Draco casi corrió hasta su sala común con la desesperación emanando de él al igual que su incredulidad. En su mente se repetía una y otra vez la escena que había ocurrido hacía apenas unos minutos y, a pesar de que él podía ayudarse con la oclumancia, no hacía nada porque quería entender su reacción.
Draco había mirado los labios de Granger y, por unas milésimas de segundos, los había deseado.
Aunque eso fue antes de que su cerebro le recordara abruptamente lo que estaba haciendo y quién era quien tenía delante. Nunca en su vida se imaginó mirando los labios de Hermione Granger, y si en algún momento lo hubiera hecho, habría sido para imaginar cómo los cerraba con una soga para que dejara de hablar. Definitivamente no de la manera en que lo había hecho esta noche.
Llegó hasta su sala común y, después de decir la contraseña, empujó la puerta y entró rápidamente a su dormitorio con un fuerte portazo que hizo renegar a Theo en sueños. Draco no se inmutó y fue hasta su cama, dejándose caer pesadamente y tomando su cabeza entre sus manos mientras, a regañadientes, dejaba que su mente se deslizara de nuevo hacia el pequeño y desagradable incidente.
Granger había estado delante de él, con un moño mal hecho que dejaba caer algunos rizos por detrás de sus orejas y otros más en su nuca, el color azul de la bata del hospital le hizo resaltar más su tono de piel, dejándola ver como un color acaramelado que dejaba visible sus pecas. Esos ojos miel lo habían mirado como si tuviera ella misma una revolución entera ahí dentro... Pero Draco no había prestado nada de atención a ello, por alguna razón se sintió demasiado cómodo con su compañía que no notó que estaban demasiado cerca de lo que nunca habían estado (o al menos de una manera donde no hubiera pelea). Y su cuerpo por cuya razón él aún desconocía, tomó el repulsivo impulso de bajar su mirada a sus labios, observando su relieve y su delicadeza hasta que... ¡Pum! Recordó quién era ella y quién era él.
Eso no debió haber pasado, Draco estaba bastante cansado como para pensar exactamente en lo que hacía y tal vez sólo su mirada se había cansado por unos segundos.
No era tonto, sabía que Granger también notó su pequeño y tonto signo de debilidad, tendría que arreglar eso la próxima vez que se vieran. No planeaba que las cosas se malinterpretaran de una cosa que definitivamente no eran.
No significó nada.
Draco por fin dejó trabajar a su oclumancia y en menos de diez minutos estuvo todo de nuevo ordenado en su lugar. Se cambió de ropa y luego se recostó en su cama, dejando cualquier pensamiento sobre la morena muy escondido en su mente para que no le molestara mientras dormía.
Enterarse de que Draco Malfoy la había cargado desde el campo para traerla hasta la enfermería no fue algo que Hermione esperaba escuchar cuando ella despertó por la tarde.
Su mente habría vagado en mil y un vueltas para preguntarse por qué se había tomado la molestia, o al menos para sacar las hipótesis más cercanas, pero lo que Poppy le dijo cuando despertó, ciertamente la dejó sin espacio para pensar en ello.
—Estás muriendo —Había dicho la enfermera, se había quitado su gorro de encima y lo apretaba con fuerza en ambas manos. Sus ojos de preocupación maternal miraron los de Hermione.
Ella se mantuvo callada, tenía la garganta seca y sentía que si hablaba se desgarraría. Pero incluso si hubiera podido hablar, no habría sabido qué decir. Se limitó a mirar a Poppy con su mejor expresión de confusión.
—Pero eso tú ya lo sabías —dijo Poppy de nuevo al ver que no contestó. Aún sin quitar los ojos de Hermione, avanzó hacia ella unos pasos más—. Tu cuerpo está llenándose de magia negra cada vez más rápido y abarca la mayoría de tus sistemas... Tu sangre... Nunca había visto nada como esto, la magia no se impregna a ti para hacerte malvada o poderosa... La magia se está volviendo contra ti, como si fueras un virus para ella; te está comiendo lenta y dolorosamente. ¿Por qué no habías tratado eso? ¿Desde hace cuánto tiempo? Según mis cálculos y tomando en cuenta el avance, tú le llevarías más de un año... ¿Desde finales de sexto grado, tal vez?
Hermione de nuevo se mantuvo callada, más esta vez no fue por garganta seca, sino por el repentino nudo que se formó en esta suplicándole que soltara el llanto. Ella no había querido llorar frente a Poppy, pero había sido demasiado. Intentó parpadear rápidamente para detener las lágrimas, pero luego del primer sollozo, se sintió patética y se llevó las manos a la cara para ocultarse de su amiga y enfermera.
—Oh, Hermione... —murmuró Poppy con un deje de dolor en su voz. Se apresuró a llegar a la orilla de la camilla y tomó a la morena en brazos—. Merlín, lo lamento tanto. Fui muy directa y tuve poco tacto... Yo creí que ya lo sabías...
—Lo hacía —respondió Hermione con la voz ahogada, sin las fuerzas para salirse de sus brazos—. Lo sé desde finales de sexto, pero la maldición ha estado ahí desde la Batalla del Departamento de Misterios... Dolohov...
Ella sintió a Poppy estremecerse a su lado, Hermione frunció el ceño y alzó la vista para ver casi con horror como la enfermera comenzaba a palidecer tan rápido que parecía que iba a desmayarse.
—¿Poppy? —preguntó—. ¿Estás bien?
—¿Dolohov...? ¿Esto causó aquella maldición? —Su voz apenas era un hilo, y su expresión estaba bastante perdida aunque en sus ojos había horror.
Hermione vaciló antes de asentir levemente.
—Yo... —comenzó Poppy, pero su voz se perdió en algún lugar—. Yo traté esa maldición. Te tuve aquí conmigo durante semanas. Desde un principio supe que sería algo muy poderoso y difícil de tratar, por eso te mantuve más tiempo que cualquier otro pero... Llegó un día donde simplemente los efectos desaparecieron y tú mejoraste... Hice muchos diagnósticos mientras dormías porque era bastante extraño que de la noche a la mañana todo desapareciera —Ella desvió la mirada y tragó saliva antes de regresar a Hermione—. Me confié. Creí que todo estaba mejor porque no vi efectos. No había progreso alguno pero aún así yo no vi nada más... Ahora me voy cuenta; fue porque la maldición por fin se impregnó a ti —De repente sus ojos se llenaron de lágrimas—. Fui lo suficientemente incapaz como para no notarlo a tiempo. Fue mi culpa no haber notado eso antes. Yo te hice esto, Hermione...
Y entonces ahora fue Poppy quien se echó a llorar. Hermione sintió cómo su corazón se rompía con cada palabra, y no precisamente por lo que se refería a ella, sino porque se estaba echando la culpa por algo que no había hecho. La morena la abrazó con tanta fuerza que sintió que podía quebrarla en ese momento; pero ella lo necesitaba, ambas lo hacían. Después de tantos meses mintiéndoles a las personas que quería para ahorrarles el dolor y guardárselo para ella sola y, que de repente alguien que quería y apreciaba (que no fuera Charles) se preocupara por ella fue... reconfortantemente agobiante.
—No fue tu culpa, Poppy —le murmuró ahí en el abrazo—. Nada de esto tiene que ver contigo. Sé que hiciste lo mejor que pudiste y de verdad no te culpo de nada.
—Yo pude haberlo notado antes... Si lo hubiera hecho, podría haber habido alguna oportunidad. Ahora ya está demasiado adelantado, no sé si mis métodos de curación puedan detenerlo... Te fallé, le fallé a mi carrera, yo...
Ella ya no pudo decir más, y Hermione se limitó a abrazarla con más fuerza.
Esto era lo que ella siempre temía. Que la gente se sintiera tan preocupada por ella que llegaran al punto de sentirse culpables por su situación. Por eso Hermione no decía nada a Harry y Ron; sabía que, si se enteraban que había preferido irse de caza con ellos que tratar su salud, vivirían con la culpa cada día de su vida. Si ella no hallaba la cura, sería incluso peor, porque ellos sabrían la razón y no la dejarían ir nunca. Cada persona que supiera sobre la maldición estaba condenada a sufrir junto con ella.
Poppy nunca había sido una persona sensible que llorara frente a sus pacientes o incluso colegas como Hermione. Sin embargo, ahora estaba enterrada en sus brazos pidiéndole perdón y diciéndole que todo fue su culpa. No era así.
Nadie tenía que pagar los platos rotos además de ella. Hermione no era egoísta, ella preferiría tomar toda la carga si eso significaba que los que amaba estarían bien. No iba a condenar a los demás por un poco de consuelo emocional.
Y el que ahora Poppy lo supiera, la convertía de alguna manera en un daño colateral.
Hermione dejó caer el llanto de nuevo pero esta vez más silencioso y se aferró más a la bruja mayor como si su vida dependiera de ello. No sabía si volvería a tener tanto apoyo o consolación como esa.
Hermione convocó su varita con magia sin varita y, antes de que pudiera pensárselo dos veces, murmuró el Obliviate a Poppy.
Ella comenzaba a ser experta en los hechizos de memoria.
Pasaron veinte minutos donde ella esperó a que el hechizo surtiera efecto antes de que por fin se decidiera a alejarse de Poppy.
Poco a poco, el agarre de la enfermera se iba aflojando y sus sollozos iban disminuyendo en gran ventaja. Hermione la abrazó hasta el último momento y, cuando se relajó del llanto, se separó con lentitud de ella para encontrar a una bruja con mirada un poco perdida y despistada.
—¿Hermione? —preguntó luego de unos segundos de fruncir el ceño—. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué lloras?
—Yo sólo... Te extrañé. Quise abrazarte. Es todo.
Fue una excusa tonta, y cualquier otra persona habría notado que era una mentira, pero con la mente bastante confundida de Poppy, ella apenas alcanzó a disolverlo. Parpadeó, y en ese momento Hermione alcanzó a confirmar que el Obliviate había funcionado.
Tragó saliva para aliviar el nudo que sentía en su garganta.
—Me picó una abeja —dijo antes de que la bruja mayor pudiera preguntar otra cosa—. Sabes que soy alérgica a ellas, tuve una mala reacción. Me estabas diciendo que debía llevar un antídoto en mi bolso por si acaso... ¿Recuerdas?
Poppy volvió a parpadear antes de que las imágenes falsas que Hermione había puesto en ella se hicieran presentes. La expresión de la enfermera regresó a una dura.
—Cierto —dijo, y la morena no supo si derrumbarse de alivio o de tristeza—. El veneno de esa abeja pudo haberte matado si no te inyectaba el antídoto a tiempo. Tendrás que quedarte aquí esta noche. No tengo idea de que mutación de abeja te picó pero tuvo una grave reacción en ti.
Antes de que Hermione pudiera protestar (porque esa última parte de pasar la noche no había sido planeada), Poppy ya había dado fin a la discusión y se dio la vuelta a paso decidido hasta su despacho.
Ella se dejó caer en el respaldo de la camilla y suspiró. Creyó que superaría el momento, pero cuando cerró los ojos y recapituló los minutos antes de obliviar a Poppy, comenzó a sentir una fuerte opresión en su pecho; y no era exactamente un dolor físico. Alguien se había enterado de todo y se había preocupado por ella, pero por desgracia, había sido sólo un daño colateral más.
Hermione se dio la vuelta de costado para darle la espalda al despacho de Poppy y se acurrucó en las débiles sábanas mientras se mordía los labios para ocultar los sollozos que amenazaban con salir.
Ella podía darse esto. Podía llorar al menos unos minutos.
La enfermería estaba tan sola.
Odiaba a sus amigos por tener que protegerlos del dolor que les causaría el preocuparse por ella. Odiaba a Malfoy por haber sido la única persona que de alguna manera causó efecto por quedarse cuando nadie más estaba. Odiaba a la Guerra. Ella odiaba...
Ella no odiaba a nadie. Ya no podía darse el lujo de eso.
Se quedó dormida antes de que pudiera detenerse, y despertó cuando la noche ya había caído. Se sorprendió tanto de haber dormido tantas horas que se mantuvo helada en su lugar durante unos minutos más antes de ponerse de pie y tomar sus cosas.
Hermione habría obedecido a Poppy cuando le ordenó quedarse, pero el lugar estaba tan solo que ella no necesitaba otro recordatorio de la soledad que constantemente la rodeaba. Sólo necesitaba irse. Se quitó la bata del hospital y luego ordenó todo su lugar, dejando intacta la cena que habían traído los elfos desde hacía horas cuando notó que no tenía nada de apetito.
Estuvo a punto de darse la vuelta e irse cuando recordó su bolso. Se agachó para tomarlo del buró y, cuando lo sintió un poco más liviano de lo normal, entró en pánico y se sentó en la camilla para hacer un inventario de lo que tenía dentro. Luego de dos minutos donde llegó a la conclusión de que tenía que rellenar sus pociones con Charles, se pasó el bolso por la cabeza. Cuando sintió su cabello raspar en su mejilla, alzó las manos para formarlo en un moño y luego se puso de pie.
Ella no esperó ver a Malfoy parado justo detrás suyo cuando se dio la vuelta. Pero mucho menos esperó que él se notara... determinado a hacer que se quedara en el hospital.
Por un momento, Hermione incluso pensó que él estaba preocupado, y se mantuvo mirándolo con una expresión lejana antes de que Malfoy le alzara una ceja y la regresara a la realidad.
Por supuesto que no.
Tuvo que mentir muchas veces, y la mayoría de esas mentiras fueron terriblemente improvisadas, él tendría que ser bastante idiota como para creerle algo. Antes de que pudiera saber cómo pasó, ya se hallaba poniéndose la bata de hospital de nuevo y preguntándose por qué estaba obedeciendo a Draco Malfoy.
Cuando él no se fue y siguió insistiendo... Hermione volvió a caer. El rubio estaba siendo tan constante con ella, que llegaba a aterrarla de una buena manera.
Hermione había estado sola, y luego llegó él, incluso aunque sólo fuera para impedir que saliera de la enfermería. Con Malfoy no había necesidad de que ella temiera un daño colateral porque sabía que él nunca lo sería o querría serlo, así que no tener que alejarlo fue, de alguna forma, reconfortante.
—Nunca desvíes la mirada —Había dicho Malfoy, tomando su barbilla para hacerla girar y mirarlo a los ojos. Él dijo algo más que sus oídos captaron y lograron guardarlo en su mente, pero en realidad ella miraba algo más.
Su tacto ligero y tierno la había sorprendido tanto que por unos segundos aguantó la respiración. Pero su expresión pareció delatarla porque luego él bajó la mano.
Él siguió hablando, y ella entendió cada palabra, pero...
Tenía a Draco Malfoy delante de ella, justo frente al ventanal que dejaba ver la luz de la luna en él. Nunca se había tomado el tiempo de apreciar su rostro, o cualquier otra cosa de él; e incluso si hubiera tenido el tiempo, no era algo que ella deseaba apreciar.
Pero en ese momento, mientras lo tenía a pocos centímetros suyos y la luna hacía resaltar sus rasgos y sobre todo sus ojos, ella tuvo que aceptarlo.
Draco Malfoy era hermoso.
Un idiota hermoso, por supuesto, pero lo era.
Sus rasgos eran tan finos y delicados que los hacían ver aristocráticos, como si tuviera descendencia en algún ser muy bello. Hermione sabía que la familia Malfoy tenía muy buenos genes, pero con el paso de los años ella nunca se motivó a notarlo. En algún momento aceptó que Draco era guapo, pero no creyó que mereciera pensar demasiado en ello.
Ahora... Ella pensaba distinto.
Ni siquiera prestó atención a las advertencias que estaban surgiendo por su mente, gritándole que sus pensamientos estaban siendo idiotas. Hermione ocultó todo eso y se dedicó a observar lo que tenía delante.
Tal vez estaba demasiado cansada como para impedirse algo más.
Pero entonces él había bajado su mirada a los labios de ella y, antes de que Hermione pudiera quedarse sin aire, Malfoy ya había salido de la enfermería azotando las puertas.
Poppy salió medio dormida para ver qué había sido el ruido, pero cuando no vio nada fuera de lo normal y miró que Hermione seguía en su lugar, sólo se dio la vuelta y regresó a dormir.
La morena, en cambio, se mantuvo diez minutos más sentada contra la pared y pensando lejanamente antes de ponerse de pie y tomar sus cosas. Estaba segura de que ya no habría ningún Malfoy que la obligara a regresar a la camilla.
Llegó hasta la Torre de Gryffindor y corrió hasta su habitación. Entró a hurtadillas y luego de ponerse una pijama, cayó en su cama y se quedó mirando el dosel de encima durante dos horas más tratando de conciliar el sueño antes de tomar una poción para dormir.
•••
Despertó al día siguiente con dolor de cabeza, algo que estaba comenzando a hacerse constante en ella. Consideró tomar una poción para el dolor, pero cuando estuvo a punto de tomarla, se detuvo; no debía acostumbrar a su cuerpo a siempre recurrir a la poción o entonces después sería peor.
Cuando llegó la hora de la comida, Hermione no quiso comer y, en cambio, fue a la habitación de la biblioteca a adelantar la investigación después de que Minerva le hubiera entregado nuevos libros. Ella debía preocuparse por su falta de apetito, pero ya antes le había pasado cuando estaba de caza con Harry y Ron, así que dedujo que en realidad se trataba más de sí misma que cualquier otra cosa: la preocupación la estaba consumiendo.
Pero cuando Hermione apenas estaba por el segundo capítulo de Magia Oscura en sus distintas florescencias, Volumen II, la puerta del lugar se abrió bruscamente y alzó la cabeza justo a tiempo para ver el rostro golpeado, sangrante y demacrado de Draco Malfoy.
Él pareció enfurecerse de sólo verla.
—Carajo, Granger —gruñó con voz seca—. ¿No puedes despegarte un maldito segundo de esos libros? Es la hora de la comida, no deberías estar aquí.
Hermione se abstuvo de recordarle que él tampoco debería estar aquí y en lugar de eso se puso de pie tan rápido que se mareó. No le importó y caminó rápidamente hasta Malfoy al tiempo que él retrocedía.
—¿Qué te pasó? —preguntó analizando sus golpes con ojos rápidos. Llevaba un pulsante ojo morado al igual que su labio inferior partido, también tenía sangre bajando desde un rasguño de su frente y un poco desde su oreja. Parecía ser que le lastimaron el hígado porque se apretaba la costilla derecha con una de sus manos.
Hermione tenía la vaga idea de quién pudo haber causado todo eso, pero no se atrevió a preguntar. Alzó la mano para intentar tocar sus heridas, pero él tomó su muñeca y la detuvo antes de que pudiera hacer algo.
—¿Qué mierda haces? —preguntó, ocultando una mueca por mover tanto su expresión.
—Yo... —balbuceó y luego carraspeó, alejando su mano cuando Malfoy la soltó—. Estás herido. Sé los hechizos que podrían ayudar, déjame cura...
—No necesito que te preocupes por mí, Granger —siseó débilmente. Luego apartó los ojos de ella para darle una rápida mirada a la habitación—. Yo sólo entré al primer lugar que pensé, ni siquiera sabía que estabas aquí. Tengo algunos utensilios en mi escritorio para curarme yo solo.
Se apartó de ella y la dejó varada en la puerta para llegar a su escritorio y luego susurró unos encantamientos antes de abrir el cajón que anteriormente ella había encontrado cerrado. Convocó con su varita una pequeña maleta que atrapó con facilidad.
—Muévete —le dijo cuando regresó a la puerta junto a ella. Hermione no lo hizo, él resopló—. Esto que tengo en la cara duele, Granger. Hazte a un lado de una vez.
—¿Exactamente adónde irás? —preguntó, decidida a no dejarlo salir hasta obtener respuestas o hasta verlo curado.
—A otro lugar lejos de aquí —respondió rodando los ojos y apretando aún más su costilla. Ella hizo una ligera mueca al imaginar el dolor y pronto lo escuchó resoplar—. A esto me refería. Quiero largarme de aquí para que dejes de mirarme con esa lástima y con esa fingida preocupación.
Hermione alzó la vista de nuevo hacia él y frunció el ceño.
—No estoy fingiendo —dijo, un tanto ofendida—. Estás herido y siento el deber de ayudarte.
Intentó alzar de nuevo una mano, pero él retrocedió a tiempo. Ella tragó saliva y bajó la mirada antes de levantarla de nuevo. No tenía idea alguna de por qué sólo no lo dejaba ir; tal vez era porque ayer él se había portado casi preocupado por ella y ahora se sentía con la necesidad de hacerlo también.
—Déjame curarte —pidió, casi esperando que él explotara por darle de nuevo un golpe a su orgullo.
Pero no lo hizo. En cambio, entrecerró los ojos, como si intentara descubrir las verdaderas intenciones de Hermione. Luego soltó una risa amarga.
—¿Por qué dejaría que lo hicieras? —preguntó—. Fácilmente podrías envenenarme mientras dejo que lo hagas. No, gracias, puedo hacerlo solo.
Caminó para rodear a Hermione y poder salir, pero ella alzó sus manos por inercia para dejarlas en su pecho y detenerlo, lo que causó que él retrocediera con un quejido mientras apretaba la mandíbula y dejaba caer el maletín que llevaba en su otra mano.
—¡Mierda, Granger! —gruñó, y ella no pudo sentirse más culpable.
—¡Lo siento! Lo siento. Yo...
—¡No! No hagas nada, sólo... —Él cerró los ojos y volvió a gruñir. Pasó un minuto de silencio donde Hermione se desesperó sin saber qué hacer antes de que Malfoy resoplara y por fin se rindiera, dejándose caer en el sofá una vez llegó a él—. Joder, gracias, Granger. Eso en realidad dolió.
—Déjame curarte —suplicó Hermione de nuevo, caminando lentamente hasta él después de rejuntar el maletín que había dejado caer—. Por favor. No creo que sea bueno que te pongas de pie en estos momentos, probablemente desgarres tu hígado... Y tampoco creo que quieras que te levite hasta la enfermería y que todos te vean.
—Sólo déjame solo —masculló sin mirarla. Estaba recargado con sus codos en sus rodillas y parecía estar teniendo una migraña. Por experiencia, Hermione sabía que no era algo que se pudiera superar solo—. Deberías irte a tus clases.
Ella se mordió la lengua.
—Pueden esperar —murmuró. Acercó su silla hasta el sofá y luego se sentó delante de Malfoy. Él apenas la miró de reojo—. ¿Me dejarás...?
—¿Qué otra opción tengo? —gruñó interrumpiéndola.
Eso fue suficiente para ella y abrió el maletín con un movimiento de varita. Dentro habían varios tipos de pociones, viales y utensilios de primeros auxilios; muchos de ellos ya casi por terminarse, lo que le decía que los había estado usando durante varias ocasiones. Se tomó sólo unos segundos identificar todo antes de tomar lo que necesitaba.
—Alza la cabeza —dijo Hermione regresando su mirada a él. Malfoy cerró los ojos y luego obedeció. Ella murmuró un hechizo para limpiar la sangre y luego uno refrescante para aliviar el dolor punzante que veía. La expresión del rubio pareció relajarse un poco.
Haber leído tanto sobre curación le hizo aprender muchas cosas.
Usó su varita para cerrar las heridas que tenía en la frente y en la oreja, y luego sacó el vial que tenía un ungüento para untárselo con delicadeza, ajena a que estaba siendo demasiado tierna con él.
Después sacó la esencia de murtlap y la untó en sus dedos. Estuvo a centímetros de tocar la piel de Malfoy pero se detuvo en seco, sin saber si él lo tomaría bien. Luego de unos segundos decidió que correría el riesgo y entonces tocó su mejilla para mantenerlo quieto y comenzó a masajear el ojo derecho.
Él se estremeció ante su tacto y abrió los ojos de golpe, pero ella fingió que no se dio cuenta y siguió curando su ojo con lentitud. Segundos después lo sintió relajarse un poco ante su tacto y volvió a cerrar los ojos.
Una vez terminó con su ojo, murmuró el hechizo adecuado para que se mantuviera fresco y que surtiera efecto más rápido y luego intentó proceder hasta su labio. Volvió a detenerse.
—Hmm —murmuró y luego carraspeó—. ¿Malfoy? Tal vez tú... No creo que quieras que yo toque...
Él abrió su ojo bueno y frunció el ceño hasta que entendió que se refería a su labio partido. Lo vio tensar la mandíbula y considerarlo durante unos segundos antes de respirar hondo.
—Hazlo, Granger —masculló—. Ya has llegado demasiado lejos, de igual manera.
Ella asintió y él volvió a cerrar el ojo. Se untó de nuevo con la esencia y acercó su dedo hasta su labio. Lo sintió tensarse un momento antes de volver a relajarse. Se mantuvo dando suaves toques y masajes, incluso más de los que se necesitaban, hasta que se ruborizó al recordar la situación en la que se encontraba y luego se separó.
—Necesito ver tu estómago —dijo mientras guardaba el vial. Él se recostó en el sofá y luego se subió la camisa del uniforme para que ella pudiera ver. Hermione casi soltó un grito ahogado al mirarlo. Estaba lleno de hematomas, sobre todo en la parte donde había estado apretándose—. ¿Malfoy, qué...?
—No hagas preguntas —atajó con una mueva de dolor. Su ojo morado ya se había desvanecido.
Ella se obligó a tragarse sus preguntas. Le pidió que se recostara por completo en el sofá y, una vez que lo hizo, arrojó un diagnóstico por encima de él para comprobar que no tenía nada roto. No fue así, pero casi.
Jugó con su varita mientras, con mera concentración, acomodaba desde adentro el hígado de Malfoy y todo lo que había sido golpeado. Apenas sintió la mirada que él le estaba dando mientras lo hacía. Volvió a sacar la esencia de murtlap y la esparció por todos los hematomas, haciendo un poco más de presión que en su ojo y labio.
Malfoy estaba tibio a comparación de los helados dedos de Hermione, esperaba que él no lo notara o habría preguntas que ella no podría responder.
—¿Por qué fuiste? —preguntó abruptamente Malfoy después de unos minutos de largo silencio. Ella lo miró, confundida.
—¿Por qué fui adónde?
—Al partido. Te dije que no estabas obligada a ir, podías irte.
Ella suspiró y se untó de esencia de nuevo el dedo para seguir con su trabajo.
—No lo sé —murmuró. Él ya no dijo nada más hasta que terminó. Hermione guardó el vial y cerró el maletín mientras Malfoy se bajaba la camisa y se sentaba con lentitud en el sofá de nuevo.
Hermione lo miró hacerlo, esperando a que la esencia surtiera efecto con rapidez. Su labio partido también ya había desaparecido e hizo un buen trabajo con el tejido porque ya tampoco había nada en los cortes que tenía.
—Sí lo sabes —dijo Malfoy, regresando al tema anterior. Ella alzó la mirada hacia él y lo encontró estudiándola.
La morena se sintió nerviosa y suspiró antes de bajar la mirada de nuevo.
—Creo que tal vez... Yo quería estar ahí —Hermione se sintió ruborizar—. El viernes pasado tú... Tú te habías portado casi amable conmigo y creo que quise devolverte el favor. No necesitaba una regla para ir.
—El viernes pasado estaba borracho —murmuró, aún sin despegar los ojos de ella—. Ambos lo estábamos. Nuestros cinco sentidos no estaban cuerdos; obviamente haríamos cosas fuera de lo normal.
—Lo sé —replicó alzando la mirada, de repente consciente de la cercanía que tenían—. Entiendo que no hayamos sido dueños de nuestras acciones esa noche pero... Yo estaba siendo una ridícula e infantil, lloré como una niña pequeña y tú... —Se detuvo y se quedó mirando fijamente a Malfoy—. Tú me dejaste llorar en ti, Draco.
Lo vio tragar saliva y un extraño brillo recorrió sus ojos antes de que cerrara su expresión.
—Estaba borracho —repitió—. No sabía lo que hacía.
—Lo sé —Ella se limitó a decir. Luego sonrió de lado—. Igual gracias.
Malfoy respiró hondo y se mantuvo mirando sus ojos también durante unos segundos más antes de tomar el maletín que estaba a lado suyo y ponerse de pie. Hermione observó su expresión con la esperanza de no encontrar una mueca de dolor y confirmar así que los hematomas se habían ido. Pareció funcionar.
Él no la volvió a mirar cuando salió de la habitación y la dejó sola.
Hermione regresó su mirada hacia el lugar donde había estado en el sofá y suspiró. Por alguna razón, extrañó su compañía por al menos unos minutos más antes de ponerse de pie, tomar sus cosas e ir a su siguiente clase.
•••
Malfoy no entró a Pociones, y aunque él casi nunca participaba en clase, Hermione resintió su presencia.
Ella no pudo dejar de pensar en su encuentro, no había sucedido nada del otro mundo, pero él había permitido que lo tocara, apenas se había tensado ante su tacto y luego pareció... cómodo.
Hermione tenía tantas preguntas.
Cuando las clases se terminaron, ella fue directamente a la habitación después de darse un baño en la Torre de Gryffindor y hablar unos minutos con Neville, pero cuando pasó por los ventanales que daban a los campos del castillo, ella se detuvo en seco.
La figura de Malfoy estaba recostada en uno de los árboles más cercanos al Lago Negro, tenía una petaca a lado suyo. Su mirada estaba lejana a los horizontes del lugar y parecía estar perdido en sus pensamientos.
Hermione no supo por qué creyó que era buena idea acercarse, pero lo hizo. Se aferró de los libros contra su pecho y avanzó lentamente. Pero cuando estuvo a pocos metros de su vista, se detuvo en seco.
Ella no debería estar aquí, estaba invadiendo su espacio personal.
Se mordió el labio, pensativa, y luego se dio la vuelta para regresar al castillo.
—Sé que estás ahí, Granger —dijo Malfoy a sus espaldas, y ella dejó de caminar. Se dio la vuelta y notó que él aún no la miraba—. Tus torpes pies hacían bastante ruido con las hojas mientras venías hacia acá.
Hermione se miró sus pies por instinto y frunció el ceño.
—No son torpes —murmuró en defensa—. Es sólo que aquí hay bastantes hojas secas.
Se giró a observarla por unos segundos antes de volver a desviar la mirada hacia el lago.
—Como digas —respondió y se encogió de hombros.
Él no volvió a decir nada más pero sí dio otro trago a su petaca. Hermione se aferró más a su suéter para protegerse del frío de la tarde y se cruzó de brazos mirando al lago también, como si esperara encontrar lo que él estaba viendo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó la morena luego de unos minutos.
—No tengo por qué responderte —Fue lo único que dijo antes de dar otro trago y quedarse en silencio otra vez.
Hermione suspiró y se acercó más, quedando por delante de su vista. Ella se acercó hacia la orilla del lago, se agachó y tocó el agua con el dedo; estaba terriblemente helada, pero ya que su piel se hallaba igual, no fue un contraste que la hiciera alejarse de repente. Se puso de pie y se lanzó un hechizo para calentarse del frío. Aunque el viento aún le rozaba la cara y movía sus cabellos incluso aunque estos estuvieran peinados en un moño.
—Regresa al castillo, Granger —Malfoy murmuró desde detrás y ella se giró a mirarlo—. Conseguirás un resfriado si te quedas aquí y yo no planeo regresar a la habitación hasta dentro de unas horas más.
Hermione ni siquiera había recordado la investigación. Caminó lentamente hasta él y, cuando estuvo a su lado, vaciló unos segundos antes de dejarse caer en el césped junto a él. Se mantuvo mirándolo, tratando de averiguar el enigma que era Draco Malfoy.
—No necesito compañía —masculló sin mirarla.
—Lo sé.
La morena murmuró con su varita un hechizo de calentamiento para Malfoy y se quedó a su lado mirando el lago y de vez en cuando a él durante diez minutos en silencio, hasta que él decidió hablar.
—¿Por qué estás aquí? —le preguntó mirándola por fin.
Ella se encogió de hombros, buscando entre su mente una buena respuesta, porque ni siquiera ella sabía el por qué.
—Creo que necesitamos un descanso de la investigación.
—No pedí un descanso —gruñó—. No pedí que estuvieras aquí conmigo. Deberías largarte ahora mismo.
Hermione lo miró a los ojos y él tampoco le desvió la mirada. Ella no dudó cuando se acercó un poco más a él, y Malfoy tampoco se inmutó ante su cercanía. No había nadie lo suficientemente cerca como para verlos juntos, así que ella supuso que esa era la razón de su tranquilidad.
—He querido preguntarte... —dijo ella y luego suspiró—. ¿Tú sigues...? ¿Aún me odias? ¿Todavía sientes repulsión por mí y por mi sangre?
Él tensó la mandíbula y desvió los ojos de los suyos para mirar de nuevo al algo. Tomó la petaca y le dio el último trago antes de arrojarla al césped. Dejó caer su cabeza en el tronco del árbol y lo vio tragar saliva.
—No lo sé —respondió finalmente—. De repente la palabra «Sangre sucia» suena... hueca. No tiene argumentos, no tiene base, es sólo... una palabra. He visto tu sangre; y es totalmente igual a la mía, misma textura y mismo color... No es... sucia.
Él resopló y cerró los ojos. Hermione ignoró los latidos de su corazón y se mordió la lengua para no decir nada y que él siguiera hablando.
—Todo es tan confuso —dijo aún con los ojos cerrados—. Ahora todo lo que antes creía firme y grande, parece de repente débil y tonto. Los pilares donde mantenía mis creencias se están cayendo y... Todo es culpa de la Guerra. De la Guerra y de ti.
Abrió los ojos y la miró. Ella se congeló cuando él se sentó derecho y la miró aún más de cerca.
Malfoy estudió cada rasgo de su rostro antes de volver a sus ojos. Luego negó con la cabeza.
—Lo peor es que ni siquiera lo sabes —dijo y rió con amargura—. Hiciste una revolución en mi mente y ni siquiera te diste cuenta. Pareces odiarme un día y, de repente, quieres apoyarme y te preocupas por mí... Me tratas como si no fuera el tipo que todo mundo odia: el ex mortífago más joven y casi asesino de Albus Dumbledore. Me tratas sólo como una persona normal y eso... Está matándome.
Malfoy alzó su mano y acarició la garganta de Hermione, ella aguantó la respiración. Pasó uno de sus dedos por su mandíbula para alzarla y hacer que lo mirara directamente a los ojos. Estaban tan cerca que ella podía oler su aroma a menta y pergamino nuevo.
—Eres tan inocente —Siguió diciendo, bajando su mano de ella—. Pareces no tener idea alguna de todas las cosas que he hecho. Que te he hecho. Todos los años donde te insulté e incluso te deseé la muerte. Todo tirado a la basura porque tú me defiendes de unos matones, decides ir a verme a un partido como si fuéramos los mejores amigos de toda la vida, te preocupas de que llegue con golpes y luego... Crees tener tanta confianza como para llamarme por mi nombre.
Hermione estaba perdida, en realidad no podía moverse. Ellos ni siquiera se estaban tocando pero la cercanía era suficiente para mantenerla congelada en su lugar, y estaba segura de que no era por culpa del frío de la tarde.
—Luego vienes aquí y decides que es buena idea sentarte a mi lado. Ni siquiera parece importarte que alguien te vea a lado mío. Podrían decir que intenté hacerte daño en estos momentos y, por más que yo lo negara, ellos nunca me creerían. ¿Quién le creería a Draco Malfoy? Todos me odian aquí, mis amigos están pero ellos no cuentan; son tan repudiados como yo —Malfoy aún no dejaba de mirarla, sus ojos empezaban a oscurecerse a medida que seguía hablando—. Hay un grupo de chicos que se turnan para golpearme porque necesitan una manera de vengarse por todo lo que sucedió en la Guerra y yo soy el método más rápido y simple.
Bajó la mirada unos segundos para reír en voz baja y luego volvió a los ojos de ella. Su expresión era divertida pero sus ojos decían lo contrario.
—Yo ni siquiera quería volver aquí —dijo—. Estaba seguro de que apenas cruzara las puertas del castillo, todo el peso recaería en mí, lo sabía. Pero acepté venir por mi madre, porque necesitaba limpiar toda la mierda que dejó mi padre y entonces debía volver. Sólo por ella —suspiró—. Nunca esperé que nadie además de mis amigos me tratara como otra persona más. Pero entonces llegaste tú. La Perfecta Chica Dorada que está tan rota que apenas deja verse. Creí que yo estaba jodido pero tú... Debes estarlo más si quieres tratar bien a la persona que te hizo mierda durante años.
Un brillo atravesó sus ojos. Parecía estarla estudiando detenidamente, por su mente corriendo miles de pensamientos que ella desearía saber cuáles, pero se mantenía callada.
—Y entonces me preguntas si todavía te odio y si te tengo repulsión —Él se mordió el labio y negó con la cabeza—. No me das asco, Granger. Mis palabras estarían huecas si dijera que sí. La Guerra carcomió todo de mí y, mientras tú me preguntas eso porque por alguna razón es algo que te preocupa, yo en realidad estoy pensando por qué carajo no te has ido de una vez; pensando por qué no te da vergüenza que nos vean juntos —Respiró hondo—. Y claro que te odio... Odio que seas tan malditamente inocente que crees que eres tú la que está mal. Que seas tan ingenua como para creer que merezco tu benevolencia o lástima. Odio que ni siquiera sabes la mierda que le haces a mi mente. Pero la peor mierda es que no puedo odiarte. Odio no odiarte, eso hago. Eres tan inocente que ni siquiera eso me dejas hacer... Creí que estarías tan llena de rencor y odio hacia mí que me querrías matar en las primeras semanas, pero siempre lograste controlarte y... De alguna manera me dejaste siempre como un idiota.
Ella no supo qué decir. Tenía la garganta seca y no sabía por qué si no había hablado. Fueron tantas cosas que, viniendo de él, fueron difíciles de procesar.
—Lo siento, Draco —Fue lo único que pudo decir.
Él rió de nuevo, aún sin dejar de mirarla.
—De esto es de lo que hablo —musitó, regresando a su expresión seria y lejana en los ojos de ella—. No tienes por qué disculparte, Granger. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te disculpas con Draco Malfoy? Lo que dije no fue ningún cumplido. Tú... —Él calló de golpe—. ¿Por qué simplemente no me odias así como todo el mundo lo hace?
Se acercó tanto a ella que por un momento creyó que la iba a besar. Hermione ni siquiera entendió por qué esa comparación llegó a su mente. Aguantó la respiración mientras los grises y profundos ojos de Malfoy la miraban directamente.
Él se relamió los labios.
—¿Qué te hace tan interesante?
