Antología
14. Afecto
John McGarrett nunca había sido una persona afectuosa. Steve recordaba su sonrisa reacia y un temperamento templado, pero no podía recordar más que apretones de manos o palmadas en la espalda. Quizá una mano en su cabeza, alguna vez en la infancia. No le había dicho a Mary Ann que su padre no sabía cómo demostrar su amor porque fuese conveniente. Sabía que su padre los amaba. ¿Cómo podía negarlo después de escuchar sus grabaciones? ¿Cómo podía dudar de ello sabiendo lo que John le decía al mundo de ellos, de él? A Chin, a Mamo, a Joe. A sus colegas. A sus compañeros.
Era una de las últimas cosas que había dicho. Que lo amaba. Que no lo había dicho lo suficiente. John se olvidó de decirle que tampoco había podido demostrarlo muy bien.
Steve sabía que Mary Ann no le había creído.
Pero Mary tenía más problemas con John de los que Steve tenía. Ella había sido la niña consentida, la luz de los ojos de papá, hasta que la arrancaron de su vida temprana un par de semanas después de que toda su vida cambiara. Antes, cuando el hogar McGarrett no estaba lleno de fantasmas y dolor, cuando no había penas y remordimientos colgando en cada pared, Mary había sido la niña dorada. Con Steve, su padre siempre había sido más...
No indiferente, nunca indiferente, pero...
Lejano. Inalcanzable, por momentos.
La historia de Ellie Clayton con John McGarrett fue una sorpresa. Y no lo fue.
Era fácil adivinar lo que ocurrió, a pesar que Steve no quería adivinar. Ellie perdió a su padre, John había empujado a sus hijos lejos... John los amaba. Ellie necesitaba una figura paterna. Y quizá... Quizá John necesitaba una figura sustituta también.
Steve no quería pensar en ello, realmente.
Una parte de Steve se alegró que Mary no conociese la historia de Ellie, la profundidad detrás del vínculo que ella había desarrollado con John. Se sentía injusto dejar que su padre le rompiera el corazón una vez más. Pero también se alegró que Ellie no supiese que era lo que había representado para John. Ellie podría recordar a John con una mejor nota de lo que Mary jamás podría. Se sentía injusto quitarle eso.
John McGarrett quizá tenía mucho afecto para repartir, pero él dejó siempre la entrada de su corazón firmemente cerrada y los dejó a todos ellos (a sus hijos) parados en la puerta, esperando.
