—¡¿Quién rayos eres?! —gritó Adrien.
—Un demonio. Como Marinette... bueno, como solía serlo, porque ahora es una humana. Qué lástima, ¿no?
—¿Qué quieres? —Adrien de inmediato se puso frente a Marinette para protegerla. No confiaba en esta otra chica, lucía peligrosa.
Alix rió.
—La proteges después de lo inseguro que lucías hace poco.
—Cállate y largo de mi casa. —La miró con seriedad. No le importaba si esta mujer era un demonio, él necesitaba proteger a quien quería.
Alix sonrió.
—Tal vez, deberías decírselo a ella. —señaló a Marinette.
—¿Cómo rayos lo supiste?
—Soy un demonio. Puedo escuchar los pensamientos de las personas. —Y de súbito, Alix se fue y un extraño sonido provino tras ella.
—Marinette, mi labor ha sido hecha, desde ahora vive al máximo junto al que quieres. —Y con eso dicho, Alix desapareció.
—Alix, gracias. —Susurró.
Adrien se sintió perdido pero abrazó a Marinette tal como le gritaban los sentidos.
—¿Entonces, Alix habló contigo antes? —Adrien preguntó incrédulo.
—Sí, dijo que se aseguraría de la salvedad de Alya si yo te ayudaba a encontrar tu felicidad. — Explicó.
—¿Fue por eso que salí ilesa del accidente?
—Supongo... —Nino dijo nervioso.
—¿Qué accidente? —intervino el dueño del departamento.
—Uhm, bueno, es que estabas inquieto y por eso no te lo dije. —Nino miró a su amante en busca de ayuda pero Alya solo se alzó de hombros.
—¿Recuerdas cuando la compañía quería llevarse a Marinette? —el otro asintió. —Bueno, ese día Alya tuvo un accidente. La atropellaron y voló como 4 metros pero solo se hizo unos raspones, ¿puedes creerlo?
—Oh... ¿entonces eso quiere decir que Alix mantuvo su promesa? —Adrien trató de traer el tema original nuevamente.
—Sí. —Nino asintió.
—Nunca supe de eso... —Alya lo miró acusadoramente.
—¡Hey, no me culpes! Hice una promesa y ella siempre estaba vigilándome.
—Aun así, habría sido mejor si me hubieras confiado eso.
—Bueno, no habría funcionado si te lo confesaba. —Nino se acercó a su pareja.
—¿Entonces, Alix te dijo que me enviaras la caja, pero no sabías nada sobre Marinette? — preguntó Adrien.
—No, ella solo dijo que ordenara a una llamada Marinette y que te la enviara.
—Entonces todo fue plan de Alix... —Marinette susurró.
—Ah, Amiga, olvidamos que estabas aquí, —Alya dijo tímidamente, aún sin estar acostumbrada a la presencia de la chica.
—Espero que Alix no se meta en problemas, ella solo estaba tratando de ayudarme. — Marinette susurró con tristeza.
—Estoy seguro que está bien. Es astuta y puede librarla fácil. —Nino ondeó la mano.
—¿Hablas de ti mismo? —Adrien lo miró.
—¿Quién? ¿Qué? ¡Claro que no! —Nino lo miró con inocencia.
—No voy a creer eso. —Adrien puso su atención en Marinette. —Estoy seguro que está bien, así que deja de preocuparte. —Comentó y colocó una mano en su espalda para calmarla.
—Bueno, debes agradecerme por tu felicidad. —Nino dijo con orgullo.
—Preferiría agradecérselo al demonio. —Rió.
Continuará...
