El resto de la semana se había pasado muy lentamente, Hans entraba a Krei Tech cada día y sin una razón aparente en algún punto su atención se dirigía a aquella oficina temporalmente vacía, mientras que en casa de los Krei, cada día algo había originado una pelea en el matrimonio que tan sólo hacía desear a Elsa que la semana llegase a su fin.

No le gustaba quedarse encerrada en casa y su trabajo era lo único que se sentía real y reconfortante para ella, era lo último que había hecho antes de su "accidente", antes de que todo se fuese arruinando en su vida.

Algunos compañeros de trabajo le habían dado la bienvenida, incluso Judy le había comprado una rebanada de pastel de chocolate para celebrar que estaba de vuelta. Ella había administrado bien su agenda y repartido las actividades entre otros empleados, por lo cual su día estaba siendo relajado, todo lo contrario al de su esposo, quien en cuanto había pisado la empresa fue hostigado con cientos de pendientes de los cuales debía hacerse cargo de inmediato.

Era alrededor de medio día cuando Hans apareció en la puerta de su oficina, Elsa se puso de pie y le propuso ir a hablar a la cafetería más cercana; en caso de que alguien estuviese escuchando y le informara de todo a Alistair.

—Me da gusto verte de nuevo, Elsa — Dijo el pelirrojo.

— ¿Hiciste algo de lo que te dije que hicieras? — Cuestionó ella ignorando las palabras de Hans.

—Sí, pero no entiendo como pretendes ayudarme a que tu esposo me considere como opción, hablé con su asistente Judy y dijo que no estaría recibiendo propuestas por ahora — Dijo Hans.

—Yo me he encargado de meter la idea a su cabeza — Dijo ella — Estuve casi toda la semana entrando a su computadora para dejarle abiertos los documentos con información de los becarios; tú eres uno de ellos, hice comentarios sutiles respecto a el invento de Hamada y del cual talentosos parecían ser los practicantes de este semestre, que quizá todos tenían ideas impresionantes en sus bellas cabecitas — Comentó —, puedo ser bastante persuasiva en ocasiones.

—Sigo sin comprender el por qué si te interesa tanto el proyecto no puedes simplemente preguntarle a tu esposo sobre ello, ¿Qué es lo que te preocupa tanto?

—Temo que mi esposo cometa un grave error — Respondió ella —. No hay mucho que pueda contarte al respecto, pero es delicado y Alistair… él no me escucha cuando más debe hacerlo, él podrá ser el hombre más inteligente del mundo en muchas áreas, sin embargo demasiado testarudo muchas ocasiones, a veces no mide riesgos y tal parece que se cree invencible.

—Me cuesta imaginar que cosa tan riesgosa podría hacer con un asistente médico — Dijo el pelirrojo —, quizá sólo exageras un poco y ves cosas dónde lo las hay.

—No estoy loca, tengo razones para desconfiar de él — Dijo ella.

—Entonces ¿Por qué sigues con él? — Se atrevió a preguntar.

—No entiendo por qué preguntas tal cosa, mi matrimonio no tiene nada que ver en esto.

—Yo pienso que sí, Elsa — Habló Hans —. Es obvio que tienes sospechas de que tú esposo le dé un uso ilegal a Baymax, no sé qué clase de cosas atormente tú loca cabecita, pero sí Alistair Krei se ve envuelto en algo ilícito; eso podría repercutir en ti, es demasiado riesgoso como para permanecer allí… ¿Por qué quedarse allí? No tiene mucho sentido para mí.

—Tengo motivos que no puedo explicarte.

—Eres un pequeño misterio, Elsa ¿No es así? — Elsa no respondió nada. Hans sacó su teléfono para mostrarle el proyecto en el cuál estaba trabajando — Me basé en algo que me contaste durante una de nuestras conversaciones.

— ¿Qué? — Cuestionó ella confundida.

—Una vez mencionaste a un juguete que tenías… ese con un nombre ridículo — Contestó el pelirrojo.

— ¿Te refieres a Sir Jorgenbjorgen? — Cuestionó ella.

—Exacto, por cierto ¿Qué clase de nombre es ese? ¿Qué niño le pone así a un muñeco? Noruega es un sitio extraño — Comentó el pelirrojo —. Mencionaste que ese juguete era… especial porque tú sentías que él podía escuchar… lo cual no tiene sentido, pero está bien.

—Será mejor que todo esto se relacione con el funcionamiento de tu robot y no estés burlándote de mi infancia sin motivo alguno — Advirtió la rubia.

—Hay muchos niños a los cuales les cuesta hablar sobre cosas que les pasan o no tienen con quien hablar, le di una apariencia adorable para captar la atención de los niños y lo consideren un juguete — Explicó él —. Dijiste que me enfocara en algo relacionado a la salud y la…salud mental infantil es importante.

— ¿Qué diferencia a tu invento de mi pingüino de peluche? — Preguntó la rubia —Te juro que si eso es todo voy a romperte la nariz.

—Este pequeñín sí escuchará de verdad y responderá lo que sea que los niños le digan, podrá realizar juegos y dinámicas que logren identificar algún… ¿Problema? Mental en los niños mientras ellos se divierten, platican y abrazan al muñeco — Explicó el pelirrojo — No muchos le dan importancia a los problemas que llegan a tener los niños, unos sólo se sienten solos y necesitan un amigo.

—Ok, ¿Por qué parece un muñeco de nieve? — Cuestionó ella — El invento de Tadashi parece un malvavisco gigante y el tuyo es Frosty, el muñeco de nieve. Genial

—Navidad es la época del año cuando más se compran juguetes y va de acuerdo a esa temática, muchos niños adoran a los muñecos de nieve incluso cuando nunca han visto nevar — Justificó su diseño —. Además este pequeño fue inspirado en una pequeña niña de Noruega.

—Noruega no es sólo nieve, ¿Sabías eso? — Elsa se cruzó de brazos.

—Bueno, no sé mucho de ese lugar y sinceramente no me interesa, sólo acepta que es un diseño muy adorable — Dijo él.

— ¿Y cómo lo llamarás?

—Definitivamente no será Sir Jorgenbjorgen — Contestó él — Debe ser un nombre simple, sencillo, pocas letras…

— ¿Qué opinas de Olaf? — Sugirió ella.

— Supongo que podría funcionar, pero ¿Por qué ese nombre? — Preguntó el con curiosidad.

—Mi hermana y yo construimos un muñeco de nieve cuando éramos niñas y lo llamamos así — Comentó —. Podría tener una frase similar a "Hola, soy Olaf y me gustan los abrazos" sería una presentación amigable para los niños, si creamos una frase principal que sea atractiva y pegajosa por decirlo de cierta manera, más niños lo querrán, lo pedirán a sus padres y se venderá fácilmente.

—Alistair, ¿Él sabe esa pequeña anécdota del muñeco de nieve? — Preguntó — Porque si sospecha que tú estás trabajando conmigo… podría haber consecuencias para ambos, no sólo yo podría perder credibilidad, confianza y vi vida sería arruinada por uno de los hombres más importantes de la ciudad, pero tú vives con él y el hecho de que a pesar de que te preocupa que él este en malos pasos, permaneces allí me indica que no tienes a donde ir, él es todo lo que tienes y te arriesgas a terminar en la calle.

—Él no me dejaría en la calle — Comentó ella —, pero claro que me preocupa lo que podría pasar de ser descubierto, sin embargo no debes preocuparte por el nombre, Alistair no sabe que el nombre del muñeco que construí en mi infancia se llamaba Olaf, no lo sugeriría si potencialmente podría arruinar nuestras vidas incluso antes de poner en marcha el plan.