La escandalosa Lady
Capítulo 15
Lady H.M. sorprendió a todo Londres organizando una velada en su nueva morada en North Audley Street, con el propósito expreso de presentar a una mezzo-soprano recién venida de Irlanda, a los de gustos más exigentes en Londres. Muchos fueron los que acudieron a tan preciada invitación, hasta que la casa casi rebosaba.
Publicado en una gaceta de sociedad.
Marzo, 1878
Hinata luchó, mordió y pateó, pero el hombre no la soltó. La arrastró por el camino a través de una abertura entre los altos setos, lo que impedía que les vieran desde el camino. Era una locura. Estaba en el centro de un parque, en el centro de Londres, en medio de la tarde, pero ese bosquecillo aislado parecía un profundo bosque.
Oyó el reloj de la iglesia dar las cuatro. Sakura y Hanabi llegarían al lugar concertado. Pero ¿qué encontrarían? Nada, no había tenido la presencia de ánimo para dejar caer un pañuelo o un broche, como hacían las heroínas de sus novelas de aventuras. Sakura supondría que se había retrasado, o peor aún, que había cambiado de opinión. ¿Qué pensaría Hanabi?, Hinata no quería ni pensarlo.
El hombre la giró hacia él. Hinata le arañó la cara, y él la golpeó, sintió el sabor de la sangre en la boca.
—No pelees conmigo, Hinata. Estamos hechos el uno para el otro—. Se parecía a Naruto, era alto y tenía el pelo del mismo color, pero su voz sonaba completamente distinta. Naruto tenía una aterciopelada voz de barítono y la de este hombre era áspera y aguda.
Hinata oyó un grito, y sin previo aviso, el hombre la soltó. Tropezó y cayó sobre su trasero, arañándose con los arbustos al caer. Se escucharon unas pisadas de botas en el camino y unas manos la levantaron del suelo. Luchó a ciegas para soltarse, hasta que oyó una voz entrecortada
—Hinata.
Hinata gritó y le echó los brazos alrededor del cuello al verdadero Naruto, aferrándose a él aliviada. Naruto la separó de su cuerpo y la miró con los ojos brillantes por la rabia.
—Maldita sea. Le voy a matar.
Hinata estaba demasiado asustada, jadeante y enfadada, para discutir. Se agarraba a Naruto buscando su calor, su fuerza y la seguridad de tenerle allí.
—Era él, ¿no? — Le oyó preguntar. —¿Mi doble?
Ella asintió con la cabeza.
—De espaldas son idénticos.
—¿Y de frente?
—Se parece, pero no es exactamente igual—. Naruto olía tan bien, a hombre y a aire puro. —Nadie que te conozca bien, se confundiría después del primer momento.
—¡Que Dios le confunda! Copiar mis cuadros y quemar mi casa, es una cosa. Tocar a mi esposa es imperdonable.
Hinata cerró los ojos. El corazón le latía con miedo, no sólo por ella, sino ante la idea de Naruto, persiguiendo a un loco. Todo lo que quería era tranquilizarse en su cálido abrazo y volver a casa.
—Quédate conmigo.
Naruto la abrazó tan fuerte que podía sentir los latidos de su corazón agitado, y su caliente aliento jadeante.
—Lo haré, cariño. Lo haré.
Sonaron las campanadas de los cuartos, Hinata levantó la cabeza.
— Hanabi...—, dijo. Naruto la tomó del brazo y la sacó de entre los arbustos al sitio en el que debía haberse encontrado con Hanabi. No había nadie allí. Al otro lado del parque, Hinata vio a Sakura y la alta figura de Hanabi alejarse del brazo. Otras personas paseaban cerca, y estaban demasiado lejos para que pudiera llamarlas sin llamar la atención. —Hanabi...—, susurró Hinata.
Naruto le pasó su brazo alrededor.
—Lo siento, cariño. Escribe a tu amiga y concierta otra reunión. En un lugar más seguro esta vez.
Hinata mantuvo su mirada en Hanabi, su hermana pequeña era ya muy alta, se la veía altiva y elegante con su traje marrón. Hanabi no volvió la vista, se alejó con Sakura, con la orgullosa cabeza erguida.
Hasta que no estuvo sentada ante la chimenea con una bolsa de agua caliente en el regazo, Hinata no le preguntó a Naruto.
—¿Cómo pudiste acudir en mi rescate?
Hinata estaba tan pálida, tan asustada, que la furia de Naruto no disminuía. Ese día el hombre, quienquiera que fuese, había firmado su sentencia de muerte.
—Naruto—, dijo Hinata.
Naruto le respondió distraídamente: —Estaba siguiéndote, por supuesto.
—¿En serio? ¿Por qué?
—¿Crees que no me preocupaba que te reunieras con tu hermana en una esquina del parque? Al parecer me preocupé con razón.
Hinata tomó una taza de té humeante que le había llevado Natsu.
— Estoy muy agradecida de que me rescataras, por supuesto, pero eso no quiere decir que apruebe que me espiaras.
—¿Espiarte? Nada tan dramático, cariño. Lo que realmente temía era que tu padre se hubiera enterado del plan y apareciera por allí, o que atrajeras la atención de un ladrón de joyas. Nunca soñé que mi némesis se escondiera en los arbustos, esperando para secuestrarte.
Hinata se estremeció, y Naruto maldijo de nuevo al hombre. El ver a Hinata manchada de barro y sangrando en el suelo había despertado algo primitivo en él.
Incluso ahora ver la contusión en la comisura de su boca lo llenaba de furia. Naruto contuvo su cólera mientras se inclinaba para besarla. Le acarició la cara con cuidado sin rozar la magulladura.
—¿Te importa quedarte sola un rato? Tengo que salir.
—¿Tienes que hacerlo?— Esa misma mañana, que Hinata se aferrara de su mano y le pidiera que se quedara le hubiera llenado de alegría. En ese momento necesitaba encontrar a ese otro Naruto y romperle el cuello.
—No tardaré mucho—, prometió.
—¿Adónde vas?
—A hablar con un hombre sobre un perro—. Naruto la besó de nuevo, miró a Natsu, y salió de la habitación.
Naruto nunca había estado en Scotland Yard y en cualquier otro momento podría haber encontrado entretenida la experiencia. Saltó de su coche en Whitehall, sujetándose el sombrero para que no se lo arrancara el viento, y entró en el complejo de edificios. El interior era sencillo y lleno de hombres con trajes oscuros o con uniformes.
Naruto llamó la atención del más cercano, tocándole en el hombro y exigió ver al inspector Ao Fellows.
—Está en el D.I.C., jefe,— dijo el hombre. —Suba por esta escalera—. Naruto subió las escaleras de dos en dos. No se molestó en preguntar de nuevo y fue abriendo todas las puertas hasta que encontró el inspector en una habitación con dos detectives sin uniforme.
Naruto entró como una tromba y apoyó los puños sobre el escritorio de Fellows.
—¿Qué ha averiguado? —, exigió. —¿Algún progreso?
Fellows observó a Naruto sin alarmarse.
—Algunos.
—Cuéntemelo todo. Quiero encontrarle—. La expresión de Fellows mostró más interés. Era bueno en su trabajo, seguía como un sabueso una pista hasta encontrar a los culpables. —Algo nuevo ha sucedido.
—¿De qué se trata?
—Atacó a mi esposa, eso es lo que pasó—. Naruto puso el sombrero y el bastón en la mesa. —Se atrevió a poner sus manos sobre Hinata, y va a pagar un alto precio por eso.
—¿La atacó? ¿Cuándo? ¿Dónde?— Naruto describió lo que había sucedido, mientras que Fellows garabateaba en un papel. Era zurdo, notó Naruto. Mientras Fellows escribía, Naruto se paseaba. Los otros dos detectives tenían la cabeza inclinada sobre los papeles, uno se levantó y salió, y un sargento uniformado entró a hablar con otro. Naruto, finalmente se cansó de caminar y se dejó caer en una silla.
—¿Sería posible que hablara con su esposa?— preguntó Fellows. — Cualquier cosa que pueda recordar será de utilidad.
—Hoy no. Está alterada.
—Sí, ya me lo imagino. ¿Está bien? ¿Ha resultado herida?
—Él la golpeó. Va a pagar por ello.
Fellows echó un vistazo al otro detective y al sargento, se levantó de la mesa, tomó por el hombro a Naruto, y casi lo empujó hacia fuera por el pasillo hasta una habitación vacía. Fellows cerró la puerta y se enfrentó a Naruto.
—Ahora podemos hablar con toda claridad. ¿Qué piensa hacer con ese hombre?
—Matarle es lo primero que se me viene a la cabeza.
—No es algo que puedas proclamar en una comisaría llena de policías—, dijo Fellows con una voz suave. —Confía en mí, le atraparé. Le juzgaremos por falsificación, fraude, incendio, y ahora, asalto.
—No permitiré que Hinata declare en un estrado ante testigos, que un hombre trató de secuestrarla. ¿No le gustaría eso a los periodistas? No necesita pasar por esa humillación.
—Incendio intencional podría ser suficiente. Pero necesito probarlo.
—Ese es su trabajo, Fellows—, dijo Naruto enojado.
El inspector parecía molesto.
—Necesito pruebas, o no lograré que le condenen. Hubiera sido útil si lo hubieras atrapado en el desván. O le hubieras visto salir huyendo después de provocar el incendio.
—¡Maldita sea!, ¿tienes algo para mí o no?
—No tengo mucho, pero deja de vociferar y permíteme hablar
Naruto trató de calmarse, pero estaba demasiado enojado, tenía demasiado miedo. La falsificación le había parecido una broma. El falso Naruto era capaz de pintar cuadros gloriosos mientras que Naruto no podía dar ni una pincelada.
El fuego lo había enojado, porque el hombre había puesto en peligro la vida de sus sirvientes, completamente inocentes. Pero esto era diferente. Este hombre, quienquiera que fuese, había intentado secuestrar a Hinata. Podía intentar atacarle a él todo lo que quisiera, pero moriría si tocaba a Hinata.
—Su nombre es Buna Payne—, dijo Ao. —Llegó a Londres para trabajar como secretario en la oficina de un abogado hace unos siete años. Nunca causó ningún problema, según el abogado. Hace dos años cogió su dinero y se marchó al continente. No ha vuelto a oír hablar de él desde entonces.
Naruto parpadeó.
—¿Quieres decir que sabes quién es? ¿Y por qué diablos no me lo habías dicho?
—Sé su nombre. Probablemente sea ese tipo. Pero no sé dónde está. Y como has señalado, mi trabajo es encontrarle y demostrar que ha estado haciendo todas esas cosas.
—Muy bien, buen trabajo. ¿Cómo diablos averiguaste su nombre?— Fellows le dirigió una fría sonrisa.
—Soy detective. Interrogué a Tsuki y a su asistente, fui de puerta en puerta con su descripción, ofreciendo pagar por la información. He recibido muchas respuestas, hasta que por fin encontré que, hasta hace unas semanas, vivió en una habitación alquilada en Great Queen Street, cerca de Lincoln's Inn Fields.
»Le dio el nombre de Buna Payne a la patrona. Después de varias consultas más, averigüé que un caballero del mismo nombre, había trabajado hace varios años para un abogado en Chancery Lane. Lo lógico es pensar que haya alquilado habitaciones en un área que conoce.
—¿Y cómo sabes que no es alguien parecido a mí, que simplemente pasó caminando por el Strand en el momento equivocado?
La sonrisa de Fellows se iba ensanchando a medida que describía el acecho sobre el sospechoso
—El abogado tenía una fotografía de él. Se la mostré al asistente de Tsuki, que me confirmó que era el mismo hombre. Se te parece bastante, pero no es exactamente igual. El abogado me dijo que su pelo era castaño claro, pero con un poco de tinte, algo de maquillaje teatral para simular tus marcas y algodón para redondear sus mejillas, sería tu viva imagen.
Naruto sintió un escalofrío.
—Por favor no me digas que es realmente un MacUzumaki. Sería demasiado que el promiscuo de nuestro padre hubiera engendrado ese monstruo.
—No temas. Seguí su pista hasta Sheffield. Su madre era hija de un panadero, su padre era un cochero que cuando se retiró abrió una taberna. Son sus verdaderos padres. Me dijeron que a Buna le había gustado pintar desde pequeño, era bastante bueno y quiso estudiar arte. No podían pagarle las lecciones. Habían recibido una carta suya, diciéndoles que había regresado a Londres, que había aprendido pintura y que se quedaría en la ciudad a buscar fortuna.
—¿Y no tienes ni idea de dónde está ahora? —, preguntó Naruto. —¿Aparte de al acecho en espera de abordar a mi esposa o prender fuego a mi casa?
—Me temo que no. Todavía no
—¿O por qué el diablo se hace pasar por mí?
Fellows se encogió de hombros.
—Quería ser artista. Tal vez no tenía el dinero o las conexiones para vender su trabajo, o incluso ser reconocido por ello. Tal vez un día alguien le confundió contigo, y pensó que podría hacer dinero de esa manera.
—Eso explica las falsificaciones que engañaron a Tsuki, para que vendiera los cuadros, pero no la quema de mi casa ni el ataque a Hinata.
Fellows se encogió de hombros otra vez.
—La gente puede llegar a obsesionarse. Tal vez está tratando de eliminarte para ocupar tu lugar.
—Entonces, ¿por qué atacó a Hinata? Ella no tiene nada que ver con esto, no tendría nada que ver conmigo si no la hubiera seguido hasta Londres, estamos separados, me abandonó.
A Fellows se le veía incómodo, como si no quisiera explicaciones sobre la vida privada de Naruto.
—Mi sargento, está vigilando las habitaciones y toda la zona, por si regresa. Se trata de una investigación oficial ahora.
—Quiero atraparle, Fellows—. Éste asintió con la cabeza, mirándole de frente a Naruto a los ojos. —Lo vamos a conseguir. No se preocupe.
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Tan pronto como dejó a Natsu cacareando alrededor de Hinata como una gallina asustada y él salió de la habitación. Hinata se levantó, se sentó en su mesa y escribió una carta a Sakura, diciéndole que había enfermado de repente, pero que ya se estaba recuperando.
Era una mala excusa, pero no quería que Hanabi se asustara si le contaba la verdad. No sabía lo que Sakura haría, pero confiaba en ella para que ideara otro plan. Hinata terminó la carta, la dobló, la metió en un sobre y la dejó a un lado para ser enviada. Naruto aún no había regresado, por lo que Hinata subió las escaleras para comprobar que Yodo dormía.
La señorita Westlock examinó la boca magullada de Hinata y sugirió una cataplasma a base de hierbas, que le preparó y consiguió que se sintiera mejor. La hinchazón había desaparecido casi por completo cuando una de las criadas trajo el té.
Hacía mucho tiempo que Hinata no había participado en un té infantil. Había pan con mermelada, té flojo con azúcar y leche en abundancia, y una pequeña porción de torta de semillas. Yodo comió con apetito, y la señorita Westlock se aseguró de que Hinata comiera también.
Naruto aún no había regresado a las ocho, y Hinata, cansada, se fue a la cama. Se despertó horas más tarde, cuando Naruto se deslizó debajo de las sábanas con ella, desnudo, como era su costumbre, sin nada de nada. Ella se sentó.
—¿Qué estás haciendo?
Naruto bostezó.
—Acostarme. Estoy agotado.
—Tienes un dormitorio propio.
—¿Sí? Debo de haberme metido en éste por error. Sé indulgente, querida, estoy demasiado cansado para levantarme y moverme.
—Entonces me voy yo—. Hinata llegó a la mitad de la cama antes de que el fuerte brazo de Naruto tirara de ella hacia atrás.
—Es demasiado tarde para estar vagando por la casa, cariño. Vas a molestar a los sirvientes y merecen descansar.
Hinata se metió debajo de las sábanas, renunciando, y Naruto se echó hacia atrás y puso las manos detrás de la cabeza. Hinata tuvo que admitir dos cosas: que estaba demasiado cómoda para salir de la cama caliente, y que Naruto tendido a su lado era una espléndida visión.
Sus hombros se extendían por la almohada, con los brazos doblados ocupaba un espacio aún mayor, un mechón de pelo rubio aparecía bajo cada axila. La barba del mismo color sombreaba la mandíbula y sus ojos brillaban como zafiros por debajo de los párpados entrecerrados.
Hinata recordó la primera noche que Naruto la había llevado a casa, cómo se había sentado en el borde de la cama, en trance, mientras él se quitaba su ropa. La maravilla fascinante de su cuerpo, al aparecer una parte cada vez, la había hecho casi olvidar su propia timidez. Nunca había visto a un hombre desnudo antes, ni siquiera un hombre sin chaqueta, su padre nunca permitió que nadie estuviera en mangas de camisa en la casa del conde Hyûga.
Y entonces, asombrada, Hinata vio desnudo a Naruto. Su cuerpo era musculoso y su deseo por ella evidente. Se había puesto las manos en las caderas y se rió de ella, sin sentir ni gota de vergüenza.
Fue entonces cuando estando sentada con recato en su cama, envuelta en su bata prestada, se dio cuenta de que el objetivo de Naruto desde que la había visto había sido llevarla allí, a su dormitorio. No había sido para flirtear, o para conseguir un baile o para robarle un beso. Incluso su matrimonio precipitado, no había sido su objetivo final.
Naruto había querido todo el tiempo llevarla a su habitación, para sonreírle mientras ella se sentaba en su cama. El coquetear, bailar, besarla, y casarse habían sido simplemente los medios para lograr que ella estuviera allí.
Y, como una tonta, Hinata rápidamente había sucumbido.
Acostada junto a él ahora, apoyada en el codo para poder observarle mejor, Hinata decidió que la niña tonta nunca la había abandonado. Estaba fascinada aún por el cuerpo de Naruto.
Naruto rozó el labio magullado con delicadeza.
—Se ve mejor.
—La señorita Westlock me hizo una cataplasma.
—La excelente señorita Westlock—. Siguió acariciándola con suavidad, pero sus ojos estaban llenos de furia. —Me pasé toda la tarde y hasta bien entrada la noche intentando dar cazar al hijo de puta, pero se esfumó.
Hinata se alarmó.
—¿Fuiste a buscarle? Naruto, es obviamente peligroso. Ten cuidado.
—Yo sí soy peligroso, cariño. Tengo la intención de matarle por haberte tocado.
—Y luego iré a verte colgar de la horca por asesinato. Ve a la policía, y deja de perseguirle.
—Fui a la policía. El Inspector Fellows sabe quién es el hombre y dónde se alojaba, pero lamentablemente no sabe dónde está ahora. Me dijo que tiene varios hombres trabajando en ello, pero hasta el momento, el señor Payne los ha eludido.
—¿Tu doble se llama Payne?
Naruto asintió con la cabeza y le contó lo que le habían dicho.
—¿Crees que volverá a sus habitaciones? —, preguntó cuando terminó.
—¿Con un sargento de la policía recostado en la fachada? Será más inteligente que eso
—¿Sabe Fellows por qué el señor Payne se hace pasar por ti?
—Esa misma pregunta se la hice yo—. Naruto volvió a apoyar la cabeza entre sus manos entrelazadas en la nuca y estudió el dosel de la cama.
—Sólo un loco podría pretender ser yo. He estado deseando desde hace tres años ser otro.
—Eso sería una lástima—. Sería una lástima que Naruto no fuera otra cosa que él mismo, un enorme escocés estirado en su cama. Ocupaba la mayor parte, pero no podía pensar en ninguna otra forma mejor para calentar su lecho. Había pocas cosas más agradables que sentir su largo cuerpo caliente junto al suyo en una noche de invierno. Su voz calmante, sus caricias que podían pasar de suaves a poderosamente seductoras en un instante.
Esperaba que Naruto hiciera una broma de su declaración, pero sus ojos la miraban con recelo.
—¿Lo dices de verdad, cariño?
—Por supuesto que sí—. Le había dicho a Naruto una vez que nunca hacía nada a medias. Él tendía hacia los extremos, lo que le hacía muy interesante, pero incómodo para convivir.
Toda la familia MacUzumaki tendía hacia los extremos. Nagato se enfocaba a la política y se rumoreaba que tenía unos apetitos oscuros; Yahiko con su obsesión por los caballos, Menma que era capaz de recordar cada palabra de una conversación un par de años después y sin embargo, era incapaz de comprender las sutilezas de la misma, y mucho menos participar en ella.
Si Naruto no hubiera sido exactamente como era: encantador, extravagante, divertido, seductor, sensual, e impredecible. Hinata nunca se hubiera enamorado de él. Se acercó un poco más y apoyó la mano en su cálido pecho. Los ojos de Naruto se ensombrecieron.
—Hinata, no juegues con fuego.
Hinata se acercó, se inclinó y le besó.
Continuará...
