Scratching/bitting: mordidas

Remus/Lucius


—¿Vas a parar de hacerlo alguna vez?—preguntó Lucius queriendo fingir que aquello no le gustaba.

—No.

—Duele.

—No tanto.

Lucius estaba en su despacho en la Mansión, le había costado que le volvieran a dejar hacer negocios, y si no fuera porque su hijo era el esposo del héroe del mundo mágico, dudaba que lo hubiera conseguido.

Pero el dinero era dinero, y la gente, después de una crisis lo necesitaba, viniera de quien viniera.

Remus volvió a morderle sobre la cicatriz, que ya sabía, nunca cicatrizaría.

No había sido Remus el que se la había hecho, pero sí quien no dejaba de clavarle sus colmillos e irradiarle su veneno.

Veneno que ambos compartían.

Si a Lucius le hubieran dicho hacía un año que iba a perder a su familia, convertirse en un hombre lobo, salvarse de Azkaban y ser reclamado por su pareja destinada, se hubiera reído sin gracia.

Pero allí estaban, con el lobo que le hacía de custodio mordiéndole cada vez que le daba la gana, y rara vez después de un mordisqueo no había sexo sobre cualquier superficie.

Quizás fuera la sangre licana, pero Lucius nunca había sido un hombre realmente sexual. A él lo que le excitaba era el poder y el dinero.

Ahora lo hacía un hombre lobo que le estaba metiendo dos dedos por el trasero mientras lamía su cicatriz.

Pero el cuerpo de Remus tampoco estaba exento de sus propias marcas dentales.

Lo mordía, por las noches, pero eran pequeños, solo un roce de sus dientes. Se daba cuenta cómo tener la piel de Remus en su boca le calmaba y le hacía conciliar un sueño profundo.

Ninguno sabía bien en qué consistía aquella unión, pero la disfrutaban, una vez superada la barrera de la negación, Lucius era de Remus, y Remus era suyo.

Para los demás eran solo un caso extraño e incómodo.

Remus lo levantó de la silla y ocupó su lugar, pero lo sentó sobre su regazo.

El hombre que había sido Lucius a veces luchaba contra ser manejado de aquella forma, pero cada vez se le hacía más lejana su versión anterior.

El miembro erecto de Remus se clavó certeramente en su trasero, como él quería que Lucius lo sintiera.

—Puedes seguir trabajando—le besó en el cuello.

—No juegues conmigo, Remus Lupin, y hazlo ya.

Había estado jugando con su culo dilatándolo, no iba a permitir que lo enloqueciera, no más de lo que ya lo hacía.

Remus bajó a penas su pantalón, y ni siquiera le costó trabajo sacar su miembro inflamado y meterlo dentro de él.

Su cicatriz no se cerraba, a aquel ritmo habría partes de su cuerpo que tampoco lo harían.

Remus volvió a morderle.

—Duele—gimió Lucius.

—No tanto.

No, no dolía tanto y menos cuando se movía suavemente dentro de él.

Remus podía ser rudo, muy rudo, pero sobre todo era un amante paciente, alargaba cada encuentro hasta destrozarlo de placer.

Luego Lucius se quejaría de que no le dejaba tiempo de trabajar, que necesitaba más horas, que no estaba hecho solo para practicar sexo tantas horas al día.

Luego, porque ahora buscaba el ángulo para que le entrara toda.

Remus lo colocó sobre la mesa girándole sobre sus dichosos papeles, Lucius notó una pluma de oro contra su cadera, los pantalones desaparecieron y su miembro pálido goteaba contra su estómago.

Desde arriba Remus, el que Lucius conocía, el líder de su manada, su lobo, su pareja destina le miraba.

—Muérdeme—gimió.

—Duele—se burló Remus lamiéndose los colmillos.

—No tanto.—Le tiró de la nuca pegándole a su cicatriz.

No, la herida iba a estar siempre abierta, y a Lucius ya no le importaba.


Esto podría ser continuación de un montón de historias que tengo de ellos, empecé escribiendo Drarry, pero entre el Snack y Lupius, me di cuenta que mi principal camino no eran los hijos, sino los padres. Será la edad.

Me gustan, me gustan muchísimo.

Mañana última historia de este mes tan intensito.

Hasta mañana.

Besitos.

Shimi.