Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

14. Segundo Año: De besos a besos

—¿Esto es odioso no te parece? —comentó la castaña que caminaba por el pasillo aun lado de Ginny.

—Me parece que son muy inmaduros para hacer esto —se quejó la leona mientras veía esos botones que insultaban a Harry por haber quedado como un participante del torneo, aparentemente nadie creía en su inocencia.

Ni siquiera el propio hermano de la pelirroja le creía a su mejor amigo, pero ella si. Ella si le creía igual que Astoria y otros pocos que tenían algo de lógica, porque realmente ¿Por qué alguien como Harry querría concursar en ese torneo donde uno podía morir?

Las dos lindas chicas siguieron caminando. Iban al Gran Comedor con algunos chicos de Gryffindor, entre ellos Iván. Astoria había decidido pasar su tiempo con los leones a vista de que las serpientes ya ni siquiera le miraban y era incomodo estar en la sala común de Slytherin sola, en silencio y… y que la trataran como si fuera la peste. Así que ¿Para qué quedarse ahí a aguantar eso? Cuando podía estar con gente que la trataba mejor, aun cuando veían su escudo en la capa negra.

—¡Buenas! —saludaron las dos al llegar a la mesa. Aquello era raro, pero nadie parecía ponerle atención a que una serpiente se sentara con los leones. Bueno con "esa serpiente" que ya todos sabían era la novia de Iván Osborne. Astoria no era una serpiente como las demás de su casa y eso era notorio incluso para el director, quien durante toda su estadía en Hogwarts era segunda vez que veía cercanía entre dos casas que tenían una guerra declarada desde hace siglos, aunque las circunstancias parecían ser aun mejores, pues la pequeña Slytherin era aceptada en toda la casa de los Leones.

El desayuno de aquel viernes fue tranquilo y sin contratiempos. Las clases fueron más relajadas porque durante ese fin de semana sería la primera prueba del torneo. Los profesores en su mayoría eran condescendientes y hablaban de otros torneos anteriores o de cuando ellos estuvieron en la escuela durante el torneo y como algún amigo de ellos participó y no ganó o ganó. Todos menos Snape... Severus fue el único profesor que dio su clase como siempre y dejo tarea para el lunes, sin importarle que todos los alumnos estaban emocionados por el torneo y no tenían cabeza para otra cosa.

—¡No lo puedo creer! ¡Nos odia! —se quejó Ron en el comedor refiriéndose al profesor de pociones que les había dejado tanto trabajo que apenas y podrían ir a ver el evento de la prueba.

—¿Y eso es novedad? —preguntó sarcásticamente su hermana menor.

La conversación continuó en ese pedazo de la mesa de los Gryffindor, donde una Slytherin comía tranquilamente a un lado de su novio. Los chicos parecían felices, Astoria más que nada se sentía feliz. Se sentía en familia, se sentía cómoda y libre...

Lo cual era bueno, hasta que sus ojos se toparon con la imagen de su hermana. La rubia de ojos azules estaba abrazando a Draco. No sabía porque, pero sintió como su estómago se revolvía. Buscó con la vista a Pansy y la encontró a poca distancia sonriendo. ¿Qué acaso la "Princesa de Slytherin" permitía que otra chica abrazara a su novio? No entendía nada, pero las sensaciones que le llenaron el cuerpo no eran para nada gratas. Sin querer dejó caer la copa con jugo de calabaza que sostenía y salió corriendo con unas terribles ganas de vomitar. Su estómago gritaba y rogaba por sacar la comida, los dulces y demás que había ingerido durante la cena.

Así fue que llegó al baño del segundo piso donde estaba Myrtel y sin ningún tapujo entró a un cubículo a vomitar. La comida salió por si sola y no podía parar, incluso por unos instantes sentía que se ahogaba.

—¿Astoria, estas bien? —preguntó la fantasma alarmada al ver a su amiga castaña de carne y hueso que vaciaba su estómago en el inodoro — Eso no se ve bien —comentó nuevamente con una curiosa cara de asco.

Astoria no contestó, le dolía la garganta, sus ojos estaban llorosos y apenas podía respirar. ¿Por qué se había sentido tan mal con aquello? ¿Por qué había vomitado al ver a su hermana con Draco Malfoy? ¡Dios! Con solo pensarlo las náuseas volvieron y a falta de más comida en su estómago comenzó a vomitar asido estomacal.

Después de aquello se fue a lavar el rostro y enjuagar la boca que le sabía a rayos.

—¿Me vas a decir que pasó? —insistió la chica de lentes que flotaba detrás de la Slytherin.

—No lo sé... y prefiero no pensar en ello —contestó secamente. Seguía echándose agua fría al rostro para despejarse y mientras lo hacía se miraba en el espejo, por alguna razón se detuvo y dejó el agua correr, mirándose fijamente.

Por unos instantes el reflejo en el espejo comenzó a distorsionarse... Ya no eran unas esmeraldas las que miraban y se reflejaban en el cristal, ahora eran dos avellanas oscuras pero brillantes. El cabello ondulado y amielado había sido usurpado por risos negros muy alborotados. El rostro pálido seguía pálido pero ojeroso. Una sonrisa involuntaria se formó, una sonrisa llena de locura y desesperación.

Bella.

En el reflejo no estaba Astoria, estaba Bella.

La sonrisa tétrica se transformó en un puchero lleno de burla y falsa pena, esa expresión de niña traviesa y maniática que tenía Bellatrix. Sus labios se movieron lentamente... pronunciando una maldición...

—Avada... —la pequeña Greengrass movía sus labios igual que Bella y emitía el sonido formando las palabras para que fueran dichas como debían — Kedavra... —sin embargo, la gargantilla solo brilló intensamente en un verde igual a los ojos de la niña que la llevaba puesta. La maldición no había tenido efecto, gracias a la gargantilla, aunque hubiese tenido la varita en la mano nada hubiera pasado. El reflejo de Bella desapareció del espejo y un silencio sepulcral se hizo presente, pues en algún momento el agua había dejado de correr.

Pasaron unos segundos así, segundos en los que la castaña parecía en trance. La pequeña Slytherin no pensaba, solo sentía, solo veía, solo se dejaba llevar... sentía el amargo sabor en su boca, sentía sus ojos hinchados veía su desarreglado reflejo en el cristal y repentinamente escuchó el agua del grifo correr nuevamente y ser acompaño por la voz de ultratumba de Myrtel.

—¿Astoria? ¿Qué fue eso? —Myrtle parecía algo asustada y eso era mucho decir para una fantasma que había tenido una muerta causada por un basilisco. Pero es que aquello había sido tan aterrador, tan perturbador, tan anormal, aun en el mundo de la magia había cosas que eran extrañas, anormales y para nada buenas, y esa había sido una de esas cosas. Tener el reflejo de una Mortifago y decir una maldición imperdonable no era para nada bueno.

—No lo sé —confesó sin mucha convicción, pues tampoco quería saber que era lo que había sido, o que había significado aquello.

Sin más contratiempos decidió ir a la habitación, no se sentía bien y no quería estar con nadie, no siquiera con Iván. De hecho, en esos momentos sentía desprecio por Iván y su sangre mestiza. Se sentía tan extraña...

—Miren nada más lo que tenemos aquí —canturreó burlonamente Pansy cuando la castaña de ojos verdes entró a la sala común para ir a los dormitorios.

¿Por qué le hablaban? ¿Qué no se suponía que Malfoy había dado órdenes para que la ignoraran? ¿Por qué Pansy le estaba hablando? ¿Qué demonios estaba pasando ahí? ¿Acaso se había golpeado con algo en la cabeza y aquello era una pesadilla de su inconsciencia? Astoria no se detuvo y siguió caminando hacía las escaleras. Ahora ella era la que ignoraba los murmullos y el escándalo que había causado su presencia. Y es que antes todo se volvía silencio cuando ella aparecía y ahora era todo lo contrario. No entendía porque...

—Pansy, déjala —pidió Daphne al ver el rostro tan sombrío que traía su hermana. Además de que notó curiosa la gargantilla que estaba a la vista, descubierta y delataba, pues la Slytherin se había quitado la corbata y desabrochado parte de la camisa después de vomitar. —¿Tory? ¿Qué es eso? —preguntó a su hermana menor pero la susodicha no contestó, se limitó a voltear a verla con confusión, aun estaba algo aturdida por lo que había pasado en el baño.

—¿De dónde sacaste algo tan lindo, pulga? —las palabras de la pelinegra eran burlonas y mordaces, despedía puro veneno — ¿No me digas que tu novio de Gryffindor te lo regalo? No creí que ese pobretón pudiera comprar algo así, seguramente es falso... Son unos mocosos de segundo año y ya andan con esos regalitos ..—.se siguió burlando. Pero la Greengrass seguía sin decir nada — ¡Vamos, niña! ¡Di algo! —gritó exasperada Parkinson, pues no le veía chiste a insultar a alguien que no respondía, era como insultar a la pared.

—¿Qué sucede aquí? —repentinamente los pasos y la voz de cierto rubio resonó en la sala. El rubio había llegado y como si fuera un rey, todo mundo se había callado y había volteado a verlo... Todos, menos Astoria. La castaña seguía al pie de las escaleras, a punto de subir, pero sin hacerlo. Tiesa como si estuviera petrificada, mirando hacia donde estaba su hermana y la pelinegra.

—¡Draco! —la chica de cabello corto y oscuro se abalanzó sobre su novio para abrazarlo.

Ese abrazo trajo a la mente de Astoria el recuerdo la imagen del abrazo que le había provocado náuseas y al mismo tiempo las náuseas volvieron. La pequeña castaña se tapó la boca con asco, un gesto tan obvio que provocó las risas de algunos que pensaron que aquello era una forma despectiva de decir que los tórtolos "príncipes de slytherin" le provocaban asco al ser tan melosos.

—Como si tu no fueras así con tu amado gato greñudo —se quejó Pansy que seguía abrazando a su rubio novio. El rubio recordó con eso que él había dado una orden para que nadie hablara con la Greengrass desertora ¿Entonces por qué todos le estaban hablando?

Astoria ignoró los comentarios y subió corriendo las escaleras con los ojos fuertemente cerrados, solamente quería dormir. La noche se había tornado muy mal, no quería añadirle a sus eventos el hecho de estar discutiendo con la supuesta "Realeza de Slytherin".

—¿Qué fue eso? —preguntó Draco enarcando las cejas y esperando una respuesta que nunca llegó. Todos simplemente se encogieron de hombros y continuaron en lo suyo. Dada así terminada la noche de aquel viernes.

O-O-O

—¿Es broma, verdad? —se escuchó la preocupada voz de Daphne Greengrass resonar en la habitación vacía de los dormitorios de las chicas de Slytherin.

—¿Por qué debería de serlo? Pensé que era obvio —dijo la menor de cabellera castaña que se peinaba con esmero, pues en una hora se iba a llevar a cabo la primera prueba del torneo de los tres magos.

—¡Astoria! Es obvio que te llevas bien con los malditos gatos eso, pero estas loca y te meterás en problemas...

—No son gatos, Daphne —le corrigió algo molesta a su hermana mayor.

La conversación concluyó en ese instante, pues la menor se colocó una bufanda... Una bufanda de franjas escarlatas y doradas. La chica asistiría al evento haciéndose pasar como una Gryffindor, se acomodaría con los Gryffindor, estaría con su novio y apoyaría a Harry. ¿Por qué? Porque la chiquilla castaña era algo cursi y aquella era su forma de disculparse con sus amigos a los que había dejado plantados la noche anterior. Y eso no era para nada una buena idea ante los ojos de su hermana mayor. Daphne intentaba hacer todo, incluso usar sus "influencias" con Draco y Pansy para que no discriminaran a su hermana, pero al parecer la cabeza hueca de Astoria hacía todo lo posible para ser parte de la casa enemiga.

La castaña abandonó la sala de los Slytherin, que por suerte estaba vacía y se dirigió a donde la esperaban sus compañeros. Mientras Daphne meditaba y pensaba en su hermana. ¿Por qué su hermanita actuaba así? Entendía que no le gustara el lugar, que hubiera preferido estar en Beauxbaton, incluso después de haberse topado con aquellas francesas, hasta ella hubiese preferido Beauxbaton... Pero si algo no le cabía en la cabeza, es que Astoria prefiriera Gryffindor... ¡Gryffindor!

Toda la mañana se había pasado intentando saberlo, por lo que había olvidado lo de la gargantilla, a pesar de que la pudo ver en el cuello de su hermana antes de ponerse la bufanda de la casa enemiga. Por su parte, la menor, estaba tan concentrada en lucir como una Gryffindor que había olvidado preguntar por qué su hermana había abrazado a Draco.

O-O-O

—¡Buenos días! —saludó alegremente la castaña de ojos esmeraldas cuando llegó a donde el pequeño grupo de leones estaba con banderas y carteles para darle su apoyo a Harry.

—¡Te ves divina! —al verla vestida con los colores de su casa y como si fuera una Gryffindor más, su novio se emocionó y ni siquiera recordó el incidente de la noche anterior cuando la castaña se había ido sin decir nada. Así entre cumplidos y demás se fueron al lugar donde se llevaría el evento del torneo de los tres magos, en esta ocasión cuatro.

—¡Apuestas! ¡Apuestas! ¡Hagan sus apuestas! —se escuchaba decir a los hermanos Weasley que estaban haciendo negocio con "la vida" de los participantes, pues la mayoría de las apuestas eran a favor de que Harry moriría.

Así pues, fue con el sonido del cañón empezaron los retos para los campeones del torneo, el lugar se llenó de porras y palabras de ánimo.

O-O-O

Cuando el evento terminó todos estaban celebrando. Bueno, al menos la mayoría celebraba y hacía escándalo por la victoria de Harry contra el dragón y también por la victoria de Cedric. Las porras de los húngaros y las francesas también eran audibles.

Sin embargo, entre la gente que no celebraba estaba la "Realeza de Slytherin" El singular grupo caminaba seriamente y algo furioso, al menos ninguno había sido tan tonto como para apostar contra Harry o esos pelirrojos se hubieran quedado con el dinero.

—¡Qué felicidad! ¿No? —gritó emocionado Iván que en ese instante se giró para besar a su novia, que se quedó anonada. El beso fue tierno y pequeño. Que hizo sonrojar a la serpiente que se creía una leona.

La chica sonrió con ese rubor en sus mejillas, y en esos instantes su vista se desvió a donde estaba su hermana con sus amigos, solo le daba curiosidad saber si su hermana la había visto. Pero se topo con una escena de Pansy emocionada besando a Draco. ¿Por qué tanta felicidad? ¿Que no estaban enojados por lo que acaba de pasar? Se preguntaba algo confundida la pequeña Greengras, sin embargo, su vista se centró en el beso de "los príncipes de Slytherin" era un beso diferente al que ella e Iván se daban, un beso más salvaje, un beso que le provocaba curiosidad.

El beso terminó, pero ella no apartó su vista, lo que tuvo como consecuencia que el rubio Malfoy se topara con sus ojos. Los dos Slytherin se miraban fijamente, ambos con las bocas entre-abiertas. El contacto visual duró uno segundos antes de que un violento sonrojo cubriera las mejillas de ambos que rápidamente desviaran la mirada algo avergonzado. Porque Draco había mirado a Astori, su pequeña boca color melocotón, de finos labios muy bien formados. Porque Astoria había mirado esos pálidos labios también delgados que estaban algo brillosos por la saliva del beso, esos labios que le habían insultado tantas veces y que eran de Malfoy. Porque ambos habían pensado en ese momento cómo sería probar esa otra boca y eso no era apropiado.

—¿Pasa algo, princesa? —preguntó Osborne volteando a ver a donde su novia miraba, pero antes de que pudiera toparse con Draco, Astoria abrazó al castaño provocando que se volteara.

—¡Estoy cansada! —se quejó, colgándose del cuello del joven león.

—Anden pequeños tortolos, vamos a la sala común —les digo Fred animadamente.

—No creo que me dejen entrar —argumentó la Slytherin quedándose en su lugar, mientras todo el grupo de sus conocidos caminaba hacia donde se dirigía el campeón más joven de su casa.

—¡Claro que si! ¿Quién va a notar la diferencia si andas vestida así? —le aclaró su novio, tomándola de la mano y llevándola a donde la celebración.

Así la Slytherin olvidó el pequeño instante en el que había deseado saber cómo se sentían los besos de Malfoy y se desvivió celebrando con los Gryffindor, sintiéndose una más de ellos. Era tan divertido y cómodo estar ahí, convivir con ellos.

—Quizás el sombrero se equivocó al ponerte en Slytherin —le comentó Harry sonriente, pues le agradaba la chica. Astoria se congio de hombros y en ese instante los hermanos Weasley cargaron a Potter y comenzaron a echar porras, para luego darle el huevo y pidiendo que lo abriera... Sin embargo, al hacerlo un fuerte chillido aturdió a todos, hasta que lo cerró y Ron llegó y todos despejaron el lugar, todos sabían que ocurría entre los amigos sí que la celebración concluyó allí.

—Me tengo que ir —murmuró la Greengrass despidiéndose de su novio con un beso... un beso que sintió demasiado simple y nuevamente recordó la boca de Draco y los besos que le daba a Pansy.

—¿Sucede algo? —sin embargo, la voz de Iván la trajo a la realidad, el verlo le hizo recordar que solo eran niños, que se querían mucho y sobre todas las cosas... eran amigos. No es que ella quisiera hacer lo que hacía Pansy con Draco... No, no quería. Solamente sentía curiosidad por Draco... Aunque no estaba segura si aquello era mejor o peor. Le gustaban los besos tiernos e inocentes con Iván, pero ahora no dejaba de pensar en los besos de Draco, esos besos que parecían querer comerse la boca de la otra persona.

—Nada, buenas noches Iván —se despidió con una sonrisa de lado. Para irse y seguir pensando en sus cosas mientras caminaba a las mazmorras.

¿Por qué había mirado a Draco? ¿Por qué deseaba saber como se sentían esos besos? ¿Por qué la boca de Draco le llamaba la atención?

Sacudió la cabeza con la sensación de no ser ella misma. En muchas ocasiones sentía como si algo diabólico se apoderara de ella, de sus sensaciones, de sus sentimientos, de sus actos... Y la linda Astoria Greengrass se volvía una Bella Greegrass... ¿O una Astoria Black?

—¡Tonta! ¡Ya! —se reprendió a sí misma. Su cabeza era un caos, un caos lleno de Draco y Bella, un caos provocado por los Black... Porque Draco tenía sangre Black. En esos momentos por su mente cruzó una idea...

¿Era posible que los Greengrass tuvieran sangre Black? Finalmente, los Black eran una de las familias más importantes, ancestrales, eran prácticamente parientes de todas las familias con linaje puro, así que no era descabellado pensar que podría tener algo de sangre Black por sus venas...

Con ese pensamiento entró a la sala común de su casa y comenzó a escuchar burlas por partes de los presentes.

—Buenas noches... —fue su respuesta seca a los insultos que las serpientes de su casa le propinaban, porque entre todas esas voces no estaba la voz de Draco, solo por eso no se exasperó. Solo por eso continuó de largo a su habitación a descansar y hacerse la nota mental de buscar arboles familiares para ver si tenía sangre Black.