Te esperaré

Sev fue a la Sala de Menesteres con Hipólita y demandaron el aula de piano. Le estuvo enseñando las notas y las escalas en el teclado, la chica cantaba todo lo que él tocaba y pronto quiso aprender a tocarlo también. A pesar de tener las manos mucho más pequeñas, era tan ágil que se le dio genial.

-Estupendo, Hipólita, también serías una magnífica instrumentista.

-Yo también quiero aprender a tocar un instrumento, como tú, para tocar contigo. ¿Se pueden tocar dos pianos a la vez?

-Supongo que sí, no lo sé. Se puede tocar el mismo piano, uno las notas graves y otro las agudas. Pero te aviso que el piano es el instrumento más difícil, te llevaría mucho tiempo aprender.

-Ya, además, pienso que es más chulo tocar un instrumento distinto que combine mejor con el piano, porque si tocas el mismo piano o dos pianos no se distingue bien lo que toca cada uno, como cuando cantábamos el contrahechizo del Sectumsempra los dos por lo grave y luego yo lo canté más agudo.

-Cierto, Hipólita, muy bien pensado. ¿Y qué instrumento te gustaría tocar?

-No sé, alguno que suene bonito con el piano y haya muchas canciones para tocar juntos.

-Pues ya sé a quiénes les podemos preguntar, a la madre de Cecile y al padre de Lily.

-Al padre de Lily, ¿lo vas a ver?

-Por supuesto. El padre de Lily es mi papá. Recuerda que mi papá de verdad no me quiere.

-Vaya movida… entonces vas a seguir yendo a su casa igualmente.

-Sí, cariño, voy a seguir yendo a su casa, a ver a sus papás y también a su hermana, que los quiero mucho, son mi familia.

-Entonces la pelandusca va a volver a liarte, ya verás.

-No, Hipólita, no te confundas. Lily no es una pelandusca y yo no voy a dejarme liar. Somos amigos, pero al menos en una larga temporada nada más.

-¿Lo tienes claro?

-Sí, lo tengo muy claro.

-Así me gusta. ¿Has probado a hacer su Patronus?

-No.

-Pues prueba, venga.

Probó el último recuerdo de Lily con el que había obtenido Patronus corpóreo. Le salió.

-Sí que la quieres, Prince.

-Claro que la quiero Hipólita, a Lily siempre la querré, incluso aunque ella no lo haga. Lo que siento por ella es para siempre.

-Entonces lo que te digo, te va a liar.

-Pues sí, quizá sí, pero es lo que hay, cariño, no puedo negar lo que siento.

-Jo, Prince, no sé qué decirte ni cómo ayudarte en esto.

-No hace falta que digas ni hagas nada. Lo que pase con Lily no afecta a lo que hay entre nosotros, Hipólita. Olvídalo, no hablemos más del tema.

-Bueno… entonces si tienes que ver a sus padres los ves y ya está. Seguro que después de lo que te ha hecho te quieren más a ti que a ella.

-Eso no es así, ella es su hija.

-Pero tú eres como su hijo, te conocen desde los nueve años.

-Pero yo nunca les hice mucho caso hasta este año, nuestra relación es muy reciente.

-Te digo yo que van a quererte igual, ya lo verás.

-Eso espero, que no se hayan enfadado conmigo. Lo que te decía esta mañana, cuando dos personas que se querían dejan de quererse, afectan también a todos los que están a su alrededor y los quieren.

-Claro… Ya sé qué tipo de instrumento quiero tocar.

-A ver, di.

-Uno pequeño, para poder tenerlo en las mazmorras y ensayar allí con el Muffliato sin tener que venir a la Sala de Menesteres.

-Vaya… muy buena idea… Pues a mí se me ocurre otra, que pidamos un aula de instrumentos, de muchos instrumentos, y pruebes todos los pequeños. Así, el que más te guste, puedes llevártelo ya a casa este verano en el baúl.

-Claro…

-Y así tus padres no tienen que comprártelo, porque los instrumentos musicales son muy caros.

-Pero necesitaré un profesor en verano para aprender.

-Seguro que la madre de Cecile conoce muchos. Lo pagamos con las joyas que vas a ayudarme a convocar.

-Vale… Cuando gane el Mundial te devuelvo el dinero.

-De acuerdo.

-¿Salimos y pedimos ya el aula de instrumentos?

-Vamos a hacer otra cosa mejor. Vamos a esperar a algún otro momento que Cecile pueda venir y decirte cómo se tocan y nos aconseje cuál es más fácil. Porque el piano suena en cuanto lo tocas, pero los demás instrumentos no. Si no tenemos ni idea, vamos a llevarnos una desilusión.

-Claro.

-También Jack iba de pequeño a conciertos de música clásica, a él también podemos preguntarle.

-Entonces, ¿qué más hacemos ahora?

-¿Quieres aprender una de las canciones que toqué anoche y yo la toco y tú cantas?

-Sí, genial… las dos, por favor…

-Vale, ¿por cuál quieres comenzar?

-Por la primera que tocaste.

La buscó en la libreta de pentagramas.

-Aquí tienes la letra, va a resultarte muy fácil porque tienes muy buena memoria.

-Si ya me la sé. La tocaste tantas veces que ya me la sé.

-Cierto, tienes razón.

-Pues dale, anda.

Sev comenzó a tocar e Hipólita la cantó, pero una octava por encima de lo que lo hacía él. Cuando acabaron, le dijo:

-Wow, Hipólita… qué voz tienes y qué bien cantas, sin que nadie te haya enseñado a hacerlo.

-¿A ti te enseñaron?

-Tampoco.

-Algo más en común. Ahora juntos.

Lo hicieron juntos. Cuando acabaron, ella le dijo:

-Así me gusta mucho más. Todo juntos.

-A mí también, preciosa. ¿Me das un pico?

-¡Bien! Por fin me lo has pedido tú.

Se lo dieron.

-El quinto. Tu tercer número de la suerte – dijo ella.

-Cierto.

-Ya no te pregunto la hora.

-Mejor, todas las horas son de suerte.

-Seguro que ya tenemos otro montón de incorpóreos, de haber tocado y cantado juntos.

-Seguro que sí.

-Pero pasamos de probarlos, si no, no acabamos nunca, prefiero seguir cantando.

-Yo también.

-Pues dale otra vez, la tercera. ¿Sabes qué podemos hacer ahora?

-¿Qué?

-Cantarla a trozos. Tú empiezas con el primer trozo.

-La primera estrofa.

-Eso. Luego juntos el segundo trozo.

-El primer estribillo.

-Eso. Luego yo sola el tercer trozo.

-La segunda estrofa.

-Eso, y luego juntos el final.

-El segundo estribillo.

-Vale, entonces vamos a darle así.

-Vamos allá.

La cantaron así. Cuando acabaron Hipólita aplaudió entusiasmada.

-¡Bien! ¡Bien! ¡Es así como mejor queda! ¡Lo sabía! Porque así se nos oye a los dos por separado y juntos. Independientes y juntos, como cuando luchamos o perseguimos la snitch.

-Cierto, tienes toda la razón, Hipólita. Cuántas alegrías me das.

-Ahora un abrazo.

Se abrazaron.

-Qué bien, esta noche mucho rato de abrazo, durmiendo juntos. ¿Ya has pensado lo del pijama?

-Sí, cariño, ya lo he pensado. Por mí no hay ningún problema.

-Que sepas que no he vuelto a tener ganas de hacer cosas de novios, ¿eh?

-Y aunque las tengas no pasa nada, es algo natural.

-No me importaría no hacer nunca cosas de novios contigo. Ya hacemos tantas cosas chulas juntos que eso me da igual.

-Eso mismo siento yo. Aunque no hiciera nunca cosas de novios contigo te querría igual.

-Por eso por la tarde te he dicho que podrías tener hijos con otra chica si yo no quisiera tenerlos. Porque tú sí que necesitas hacer cosas de novios y entiendo que quieras hacerlas mientras esperas que yo sea más mayor. Pero hazlas siempre sin hacerte líos y con chicas buenas, que merezcan la pena, aunque no las quieras de verdad.

-Gracias, cariño, por darme libertad. Que sepas que siempre te lo contaré.

-Cuéntamelo sólo si quieres, Prince, a mí no tienes que darme explicaciones, ya te lo dije ayer.

-Pero yo quiero contártelo.

-Entonces cuéntamelo. ¿Sabes qué chica me gusta mucho para ti, si no fuera ya la novia de tu mejor amigo?

-Sí, Hipólita, Cecile.

-Cecile es genial. No te lo conté para que no te disgustaras, pero ayer, cuando te fuiste, lloré un montón, eso también lo he extraído de mi mente en el pensadero.

-Claro…

-Y Remus y ella me consolaron todo el rato, diciéndome que me querías mucho y que se te iba a pasar el enfado enseguida, que sólo necesitabas estar un rato solo.

-Y cuando volví no se me había pasado todavía.

-Normal, te entiendo, te di un montón de preocupaciones. Esta mañana lo he entendido todo.

-Claro.

-Pues ya sabes, Prince, Cecile. Pídele permiso a Remus para estar con ella.

"Vaya, vaya, Cecile me ha invitado a dormir con ella y ella misma me ha dicho que no me corte en hacérmelo con quien me apetezca, sin enamorarme, de mutuo acuerdo… Algo ha planeado ya."

-¿Qué dices, Prince?

-Que nunca le haría eso a Remus.

-Pero si ella quiere y tú también… Remus lo entendería, igual que lo entiendo yo. Ella te quiere un montón y él también, confiarían en ti, no se la robarías, ellos seguirán queriéndose igual.

-Estoy seguro de ello. Si surge la ocasión, lo hablaré con ella.

-Claro, Prince. Vamos a volver a cantarla así, dos veces más, así la cantamos tres veces así y en total cinco veces.

Sev rio.

-Hipólita, estás obsesionada con los números, eres una pesada.

Hipólita también rio.

-Lo hago a propósito, me encanta cuando te pones así.

-Vaya…

-Me encanta todo de ti, tú también eres extraordinario, un intercambio equilibrado, como dices tú.

-Desde luego.

-Anda, toca, vamos a cantar.

La cantaron dos veces más.

-¿Nos da tiempo a la otra?

-Nos da, nos da, quizá no entera, pero nos da.

Le buscó la letra en la libreta de pentagramas.

-Aquí la tienes, voy a cantarla contigo, ¿vale? Ésta es más difícil de cantar porque no tiene tanto ritmo, no es tan pegadiza, es como una poesía con música.

Hipólita rio.

-Prince, no he entendido nada, no sé qué es ritmo, ni pegadiza, ni poesía. Así que canta y ya está, como cuando me enseñaste el Sectumsempra, yo ya le pillaré.

-Está bien, allá voy.

Comenzó con la introducción de 'Wish you were here'. Poco antes de que llegara a la primera estrofa, Hipólita, que observaba sus manos atentamente, lo interrumpió:

-Para, para - él dejó de tocar - ¿Sabes qué se me ha ocurrido?

-¿Qué?

-Que todo ese trozo en el que no cantas, lo que tocas con la mano derecha se podría tocar con otro instrumento.

-La melodía de la introducción.

-Eso. Y eso podría hacerlo yo con el instrumento que toque.

-Cierto, Hipólita. No sólo vales para la música, sino que tienes muy buenas ideas. Haremos nuestras propias versiones, la madre de Cecile y ella misma cuando aprenda nos ayudarán a hacerlas.

-¿Qué es eso de versiones?

-Una versión es una canción tocada y cantada de manera distinta a como fue pensada por su autor original.

-Claro… Anda, dale otra vez. Si no, no acabamos nunca.

-Bueno, si nos pasamos un poco del toque no pasa nada, volvemos a escaparnos de Filch corriendo.

-¿No venía nadie a la Sala después?

-Que esperen, ya van a tenerla toda la noche para ellos.

-Pues eso, que esperen.

Comenzó de nuevo. Hipólita la escuchó siguiendo la letra una vez, sin cantar, cuando terminó le dijo, entusiasmada:

-¡Prince! Es perfecta para lo que te he propuesto, repite la misma melodía tres veces y en esos trozos no cantas.

-La introducción, el puente y el final.

-Eso, eso. Voy a hacer como haría con el instrumento. No toques la mano derecha, lo canto yo, ya me lo sé.

-Wow, Hipólita...

-Venga, si eso es muy fácil, es mucho más difícil la melodía del Sectumsempra. Tú vuelves a cantar la letra entera para que la escuche bien, es cierto que sí parece más difícil que la otra.

-Vale. Te digo cómo has de comenzar, porque empiezas tú. Un, dos, tres y, un, tan tara darán, un, dos, tan tán tara dán… ¿Lo has cogido?

-Dale otra vez, Prince – él lo repitió - Una más - lo repitió - Vale, lo tengo.

-Eso es el ritmo, cariño, lo que cuento.

-Claro, ahora lo entiendo. Venga, como hemos dicho, yo canto los trozos y tú lo demás.

-Pues marca tú el ritmo para comenzar.

-Un, dos, tres y, un, tan tara darán…

La tocaron y cantaron así. Mientras no cantaba, Hipólita seguía atentamente la letra que cantaba Prince, sin cantar en ningún momento. Cuando lo hubieron hecho tres veces, le dijo:

-Prince, la tengo entera. No he querido cantar a la vez que tú para aprenderla bien y hacerlo bien a la primera.

-Claro.

-Vamos a hacer una cosa, para combinarnos como antes, porque ésta no tiene estrofas ni estribillos. Vamos cantando cada uno una frase. Las dos últimas del primer trozo las cantamos juntos, lo de la guerra y la jaula.

"Como lo hizo Lauren conmigo."

-Perfecto.

-Y el segundo trozo lo cantamos juntos entero, porque es muy emocionante.

-Cierto. ¿Y quién comienza, Hipólita?

-Empieza tú, porque yo habré cantado la introducción.

-Estupendo.

-Venga, que nos tiene que salir bien a la primera, ¿eh? Si nos sale es corpóreo seguro. Ése sí que lo probamos.

-Vamos allá.

-Un, dos, tres y, un, tan tara darán…

La cantaron así, perfecta a la primera, Hipólita siempre una octava por encima de él. Cuando acabaron, ambos lloraban de felicidad y aplaudieron entusiasmados. Como despedida, probaron sus Patronus, corpóreos, los halcones volaron por la pequeña aula de piano.

Salieron de la Sala de Menesteres, ya pasaba del toque, no encontraron a nadie esperando afuera.

-No hay nadie esperando, Prince.

-Deben estar desilusionados para no molestarnos. Vamos a ir por el pasadizo, cariño, es más corto que ir por las escaleras.

Se dirigieron al pasadizo.

-Ya conozco el pasadizo, ya he venido de día. Pero si nos encontramos con Filch de frente no vamos a tener escapatoria.

-Corremos de nuevo arriba y vamos por las escaleras.

-Podemos ir corriendo ya.

-No, no vayas a caerte.

-Venga, Prince, por favor, ya sabes de sobra lo ágil que soy. Además, en ese pasadizo no hay ningún escalón desilusionado.

-De acuerdo, vamos corriendo. Yo delante, por si nos topamos con él.

Corrieron, a carcajada limpia, por el pasadizo, el tercer piso, las escaleras principales, el corredor que conducía a las mazmorras, las de caracol y las propias mazmorras hasta llegar a casa, no se encontraron con Filch.

Cuando llegaron, había bastante gente en la Sala Común, también en el sofá, la familia estaba a la mesa de la cristalera, Hipólita exclamó, autoritaria:

-¡Venga, los del sofá, fuera de ahí! ¡Nos toca un rato a Prince y a mí! ¡Llevamos todo el día trabajando!

De inmediato se levantaron y los dejaron sentarse a ellos. Sev exclamó, sarcástico:

-¡Os presento a Hipólita, la nueva Jefa de Sly!

Todos quienes estaban en la Sala Común estallaron en vítores. Poco después, se oyó la voz de Valerie desde la mesa:

-¡Hipólita, terror de los Mortífagos! ¡Los cazará como caza la snitch!

Todo el mundo coreó. "A los Sly nunca se nos acaban las ganas de fiesta. Qué bien." Hipólita se había tumbado en el sofá, con la cabeza en sus rodillas, mirándolo. "Ya todo el mundo sabe lo que hay, ayer ya vieron nuestros Patronus gemelos y a nadie le importa. Lo que me decía Deborah, no es tan pequeña para mí, todos lo aceptan. Qué bien, ella misma me liberó de las cadenas que me impuse haciendo lo que hizo ayer."

-¿Estás cansada, cariño? – le preguntó Sev.

-Sí, Prince, estoy muy cansada – respondió Hipólita.

-Muchas emociones en un solo día, ¿verdad?

-Sí, y también ayer, esta mañana habría dormido más, ya me he despertado cansada.

-Vaya… ¿y por qué no me lo has dicho?

-Porque teníamos que hablar de muchas cosas, si no, me habrías leído.

-No te habría leído, mi amor, te lo prometí, y lo primero es lo primero, lo primero es que comas y descanses.

-No, Prince, también es muy importante que no estemos preocupados el uno por el otro, eso también es muy importante.

-Cierto, tienes razón. Entonces nos vamos ya a la cama para que recuperes sueño. ¿Vale?

-Vale, Prince. ¿Y Jack y Anthony?

-Están sentados a la mesa, ¿no los has visto?

-No, no me he fijado. ¿Y si alguien me ve subir las escaleras de los dormitorios de los chicos?

-Tampoco pasa nada, ya me da igual que todo el mundo se entere. Lo más importante es que tú estés bien, que no te falte de nada, ni descansar ni mi cariño.

-Entonces vámonos ya, directos a tu dormitorio, hoy ya no necesito el pijama ni lavar los pantalones. Mañana me cambiaré cuando me duche en mi cuarto, que hoy no me he duchado.

-Vamos, mi amor.

Se levantaron del sofá mientras los demás seguían coreando, con lo cual estaban pendientes de ellos, y sin más se dirigieron a las escaleras que conducían a los dormitorios de los chicos, Hipólita lo precedía. "¡Toma ya! Ahí está, temperamento Sly, esto sí que es transgredir las normas. Pero lo que he dicho, acabo de proclamarla Jefa de Sly, y si yo soy el Jefe, pues está todo muy claro, no hay ninguna explicación más que dar." Entraron en el dormitorio de chicos de quinto año.

-Hipólita, hoy te pones tú del otro lado, voy a abrazarte de otra manera.

-Vale, Prince, voy primero al baño.

-Ve.

Hipólita fue al baño, mientras tanto, Sev se desvistió junto a la cama. Ella volvió enseguida, se quitó los zapatos, los ocultó bajo la cama, se subió a la misma, corrió la cortina del lado de la puerta y comenzó a desvestirse. "Para que no la vean desnudita si entran ellos." Él terminó y fue al baño a su vez. Cuando volvió la cortina del lado de la ventana ya estaba echada.

-Hipólita, cariño, ¿a qué hora te vas?

-Mañana desayunamos a las nueve, ¿no? Como el fin de semana.

-Sí.

-Entonces a las ocho.

Él puso el despertador.

-Te va a tocar a ti apagar el despertador.

-No importa, Prince, ya lo hago siempre cuando duermo sola.

Fue del otro lado, abrió la cortina, Hipólita estaba ya metida en la cama, vuelta hacia él. "Para que yo tampoco la vea y me sienta incómodo, qué mona."

-¿Tienes frío, cariño? ¿Convoco otra manta como la tuya?

-Vale, Prince.

Lo hizo, la echó en la cama y se metió.

-Te he robado tu sitio – dijo ella - ¿Cómo quieres abrazarme hoy?

-Voy a hacerte la cucharita, te pones de espaldas a mí y te abrazo desde atrás, para darte más calor con todo el cuerpo.

-Así me hacía mi padre…

-Claro, cariño.

-Pero primero quiero mirarte un ratito.

-Ya me mirarás mañana si nos despertamos más temprano. Si no, nos miramos durante el día, ¿vale?

-Vale, Prince. Entonces un piquito, el sexto de hoy.

-Claro, mi amor.

Se lo dieron. Ella se dio la vuelta, en posición fetal, Sev la arropó bien con la ropa de cama por delante y la abrazó desde atrás, pegando todo su cuerpo al suyo, también las piernas, y colocando la mano entre sus pechos, estrechándola contra sí, ella hizo lo propio con su brazo. "Merlín… qué delgadita está todavía…"

-¿Tú tienes sueño? Te vas a aburrir – le dijo ella.

-No, cariño, no me aburro en absoluto, estoy muy a gusto, voy a disfrutarlo mucho. ¿Tú estás a gusto?

-Muy a gusto, Prince, me das mucho calorcito de la piel.

-¿Tienes frío por delante?

-No, Prince, con la manta ya no tengo frío.

-No te asustes si mañana por la mañana me pasa lo que te ha contado Sirius, ¿vale?

-Tranquilo, Prince, no sufras, no me asusto. Ya te estoy sintiendo y no me asusto de nada. Al final no me has explicado lo del crisol ni has convocado las joyas.

-Ya lo haré mañana, no te preocupes más por mis cosas. Lo hago mientras te entrevistas con Slughorn.

-No, Prince… espérame para hacerlo, para que te dé ideas, tengo un montón.

-Vale, te esperaré.