasar—su voz fue seductoramente narcótica—. Eso es solo una careta, para que sigan creyendo que ella es la fuerte, pero dentro de la cueva se deshace por él—sobreactuaba para sus groupies—. La tensión sexual entre esos dos fluye por sus poros, la pregunta del millón de dólares es ¿Cuándo saldrán las imágenes de la cueva por TMZ?, Ino y Hanabi estaban desternillándose de la risa.

¡Dios, es que acaso nunca podría volver a ver una película con Naruto! ¡Para él todos tenían una tensión sexual palpable!

Después de la hora del chiste, todos nos concentramos en terminar de ver la jodida película. Cuando la película acabó, Hanabi propuso ver Blanca Nieves y la leyenda del Cazador, pero Naruto nos explicó por qué no debíamos verla.

—Es una mala influencia. Seguida muy de cerca por Mulán —allá va otra vez, Doctor Sex en versión familiar.

—Naruto...—advertí.

—Déjalo que hable, Hinata.

—No entiendo, ¿Qué tiene que ver Mulán con esta película?

Sus fanáticas estaban alborotadas y no iban a permitir que yo no lo dejara hablar. Él, se puso de pie y, cual charlista, se preparó a explicar.

—Sencillo, esta chica no solo seduce al hermano de su madrastra y le clava un puñal cuando él menos lo espera, sino que también, se escapa al bosque y luego emprende un viaje con el cazador, sola. Ella es una mujer y él un hombre—hacía gestos divertidos para enfatizar— Ella tiene de blanca y pura lo que tengo yo de monaguillo—puntualizó.

—Ahora soy yo la que no entiendo—dije, pero... luego, luego, me arrepentí.

—Ella se folló a Thor.

—¿Qué hace Thor en esta película?—de verdad, no entendía.

—Hermanita, aterriza... El actor del dios del martillo es el mismo que hace de cazador.

Hanabi e Ino empezaron a reír... de nuevo.

—Está basada en Blanca Nieves, una de las peores princesas en la versión de Disney—me explicó, yo le enarqué una ceja—, no es tan inocente como se ve, se escapa de casa siendo adolescente y se va a vivir con siete tipos. ¡Siete! ¿Quién me dice a mí que ella no fornicaba con esos hombres?

—Naruto, es un cuento infantil.

—¿Era Blanca Nieves pura e inocente? ¿Siete hombres y ninguno la acechaba de noche?—Tomé un puñado de palomitas y se lo aventé—¿y qué me dicen de ese sospechoso amor por los animales?—su actitud era de un fiscal ante la corte—Son preguntas para las que nadie tiene respuestas— dijo seriamente.

Ino y Hanabi se agarraban el estómago para dejar de reír.

—Tienes un novio muy chistoso, Hinata—dijo Hanabi recobrando la compostura.

Ino respiró fuertemente, limpiándose las lágrimas y siguió:

—¿Por qué dices que Mulán es peor? ¿Qué tienes contra la heroína de China?—era evidente que quería que el show no terminara.

Un histriónico Naruto le dio respuesta.

—Bañarse en un río sin que nadie la viera... eso es sospechoso. Me huele que Shang la vio en alguna de sus guardias o tal vez ella vio lo vio a él. ¿Ustedes se imaginan lo que debió sentir el pobre hombre cuando se sintió sexualmente atraído por otro hombre que al final resulta ser mujer? O sea, o es bisexual o es gay.

—Permiso, creo que moriré de la risa— Ino se puso de pie, secando sus lágrimas.

Se fue a la cocina, pensé que vendría con su cuarta taza con helado pero no, traía ositos de goma, antes de que pudiera tomarlos, Naruto se los quitó.

—¡Mierda! ¿Qué traes ahí?, esos osos son lo peor... Ositos pornográficos —dijo abriendo la bolsa y regándolos en una de las charolas vacías.

—¡Hey!

—Ositos pervertidos, son mis favoritos todos se cogen con todos — colocó los ositos en posiciones nada morales y luego empezó a hacer ruiditos como "más fuerte, rojito" "quiero verte pegar, piñita" "eres verde como Hulk; quiero ver si te crece como Hulk".

¡Dios! mi cara había pasado por todas las tonalidades de rojo, Hanabi e Ino reían como dos niñas pequeñas. Estábamos tan concentrados que, no nos habíamos dado cuenta que había empezado a llover hasta que un maldito trueno hizo su aparición, haciendo que pegara un brinco y me lanzara a los brazos de Naruto. Lo único que faltaba era que se fuera la luz.

Y como el karma es una perra, se fue...

—Contemos historias de terror—dijo Hanabi. Habíamos iluminado la sala con velas y llovía intensamente.

—Ni te atrevas—susurré a Naruto, quien alzó sus manos en señal de inocencia... una que por supuesto yo sabía no tenía.

Cuando se le ocurrió contar algo sobre el campamento de vaginas, coloqué mi mano en su boca haciendo reír a las chicas. Estábamos riéndonos relajados y el petulante de Uzumaki se veía como una persona normal. Después de un par de historias sin ningún contexto sexual, Hanabi bostezó sonoramente.

—Creo que es hora de ir a dormir—dije mirando el reloj, eran casi las dos de la mañana. A decir verdad también tenía sueño.

—Es hora que me vaya a casa—dijo Naruto, levantándose del suelo en donde habíamos terminado.

—Pero afuera está lloviendo... a cántaros—Hanabi dijo lo obvio.

—See... al parecer la perra de Freyja dejó sin sexo a Odín[24] nuevamente —dijo Naruto socarrón, Hanabi sonrió.

—No puedes irte—mi hermana estaba preocupada por la tormenta.

—Tranquila, estoy acostumbrado a conducir tarde, por el programa, y la lluvia no me asusta.

¡Joder, ahora no te asusta cabrón!

—¡Quédate con Hinata! Ino puede quedarse conmigo—ella insistía.¡What!

Al parecer lo había dicho en voz alta porque Ino y Hanabi me miraron. La primera estaba burlándose, ¿podía uno embriagarse con helado de pasas al ron?

—Pues... no es que no hubiesen dormido juntos antes, ¿no, Hinata? — maldición, Ino—. Vamos Hanabi, guíame hermana —dijo entre risas, mientras se llevaba a Hanabi.

Habíamos tomado helado, comido palomitas, panquecitos, pizza. También podría jurar que Ino había tomado algo más.

—Estoy muy cansado—Naruto murmuró—, imagino que la habitación que queda desocupada es la tuya—dijo antes de perderse por el corredor.

Bufé sonoramente antes de apagar todas las velas y caminar hacia mi habitación. Naruto estaba quitándose la camisa cuando entré.

—Tengo una bolsa para dormir—musité buscando en el closet mi bolsa de camping.

—Está haciendo frio—dijo Naruto sentándose en la cama y quitando sus zapatos—, te vas a congelar ahí adentro—me giré sonriendo todo lo que daba.

—Yo no dormiré ahí.

—¿Ah no?—Naruto alzó una de sus cejas. Teníamos una vela encendida así que podía ver casi todos sus movimientos.

—Tú dormirás allí—sentencié.

—Sí, como no—negó con su cabeza y se quitó el pantalón... ¡Dios, ese bóxer gris!—No seas estúpida, Hinata. Hace una semana que dormimos juntos, bueno hacemos más que dormir, pero ese no es el caso a menos que tú quieras...

—clavé mi mirada en él.

—Mi casa se respeta, eso sin contar que Hanabi está a solo una puerta de distancia.

—No voy a dormir en un estúpido saco—se acostó en mi cama cómodamente—. Si tú quieres hacerlo, ¿quién soy yo para impedírtelo?— apreté mis manos en mis muslos, antes de tomar una sudadera y un suéter gigante y caminar en dirección a mi baño.

Maldito seas, Naruto Uzumaki.

Me acosté en la cama a su lado completamente vestida... la habitación se sumió en silencio, solo se podían escuchar las gotas de lluvia caer. Intentaba dormir, pero no tenía sueño; así que me giré de medio lado justo antes de sentir a Naruto pegarse a mí.

—Bob Esponja y Patricio son gays—no sé por qué, pero el comentario me hizo reír.

—Genio, eso lo sabe todo el mundo.

—¿Sabías que follan debajo de la piedra de Patricio?

—Naruto, no me interesa hablar de la vida sexual de Bob Esponja y

Patricio Estrella.

—¿Sabías que Pinky Winky tenía graves problemas de personalidad? Él decía que también era chica, por eso usaba cartera.

—¿Quién diablos es Pinky Winky?—sabía quién era pero quería ver hasta donde pensaba llegar con su verborrea estúpida.

—¡Joder, nunca viste los Teletubbies! Pinky Winky, Dipsy, Laa-laa y Poo. Pinky Winky era el morado.

—No sabía que te gustaran ese tipo de programas.

—Y no me gustan, pero algo debía sofocar los gemidos mientras me masturbaba.

—No que nunca te masturbabas.

—No después que supe que las mujeres lo hacían mejor.

—Por qué no te duermes y ya—susurré sonriendo, no podía imaginarme a Naruto Uzumaki masturbándose mientras veía los Teletubbies.

—Winnie Pooh también es gay.

—Naruto por favor, no te metas con Pooh.

—Pero, qué culpa tengo yo que él y Tigger...

—¡Naruto...!

—¿Y cuándo alzaba a Pigleet sobre su cabeza? Ese era un oso depravado —sonrió al sentirme reír—. ¡Gírate, Hinata!

—No...—si me giraba estaba perdida.

—Anda, gírate—me obligó a hacerlo.

—¿Qué quieres?—él unió nuestros labios en un beso suave, profundicé el beso y pedí acceso a su boca, Naruto me estaba dejando dominar y eso era extremadamente excitante y como siempre sucedía, lo que empezó como algo suave estaba convirtiéndose rápidamente en un huracán de pasión; antes de darme cuenta ya estaba sobre él.

Naruto tenía sus manos en mi cintura, mientras nos besábamos como si no hubiese mañana, mordiéndonos, luchando con nuestras lenguas y jadeando entre besos; mis pulmones clamaron por aire y me separé con la respiración acelerada.

—Naruto...

—Buenas noches, Hinata, hay que respetar tu casa —sonrió pagado de sí mismo, mientras me bajaba de su cuerpo dejándome sentada a su lado.

Estaba húmeda y él estaba más firme que la torre Eiffel. Sin embargo se giró cerrando los ojos dispuestos a dormir.

¡Cabrón! ¡Mil y una vez hijo de la gran...!

Mi centro palpitaba dolorosamente, sin embargo intenté calmarme, no era como si fuese a follar con él estando Hanabi e Ino tan cerca de mi habitación. Me giré a medio lado dándole la espalda y uniendo mis piernas creando un poco de fricción para calmar el ya conocido dolor que me consumía. Me excitaba, pero no era lo mismo.

Naruto se giró aferrándose a mí, colocando su prominente erección en mi trasero y me haló dejando mi espalda pegada a su pecho, su mano trazó un camino por mi vientre hasta colarse sobre mis bragas.

—Abre tus piernas para mí —susurró, tirando del lóbulo de mi oreja.

—Naruto.

—Shstt... no podrás dormir así, solo te ayudaré a liberarte... ¿Crees poder dormir en esa condición?—negué accediendo a su petición.

Su dedo anular acaricio mi clítoris de forma circular y un pequeño gritillo escapo de mi garganta, agarré su mano con la mía deteniendo sus movimientos.

—Ino, Hanabi—mi voz fue ronca y balbuciente, podía sentir el temblor en cada rincón de mi cuerpo.

Naruto acomodó su brazo libre bajo el hueco entre mi hombro y cuello, tapando mi boca con su mano antes de mover los dedos que acariciaban los pliegues ya húmedos de mi sexo.

Me perdí...

Al día siguiente, mientras dejaba a Hanabi en la puerta de su escuela, por primera vez experimente que estaba correcto lo que hacía con mi hermana.

—Hinata, fue un fin de semana perfecto, nunca me había reído tanto desde que murió... ¡perdón! La estoy jodiendo... yo solo quería decirte que me encantó tu novio y que fue un fin de semana perfecto.

—Yo también lo pasé muy bien. Estudia y pórtate bien, nos vemos el sábado.

Animada por las palabras de Hanabi, decidí comportarme socialmente correcta y me fui a ver a Naruto, debía agradecerle lo que hizo por mi relación con mi hermana.

Cuando entré a su consulta, por primera vez me sentí incómoda con mi vestimenta y me sentí ridícula: a mí, que estaba a punto de entrar a hablar con el hombre que me convertía en plastilina cuando estaba en su cama, me preocupaba estar vestida con jeans y zapatillas. ¡Joder!

Las clases de sexo están cambiando mi escala de prioridades.

La antigua chica que estaba en la recepción no se encontraba en el lugar, en cambio una chica rubia con cara de fastidio, mascaba chicle mientras ojeaba una revista.

—¿Tiene cita?— preguntó de mala manera cuando me acerqué al escritorio, no quise ahondar en la manera despectiva en la que había me había escaneado.

—No tengo cita pero yo...

—Si no tiene cita el Doctor no puede atenderla, se encuentra ocupado con otros pacientes.

—¿Al menos, podría decirle que Hinata Hyûga quiere verlo?

—Ya le dije que...—iba a interrumpirla completamente enojada cuando la puerta de Naruto se abrió, ambas nos giramos para verlo salir con un chico de no más de veinte años.

—Thomas agenda cita para la próxima semana—le indicó a la secretaria.

—Sí, Doctor—él sonrió, despidiéndolo.

—¿Hinata?—preguntó, como si no pudiese creer que estuviese ahí—¿Qué haces aquí, nena?

—Intentaba hablar contigo—me acerque a él en una pose melosa— pero tu secretaria dijo que era imposible que me atendieras.

—Gianna, Hinata es mi novia, para ella nunca estoy ocupado ¡¿Entendido?!

¿Novia? ¿Qué no era una relación secreta? ¡El muy jodido lo hizo una vez más! ¿Es que ya no le queda cláusula que violar? Mi sonrisa era una mueca, yo lo había provocado y quería que le diera un escarmiento a la secretaria, pero no diciéndole que éramos novios.

—Necesitaba decirte algo.

—Vamos, preciosa, tengo algunos minutos libres—me condujo hasta su consultorio agarrándome el trasero y cerrando la puerta tras de él. Cuando estuvimos dentro, capturó mis labios con los suyos.

—Eres insoportable y yo que venía a darte las gracias—dije cuando el aire nos faltó.

—¿Tan feliz te hizo el que te masturbara?

Tranquilízate Hinata, vienes a otra cosa, no a entrar en esas discusiones retóricas que siempre terminan contigo clavada por su portentoso... ¡Concéntrate, mujer!

—Fuiste muy amable con Hanabi y la dejaste gratamente impresionada. Por primera vez la vi disfrutar tan relajadamente el mismo espacio donde estamos las dos.

—Es una chiquilla encantadora, eso sí, a la defensiva y con mucho temor a que tu no la quieras.

—¿Nos psicoanalizaste?

—No, pero soy psicólogo. Podría decirte mucho de lo que vi entre ustedes, anoche en la casa.

—Pero no dirás nada, no eres mi terapeuta ni el de ella, eres mi instructor de sexo, nada más.

Silencio.

—Era todo lo que quería decirte, gracias por ayudarme con Hanabi.

—¡Oh, no es nada! Viene con la promoción: Tome clases de sexo conmigo y le regalo una mejor relación con su hermana.

Le mostré el dedo del medio mientras cerraba la puerta de su consulta

—¡Te veré esta noche!—gritó y pude ver con satisfacción como la cara de la secretaria se retorcía en un gesto de incredulidad.

De eso, había pasado ya una semana. Dos semanas de clase. Más de sesenta orgasmos y mucha información sexual. Pero yo enfrentaba lo que todo escritor odia: un bloqueo espantoso. Naruto me estaba enseñando a disfrutar la sexualidad, este hombre tenía una resistencia de hierro, pero yo no era tonta, recibía por lo menos dos orgasmos diarios, mientras que él a veces no se liberaba.

Era eso o yo estaba en la efervescencia del clímax que ni lo sentía; cuando le preguntaba, me decía que era por el Tantra. Había leído cosas en Internet acerca de eso, pero no entendía un carajo y Naruto solo decía que no me saltara su programación.

No tenía nada que hacer, le envíe vía E-mail a Kiba los seis capítulos del libro y ahora mismo, Tanahi y Menma se encontraban peleados porque su ex había regresado y la maldita era linda. No, era hermosa. Rubia, cuerpo kilométrico y 1.70 de estatura... Nada que ver con los 1.55 de Tanahi y su pelo negro, sin chiste.

Joder, era buena. Menma había discutido con Tanahi y ella, lo había echado de su casa sin escuchar sus explicaciones, por lo que él se había ido muy molesto y luego, él había tenido que volar a Suecia por problemas en la oficina principal.

Miré por enésima vez mi laptop y el cursor titilando en el último punto del párrafo, antes de releer lo escrito.

Lo amaba... lo amaba y, en ese momento lo odiaba también. Odiaba que él me poseyera de semejante manera, odiaba que mi cuerpo solo estuviese vivo cuando el presionaba mi piel de manera urgente; odiaba el sonido de su voz alentándome, sus gemidos pequeños en mi oído cuando entraba y salía de mí. Lo odiaba de la misma desgarradora manera en que lo amaba.

Yo solo respiraba y decía: ¡Dios! Dame fuerzas para continuar, dame fuerzas para sobrevivir...

Tanahi maldecía una y otra vez que Geraldin hubiese regresado. Era derrumbar la pared invisible que ella y Menma habían puesto a su alrededor para que ninguno otro la traspasara.

Lo extrañaba... Necesitaba sentir su calor cuando él pasaba por el cuarto de fotocopiado y, accidentalmente, le rozaba la espalda. Necesitaba, escucharlo, olerlo, la presencia poderosa a su lado; él era su otra mitad, su corazón y su todo. Necesitaba llamarlo, decirle que la perdonase por ser una tonta insegura, que no quería dudar de él, que estaba celosa de todo y de todos, que en ese momento lo añoraba, que le era necesario como el aire, que no estaba viva si no venía y le decía:

—Eres mi bombón.

Tomó su celular de la mesa de noche y buscó el número entre sus contactos: Men-ma.

Oprimió la tecla rápidamente escuchando los pitidos. Entendía que en Suecia apenas amanecía... un pitido, dos pitidos... Colgó.

Escuché mi celular bailar sobre la mesa, estaba en modo vibrador.

—Bueno —contesté al tercer timbrazo, dejándome caer en la almohada.

—Hinata —la voz de Naruto se escuchaba cansada.

—No, el pájaro loco, pero puedes dejarle un mensaje —dije bufando.

—Creo que follar te está afectado el sentido del humor.

—Obvio que soy yo, Naruto. ¿Qué necesitas?, son las —miré el reloj en mi laptop 13:30 y nos veremos hasta dentro de doce horas, a no ser que desees dejarme en santa paz, hoy.

—No digas bobadas. Necesito verte antes.

—Y yo que se me desbloqueé la cabeza, pero en fin, nunca tenemos lo que queremos.

—Es parte de la clase, te espero dentro de una hora en el centro comercial que está cerca a la emisora —cortó.

Sí maestro.

Yo estoy bien ¿y usted...?

¿Qué vaya a x lugar?

Sí señor, ya voy.

Tiré el teléfono en algún lugar de mi cama antes de levantarme e ir al baño.

Continuará...


Gracias a quienes siguen la historia, tambien de nuevo agradezco sus comentarios y mensajes, y porque aun me leen
un abrazo.

Mas mañana.