Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI (y algunos inventados XD). LA HISTORIA ES DE MI AUTORÍA

ESTE FIC ES PARA MAYORES DE 18, CONTIENE LENGUAJE INAPROPIADO, ESCENAS CON GRADO DE VIOLENCIA MODERADO A ALTO, ASÍ COMO UNO QUE OTRO LEMON.

- blablabla -= diálogo en voz alta

"blabla" = pensamiento del personaje

-x-x-x-x = cambio de escena

Capítulo 14:

El despertar de Akane fue… horrible. Su cuerpo dolía como los mil demonios, hasta respirar le costaba, de una manera u otra sentía que algo presionaba su pecho impidiéndole expandir sus pulmones en toda su capacidad. Abrió lentamente los ojos para encontrarse recostada sobre el torso desnudo de su amado, aunque quiso sonreír de alegría, esta vez el dolor era más potente. Se logró liberar de aquel cálido abrazo que la hacía sentir protegida, pero que le impedía lograr su cometido.

Debía ir a la cocina, estaba segura que Ranma había dejado allí los remedios. Definitivamente aún no amanecía, aunque parecía que luego ocurriría pues el trinar de los pájaros era incesante; además ya no estaba tan oscuro, por lo que el alba lentamente aparecía. Como pudo se movilizó hacia los pies de la cama, adolorida se aguantó cada quejido que se formó en su garganta. Desnuda como estaba, volvió a mirar al dueño de su corazón quien estaba profundamente dormido sin percatarse del escape de ella.

"Bien Akane, es simple… un paso a la vez" se mentalizaba mientras se sentaba en la orilla de la cama. Con un leve impulso logró ponerse de pie sin apoyar el derecho, pero eso no duraría mucho tiempo. Apenas apoyó las falanges de los dedos en el piso cuando sintió una punzada subir desde su extremidad hasta su cabeza. Quiso gritar del dolor, pero rápidamente dio un paso con el izquierdo para quitarle peso al lesionado. Respiró profundo tratando de calmarse y contener así todo el sufrimiento. Repitió la acción, pero esta vez no solo fue el soporte inferior el que la sacudió: ¿en qué momento su cuerpo se había vuelto tan pesado que su espalda no se sentía capaz de tolerar dicha carga?. Las lágrimas se acumularon en sus ojos sin contención, raudamente comenzaron a deslizarse por la cara mientras se mordía el labio tratando de aguantar todos los sonidos que su garganta trataba de formular. Otro paso más, ¿en qué momento una pequeña distancia se había transformado en una kilométrica?, apenas llegó a la puerta recostando todo su peso en la pared que sostenía el marco de ésta.

Al abrirla hizo un mal movimiento con su pie lastimado cayendo de bruces contra el piso, solo su antebrazo izquierdo evitó que se azotara fuertemente la cabeza. Frustrada por sentirse débil, cosa contraria a su esencia, golpeó el piso con su puño derecho mientras lloraba… "¿por qué?... ¿por qué?" se cuestionaba, no comprendía cuándo perdió el rumbo de su vida. Sin ser consciente estaba dejando salir una pequeña parte de todo el sufrimiento que había estado reprimiendo por mucho tiempo.

Ranma despertó al escuchar el estruendo seguido de los sollozos de su amada. Asustado por no lograr comprender qué estaba ocurriendo, abrió los ojos encontrándose desnudo y solo en la cama. Rápidamente se sentó con el temor de que ella lo hubiese abandonado, para luego percatarse que estaba tirada en el piso.

- ¡Akane! – la llamó a la par que se levantaba para ir a socorrerla – Pero ¿qué pasó? – preguntó confundido.

- Me duele – gimió entre llantos – quise ir a buscar los remedios – explicó con el dolor impregnado en su voz

- ¿Por qué no me despertaste? – cuestionó dulcemente a la par que se recriminaba internamente por tener el sueño pesado y no haberse percatado cuando ella se había separado de él. Trató de tomarla en brazos, ella gimió de tal manera que le partió el corazón – Lo siento, lo siento – le repetía mientras caminaba la pequeña distancia hacia la cama. La posó suavemente – Iré a buscarlos – informó para luego dejarle un casto beso en los labios.

Desnudo fue a la cocina por un vaso de agua y los benditos medicamentos. Miró el reloj que colgaba de la pared, eran las 5:53 am. El doctor le había advertido que no hiciera movimientos bruscos o eso provocaría que necesitara tomar los analgésicos antes de la hora estipulada. El galeno autorizó a adelantarlos por dos horas como máximo, es decir, a las 6 de la mañana. Agradeció la coincidencia del despertar de Akane, aunque no pudo evitar golpear la superficie del mueble donde reposaba la bolsa; "estúpido, eres un estúpido" se repetía por haberse dejado llevar por sus bajas pasiones sin pensar en las consecuencias que le provocarían a su amada, pues verla sufriendo de esa manera por el dolor que padecía hizo que su corazón se estrujara de culpabilidad.

Volvió casi corriendo a la habitación, dejó el vaso con agua y la bolsa sobre la mesita de noche para luego ayudarla a semi-sentarse en la cama. Apretó su mandíbula a más no poder por cada quejido que escapaba de la mujer a su lado, la culpabilidad se adueñó de todo su ser. Al terminar de ingerir los remedios, volvió a recostarla seguido de taparla con la sábana y las colchas.

- Iré a dormir a mi cama, no quiero causarte más dolor – dijo con un dejo de tristeza

- Por favor – sollozó – no me dejes sola – le agarró el brazo para reforzar su solicitud

- Pero…. – su corazón se partía en mil pedazos de solo pensar en alejarse – la cama es muy pequeña y tú estás adolorida – quiso entrar en razón con ella

- ¿Y si vamos a tu cama? – musitó cohibida por su petición.

El azabache no pudo evitar verla con todo el amor e ilusión del mundo, pues había deseado tantas veces compartir sus sábanas con ella. A pesar de que su racionalidad le decía que era mejor no moverla más para evadir causarle más sufrimiento, fue totalmente ignorada por sus deseos y su corazón. Asintió seguido de un tierno y dulce beso en los labios de su amada, volvió a cargarla en sus brazos tratando de hacer oídos sordos a sus quejidos. Caminó lo más rápido que pudo hasta su habitación al mismo tiempo que evitaba hacer movimientos bruscos en el trayecto. Con su pie izquierdo levantó las colchas y sábanas hacia atrás, dejando un espacio en donde la depositó suavemente. La tapó para luego dirigirse al lado contrario y tomar posición cerca de su vecina. Ella, a pesar del dolor, se giró para poder recostarse en el trabajado torso, el cual le permitía escuchar esos acompasados latidos de corazón que tanto la calmaban.

A pesar de los intentos por parte del ojiazul, apenas pudo conciliar nuevamente el sueño, ya que por cada quejido o jadeo de su amado tormento se sobresaltaba preocupado. Dormitó por momentos, a diferencia de la mujer acostada a su lado que había podido volver a entregarse a los brazos de Morfeo luego de una lucha por encontrar una posición que no acrecentara sus dolencias.

Cuando Akane despertó ya eran las 9:30 de la mañana. A pesar de aún sentirse adolorida, la intensidad había disminuido gracias a los analgésicos que se tomó horas antes. Se encontró sola y desnuda en la cama del hombre al que se había entregado la noche anterior. Trató de levantarse, pero su cuerpo pesaba como los mil demonios. Resignada a no poder hacer nada más que pedir ayuda, nuevamente tuvo que ignorar su orgullo para solicitarla.

- ¡Ranma! – lo llamó - ¿estas por ahí? –

Al oír dos voces masculinas distintas a lo lejos no pudo evitar sentir pánico y ponerse a temblar. "¿Taro?, ¿Taro está acá?", a la par que pensaba esto, las lágrimas caían desesperadamente por su rostro. Estaba paralizada del miedo, no se podía mover, no podía emitir palabra alguna. Esos segundos de incertidumbre le resultaron eternos, se veía siendo arrastrada nuevamente a esa relación asfixiante y soportando los arrebatos del que fue su novio. Sintiendo que no podía aguantar más, se abrazó a sí misma mientras que comenzaba a hiperventilar por el terror que recorría cada fibra de su ser.

Cuando el ojiazul ingresó a la habitación quedó perplejo ante la imagen que estaba frente a él. Su amada estaba siendo presa del pánico y hundiéndose en éste, sin tener en claro qué era lo que lo desencadenó.

- ¡AKANE! – gritó mientras corría a la cama. Sin estar seguro de qué hacer, la abrazó tan fuerte como ese pequeño cuerpo podría resistir – Estoy aquí, estoy aquí – trataba de calmarla con sus palabras y sus manos acariciando suavemente su espalda. Lentamente la respiración de ella se fue normalizando, aunque el llanto no desaparecía.

- No dejes que me lleve – musitó desesperadamente acurrucada en el pecho de él

- ¿Quién? – preguntó confundido

- Sé que está en el living – pudo decir entre sollozos

- ¿Ryoga?, ¿por qué Ryoga querría llevarte de acá? – su tono comenzaba a sonar molesto. ¿Es que acaso su amigo le había hecho algo a su dulce tormento?. Si era así, juraba por todos los dioses que lo molería a golpes.

- ¿Ryoga? – preguntó confundida separándose levemente de él para mirarlo a los ojos - ¿No es Taro? –

Ranma no pudo evitar tensarse al oír aquel nombre. Sus mandíbulas contraídas la una contra la otra al punto de casi hacer rechinar los dientes era una clara muestra del odio que sentía por ese tipo. A pesar que nadie le había comentado la información entregada por el doctor, entre la reacción de Akane al creer que él había ido a buscarla y aquellos moretones que, claramente, eran más antiguos que del día anterior; estaba seguro que ese imbécil la maltrataba a diestra y siniestra. Quería matarlo, se juró en su interior que le daría la paliza de su vida en representación de la peliazul. En ese instante se percató que su prioridad era calmarla, por lo que dejó todos sus pensamientos de lado para volver a enfocar su atención en ella.

- Él no se te volverá a acercar nunca más – dijo seguro y decidido, mirándola directamente a sus ojos almendrados – Te lo prometo –

Ella asintió, para luego abrazarlo como si se fuese a desvanecer entre sus brazos. Él correspondió el gesto con todo el cariño y amor que pudo. La noche anterior, mientras le hacía el amor, se juró a sí mismo que la haría feliz hasta su último respiro; no permitiría que ella volviese a sufrir nunca más.

- Ryoga vino a dejar mi laptop y las carpetas que necesito para trabajar estos días desde acá – le comentó cuando ella ya estaba tranquila. Al ver esa hermosa sonrisa como respuesta, no pudo evitar besarla con ahínco, como si hubiesen pasado años desde la última vez que lo hicieran – ¿Quieres ducharte? – preguntó tiernamente

- Sí, por favor – respondió cohibida, no podía evitar sentirse así frente a él… era casi como cuando estaba frente al chico que le gustaba en su adolescencia.

Asintió con la cabeza – Déjame despachar a Ryoga y te llevo al baño –

- ¡Oh!, no, no no. No quiero importunar, yo puedo esperar – no quería ser una molestia, ya hacía mucho él al cuidarla, no podía ponerse a exigirle cosas.

- Nada de eso – respondió con una sonrisa en su rostro - Ese cerdito debe volver a la oficina pronto, y tú – le tocó la nariz con su dedo – debes darte una ducha para desayunar, ya es tarde para que estés con el estómago vacío.

Cuando Akane volvió a quedar sola, agradeció a todos los dioses por haber cruzado su camino con ese tremendo ejemplar de hombre. No había dudas en su corazón, él la amaba y la aceptaba tal cual era. Soltó una pequeña risita mientras lo escuchaba echar casi a la fuerza al que era su mejor amigo, negando con la cabeza lo infantil que se podía comportar algunas veces, pero que a ella le encantaba esa faceta de él.

Ambos jóvenes sufrieron de sobremanera el momento del baño de la chica. Definitivamente no podían repetirse el plato por la condición de la peliazul, por lo que cuando Ranma la depositó en la tina llenada con agua tibia-caliente de manera previa, no pudo evitar besarla con pasión y deseo. Sin darse cuenta, los dos se estaban dejando llevar por la intensidad y calor de sus cuerpos; de hecho, el azabache se había sacado casi toda su ropa, solo le restaba el bóxer para quedar desnudo. La vocecita de la racionalidad resonó fuertemente en su cabeza, por lo que se separó levemente de su tormento.

- Akane – murmuró agitado – no… no podemos – fue todo lo que pudo articular, la excitación dentro de él luchaba por apoderarse hasta de sus pensamientos.

Ella volvió a adueñarse de sus labios omitiendo por completo la reciente declaración, su cuerpo clamaba porque fuera él quien apagase el incendio que corría por sus venas. No pudiendo negar los deseos de su amada, buscó una solución para satisfacerla: complementó sus besos con sus manos recorriendo cada recoveco de su escultural cuerpo. Una quedó prendada en su pecho izquierdo acariciando, agarrando y jugando con su pezón; la otra se dirigió a su intimidad para estimularla. Jugó un poco con su clítoris para luego introducir dos dedos en la cálida cavidad sin dejar de atender aquel preciado botón, los gemidos lo ponían a mil, se moría de ganas de meterse en la tina con ella y hacerla suya hasta alcanzar el ansiado orgasmo… pero nuevamente la vocecita de la racionalidad detuvo su actuar, por lo que continuó con su cometido de manera enérgica.

- Ran… ¡Ranma! – exclamó dejando entrever en su voz toda la excitación que le producía las atenciones que el ojiazul le dedicaba – Yo… ¡aaaaah! –

- Córrete Akane, córrete para mí - le pidió sensualmente con su voz ronca por la excitación, a la vez que aumentaba el ritmo de ambas manos

El gemido de placer, así como el arqueo de espalda de la ojimiel, dio a entender que había por fin alcanzado el orgasmo. Lentamente el azabache fue retirando sus manos mientras esperaba que su tormento calmara su agitada respiración. Decidió seguir demostrándole todo el amor que sentía por ella, por lo que se dispuso a bañarla con la esponja y el jabón. A pesar de que era un gesto tierno, sin segundas intenciones, ambos tenían sus corazones corriendo una maratón por el deseo contenido. Al finalizar la ayudó a ponerse de pie, pasarle la toalla y sacarla para sentarla en la tapa del retrete. Su intención era dejarla allí mientras abría la puerta para después llevarla a la habitación, pero no contaba con que su vecina tenía otros planes. Cuando sintió esa pequeña mano sobre su miembro no pudo evitar tensarse por la sorpresa. Bajó la mirada con la intención de comprobar que aquella sensación era real y no parte de su imaginación, ella solo sonrió para seguir con su tarea.

- Ahora es mi turno – comentó sensualmente, dejando que la toalla resbalara por su torneado cuerpo.

Retiró lenta casi tortuosamente el bóxer para deslizarlo por los trabajados muslos de aquella reencarnación de dios griego, los cuales siguieron hasta llegar al suelo. Ante la atónita mirada del ojiazul, comenzó a masajear el miembro de su compañero de manera sensual, observando cada gesto por parte de él, quien evitaba emitir cualquier gemido. Decidió continuar con su demostración de amor, por lo que se humedeció los labios lo más sexy que pudo para luego pasar suavemente la lengua por el glande sin quitar los ojos de su amado, el cual no podía creer que los dioses lo estaban bendiciendo con tan erótica y excitante escena. Continuó con su reconocimiento por cada centímetro, hasta que sintió que ya no podía aguantar las ganas y lo metió lo que más pudo dentro de su boca. El gemido de placer que se escapó de Ranma la hizo sonreír, en ese momento se sentía la mujer más poderosa al ver como aquel hombre fuerte y decidido estaba a sus pies comiendo de su mano, porque sí, él haría todo lo que ella le pidiera con tal de que continuara otorgándole aquel goce. Cuando su nombre escapó de esos sabrosos labios a la par que tiraba la cabeza hacia atrás cerrando aquellas hermosas orbes azules, Akane descubrió por primera vez que estaba realmente disfrutando hacerle sexo oral a su pareja: por él, porque más de una vez le repitió que por favor no parara; pero sobre todo por ella, porque le gustaba su sabor y amaba sentirse la puta ama en aquella situación. Sí, definitivamente pensaba repetir aquella experiencia cada vez que quisiera y no solo cuando él se lo pidiera, como había sido hasta hace poco con Taro. Quiso probar una loca idea que pasó por su mente, por lo que con sus dientes "mordió" levemente el glande, casi en un roce con la suficiente tensión para que él gritara su nombre y le dijera que lo estaba matando de placer. Sus labios acariciaban el falo cada vez que ella movía la cabeza hacia adelante y hacia atrás, él posó sus manos sobre la cabeza de la peliazul haciendo una pequeña presión, dándole a entender que debía seguir en su cometido.

- A… Akane – dijo entre gemidos – si no paras yo… -

Para la ojimiel, esa frase la llevó a tal nivel de excitación que tomó una decisión que jamás creería que se hubiese atrevido antes: quería que él terminara dentro de su boca, quería probarlo entero y eso incluía su semilla. Con la resolución ya tomada, aumentó la velocidad del movimiento de su cabeza dándole a entender que esperaba que se corriera sin miramientos, por lo que él se dejó llevar por las sensaciones y cumplió el deseo de su amada. Aquel líquido caliente la inundó por completo, para luego sentir como recorría su garganta mientras se lo tragaba. Despacio fue retirando el miembro, sin despegar sus ojos de aquellos zafiros que la miraban con pasión y deseo. Se pasó la lengua por sus labios para limpiar cualquier resto de aquella hazaña, lo que provocó aún más al azabache. De un solo movimiento la levantó y besó con desesperación, definitivamente era una diosa que lo volvería loco si le hacía cosas como esas. Dejándose llevar por sus bajos instintos, la aprisionó entre sus brazos tan fuerte que ella soltó un quejido, recordándole a ambos el estado actual de su cuerpo.

- Perdóname – fue lo que pudo articular al percatarse de su error, aún dominado por la calentura del momento

- No te preocupes, creo que los dos nos dejamos llevar – dijo conciliadoramente - ¿Te gustó? – preguntó desviando la mirada; al parecer, todo el valor se había vuelto a esconder en su sitio.

- Me ha encantado, eres la mejor Akane – respondió acariciando suavemente el rostro de ella – Vamos, te debes vestir para tomar desayuno o se nos hará demasiado tarde –

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La primera semana de convivencia había pasado más rápido de lo que jamás se imaginaron. Además, sus amigos siempre iban de visita, sobre todo al inicio de ésta: Akari llevando las pocas cosas del apartamento de la ojimiel, Shinnosuke cargado a manos llenas con las pertenencias de la casa de Taro. Ryoga solía pasar un rato después de la oficina algunos días (previa llamada telefónica, claro está) para conversar sobre el trabajo y ver la evolución de la chica, dejando tranquila a su novia que evitaba pasarse mucho por allá para no "interrumpir" la incipiente relación de los azabaches, aunque llamaba a su amiga por lo menos dos veces al día; similar a lo que hacía el castaño, aunque éste evitaba en saber detalles sobre los avances amorosos. Caso aparte fue la insistente presencia del señor Hashiro y la señora Daimonji, quienes buscaban cualquier excusa para tocar la puerta y así tratar de enterarse de la nueva pareja, por el estado de Akane y el exnovio que ella tenía. Ese par de viejos cotillas sacaban de quicio a Ranma, el cual trataba de despacharlos rápidamente evitando todas sus preguntas, aunque eran bastantes persistentes en su tarea.

Lo más complejo habían sido los tres primeros días, ya que fueron demasiado tortuosos para la joven pareja. Por más que deseaban demostrarse de la manera más primitiva todo el amor que sentían por el otro, los dolores se acrecentaron de tal forma que la peliazul no lograba aguantar la masturbación sin sentir las inmediatas repercusiones en su cuerpo; lo bueno, poco a poco esto se fue revirtiendo, permitiendo que la nueva pareja se conociera y reconociera en el ámbito sexual cada vez con mayor intensidad y pasión. Aún así, el aprender a convivir con el otro fue todo lo opuesto: demasiado fácil, todo fluía de forma tan natural que daba la impresión que estaban juntos desde hacía tiempo, años quizás. Durante el día, Akane leía libros, veía un poco de televisión, hablaba por teléfono con sus amigos o pensaba en lo ocurrido con Taro, tratando de comprender en qué momento se distorsionó todo, culpándose una y otra vez porque las cosas llegaron a ese nivel. A pesar de lo inmerso que estaba el ojiazul en su trabajo, siempre respetó la hora de almuerzo para cocinar y comer con su amada. Desde la primera noche que pasaron juntos, decidieron que compartirían la recámara… era ilógico estar separados si todo dentro de ellos gritaba lo contrario. Así que, nuevamente, su pieza de invitados estaba desocupada, por lo que la ocupaba como escritorio para llevar a cabo sus deberes laborales. Agradecía tener a una compañera de vida (sí, él lo veía así… ya no dejaría que nada ni nadie la apartara de su lado) tan comprensiva, aguerrida y fuerte; porque a él no dejaba de sorprenderle la entereza con que ella despertaba cada día, con su hermosa sonrisa iluminando su rostro y sus grandes orbes como la miel gritando cuánto lo amaba. Por lo mismo, él respetó aquella solicitud de no decirle todos sus sentimientos hacia aquella dulce mujer, pero se encargaba de hacerlo a través de sus gestos, caricias y detalles del día a día. Lo que alegraba y calmaba a su corazón de igual manera es que eran correspondidas de similar forma, quizás no había escuchado de aquellos carnosos y tentadores labios la ansiada palabra, pero era recompensado con todo lo otro.

Una tarde, luego de cenar y sentarse en el sillón, la peliazul hizo una pregunta que descolocó un poco a su vecino por lo imprevista de ésta.

- ¿Por qué nunca hablas de tu familia? – fue el cuestionamiento un tanto descarado, pues ella solía desviar la temática para no hacer lo propio.

- ¿Qué quieres que te diga? – respondió dudoso levantándose de hombros – Mis padres se divorciaron cuando tenía 16 años –

- ¿Cómo te llevas con ellos? – quiso saber

- No hablo con mi viejo desde que se fue de la casa – dijo resuelto, pero tranquilo

- ¿Te llevas mal con él? – inquirió

- No… bueno, sí – hizo una pequeña pausa para ordenar sus ideas – Aunque fue él quien me inició en las artes marciales, siempre fue un hombre que andaba buscando aprovecharse de la gente a su alrededor, robando y estafando sin escrúpulos – comentó como quien habla del bonito día que hacía – Lo último que supe de él fue que había seguido con sus jugarretas en China… no sé si está preso o prófugo de la justicia – volvió a levantarse de hombros

- ¡Vaya! – exclamó sorprendida – Debió haber sido muy difícil para ti – dijo comprensivamente, posando su mano por sobre la de él

- Ni tanto – le restó importancia – tuve a Happosai a mi lado, gracias a ese viejo libi… -

- Espera, espera – lo interrumpió con su voz cargada de sorpresa, rompiendo el contacto - ¿Qué dijiste? – preguntó creyendo que había escuchado mal

- Que Happosai me ayudó a… - la peliazul nuevamente detuvo su discurso

- ¿Happosai?... ¿el maestro Happosai? – consultó sorprendida

- Siii…- respondió dudoso – Un viejo seco, pero libidinoso a más no poder – complementó la descripción

- ¡No puedo creerlo! – casi gritó de alegría

- ¿Que sea libidinoso? – no entendía nada de lo que estaba pasando por la mente de su amada – Ante las mujeres pone cara de santurrón, pero si lo tuvieras en frente… -

- Saltaría directamente a mi busto – finalizó la frase. Los ojos de sorpresa de Ranma provocaron una risita traviesa en Akane

- ¿Cómo…?, ¿cuándo…? – a pesar que hacía todos los esfuerzos posibles, la sorpresa no lo dejaba articular una oración

- Papá siempre me hablaba de su viejo maestro que le enseñó el estilo libre – comenzó a explicarse por fin – y su compañero de andanzas, siempre me dijo que no estaba seguro con cuál de los dos sufría más por sus hazañas – otra risita escapó de su boca – Por más que le pedí que me lo presentara, me dijo que estaba entrenando al hijo de su amigo luego de que abandonara su casa. Además, siempre me advirtió de lo libidinoso que era, que si lo tenía en frente… saltaría directamente a mi busto – repitió la frase recientemente dicha -

- ¡No puede ser! – ahora él estaba sorprendido - ¿Tu padre es Soun? – consultó sin poder creer aún en la coincidencia

- Sí – respondió escuetamente

- ¡Vaya!, papá siempre me hablaba de él y su dojo. Me prometió que si era el mejor, me llevaría para presentármelo y así uniéramos las escuelas – dijo con ilusión, recordando cómo su viejo le hablaba de aquella casa y que, quizás, podría llegar a ser suya.

- ¿Crees que me puedas presentar a Happosai? – consultó ansiosa

- ¡Claro!, se pondrá feliz de ver a la heredera de Soun. Seguro querrá entrenarte – una cálida sonrisa se formó en el rostro de la joven – Tú… ¿me lo presentarías? – preguntó haciendo referencia al padre de la chica

- ¿Y tu madre? – el repentino cambio de tema no pasó desapercibido por el azabache. Ya había notado la reticencia de hablar sobre su familia por parte de su vecina, por lo que prefirió no insistir.

- Bueno, siempre ha sido una mujer elegante y fuerte. Para ella fue lo mejor separarse del viejo, fue como si se renovara por completo. Al día de hoy es dueña de una galería de arte en donde suele tener exposiciones de pinturas o de objetos históricos… sobre todo de samurái – una sonrisa se formó en su rostro, pues estaba orgulloso de ella y sus logros – Debido a eso, está constantemente viajando. Como vive en Nerima – no se dio cuenta, pero el rostro de su amada se tensó por unos segundos – viene de tanto en tanto a visitarme y se queda a dormir, por eso le tengo su pieza -

- Suena a que es una madre dulce y tierna –

- Eso lo dices porque no conoces a Nodoka – soltó una risa, pues su progenitora tenía unas salidas

- ¿Nodoka es tu madre? – trató de estar segura en que estaba siguiendo bien el hilo de la conversación

- Sí – respondió con orgullo

- No entiendo – dijo haciendo referencia al último comentario de él

- Desde que tengo 18 años que mi madre me está pidiendo un nieto – comentó de manera cómica – Pero como no le he presentado a nadie, cada vez que viene de visita se encarga de dejar condones por cualquier rincón del departamento – la carcajada por parte de su tormento lo contagió, riéndose hasta las lágrimas.

- Por eso había uno debajo del confort de repuesto – murmuró recordando que hace unos días había hecho ese descubrimiento, causándole extrañeza

- ¡¿Dejó uno ahí?! – preguntó sorprendido por las ocurrencias de su mamá

- Jajajaja sí, yo por un momento pensé que tratabas de darme algún mensaje subliminal – la risa de ambos inundó el departamento. Cuando lograron calmarse, ella retomó la palabra – De verdad que suena a que es una gran mujer, me gustaría conocerla algún día – mencionó a sabiendas de la implicancia implícita que eso conllevaba… una relación seria y proyectada a futuro con el trenzudo.

- A mí también – respondió amorosamente él, para luego besarla con propiedad. Una cosa llevó a la otra, dejando salir sus deseos una vez más, lo hicieron apasionadamente en el sillón estando ella a horcajadas sobre él. Ambos agradecieron mentalmente porque su cuerpo ya estaba más recuperado, permitiéndoles disfrutar del otro como lo querían. Gemidos, jadeos y el sonido de sus cuerpos chocando rítmicamente fue el reflejo de lo que no se decían explícitamente: que se amaban y deseaban compartir una vida juntos.

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La segunda semana fue mucho mejor, pues la ojimiel ya podía movilizarse sola (aunque con la ayuda de las muletas), dejando de depender de su adonis vecino. Su orgullo ya no soportaba el haber perdido su independencia, por lo que su ánimo mejoró bastante cuando el doctor la autorizó a un reposo intermitente. Y aunque se moría de ganas por salir a trotar, ya que sentía que su pie estaba bastante mejor, no quiso causar conflictos y se resignó a tolerar otros 7 días con aquella molesta tobillera. Incluso le ofreció a Ranma que volviera a la oficina… se sentía culpable por tenerlo a su lado, quizás él no lograba abarcar todo el trabajo al estar en casa. Pero cada vez que se lo propuso él lo negó tajantemente, incluso un día le preguntó a Ryoga qué tanta falta hacía allá y su amigo le comentó burlonamente que todos andaban con una sonrisa en el rostro por no tener al amargado presionándolos con las entregas.

Una mañana recibió la visita de Shinnosuke, habían quedado de acuerdo que él la llevaría a su apartamento para que lo revisara, pudiera ver sus fotos y estar cerca de su familia. Aunque a Ranma le causaba celos que el castaño tomara en brazos a su tormento, se reprendió a sí mismo por esa actitud infantil. ¿Por qué sentirse inseguro si ella le ha demostrado con creces cuánto lo ama?, no solamente debía confiar en su amada, si no que en la relación que estaban forjando. No cometería errores propios de un adolescente que provocaran que se apartara. Sin saberlo, había tomado la decisión más sabia, pues de haber seguido dando rienda suelta a los celos e inseguridades, el recuerdo de Taro se hubiera hecho presente, desencadenando momentos pocos gratos en la peliazul.

Cuando llegaron al que fue su hogar, la mujer se dirigió con ayuda de sus muletas hasta el sillón, se sentó y se puso a ver aquella fotografía que le recordaba a su antigua casa. Sin poder contenerlo, las lágrimas cayeron velozmente por sus mejillas, una tras otra sin lograr ser retenidas. Shinno mantuvo su distancia, conocía demasiado a su amiga para saber que si se acercaba a abrazarla ella cortaría el llanto y le diría que estaba bien; así que optó por vigilarla desde lejos a pesar del dolor que le provocaba verla así, llena de sufrimientos por el pasado y por culpa del estúpido de Taro. Ese hombre no abandonaba sus pensamientos, solo esperaba que volviera de su viaje de negocios para poder ir y partirle la cara por lo que le hizo a tan hermosa persona; por lo mismo llamó a su oficina para asegurarse de su paradero. Además, quería tener la tranquilidad de que no se acercaría a Akane, cosa que fue reafirmada por la secretaria: el joven heredero volvería el domingo de esa semana. No estaba seguro si decirle esto a Ranma, ya que él aún no sabía de la verdad sobre los golpes de la ojimiel, aunque el azabache más de una vez intentó que Ryoga le confirmara las sospechas que tenía. Pero el colmilludo les rogó a los castaños que mantuvieran el secreto o su amigo sería capaz de torturar hasta matar al malnacido ese. Y no lo culpaba, él tenía el mismo deseo, aunque entendía que si ambos hacían eso, dejarían sola a Akane y eso no se los perdonaría jamás.

Cuando se percató que la chica cayó rendida de sueño en el sillón, la acomodó mejor para luego arroparla con una manta que trajo desde la habitación principal. Aunque aún la amaba, la resignación ya era parte de su ser. No podía negar el efecto que tenía el trenzudo sobre ella, definitivamente le hacía demasiado bien, la luz volvía a sus ojos cuando estaban cerca, volvía a ser la Akane que él conoció de joven y eso le hacía feliz, su amiga se estaba recuperando luego de tan aterradora experiencia y no sería él quien lo evitara. Por lo mismo, llamó desde su celular al nuevo novio (aunque aún no lo habían formalizado, era claro para todos) para comentarle la situación con la intención de que no se sorprendiera si pasaban demasiado tiempo fuera. Del otro lado de la línea, el hombre le agradeció por aquel gesto y por cuidar a su amada.

Ya casi era la hora de almorzar cuando la peliazul despertó, recordando lo acontecido previo a su siesta. Sus ojos ardían de tanto llanto, aún así, se sentía un poco más liviana, quizás el estar allí le sirvió más de lo que se imaginó. Vio a su amigo sentado en el comedor leyendo uno de los libros que había dejado. Con una sonrisa en su rostro lo llamó, le agradeció por su compañía, por respetar sus espacios y por estar siempre para ella. Aunque quiso llorar de nuevo, no se lo permitió, la pena no debía ser parte de su vida pues ahora estaba rodeada de gente y cosas buenas, tenía que ser agradecida con el universo y todos los dioses por bendecirla así.

Volvieron para comer con el azabache, quien los esperaba con una rica merienda preparada por él. Se rieron, comentaron algunos recuerdos de adolescencia para luego dejar partir al castaño, quien tendría que revisar algunas cosas antes de ir al pub. Cuando salió de aquel lugar, su corazón se sentía tranquilo y feliz… para él, algo cambió ese día: sin saberlo, esa instancia marcó un antes y un después en sus sentimientos por la joven.

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Teóricamente, ese sería el último sábado que su amado tormento pasaría conviviendo con él. Ya no tendría una excusa válida para que se quedara. Claramente no quería que eso ocurriera, pero la respetaría si decidía devolverse al que era su antiguo apartamento. Aún así, trataba de pensar alguna forma de poder decírselo sin sonar demasiado intenso… debido a la solicitud que ella hizo la primera noche juntos, ni siquiera habían confesado los sentimientos por el otro; entonces… "¿cómo pedírselo?" solía preguntarse durante toda esa semana. En ese instante, aquella dulce voz que tenía grabada en su corazón lo sacó de sus cavilaciones.

- Ranma, ¿en qué te puedo ayudar? – se había acercado a la cocina con la intención de apoyar la preparación del almuerzo - ¿Quieres que corte las verduras? – ofreció amorosamente

- No te preocupes, estoy bien – dijo sin voltear a verla, sabía que si sus ojos se topaban con los de ella, descubriría lo que no lograba expresar en palabras.

- Vamos, déjame ayudarte un poco… estoy aburrida – solicitó en un tono casi infantil

- Prefiero que no, hoy quiero disfrutar la comida – el tono burlón no pasó desapercibido para la peliazul

- ¿A qué te refieres? - consultó entre molesta y tratando de contener esa llama que crecía en su pecho, le estaba dando el beneficio de la duda, esperaba no lo desaprovechara

- Sabes a qué… estamos claros que, de los dos, yo soy el que cocina mejor – por fin se volteó a verla, a pesar de reconocer el rostro de molestia que tenía, no pudo evitar reírse ante aquella adorada reacción.

- Bien, con que eso piensas – tomó las muletas para comenzar a dirigirse a la habitación principal

- ¡Oh vamos Akane!, ¡no te enojes! – exclamó tratando de controlar la risa que insistía en escapar. Aunque esperaba escuchar un portazo, se sorprendió que fue todo lo contrario… la puerta fue cerrada suavemente, algo dentro de él le advertía que la chica algo tramaba en sus manos, pero prefirió desechar esa idea.

La ojimiel estaba decidida en hacerle pagar a su escultural vecino por aquella insolencia, tenía claro que ella no era la mejor cocinando, pero eso no quitaba que pudiera ayudarlo en la preparación de los alimentos. Desconociendo a la Akane que maquinaba el plan que se iba forjando en su mente, se acercó al ropero para sacar un par de sus prendas y luego otra de Ranma… sí, él aprendería a no meterse con ella. Una sonrisa lujuriosa y de suficiencia apareció en su rostro. Se acercó a la cama para preparar todo, sabía que tenía el tiempo en contra antes de que el azabache comenzara a poner la comida en los calentadores, por lo que se apresuró. Cuando ya tuvo todo listo, se acomodó sentándose a los pies del lecho que estaban compartiendo hasta ese momento, arremangó un poco la polera que se había colocado para no posarse sobre ella, dejando a la vista exactamente lo que ella quería. Sin más, decidió llevar a cabo lo que rápidamente había maquinado.

- ¡Ranma! – lo llamó - ¿podrías ayudarme? –

- ¿Qué pasa Akane? – preguntó mientras abría la puerta, pero quedó sorprendido ante la escena que tenía frente a él: su amada estaba sentada sobre la cama vistiendo una de sus poleras, sus hermosas piernas destacaban por debajo de ésta, aunque al ir recorriendo ese cuerpo con su mirada se pudo percatar que algo de encaje asomaba en su cadera que descuidadamente no había sido cubierta por la prenda (o eso pensó él).

Satisfecha por el impacto que había tenido su imagen en su amado, siguió tranquilamente con su plan.

- Creo que se averió la calefacción – suavemente sus manos tocaron su desnudo cuello - ¿No sientes que hace demasiado calor acá? – preguntó sensualmente a la par que se erguía, apoyando levemente el pie que, en algún momento, estuvo lesionado.

El aludido solo pudo tragar duro en respuesta, aquellos movimientos lo estaban desconcertando, ¿qué tramaba?.

- ¿Ranma? – lo llamó al ver que no daba indicios de responder, sonrió para sus adentros – Yo creo que está muy caluroso acá, quizás tenga fiebre – lo miró fijamente para luego guiar lentamente sus manos por sus escápulas, pechos, estómago, zona baja y finalizando en el borde de la prenda que le pertenecía al ojiazul. Con el mismo ritmo recientemente utilizado, se fue retirando la polera para dejar al descubierto su blanca y desnuda piel cubierta solamente por un hot-pants de encaje calypso con detalles amarillos y un brassier de la misma tela. La cara desencajada del trenzudo fue demasiado placentero para la chica, quien estaba disfrutando torturarlo de esa manera. Continuando con su idea, comenzó a pasar sus manos por sobre su cuerpo de manera parsimoniosa y sensual, permitiendo que los gemidos o jadeos que la sensación provocaba en ella escaparan sin ninguna dificultad; además, ver como cierta parte del pantalón de su vecino comenzaba a abultarse aumentaba aún más sus ganas de seguir.

- Quizás tenga demasiada ropa, ¿no crees? – su voz denotaba la lujuria que estaba sintiendo en ese instante.

El joven, aún parado bajo el marco de la puerta embobado por lo que estaba presenciando, solo pudo asentir con su cabeza. Su cerebro se había desconectado por completo al ver aquella diosa tocándose de manera pecaminosa.

Le dedicó una coqueta sonrisa antes de desabrochar el sostén y tirarlo a los pies del ojiazul, dándole a entender que todo era una treta para caldear el ambiente. Aquellas pequeñas y suaves manos se encargaron de masajear el bien formado busto, apretando y, a veces, aprisionando los rosados pezones. Pero esas traviesas no se detuvieron ahí, comenzaron a deslizarse hacia abajo en un leve roce, provocando que la nívea piel se erizara. Cuando alcanzaron la intimidad de la chica, sus dedos comenzaron a masajear aquel punto de placer, aumentando la humedad que allí se comenzaba a formar.

El pobre de Ranma se sentía demasiado excitado, "envidiaba" aquellas caricias que no estaban siendo proporcionadas por él, anhelaba ser el responsable del placer que estaban causando en su amado tormento. Iba a dar un paso cuando la sensual voz inundó sus oídos.

- Aún es mucha tela, ¿no crees? – volvió a preguntar coqueta. Nuevamente recibió un asentimiento con la cabeza por parte del joven. Dándose el gusto de ver la reacción que provocaba en él, deslizó suavemente la última prenda que cubría su cuerpo. Cuando ésta cayó al suelo, decidió a hacer algo que jamás de los jamases pensó que haría. Se giró para luego gatear hacia la parte superior de la cama, permitiendo que toda su intimidad fuera vista sin tapujos por su reencarnación de dios griego. No quiso pensar mucho sobre eso o la vergüenza y timidez la inundaría, lo cual no permitiría si ya había llegado hasta ahí. Se giró para luego sentarse apoyando su espalda en el respaldo del lecho. Se sintió poderosa al ver los ojos de deseos que tenía aquel hombre dueño de su corazón. Cuando se dio cuenta que comenzó a acercarse, su mente volvió a maquinar algo osado para ella.

- ¿No tienes calor? – preguntó mientras sus dedos comenzaban a bajar traviesamente por su torso, en dirección al húmedo lugar.

Comprendiendo la indirecta, el trenzudo se sacó la polera y luego el pantalón, quedando solo con ese bóxer negro que deleitaba a la vista con lo ajustado que quedaba en esa zona. Sin despegar sus zafiros de aquella excitante imagen, lo retiró lo más rápido posible con la clara intención de poseer a su adorada vecina.

- No, no, no – lo detuvo - ¿a dónde vas? – al darse cuenta que intentaba subirse a la cama

- Pues… yo… tú… - definitivamente su cerebro se había mandado a cambiar a otra parte

- No Saotome, tú no te mueves de ahí – le ordenó con firmeza, pero sin dejar de masajear su clítoris, lo que era claramente visto por el joven ya que ella tenía las piernas lo suficientemente separadas para que él no tuviera impedimentos en apreciar dicho paisaje.

- Pero… - trató de refutar

- Si no te gusta mi comida, no puedes comerme – le comentó con el tono más sensual y lujurioso que pudo poner. Para su suerte, un gemido de placer escapó de sus labios luego de aquella afirmación, aumentando aún más la temperatura de la habitación – Solo puedes mirar, no tocar – informó – No dejes de mirarme – volvió a ordenar.

Él posó sus azules orbes sobre los cafés de ella, sin percatarse que una de sus toscas manos comenzaba a masturbar su erecto pene. Estaba perdido entre los gestos de aquel hermoso rostro, sin contar que los gemidos lo estaban poniendo a mil.

- No mis ojos, mira allá abajo – volvió a darle instrucciones – si no lo haces, me detendré – ante aquella afirmación, hizo caso sin rechistar. Aquella escena era demasiado erótica y no estaba seguro cuánto más podría contenerse de no saltar encima de ella y poseerla como su cuerpo le demandaba.

Ambos comenzaron a aumentar el ritmo de las caricias autoimpuestas, dejando salir gemidos y jadeos que expresaban todo el placer que estaban sintiendo. Akane quería ponerlo a prueba aún más, por lo que decidió llevarlo al límite.

- ¿Te gustaría pasar tu lengua por acá? – preguntó entre jadeos moviendo sus dedos por sobre sus labios íntimos

- Sí – a penas pudo responder él

- ¿Y qué más? – consultó coqueta

- Te chuparía y mordería tu clítoris hasta escucharte gritar mi nombre – le dijo con su voz ronca de placer mirándola directamente a los ojos. Aunque para ambos fue una sorpresa la intensidad con la que se estaban expresando, también compartieron la reacción de aumentar su excitación.

- ¿Y luego? – lo incitó a seguir

- Te metería mi pene duro fuerte y salvajemente hasta que no puedas más del éxtasis – el gemido que salió de los labios de la peliazul demostró que, para los dos, aquel juego estaba siendo demasiado satisfactorio. Ella introdujo dos dedos en su húmeda cavidad, él aumento la velocidad con que su mano subía y bajaba de su falo.

- ¿Salvajemente? – preguntó entre jadeos

- Sí… hasta dejarte sin voz – respondió de igual manera él – profundo y salvajemente - reafirmó

Aumentando los movimientos de su mano, Akane estaba llegando a su límite en aquel juego que comenzó como un castigo por la broma hecha por el azabache.

- Yo… yo… - fue todo lo que pudo decir, su cuerpo comenzaba a contraerse augurando el tan ansiado orgasmo.

- ¿Dónde lo quieres? – le preguntó haciendo referencia a que también estaba cerca y deseaba vaciar su semilla sobre ella

- Donde quieras – pudo apenas responder

- Date vuelta – le ordenó casi desesperado, ella lo hizo sin rechistar – ponte en cuatro – volvió a ordenar.

Ambos aceleraron tanto los movimientos de sus manos que llegaron casi juntos, Akane fue la primera, arqueando su espalda a la vez que el nombre de su amado escapaba de sus labios junto a un intenso gemido. Ranma la siguió poco después, llamándola a la par que dejaba escapar su semen sobre aquellas tentadoras nalgas. La joven, al sentir aquel líquido viscoso y caliente sobre su anatomía, cayó rendida sobre la cama tratando de calmar su respiración. El trenzudo, luego de que los espasmos propios de su orgasmo finalizaron, se dirigió a su baño para buscar papel y así limpiar a su amada. Una vez cumplida dicha tarea, se miraron a los ojos intensamente, devorándose el uno al otro de manera silenciosa. Sin preámbulos más que el erótico momento que habían vivido recién, unieron sus labios de manera desesperada demostrando que no se contentaban con solo ser meros observadores del placer del otro. El ojiazul cumplió con su palabra, haciendo exactamente TODO lo que le había confesado minutos previos, para finalizar teniendo sexo duro y salvaje, lo cual fue placentero para ambos.

Ese día los dos amantes habían descubierto un par de cosas. En el caso de Ranma, le excitaba demasiado observar a la ojimiel masturbándose pensando en él (aunque no era la primera vez que veía a una mujer en dicha tarea, jamás había sido tan lujurioso para él como lo fue al observar a su tormento); Akane descubrió lo mismo, ver al azabache autocomplaciéndose por ella la había puesto a mil. Pero los que más los sorprendió, aunque ninguno lo dijo, fue que hablar de esa manera tan desinhibida los calentó de una manera sorprendente; así como también tener esa posibilidad de dar rienda suelta a sus instintos más primitivos sin romanticismos de por medio, solo disfrutando de la carnalidad del acto. Habían descubierto que disfrutaban tanto haciendo el amor como teniendo sexo como si estuvieran en época de celo… definitivamente repetirían esa instancia, siempre y cuando ambos quisieran hacerlo de aquella manera.

Luego de alcanzar el orgasmo por parte de ambos, se abrazaron tratando de regular sus agitadas respiraciones: ella recostada en el pecho de él, sus fuertes brazos rodeándola para no dejarla escapar.

- Akane… - la llamó decidido a preguntar lo que le había molestado toda la semana

- Dime –

- Sé que el lunes tienes control. No te podré acompañar porque tengo que estar sí o sí en esa reunión… -

- Lo sé, por eso iré con Akari y Shinnosuke, no tienes de qué preocuparte – trató de calmarlo

- A lo que voy… - respiró profundo para juntar el valor necesario. Al inflar tanto su pecho, la peliazul levantó su rostro para mirarlo directamente a los ojos y así comprender que era lo que le pasaba – Quisiera que siguieras acá, que no te fueras –

La chica no cabía en alegría, todo ese tiempo había tenido el miedo de que aquellas idílicas semanas fueran solo eso y que pronto debiese separarse del hombre que amaba con todo su corazón. La sonrisa que se formó en su rostro fue toda la respuesta que Ranma necesitaba para comprender que no era el único que deseaba mantener la convivencia, por lo que la besó con todo el amor y la dulzura que pudo, traspasando así sus sentimientos por ella. Nuevamente se entregaron el uno al otro, hicieron el amor celebrando el pacto recientemente acordado: convivirían juntos porque lo deseaban, porque así lo querían. Esta vez todo fue dulzura, cada caricia expresaba aquellos sentimientos que inundaban sus corazones llevándolos nuevamente al éxtasis.

Akane estaba feliz, dichosa a más no poder. La vida le estaba sonriendo como nunca lo imaginó, se sentía amada, deseada, respetada, valorada… todo aquello que Taro jamás logró provocar en ella. Agradecía que, en todo este tiempo, no había intentado contactarla. Suponía que Shampoo lo estaba satisfaciendo lo necesario para que no lo hiciera. Rogaba a todos los dioses que ella tomara su lugar, aunque lo lamentaba por la pelilila, pero por lo menos así no la buscaría. No quería volver a encontrárselo nunca más, era una enfermedad que había decidido arrancar de raíz de su vida.

Claro que no siempre las cosas suceden como uno espera…

Continuará…


Hola a todos! Como siempre, quiero iniciar agradeciendo a cada uno de ustedes por seguir leyendo esta historia, por darle follow, por agregarla a sus favorites y/o por dejarme un review! Lo aprecio mucho, sobretodo cuando leo sus comentarios, así que no dejen de hacerlo por favor!

Bueno, sobre este cap… pasaron muchas cosas, quizás "pequeñas" pero significativas… ¿qué les pareció?

Quiero decirles que estoy full trabajando para terminar el cap 15, peeeero… siento que me estoy viendo contra el tiempo! Por lo mismo, si es que no llegase a actualizar el próximo lunes, es porque no lo logré terminar para ese entonces. Pero créanme que estoy poniendo todo de mí para cumplirles, es solo que hajy una parte intensa que no me ha gustado como me ha quedado, cada vez que la escribo termino agotada mentalmente. Prometo dedicarme a full para no fallarles!

Alexandraaa4: gracias por dejar tu review… me alegro que te haya gustado el cap anterior!

sweetsimphony30: gracias por tus palabras sobre el lemon jajajaja, la verdad es que en mi cabeza puedo visualizar la suculencia sin problemas, pero me cuesta taaaanto expresarlo en palabras jajajaja.

A.R Tendo: espero este cap te haya gustado también, yo quedé feliz con la suculencia jajajajaja. Sobre Taro… todo llega a su debido tiempo

Benani0125: jajajajaja al fin dejé que dieran rienda suelta a sus sentimientos, pero como vimos en este cap, todo acto tiene una consecuencia. Saludos!

Miss SF: te gustó este cap?

Niomei: me alegro que te haya gustado el cap!, tenías razón… pura pasión estas dos semanas jajajajaj

Luz Aurea Pliego Romero: jajajajajja me alegro que te haya gustado el lemon. Confieso que la idea inicial era que todo pasara en el baño, pero no quise que su primera vez fuera tan carnal, por eso los trasladé a la pieza jajajajjaa

AkaneMx: me alegro que te gustó el reencuentro y que te hayas visto en esa escena jajajajaja (somos varias jajajaja). Muchas gracias por tus palabras finales, las tomo con mucho cariño y humildad. Saludos desde Chile!

Ibetzia: wooooow, hiciste maratón con mi historia, no sabes lo que me alegra leer eso!. Mil gracias por tus palabras, espero estos cap finales sean de tu agrado también.

Bueno, no me queda más que desearles una buena semana y a cuidarse que esta pandemia no da tregua!