A/N: Vale, hagamos esto una vez más. No lo leáis en p- JAJAJA no. Es broma, es broma. Creo que todos necesitamos un respiro del smut. Pero no os pongáis tristes porque sé que este capítulo os va a gustar. Muches de vosotres lo estabais pidiendo desde el primer minuto ;)


Capítulo 11: ¿Se te resbaló dentro, así, por casualidad?

Apartamentos Allendale, Nueva York

15 de julio del 2026, 12:45h

Beca pisa el acelerador en cuanto ve la figura de Chloe desaparecer en el interior de su portal, y lanza a Kyle contra el respaldo de su asiento de un golpe que ni niega ni confirma que fuera algo hecho a propósito.

- Ow – se queja él, terminando de enganchar el cinturón del asiento de copiloto con un click.

Beca le ignora y mantiene su mirada fija en la carretera igual que si fuera sola en el coche, concentrada en seguir las indicaciones del navegador que ha configurado para que les lleve al aeropuerto de LaGuardia.

- Vale, si las cosas van a ser así… – dice Kyle alzando ambas manos y luego dejándolas caer sobre sus piernas –. Kyle, cuéntame, ¿qué tal has dormido esta noche? – se pregunta en un tono de voz agudo que Beca asume debe ser una especie de imitación al suyo.

Pone los ojos en blanco, pero no muestra ningún otro tipo de reacción externa.

- Oh, gracias por preguntar, jefa – remarca la palabra, porque sabe que Beca odia que la llame así –. La verdad es que no he dormido muy bien porque las de la habitación de al lado se han pasado toda la noche follando como conejos.

Kyle hace un giro de cabeza excesivamente dramático para mirar a su izquierda y Beca es incapaz de seguir ignorándole.

- No ha sido toda la noche – se defiende secamente, y aprieta los labios en una firme línea antes de que escape algo comprometido de su boca, como: de hecho, esta ha sido la vez que menos hemos follado.

- ¿Esa es la parte que te molesta? – ríe Kyle.

Beca le lanza una mirada fulminante por el rabillo del ojo y sus dedos se aprietan alrededor del volante.

Desea que nunca hubieran tenido que dejar a Chloe en su apartamento, que hubieran podido seguir dando vueltas por Nueva York. O, incluso mejor, que hubiera sido Kyle el que se hubiera bajado en Jackson Heights y Chloe todavía estuviera a su lado en el coche.

- Lo gracioso es que creía que a lo mejor era… – Kyle agita una mano en el aire –. La chica esta que estabas viendo, ¿cómo se llamaba? – pregunta con fastidio, chascando los dedos.

Kyle le da vueltas unos segundos, el ceño fruncido mientras rebusca en su memoria, especialmente molesto consigo mismo porque se enorgullece de ser un auténtico as a la hora de recordar nombres y caras.

Beca se queda callada. A pesar del instinto de especificar por quincuagésima vez que no es nada serio, sus labios continúan formando una fina línea para dejar claro que no tiene intención alguna de ayudarle.

Sin embargo, Kyle no lo necesita.

Pronto se impacienta demasiado como para seguir intentándolo y lo desestima con un "bueno, da igual" dicho con un gesto de la mano.

- …pero no me esperaba para nada que fuera Chloe – continúa en tono escandalizado, posando esa mano en su pecho –. En plan – ladea la cabeza, reconsiderando –. Siempre me dio la impresión de que ahí había un poco de tensión sexual – dibuja un círculo con su índice hacia Beca.

Y, muy a su pesar, Beca cae en su juego sin darse cuenta.

- ¿Yo? – exclama, indignada –. ¿Y ella qué?

- Chloe es ligona por naturaleza – Kyle se encoge de hombros, despreocupado –. Pero tú no, y te aturullas toda cuando estás con Chloe – le lanza una mirada dulce –. Es adorable, sinceramente.

Pero Beca bufa, nada satisfecha con ese cumplido.

- No soy adorable.

- Pensé que a lo mejor había pasado algo entre vosotras en la universidad – prosigue Kyle haciendo caso omiso –. Vuestra amistad siempre me ha parecido algo rara, como si estuvierais constantemente en la línea entre amigas y algo más.

Entrecierra los ojos e inspecciona a Beca con la intensidad del mejor de los polígrafos humanos, frotándose la barbilla con los dedos.

Beca vuelve a sellar sus labios, dejando que haga las elucubraciones que quiera.

- Quizá empezasteis como novias y quedasteis como amigas al cortar – reflexiona Kyle en voz alta –. Pero entonces Jesse no encaja…

Sus ojos se abren de golpe y emite una dramática exclamación ahogada. Una de sus manos se posa repentinamente en el antebrazo de Beca y lo aprieta, exigiendo que le preste atención.

- Oh, por favor, dime que estabais los tres liados – suplica.

- ¿Qué? ¡No! – Beca sacude la cabeza, encontrando la idea repugnante, cuanto menos.

No tiene nada en contra de los tríos, pero solo pensar en juntar a Jesse con Chloe le da escalofríos, y no de los buenos. ¿Y con Beca en el medio, además? Habría sido como juntar la leche con el vinagre: absurdo y asqueroso.

Vuelve a sacudir la cabeza para deshacerse de esa imagen.

- Booo – Kyle hace un puchero, fastidiado –. ¿Entonces qué ha pasado entre Chloe y tú?

Beca se encoge de hombros.

- ¿Cómo que…? – Kyle la imita, encogiéndose de hombros él también –. ¿Qué se supone que significa eso? – agita ambas manos en el aire, indignado –. No follas toda la noche con tu mejor amiga por accidente, Beca.

- No fue toda la noche – musita.

Pero su asistente está tan alterado que ni la escucha.

- ¿Pretendes decirme que tu lengua terminó en su coño por error? ¿Se te resbaló dentro, así, por casualidad?

- Oh, jesús – Beca le corta con una mueca llena de molestia por su brusquedad a la hora de hablar –. No es la primera vez que pasa, ¿vale?

- ¿Que no es…? – la voz de Kyle se vuelve estúpidamente aguda hasta que se corta de golpe, y Beca asume que simplemente ha alcanzado niveles que el oído humano es incapaz de captar –. ¿Estás de coña? ¿Ha pasado antes y no me lo has contado? – grita.

Y Beca no sabe qué es lo que más le molesta a Kyle, si el hecho de que ya haya pasado antes, o que no se lo haya contado, aunque tiene sus sospechas de que es más bien la segunda opción.

Para ser jefa y subordinado, tienen una relación bastante cercana. Lo suficiente como para hablar de sus amoríos y ligues, o la falta de ellos.

Pero Chloe es diferente.

Quizá sea que Beca todavía tiene el instinto básico de Barden de mantener todo lo relacionado con Chloe bien oculto, de guardar sus cartas bien cerca de su pecho donde nadie más que ella las pueda ver.

Quizá sea que las cosas con Chloe siempre han sido de ese tipo de especial que te lleva a no querer compartirlo con nadie más porque tienes miedo de que, entonces, pierda parte de su magia, de que deje de saber tan dulce.

Quizá sea que Beca todavía no está enteramente segura de cómo contestar a todas las preguntas que siempre acompañan a este momento, todavía no sabe cómo dar respuestas que sean satisfactorias.

Quizá sea que evitar hablar de ello con otra gente hace que Beca pueda seguir evadiendo los sentimientos que siempre afloran en su pecho al pensar en Chloe, y que solo se han intensificado desde que han añadido el elemento del sexo a su relación.

Kyle vuelve a hacer una de sus exclamaciones exageradas y su mano da un nuevo apretón al antebrazo de Beca.

- ¿Le pusiste los cuernos a Jesse con tu mejor amiga?

- ¿Q…? ¡Ptttffff! ¡No! – resopla Beca, algo ofendida de que Kyle la crea capaz de hacer algo así.

- Entonces tuvo que ser después de Barden… ¿Fue cuando vivíais juntas en esa caja de zapatos que teníais por apartamento? Fueron muchos años compartiendo cama…

- No.

- ¿Más tarde todavía? – exclama Kyle, desconcertado.

A esto le sigue un largo rato de magnífico silencio mientras el joven repasa todos los datos biográficos que conoce sobre Beca en busca del momento en que pudo empezar su lío amoroso con Chloe.

- Espera, espera, espera. ¿Tiene esto algo que ver con esas fotos que Beth hizo desaparecer? ¿Te pillaron con Chloe?

Kyle se empieza a emocionar a medida que las piezas van encajando unas con otras dentro de su cabeza, formando un puzzle de cotilleos, y sus ojos adquieren ese brillo inteligente que cautivó a Beca la primera vez que le conoció.

Quién le iba a decir a la Beca de ese momento que se iba a arrepentir año y medio más tarde.

- Fue justo después del fin de semana de la reunión – exclama Kyle y señala a Beca con un dedo acusatorio, agitándolo en el aire cada vez con más convicción –. Y a la vuelta te dije… Joder, ¡te lo dije!, …que tenías un brillo nuevo en los ojos.

Kyle suelta una sincera carcajada, aunque algo histérica, y se golpea las rodillas con ambas manos extendidas.

- Y yo creyendo que era porque te había sentado bien ver a las Bellas, ¡qué inocente! – le da un nuevo ataque de risa –. Y en realidad era que habías follado hasta la saciedad – estalla en una nueva ronda de carcajadas.

Por suerte para Beca, en ese momento por fin aparece en la carretera el desvío directo al aeropuerto y dirige el Audi hacia el aparcamiento de la empresa de alquiler. Lo dejan en su plaza asignada y entran en el amplio edificio.

Dado que ninguno de los lleva maletas, solo mochilas, pasan rápido por el control de seguridad y tras tan solo veinte minutos ya están sentados hombro con hombro en la fila de sillas metálicas que hay al lado de su puerta de embarque.

Beca se cala bien baja su gorra sobre las gafas de sol y se pone sus AirPods con la esperanza de que Kyle se lo tome como la señal que es: que no quiere ser molestada.

Sin embargo, su asistente no parece considerar que hayan terminado la conversación. Le roba el auricular del oído derecho y se inclina sobre la barra metálica que separa su asiento del de Beca para susurrarle:

- Entonces, ¿cómo pasó? ¿La reunión os puso nostálgicas y pensasteis que una noche de sexo salvaje os haría sentir jóvenes otra vez?

Beca gruñe y deja caer la cabeza hacia atrás, sin importarle estar atrayendo las miradas curiosas de todos los presentes en esa zona del aeropuerto.

- No fue nada de eso, simplemente… pasó – sisea Beca con un encogimiento de hombros.

Kyle le lanza una mirada furibunda por encima del borde metálico de sus gafas.

- ¿Tengo que volver a recordarte que esas cosas no "simplemente pasan" – dice, dibujando las comillas en el aire con los dedos –, cuando se trata de tu mejor amiga?

Beca pone los ojos en blanco y suspira.

- Estábamos bebiendo y nos pusimos a hablar sobre nuestra época en Barden…

- Aja… – le incentiva Kyle, su mirada brillante como cada vez que se entera de algún cotilleo.

- …y las dos acabamos confesando que habíamos estado pilladas de la otra…

- ¡Ajá! – exclama, regodeándose de estar en lo cierto.

- … y ella me preguntó si creía que habría podido pasar algo entre nosotras si yo no hubiera estado con Jesse y le dije que sí, probablemente…

- Ajaaa… – repite más lentamente, con deleite.

- …y, ya sabes – encoge un hombro –. Una cosa llevó a la otra.

Kyle asiente con interés, esperando que haya más historia, pero Beca deja claro que no piensa contarle más extendiendo su mano para que le devuelva su AirPod robado.

- Oh, venga ya – protesta como un niño pequeño con una rabieta –. ¡Te has quedado justo en la mejor parte!

- No voy a darte los detalles, Kyle.

- No quiero los detalles – ríe él –. Quiero saber cómo se va de eso, que es cosa de una vez, a repetir la siguiente vez que os habéis visto.

Y para esa pregunta, Beca no tiene respuesta.

- No sé… – frunce el ceño –. Supongo que, en cuanto pasa una vez, es fácil que se repita.

- ¿Tú crees? – la incertidumbre en el tono de Kyle inquieta a Beca –. Desde mi perspectiva – Kyle alza ambas manos, como queriendo excusarse de lo que está a punto de decir –, entiendo la primera vez, pero no la segunda.

- ¿Por qué no?

- Porque la primera es lógica. Habíais bebido un poco, estabais hablando de vuestro tiempo en Barden y de vuestros crushes mutuos – Kyle se encoge de hombros –. Es un resultado obvio.

- No fue por estar borrachas – aclara Beca, sintiendo la urgencia de no dejar que Kyle degrade de esa forma su experiencia.

- Aun así – insiste él –. La conversación os llevaba directas al sexo, porque estaba resucitando todos esos viejos sentimientos y la curiosidad por saber lo que habría sido si…

Y, vale, Beca entiende su argumento y puede incluso darle la razón, aunque nunca en voz alta. Kyle se pone insoportable cada vez que Beca admite que estaba equivocada en algo y él no.

- ¿Y qué tiene de diferente la segunda vez?

- Mmmm ¿todo? – exclama Kyle y empieza a alzar un dedo por cada factor que enumera –. No hubo alcohol de por medio…

- Bueno, bebimos un poco de vino con la cena – interrumpe Beca, aunque no sabe por qué.

- No hubo nostalgia – continua Kyle, ignorando por completo a su jefa –, y ya no había curiosidad porque ya sabíais cómo era.

Le lanza una mirada punzante que Beca rehúye, porque se está empezando a cuestionar demasiadas cosas a la vez y no es una sensación precisamente agradable.

- Solo encuentro dos motivos por los que podría haber tenido sentido que repitierais – concluye con el aire de un juez a punto de dictaminar su sentencia más importante –. Uno: que acordarais hacer física vuestra amistad…

Beca recuerda la conversación que tuvo con Chloe por FaceTime, cuando le preguntó si lo que había pasado entre ellas significaba que estaban llevando a cabo el pacto de los diez años y ambas acordaron que la respuesta era un no rotundo.

Sacude la cabeza en una negativa.

-Quedamos en todo lo contrario, de hecho – murmura algo contrariada.

Kyle tuerce el rostro en una mueca de circunstancias.

- Dos, pues. Que ambas… – pero se corta a sí mismo y parpadea, como si solo ahora estuviera siendo plenamente consciente de lo que ha estado a punto de decir.

Cuando mira a Beca, es con algo nuevo en sus ojos verdes que la enerva un poco.

- ¿Y bien? – presiona en tono irritado.

- Que ambas sigáis sintiendo algo por la otra – termina Kyle suavemente, y al ver la forma instantánea en la que Beca bufa, añade en voz aún más baja –. Aunque no seáis conscientes de ello todavía.

- Eso tampoco es – niega Beca, rotunda, y luego sacude la cabeza para librarse de la sensación de que las palabras de Kyle se están quedando pegadas a su subconsciente –. Estás haciendo un castillo de un grano de arena – le asegura con la calma de alguien que todavía está en profunda negación.

Aprovecha el desconcierto de Kyle para arrebatarle su AirPod y se recuesta contra el respaldo metálico de la silla.

- Créeme, no es nada de eso. Pasó una vez, nos gustó, y simplemente nos apeteció repetir – se encoge de hombros, despreocupada.

Y, convencida de que tiene razón, Beca vuelve a ponerse el AirPod en su oído derecho y ahoga el mundo con la última canción de Miley Cyrus.


Torres Bunker Hill, Los Ángeles

15 de julio del 2026, 23:23h

Beca tiene una teoría: las relaciones de amigos con derecho a roce nunca funcionan porque el planteamiento básico ya es incorrecto y las predispone al fracaso.

Que esté pensando en esto mientras se lava los dientes tras otro día interminable, a pesar de que se pasó las cinco horas y media de vuelo en un estado de sueño tan profundo que casi parecía que había caído en coma, está directa e indirectamente relacionado con haber cenado viendo Friends with Benefits.

Siguen sin gustarle las películas predecibles, pero buscaba algo entretenido. Algo fácil de ver. Algo con lo que no se quedase dormida. Algo que rellenase el silencio casi ensordecedor de su apartamento vacío.

Y, además, ¿quién puede resistirse a los grandes ojos verdes de Mila Kunis en una televisión de cincuenta pulgadas?

Así que, a pesar de saber desde el minuto uno cómo iba a acabar, Beca se tragó la película entera entre bocado y bocado del bol de poke que había pedido para cenar y que devoró con especial destreza a pesar de estar usando palillos.

La conclusión a la que llega inclinada sobre el lavabo para enjugarse la boca llena de pasta de dientes es que las personas buscan relaciones sin ataduras en las personas equivocadas: sus amigos.

Beca entiende la lógica tras esa decisión.

Con un amigo tienes confianza, tienes seguridad, tienes cercanía. Tienes la mitad del camino ya recorrido y pavimentado. Y si aún encima hay cierta tensión sexual, hay curiosidad y química, parece natural pedírselo a esa persona.

Pero, para Beca, ahí es donde se comete el error.

Ahí es donde ya estás condenando a esa relación al fracaso inevitable. Porque, en el momento en que a una relación de amistad le unes el sexo, el corazón de uno de los dos empieza a correr peligro.

Porque conoces a esa persona.

Tienes confianza, seguridad, cercanía. Y el sexo solo va a aumentar esa confianza, esa seguridad, esa cercanía.

Y las emociones, las hormonas, se van a mezclar en un mejunje explosivo que se va cocinando a fuego lento hasta que alcanza demasiada temperatura y simplemente explota.

Arrasará con los corazones, con las personas, y con esa amistad; dejando solo cenizas a su paso.

Beca no tiene absolutamente ningún problema con las relaciones físicas repetidas, siempre que se marquen los límites de forma clara desde el primer momento y se lleven a cabo con una persona desconocida.

Nunca entre amigos.

(La ironía de su teoría la elude de momento.)

Por eso funciona su lo que sea con Lucy, porque se niega a llamarlo relación o de cualquier otra forma que pretenda darle más importancia de la que realmente tiene.

Es fácil. Es claro. Es consensual.

Beca sabe que, a veces, su forma de hablar de ello puede dar la impresión de que está usando a Lucy, de que no le importa excepto cuando quiere algo de ella, pero así es como acordaron que funcionaría su lo que sea.

No se preguntan por sus días, no se cuentan sus preocupaciones, no se instan a perseguir sus sueños. No buscan ser amigas, les basta con conocer sus cuerpos.

No hay expectativas más allá que lograr la satisfacción sexual que ambas persiguen, y ambas saben que en el momento en que la parte física de su lo que sea empiece a fallar, ya no tendrán nada que las ate a la otra.

No hay complicaciones de ningún tipo porque las líneas están bien marcadas y ambas saben lo que pueden y no pueden hacer, lo que entra dentro de sus límites y lo que asoma un pie hacia fuera.

Igual de fácil que empezó, con un "podríamos repetir, ¿no?" y un "no tengo tiempo para una relación sentimental" y un "yo no busco una"; igual de fácil sería terminarlo, con un "creo que esto ya no está funcionando para mí" y un "vale" y un "estuvo bien mientras duró".

Y eso le recuerda…

- Mierda – musita, incorporándose de la cama de golpe y dejando caer ambas manos extendidas sobre sus piernas, cubiertas por la sábana.

Se acaba de dar cuenta de que al final ayer, entre unas cosas y otras, nunca respondió a Lucy.

El recordatorio es como una intrusión, un ataque directo contra su calma, y deja escapar un largo suspiro mientras rueda en el colchón para coger su iPhone de donde lo había dejado cargando en la mesilla.

Se siente ligeramente irritada porque tiene la sensación de que se ha pasado las últimas 24h justificando su lo que sea con Lucy, cuando se supone que tiene que funcionar sin complicaciones y carece de importancia.

Sin embargo, su humor mejora considerablemente cuando, al abrir la app, ve que Chloe también le ha escrito algo.

La ligera molestia que burbujeaba entre sus sienes desaparece y, una vez más, vuelve a olvidarse por completo de Lucy al pinchar en el chat con Chloe, resaltado en negrita sobre todos los demás.

De manera inconsciente, se le dibuja una sonrisa tonta en los labios al leer el mensaje.

Chloe (22.57)

Te has dado cuenta de que siempre acabamos en una habitación de hotel?

Como si fuéramos amantes secretos que tienen que andar a hurtadillas para que no les pillen?

.

Beca resopla una risa y pone los ojos en blanco de esa forma que derrocha cariño.

En vez de responder con un mensaje escrito, hace un rápido cálculo mental para saber qué hora es en Nueva York – tres menos que en Los Ángeles, siempre tres menos –, y la probabilidad de que Chloe siga despierta.

Presiona sobre el pequeño icono en forma de videocámara y espera. Su dedo índice golpea impacientemente en el borde redondeado de su iPhone, siempre dos pulsos por delante del tempo del tono de llamada.

Tras unos largos segundos, el rostro sonriente de Chloe llena su pantalla en vertical y Beca decide saltarse los saludos.

- ¿Ya has estado escuchando otra vez Folklore? – pregunta en cierto tono de reproche, como una madre después de encontrarse las consecuencias de la nueva travesura de su hijo pequeño.

Chloe suelta una carcajada, pero no parece decidirse entre la risa o la frustración, y su expresión se debate entre ambas emociones: sus ojos burbujean, su ceño se arruga y sus labios se fruncen en una mueca.

- ¡No es mi culpa! – se defiende en una protesta indignada –. ¡Es culpa de Taylor Swift por hacer un álbum tan… ugh! – gruñe y sacude la cabeza contra el cojín en el que está apoyada, sin palabras para definir lo que siente.

- Chlo, ya hemos hablado de esto… – advierte Beca, aunque se tiene que morder la lengua para no reírse –. Sabes lo que te pasa cada vez que escuchas Folklore.

La pelirroja asiente con expresión culpable.

- Lo sé, lo sé – suspira –. Me pongo toda sentimental…

- Sentimental, dice – Beca bufa una risa irónica y tuerce los labios –. Más bien melodramática.

Se acomoda en la cama para no pillarse el pelo, todavía húmedo de su ducha, con el hombro y hace un gesto de cabeza para empujar los mechones lejos de ella.

El ángulo en que la cámara de su iPhone la encuadra cambia: se ve la sábana que cubre hasta sus costillas, la fina camiseta negra cuyo escote redondo deja poco a la imaginación, el delgado tirante que ha resbalado del hombro que tiene apoyado en el colchón.

Beca no le da importancia alguna hasta que ve la forma en que la mirada de Chloe cae y vuelve a alzarse, tan lentamente que Beca siente la caricia en su cuerpo entero.

- ¿Estás en la cama? – pregunta Chloe en un tono tan inocente y despreocupado que resulta sospechoso ya de por sí.

Otras señales de advertencia son: la profunda respiración que coge, la forma en que su azul bebé se llena de un brillo depredador, cómo se revuelve en el sillón, la mano que se posa tan casualmente en su bajo abdomen.

- No sabía que era ese tipo de llamada – murmura en un tono seductor al que permea cierta picardía, cierta burla.

Una avalancha de placer morboso sepulta el cuerpo de Beca cuando, de manera deliberada, alza una mano para recolocar ese tirante rebelde y ve la forma en que la mirada oscura de Chloe sigue cada uno de sus movimientos.

- No era esa mi intención – comenta con tanta calma que parece que Chloe acabe de sugerir que jueguen una partida al parchís y no que tengan sexo virtual –. Pero, cuéntame, ¿qué llevas puesto?

Chloe sonríe, lenta, perezosa y sugerentemente. Alza el brazo con el que sujeta el iPhone y reposa el codo en un cojín gordo para que no se le canse.

- Esa pregunta es absurda en una videollamada – ríe Chloe.

Desde ese nuevo encuadre Beca puede ver perfectamente la mano que reposa en su bajo abdomen, los dedos que pinchan la tela de su camiseta entre las yemas y tiran de ella, centímetro a centímetro, hacia arriba.

Es incapaz de apartar la mirada del bajo de esa vieja camiseta de propaganda que les dieron en alguna de las actuaciones de las Bellas, y se le seca la boca cuando el amarillo da lugar al negro.

Las bragas de Chloe son simples: elásticas, sin costuras, de corte brasileño; pero es el hecho de que Beca sepa de primera mano lo maleables que son, lo fácil que es echarlas hacia un lado para descubrir lo que se oculta bajo la tela, lo que hace que su temperatura corporal se alce abruptamente.

Siente la piel en llamas, como si la hubieran untado en gasolina y prendido la mecha con una simple chispa.

La sábana le sobra, se la quita a patadas con las piernas; la camiseta también, pero se contiene de deshacerse de ella porque es la única pieza de ropa que la separa del desnudo integral y una cosa es bromear, y otra muy distinta es que vayan a hacerlo de verdad.

La mano de Chloe se queda quieta cuando el bajo de su camiseta está hecho un guiñapo en lo alto de sus costillas, justo antes de revelar la curva de sus pechos.

Su liso estómago queda iluminado por las luces cambiantes de la televisión encendida y, de forma casi perezosa, sus dedos comienzan a trazar figuras sin sentido alguno sobre su piel: alrededor de su ombligo, una fina línea hasta su esternón, las curvas de sus pechos, el borde de sus bragas.

La forma en que se muerde el labio inferior es lenta y deliberada, y Beca aprieta los muslos al hacerse consciente del intenso pulsar que se ha despertado entre sus piernas.

Y sería tan fácil caer en el juego; de hecho, es fácil.

Chloe ni siquiera ha necesitado convencerla, no ha tenido que persuadirla para que le siga el rollo. Con solo hacer una sugerencia que iba envuelta y haciéndose pasar por una broma, Beca ya ha accedido.

Es tan fácil que le provoca cierta pausa.

Y es que, a pesar de todos sus esfuerzos por evitarlo, partes de su conversación con Kyle en el aeropuerto se han quedado pegadas en su subconsciente y ahora empiezan a zumbar y a vibrar y a agitarse para reclamar su atención.

Beca frunce el ceño, irritada por la distracción. Chloe se detiene inmediatamente, su mano vuelve al reposo sobre su estómago y ladea la cabeza con ojos llenos de intriga y cierta preocupación.

- ¿Qué pasa? – pregunta suavemente.

El ceño de Beca se profundiza y se tiñe de ligera confusión.

- ¿Esto te parece raro?

- ¿El sexo por FaceTime? – una ceja pelirroja se arquea y azul bebé reluce con malamente contenida diversión, y Beca piensa que quizá no debería encontrar tan adorables las arrugas que se forman en las comisuras de los ojos de Chloe cuando sonríe.

- No – Beca sacude la cabeza en una negativa, pero le es imposible no soltar una pequeña y suave risa –. Lo que pasó anoche – explica –. Que volviera a pasar, que pueda volver a pasar – puntualiza con un gesto vago de su mano.

Chloe entrecierra los ojos ligeramente, considerando su pregunta con la seriedad que se merece. Pero la forma que tiene de mirarla hace que Beca sospeche que Chloe sospecha que hay algo más detrás de sus dudas que no le está contando.

- ¿A ti te parece raro? – dice como toda respuesta.

Beca le lanza una mirada acusatoria.

- Yo he preguntado primero – protesta, para diversión de Chloe, que suelta una carcajada.

- Ya lo sé – le apacigua en tono calmado –. Pero me da la sensación de que no es algo que pienses , sino que alguien te lo ha metido en la cabeza – sus ojos destellan con un brillo inteligente cuando los clava en Beca –. ¿Acaso me equivoco?

Beca se encoge de hombros, sintiendo un desconocido y repentino rechazo a la idea de admitir que es tan fácilmente influenciable, lo cual es absurdo porque Chloe la conoce lo suficiente como para saber que eso no es cierto.

- ¿Fue Kyle? ¿Te dijo algo después de que me dejarais en casa?

- Bueno, obviamente le tuve que contar todo para que me dejase tranquila – Beca pone los ojos en blanco en un gesto que desprende la misma irritación que su yo de su primer año en Barden.

Chloe pide más detalles sin palabras, solo con la expresión de su cara, y Beca resopla una risa.

- No le sorprendió que nos hubiéramos acostado, lo que sí le pareció raro fue que no fuera la primera vez que pasaba – y, como en un pensamiento tardío, añade –: Recientemente.

Chloe arquea las cejas y ladea la cabeza, sorprendida.

- Tenía toda una teoría sobre nuestro tiempo en Barden, y Jesse, y tríos… – Beca agita una mano en el aire, dejando claro que no tiene intención alguna de dar más explicaciones sobre esa parte en concreto de su conversación con Kyle.

Puede ver que fastidia a la naturaleza morbosamente curiosa y cotilla de Chloe que haya agitado ese caramelo frente a ella solo para arrebatárselo de golpe antes de que pueda probarlo, pero la pelirroja acepta su silencio por el momento.

- Pero ¿raro en qué sentido?

Beca vuelve a fruncir el ceño.

- En el sentido de que se repitiera. Kyle dijo que la primera vez le parecía lógica y casi inevitable, por las circunstancias que la rodearon; pero que la segunda vez no la entendía a no ser que hubiéramos acordado hacerlo algo habitual, lo cual ya le dije que no era el caso, o…

La voz de Beca se apaga en una pausa casi imperceptible.

- O – continúa con un poco más de cautela en su voz –, si todavía siguiéramos sintiendo algo la una por la otra, lo cual… tampoco es el caso.

Beca analiza de cerca la reacción de Chloe a sus palabras, pero al no encontrar nada sospechoso en ellas siente una tensión de la que no había sido consciente hasta ahora desaparecer de entre sus hombros.

Siguen estando en la misma página, y eso le llena de alivio.

- ¿A ti te parece raro? – inquiere Chloe una vez más con sus ojos comprensivos clavados en Beca.

- Todavía no me has contestado – y, una vez más, Beca protesta que Chloe la siga eludiendo.

- Ya lo sé – sin embargo, esta vez su intento de pacificarla llega entre risas –, pero no soy yo la que tiene dudas de si es raro o no.

Beca tuerce la boca en una mueca de fastidio con la que acepta que, esta vez y solo esta vez, Chloe tiene razón.

- No lo sé – responde sinceramente, pero luego se da cuenta de que eso no le sabe del todo bien y frunce el ceño –. No – lo intenta de nuevo, esta vez con más seguridad –. No me parecía raro hasta que Kyle abrió su bocaza.

- Tú querías que pasara, ¿verdad?

Suena a pregunta retórica, pero Beca da una respuesta de todos modos:

- Sí, claro.

- Y te gustó, ¿no?

Beca entorna los ojos y esboza una sonrisa torcida.

- Ahora solo estás buscando cumplidos – acusa en tono juguetón. Chloe ríe y chasquea la lengua con falsa decepción –. Pero sí me gustó, sabes que sí.

- Entonces, ¿por qué no vas a repetir si se presenta la oportunidad? ¿Por qué tiene que ser raro? ¿Solo porque alguien que solo te conoce desde hace dos años, y nos ha visto juntas un par de ocasiones, piensa que lo es?

Y Beca se queda callada porque, ¿cómo puede rebatir eso?

- Para responder a tu pregunta original: no – le pica Chloe, mordiéndose la lengua con picardía –. A mí no me parece raro que volviera a pasar, ni que pueda volver a pasar – se encoge de hombros, despreocupada –. Mientras las dos sigamos queriendo y nos siga gustando, no puede ser raro.

- O sea, que básicamente me estás diciendo que no es raro a no ser que nosotras lo hagamos raro – corrobora Beca, las cejas arqueadas.

Chloe se encoge de hombros una vez más y asiente, aceptando ese resumen de lo que le ha dicho en falta de otro mejor.

Claramente no se esperaba que Beca se eche a reír a carcajada limpia, porque se muestra muy sorprendida pero, empática como es, Chloe no puede evitar sonreír y, al final, terminar riendo con Beca a pesar de no saber por qué.

- Dios, ¿puedes ser más cliché? – se burla Beca, aunque con tanto cariño en su voz y en su mirada que apenas se siente como un ataque.

La boca de Chloe se despega hasta formar una pequeña o llena de indignación.

- ¡Oye! – se queja –. ¿Y me lo dices tú? – transforma su rostro en una mueca burlona y baja el tono de su voz para convertirlo en una mala imitación de Beca –. ¿Es raro, es raro? Yo te he preguntado primero, bla bla bla.

Beca ríe abiertamente.

- ¡Esa es una pregunta legítima! – se defiende.

- ¡Y mi respuesta también!

Caen juntas en un ataque de risa absurda, probablemente incentivado por el cansancio del día y lo tarde de la hora, que se alarga en el tiempo porque cada vez que sus miradas se cruzan desencadenan uno nuevo.

Cuando por fin logran calmarse, a Beca le llora un ojo y le duele el pecho por la falta de aire.

Se hace una pausa llena de tranquilidad y una mezcla del sonido ambiente que se filtra por sus respectivos altavoces. Hasta que Chloe suspira y, de manera que parece totalmente inconsciente, su mano retoma el dibujo de líneas en la piel de su estómago.

Los movimientos de sus dedos, arriba abajo arriba abajo arriba abajo arriba, atraen la mirada de Beca como imanes del polo opuesto y siente un cosquilleo en las yemas al recordar lo que se siente al acariciar a Chloe.

Chloe parece estar pensando en lo mismo, porque sus dedos se mueven con más propósito y la siguiente vez que descienden se quedan jugando justo sobre el borde de sus bragas.

- Entonces… – murmura Chloe –. ¿Te sigue apeteciendo esto? – por si quedaba alguna duda, acompaña su pregunta de un delatador apretón de muslo contra muslo.

Beca suelta todo el aire de sus pulmones en una sonora exhalación.

- Sí – asiente, su boca seca –. Sí – repite casi sin voz.

Y, cuando piense en este momento más adelante, nunca estará segura de si seguía contestando la pregunta de Chloe o solo estaba alentando a las puntas de esos dedos que la tentaban colándose bajo la tela negra.


Lucy (14 DE JULIO DE 2019, 21.29)

Cuándo vuelves a LA?

Tengo el domingo completamente libre 😉

Beca (HOY, 01.06)

He llegado hace unas horas

Te importa que lo dejemos para otro momento?

Lucy (01.10)

Sin problema 😊

La semana que viene estaré en Tokio

Pero hablamos cuando vuelva?

Beca (01.11)

Perfecto 😊


A/N: ¿No he sido capaz de dejar de escuchar Folklore y Evermore desde el momento en que salieron? Sí. ¿Pero no pasa nada porque son dos obras maestras? Sí. ¿Pero aun así maldigo todos los días a Taylor Swift por hacer dos, que no uno, sino DOS, álbumes tan jodidamentes buenos? Sí.

De hecho, creo que voy a empezar un grupo de apoyo para todos aquellos que, como yo, siguen seriamente afectados. ¿Alguien quiere reservar plaza ya?

Pd. Por cierto, mañana llega la cuarta parte del enemies to lovers 😉