L de Labios


Los labios de Mafuyu eran suaves, más de lo que alguna vez pudo imaginar. Eran suaves y le gustaban.

No tenían sabor –porque ella no era de labiales, aunque en sí, maquillaje nunca la vio usar –, pero eso era lo de menos. Y si tenían sabor, se debía a la comida que preparaba, alguna paleta de helado o por la pasta dental.

Y es que, sentir sus labios contra los suyos era una sensación gratificante. Se sentía cálido, sentía su corazón temblar y… Se sentía vivo.

(Él que era frío invierno muerto, se sentía vivir en la calidez que ella le otorgaba).

Los labios de Alexander eran suaves y un poco agrietados, casi ásperos. Pero aun así, le gustaban; y aunque a veces le naciera repentinamente el deseo de juntar sus labios con los de él –cosa que terminaba por hacer, mayormente a solas–, debía admitir que algunas veces, le gustaba la sensación de sus labios en sus pechos.

Le avergonzaba, pero era una realidad. Su deseo más oculto y profundo, era sentir los labios de su novio en su cuerpo, como besarle el suyo –de cicatrices–.

(Aunque para ese día, todavía faltaba).