El castaño estaba aún despierto trabajando en el vestido -¡Haru, bienvenido!- se veía cansado
-¿Qué haces?- ¿No lo estaba esperando o si?
-Trabajando y no me di cuenta de la hora- bostezo -Lo terminaré en máximo dos días ¿Te falta mucho?
Haru se quedó pensando y le faltaba terminar algunos detalles más -Tal vez cuatro o cinco días.
-Cuando termine con el vestido te ayudaré con el traje, no debemos quedarnos más tiempo del necesario aquí- pues sentía que si permanecían aun más no habría retorno
-Vamos a dormir- en ese momento quería descansar porque aún no descifraba la forma en que le expondría su situación
El castaño asintió y se dejó caer sobre la cama -Te ves muy bien- creyó que no comentaría nada sobre su atuendo -Los regalos de Rin siempre te quedan bien. Buenas noches- en ocasiones como esa, al aceptar los regalos del sultán parecía hacer sentir mal a Makoto y no le gustaba
El trabajo seguía su curso y con ello las demostraciones de cariño por parte del castaño iban en aumento, no lo negaba pues se sentía bien a pesar de que en el pasado odiaba y le causaba asco el sentir el más mínimo roce en su piel por otros pero Makoto era diferente ¿Sentía esas mariposas en el estómago que su abuela mencionó cuando le hablo de la primera vez que vio a su abuelo y se enamoró? se preguntaba así mismo si él también estaba enamorado -¿Haru-chan estas bien?- por andar en las nubes en ningún momento notó que el castaño lo había estado observando, solo se dio cuenta al tenerlo frente a frente -Tus mejillas están rojas- balbuceos fue lo único que salió de sus labios -¿Tienes fiebre?- estaba entrando en más calor al sentir su mano sobre su frente -Probablemente sea cansancio, te has estado esforzando de más- lo tomó de la mano para llevarlo hasta su cama donde se recostó junto a él -Hay que tomar una siesta- no era muy probable que durmiera pero cerró los ojos imitándolo aunque seguía inquieto y un suspiro fue lo que le hizo aperturarlos otra vez encontrándose con su mirada verdosa que sublime se engrandecía con su bella sonrisa que tanto le gustaba -Te ves... ¿Te preocupa algo?- desde hace unos días lo veía muy pensativo y estaba en lo cierto, tenía muchas cosas en que pensar pero no se animaba a decirle
-No sé qué hacer- sentía tanta confusión con la propuesta de Rin, sobre Makoto y también sobre el traje. Sentía la presión al saber que el castaño estaba a puntos de terminar y a él aún le faltaba
Quizás Makoto no podía leer su mente pero se daba una idea de lo que le preocupaba -Haru-chan eres el más increíble, talentoso, hermoso y fuerte que he conocido- era extraño escuchar eso de su persona -Todo aquello que se te ha presentando lo has enfrentado y superado siempre con la frente en alto sin embargo es normal estar confundido y hasta asustado algunas veces pero estarás bien porque hasta el momento solo has seguido y debes seguir lo que dice tu corazón- sin su consentimiento toco su pecho, donde estaba su órgano que latía tan rápido como siempre que Makoto estaba cerca -Él te dirá lo que debes hacer. Solo debes confiar en ti mismo- Sonrojado de una sola cosa estaba cien por ciento seguro porque el hombre frente a él que sonriente lo animaba sin importar era lo único que necesitaba.
Una bocanada de aire para tomar valor requería porque lo que a continuación haría ni en un millón de años creyó poder -Makoto- el mencionado atento observaba sin sospechar el siguiente paso que daría -Yo...- se maldecía así mismo por ser tan malo para hablar sin embargo las acciones siempre eran mejor o bueno eso le dijo su abuela. Sin pensarlo más solo lo besó, un beso en los labios que no duró ni tres segundos que para él fue la gloria sin embargo para el contrario parecía no haberle fascinado y su silencio lo estaba matando -Lo siento- se arrepentía, se equivocó. Como Kisumi le dijo Makoto era igual con todos y él erró porque no era especial, solo estaba muy equivocado al malinterpretar su comportamiento que se sintió tan estúpido y avergonzado que comenzó a llorar -Perdón...
Fue una llamada de alerta ver sus lágrimas que le hicieron reaccionar puesto que por un momento Makoto enmudeció al sentir sus labios haciendo que su mente estallará en felicidad que las palabras no alcanzaban para expresar tanto pero debía hablar -¡No, lo amo. Me encanta tu sonrisa, me encantan tus ojos, me encanta todo de ti Haruka, te amo!- había guardado ese secreto mucho tiempo -¡Te amo y me siento triste cuando no te veo!- se quedó sin aliento y una sonrisa se formó en su rostro contagiando al moreno a quien disipó toda duda porque era real, Makoto lo amaba -Haru-chan- estaba tan feliz que a pesar de que su nariz estuviera goteando por seguir llorando se dejó besar por el castaño que lento y con mucha delicadeza y tranquilidad lo atrapó en sus brazos -Soy el más afortunado de todos- pero no, Haru era el más afortunado porque Makoto lo dejó ser parte de su vida.
Dos días fue lo que le tomó terminar el vestido el cual mostró a la princesa facinandole y al estar libre lo comenzó a ayudar como lo prometió, por esa razón ahora estaban juntos los dos elaborando un bordado más en la chaqueta de Rin -Esta quedando muy bien- el castaño murmuró -¿Cuándo hiciste mi traje en qué te basaste?
Creyó que ya se lo había dicho -Leí un libro sobre animales marinos y la vi. Fue una orca y lo primero que pensé fue en ti
-¿Una orca?
-Si, me gustan las orcas al igual que los delfines- Makoto no entendía pero realmente no importaba porque el traje quedó majestuoso -Oye Makoto...- pensó que era el momento porque el pelirrojo cada vez que lo veía insistía por una respuesta
-¿Qué?- el castaño sonrió y dudo por un momento
-Yo- Ahí iba -Rin me pidió que me quedara como su sastre personal- El de ojos verdes dejó de coser prestando toda su atención -Estaba pensando que tal vez es una buena oportunidad
-¿Oportunidad?- no se veía feliz -¿Oportunidad para que?
-Quizás para mejorar y conocer más. Rin dijo que con su ayuda mi trabajo puede ser conocido por muchas persona así como el tuyo. Quiere ayudarme por eso estaba pensando que...
-¿Le creíste?- lo interrumpió -Estás completamente equivocado. Rin es un mentiroso y un hipócrita, él jamás ha ayudado a nadie en su vida a menos de que obtenga algo a cambio ¿Por qué crees que te ofreció eso?
-Rin es mi amigo- Makoto no tenía derecho a juzgar su amistad
-¿Tu Amigo?- suspiro -Rin no es tu amigo, el nunca tendrá amigos porque no sabe lo que son. El solo ve a las personas como objetos y si puede obtener un beneficio para su bien usará todos los medios así que no seas ingenuo
-No soy un ingenuo- ¿Por qué estaba tan molesto? -Se que no confías en él, que no confías en la realeza pero date cuenta que él es diferente
-No es que no confíe en la realeza, no confió en Rin y tu solo estas confundido
-No es así- trataba de mantener la compostura al igual que el castaño porque odiaba las discusiones y parecía que esta era una
-¿Qué crees que significa el anillo que te dio?
-Es un obsequio de mi amigo
-¡No es tu amigo entiende!- no pudo evitar alzar la voz -¡¿Acaso no te has dado cuenta de la forma en que te mira y te habla?! ¡¿Crees que esos obsequios son realmente porque te considera su amigo?! ¡Porque no lo son! ¡¿O es que acaso ya te conquistó?!- Estaba comenzando a exaltarse más de la cuenta llegando a decir cosas que no debía -¡¿Te convenció con eso que caíste tan bajo que quieres volver a ser una puta y ser parte de su harem?!- ¿Por qué era tan cruel? -¡Pues no, no lo voy a permitir! ¡No te quedarás con él!- se acercó presuroso tomándolo de la muñeca -¡Recuerda que eres mío, recuerda que yo te compré!
-¡No!- de un tirón hizo que lo soltará comenzando a llorar -¡Tu eres el hipócrita!- Makoto no quería hacerlo de esa forma pero si quería protegerlo no encontró otra opción -¡Eres el único hipócrita aquí! ¡Dices que puedo hacer lo que yo quiera, que soy libre pero en el primer atisbo de libertad que tengo me recuerdas lo que soy! ¡Que soy un maldito esclavo!- las lágrimas solo salían de sus ojos mientras a Makoto solo se le partía el corazón -¡Déjame, no quiero verte más!- estaba tan triste que ya no deseaba hablar con él así que salió corriendo de la habitación para dirigirse al único lugar en ese gran castillo donde había encontrado paz, se fue a la playa artificial donde se dejó caer de rodillas sobre la arena sin poder parar de llorar. Haru ni siquiera tomó la decisión de quedarse, solamente deseaba hablarlo con Makoto y expresar las dudas que salieron con la proposición del pelirrojo pero al final todo se arruinó.
Makoto no lo siguió, se quedó en el cuarto pensando en lo que haría -Esto es mi culpa- estaba decidido y no daría marcha atrás. Tomó el brazalete del buró de Haru y salió a comprobar directamente lo que el sultán de ese palacio quería
