Wizdad

Sumario: Harry Potter no tenía nada resuelto en su vida. Si James no causaba un problema, entonces Albus estaba de mal humor. Si Albus no parecía un grumpy, Lily tenía una rabieta. Cuando creía que podría tener un descanso, debía ir al Departamento de Aurores. La mayor parte del tiempo no tenía idea de qué estaba haciendo, o qué tan bien lo hacía. Agregar a Draco Malfoy y unos mellizos sólo lo haría más divertido.

Género: Romance/Family/Humor.

Claves: Drarry EWE. Fluff, familias Potter-Weasley y Malfoy-Greengrass. Shipps variados.

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Una locura supera a otra locura: la filosofía de Harry Potter

Un día tranquilo de diciembre, Harry preparaba el almuerzo, mientras Altair agregaba sombras a su dibujo más reciente, en el mesón, a unos pasos de distancia.

—…así que decidió volverse un corresponsal deportivo para El Profeta —Le contaba Altair, en voz baja—, bueno, no es seguro que sea para ese periódico, pero James va a intentarlo. Con el apellido Potter, seguramente lo consigue. Puede ser un poco más sencillo para su inexistente paciencia que esperar resultados de pruebas en equipos.

Era un alivio que James hubiese seleccionado una carrera que no requiriese demasiados EXTASIS. No era que no confiase en él, sabía que era listo y que podía aplicarse, los resultados de sus TIMO's lo demostraban, pero durante el quinto año se la pasaba con las uñas mordidas y la vuelapluma escribía sólo en mayúsculas en las cartas que le mandó alrededor de la época de los exámenes. No quería que repitiese esa experiencia.

—¿Qué hay de Albus y Scorpius? —indagó Harry, disminuyendo el fuego bajo uno de los sartenes.

—En general, Albus está loco por él y mi hermano no se daría cuenta aunque colgásemos un cartel en la Sala Común de Slytherin —respondió el chico, cambiando de lápiz a uno más oscuro—. Albus de pronto tiene ganas de hacerse pocionista como mi padre, así que está estudiando un montón desde ahora para el TIMO, porque no es fácil entrar a la clase avanzada con la nueva profesora. Ah, y Scorpius está pasando por una faceta insoportable de amor al Quidditch y a su novia, es asqueroso.

Harry contuvo una risita.

—¿Crees que tendrán más problemas por ese tema?

—No —Altair lo sopesó un momento—, a veces Albus y Rose no se ven tan felices cerca, pero cuando Scorpius no está en el medio, se tratan como siempre. Y Albus está siendo más…racional. Bueno, tan racional como se puede esperar de alguien que practica disparar hechizos a muñecos de madera. Le dije que si lo de las pociones no funciona, al menos sería un buen duelista.

—¿Habla mucho con Draco por el prototipo de George?

—Al menos unas tres veces por semana lo he visto hacerlo.

Bien. Draco era un adulto responsable, y además, apreciaba a sus hijos también. Podía confiar en que no le daría peores consejos que los suyos.

—¿Qué hay de Lily? ¿Cómo va eso de que no quiera comer?

Aquel asunto preocupaba a Harry. Su problema de joven había sido que le diesen poca comida en casa de sus tíos y devorar todo lo que podía en Hogwarts, no entendía por qué alguien querría no comer. Mucho menos su Lily. Ni Albus ni James le hablaron al respecto; el único que lo notó, por lo visto, era Altair.

—Algunos días son mejores que otros —aclaró, despacio—, nos metemos a la cocina a veces y le pedimos algo a los elfos, le ofrezco dulces cuando está distraída y de buen humor, o la convenzo de comer más si tiene un partido. Intento hablar con ella del tema, sólo que suavemente. Y no soy muy bueno siendo suave, así que…—Altair suspiró—. Sí, trabajo en eso.

—Te lo agradezco muchísimo, Alti —susurró Harry, en serio aliviado—, ¿tienes alguna idea de qué pudo provocarlo?

—Sí, claro, la oí hace unas semanas.

—¿Qué oíste?

Harry apagó el fuego, le colocó una tapa a la olla que tenía en la hornilla de atrás, y se giró para verlo.

—Es una chica de Ravenclaw —Altair resopló—, está en cuarto y su hermana está en Gryffindor y estudia con Lily. Estaba caminando con ella cuando le tiraron los libros, la empujaron y le dijeron algunas cosas un poco…

Se detuvo y gesticuló con el lápiz en una mano. Luego frunció la nariz.

—Lil tiene la idea, no sé por qué, de que no es bonita, y lo que dijeron no ayudó demasiado. Después huyó al baño y se puso a llorar, y Myrtle no me dejó seguirla.

—Supongo que no hay algo que puedas hacer, ¿cierto?

—Puse una poción en sus bebidas cada lunes para que tuviesen acné en la cara y manos hasta el final del año escolar —Altair se encogió de hombros—, pero no aprenden. Las Slytherin de tercero y cuarto las han hechizado defendiendo a Lily, y la "otra Lily" las asusta, pero siempre regresan a molestarla. Creo que hay algo muy mal en su cabeza, deberían ver a un psicomago.

Harry exhaló y se pasó una mano por el cabello.

—No apruebo lo de la poción en sus bebidas —indicó, apuntándolo—, pero no voy a regañarte ni a decírselo a tus padres. Sólo esta vez.

—Pensaba usar la poción de cabello que Albus le puso a su prima el próximo año, ¿qué tal un poco de calvicie y muchas canas incluidas? Puedo darles un bigote, lo he estado practicando…

—Voy a fingir que no escuché eso, Altair.

—Lo tomaré como un "gran idea".

Harry negó, pero segundos más tarde, cuando un hechizo le avisó que su pastel estaba horneado, cortó un pedazo y lo puso frente a él. Altair agradeció en un murmullo, cerró el cuaderno de dibujo, y empezó a comer.

—¿Y sobre ti?

Altair lo observó como si no entendiese la pregunta y masticó más lento.

—¿Yo qué?

—¿No tienes algo que contar sobre ti? —Harry cortó una porción de pastel para sí mismo y se sentó frente a él—. ¿Una persona especial, o una decisión importante…?

—No me interesan las cosas románticas —Altair arrugó la nariz de nuevo y lo consideró un instante—. Unos días antes de terminar el año, me enviaron una carta con una poción de amor en aerosol. Fue divertido porque Albus la abrió por error.

Harry soltó un bufido de risa ante la idea de Albus afectado por una poción de amor. Sin embargo, meneó la cabeza.

—Algo sobre ti —recordó, señalándolo con el tenedor.

—No, nada —respondió Altair, de inmediato, negando.

—¿No has pensado en qué TIMO's hacer?

Volvió a negar.

—Supongo que todos, por si acaso, y después pensaré en qué clases avanzadas tomar.

—¿Insignia de Prefecto?

—Se la dieron a Scorpius.

—¿Tú la querías?

—No, habría sido fastidioso estar pendiente de los de primero. Que se encargue él.

Harry suspiró. Decidió usar su As.

—¿Cómo es el nuevo amigo de Feroz?

Altair comenzó a hablarle sobre el bowtruckle de una niña de primero que su mascota encontró en un paseo en el patio.

La chimenea sonó cuando ellos ya guardaban los platos en que comieron el pastel. Lily entró a la cocina dando saltos para agitar la falda de su vestido nuevo, estampó un beso en la mejilla de Harry, y se colgó de Altair, que le ofreció pastel. Ella lo aceptó, se sentó a comer, y Harry pudo relajarse un poco.

Draco escuchaba una charla sin pausa de Scorpius, y Albus se quedaba rezagado a propósito. El segundo chico fingió arcadas, detrás del otro, y Harry no pudo contener más la risa al verlo.

—James debe estar por llegar y-

Draco detuvo sus palabras al sostenerle el rostro e inclinarse para besarlo. Harry sonrió contra sus labios, le rodeó el cuello con los brazos, y tiró de él más cerca.

—¡Papá! —protestó Albus— ¡pueden hacer eso después de que comamos!

—¡Cállate, Albus! —Le contestó Lily.

—Voy a acomodar la mesa —Altair suspiró—, ustedes van a tardar como media hora en sepa-

Como Altair tenía que pasarles por un lado para ir por más platos, Draco se apartó de él y atrapó al chico entre los dos brazos. Harry hizo lo mismo y lo estrecharon, mientras se retorcía y quejaba. Draco le besó la nariz, que no paraba de fruncir por el desagrado.

—Ahora sí vamos a comer.

Acomodaron la mesa, se sentaron y tuvieron una cena tranquila, hasta que James llegó trastabillando por la chimenea, sudoroso en el uniforme de Quidditch, y se acercó de la forma más ruidosa posible. Prácticamente se tiró sobre su asiento para empezar a comer. Ya llevaba tres bocados cuando respondió al saludo de Harry y Draco, con la boca llena.

—Papá —Lily observaba a su hermano con horror—, ¿eso es James, o es un cerdo con su uniforme de Quidditch?

Oi u erdo, oig, oig —James le respondió con la boca todavía llena y utilizó el índice para empujar su nariz hacia atrás. Lily le dio una patada por debajo de la mesa, que alcanzó a Albus. Luego él se la devolvió y hubo una zona de guerra por diez segundos, hasta que Harry los calmó.

—Por esas cosas es que no tienes pareja, James.

—Lily —La reprendió Draco, con suavidad, porque Harry acababa de tomar un sorbo de su vaso.

James tragó, se enderezó, y se limpió a medias con una servilleta.

—Muchas gracias por tu preocupación, hermanita, pero no tienes que pensar en eso. En realidad, sí hay alguien. Bueno, estamos comenzando a salir- lo estoy convenciendo de que salgamos, ya hemos ido a comer al menos, parece ir bien cuando Teddy no saca el tema de la e-

Harry se ahogó con su bebida y empezó a toser sin control. Draco le palmeó la espalda y los cinco chicos se fijaron en él.

—¿Que tú estás qué con quién?

James le dedicó una mirada extrañada.

—Saliendo con Teddy, ya sabes, el de cabello azul, estudia medimagia, te preocupaba que fuese un hombre lobo, y ah, cierto, es tu ahijado, papá. Teddy, Ted, Edward, vamos, me gusta desde hace como mil años, te hablé de él. Ha sido muy difícil convencerlo de que coma conmigo y hablemos de eso, dice que soy muy joven aún y no sé lo que quiero.

—¡Pero…pero…!

Su hijo rodó los ojos.

—Draco, calma a papá —pidió James.

Draco estaba dándole un masaje en los hombros y Harry se sacudió para que lo soltase.

—¿Cuándo empezó eso? ¡¿Eras mayor de edad al menos?!

—Sí, papá —James volvió a rodar los ojos—, le estuve insistiendo desde hace como un año y me decía que no. Se lo dije de nuevo cuando cumplí los diecisiete y le envié como mil cartas en Hogwarts, y un día nos vimos en Hogsmeade, y de pronto, dijo que saldría conmigo para que viese que era mala idea. Pero fue una muy, muy buena idea. Pronto lo convenceré de que estaremos bien, tampoco es una diferencia tan grande, ¿no?

Harry estuvo sin palabras alrededor de un minuto. Lo único que se oía en el comedor eran los cubiertos de Albus, quien no pensaba parar de cenar por ellos.

—Lo voy a matar cuando lo vea —susurró.

—No lo harás —contestó Draco, dándole otra palmadita en la espalda.

Sin embargo, en la siguiente reunión familiar en La Madriguera, todos escucharon los "¡Edward Lupin!" y "¡ven aquí! ¡Sal con alguien de tu edad! ¡Deja a mi bebé quieto!".

En la sala, Draco suspiraba resignado ante el comportamiento de su novio y James los veía cruzar corriendo uno de los pasillos.

—¿Crees que esté bien? —indagó el chico.

—Claro que sí, Harry jamás lastimaría a Teddy, por muy sorprendido que esté…

—Me refería a papá —aclaró James, frunciendo el ceño—, ¿crees que lo supere?

—Ah, eso —Draco lo sopesó un segundo— , sí, pero tomará tiempo. Yo me encargo de distraerlo hasta que se le pase.

—En serio me gusta Teddy, Draco.

—Está bien, lo entiendo.

—Pero en serio —James carraspeó y apartó la mirada—, no soy tonto, sí sé lo que quiero. Y estoy intentando que salga bien y hacer los pasos correctamente y, uhm…

—Está bien —repitió Draco, más suave—, Harry lo entenderá. Teddy también. Saldrá bien.

James esbozó una sonrisita y golpeó su hombro contra el brazo de Draco.

—No eres malo como segundo papá.

—Sí, sí, soy maravilloso…—Draco rodó los ojos, divertido.

—Pero prefiero a Astoria.

—Pues yo creo que prefiero a Albus.

Los dos contuvieron la risa.

Ese mismo día en la noche, dos magos se subían a un bote y lo dejaban a la deriva en la tranquila superficie de la pequeña laguna que se encontraba en la comunidad mágica en que vivían los Malfoy. Los chicos se quedaban con sus madres, por lo que no tenían prisa, así que se tendieron en el centro del bote y vieron el cielo estrellado, hasta que Harry paró de refunfuñar.

—Está bien —dijo de repente, tras un rato en un calmado silencio, jugueteando con los dedos de Draco en el diminuto espacio entre ambos—, lo admito, estoy siendo exagerado, James está mayor, Teddy es…seguramente es mejor que cualquier otro novio que hubiese podido buscar por su cuenta. Y sí, necesito distraerme. Y no, no quiero que me digas "te lo dije", ni "ya lo sabía", ni cualquiera de sus variantes, Draco.

—¿Qué caso tiene que reconozcas algo, si no puedo presumir de eso? —alegó su novio. Cuando Harry giró el rostro y le dirigió una mirada desagradable, él se rio, se estiró y lo besó hasta sacar los demás pensamientos de su cabeza—. Bien, si no quieres que lo presuma, supongo que puedo…darte una idea de distracción.

Harry se recostó de lado, de manera que lo veía de perfil, sin soltar su mano. El bote era pequeño y los obligaba a estar muy cerca, lo que le gustaba y evitaba que tuviesen que usar más de un hechizo de calor. La laguna ya estaba cubierta por varios, pero el frío de la noche de inicios del invierno aún se colaba dentro.

—Pansy va a organizar una fiesta la otra semana.

—¿Para Corazón de Bruja?

—Una más privada, pero sí habrá algún que otro mago de la prensa y esas personas molestas con las que tanto les gusta estar.

Harry arrugó el entrecejo.

—¿Cómo podría eso distraerme y relajarme?

—En la última, parecías bastante "distraído" y "relajado" —recordó Draco, alzando las cejas.

—Porque estaba de rodillas en el suelo del baño —Harry se rio al pensar en eso—, un baño muy bonito, por cierto, no dudo que Pansy lo haya mandado a limpiar pensando en esas cosas.

—Seguramente —Draco también se acomodó de lado—, pero, con un poco de suerte y algo de alcohol, podría ser yo el que esté de rodillas esta vez.

Harry decidió responderle con un beso. Los dos se rieron después.

—Bueno, eso suena "relajante", Draco.

—Tengo las mejores ideas —replicó su novio, colocándose boca arriba de nuevo. Ahí, fue él quien mantuvo una mano de Harry entre las suyas y jugó con sus dedos, sacándole una sonrisa más suave.

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El día de la fiesta en cuestión, los chicos se quedaban de nuevo en casa de Ginny y Astoria. Draco había dedicado alrededor de una hora a ayudar a Harry con su ropa y cabello, lo que sólo le provocaba resoplidos y protestas que eran silenciados con más besos.

—¿Para qué tanto esfuerzo en vestirme, Draco?

—Fácil —Su novio se detuvo frente a él para examinarlo—: me encanta desvestirte. Y me gusta todavía más cuando llevo un largo rato pensando en lo increíble que te queda el pantalón. Siempre es bueno comprobar que salgo con un hombre bastante atractivo.

Harry se permitió una leve sonrisa pedante.

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Pansy fue mucho menos sutil al encontrarlos en la entrada del local alquilado. Le dio un abrazo a Harry, un beso en la mejilla a Draco, y luego pasó un brazo en torno a los hombros de cada uno, tirando de ellos hacia abajo para poder alcanzarlos.

—Adoro cómo te ves con ese pantalón —confesó de inmediato, arrastrándolos consigo. Jamás entendería cómo alguien bajita y con tacones podía moverse a esa velocidad y obligarlos a seguirle el paso—, ¿en verdad no quieres dejarme hacer un artículo sobre tu época como jugador de Quidditch? Un par de fotografías, un buen ángulo sobre la escoba, con el pantalón del uniforme de Gryffindor a la medida, y puff. No sabes cómo subirían las ventas. Últimamente los patrones de compras han demostrado que mis lectores prefieren a los hombres maduros y bien conservados que a los veinteañeros, ¿puedes creerlo? Todo es cuestión de gustos, no es que me queje- tienes que venir un día de sesión de fotos, hay unos modelos que…

—Estoy seguro de haberte dicho que ya no juego Quidditch, sino es con mis hijos —replicó Harry, divertido—, y no sé si deberías recomendarme ir a ver modelos, Pans.

—Bueno, bueno, pero sería para recordar los viejos tiempos, Harry, querido…—Pansy se detuvo a unos pasos de una mesa ocupada por Blaise Zabini, en medio de la música y el gentío. Los acercó más a ella—. Miren, le he dicho a los invitados de la prensa que les den su privacidad, o los saco a punta de hechizos, pero si vuelven a hacer lo del baño, no les puedo prometer que no haya una nota en la revista sobre eso esta semana. ¡No hay alguien que no quiera detalles de eso!

—Creo que no hemos alcanzado ese nivel de exhibicionismo, Pans —Draco le enseñó una sonrisa juguetona—, pero te avisaremos si queremos un artículo hablando de mi pene en la boca de Harry.

—Me parece más que perfecto —Ella soltó una risita encantadora y los liberó de su agarre. En esa ocasión, el beso fue para Harry y el abrazo para Draco—. ¡Disfruten la fiesta! Voy a hablar con algunos modelos que debo convencer, luego sigo fastidiando a Blas, y vuelvo con ustedes.

Draco contempló la mesa donde estaba su antiguo compañero de Hogwarts, con una expresión pensativa. Blaise bebía de uno de los tragos rosas que a Pansy le encantaba ofrecer, porque creaban un corazón flechado de humo encima de la copa al servirlos.

Le hizo un gesto a Harry para pedirle que se inclinase hacia él y le susurró algo al oído. Él negó, Draco asintió, y tuvieron una breve discusión en base a señas.

—Te prometo que terminarás riéndote de esto por la mañana —Draco tomó su mano y lo guio hacia la mesa—, igual que aquel día con lo del baño.

Los dos se sentaron frente a Blaise, quien los saludó con un cabeceo.

—¿Estás solo, Blas? —indagó Draco, pidiendo una bebida con un gesto a un camarero.

Blaise bufó.

—Sí, Draco, ¿por qué? ¿San Potter te aburrió y quieres pasar un rato conmigo?

Harry rodó los ojos. Blaise se rio y le guiñó.

—Sabes que es broma, Potter. Adoro tu pantalón, por cierto.

—Aparentemente, a todos les gusta —contestó Harry, riéndose.

—Les invitaré por el momento de buen gusto en que lo elegiste —alegó Blaise, fingiendo solemnidad.

—Fue Draco, Zabini.

—Lo sé, me refiero al momento de buen gusto en que elegiste salir con Draco y dejarle que te ayudase con tu ropa. Créeme, ha sido lo mejor que has hecho desde que salvaste al mundo mágico.

—Bien, quiero un…

Pansy se les acercó media hora más tarde, tan perfectamente sobria como podía estar una bruja que guardaba una poción anti-alcohol en su bolso de mano, y se instaló sobre el regazo de Blaise, cruzada de piernas, como si aquello fuese cosa de todos los días. Como era la anfitriona, las bebidas iban por la casa mientras estaba ahí.

—Harry, Harry —Lo llamaba cada poco tiempo, para pedirle una opinión sobre algo.

Tres tragos después, unos sorbos de su poción anti-alcohol, y anécdotas de los Slytherin en Hogwarts, Pansy se puso de pie y se alisó el vestido.

—¿A dónde vas? —Blaise retuvo su mano, riéndose—. Pensaba arrastrarte conmigo y hacerle creer a tu "Richie" que desapareciste…

—Tentador, muy tentador, pero mi Richie es el que cuida a Cala cuando no estoy, y tengo que volver al trabajo, ¿recuerdas? —Pansy sonrió y apuntó a un grupo de chicas jóvenes—. Hay modelos que tengo que atraer para mi revista.

Arrojó un beso al aire a cada uno y desapareció de nuevo, con su incesante taconeo en medio del bullicio.

Cuando Harry comprobó la hora, pasaba de la medianoche. Draco se inclinó hacia él para hacerle una pregunta al oído, y los dos observaron a Blaise, gesto que capturó su atención.

—¿Qué? —Blaise arqueó un poco las cejas—. Por favor, no se enamoren de mí, no soportaría romper sus corazones. Soy mucho más sensible a los sentimientos ajenos de lo que parezco.

—Creo que tiene un ego mayor que tú —dijo Harry, simulando pensarlo—, pero…sí, yo diría que sí.

Blaise comenzó a interesarse y se estiró desde su lado de la mesa.

—¿Sí qué?

Draco besó la mejilla de Harry y se cambió de asiento, de manera que quedó junto a su viejo amigo. Rodeó los hombros de Blaise con un brazo y lo jaló más cerca para explicarle al oído. Él no podía escucharlos por la música, pero sí notó que el rostro de Blaise pasaba desde la sorpresa, a la diversión más obvia, y luego lo sopesaba.

—¿Y San Potter está de acuerdo con eso? —Se burló.

—¿Por qué? —Harry se cruzó de brazos y lo retó con la mirada— ¿te asusta la idea?

Blaise meneó la cabeza y se fijó en Draco.

—¿En el cabaret, quizás?

—¿En serio tienes un cabaret? —cuestionó Harry, incrédulo.

Draco bufó.

—Te lo dije una vez, Harry.

—¡Pensé que era una broma! Como lo de ser socio del dueño de la PlayWiz.

—Oh, no, sí soy su socio —Blaise asintió, como sino fuese gran cosa—. También somos grandes amigos. Mis círculos sociales tienen todo tipo de personas.

Los dos se rieron de la expresión adoptada por Harry. Draco avisó que iría a decirle a Pansy que se marchaban para que no estuviese lloriqueando por una semana entera, como la última vez.

Apenas se quedaron solos en la mesa, Blaise imitó su postura de brazos cruzados, y adoptó una expresión pensativa.

—¿Fue tu idea o suya?

—Suya —respondió Harry, en tono de obviedad. El ex-Slytherin asintió, porque era lógico.

—¿Y estás completamente de acuerdo?

—Me habría negado si no lo estuviese.

De pronto, Blaise le sonrió con una familiaridad que creyó que reservaba para sus compañeros de Slytherin.

—Creo que no volveré a llamarte "San Potter" —Se puso de pie y le hizo un gesto para que lo siguiese e ir por Draco—. Pansy me manda un Vociferador cuando no me despido "bien". Te va a encantar el cabaret, por cierto, hay una "sala Gryffindor".

Harry se preguntó qué significaría aquello exactamente.

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Bien, ya sabía lo que era la "sala Gryffindor". Blaise los Apareció en la última puerta, la que tenía la barrera que no permitía ni su entrada sin haber pasado por las protecciones. Luego de ser examinados, les dio rienda suelta para explorar. Harry se había echado a reír en cuanto divisó las paredes rojas y el suelo de un brillante dorado en una de las salas tras las cortinas.

—Las cortinas se transforman en puertas —Le explicó Blaise, que notó lo que veía—, del suelo puedes conseguir asientos, tubos, algunos artículos interesantes. ¿No es bonito? Adoro el brillo.

Siguieron moviéndose. Draco se había parado frente a una pasarela plateada con dos tubos en extremos opuestos. Parecía divertido.

—¿Tú bailas? —Le preguntó Harry a Blaise.

—Un poco —Sonrió y se encogió de hombros—, lo reservo para ciertas ocasiones, hay algunos mejores. Pansy tiene un don.

—¿Pansy bailó aquí? —La voz de Harry se tornó más aguda por la incredulidad.

—Era un pasatiempo —aclaró Draco, entretenido por su reacción—, tenía veintitantos años, no había conocido a "Richie", y necesitaba algo de emoción sana. A su lado vanidoso le encantaba ver a los clientes babeando por ella.

—Servimos comida, no más de dos tragos por noche para una persona —Blaise les indicó que lo siguiesen hacia el otro lado del salón y empezó a echar vistazos a las salas. Estaban vacías, a excepción de una al fondo, que sólo podía asumir como ocupada porque su cortina estaba transformada en una puerta gruesa—. No soporto a los ebrios alborotadores. Normalmente, trabajo sólo con espectáculos.

—¿No se acuestan con ellos? —indagó Harry, extrañado.

—De vez en cuando llegan a acuerdos con los clientes, y eso es asunto de ellos; yo proporciono lugar, entretenimiento y seguridad —Él agitó una mano en el aire—. Esto no es un burdel, se ponen trajes preciosos y se desnudan, y tienen espectáculos, y hay música, pero no puedes estar tocándolos si ellos no lo eligieron. Me asquea eso, y los bailarines contentos ofrecen mejores espectáculos- oh, ¿te gusta esta?

Se había parado frente a la entrada a una nueva sala y movió las cortinas para Harry. Era casi hogareña, con una chimenea, una ventana hacia un paisaje falso, y algunos muebles cómodos.

—Puede ser —Observó a Draco de reojo—, ¿tú qué dices?

—Cualquiera está bien, creo que la única sala que no he visto es la rosa —Draco echó un vistazo también—. ¿La remodelaste?

—Sí —respondió Blaise, divertido—, y no has estado en la de agua tampoco, porque esa es nueva.

—Invitaré a Harry un día.

—Si no se convence de que eres lo mejor que le ha pasado con eso, no se dará cuenta con nada.

Ambos ingresaron y Harry vio cómo Blaise convertía la cortina en una puerta. La barrera de seguridad se activó de inmediato. Por los hechizos que notó, hasta podría jurar que era más confiable que el mismo Ministerio.

—A ver —Blaise se giró para encararlos y levantó cuatro dedos—. Cuatro preguntas, Draco, sabes cómo va.

—Sin. Probablemente. Un poco, sí. No lo creo.

—Las cuatro preguntas —explicó Blaise a Harry, acercándose para sujetarle los hombros y guiarlo hacia los muebles de la sala— son una orientación sencilla. ¿Con o sin beso? ¿Me tengo que lubricar? ¿Estilo vainilla? ¿Y necesito palabra de seguridad?

Harry dejó que lo sentase en un taburete apartado de los demás muebles y la chimenea.

—Uhm, ¿sin? —titubeó.

—No hay respuestas incorrectas, relájate —Blaise le dio un suave apretón en los hombros—, decir expresamente lo que quieres es lo más natural que puede existir. Evita malentendidos, y todo eso.

Draco lo veía desde uno de los sillones, frunciendo la nariz de forma exagerada para sacarle una pequeña sonrisa.

—Sin —contestó Harry, más seguro—. Supongo que sí. No creo que esto cuente como "convencional", Blaise- ¿has usado palabras de seguridad para esto?

—Bueno, cuando alguien nunca lo ha probado, se puede sentir incómodo y me agrada tener una palabra que detenga todo si descubre que no le gusta —Blaise se reacomodó tras su espalda, le rodeó los hombros con los brazos y se inclinó sobre él, de manera que le hablaba casi al oído—. Quiero que te concentres primero en Draco si eso te ayuda a relajarte, avísame si hago algo que no te guste y…ah, sí, muy importante: disfrútalo.

Draco se levantó del sillón en ese momento y caminó hacia ellos con calma.

—Harry Potter —Su voz llenó el silencio en la habitación y colocó a Harry en un estado expectante—, esta noche, vas a ser completamente seducido.

Al alcanzarlo, se inclinó por encima de su hombro para susurrarle a Blaise. Luego, lentamente, se sentó sobre el regazo de Harry.

—Ven —Draco le pidió que se echase hacia adelante con un gesto, le sujetó la barbilla, y le dio un beso largo, que sirvió para relajar la parte de él que seguía un poco inquieta. En cuanto se apartó un poco, sujetó el borde de su camiseta, y empezó a subirla. Blaise tomó la tela a mitad del trayecto y le ayudó a quitársela a Harry.

—Los tatuajes-

Los había olvidado y giró el rostro a medias para ver a Blaise. Él los acababa de notar y observaba con interés el de su cadera, visible a medias por encima del pantalón.

—Me encantan los tatuajes —Le guiñó a Harry—, tranquilo, también tengo varios. Las flores son preciosas.

—Para de preocuparte por nimiedades —Draco sujetó sus mejillas y lo hizo volverse hacia adelante. Comenzó un trayecto de besos a partir de su clavícula y a llevar a cabo un movimiento ondulante con la cadera, que envió un tirón a su ingle de inmediato. Blaise, detrás de él todavía, repartió besos por detrás de su oreja y hacia la garganta.

Harry cerró los ojos por unos instantes. Era curiosa la diferencia; mientras los besos de Draco alternaban roces ligeros con mordidas y chupetones, los de Blaise se mantenían un segundo en su piel, antes de continuar casi sin apartarse del contacto.

Parpadeó al sentir que le retiraban los lentes. Murmuró el hechizo que le permitía ver sin ellos, y notó que Draco los levitaba hacia la seguridad de una mesita a unos metros. Le enseñó una sonrisita, se levantó, y sujetó las rodillas de Harry, para separar sus piernas. Blaise había puesto las manos en sus costados y jugueteaba con el tatuaje de los lirios, acariciando por encima de las líneas que constituían los pétalos.

—Te dije —puntualizó Draco, descendiendo con besos y mordidas por su pecho y torso. Se agachó y mantuvo las manos en las rodillas de Harry— que con un poco de suerte, me tocaría a mí estar de rodillas hoy, ¿no?

Harry tragó en seco ante el siguiente tirón en su ingle. Draco colocó una mano sobre el cierre del pantalón y se dedicó a jugar con este. Parecía bastante entretenido. Blaise presionó un beso suave en su mejilla, le dio otro leve apretón en los hombros, y rodeó el taburete para colocarse frente a él, de rodillas a un lado de Draco.

—Debería torturarlo un poco, sólo un poco…

—Pobrecito —Blaise adoptó un tono lastimero y cogió una de las manos de Harry. Acunó su propio rostro con ella, luego la bajó un poco, besó el pulgar de Harry, y lo puso dentro de su boca, envolviendo la lengua en torno a este.

Apenas escuchó el cierre bajar. Estaba un poco hipnotizado por la manera en que Blaise atrapaba su dedo y ahuecaba las mejillas, como si tuviese algo más grande dentro de la boca. Por su expresión, sabía perfectamente que el truco funcionaba.

Se estremeció en cuanto Draco retiró la tela de su ropa lo suficiente para dejar expuesta su semierección. Exhaló sobre esta, y Harry se retorció.

—Habrá que hacer algo con esto —mencionó para Blaise. Tan pronto como recibió un asentimiento, rodeó con los dedos la longitud de Harry y empezó un cuidadoso bombeo para tenerlo bien despierto.

Blaise dejó otro beso en la palma de su mano, antes de soltarlo. Se estiró hacia un lado para susurrarle a Draco, quien asintió, concentrado en su tarea. Con una sonrisita dirigida a Harry, y sin quitarle los ojos de encima, Blaise comenzó a besar el cuello de Draco y deslizar las manos bajo su camiseta.

Bien, tenía que admitir que estaba más que un poco fascinado. Blaise había llegado a su clavícula, Draco ladeaba la cabeza para cederle espacio, su mano cerrada en el miembro de Harry, y el hecho de que ambos lo viesen de reojo sólo lo volvía todo más caliente.

Harry ahogó un jadeo, atrapó el cuello de la camiseta de Draco, y lo jaló para besarlo. Mordió y succionó su labio, antes de liberarlo. Podía verse reflejado en sus pupilas a esa distancia casi inexistente.

—Suficiente tortura para el pobre, Blas —decidió Draco, de pronto.

Hubiese soltado un sonido del que se habría avergonzado, sino hubiese tenido la lengua ocupada con la de Draco, en el preciso instante en que Blaise tomaba su longitud completa en la boca. Draco seguía viéndose divertido al poner una mano en su pecho y apartarse.

Harry empujó con la cadera hacia adelante, sin pensar. Draco pasó una mano por el cabello de Blaise, apartándole un mechón que le caía por el rostro. Luego volvió a ponerse de rodillas y Blaise se alejó, lamiéndose los labios.

Probablemente debería habérselo esperado. Esas miradas que tenían eran aviso suficiente. Aun así, se le escapó un "mierda", cuando Draco y Blaise se inclinaron a la vez en su dirección y lamieron de la base a la punta de su erección. Draco besó la punta, se lamió los labios de la misma manera en que él lo había hecho instantes atrás, y lo tomó por completo. Fue sólo un momento, Harry arqueó la espalda y tuvo que sostenerse de los bordes del banco, después él lo deslizaba fuera de su boca, y ambos le daban otra lamida y repartían besos o ligeras succiones en los costados.

Sus cabezas juntas en medio de sus piernas, las sensaciones contradictorias cuando uno lamía y el otro succionaba, las miradas de los dos fijas en la expresión de Harry. Temblores involuntarios lo sacudían y empujaba su cadera hacia adelante, buscando más, más, más, más.

Mientras Blaise volvía a meter toda su longitud dentro de su boca y succionaba ahuecando las mejillas, Draco murmuró algo en su oído, le besó detrás de la oreja, y se puso de pie. Rodeó el banco para colocarse detrás de Harry y envolverlo con los brazos.

—Ponte de pie, mi amor —pidió junto a su oído. Blaise se apartó entonces, recogió unas gotas de preseminal y las lamió de su propio dedo—. Blas, la barra.

—¿Ancha?

—Lo suficiente.

Harry lo vio tocar el suelo con los nudillos, mientras Draco lo instaba a pararse. La "barra" era una estructura plateada que aparecía desde el suelo. Observó a su novio con curiosidad y él llevó la mano a su espalda, empujando suavemente. Harry lo aceptó y se inclinó, con los brazos flexionados en la "barra" y el trasero hacia él.

Blaise, cómodamente arrodillado por debajo del soporte, retomó su tarea de llevar a Harry al límite con la boca, mientras jalaba hacia abajo las molestas prendas que le quedaban, ayudando a Draco, que también intentaba deshacerse de ellas. Al tocar el suelo, él las apartó con el pie, y alguno las envió lejos con un hechizo.

Blaise succionaba su glande cuando Harry escuchó el murmullo del hechizo lubricante y de distensión repetido dos veces. Luego rodeó el miembro de Harry con una mano y dio comienzo a un tortuoso movimiento arriba y abajo, que lo distrajo de la sensación de intrusión del dedo de Draco en su entrada.

Draco probó con uno, lo sacó, lo deslizó dentro de nuevo, cambió a dos. Le permitió acostumbrarse, relajar los músculos, y buscó su próstata. Harry comprendió por qué hacía falta la "barra", cuando se inclinó hacia adelante y apoyó parte de su peso allí. Alzó más el trasero y Draco alcanzó su próstata de nuevo, arrancándole un jadeo.

Blaise se levantó desde el otro lado de la barra y se sacó la ropa, frente a la mirada de Harry, dándole una vista de tatuajes intrincados de colores y una serpiente que se comía su propia cola, rodeándole la cadera. Lo que escurría por sus muslos debía ser el lubricante del segundo hechizo de Draco.

Blaise puso las manos en la "barra", tomó impulso para subirse, y pasó las piernas hacia el otro lado, quedando en medio de los brazos de Harry. Le rodeó el cuello y lo jaló hacia él.

Otro golpe en su próstata de los dedos de Draco; no creía aguantar demasiado así.

Harry besó el cuello de Blaise y llevó una mano a su erección. Él le dio una palmadita en el dorso de la mano y susurró en su oído:

—Dos dedos, unos segundos, y puedes follarme a gusto de inmediato.

Harry estaba seguro de haber maldecido de nuevo. Obedeció; Blaise separó las piernas, él buscó su entrada y aprovechó el lubricante para introducir dos dedos. Draco alcanzó su próstata de nuevo y le sacó otro jadeo.

Tomó una respiración profunda, sujetó la cadera de Blaise, y se alineó con su entrada. Él asintió cuando le preguntó si estaba listo. Harry lo penetró despacio y lo sintió arquearse contra su cuerpo y la "barra".

Aguardó un instante y se movió. Blaise se tensó en la primera embestida y luego soltó un jadeo tembloroso, con su rostro sobre uno de los hombros de Harry.

Draco le besó la parte de atrás de la cabeza, sus manos iban a parar a la cadera de Harry. Se estremeció al percibir la dureza deslizándose en el espacio entre sus nalgas, de manera juguetona. Se empujó hacia atrás y Draco lo penetró. El acto lo llevó de nuevo hacia adelante y Blaise tuvo que sostenerse a la "barra" por su estocada.

Harry se aferró a la "barra" e intentó recuperar el aliento. La presión en su abdomen crecía. Rodeó a Blaise con un brazo, lo presionó más contra el soporte, y lo embistió. Debió alcanzar el punto que buscaba, porque volvió a arquearse y jadeó.

Era demasiado para procesarlo, un oleaje de sensaciones constantes y arrolladoras, desde la forma en que el interior de Blaise se cerraba en torno a su miembro, las manos de Draco en su cadera, las caricias en el área de los tatuajes de lirios, las estocadas que golpeaban su próstata sin piedad. Marcaron un ritmo que iba en crescendo, hasta convertirse en un desastre de jadeos, gemidos, choque de piel con piel y sudor.

Cuando se encontraba seguro de que llegó al límite, Harry envolvió la erección de Blaise con una de sus manos y llevó a cabo un bombeo igual de acelerado que las estocadas. Lo sintió estremecerse. Otro golpe a su próstata lo hizo llegar. Harry perdió el sentido con los dedos cerrados en una erección y siendo follado con fuerza.

Blaise fue el segundo. Masculló algo y se derramó sobre la palma de Harry, arqueando la espalda y sujetándose de sus hombros. Sus paredes internas cerrándose todavía más contra él, tanto como la estocada de Draco, prolongaron las corrientes de placer por su cuerpo y lo debilitaron pronto.

Draco le sujetó bien la cadera, lo empujó hacia adelante con unas embestidas frenéticas, y se vino dentro de él. A diferencia de Harry, no había usado el hechizo que recogía el semen de inmediato. Como sabía que le gustaba. El fluido cálido se deslizó por entre sus muslos cuando él lo abandonó y ayudó a Harry a enderezarse.

Apoyó la cabeza en el hombro de Draco y su espalda en su pecho. Sentía las piernas débiles, el corazón acelerado, y le costaba respirar.

Blaise se tendió por completo sobre la "barra", del todo libre de inhibiciones, con una pierna balanceándose en el aire.

—Tengo la sensación de que acabamos de cumplir algún sucio sueño del Draco adolescente…—canturreó.

—Oh, cállate —Draco soltó una risita sin aliento y abrazó a Harry—. ¿Bien? —Le susurró al oído. Él asintió—. Blas, ¿la invitación incluye algo para comer?

—¿Aparte de mí? —Se burló el otro ex-Slytherin, apoyándose sobre un codo para alzarse a medias—. Sí, la casa invita, bla, bla, bla, toca la mesa y di lo que quieres del menú, no es como que te pueda mandar a comer a otro sitio a esta hora. ¿Recuerdas lo que servimos o te lo tengo que decir?

—Recuerdo algo que le va a encantar a Harry…

Draco besó su mejilla y lo liberó para ir hacia la mesa. En el trayecto, recogió su ropa interior y se aplicó un hechizo de limpieza.

—¿Eres de los que se acurrucan después de hacerlo? —curioseó Blaise. Vio de reojo en dirección a Draco y pidió algo para sí mismo.

—Supongo que sí —admitió Harry.

—Qué tierno, pero si me intentas abrazar justo ahora, te voy a embarrar en la cara el semen que tienes en la mano.

Sonrió de lado después de decirlo y Harry dejó escapar un sonido que fue mitad risa, mitad desagrado. Utilizó un hechizo de limpieza en sí mismo.

—No le prestes atención —Draco regresó con una bandeja en una mano y le ofreció a Harry su ropa interior con la otra. Puso la bandeja en la "barra", junto a Blaise, y repartió su contenido; un trago azul eléctrico para su ex compañero, un dulce redondo de chocolate para él, y una porción de tarta de melaza para Harry, quien sonrió con incredulidad al verla—, Blaise tiene de dulzura lo mismo que de inocente, pero me puedes abrazar a mí.

Harry besó su mejilla y comió un bocado de la tarta, mientras Blaise fingía una arcada.

—¿Por qué sirven tarta de melaza y dulces? —indagó Harry, arrastrando un taburete con un accio no verbal para sentarse.

—A las personas les gusta lo que les gusta. Yo no juzgo —Blaise alzó las manos en señal de rendición. Luego se inclinó hacia Draco y lo escuchó susurrar:—. No puedo creer que no me dijeras que hacía magia no verbal, Draco Malfoy.

—Porque el punto era relajarlo, no agotarlo, y no nos habrías dejado abandonar este cuarto hasta mañana a mediodía si incluía algo de magia no verbal —alegó Draco, estrechando los ojos en su dirección. Blaise le mostró una sonrisa divertida.

—Tener pareja te vuelve un aburrido. Harry —Cambió de enfoque, estirando una pierna para presionar el pie en el torso de Harry—, ¿no quieres buscar mi ropa entre el montón que hay en el suelo con otro accio no verbal?

Le formó pucheros y Harry rodó los ojos, pero terminó haciéndolo. Blaise no se vistió, sino que puso la ropa a su lado, en la "barra", y se bebió su trago en dos largos sorbos.

—Tantas cosas que se podrían hacer con eso…—Meneó la cabeza.

—Blaise.

—¿Sabes qué tan seguido me folla alguien que hace magia no verbal?

—Blaise.

—¡Han pasado como dos años desde la última vez!

—Bla-

—¡Tú tienes eso todo el tiempo!

—¡Blaise Zabini!

Harry vio a uno, luego al otro, escuchó su absurda discusión, y se empezó a reír.

—Creo que alguien no quedó tan cansando si se puede carcajear así —opinó Blaise, negando.

Draco le dirigió una mirada pensativa.

Oh, vaya.

0

Harry esperaba que la poción surtiese efecto pronto. Era la segunda dosis y Draco se había disculpado, tanto por la causa, como por no haber conseguido una poción que sirviese como alivio inmediato.

Había llegado a la conclusión de que los Slytherin succionaban incluso el alma de las personas.

Procuraba cocinar como siempre hacía y había rechazado amablemente la ayuda de Albus, sólo para acabar en un silencio bastante tenso dentro de su preciada cocina, con una mirada fija en la parte de atrás de la cabeza. Lily se encontraba en la sala, con Albus, y James fingía acomodar los platos para seguir viendo a Harry de esa manera enfurruñada que tenía desde que casi quemó el cabello de Teddy por error en La Madriguera. En su defensa, ¿quién confunde la chimenea de la red flu con la normal cuando está huyendo?

De pronto, James exhaló y paró de disimular terriblemente.

—Papá, sé que piensas que mi relación con Teddy es una locura, pero lo quiero y me gustaría que-

Harry suspiró, tapó la olla para dejar que su contenido hirviese más rápido, y se dio la vuelta para encararlo. James era unos centímetros más alto que él. No tenía la menor idea de en qué momento lo superó así.

¿No cumplió los diecisiete años demasiado rápido?

—Seguramente hay cosas más locas que podrías haber hecho —Harry se encogió de hombros—. ¿Te va bien con él? ¿Ya lo convenciste?

A James se le iluminaron los ojos.

—Increíble —afirmó, deprisa. Una sonrisa creció en su rostro—, estoy cerca de convencerlo, lo sé, él es muy, muy, muy dulce, papá, y me hace reír. Y me encanta que sus ojos y cabello cambien tan seguido, porque es muy obvio cuando…

Esa noche, Harry se quedó hasta tarde observando recuerdos atrapados en un Pensadero. Después decidió que quería volar, así que tomó la red flu y visitó a Draco, con una escoba y algo de chocolate para amortiguar el hecho de despertarlo en plena madrugada.


Un detrás de escenas de Harry cuando se dio cuenta de algo importante:

Harry: yo…creo que no tengo ninguna razón para volver a sentir celos de Blaise, ¿no?

Draco: ¿y todavía me lo preguntas?

Harry: ¿eso fue un "sí"?

Draco:


Les dejo la imagen mental de Astoria echándole porritas y apoyando a James 24/7 para que convenza a Teddy ¿?