DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a bicyclesarecool. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)

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Capítulo 14

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Here outside, it´s just you and I,

Swimming in the moonlight

You´re the moon, my blue lagoon, my favorite tune,

Everything, everything, everything.

(bad suns)

14.

Febrero trae consigo un cálido hechizo, las temperaturas no bajan más de los veintiséis grados por casi una semana entera. Bella descansa en la playa con Alice un sábado, aunque usa su playera de manga larga para nadar. Solo porque Edward ha visto sus partes rotas, no significa que todos los demás puedan hacerlo.

—Le pedí a Jasper que fuera conmigo a la fiesta del Día de San Valentín en el centro comunitario —dice Alice, sus enormes gafas de sol están escondiendo su rostro usualmente expresivo.

Cuando ella no continúa de inmediato, Bella añade:

—¿Y…?

Alice mueve las gafas hacia su cabeza, sonriendo ampliamente.

—Él dijo "seguro".

Bella ríe. Habiendo hablado con Jasper, sin importar qué tan poco lo hiciera, cada domingo por los últimos meses, sabe que eso es lo más emocionado que él está acerca de algo.

—Eso es increíble, Alice.

—¡Lo sé! Esa es la razón por la que estamos trabajando en nuestros bronceados.

Bella sacude la cabeza de buena manera, deslizando sus propias gafas más arriba de su nariz y preguntando:

—¿Qué vas a ponerte?

Mientras Alice revisa los pros y los contras de casi cada pieza de ropa en su armario, Edward comienza a caminar hacia ellas en unos jeans deslavados y una playera, sus tenis en las manos. El sol hace que su cabello brille como una moneda nueva y su nariz está un poco quemada. El corazón de Bella salta emocionado ante su proximidad.

—Hola —saluda, empujando ligeramente a Bella mientras se sienta junto a ella en su toalla. Ella está peligrosamente cerca de caer encima de Alice, pero él se estira para sujetarla, su mano en su muslo desnudo.

Toma un profundo respiro y él la deja ir, aunque no lo suficientemente rápido como para que Alice no se dé cuenta.

—Oh, ¿ya son las dos tan rápido? Se supone que tenía… —Alice deja de hablar, poniéndose de pie—. ¡Gracias por pasar el rato conmigo! ¡Lamento irme!

—¡Alice! —la llama Bella, pero ella ya está corriendo por los escalones, moviendo la mano por encima de su hombro a modo de despedida.

—¿De vuelta a la playera? —pregunta él, tirando del borde, sus dedos rozando contra la piel de su abdomen.

—Tratando de evitar la inevitable quemadura —bromea ella, tocando su nariz. Él se estremece.

—Es justo. Como sea, me preguntaba si querías empezar a aprender a conducir. —Ella duda, la ansiedad subiendo por su garganta. Él sonríe y dice—: No te preocupes, ni siquiera nos subiremos al auto aún.


Aparentemente, el primer paso para aprender a conducir involucra una sala de maquinitas pobremente iluminada y llena de niños de secundaria.

—Estás bromeando —dice Bella mientras él la empuja hacia dentro.

—Tienes que ver la diversión en conducir.

—¿Estás loco?

—No clínicamente.

Él les compra boletos y Coca-Colas y encuentra dos estaciones de Mario Kart con señalizaciones de fuera de servicio encima de ellas, los brillantes asientos rojos se tornan azules por la luz de las pantallas.

—Quizá haya o no puesto falsamente estas aquí —dice con una sonrisa.

—Nos meterás en problemas —se ríe, mirando por encima de su hombro, lista para que le griten.

—Nah, conozco a un chico que trabaja aquí.

—Conoces a todos.

—Pueblo pequeño, ¿recuerdas?

Bella no espera sentir el repentino miedo que la invade tan pronto como sus manos se cierran alrededor del volante. Sus manos caen hacia su regazo de inmediato, se gira hacia Edward y suelta:

—No puedo hacerlo.

Él frunce el ceño y hace un puchero.

—Pero iba a patearte el trasero por completo en este juego.

No puede evitarlo, se ríe. Es pequeña, pero suficiente para hacer que Edward sonría.

—Comenzaremos con uno fácil. Ni siquiera puedes caerte hacia nada en muchos de estos circuitos.

Mientras ella tentativamente curva sus dedos alrededor del volante, él le dice suavemente:

—Solo recuerda, estás aquí conmigo y nada malo puede pasarte aquí. Con excepción de que, ya sabes, patee tu trasero.


La primera vez que Bella vence a Edward en una carrera, él se queja de que su volante estaba roto y su juego está fallando.

—Solo acepta que apestas en esto —bromea Bella, seleccionando otro nivel. La primera vez que se cayó por el borde de la carretera del circuito, se preparó para sentir la caída, para que el aire se escapara de sus pulmones, para el dolor.

Nunca llegó, en su lugar, fue puesta de nuevo en su curso por una tortuga voladora con una caña de pescar. Le tomó un momento comenzar de nuevo, pero lo hizo.

Ahora, estaba cayendo por las montañas sin problema, apenas y estremeciéndose. Incluso se las arregló para ganar.

Solo una vez, pero aun así.


Edward y Bella se separan después para cenar, Renée dudando en el lobby mientras ellos se despiden.

—Fuimos a las maquinitas —dice Bella sin emoción antes de que pudiera preguntar en dónde había estado. Bella no está acostumbrada a decirle a alguien en dónde estará y seguido se le olvida. En casa, le era dada mucha libertad, su papá trabajaba tanto que típicamente ella iba y venía antes de que él siquiera llegara a casa.

Renée ha estado sobre ella últimamente, aunque Bella no cree que sea porque de verdad le importe o se dé cuenta demasiado, solo que está vagamente consciente de que debería hacerlo.

Sin embargo, Phil hace un esfuerzo genuino, y hace que Bella se ponga nerviosa. Él no está seguro de cómo hacer todo el rollo de padrastro, pero su trabajo con chicos de preparatoria lo vuelve un poco más capacitado que su madre.

—Bella fue a las maquinitas hoy —le dice Renée cuando comen hamburguesas. Su tono es ligeramente acusatorio.

—Eso es genial.

—Con Edward.

—Lo supuse —dice Phil, sonriendo y hundiendo una bolita de papa en kétchup. Renée le lanza una mirada que él no nota por completo.

Renée suspira de una forma que los alerta que está a punto de hacer un Gran Drama acerca de algo.

—Bella, no sé si tu papá alguna vez te dio la charla de sexo, pero…

—¡Mamá!

—¡Jesucristo, Renée!

—¡Solo estoy diciendo! —dice Renée defensivamente—. ¡Pasas todo tu tiempo con ese chico haciendo Dios sabe qué y solo quiero que estés segura! Me embaracé joven y solo no quiero que arruines tu vida.

Bella se aleja de la mesa, su tenedor azotándose contra su plato.

—Genial, gracias —dice en voz baja—. Lamento ser una jodida carga arruina vidas.

Quiere arrojar cosas, gritarle a su madre por ser tan estúpidamente obtusa, pero solo camina hacia el lobby, saliendo por la puerta principal mientras Renée y Phil la llaman, antes de comenzar su propia pelea.

Ella no llora, en su lugar, camina furiosamente por las calles, su enojo se disipa con la puesta de sol.

Sabe que Renée no lo decía de esa forma, que probablemente sus intenciones no fueran malas. Solo está completamente fuera de su zona de confort, como Bella está todo el tiempo en este lugar.

Pero ella es la mamá.

Y no es suficiente actuar como una en ciertas ocasiones. Necesita ser una, o al menos internarlo.

Ni siquiera se da cuenta de que está caminando hacia la casa de Edward hasta que él está frente a ella en el porche, con las llaves en la mano.

—Oh, hola —dice, sorprendido—. Justo iba a verte.

—Yo, um, tuve una pelea con mi mamá. O algo así. No lo sé.

Él asiente, arrojando sus llaves en la mesa junto a la puerta principal.

—Bueno, tengo la solución perfecta para las peleas con las mamás.

—Tienes una solución para todo —murmura ella, rodando los ojos y tratando de luchar contra una sonrisa. Él golpea su cadera cuando camina junto a ella, dirigiéndose hacia la casa del lado.

—¿Qué estás haciendo? —sisea cuando él comienza a mover la puerta de la cerca.

—Los Clark están fuera de la ciudad —dice simplemente—. Y ellos tienen una piscina.

—¿Y? —Está tironeando de su playera, tratando de detenerlo para que no haga que los arresten o algo así.

—Y —contesta, molesto—. Tenemos acceso completo a una piscina que ha estado bajo el cálido sol todo el día.

Consigue abrir la puerta después de luchar con la manija y le señala para que la cruce.

—Vamos a ser arrestados por allanamiento y destrucción —murmura ella, pasando a su lado.

—Solo allanamiento —corrige él y luego se ríe—. No hemos destruido nada.

—Aún —añade ella.

La piscina parece tener un brillo rosa, bañada en la cálida luz de la puesta de sol, el área que rodea el patio está diseñada muy linda, las flores podadas y regadas con un cuidado obvio.

Edward se agacha detrás de una mesa, moviendo un interruptor y encendiendo no solo las luces bajo el agua de la piscina, sino también las lucecitas alrededor de la cerca.

Es mágico.

Lo que es más mágico es cuando Edward se quita la playera y la avienta a un lado.

—No vine con el traje de baño —señala Bella. Odia lo tentadora que luce el agua. Lo tentador que luce él.

—Tampoco yo —dice con una sonrisa que envía su corazón a latir a mil por hora. Él se quita el short, quedándose en un bóxer oscuro de algodón.

Ella solo puede recuperar el aliento una vez que él salta, desapareciendo bajo el agua.

Se estira por el borde de su playera, pasándola por encima de su cabeza y sintiéndose más que expuesta en su ligero sostén. Él la ha visto en un bikini un montón de veces, pero hay algo diferente acerca de esto. Él sale a la superficie mientras ella desliza su short por sus caderas y se sonroja furiosamente. Ella salta, también, de menos solo para esconderse de él. Cuando sale para recuperar el aliento, él está justo ahí, sonriendo.

—¿Recuerdas cuando ni siquiera podías estar en la piscina? Y ahora prácticamente te estás arrojando como si fueras el jodido Evel Knievel*.

Ella se ríe, y se echa hacia atrás, flotando junto a él.

—Solía realmente querer arrojarme un clavado de un acantilado —dice ella—. Los chicos mayores de la reservación cercana solían hacerlo todo el tiempo.

Sus cejas se alzan.

—Eso hace que quiera vomitar.

—Nunca nadé en albercas —suspira—. Pero me gustan. Me gusta el control. Solía gritar cada vez que un pez rozaba contra mi pierna. El pensamiento de una ola chocando contra mí me pone nerviosa. Solía amar esa sensación.

Sus dedos pasan por su brazo y ella casi pierde el balance, lo que hace que él se sacuda con una risa.

—Eres el peor —se queja, encontrando su equilibrio al final de la piscina. Él la sigue, tomando su tobillo y atrayéndola hacia él hasta que ella se las arregla para salpicarlo en la cara con su otro pie.

Juegan Marco Polo, carreras, concursos de sumergirse bastante tiempo después de la puesta de sol, y el crepúsculo, hasta que el cielo está oscuro y lleno de estrellas.

Ella está intentando sumergirlo, su cabello escurre por el rostro de él mientras prácticamente se trepa encima de él, con las piernas envueltas alrededor de su estómago, sus manos empujando fuerte en sus hombros.

—Lo estás haciendo todo mal —le dice él—. Terrible forma. Solo horrible.

Ella desciende para que estén frente a frente y le enseña la lengua.

—Este juego apesta, tú eres demasiado alto.

Sabe que debería dejarlo ir, debería desenvolver sus piernas de los cálidos planos de su cuerpo, pero no lo hace. De hecho, deja que sus brazos se relajen, colgados suavemente alrededor de su cuello. Puede sentir sus manos en la piel por encima de sus caderas, sus pulgares presionando ligeramente en su abdomen.

—Yo… —comienza ella a decir pero las palabras mueren en su garganta porque sus ojos están trazando la curvatura de su cuello y la está acercando más a él. Su corazón está latiendo con fuerza, cada terminación nerviosa anhelando que él cierre la distancia entre ellos.

Cuando sus labios se encuentran con su mandíbula, apenas y puede sentirlo, pero el calor está ahí y es suficiente para hacerla temblar. Sus ojos se cierran, y el momento cuando su boca se encuentra con la de ella, es tentativo. Él deja salir una temblorosa respiración a través de su nariz y presiona más fuerte, sus labios moviéndose con más urgencia contra los de ella.

Mientras la besa, Bella no puede evitar pensar en una cita de Frida Kahlo escondida en una libreta en casa, un que ha trazado una y otra y otra y otra vez.

Te quiero más que a mi propia piel.

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Lo bueno: santa mierda.

Lo malo:


*Evel Knievel: fue un popular motociclista de acrobacias estadounidense de la década de los 60 y 70 del siglo XX.


¿Alguien más está saltando de felicidad? ¿No? ¿Sólo yo? :P

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jupy, yasmin-cullen, Paola Lightwood, PknaPcosa, alejandra1987, Sther Evans, Lizdayanna, Liz Vidal, Jade HSos, Leah de Call, Adriu, saraipineda44, somas, bbluelilas, Kriss21, soledadcullen, Car Cullen Stewart Pattinson, aliceforever85, Tata XOXO, tulgarita, Adyel, Pameva, Lady Grigori y Beatriz Gomes2 :)

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